Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

Un One Shoot Kaga Ao, no se muy bien como se me ha ocurrido esto, pero la cuestión es que ha salido, y espero que guste, un poquito jejeej

Gracias por leer y por comentar, si lo haces.

00000000000000000000000000000

Cazador y presa.

Con sabor a rojo sangre.

00000000000000000000000000000

Oteando la multitud, música alta, luces parpadeantes, la noche.

Mi territorio, la mejor parte de mi condición.

No siempre fui lo que soy ahora. Nací como un humano, normal y corriente. Demasiado fuerte y joven para ver el peligro, me dejé cazar, como ganado.

Pero renací, como el cazador, y así llevo desde hace tanto años que ya ni lo recuerdo.

Siempre en las sombras, al acecho, disfrutando con la fragilidad humana.

En la barra una jovencita, borracha.

Comida rápida, no gracias.

No mato a mis presas, como la mayoría de mis hermanos... me limito a tomar lo que necesito y borrarme de su memoria, nada mas.

Esta estrategia me ha mantenido con vida los últimos siglos, desplazando la curiosidad humana lejos de mi existencia.

Nadie sabe quien soy, ni a que me dedico por las noches. No les importa; es asunto mío y solo mío.

Y entonces ocurre. Sé que ahora mismo piensas que es un tópico como una casa, me importaba una mierda, pero es así como ocurre.

A veces los de mi raza sienten una especial afinidad por una criatura en exclusiva. A partir de ese día, se alimentan solo de su sangre y de nadie mas.

Ocurre, que si esa persona muere, el vampiro vinculado a ella también.

Vaya muerte mas estúpida, teniendo un mundo del que tomarlo todo.

Las veces que he pensando en ello, en que me ocurría a mi, visionaba una hembra de pechos enormes, que no pudiera abarcar en mis manos. Cabellos largos, curvas pronunciadas, labios carnosos con los que darme placer... ¡Oh si, adoro esa parte de la humanidad!

El placer físico es algo maravilloso. Y mas si tus sentidos están mas que desarrollados.

Sin aliento, ni cansancio, podía estar horas enteras disfrutando sin mas de la sensación, calentando mi carne hasta lo mas profundo del cuerpo... pero...

Sí, lo sé, siempre hay un pero. Todo lo anterior parecen ventajas, ¿Sí?; pues te equivocas de nuevo.

Culminaba todos mis encuentros de carácter íntimo, con plenitud... y una extraña sensación de vacío, de que me faltaba algo... de que no era el momento adecuado, o la persona, o el siglo... ¿Quién puede saberlo?.

La cuestión, que me disperso de mi relato, es que cuando le vi, lo supe.

Si, "le", en masculino. Era un tío. Uno hermoso, demasiado.

Mi primera reacción fue comprobar si podía convertirme en estatua de piedra mucho tiempo; efectivamente lo logré, tanto que hasta el camarero se acercó preocupado por mi inactividad.

Mordí mi labio inferior, con cuidado de no mostrar los afilados colmillos tras ellos, pero necesité de algún modo notar que seguía vivo.

Lo estaba. El calor abrasador en mis labios era la prueba, y el cosquilleo en la punta de mis dedos, y la terrorífica erección que apretaba mis pantalones hasta el límite de sus finas hebras.

Estaba vivo, si, mucho mas que vivo.

Y hambriento.

Y ahí estaba él.

Mirando alrededor, como si nada.

Estúpido y frágil humano.

Estúpido Aomine Daiki.

Solo me bastó conectar su mirada un segundo para leer todo sobre él.

Su nombre me sonó contundente.

Las sílabas de su nombre sonaban como un juramento de almas, una promesa de sexo salvaje mas allá de esa palabra, simplona e imprecisa.

Y mi hambre se incrementó, tanto que un ligero temblor se extendió por los miembros que formaban mi persona hasta el punto de no poder pararme.

Me miró, y me vio.

Por que no es lo mismo mirar, que ver. Y él lo hizo, sencillo y fácil.

Desvió la mirada, un segundo, y volvió a verme de nuevo.

Llevé los dedos hasta el cabello de las sienes, apartándolo de mi cara, para ver si así paraba el estúpido temblor.

Tenía hambre, mucha. Creí que podría aguantar hasta que estuviera mas avanzada la madrugada pero no puedo.

Su aroma me inunda por completo. Puedo oler todo de él, y eso que está al otro lado de la barra y nos separan casi seis metros.

Huelo el jabón con el que ha lavado su cuerpo, el que ha usado para afeitarse, el desodorante, la colonia... el detergente de su ropa, incluso que sus zapatos son nuevos.

Puedo oler su sangre, su dulce y tibia sangre.

Maldita sea, maldito mi buen olfato, maldito mi buen oído, maldito yo.

Puedo sentir, escuchar sus latidos, su nerviosismo que trata de ocultar tras una pose indiferente.

Por favor, para de una puta vez.

Vamos a terminar con esta farsa. Me miras, sabiendo lo que va a pasar, los dos lo sabemos.

Tomo el móvil de la barra y acorto la distancia entre nosotros a pasos lentos, demasiado lentos, teniendo en cuenta que podría estar a tu lado en un parpadeo, y en el siguiente al otro lado de la calle.

No quiero asustarte, al menos no tan pronto.

De cerca es muchísimo mas hermoso de lo que me parecía. Dios este tío está tremendo.

Puedo sentir las pupilas dilatadas en mis ojos, y las aletas de la nariz abrirse, para paladear su aroma como si de un buen vino se tratara.

Azules, sus ojos son azules... los míos rojos, supongo. Hace siglos que no me veo en un espejo, pero sé la visión que tienen los demás de mí, lo veo directamente en sus mentes.

Y sé que le gusto. A sus ojos soy un hermoso joven, ojos de fuego, cabello rojo. Mi ropa blanca, le llama la atención y no es lo único.

No puedo evitarlo, me sale una sonrisita pícara cuando sus ojos bajan y en su mente se dibuja la duda de lo que habrá debajo de mi ropa. Le gusta mi sonrisa, eso es bueno.

A mi me gustan sus labios, y su piel, es de un precioso tono tostado, y me gusta lo que pienso hacer con ella.

Voy a saborear cada centímetro de esa piel canela hasta embriagarme de ella.

– Vivo aquí al lado, al final de la calle. – Asevera, nervioso.

Lo sé, se donde habitas, puedo ver el rastro de tu aroma perderse cerca de aquí.

– ¿Me estás invitando?. – Mi voz surge sensual, profunda, demasiado.

No quiero parecer desesperado, aunque por dentro me esté consumiendo el ansía. Te llevaría al baño y … joder, mejor no pensarlo.

Muerdo mi labio inferior, en un gesto que no pasa desapercibido para tus ojos, que lo captan enseguida.

– No me gusta el ruido, y pareces ser alguien con quien puedo hablar de cosas interesantes. – Buen argumento, no voy a negarlo. Muy bueno, interesante modo de ligar.

Pero si no te gusta el ruido, ¿Qué coño haces aquí?.

– Te sigo. – Deslizo la mano por delante del pecho, un gesto para que avances por delante.

En la calle, el silencio, aparente, nos envuelve.

Los ruidos de tu persona son mas evidentes, mas fuertes. No solo resuenan en mis oídos, los siento por todo el cuerpo, como si fueran míos. Siento tu corazón dentro de mi pecho, el calor de tu sangre, entibiar mis miembros, todos mis miembros.

Incluso la lucha mental que tienes contigo mismo puedo escucharla perfectamente.

Y tu deseo, lo huelo desde mi posición.

La verdad, esperaba algo mas refinado, pero tu casa es de lo mas sencillo.

Al menos la parte que puedo ver, no es nada del otro mundo.

No puedes compararla con la mía. Siglos de acumular cosas, valiosas para mi, seguramente una mierda para cualquiera que las vea.

Pero tu mirada me dice que no hemos venido a hablar de decoración de interiores.

– ¿Quieres tomar algo?. – Una formalidad para romper el hielo.

Si respondo con la verdad, me pregunto que cara pondrás. En su lugar asiento.

Necesitas tiempo, lo comprendo. No estas acostumbrado a ligar, y mucho menos a traer desconocidos a tu casa.

Se nota, y me hace sentir mal, como un pervertido.

Y al mismo tiempo de un modo extraño, especial, por que es posible que yo sea el primero.

Sonrío para mis adentros, mirando la fila de libros de tu estantería. Literatura barata y deprimente, nada digno de mención.

Huelo el alcohol antes de que me acerques la copa. Debe ser por mi ropa blanca que has pensado que me gustaría el vodka, pero sinceramente, prefiero que lo bebas tu, ya me serviré después.

La sangre le da al vodka un sabor especial.

Puedo escuchar las preguntas que bailan en tu cabeza, mientras esperas que beba, y te diga que me parece.

Apuro la copa hasta vaciarla y deslizo la chaqueta del traje por mis brazos, para dejarla en el espaldar de una silla.

La corbata y un par de botones de mi camisa, son como una luz verde para ti. Menos mal, empezaba a pensar que tendría que usar mi persuasión contigo. Y no quiero, me gustas lo bastante como para disfrutar de todos tus suspiros, humanos, sin truquitos de vampiro por medio.

Intento evitar tus besos, si descubres mis colmillos te asustarás antes de tiempo, y eso no es bueno para ninguno de los dos, te lo puedo asegurar.

Aunque la caza tiene su encanto, hoy tengo mas hambre que conciencia...

Tironeando de tus cabellos hacia atrás, dejo tu cuello expuesto.

Es tan azucarado, suave, cálido.

Ni siquiera me molesto en hacer nada para esconder mi condición. Un brazo en tu cintura, cercado como el acero a tu alrededor, y el otro, manteniendo tu cuello estirado para mi.

Quiero contenerme, lo juro, pero no puedo.

Noto tu miedo, confusión, y tu sangre bajando a llenar la parte mas vergonzosa de tu vientre.

Estás tan excitado que no necesito acercarme mucho para sentirlo, puedo olerlo … yo mismo estoy a punto de volverme loco.

La mesa me parece una buena opción, para empezar.

Esto no será como en las películas, no me tragaré la sangre en un par de bocanadas y te dejaré caer al suelo como si nada.

Voy a tardar, bastante. Ya te he dicho que me gusta tomar de mis presas lo necesario para vivir, y jugar con mi comida, eso lo hace mucho mas sabroso que simplemente comer y largarme.

Y Daiki tiene un cuerpo que invita a jugar con él, por todas partes.

Pero primero el hambre.

Tiembla entre mis brazos, en cuanto me inclino hacia su cuello con la boca totalmente abierta. Mis colmillos afilados deben parecerle aterradores, unido al color de mis ojos... no puedo pensar, y la verdad, no me importa mucho lo que piense él.

Tengo hambre, punto.

Perforo la tierna carne entre mis labios, y succiono, con ganas. La primera bocanada me llena hasta la campanilla, trago. Tengo que hacerlo.

Aomine gime, cerca de mi oreja.

Si es por miedo, placer u otro síntoma, no lo sé, ni me paro a averiguarlo.

Un poco mas, espera.

Otro poco, cálido, espeso, dulce néctar, bajando por mi garganta hasta llenarme por completo.

Siento como me recorre por todas partes, como entibia mis mejillas, la punta de mis dedos, mi estómago... siento tu erección apretando la mía.

Siento que te quiero, mas que a nada en el universo. Siéntete afortunado, Aomine Daiki, muy pocos seres tienen ese privilegio.

Ahora con el estómago lleno, puedo concentrarme en ti.

Me miras confuso, una pregunta en tus ojos acerados... una duda lejana de algo que acaba de pasar, un pequeño dolor en la base del cuello... un ligerísimo mareo.

Es por el alcohol, has bebido demasiado.

– Aún no sé como te llamas. – Tu voz, suena pesada, obligada a recorrer el camino desde tu garganta a tus labios.

– No te lo he dicho. – Mi sonrisa te desconcierta, lo veo en tus ojos. – Kagami, Taiga.

No sé porqué he dicho mi nombre verdadero, podría haberte mentido y no lo habrías notado.

No importa, ¿Cierto?.

Lamo con ganas, la base de tu cuello, la curva que nace ahí, hasta el hueso en tu hombro. Adoro esta parte.

Y el aroma que desprendes, me vuelve loco.

Tu pulso en mi lengua, lento, pausado, diciéndome que estás débil, cansado.

Tu cuerpo sin embargo piensa de otro modo, tus caderas buscando las mías, rozarte, apretarme mas a tí, con tus manos posadas traviesas en mi trasero.

Me deshago de tu ropa, me molesta. Para lo que tengo en mente te quiero desnudo, y tumbado sobre la mesa.

Hoy serás mi entrante, mi primer plato, el segundo, el postre y el café.

Te miro, un segundo me hace darme cuenta de lo hermoso que eres.

Una pierna doblada, tu mano casual, puesta sin reparo sobre el vientre, tus ojos, pequeñas y apretadas ranuras por las que asoman un par de iris azules, tan hermoso, tanto.

Las aletas de tu nariz, la forma de tus orejas, hasta las uñas en tus pies me gustan.

No solo quiero comerte, quiero todo de ti, todo.

Quiero que seas mío, antes de que el amanecer nos devuelva a la realidad.

Toco, rozo y acaricio, por encima, apenas con la punta de dos dedos empapados en saliva. Estás tan dócil que no pareces tu, me gusta saber que tengo tal contról sobre ti.

Amo poseerte de este modo.

Deslizo mis dedos, primero uno, luego un par mas. Gimes, molesto, no te gusta.

Espera, puedo arreglarlo.

Atiendo tu deseo con la mano que tengo libre. Tu anatomía se me hace del todo pecaminosa, y tus jadeos, lujuriosos, obscenos, dementes.

Ya no quieres los dedos, no son suficientes. El color de tu cuerpo vuelve a ser tostado, hace un rato estabas pálido pero parece que el deseo colorea tu persona; de un tono dorado precioso, mi color favorito.

Entro en tu interior, sin saber quien de los dos lo está necesitando mas. Lato en tu cuerpo, me quemas, tus dedos, mi piel.

La mesa golpea con nosotros encima. Sus patitas no son lo bastante sólidas como para no hacer ruido, pero está claro que los vecinos no son un problema, hace unos minutos estabas gritando; gritando cosas que no deberías decir en público, y si me apuras, en privado también deberías tener algún reparo en decirlas.

Sonrío, por que gritas de nuevo. Anuncias el final para que el mundo lo sepa.

Te corres, te corres mucho, me alegro, por que yo hago lo mismo, apretando mis manos a tus caderas con tanta fuerza y tanto tiempo, que recuperas el aliento y la dureza mientras sigo dentro.

No te importa, no me importa, que se joda el mundo.

Ha sido el mejor polvo de mi vida, pero aún no ha terminado.

Lo hacemos, una y otra vez, mientras dura la noche. Al amanecer me escurro de tu vida, para ocultarme de la muerte un día mas.

Te dejo dormido, saciado, en tu cálida cama, para ocupar mi frío lecho. Aquél donde no te tendré conmigo, donde el sol no me alcance.

Pero solo hasta la siguiente noche, o hasta que vuelva a tener hambre...

O quien sabe, quizá, solo quizá, hasta que encuentre un modo de traerte a mi mundo, para disfrutarte todas las noches, y días...

Y siglos venideros...

00000000000000000000000000000

Terminé, mi primer Aokaga

El siguiente es FurihataxAkashi.

Nos leemos criaturitas.

Besitos y mordiskitos

Shiga san