NOTA: Todas las divisiones están numeradas. ¡Descansa y vuelve cuando quieras en cualquier fragmento!


Pasos hacían eco bajo los azulados pasillos de Chaldea, largas baldosas hacían de piso haciendo pareja con paneles atados al techo. Estructuras de vidrio sobresalían de uno de los lados del pasillo. En el lado opuesto, se situaba el emblema de Chaldea para tener un descanso de una pared sumamente aburrida, el emblema aparecía a cada cierta luz que iluminaba el techo. Puertas, plantas, bancos e intersecciones también ayudaban a romper la monotonía del pasillo moderno.

El mismo diseño se reutilizaba en la mayoría de pasillos de Chaldea, el cual requería de un mapa para que los recién llegados pudieran desplazarse sin muchas complicaciones. Los empleados, los cuales ahora son veteranos, no necesitaban más de dos semanas. Ahora mismo los mapas eran simple desperdicio de papel, ya que los únicos nuevos en llegar desde el incidente de Fuyuki eran Sirvientes. El diseño del pasillo a duras penas cambiaba, a excepción de algunas áreas como el corredor superior, que tenía ventanas que presentaban la espectacular vista los vastos paisajes que lo rodeaban.

Un grupo de empelados apareció de una intersección del corredor. Como estándar para los trabajadores de la instalación, el trio llevaba camisas formales blancas con pantalanes oscuros, o una falda opcional y leggings para las damas. Sus camisas llevaban unas atenuaciones grises en contraste al casi blanco puro de la camisa del uniforme del Maestro. Los cuellos de sus camisas combinaban con diferentes corbatas de colores que los asociaban con sus divisiones.

Había tres colores para cada individuo en el grupo. La corbata naranja de un hombre de cabello oscuro probaba que él era Ingeniero, mientras que la corbata violeta de la dama morena indicaba que pertenecía a la Taumaturgia. La corbata verde en la dama rubia indicaba que era empleada en la división de Ciencia. No era raro ver grupos de diferentes divisiones juntos en los descansos y horas libres, especialmente después de que muchos tuvieron que cambiar a diferentes secciones con la significante pérdida de personal; la reserva robótica ayudaba a estabilizar la falta de personal en las instalaciones.

Un cuarto empleado pasó mientras que uno de los robots de Chaldea giró hacía el corredor más adelante. El top de esta era notablemente diferente al de sus compañeros, mientras que pasaba a su lado con una pequeña sonrisa. Su top oscuro era único e indicaba su posición como Operador de Leyshift, con el color de su división llevada en el frente y en las mangas. El turquesa se separaba de la camisa oscura con grises tenues, con el logo de Chaldea presente en la parte superior del brazo y la cremallera. Aunque había otros uniformes dentro de la organización, aquellos eran llevados solo por individuos importantes de cada división.

Uno de esos individuos caminaba hacía el ya mencionado grupo con una nueva sirviente a su lado.


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Primer Fragmento: La Revelación Francesa

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Sin siquiera dudarlo, el grupo se hizo hacia el lado derecho del pasillo mientras un par de individuos se acercaban. El dúo consistía de un hombre joven de ojos verdes que cargaba una pila de libros, y una joven que llevaba consigo una enorme bandera adornada. Su gran cabellera rubia estaba atada en unas trenzas que llegaban hasta sus muslos, lo que hacía que la coleta naranja del hombre se viera minúscula en comparación. Su larga, blanca bata de laboratorio llevaba consigo un diseño turquesa al frente, que iba acompañada con blanquecinas botas, pantalones y guantes.

En un fuerte contraste, la joven de ojos azules claros estaba cubierta en un azul marino, yendo desde sus leggings hasta su camiseta. Su capa era de un color similar salvo por las cruces blancas que la adornaban, y la parte superior de la misma. La reluciente armadura plateada cubría mayor parte de sus brazos y el torso, con botas que hacían juego con la protección en su cabeza, las cuales eran de un material parecido. Una espada adornada colgaba de su cadera, que apenas se podía observar bajo la gran capa.

El grupo de empleados giraron sus cabezas al unísono mientras ellos pasaban, pero continuaron caminando. Rápidamente se miraron los unos a los otros y empezaron a susurrar en emoción. Lentamente, la rubia acorazada miró, giró su cabeza hacía el grupo que se alejaba y sonrío ligeramente, cosa que nadie notó, a excepción de su compañero. Ella rápido volvió su cabeza al darse cuenta que él había dejado de hablar.

─Me disculpo, Doctor Roman. Simplemente los escuché hablar de mí─. La joven explicó.

─Espero que no haya sido nada negativo─, él declaró, mirando de reojo hacía atrás.

─Oh, nada de ello. Estaban emocionados de verme─. La joven sonreía resplandecientemente.

El hombre rió ligeramente. ─ ¿Puedes culparlos? ¡No es todos los días que ves a la famosa Santa Jeanne d'Arc en persona!

La Ruler devolvió la sonrisa. -Supongo que es verdad. Aunque, preferiría que no me llamaran una santa... Me disculpo por la interrupción. ¿Qué decías?

─Ah, simplemente estaba parloteando. Hemos tenido una suerte terrible hasta la última semana. Normalmente el sistema genera craft coins o esencias de memoria para los sirvientes... ¡pero pensar que llegaría un sirviente de tal prestigio tan pronto después del Rey Arturo es increíble!, ¡agosto va mejorando! ─. Exclamó el hombre que se acompañaba con gestos de su brazo libre.

─Por favor, me estás avergonzando─. Dijo Jeanne firmemente, aunque con una sonrisa tímida.

─Perdón, perdón─, Roman dijo rápido. ─Normalmente sería Gudao el que haría de guía y los elogiaría, pero como dijo en la cámara de invocación, tenía que encargarse de una emergencia en el campo de entrenamiento. Ah, me estoy dejando llevar. ¡Ya hemos llegamos a tu cuarto!

El doctor se detuvo y utilizó su mano libre para extraer una tarjeta de su bolsillo. La sostuvo sobre un escáner al lado de la puerta, recibiendo un beep automatizado como respuesta, seguido de una luz verde brillando con vida. La puerta se deslizó mientras el hombre le entregaba la llave electrónica a su compañera, la cual ella tomó con elegancia asintiendo ligeramente.

─Tenemos extras en caso de que pierdas la tuya. A pesar de que imagino lo fácil que es entrar en forma espiritual al cuarto cerrado, nos gusta asegurar la calidad de vida de nuestros invitados-. Dijo Roman antes de sonreír. ─Si necesitas algo, hay un intercomunicador en cada cuarto. Los paquetes de información y los mapas están en el cajón que está junto a tu cama. Gudao te dará un tour cuando termine la montaña de papeleo que probablemente se haya acumulado. ¡De verdad espero con ansias trabajar contigo! ─

Con eso, el Doctor Roman asintió y volvió hacía los pasillos. Justo antes de entrar a su cuarto, ella sonrió felizmente cuando lo vio murmurando sobre reprender a Gudao por hacerlo sentir como el gerente de un hotel. La puerta rápidamente se cerró tras ella.


¨·..·¨·..·¨·..·¨(¯ˆ·.¸ III ¸.·ˆ¯)¨·..·¨·..·¨·..·¨


Los cuartos de cada sirviente eran idénticos al cuarto del Maestro Gudao; la mayoría pertenecía a los otros candidatos para maestros, los cuales perecieron durante el incidente en Fuyuki, mientras que el resto de cuartos permanecían disponibles. Algunos simplemente no se usaban debido a la sobrestimación de la organización por el número de maestros que podrían requerir en el futuro, sumando un total de unos cientos. Algunos sirvientes gigantes y otros parientes tuvieron que tomar estancia otro lugar o volverse ''creativos'' con el tamaño de los cuartos.

El cuarto mismo estaba casi vacío salvo por algunos muebles. La cama era simple y era acompañada con dos almohadas suaves. La parte trasera se arqueaba formando unos puntos de apoyo laterales, pero el frente carecía de este diseño en favor de dos patas robustas. Las cobijas era todas blancas para hacer juego con el resto de la habitación. Las baldosas suaves, pulidas y blancas relucían gracias a la iluminación que provenía del techo. Las luces eran de formas diferentes siendo barras rectangulares en uno de los lados y pentágonos al otro, ambas diseñadas simétricamente por razones de estilo. Ocasionalmente había plantas, aunque por simple capricho de querer decorar.

Algunas otras comodidades incluso se encajaban en el cuarto para hacerlo sentir menos como cuartel, el más notable siendo un pequeño dispensador que calentaba agua para hacer té o café. El intercomunicador y el cajón estaban adyacentes a la cama, una simple mesa de vidrio con un único soporte estaba pegada al muro del lado opuesto. Unas estanterías vacías se alineaban en el muro cerca de la puerta con una gran vitrina al otro lado. Junto a la vitrina había una puerta que llevaba a un baño privado, el cual tenía una ducha de vidrio, un lavabo y un inodoro occidental. De cualquier forma, el cuarto era, por no haber mejor definición, demasiado básico.

─Veamos...

Jeanne se sentó en la cama con una postura perfecta y un folleto en mano, tranquilamente tarareado para sí misma. Mantuvo su traje de batalla, aunque se había quitado la capa. Normalmente no había ropa disponible para sirvientes recién llegados, pero ella no le daba importancia ya que no esperaba tener tal lujo. Era lo suficientemente cortés que tal servicio le estuviera disponible, y le interesaba tener algo de ropa para ella después de haberla usado durante una guerra pasada.

Nunca se olvidaría de esa alma tan amable. -Gracias por las memorias, Laeticia.

Sus pensamientos se fueron a lo que giraba una página para seguir con su lluvia de ideas para muebles. Estaba sorprendida de que además de ropa personalizada, Chaldea también tuviera un departamento de muebles, el cuál su propósito original era reparar los objetos dañados de sirvientes descuidados o furiosos; probablemente tenían en cuenta a los Berserker. Unos cuantos sirvientes habían levantado algunas quejas sobre lo simple que eran los cuartos y dieron muchas ideas para una expansión. O exigieron, dependiendo de a quién le preguntes.

De repente la pequeña rama de ingeniería se vió envuelta con trabajo, no es como si esos técnicos tuvieran mucho que hacer anteriormente. Supuso que podría pedir algunas cosas para su cuarto, pero no querría causarles inmensas cantidades de más trabajo. Ella sonrió ligeramente y pensó en la misteriosa naturaleza de los eventos a los cuales Roman llamó ''El huracán de muebles''.

La selección de muebles era sorprendentemente diversa, aunque estéticamente básica, es lo que se debía esperar; ellos eran técnicos primero, no artesanos. Ella solo estaba interesada en una mesa y algunas sillas, y también un soporte para así mantener su estandarte materializado. Seguramente lo último sería una petición que se podría hacer fácilmente. También esperaba que el departamento de ropa estuviera bien con su futura orden, aunque no serían tan complicadas. Era un chica simple después de todo.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por un suave toque en la puerta. Ella miró a la pantalla del intercomunicador y notó que era más de las 2 de la tarde. ¿Se había quedado una hora viendo los muebles? Dejó salir un pequeño suspiro por su distracción y rápidamente se dirigió hacia la puerta. Mientras se preguntaba qué tan ocupado podría estar Gudao, pronto se preguntó de cuál sirviente era la señal que estaba fuera, parecía... familiar.

─ ¿Hola? ¿Cómo puedo ayu…─ La puerta se abrió tan rápido mientras sus ojos se iluminaban.

Al otro lado, con una sonrisa como un diamante estaba otra mujer con una larga y blanquecina cabellera, la cual colgaba de dos coletas. Dos flequillos enmarcaban su cara y sus ojos azul cristal. Llevaba un vestido de verano rojo, el cual exponía parte de sus brazos como porcelana. Una de sus piernas se cruzaba detrás de la otra, lo que hacía que sus zapatillas se alinearan perfectamente. La mujer en cuestión soltó una risilla y velozmente se inclinó hacía adelanta para abrazar a la sorprendida, pero feliz rubia.

─¡Vive la France~!─ Gritó felizmente la mujer mientras abrazaba a su amiga. ─ ¡Vine en el momento que me enteré de tu cuarto, Jeanne!

La doncella de Orleans sonrió y devolvió el abrazo. ─ ¡No sabía que también estabas aquí, Marie!, lo primero que hubiera hecho era ir a verte.

Marie se separó del abrazo, su sonrisa aún resplandecía. ─Oh, ¡Non non! No te preocupes, ¡apenas te estabas acomodando! No hay prisa... Aunque, debo decir que has tomado el consejo que te di en la singularidad con el corazón. Es bueno verte un poco menos seria.

─Me estoy acostumbrando a divertirme, pero creo que será mucho más fácil con caras familiares─, Jeanne asintió feliz. -¿Quién te dijo que estaba aquí, Roman o el Maestro?

─Roman me dijo el número de tu cuarto cuando me tropecé con él, pero los rumores se mueven rápido por aquí. Uno de los empleados de Taumaturgia me contó de tu llegada. ¿Cabello naranja? ¿Ya hablaste con Gabrielle? Ella ayuda a operar el cuarto de invocación con Tesla cuando Gudao quiere intentar una invocaci... Oh, discúlpame, me estoy dejando llevar.

Jeanne rió antes de inclinar su cabeza pensando. –Ah, Supongo que ya lo saben todos ¿No?

Marie asintió entusiasmada. ─Gudao está demasiado ocupado gracias a Roman. Apuesto a que se disculpó firmemente por no haberte dado un merecido tour, ¿Verdad?

Jeanne asintió, Marie soltó una risilla antes de continuar. ─No sé qué pensar, trabaja demasiado a veces... ¡Así que me ofrecí para darte un tour! Pero antes, ¡algunos de los Sirvientes en mi salón están impacientes por conocerte! ¿Te importaría que nos desviáramos un poco para saludar?

Jeanne dejó salir una risilla mientras compraba una pequeña bolsa para la llave electrónica. ''Si ese es caso, por supuesto que iré. Tengo curiosidad de ver quienes serán mis nuevos compañeros".

─Una gran variedad, claro está, Marie dijo mientras daba un paso atrás. ─Puede que nos encontremos con algunos en el camino, la mayoría de sirvientes están repartidos por toda Chaldea haciendo sus cosas.

Marie giró y dio un pequeño salto. Los ojos de Jeanne se abrieron de par en par mientras seguía a su amiga por el pasillo, la puerta de cuarto cerrándose tras ellas. ─Sentí la leve presencia de una cierta cantidad de Sirvientes, pero apenas puedo detectar en estas instalaciones. ¿Exactamente cuántos hay en Chaldea?

La chica de cabello blanco llevó un dedo hacía sus labios pensativa antes de sonreír y girar hacía su amiga. ─Creo que eres la sexagésima quinta. ¡Venga vamos! ¡Quiero mostrarte el salón!

La rubia joven se tomó un momento para apaciguar la repentina declaración.


¨·..·¨·..·¨·..·¨(¯ˆ·.¸ IV ¸.·ˆ¯)¨·..·¨·..·¨·..·¨


Jeanne tomó otro momento para arreglar su mandíbula una vez había llegado al salón. Decir que esta habitación era como el resto en Chaldea era degradarla por mucho. Cualquiera pensaría que, si no fuera por la gran puerta Chaldeana que servía como entrada, habrían entrado a un palacio, el cuál podría albergar cientos de personas.

Largas cortinas rojas enmarcaban la gran ventana que llevaban al nevado paisaje montañoso. Con diseños idénticos. Sofás rojos con mesas de vidrio se posicionaban cerca de la ventana. Había largas columnas junto al exterior del salón que parecían ser de mármol de imitación. Entre ellas colgaban grandes pinturas de diferentes procedencias.

Sillas de madera oscura adornadas con tapices rojos estaban colocadas en pequeños grupos acompañadas de divanes entre las ventanas y el área de comida. Asientos dobles con el mismo tapiz y color caoba creaban filas que dividían el salón principal del área de comida. El mismo diseño de las sillas era usado para mesas con las que hacían juego en la sección de los asientos dobles. Juzgando por el número de asientos y el espacio libre, el salón podría albergar cientos de invitados si se añadieran más sillas.

Grandes candelabros de cristal colgaban del techo en la parte central, iluminando el salón con un sabe resplandor. La alfombra roja que cubría el suelo estaba decorada con hermosos diseños dorados. El lado izquierdo del cuarto contaba con un pequeño bar de mármol negro. Adyacente al bar había una puerta que presumiblemente llevaba a la cocina mediante un pequeño pasillo, cerca del cual se llegaba a los baños de lujo. Música clásica se tocaba desde el gran piano de cola en el centro del salón debajo de un candelabro, lo cual creaba una atmosfera sofisticada.

Probablemente, este salón fue el resultado de lo que se conoce como "El huracán de muebles", del cual le habían comentado antes. De dónde la división de logística se las arregló para conseguir tanto material era algo que no ella no podía entender, e hizo una nota mental de investigar sobre ello más tarde; sabía que tenían grandes reservas, pero esto requería demasiado. Mientras Jeanne arreglaba su compostura, Marie saltaba unos pasos más adelante, girando y riendo con sus brazos abiertos hacía arriba.

─ ¡Bienvenida al Salón De Marie! ¿Y bien? ¿Qué te parece?

─Es... increíble, Marie,- Jeanne suspiraba en admiración. ─Se siente tan… regio.

─Y cómo puedes ver, sus malos hábitos de gastar sí que eran ciertos, ¿No te parece, Santa Jeanne d'Arc? ─ Una dulce voz masculina hizo eco de detrás del piano.

La cara de Marie pronto se volvió como uno de los tapices. ─ ¡Amadeus! ¡Cómo te atreves! ─

La música del piano lentamente se detuvo, acompañado por una suave risa mientras que el hombre se levantaba mostrándose. Una chaqueta púrpura con adornos y botones dorados cubría una camisa con patrones decorados sobre ella. Él se limpió las manos suavemente con un pañuelo, el cuál regresó a uno de los bolsillos en sus pantalones blancos. Retirándose del piano, hizo una reverencia. Tras hacer el gesto, se aseguró de que su rubio cabello plateado seguía en su lugar antes de sonreír con sus afilados ojos verdes. Jeanne devolvió la sonrisa a su antiguo compañero, e hizo una pequeña cortesía.

─Es un gusto volver a verte, Jeanne─ Dijo Mozart, afecto en su voz.

─El gusto es mío, Mozart─ Dijo Jeanne con el mismo tono.

─ ¡Non non! ¡No debéis ignorar a la reina! ─ Dijo Marie, cruzando sus brazos, lo cual divirtió al hombre.

─ ¿Ignorarte, madame? ¿Cómo podríamos? ─ Preguntó otra voz masculina, la cual carecía de emoción.

Jeanne giró hacía los individuos que venían del bar, ambos iban vestidos con un diseño similar al de Mozart, pero el hombre con el cabello blanco llevaba una chaqueta negra en contraste al largo cabello rubio y chaqueta cian de su compañero. Jeanne reconoció a sus antiguos adversarios, pero a diferencia de su campaña con Gudao en Francia, no había tensión en el ambiente. Ésta vez, todos eran camaradas viviendo bajo el mismo techo.

─Así que estaré trabajando con ustedes dos. Un gusto conocerlos bajo condiciones más amigables, Sr. Sanson y d'Eon.

─No hay por qué ser tan formal, Jeanne─. Dijo Sanson, con una sonrisa que apenas se notaba, apenas.

─Por supuesto. Ya que estás aquí, ¿Te gustaría algo de beber? ─ Preguntó amablemente d'Eon.

─Agua estaría bien, gracias─, dijo Jeanne. El agente francés hizo una reverencia y se retiró a traer la orden. ─Veo que tienes algunos sirvientes para ti, Maestra Marie.

Marie sonrió a la observación. ─Que quede claro que lo hacen por su propia cuenta. También les gusta quedarse, ya que otros sirvientes disfrutan la atmósfera de lujo que ofrecemos para relajarse o para cenar. Como he hecho desde su fundación, hago todo lo que puedo para mostrarles la verdadera elegancia de Francia.

─Afortunadamente hizo que sólo se comiera dos veces al día en la cafetería─. Añadió Sanson. ─Ahora mismo estamos en horas libres, así que sirve como salón, pero mayormente usamos el tiempo para atender a los clientes cuando no hay ninguna misión.

─Afortunadamente tenemos muchas personas que están dispuestas a ayudar. La mayoría son cocineros de Chaldea, pero algunos sirvientes también tendieron una mano─, exclamó Marie con una mirada fantasiosa. ─Tamamo y Boudica hacen un trabajo excelente, pero la comida de Emiya es como para morirse. Te los presentaría, pero están ocupados haciendo preparaciones y el inventario semanal─.

─Podrás probar sus comidas ésta noche. ¡Très bon, de Calidad Francesa!, agregó d'Eon, sosteniendo un vaso de vino lleno de agua con hielo el cual Jeanne tomó agradecida.

─Relajémonos y hablemos un rato mientras te terminas el agua, ¡Y entonces con gusto te daré el tour! ─ Proclamó Marie mientras tomaba la muñeca de la santa. Con un alegre tarareo, la llevó hacía la ventana, mientras que los tres hombre agitaban sus cabezas y regresaban a sus actividades. Conociendo a su jefa, más o menos, iban a hablar hasta la hora de cenar sin parar.


¨·..·¨·..·¨·..·¨(¯ˆ·.¸ V ¸.·ˆ¯)¨·..·¨·..·¨·..·¨


-¿Cómo estuvo el almuerzo con Astolfo? ¿Es como lo recuerdas?

La santa rió, aunque en sus ojos se notaban algo de molestia. ─Energético como siempre, sin ninguna duda. No pensé que iba a estar aquí.

─ ¿Enserio? Me imaginé que iría directo a ti el momento que se diera cuenta que estabas... espera, que estoy diciendo, ¡Eso fue lo que hizo anoche en la cena! Tonto de mí.

Después de reír con Marie, Jeanne sonrió y continuó tarareando para sí misma mientras colocaba nuevas prendas de ropa en su closet. Ahora mismo tenía puesta la primera, que era una camisa formal blanca sin mangas con una corbata negra, acompañada con unos shorts oscuros que apenas llegaban a la mitad de su muslo. Leggings negros completaban las ropas cómodas que llevaba en una guerra pasada, y parecía algo fácil de pedir. Había pasado un día desde que llegó y sus primeras cuatro prendas habían llegado exactamente como quería.

Probablemente era porque había sido invocada en una temporada tranquila, con Arturia llegando antes que ella apenas hace una semana después de haberse completado una Singularidad importante. La santa se había conocido con el Rey de los Caballeros después de la cena de ayer, y a pesar de que algunos sirvientes las molestaban diciendo que se parecían, ambas empezaron con el píe derecho. Hoy también se iban a encontrar para la cena para conocerse mejor, aunque sus amigos Diarmuid y Emiya estarían con ellas. Al menos estaba conociendo a otros sirvientes rápido.

La reina estaba sentada en la cama en su atuendo de batalla, jugando felizmente con sus pies mientras observaba la última prenda que yacía en la cama. Además de su gran sombrero rojo que estaba a su lado, había un vestido azul sin tirantes que saltaba a la vida. La Rider vio entre Jeanne y el vestido, viendo el diseño de flores cosido. Mientras la Doncella de Orleans terminaba de arreglar y colocar el tercer set, Marie dejó salir una risa, haciendo que la Ruler mirara hacía su amiga.

─ ¿Qué es tan divertido?

─ Ah, mon amie... Es que nunca pensé que mi santa amiga conseguiría algo tan... revelador.

Jeanne se sonrojó a lo que Marie sostenía el vestido con una sonrisa presumida. La reina volvió a reír. ─Sin tirantes... e incluso una pequeña curva alrededor. Entre esto y lo que llevas puesto... ¡oh por dios, mi querida Jeanne~!

─Era algo que tenían de serie que solo necesitaba pocos ajustes─, la santa respondió rápidamente. ─No quería darles más trabajo de lo necesario─.

─Sólo te estaba molestando─. La Rider exhaló y sacudió su cabeza un poco. ─ ¿Recuerdas lo que dije sobre que eres muy seria? ¡Sólo relájate y diviértete! ¡Estás en Chaldea!

─Hablamos de esto ayer, Marie. Me animo a intentarlo─, recordó la santa con una sonrisa. ─Espero con ansias la reunión de ésta noche─.

─ ¡Espero que vaya bien! El Rey Arturo es algo interesante─. Mientras reía, Marie le entregó el vestido a Jeanne para acomodarlo.

─Tiene una presencia demasiado regia, como pensaba, pero lo que me sorprende es que no sea un hombre─. Dijo Jeanne mientras colocaba el vestido en el armario.

─Para ser justo, ¿Cuántos están sorprendidos que el pequeño Astolfo no sea mujer?

Jeanne rió mientras Marie miraba la hora. Con una sonrisa y un zumbido, se puso de pie y recogió su sombrero. ─ ¡Gracias por dejarme pasar el tiempo contigo! Te veo luego en el salón, ¿Oui oui? ¡Hay una singularidad de la cuál tengo que ocuparme! No debería tardarse.

La doncella de Orleans asintió y sonrió. ─Cuídate, Marie.

─ ¡Eso es fácil! ¡Las salidas de reabastecimiento de ''Quantum Piece'' son asuntos sencillos! ─. Marie rió mientras saltaba hacía la puerta. Se abrió rápidamente, pero la Rider se detuvo en la puerta y miró hacia atrás. ─ ¡Hasta luego, Jeanne! ¡Vive la France~!

La puerta se cerró como se abrió detrás de la Rider, dejando a una Ruler confundida detrás. Jeanne parpadeó mientras pensaba sobre lo que Marie había dicho, lo que la confundía aún más. ¿No había dicho la Reina que era una singularidad? El cambio de la terminología la confundía, pero ya era muy tarde como para preguntarle. Jeanne se hizo una nota mental: debía preguntarle a alguien luego. Pero primero tenía una reunión con Shakespeare en la biblioteca de la que se debía ocupar; afortunadamente, el poeta parecía estar realmente interesado en arreglar sus actos pasados contra ella.


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─Ah sí… a veces a nuestra encantadora reina le encanta decir las cosas a la ligera.

Chevalier d'Eon, en su uniforme del salón estaba junto al sofá en el que Jeanne se estaba relajando. Ella tomó un sorbo de su vaso de agua antes de dejarlo en la mesa. Los copos de nieve se reflejaban en sus ojos mientras miraba al Saber rubio, quien esperaba pacientemente que continuara. Asintiendo, Jeanne puso sus manos en su regazo mientras el Saber femenino aclaraba su garganta suavemente.

─Gudao fue enviado a una singularidad menor. No son un peligro para la humanidad como las principales, pero tienen el potencial de serlo si no se solucionan.

-Creo que ella lo llamó una salida de reabastecimiento.

El saber asintió. ─Así es como se le dice normalmente. Chaldea está alejado del resto del mundo, así que singularidades pequeñas son la mejor forma de traer diferentes recursos. Cualquier cosa: desde comida hasta materiales de construcción se pueden hacer rayshift a Chaldea, todo gracias al jugueteo de Da Vinci.

─ ¿Estaría bien decir que no son materiales normales los que se requieren? ─ preguntó la doncella mientras miraba a Sanson. Estaba arreglando algo cerca de la entrada del salón.

─Creo que hoy había más oportunidades de conseguir Quantum Piece para usarlo luego.

Marie había hablado sobre el Quantum Piece, pero nunca dijo para que se usaban. Ambas habían charlado sobre los revolucionarios generadores de tecmaturgia que Chaldea usaba para proveer a los sirvientes de energía mágica, y el QP fue mencionado como derivado del proceso y creador de sobras. Aparte de eso, sabía muy poco sobre el QP, eran pequeños cristales de maná que también se podrían recolectar de anomalías. Jeanne suspiró y suprimió una risa al mismo tiempo; Marie era demasiado vivaz, cambiaba de temas muy rápido.

Se hizo una nota mental; iba a aprender de ello más tarde, ya que el Saber parecía tenía algunas cosas por terminar en el bar. ─Gracias por las respuestas, lo aprecio.

Él hizo una reverencia con una sonrisa. ─No es nada, Jeanne. Me aseguraré de molestar a Marie por no explicarle bien las cosas a nuestra querida santa.

Mientras que el Saber regresaba al bar, Jeanne giró hacía la ventana y disfrutó el caer de la nieve. Tenía mucho tiempo para aprender sobre esta guerra, pero también podría disfrutar las circunstancias en las que estaba; comparando en la que participó, el número de aliados no tenía precedentes. La oportunidad de conocer diferentes sirvientes sin querer rajarse las gargantas era una oportunidad increíble y conmovedora como el crear su propia vida relajada.

Jeanne nunca se arrepintió de las decisiones que hizo en el pasado, ni de las decisiones que tomó. Siguió su camino y fue reconocida como una santa, incluso si ella no se veía a sí misma como una. Había momentos en los que se preguntaba ''qué hubiera pasado si'', como lo hizo en su caminata hacía la hoguera en su último día, pero hizo sus decisiones sin dudarlo. Aquí, sólo había un horario flexible y una rara oportunidad de intentar cosas diferentes. Había mucho que hacer, pero el donde empezar era una incógnita.

Como católica, podría ayudar con cualquier ceremonia religiosa en las instalaciones. Aunque era buena idea, estaba un poco reservada al saber que Amakusa era quien estaba a cargo de los católicos. Pero tal vez ese Ruler, como muchos otros de los que escuchó estaban aquí, había tomado bien la idea de una segunda oportunidad. Esperaba que ese fuera el caso teniendo en cuenta de quien más aquí sinceramente mantenía la distancia. Aun así, la idea de crear algo para sí misma entre tantos conocidos, viejos y nuevos, era demasiado tentador...

...Y estaba dispuesta a intentarlo. Tenía mucho tiempo para pensar las muchas posibilidades en las cuales pasar el tiempo; ¿Tal vez debería encontrar un hobby?

Mientras detenía sus meditaciones momentáneamente, ella disfrutaba la repentina brisa que hacía arremolinar la nieve ante ella. Chaldea era un cambio de escenario interesante comparado a los lugares en los que ha estado, en silencio recordó sobre la última vez que había disfrutado ver la nieve; era más fácil desde la tranquila paz regalada por el salón. Sólo pasos hacían eco en el casi silencioso salón mientras observaba a la descendente serenidad. Cuando llegó, estaba preocupada que los robots de las instalaciones estuvieran ocupados limpiando, pero estaba sorprendida con la eficiencia en la que habían terminado el trabajo.

Pronto, sintió la presencia de un nuevo sirviente entrado al salón, aunque no se giró. Sólo escuchó al Assassin recibirlo. ─Buenas tardes, Mozart.

─Igualmente, Sanson. Veo que estás cambiando el tablero y las cartas por Marie.

─Si no lo hago se quejará de que está muy cansada después del reabastecimiento. Sabes cómo se pone.

La risa de ambos hombres le trajo una sonrisa. ─Es encantadora a su manera.

Unos pasos lentamente se movieron hacía el centro del salón, seguido por el sonido de la ropa moviéndose, mientras Mozart se sentaba ante el piano. El compositor empezó a tocar rápidamente unas escalas por simple hábito. El Caster comúnmente se adelantaba a calentar para ver como la selección de canciones de Marie se escuchaba ante su oído bien entrenado. Cada lista antes de la cena duraba diez minutos y servía como llamado a los aperitivos que pronto estarían listos. Después de eso, el sistema de sonido del salón tocaría su propia lista de música para dejarlo disfrutar su cena, usualmente junto a sus compatriotas. Después de la última cena, Jeanne estaba más convencida de todo lo que Marie había planeado para la organización.

Con sus escalas completas, se puso a tocar la primera pieza, lo que inmediatamente llamó la atención de Jeanne. Una pequeña sonrisa apareció en sus expresiones mientras memorias de la Gran guerra del Santo Grial se arremolinaban en su cabeza. Había muchas cosas que alegremente olvidaría de ese conflicto, pero también había memorias que estaba feliz de haber vivido. Con calma, y sin darse cuenta, sus labios se encontraron moviéndose en sincronía con la sonata de Mozart. No vió ni los copos de nieve cayendo, ni su reflejo en la ventana, sino un pintoresco camino en el campo, acompañado de planicies herbosas.


¨·..·¨·..·¨·..·¨(¯ˆ·.¸ VII ¸.·ˆ¯)¨·..·¨·..·¨·..·¨


Aún faltaban muchas horas para que llegaran al borde, y la Ruler aún seguía un poco tensa. Gentilmente volvió a esconder su gran cabellera trenzada tras su camisa formal, ya que el fuerte viento la descolocaba de su posición. Era la ropa que Laetcia tenía a mano, y aunque revelaba más de lo necesario, la santa lo encontró cómodo. En silencio, se recostó detrás del parabrisas de la furgoneta verde, cuidadosa de que nada de tierra cayera en su ropa. La joven estudiante había sido demasiado generosa en permitirle tomar posesión de su cuerpo, lo menos que podía hacer era respetar a su huésped.

Las cajas de madera crujían mientras metía el cuaderno de matemáticas en su maleta. El sol se ponía en el horizonte detrás de nubes separadas, Girando su cabeza, ella miró el camino admirándolo con una pequeña sonrisa. Desde que dejaron esos campos dorados de trigo, aquellos momentos de paz eran escasos. El poder apreciarlos, incluso con la tormenta que se acercaba, le trajo serenidad. Inspirada, como la curiosidad de querer saber más, sintió la apremiante ambición de su huésped.

Jeanne ya estaba enterada de las peculiaridades de Laeticia, especialmente sobre los ligeros nervios al estar cerca de hombres atractivos de su edad. Afortunadamente, lo que sintió era más afectuoso. Era algo que sentía en ella, similar a sus experiencias pasadas cantando himnos y rezando al señor. Con un suspiro gratificado, cedió, y lentamente empezó a cantar la primera canción que su huésped recordaba entre sus favoritas.

Mientras el viento se precipitaba, las palabras de una canción religiosa dejaron sus labios. Empezó suave, pero pronto su voz se alzó mientras abrazaba sus piernas. Sus ojos pasaban por el terreno, de vez en cuando volviendo al sol que se ponía. Los autos que pasaban fallaban en hacerla parar, mientras seguía cantando para ella. Después de unos minutos, la canción finalizó, la rubia sonrió con afecto mientras suspiraba. Consideró la posibilidad de cantar como un pasatie-

Disculpe señorita, ¿de casualidad es usted un ángel?

Un sonrojo se posó en su cara en lo que miraba hacía el parabrisas; había olvidado que la pequeña ventana estaba abierta. El hombre la miró con una chispa de admiración a través del retrovisor, mientras seguía conduciendo. La lluvia debió empezar hacer horas, pero en vez de eso las nubes se fueron dejando a la vista la puesta del sol... y de repente empiezas a cantar Ave María mejor que cualquier opera que haya visto.

Con una pequeña sonrisa y un sonrojo, ella sacudió su cabeza. No soy ningún ángel, pero gracias por las palabras.

Debería ser yo quien te agradezca por tal actuación─, el hombre rió mientras tocaba su gorra en muestra de alabanza. Apagué la radio para escucharte mejor. ¿Seguirás cantando? Me encantaría seguir escuchando. ¡Es una voz única!

El hombre había sido más que generoso por llevarla a Trifas, a pesar de tener que ir en la parte trasera de la furgoneta. En silencio, pensó que sería una buena forma de pasar el tiempo y devolver el favor. Asintiendo ligeramente, ella volvió su mirada a la puesta del sol. Se recostó y suspiró, mentalmente pasando entre las que canciones que Laeticia sabía. Aún faltaba mucho para llegar a Trifas, y podría descansar de ese libro de matemáticas.

Lentamente, sus labios se empezaron a mover en lo que lentamente cerraba sus ojos.


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─ ¿Disfrutando tanto como nosotros, Jeanne~?

La voz de Marie sacó a la santa de su ensueño. Mientras que la reina reía junto al sofá, Jeanne se sonrojó y miro hacia ella a lo que empezaron varios aplausos. Mozart había dejado de tocar para darle una ovación, a quien se le unió d'Eon y Sanson desde sus respectivos sitios. En silencio le agradeció al señor que nadie más las había observado, o le hubiera dado más vergüenza. Aun así, la gran sonrisa de Marie era capaz de seguir haciéndola sonrojar.

─No te tardaste, Marie─. Sus intentos por desviar el tema fallaron.

La reina tarareó un afirmativamente antes de guiñarle a su amiga. ─Sabes, si hubieras cantado más fuerte hubieras atraído a Nero y Elizabeth a una batalla de canto.

─Y Jeanne ganaría sin problemas─, añadió Sanson riendo. Había empezado a trabajar en las decoraciones cerca el piano de Mozart.

Marie giró los ojos. ─Pedirles que cantaran fue el peor error que hecho como Manager...

Jeanne parpadeó. ─ ¿De verdad son tan malas?

─Ah estoy divagando, mon amie...Tu voz es tan preciosa como siempre, ¡lo que es perfecto porque hay algo que quería pedirte! ─. Exclamó Marie feliz, con los tres Sirvientes volviendo a ver a Jeanne. En su interior retrocedió, más que de los nervios que de curiosidad, pero por afuera se mantuvo firme. Había muchas cosas a las que se podría referir dependiendo el contexto. Marie se inclinó sobre el sofá y susurro en el oído de su amiga mientras el resto del salón sonrió a la reacción de Jeanne.

─ ¿Q-quieres que haga qué? ─Exclamó Jeanne, con más fuerza de lo que quería, regañándose por dejar que Marie la atrapara con la guardia baja. Un servant con la piel bronceada y cabello blanco, con un traje de chef observó desde las puertas de la cocina antes de levantar los hombros y regresar a su trabajo.

─No te hagas la tímida, absurdité... Aunque no hubieras cantado aquí, era tan claro como el día. ¡Te vi escaparte durante la campaña en Francia pensando que no te oiríamos! ¡Incluso los hymnos para purificar a Siegfried! ─ Declaro Mozart con una sonrisa burlona.

─ ¡Lo haces increíble y casi nadie lo sabe! ─, agregó Marie feliz. ─ ¡Te ayudaría a relajarte un poco! ¡Rompe el hielo incluso antes de la reunión!, ¡estarás increíble!

Marie resplandecía hacía su amiga, y Jeanne se movió un poco incomoda por la repentina petición. La reina suspiró y puso una mano en el hombro de su amiga. ─Lo siento, es demasiado pronto, ya que llegaste ayer... pero esa actuación no ayudó a nuestro deseo, ¿podrías pensarlo?

─Te preferiríamos antes que a Nero o Elizabeth.

─Aún creo que Nero canta decente.

Mientras los hombres discutían entre ellos, Jeanne se movió un poco en su asiento mientras se sonrojaba un poco. Nunca había pensado en cantar en frente de un público, ni mucho menos un salón lleno de Espíritus Heroicos. Su actuación al conductor era algo completamente diferente. Había sido una simple campesina siguiendo su corazón y la palabra del señor. Al menos, eso es lo que solía ser antes de volverse una santa y un espíritu heroico.

Pero la posibilidad estaba ahí. Disfrutaba cantar, especialmente después de su tiempo con Laeticia. El repertorio de la amable jovencita aún estaba en su memoria, y sería una gran manera de honrarla. Cantar era un talento increíble, un hobby para mucho, lo que podría ser un paso firme para crear algo para ella en Chaldea. También estaba el hecho de traer una sonrisa a los demás, especialmente a sus amigos... tal vez...

─Lo haré, Marie. Cantaré antes de cenar─, dijo Jeanne a la emoción de Marie. Incluso los otros encargados empezaron a hablar con entusiasmo. ─Y bueno... también ésta noche.

Marie estaba incluso más emocionada con la idea de que quería empezar tan pronto, al menos hasta que Jeanne alzó una mano. ─Pero solo con una condición, si me lo permites...


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Jeanne se miró en el espejo del baño de damas. Se sonrojó, no es que el vestido no le quedara. El vestido azul sin tirantes llegaba hasta los pulidos y brillantes tacones, lo que apenas mostraba nada por debajo. Marie le había prestado algunas ornamentas, dos brazaletes gemelos, al igual que un hermoso collar con una cruz que Jeanne había elegido de la colección. No estaba sorprendida de ver que su amiga tenía tanta joyería, y una habitación tan lujosa.

─ ¿Te sientes bien, mon amie? ─ Preguntó su amiga desde la recién abierta puerta.

Jeanne se giró con una sonrisa. ─Nervios de último minuto, supongo... voy a estar bien.

─Es raro verte nerviosa.

─Tendré que contarte sobre Laeticia─. Mencionó Jeanne con una sonrisa, intentando desvanecer su malestar.

Marie asintió y dio un guiño tranquilizador antes de cerrar la puerta. Respirando lentamente, Jeanne reafirmo su compostura mientras se volvía al espejo. Aunque lo había pensado, aún sentía que se apresuró sin conocer la situación; ahora era la cantante de un salón antes de cenar, y hoy sería su debut. En un reloj cercano la hora era casi las siete, lo que simbolizaba que ya era la hora.

No hay vuelta atrás ─, pensó mientras recogía la carpeta que estaba al lado del lavabo prístino. Dió un último respiro antes de salir del baño y entrar en un corredor que salía hacía salón cerca del bar. Unas pinturas colgaban entre ella y el ahora ávido salón. Su duda regresó lentamente al escuchar su futura audiencia, y se detuvo en medio del pasillo. Su meditación apenas duró unos segundos antes de sentir un golpecito en el hombro izquierdo.

Miró hacía atrás y se encontró con la tranquilizadora sonrisa burlona y los ojos grises de Emiya. Se habían conocido antes cuando se tomó un descanso de la cocina, aunque hablarían mucho más en la cena. Se había cambiado su traje de chef por un esmoquin negro que hacía juego con su corbata. Su cabellera blanca estaba suavemente echada hacía atrás en contraste a su viejo estado desordenado.

─Vaya, vaya... ¿Miedo escénico, Señorita Jeanne? ─ Pregunto Emiya entretenido.

Jeanne sonrió y asintió. ─Un poco, pero estaré bien... he pasado por cosas peores─.

─Como todos... ─ El hombre dejó una risa, ─Por lo que he escuchado en la cocina, será fenomenal.

Jeanne miró hacia adelante y con la confianza renovada, caminó hacía el salón. Observó hacía el vibrante vestido rojo de un hombro que llevaba la reina mientras hablaba con Mozart. Marie la encontró en el escenario desde el piano, encendió el micrófono y lo tocó para llamar la atención del salón. La charla se disminuyó mientras todos miraban hacía la encargada del salón, quien sonreía cálidamente.

─Gracias por vuestra atención. ¡Es mi placer anunciarles la apertura sorpresa de hoy y próximas noches! Nuestra nueva aliada y nuestra santa bendita, Jeanne d'Arc, quien cantará para nosotros ésta noche.

Con un gesto de su mano, todas las miradas se pusieron en Jeanne, pero ésta vez no retrocedió. Justo como la otra noche, el salón estaba lleno de sirvientes y empleado a la par, pero aún sobraban muchas mesas. Con una sonrisa confiada, caminó hacía el piano donde estaba Mozart con el micrófono. El compositor sonrió y asintió mientras ella se acercaba al escenario. Algunos acompañantes se murmuraban mientras Jeanne abría la carpeta en el atril.


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Para la sorpresa de Marie, la condición era una simple petición para la primera canción. Gracias a Laeticia tenía más experiencia que antes cantando, especialmente en papel. La santa iba a seguir con su repentina decisión, pero iba a hacerlo bien. Y para eso, necesitaba una canción que conociera. Con la aprobación de Marie, la canción en cuestión se agregó al inició de la lista de reproducción de esa noche.

La canción que Jeanne pidió era diferente a la que se encontró cantando a la interpretación de Mozart; era una coincidencia que también se supiera esa. De todo el repertorio en su memoria, ésta es con la que se sentía mejor. La misma canción que cantó en el camino a Trifas. La pregunta era, ¿el compositor ante ella estaría dispuesto a tocarla?

Uno tiene que estar cómodo en su debut, ¿no? ¿Así que deseas que toquemos la pieza escrita por Schubert? Preguntó Mozart.

Me disculpo si tocar el trabajo de otro compositor te molesta. Dijo Jeanne.

Mozart sonrió. Escuché que estuvo inspirado por mi trabajo, así que no puedo tomar ofensa. Aunque me da curiosidad... ¿Es porque la canción tiene relación con tu fe?

Una sonrisa se agració en su cara. Mi huésped amaba ésta canción en particular. La tengo como memoria. Es una pieza maravillosa.

No puedo mofar sus gustos─, Rió Mozart. Claro, tocaré esto para ti. ¿Qué más si no fuera tocada por el original?

Jeanne sonrió felizmente.


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Los dedos de Mozart hicieron un vals sobre el piano, tocando el Si bemol mayor. Los ojos de algunos miembros de la audiencia se abrieron en anticipación al reconocer las notas, mientras que otros permanecieron inconscientes de ello. Jeanne esperó a la señal antes de respirar lentamente para no activar el micrófono. Con lentitud, abrió los ojos y dejó que su corazón liberara su voz.

Ave Maria

Jungfrau mild

Erhöre einer Jungfrau Flehen

Aus diesem Felsen star und wild

Era una canción adecuada para la piadosa Doncella de Orleans. Mientras continuaba cantando, la audiencia estaba cautivada por su voz. Emiya, inclinándose en el bar con una sonrisa burlona. D'Eon sonreía en estupor mientras limpiaba un vaso de vino. Tras él, Sanson llevaba una sonrisa más grande de lo que se atrevería a mostrar. Marie, sentada en una pose perfecta en un taburete, se limpió una pequeña lágrima que caía de su ojo.

Gudao estaba en la puerta, habiendo llegado un poco tarde gracias a unos archivos que se le habían presentado por el director no oficial. Se mantuvo con sus manos plegadas frente a su uniforme y sonrió, disfrutando de la voz de Jeanne que resonaba en el salón. Notó las miradas cautivadas e inspiradas de la organización mientras los dedos de Mozart danzaban a la par de la voz de Jeanne. Se agradeció no haberse perdido el debut sorpresa.

Mientras la canción llegaba a sus momentos finales, la santa observó hacía la audiencia y sintió su expresión resplandecer. Salvo por las miradas celosas de los que asumía, ahora eran sus rivales, el resto de las miradas que recibió era más de lo que se podía imaginar. Definitivamente podía hacer esto todas las noches si era lo que podía hacer por los demás.

Dem kind, das für den Vater fleht

Ave Maria

Jeanne rió e hizo una ovación con una sonrisa angelical hacía la ensordecedora audiencia.