No me importaba nada que Kouha no hubiera atendido a mi intervención. Todo el país sabía perfectamente que nunca ocuparía el Trono del Salon Principal del Palacio Imperial. Era una falta de respeto hacia mi, pero no iba a influir en nada. De Kouha se sabía que era un chico cruel, sádico y amante de la sangre. Un excéntrico en pocas palabras. Su madre se volvió loca poco después de darle a luz, motivo por el cual ella y Kouha fueron recluidos en el fondo del Palacio. Nunca sería nadie, como se comentaba en las fiestas de los nobles, pero había que mostrar respeto y educación hacia su figura (aunque a sus espaldas se le insulte).
El tema ''Kouha Ren'' había estado presente en muchos Consejos de Ministros (obviamente anteriores a mi llegada). Esto se debía a que le gustaba rodearse de gente problemática: exiliados, magos artificiales, expresidiarios... ''chusma'', en palabras de la Clase Alta. Pero era un miembro de la Familia Imperial, un ''intocable'', sencillamente. Visiblemente, él odiaba las costumbres y tradiciones de aquellos que vivían en Palacios y Castillos.
- ¿Qué desea, Alteza?- pregunté educadamente.
- ¿Cuántos años tienes?- preguntó él.
- Tengo 25 años
- ¿Y cómo te llamas?
- Me llamo Alana Tsum.
- ¿Eres pariente de Fuedo Tsum?
- Sí, es mi padre-
- Tengo entendido que eres una chica muy lista, ¿de verdad quieres malgastar tu tiempo trabajando para Taushe, que no es más que en negrero bipolar, arrogante y narcisista?
- Sí...- respondí, casi preguntándole.
- Ya veo, así que eres como ellos, ¿eh?, te sientes superior a los demás por ser parte del Consejo de Ministros, ¿verdad?, le darás el control de hospitales y centros de sanación a tus amigos nobles, ¿verdad?, subirás el precio de los productos sanitarios, ¿verdad?, desviarás dinero del presupuesto dirigido a tu Ministerio para enriquecerte tú, ¿verdad?, eh, ¿verdad?- dijo sonriendo.
Kouha era Tercer Príncipe Imperial del Imperio Kou, una posición más alta que la mía, que era simplemente hija de unos Duques. Por lo tanto debía mostrarle respeto y no contradecirle. Pero 25 años en la Clase Alta me habían otorgado una alta cantidad de orgullo, que salió disparado en ese momento. Fruncí el ceño y elevé un poco la voz (sin llegar a gritar en ningun momento).
- Disculpe, señor Ren, pero debo informarle de que mis intenciones políticas son las de mejorar la vida de los ciudadanos del Imperio Kou, ayudar al progreso de nuestro país y hacer que nuestra patria sea una pieza clave en el ámbito internacional. En segundo lugar, debo decirle que las competencias sanitarias y el título de Ministra de Sanidad no me corresponden a mi, sino a Doña Fuuke Kuroe, mi deber es el de fomentar el comer...- dije, hasta que Kouha me interrumpió.
- Oye, oye- me interrumpió - no me cuentes tonterías. Sois todos iguales, vuestra única intención es enriqueceros. Sanidad y Comercio siempre han sido llevadas por gente que gobernaba sólo para los nobles. Además, tu familia tiene un historial bastante malo, habeis robado mucho, ¿verdad?
- ¿Qué?, ¿cómo te atreves, niño?- se me escapó antes de que pudiera contenerme.
- ¿Tienes el valor de dirigirte así al Tercer Príncipe Imperial del país?- dijo, sin dejar de sonreir.
- Perdón, yo...- intenté buscar una salida a algo que parecía perdido.
- ¡KOUHA!- gritó una voz grave.
Un hombre pelirrojo muy atractivo entró en la sala donde estabamos, que era la entrada al Palacio. Era Kouen Ren, el hermano de Kouha y Primer Príncipe Imperial. Lo conocía de alguna reunión social y de mi anterior audiencia. Lo poco que sabía de él era que es un hombre tranquilo, fuerte e inteligente. Siempre fue amable conmigo, a diferencia de su hermano. Se acercó a Kouha con paso firme.
- Kouha, no molestes a esta señorita, que bastante trabajo tiene para encima tener que aguantarte.
- Sí, Hermano En- dijo antes de retirarse, no sin lanzarme una mirada llena de odio que Kouen no llegó a ver.
- Perdona, no es mal chico, simplemente es un poco nervioso- dijo, sacándome de mis pensamientos y acercándose a mi.
- No pasa nada, alteza. No debería haber reaccionado así- respondí, ya más tranquila.
- Buena Suerte, señorita Tsum, confiamos en usted- dijo antes de irse.
- Gracias...
La semana transcurrió tranquila. Me reuní con la mayor organización empresarial de Kou, así como con algunas empresas de transporte. El transporte marítimo era algo que había que tratar con urgencia, ya que estaba bastante atrasada. Mi propuesta era simple: mayor control en las inspecciones de los barcos, aumento del número de botes, una revisión exhaustiva de la madera, un aumento del tamaño de los barcos, un aumento de la tripulación y la ampliación de la red de travesías marítimas. Pero todo ello costaba dinero, y bastante. En el Consejo de Ministros tenía que proponer un aumento importante del presupuesto del Ministerio, el cual no iba a ser fácil de conseguir.
El jueves siguiente...
- Buenos días a todos- dijo Teodo Kiribe, el Vice Primer Ministro - hoy el Consejo consta de 4 puntos del día, los cuales dictaré por orden: debate de la ley 8/125, que trata de las penas de cárcel, su endurecimiento y la aseguración de su cumplimiento, debate de la implantación de un nuevo impuesto al arroz para así regular su venta y consumo, debate del aumento de Presupuesto para el Ministerio de Comercio y debate para la fecha de realización del censo ciudadano, sus características y sus efectos- dictó sin leer ningún pergamino.
- Tiene la palabra el Ministro de Justicia, el Honorable Beiff Koroeda, el cual explicará los términos en los que se basa su propuesta de reforma de la ley 8/125, que trata de las penas de cárcel, su endurecimiento la aseguración de su cumplimiento- dijo Taushe.
Una vez se terminó el punto del impuesto al arroz, Taushe me miró con cara de pocos amigos, se levantó y dijo en voz alta y clara:
- Tiene la palabra la Ministra de Comercio, la Honorable Alana Tsum, la cual explicará los términos en los que se basa su propuesta de aumento del Presupuesto destinado al Ministerio de Comercio, que recuerdo a sus señorías, es el tercero más alto del Consejo, señorita Tsum, por favor- dijo, tras lo cual se sento y clavo sus ojos en mi.
Me levanté lentamente sin dejar de sonreir, con los documentos que acreditaban la necesidad de aumentar el presupuesto del Ministerio que dirigía, pese a que, como claramente noté, era una idea que ya de entrada no le gustaba a Taushe.
