Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece.
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¡¡Hola a todos!! ¿Cómo están? Espero que bien. Yo realmente feliz y sorprendida de recibir tan cálida bienvenida después de tanto tiempo. No me lo esperaba, de verdad, gracias. Merecen que les dedique este segundo capítulo, así que ya saben, este es para ustedes. En fin, hoy que no tengo que explicar tanto asi que voy a tratar de ser breve. Como dije antes se que son muchos capítulos pero sepan que intenté poner un poquito de algo en cada uno para no hacerlos aburridos de leer. Espero que les guste este y ya saben que pueden sentirse libres de corregirme o hacerme saber su opinión, lo aprecio mucho. En fin, no los aburro más porque si la historia no lo hace lo voy a hacer yo :P. Gracias a todos por los reviews y, de antemano, por tomarse el tiempo y la molestia de leer mi humilde fic. ¡Nos vemos y besitos!
Grietas
II
"Nostalgia, tinta y papel"
(Inscripciones)
Finalmente se encontraban a la entrada de la academia, contemplando con cierta nostalgia el lugar. La edificación, el símbolo que representaba la aldea de la hoja sobre la puerta, sobre sus cabezas. Podían ver en su interior la gente abarrotarse por los pasillos y correr agitada –seguramente debido al escaso margen de tiempo que quedaba- con prisa.
—¡Vaya! ¿No les da nostalgia? —preguntó la rubia observando melancólica el edificio. Chouji asintió levemente. Por su parte, Shikamaru contestó con un rotundo "No", manteniendo como habitual su semblante serio. Su expresión de completo fastidio y aburrimiento.
—¿Cómo puedes decir que no? ¿No extrañas nada de la academia? —él se encogió de hombros a la par que hacía un leve gesto negativo con la cabeza—. Era aburrido.
Chouji rió —Siempre te dormías en clase —Shikamaru sonrió también.
—Y los idiotas de Naruto y Kiba siempre nos metían en problemas... —señaló el Nara. El castaño negó con la cabeza.
—Nosotros nos metíamos en problemas, querrás decir. ¿Recuerdas la vez que el Tercero nos corrió por los pasillos porque yo había robado un paquete de patatas del comedor? —Shikamaru asintió, con una amplia sonrisa. Sin embargo Ino comenzaba a impacientarse pues odiaba sentirse excluida.
—Si, si muy lindo —rezongó con fastidio tomando a ambos del brazo y arrastrándolos al interior del lugar—. Ahora dejen de hablar de tonterías del pasado y vayamos a inscribirnos antes de que sea demasiado tarde.
—¡Oye! —exclamaron ambos intentando zafarse del agarre de la chica, la cual seguía caminando con paso decidido a través de los corredores y hacia una de las aulas más altas. Donde se llevaba a cabo la inscripción para el examen jounin.
—Qué problemática eres... —murmuró finalmente dándose por vencido y dejándose llevar por la chica. Chouji asintió.
—Fuiste tú la que sacó el tema a colación.
—Si, si pero sus recuerdos me aburren —y sin decir más continuó zigzagueando a través de los corredores. Ambos muchachos ya no se molestaban siquiera en intentar soltarse, simplemente se dejan arrastrar por la chica. Bufando y quejándose de vez en cuando por la brusquedad de sus giros y la torpeza de sus pasos.
—Oh, cállense ¡Parecen dos niñas! —los reprimió, oyendo con incredulidad los absurdos lamentos de sus amigos. Entonces su atención se vio captada por una figura frente a ella, sus ojos esmeralda fijos en la joven rubia , su siempre habitual cabello rosa platinado y las manos en la cadera. Con una amplia sonrisa de satisfacción.
—Cerda... —la saludó, Ino inmediatamente soltó a ambos chicos y adquirió una posición similar a la de Sakura. Fingiendo desagrado tan solo de estar cerca de la chica.
—Frente de marquesina —respondió forzando un tono de desdén, tanto Shikamaru como Chouji se mantenían al margen de la disputa, sabiendo que era quizá lo más sabio.
—¿Vienes a inscribirte?
—Por supuesto que sí, frentona. No creías que te desharías de mi tan fácilmente ¿Verdad? —Sakura sonrió.
—No, no realmente. Además, será más divertido vencerte en el examen. Como cuando hicimos el examen chunin —Ino estalló.
—¡¡Tu no me venciste frente de marquesina!! ¡Si alguien venció a alguien, esa fui yo! —rió forzadamente, tanto que sonó más como un alarido que una carcajada.
—¡Oh! Por favor, cerda. Todos sabemos que yo estuve mejor que tú...
—¡Claro que no! —bramó, dando un paso hacia delante con los puños apretados. A veces Sakura podía tornarse tan densa.
—¡Claro que sí! —respondió tercamente la pelirrosa espejando el movimiento de la rubia. Tanto Chouji como Shikamaru y Naruto, que acababa de llegar, se prepararon para intervenir.
—Sueña frente de marquesina, sueña —respondió Ino y eso fue todo lo que se necesitó para hacer perder por completo la paciencia a Sakura.
—¡Sueña, tú! —Naruto dio un paso desde detrás de ella pero la pelirrosa lo apartó de un empujón. Lo mismo hizo Ino con Shikamaru quien se había acercado a ella, haciendo que el moreno retrocediera torpemente.
—¡Déjame Shikamaru! —le ordenó, el moreno recuperó el equilibrio y bufó.
—Las mujeres son tan problemáticas... —Chouji, a su lado, asintió. Contemplando aterrado a ambas féminas en posición de ataque.
—Pero Sakura... —intentó hablarle Naruto, por tercera vez. Ganándose un golpe más brusco que el anterior por parte de su amiga.
—¡No te metas en esto idiota! —el rubio retrocedió, si había algo a lo que temía era a Sakura cuando ésta estaba enfuriada.
—¡Ya verás, frentona! ¡¡Te venceré!! Sacaré mejores notas que tú en cada instancia del examen y me convertiré en jounin —Sakura negó con la cabeza, sonriendo.
—No lo creo. Pero... ya veremos quien es la mejor —y sin decir más dio vuelta sobre sus talones y se alejó a grandes zancadas, refunfuñando y murmurando para sí insulto tras insulto. Naruto permaneció en el lugar.
—¿Qué haces aquí Naruto? —cuestionó el Nara.
—¡¡Yo también soy Chunin!! —exclamó alegre, señalándose a sí mismo con orgullo— ¡El año pasado pasé el examen y ahora me convertiré en jounin para llegar a ser Hokage algún día, de veras! —Shikamaru se sintió una vez más abrumar por el exceso de energía que el chico emanaba. ¿Es que acaso no había nadie con estándares de comportamiento normal entre ellos?
—¡¡Naruto!! —gritó de repente la voz furiosa de la pelirrosa, la cual ya se encontraba al final del pasillo— ¡¿Qué demonios haces?! ¡¡Ven aquí, tonto!! —ordenó, el rubio asintió y aterrado comenzó a correr al encuentro de la muchacha. Shikamaru sonrió, Sakura era tan aterradora como Ino cuando se enfadaba. O quizá más.
—¿Y tú por qué demonios sonríes como un idiota? —cuestionó con hostilidad la rubia observando a su amigo, el moreno fingió seriedad.
—Nada —ahora que lo pensaba, quizá Ino fuera la más aterradora de las dos.
—¡Entonces, vamos! Debemos inscribirnos... Ya verá esa frente de marquesina, no sabe de lo que soy capaz —confabuló para sí, arrastrando una vez más a sus amigos a través de los corredores. Tanto Chouji como Shikamaru la observaron abrumados pues sabían que pronto tendría lugar sobre ellos una guerra campal de la que ninguno de los dos quería ser partícipe. Ante el mero pensamiento el chico puso los ojos en blanco, sólo una palabra acudía a su cabeza: Drama.
—¡Llegamos! —anunció la muchacha deteniéndose frente a la puerta de una de las aulas, junto a ésta había un trasparente en el que se encontraban varios anuncios enchinchados, entre los cuales se leía "Inscripción a examen jounin". Ino sonriente confirmó —Es aquí.
Por unos instantes permanecieron contemplando los papeles detrás del cristal, en la mayoría se leían anuncios dirigidos a los jóvenes miembros de la academia, los pequeños en crecimiento, sin embargo filtrados entre los demás había un par de papeles de color verde claro dirigidos a ellos, o como leía: "A todos aquellos dispuestos a tomar el examen para convertirse en jounin". De pronto, una voz detrás de ellos llamó su atención. Una voz extrañamente familiar.
—¿Ustedes también lo tomarán? —los tres se voltearon al instante, sólo para encontrarse con Kiba Inuzuka, quien acababa de dar un paso hacia ellos con una deslumbrante sonrisa en sus labios –que dejaba entrever los largos colmillos blancos que lo caracterizaban dándole un aspecto levemente salvaje -, con Shino Aburame, quien permanecía en completo silencio y apático a todo lo que sucedía a su alrededor –sus ojos como siempre ocultos detrás de aquellos lentes oscuros, al igual que su cabello que permanecía debajo de la gran capucha de aquella campera holgada de color verde que habitualmente solía usar- y Hinata, quien sonreía gentilmente, eventualmente mirando por sobre el hombro del Nara con las mejillas levemente sonrojadas. Al voltearse Ino comprendió que la muchacha observaba a Naruto, y en sus labios se formó una sonrisa.
—Es problemático... —susurró Shikamaru— pero ésta de aquí —señaló a Ino con la cabeza, refiriéndose a ella como si estuviera ajena a la conversación— nos forzó a hacerlo.
—¡No es cierto! —se defendió la joven de forma descarada, acomodando un mechón de rubio cabello detrás de su oreja. Kiba rió.
—No por supuesto, es más creíble pensar que Shikamaru se ofreció a hacerlo por voluntad propia. Con lo que disfruta este tipo de cosas...
Ino molesta por el comentario se volteó al Nara, el cual seguía mostrándose despreocupado a todo —¿Dejaras que diga eso de ti? —el chico se encogió de hombros—. ¿Por qué no? Es cierto...
Ella bufó, cruzándose de brazos —Aún así ¿No tienes orgullo? —él asintió— En la medida justa.
—¿Qué se supone que significa eso? —espetó, el moreno se volteó a verla con indiferencia—. Que no estallo en furia por cualquier tontería, a diferencia de cierta personita que conozco.
Como era de esperarse, Ino se enfadó —¿Si? —él asintió, metiendo las manos en sus bolsillos. Mirándola fijamente a los ojos—. Pues al menos esa personita... tiene amor propio —él rió—. Dirás vanidad.
—¡No! Amor propio, y si tú tuvieras algo quizá no serías tan patético —Eso dolió. Pensó, bufando con pesadez pues aunque no lo pareciera él si tenía orgullo. Quizá no fuera tan orgulloso como ella pero, en menor medida, lo era. Y eso había sido un ataque directo a él.
—Ahora sí me siento como de regreso en la academia... —murmuró, y una vez más, Kiba comenzó a reír.
—Vaya, amigo... deberías dejar de provocarla. Ino es venenosa con las palabras —tanto Chouji como Shikamaru asintieron. Si lo sabrían ellos...
—¡Oh, ya cállense! —exclamó, arrojando los brazos al aire—. Dejen de hablar y vamos a inscribirnos.
Los seis asintieron y comenzaron a caminar en dirección a la puerta del aula, la cual se encontraba a menos de un metro de donde el grupo estaba. La primera en ingresar, por supuesto, fue la joven rubia –la cual avanzaba con paso decidido observando a Sakura de reojo quien se encontraba a un lado esperando por su turno, con una sonrisa desafiante en el rostro-, segundo, justo detrás de ella, Shikamaru, luego Chouji, Shino, seguido de Kiba –quien también caminaba con cierta seguridad de sí mismo, reflejada en su postura- y por último avanzando tímidamente Hinata. La cual al momento de pasar por la puerta se encontró frente a frente con Naruto, quien estaba saliendo en el mismo instante que ella, forzándola a detenerse. Y de repente sintió el fuego arder en su rostro, en sus mejillas, sabía que estaba sonrojándose violentamente, así como podía sentir su corazón palpitar errático, inquieto en su pecho. Era increíble que a pesar de haber pasado tantos años el rubio siguiera teniendo el mismo efecto en ella.
—¡Hinata! —la saludó alegremente, agitando la mano de forma entusiasta. De pronto toda palabra que hubiera pensado decirle había desaparecido, su mente estaba completamente en blanco. Lo único que podía oír era el latido de su propio corazón.
—Na... Naruto... —susurró, comenzando a mover sus manos de forma inquieta. Intentando armarse de valor para poder mirarlo a los ojos, sin embargo no pudo hacerlo. Por lo que cerró los ojos y sonrió, hablando rápidamente—. Me alegro que puedas tomar el examen, Naruto.
El rubio parpadeó un par de veces antes de poder descifrar lo que la muchacha había dicho en su arrebato—. ¡Claro! Si quiero ser Hokage debo esforzarme al máximo, y lo haré, de veras —exclamó emocionado. Hinata sonriente asintió, sintiéndose aún más intimidada por su presencia. Naruto siempre había tenido ese efecto en ella.
—Oye, Hinata ¿Estás bien? Estás rara... —señaló observando a la muchacha retorcer con sus manos el dobladillo de su campera lavanda, en un claro gesto nervioso. Sus inmensos ojos marfil posados fijamente en el piso.
—Eh... yo... —balbuceó, de pronto apareció Kiba a su lado, tras ver que la situación comenzaba a tornarse incómoda para su amiga.
—¡Oye, Hinata! Apresúrate, debemos anotarnos... —exclamó sonriente, la muchacha asintió lentamente con la cabeza y antes de marcharse murmuró—. Adiós Naruto...
El rubio rascó su nuca observando confundido a la joven marcharse, su mirada color perla fija en Kiba, el cual sonreía y gesticulaba con la mano, como restándole importancia a algo—. Vaya, Hinata es tan extraña. Seguro que estaba nerviosa por el examen —Sakura puso los ojos en blanco, observando con incredulidad la torpeza y el despiste de su amigo. ¿Cómo era posible que Naruto no lo hubiera notado después de tantos años? ¿Acaso quedaba alguien que no lo supiera, además de él?. Sakura lo dudaba.
—Si, seguro es eso —replicó con sarcasmo la pelirrosa, negando con la cabeza—. Eres un idiota —y sin decir más salió por la puerta y se marchó, habiendo ya completado su inscripción. Naruto, inmediatamente, comenzó a seguirla.
—¡¿Qué?! —se lo oyó chillar, antes de desaparecer ambos al doblar en la esquina del corredor. Entonces, y sólo entonces, el rostro de Hinata recobró su color pálido habitual.
—¡Vaya, si que es un idiota! —exclamó Ino riendo, Chouji asintió.
—¿Cuán despistado puede ser? —Shikamaru se encogió de hombros.
—Es humanamente imposible ser tan tonto... —los tres parecieron estar de acuerdo. E Ino volvió a reír antes de soltar al aire la frase, con cierta indignación —¡Hombres!
Shikamaru ofendido bufó —No atribuyas al género las torpezas de Naruto. Él es una excepción a toda la regla que exista en este mundo —Chouji se mostró inmediatamente de acuerdo sin embargo Ino sonriente negó con la cabeza.
—Créeme... —comentó gesticulando suavemente con la mano, mirando particularmente a Shikamaru—. todos los hombres son iguales...
El moreno puso los ojos en blanco. Sabiendo perfectamente que aquella indirecta iba dirigida especialmente a él. Porque tú sabes mucho de hombres. Pensó, sin embargo prefirió sofocar las palabras en lo profundo de su mente, sepultarlas, aquella decisión era probablemente la correcta si es que pretendía permanecer en buenos términos con ella. Sin embargo, seguía sorprendiéndose de lo absurda que podía llegar a ser Ino la mayoría de las veces, siempre diciendo querer encontrar ese ideal para luego aseverar que, de todas formas, todos eran iguales.
—Como sea... —murmuró. En ese mismo instante una voz exclamó en voz alta:
—¡Los siguientes! —Ino se volteó emocionada y frente a ella se encontró directamente con Kurenai, quien permanecía detrás de una mesa con una pila de papeles a su lado y un listado de nombres delante suyo.
—¡Kurenai! —exclamó sonriente, la mujer devolvió la sonrisa con gentileza.
—¿Están los tres para inscribirse? —la rubia asintió—. ¡Claro! A Asuma-sensei le encantaría que lo hiciéramos —la morena asintió, observando de reojo a la pequeña niña de tres años junto a ella jugar con el recién llegado Shikamaru, y en sus labios se dibujó una sonrisa—. Estaría muy orgulloso.
—¿Verdad que sí? —comentó Chouji feliz, observando a sus dos amigos con afecto.
—Si, Chouji —respondió Ino sintiendo aquella calidez familiar en su pecho, aquella que siempre sentía cuando estaba en compañía de su equipo. Y es que se sentía tan bien estar con ellos, tan correcto, todo era tan fácil con ambos, sabiendo que sus amigos la valoraban por quien realmente era sin exigir nada a cambio, simplemente ser ella misma. Por supuesto siempre dirían que preferirían que fuera menos efusiva, o gritona o problemática. Sin embargo a la rubia no le importaba, porque sabía en el fondo, que ellos no la cambiarían por nada. Así que decidida se inclinó para tomar la lapicera y escribir su nombre en el papel. Yamanaka Ino. Trazó prolijamente, luego le siguió el robusto muchacho a su lado, el cual garabateó torpemente Akimichi Chouji.
Inmediatamente, ambos se voltearon al moreno. El cual se encontraba en cuclillas frente la pequeña hija de Kurenai y Asuma, hablando y riendo con la niña. Por un instante Ino se sintió conmovida por la escena.
—¡Shikamaru, no te zafaras de firmar! ¡Ven aquí! —el chico dejó caer la cabeza y asintiendo lentamente se puso de pié, acercándose a la mesa e inclinándose de la misma manera para agregar a la extensa lista, su propio nombre. Nara Shikamaru. Se leyó, y con ello firmó su sentencia por los próximos meses. A veces se preguntaba el por qué se permitía condenarse a sí mismo, sin embargo y a pesar de saber la respuesta, para él... no tenía sentido. En absoluto.
