Teddy Lupin alzó su rostro alejándolo del pensadero y talló sus ojos tratando de despertarlos después de haber visto los últimos recuerdos de su madre.

—¿Sorprendido, Señor Lupin? —Preguntó la directora McGonagall quien se encontraba sentada tranquilamente en su escritorio.

—Bueno…sí, quiero decir, de alguna manera no podía entender las razones que había tenido mamá para dejarme en lugar de quedarse en casa tal y como papá le había dicho —confesó Teddy con cierta culpa. McGonagall sonrió complacida.

—Tus padres lucharon para darte a ti un mejor lugar en el cual vivir, ellos esperaban que pudieras entenderlo cuando fueras mayor —musitó la directora al tiempo que se levantaba de su silla— Ambos comprendieron bien las palabras que siempre repite el sombrero seleccionador «Permaneced juntos, sed fuertes juntos»

—¿Usted los conoció bien, directora? —preguntó el joven con curiosidad. McGonagall asintió e inmediatamente evocó:

—A tu padre realmente; primero porque fue un Gryffindor, casa de la que fui orgullosa miembro y jefe, y después porque fue profesor un año en Hogwarts —explicó McGonagall—. Él era un chico muy serio pero sin duda un completo y total Gryffindor: valiente, con temple y coraje. Ese distintivo gusto por romper las reglas pero sobre todo muy leal y osado. De tu madre no conozco mucho, pues aunque ella también fue mi alumna varios años después sólo recuerdo que solía tropezar con casi todo y gustaba de hacer reír a sus amigos, ella pertenecía a Hufflepuff, igual que tú ahora. Siempre me pareció curioso pues es bien sabido que estas dos casas son las que mejor relación tienen entre sí a diferencia de con las otras dos casas —divagó llevando su mano derecha hasta su mentón—. Es como si la osadía de Gryffindor fuese un reto personal para la paciencia y devoción de Hufflepuff —concluyó con una sonrisa reconfortante que el muchacho agradeció.

—¿Por qué yo no conocía la existencia de estos recuerdos? —reclamó Teddy procurando no sonar grosero—. La verdad, me hubiese ahorrado muchos reclamos indirectos hacia la falta que me hace mi madre, podía entender a mi padre, él lo hacía por ella y por mí. Pero realmente nunca comprendí el por qué de mi mamá.

—Tu padrino, Potter, consideró que sería mejor que los conocieras en el momento en el que yo viera que estabas lo suficientemente listo para resistirlos. A mi criterio ese momento ya había llegado así que le envié una carta solicitando su permiso. Tanto él como tu abuela estuvieron de acuerdo en que ya era tiempo —respondió McGonagall con tranquilidad. Teddy exhaló un suspiro de resignación, el chico no podía evitar sentirse culpable por haber juzgado tan mal a su mamá.

—Ciertamente, nunca es fácil entender los motivos de las personas que se entregan al amor —le reconfortó la profesora con sabiduría—. No tienes porqué sentirte culpable, las razones de tu madre son complicadas pero infaliblemente profundas: Amaba a Remus y quiso estar con él hasta el final, así como también te amaba a ti y quiso regalarte un mundo mejor en el cual pudieses ser feliz. Ambos murieron para salvarte.

Profesora y alumno sonrieron. Teddy se sentía mucho mejor ahora que había conocido los últimos recuerdos de su madre. Una mujer indudablemente devota.

«No hay un regalo más bello que la vida. Dio la suya por la tuya, porque te quería. Y hay mucha gente que te quiere, hay muchas cosas para hacer, muchas razones para luchar y vivir. Entiendo que estés muy triste...Yo también pasé por algo parecido. Pero las personas a las que amamos no se van jamás del todo: basta con que no las olvidemos.»

FIN~