"¿Qué es lo que queda cuando sientes que lo has perdido todo?"
Aquel largo día de trabajo en el hospital había terminado de la mejor manera, sin pendientes, sin urgencias, con un opaco atardecer.
Honestamente, no recuerdo a ciencia cierta en que momento los atardeceres se volvieron mejores cuando el sol se esconde detrás de las obscuras nubes dándoles un pálido matiz dorado en los contornos, volviendo al horizonte un lienzo renacentista.
Entre a mi departamento y, como todos los días después de la boda, deje caer al suelo mi abrigo y mi maleta, para posteriormente cerrar la puesta e ir a la cocina para únicamente tomar un vaso pequeño de cristal de la alacena, sacar una botella de Vodka puro del congelador y verter en el vaso el contenido de la botella.
"Nunca me he subido a un tren"
Aquellas palabras golpearon mi mente y suspire resignado ante el inevitable hecho de que desde hacía tres meses, siempre que llegaba a quedarme solo, comenzaba a escuchar de manera constante su voz repitiendo para mí de manera aleatoria aquellas pequeñas frases que se habían quedado grabadas en mi mente y alma.
Tres meses. Doce semanas. Noventa días. Dos mil ciento sesenta horas. Enfermizamente había contado el tiempo desde que había sido testigo de cómo uno de mis más grandes sueños se había vuelto inalcanzable y sin embargo aún no lo superaba ya que con solo cerrar los ojos podía verla sentada en el asiento de copiloto de mi auto, mientras su cabello se mecía débilmente con el viento que entraba por la ventanilla desprendiendo un intoxicante aroma a ciruelas.
"Hay muchas cosas divertidas que quiero hacer a tu lado"
Observe fijamente el vaso que se encontraba estático sobre la barra de la cocina, para posteriormente tomarlo con mi mano izquierda e ir hacia el sofá mientras arremolinaba el contenido del vaso con un sutil movimiento de muñeca.
Aspire aquel dulce aroma a trigo y tras dar un pequeño sorbo deje que mis papilas gustativas se deleitaran con aquel suave sabor cremoso, manteniendo aquel líquido la mayor cantidad de tiempo en mi boca para disfrutar mejor de aquel escape temporal, sabiendo que asi como todas las noches anteriores esta también se volvería eterna.
"Son tantos los lugares que debemos conocer juntos"
Trague lentamente aquel suave líquido y tome otro sorbo mientras miraba fijamente las tres fotografías sobre la mesa de madera barnizada que se ubicaba frente a mí. Deslice lentamente la mirada de la fotografía de mi padre a la fotografía en la que salían todos mis amigos de la preparatoria, finalizando al fijar toda mi atención sobre la fotografía de Albafica riendo a mi lado.
Fotografía que Dohko había logrado tomar en un día de campo que Albafica, Yuzuriha y Degel, habían organizado cuando estábamos en el quinto semestre de la universidad. ¿Quién diría que estudiaríamos lo mismo? Éramos tan iguales y aun asi ella había elegido como prometido a un prominente abogado. Aparte la mirada de aquella fotografía al sentir un débil pinchazo en el lado izquierdo de mi pecho y bufe divertido. ¿Qué pensarían todos en el hospital si vieran al perfecto y educado Shion sentado en su sillón con una bebida en la mano y la mirada perdida en el horizonte, acompañado únicamente por el sonido de la lluvia al caer?
"Prométeme que al menos vamos a viajar en tren juntos una vez"
Sonreí amargamente ante aquellas palabras, recordando cómo sus perfectos ojos cobalto me miraban fijamente, sosteniendo una súplica silenciosa que terminaría siendo mi perdición y mientras tímidamente asentía recordaría por siempre que aquella había sido la primera vez que un reconfortante calor sometía mis mejillas, dándome a entender lo difícil que me sería alejarme de su lado, después de todo había atendido que no me agradaba nadie más como lo hacia ella…
Me removí incomodo en mi silla al escuchar una débil secuencia de golpeteos en mi puerta y dejando sobre la mesa el vaso aun lleno de vodka me levante pesadamente, no sin antes observar el reloj digital que tenía pegado en la pared, sorprendiéndome al descubrir que pasaba de la media noche… valla que el tiempo pasaba rápido cuando uno se ponía a recordar cosas tristes.
Me acerque a la puerta y mire a través de la mirilla de la puerta, sin encontrar nada más que el vacío corredor débilmente iluminado que separaba a los demás departamentos del mío, fruncí el ceño, tal vez solo lo había imaginado, después de todo aun no me acostumbraba a lo que el alcohol le hacía a mi cuerpo, sin embargo antes de dar media vuelta para dirigirme nuevamente hacia el sofá una nueva serie de débiles golpes se escuchó. Encendí la luz con el interruptor que estaba a mi izquierda y abrí de golpe la delgada puerta de madera, encontrándome con la peor imagen que alguna vez hubiera podido imaginar.
Frente a mí se encontraba Albafica de rodillas mirándome fijamente con sus ojos cobalto que habían perdido todo rastro de vitalidad, de su húmedo cabello escurrían chorros de agua que se pegaban a su rostro, para deslizarse por sus mejillas y parte de su nariz, se abrazaba a sí misma mientras temblaba a causa del delicado vestido rojo que llevaba puesto y su expresión la hacía parecerse a un animalito asustado. Se veía tan débil, tan sensible, tan vulnerable y aun asi, para mi pesar no dejaba de verse tan hermosa como siempre. Esa no era la Albafica que había conocido en la preparatoria, tampoco era la Albafica que había logrado retar a toda una institución y salir victoriosa, esa Albafica que estaba frente a mí, era tan diferente que se veía desde lejos que necesitaba ayuda
- Shion…- aquellas palabras salieron entrecortadas de sus labios carmín, logrando que mi atención se enfocara en su sangrante labio inferior.
- Albafica – gemí su nombre sintiendo como se formaba un hueco en la boca de mi estómago, mis sangre quemaba al pasar por mis venas y los músculos de mi rostro se tensaron sabiendo que no tenía que quebrarme la cabeza para saber quién era el causante de las heridas que profanaban su piel, en unos instantes quería golpearlo hasta que pagara por lo que había hecho, sin embargo, no podía irme justo ahora a romperle el rosto a Minos, ya que Albafica estaba más que herida y ella era mi prioridad. Siempre lo seria.
Salí de mi departamento para tomar entre mis brazos su débil y tembloroso cuerpo, para levantarlo de suelo con un impulso y entrar a mi departamento, a lo que Albafica únicamente reacciono rodeando mi cuello con sus brazos, provocando que la culpa volviera a mí por aquella efímera sensación de felicidad que me daba sentir nuevamente sus brazos sobre mí.
- creí que por ser tan tarde no abrirías – murmuro con voz tremula después de que la recosté en el sillón de mi sala – tu luz estaba apagada asi que...
La mire tristemente al ver como sus brazos lucían rasguños, lo cual suponía una lucha previa, asi como también pude notar que aquella cremosa piel tenía un tono demasiado pálido, solo esperaba que ella le hubiera roto algo.
- yo siempre te abriré – confesé mientras me acercaba cautelosamente a ella – no importa la hora – suspire –siempre encenderé la luz para ti.
Ella me sonrió débilmente y después de recibir un gracias de su parte, corrí directamente hacia el botiquín de primeros auxilios que tenía en mi habitación dispuesto a curarla, no sería nada comparado a como ella había curado con su sonrisa mis aburridos días, sin embargo por ahora era lo mejor que podía hacer.
Regrese nuevamente a la sala donde se encontraba Albafica y en silencio me arrodille frente a ella, para proceder a desinfectar y curar las heridas de sus brazos, sabía que ese no era el procedimiento, pero no podía a arriesgarme a dejar que se generara una infección, después de eso ya habría suficiente tiempo para que se quitara aquella ropa mojada y tomara un baño. Continúe mi labor en silencio bajo la mirada perdida de Albafica.
- no tengo ropa seca – hablo Albafica en un susurro una vez que tuvo todas sus heridas tratadas.
- descuida – le dije sabiendo que mi ropa le cabria perfectamente – yo arreglo eso – señale dedicándole una sonrisa – tu báñate, ya sabes dónde está el baño.
Ella asintió débilmente e intento levantarse, sin embargo al ver como sus pies falsearon la volví a tomar entre mis brazos, sabía que a ella le molestaba depender de alguien, sin embargo no dijo nada y se dejó llevar al cuarto de baño, donde la deje después de regular el agua caliente, sentarla en la blanca tina y dedicarle una tímida sonrisa, la cual me correspondió formando una débil mueca en su rostro.
- gracias – susurro antes de que cerrara la puerta, a lo cual únicamente asentí y confiando en que ella estaría bien, me dirigí nuevamente a mi habitación para tomar un pantalón de algodón y una sudadera gruesa.
Camine nuevamente hacia la puerta del baño, dispuesto a tocar para avisarle que dejaría su ropa en la repisa que estaba un lado de la puerta del baño, sin embargo me detuve al escuchar el sonido del agua de la regadera al caer… al instante mi mente me traiciono, Albafica estaba desnuda a escasos metros de donde yo estaba y al imaginar el agua caer por su cuerpo sentí como mis mejillas comenzaban a hormiguear, estaba seguro de estaba teñidas de escarlata y al darme cuenta de hacia dónde iban mis pensamientos negué efusivamente, esta no era la ocasión adecuada para comportarme asi, podría culpar al alcohol de aquella reacción tan poco profesional, pero eso no era excusa.
Me acerque más a la puerta y por primera vez después de estar frente a la puerta, escuche los débiles sollozos de Albafica ser mitigados con el sonido de las gotas al caer.
Cerré los ojos con fuerza al escuchar más sollozos, ella estaba sufriendo y yo solo dejaba que repugnantes pensamientos me inundaran, era una basura, estaba comportándome tan egoísta que ni yo merecía su confianza. Pose mi frente en la puerta de madera que separaba al baño de la sala y me deje caer de rodillas, mientras abrazaba aquella ropa a mi pecho, en definitiva nadie, era merecedor de tener a su lado a alguien como Albafica.
Después de lo que pareció una eternidad escuche como el sonido de la regadera cesaba y me levante de golpe.
- Albafica, tengo la ropa – tartamudee frente a la puerta.
- ¿Puedes pasármela? – escuche como Albafica me decía tímidamente, provocando que con solo escuchar su voz los colores subieran nuevamente a mi rostro.
- voy a abrir – anuncie con voz temblorosa, para posteriormente entreabrir la puerta y meter únicamente mi mano izquierda con la ropa.
Sentí como sus delicados dedos húmedos se rozaban con los míos en el momento en el que ella la tomaba y reprimí un suspiro al sentir como una corriente eléctrica recorría todo mi cuerpo.
Retire mi mano lo más rápido que pude evitando que ser viera sospechoso y cerré nuevamente la puerta ¿Por qué me pasaban estas cosas a mí? ¿Por qué cuando ya había comenzado a asimilar que jamás la tendría a causa de su aparentemente perfecto matrimonio, ella destruía de la manera más brutal aquella barrera que había comenzado a crear para evitar molestarla con mi poco fraternal amor?
Cerré los ojos con fuerza y me aleje del baño, únicamente para acercarme a la ventana del departamento, la cual daba directamente a la calle, mire através del vidrio como la lluvia caía rítmicamente, empapando las calles obscureciendo el asfalto, mire hacia abajo descubriendo que su auto no se encontraba aparcado en la acera y un escalofrió recorrió mi cuerpo… la vivienda de Albafica se encontraba al otro lado de la ciudad y si ella había llegado caminando a mi departamento, estaba seguro de que ella llevaba al menos una hora bajo la lluvia.
Di media vuelta, para dirigirme rápidamente a la cocina, únicamente para sacar del refrigerador un galón de leche, vaciarlo en un recipiente y calentarlo a fuego lento, escuche la puerta del baño abrirse, suspire decidido a darle un poco de espacio antes de atosigarla con preguntas indecorosas, una vez que la leche estuvo hirviendo apague el fuego, la serví en una gran taza y mezcle un poco de chocolate. Tres grandes cucharadas, la cantidad preferida de Albafica, fuera de café, chocolate o azúcar, ella siempre tomaría tres grandes cucharadas.
Tome la taza de la aza y con cuidado la lleve a la sala, donde supuse que estaría Albafica, me acerque sigilosamente y la vi abrazando sus piernas mientras su mirada se mantenía pérdida en la nada, algo realmente malo debió haberle pasado para que la habitual luz de su mirada se viera opacada por sombras.
Deje la taza frente a ella y me senté silenciosamente a su lado, ella me miro y sonrió, sabía que agradecía que le diera su tiempo al mismo tiempo de que no la dejaba sola. Nos quedamos en silencio por una eternidad, hubo veces que su ceño se fruncía con tanto dolor que temía que ella rompiese en llanto, sin embargo siempre volvía a tener una expresión totalmente inmutable demostrando la gran fortaleza que la caracterizaba.
- ¿Qué fue lo que ocurrió? – pregunte cuando ella se me quedo mirando fijamente con sus acuosos ojos cobaltos.
Ella dudo unos instantes y cerró los ojos con fuerza, sin embargo negó efusivamente.
- tiene otra mujer – dijo con una sonrisa amarga que hizo que mi corazón se destrozara, Albafica se veía tan destrozada. Sabía que no me iba a dar más detalles acerca de eso asi que decidí no insistir, no lo negaba más de una vez imagine que su matrimonio terminaba, sin embargo jamás hubiera querido que fuera asi.
"Seguro Shion" aquella voz sonó en mi mente y sin embargo la mande a callar instantáneamente.
-¿Cómo lo supiste? – le repregunte a Albafica seriamente, ella me sonrió despreocupadamente y se encogió de hombros.
- Su camisa estaba manchada de rojo – suspiro – olía a perfume de otra mujer…
- Albafica – comenzó a hablar para intentar consolarla sin embargo se me adelanto.
- no entiendo – dijo Albafica – trate de ser amable – volvió a suspirar – intente ser una buena esposa – cerro los ojos con fuerza – me hace enojar tanto - me sorprendí al escuchar aquello, esperaba a una Albafica débil, triste, deprimida, pero no esperaba que la principal reacción de ella fuese enojo.
"Asi no podrás hacer ningún movimiento ¿No es asi?" aquella voz volvió a escucharse en mi mente y sin embargo esta vez no la ignore, ya que en lo más profundo de mi ser un ente egoísta quería que abrazarla mientras acariciaba su espalda en un intento de consolarla "valla que eres patético Shion" sí, sí era patético, alguien en quien no valía la pena confiar.
- ¿Qué harás? – me atreví a preguntar ya que a pesar de ser egoísta, nunca la dejaría de lado, la ayudaría a salir adelante y apoyaría todo lo que decidiese, haría lo que fuera por ella, tragando mi egoísmo… dándolo todo porque ella fuese feliz.
- lo hablare con mi padre – dijo Albafica estirando su mano hacia la taza de leche frente a ella – después me divorciare – dijo dándole un sorbo a la taza, provocando que un extraño hueco se formara en mi estómago.
