La joven encendió su deportivo auto un Honda CRX. Era de color negro con viniles rojos y aros de lujo. Adentro del auto solo un asiento de estos deportivos de color rojo. Se puso el cinturón acelerando el motor del pequeño Honda antes de quitar la emergencia meter cloche y poner la primera. Se mantuvo así por unos segundos. A su lado izquierdo el medidor de la cantidad de "Nitro" disponible y la suma de aire que se acumulaba en la turbina que llegaba al motor permitiendo mayor cantidad de combustible y por ende una mayor fuerza en el mismo.

Había removido todos los asientos originales del vehiculo. Reforzándolo internamente para ganar mayor estabilidad y peso. Este pequeño auto deportivo era admirado por todos en una época. Pero su falta de estabilidad en la carretera lo llevo a tener mala fama. La compañía japonesa los fabrico en demasía ante la constante demanda y al parecer se les olvido que el auto no tenía suficiente seguridad y al chocar se convertía en una pieza de hojalata inservible llevándose consigo en la mayoría de los casos al conductor.

La joven vestida de negro de piel trigueña, esbelta figura, pelo negro lacio y ojos marrones subió el volumen de la radio. No le gustaban las exageraciones como en los otros autos. Con cuatro bocinas y un amplificador era suficiente para ella. Tenia tantas razones por las cuales correr esta noche. Había practicado antes. Escapado de la policía en varias ocasiones y contrajo algunas victorias menores. Pero el día de hoy seria una muy diferente. Sentía que todo el peso de su familia caía sobre ella y ya en el mundo de las carreras alrededor de la ciudad se empezaba a hablar de ella. La reencarnación como solían llamarla. Ella no correría por negocios. Tampoco por lucrarse de dinero. Mucho menos para hacer amigos. Deseaba venganza. Encontrar al desgraciado que asesino a su hermano y puso a su padre en la cárcel. No confiaba en nadie. Solo en un viejo amigo de su padre dueño de un deposito de autos inservibles. Fue aquí donde encontró el CRX que ahora usaba y con todo el tiempo del mundo mientras se mantenía escondida decidió restaurarlo. Ni siquiera Jonathan estaba seguro de su paradero, aunque este apareció por el lugar preguntando por ella en varias ocasiones. La respuesta siempre era la misma.

Empezó a lloviznar levemente. No sabia si verlo como una buena señal o como todo lo contrario. Una noche muy parecida a la del día que murió su hermano. Un hombre entrado en edad de piel blanca, calvo vestido con ropa de camuflaje ya gastada y un bastón que le ayudaba a afrontar la cojera se acerco al vehiculo mientras se fumaba un cigarrillo. Antes de llegar a ella apago el cigarro y expulso todo el humo que tenia en sus pulmones. Puso sus manos sobre la capota del auto acercando su rostro a la ventanilla. Ella todavía sentía el olor a cigarrillo que tanto le molestaba y el anciano para poder convivir con ella tuvo que acostumbrarse a los ataques de esta joven mujer.

-¿Estas segura de lo que haces?. No ha salido del terreno y eso no es suficiente para probarlo.

-Estaré bien. Respondió la joven mientras seguía acelerando el CRX. No es la primera vez que corro.

-Eso lo se. Creciste con esto en la sangre muchacha. Pero no es negocio para mujeres (nota que la joven lo observa de mala manera) No lo tomes como una ofensa. Solo te digo que tienden a ser más abusadores.

-Ya lo fueron una vez. Debo hacer esto. Entiéndeme. Estabas de acuerdo conmigo hace un rato ¿no me digas tienes miedo ahora?

-Tu papa me dijo que te cuidara en lo que salía de la cárcel. Quería que todo esto terminara de una manera pacifica. Fue así que lo eligió por el bienestar tuyo.

-¡Pues yo no lo acepto!. Mi padre no es ningún criminal. Tu sabes muy bien que no era narcotraficante. Solo le gustaban los autos. Estar inventando. Lo único que mi papa quería era tener su negocio propio. Su propio taller o algo legitimo y llego a perderlo por culpa de la maldita mafia.

-Controla…

-¡Fue la maldita mafia quien le quito todo y luego lo envío a la cárcel!.

El hombre golpea la capota del CRX sobresaltando a la joven dentro del vehiculo sobre todo cuando este le sube la voz:

-¡Escúchame bien!. ¡Yo no se en que negocios estaba envuelto Francisco!. ¡Tampoco que me interesen mientras menos sepa mejor!. ¡si se gano doce años en la cárcel fue por algo y al menos…esta vivo!. ¡¿Quieres terminar como Sam?!. ¡No eres la única que duda que no pudiera quitarse su cinturón y tuvo que quemarse vivo!. ¡Pero no es bueno remover a los muertos!. ¡Puedes encontrar cosas que solo deseaban mantenerse ocultas!.

-Perdona si la curiosidad es mi debilidad…

La joven finalmente suelta el cloche hundiendo el acelerador al mismo tiempo. La parte del frente del auto se alza por una fracción de segundo y el anciano se mueve rápidamente casi por instinto. Levantando polvo por su acelerado paso a través del pedregoso suelo el anciano solo la observa quizás deseando con toda la sinceridad del mundo que Sandra Carlinoche no estuviera cometiendo un error.

Cuatro meses han pasado desde la trágica muerte de Sam…