Los engranes se van a mover.
Se están moviendo con mi fuerza que no sirve de nada.
Los engranes… poco a poco empiezan a girar.
Siento cómo nos alejamos.
Siento que tú estás parada en el mismo lugar.
Eso era lo que temía y tampoco quería…
Me duele mucho. Me duele.
Es insoportable.
Este dolor que nos quedó… es el único vínculo que tenemos…
…por eso lo voy a defender…
"Las pecadoras más felices del mundo"
Por: Sunako-san
Capítulo Dos
A veces me pregunto si
yo viviría igual sin ti…
No sé si yo sabré olvidarte.
"Alicia, hija, ábreme. ¿Cuánto tiempo más vas a estar así? -como todos los días que me negaba a salir, seguías haciendo la misma pregunta, una y otra vez-. Ella no es lo mejor para ti, e incluso ella no debe ser nada para ti" -golpeaba la puerta en un intento vano.
"Madre -contraje mi puño-, ¡vete porque no quiero saber nada de ti, te odio!" -con mucha ira lancé la almohada contra la puerta.
Aquella persona sólo le había traído a mi vida desgracias, desilusiones y dolores, nada más.
De ella, aunque la realidad sea dura para las demás personas, no quería nada. Ni siquiera su amor.
Sola.
Sola en el silencio devastador.
Sola con el corazón partido.
Sola sin tu amor…
"Fate" -susurré tu nombre en la oscuridad, como si me quemara.
Aquellas palabras… ¿verdad que no querías decírmelas?
Hundí mi rostro en la otra almohada tratando de no escuchar nada. De no sentir, de no vivir, pues desde que te fuiste de mi vida, la luz se disipó. Y ya nada tiene sentido.
¿Fuetodo una mentira o fue realidad?
Aquella pregunta sin respuesta hacía que me carcomiera cada día mi interior.
Llevo una semana sin ver el mundo allá afuera.
Lo único que he hecho ha sido comer en mi habitación, salir de esta misma para bañarme e ignorar a mi madre.
Nada más.
Y en un instante puedo ver
que tú eres cuanto yo soñé,
inolvidable para mí.
Mi cuerpo y mi alma, como en los cada seis meses que nos vemos, te extraña y va muriendo con el paso del tiempo.
Muere lentamente.
Aún no logró entender cómo puedo vivir sin ti después de tanto tiempo.
Sí, ahora recuerdo el por qué.
Levanté mi mano al aire y contemplé, maravillada, la posesión de un anillo en mi dedo anular de la mano izquierda.
Recordé, entonces, que aquel día te entregué uno similar.
Nuestra unión, nuestra promesa.
Cómo podría olvidarlo, si ese día es muy importante para mí.
Me pareció otra historia que
el tiempo se llevó con ella,
tú no me dejes más.
Nunca me dejes.
-Flash Back-
"Ven, Fate -tiraba de tu mano con entusiasmo, como sólo unos niños a la corta edad de 5 años pueden tener-. El festival de Tanabata no esperará por nosotras, de seguro ya empezó."
Corríamos como nunca lo habíamos hecho en la vida.
Nuestras sombras que danzaban bajo los fuegos artificiales se mezclaban con las risas que regábamos a nuestro paso.
Mi corazón se desbordaba de emoción.
Era la primera vez que Okaa-san nos dejaba salir sólo a nosotras dos.
Sin ella y sin la compañía de sus tontos prejuicios y discriminaciones que eran exclusivamente para ti.
Únicamente tú y yo.
Esa noche estaba muy agradecida con Lindy que había visitado a Okaa-san y la había convencido de permitirnos ir solamente a nosotras dos, mientras que ellas se quedarían a beber té.
La euforia corría por todas mis venas, hasta que…
Tu manoabandonó la mía.
¡Crash!
Tu sandalia se había reventado.
¡Tock!
Habías caído al suelo.
"¡Fate!" -grité y giré con desesperación para asegurarme que no te hubieses lastimado.
"Mamá…" -susurraste.
"Fate, ¿te lastimaste, te duele algo? ¿Estás bien?" -me arrodillé frente a ti, tomándote de los hombros para ver que estuvieras bien; tú nada más te limitaste a negarme con la cabeza.
"Mamá…" -volviste a pronunciar y comenzaste a sollozar.
"¿Mamá?" -pregunté un poco molesta.
Qué tenía que ver ella ahora.
Por qué siempre interrumpía nuestros momentos juntas.
"Me regañará por ensuciar el kimono" -te frotaste el ojo derecho con su respectiva mano, y luego te cubriste el rostro con ambas y tu llanto aumentó.
Igual que mi ira.
"Arrg" -mis dientes gruñeron. Aparté mis manos de tus hombros y enfurecida me marché, lo más rápido posible, perdiéndome entre la muchedumbre.
No sé qué fue de ti hasta que regresé.
Tal vez me ausenté unos 30 minutos, hasta que volví a ti corriendo.
Tú estabas en el mismo sitio donde te había abandonado, pero con la diferencia de que ya no te encontrabas llorando.
Me miraste apenada, pero luego me sonreíste, como sólo tú podías hacer.
Aquel gesto aceleró mi corazón.
"No tienes por qué llorar -me paré frente a ti, sin inclinarme todavía-. Si Okaa-san te regaña le diré que yo fui la que causó que el kimono se ensuciara -me contempló con esos ojos borgoñas, iguales a los míos, llenos de cariño; mi puño se contrajo y me postré a su altura para apartar aquellos mechones salvajes que cubrían su bella piel de la frente-. Ya no llores" -mi mano recorrió su mejilla y le ofrecí un anillo.
"Ali…" –lo tomaste, sonreíste y tu calidez me rodeó en un tierno y sincero abrazo.
"Siento haberte abandonado… yo…" -entonces susurraste a mí oído.
"No digas nada, no hay por qué disculparse, al contrario, hay algo que agradecer. Que tú estés a mi lado… -deshiciste el abrazo, el cual yo quería que durara más, y tu rostro se encontró con el mío-. Gracias por el anillo" -lo envolviste con tus candorosas manos y lo llevaste a tu pecho.
"Que tú estés a mi lado… -deshiciste el abrazo, el cual yo quería que durara más, y tu rostro se encontró con el mío-. Gracias…"
Me ruboricé.
"Disculpa que el anillo fuera simple… no tenía mucho dinero."
Me dedicaste una mirada y me entregaste el regalo al mismo tiempo que extendías tu mano.
"¿Me lo colocarías?" -sonreíste.
"C-Claro" -asentí.
Lo tomé entre mis manos y con la mayor gracia posible, lo deposité en tu delicado dedo anular de la mano izquierda, señalando un compromiso entre nosotras, en el cual, ambas habíamos aceptado dichosamente.
"¿Tienes otro?" -te sonrojaste notablemente.
"Sí… el mío" -dije apenada.
Repitiendo lo anterior con mi anillo, tú cerraste un compromiso entre nosotras.
Era feliz.
La persona más feliz del mundo, porque estabas a mi lado.
"Veo que te queda bien…" -apartaste la mirada.
"¿Eh?" -entonces me fijé, el tuyo quedaba un poco grande.
No me había dado cuenta, pues me embobé con la fragancia de tu amor.
"¡No puedo creerlo! ¡Iré a buscar a ese señor y haré que me lo cambie!" -grité enojada.
Pero me detuviste.
"Está bien, porque después de todo Alicia me lo dio, así que más que bien, es perfecto" -llevaste tu mano al rostro y sentiste el anillo, como si desprendiera amor.
"¿Segura?, porque puedo ir y golpearlo" -te mostré mi puño.
Te levantaste y lo tomaste entre tus manos.
"Es perfecto -repetiste-, además, cuando el anillo me quede acorde, seré la persona más feliz. Pues habré sido correspondida…" -te traje hacia mí y te rodeé con mis brazos.
Aquella noche regresamos a casa muy felices. Okaa-san no se dio cuenta del accidente del kimono, así que a la mañana siguiente te ayudé a lavarlo.
-Final del Flash Back-
Y mientras más te añoro, más
profundo dentro de mí estás,
tú no me dejes más.
Las lágrimas descendieron por mi rostro.
Y entonces lo comprendí.
Entendí por qué era feliz todos los días.
Desde tu concepción, pasando por los nueve meses en la placenta, luego en el parto y por consiguiente, haber crecido a tu lado, me ha hecho enamorarme locamente de ti.
No, hay más.
El simple hecho de estar en este mundo es sólo el principio de la razón de mi existencia en este mismo, pues, ahora entiendo que yo he nacido para amarte.
Me levanté y me dirigí hasta el estante de libros.
Tomé uno que decía: "Anillos y compromisos", y me puse a leerlo.
"Según una tradición de los romanos, el anillo se coloca en el dedo anular de la mano izquierda, pues por ese dedo pasa una vena que conecta al corazón. Los antiguos griegos creían que los diamantes eran fragmentos de estrellas; algunos de ellos, incluso, decían que eran lágrimas de los dioses que se condensaban."
Miré el anillo entre mis dedos, y continué.
"Se cree que la tradición del diamante proviene de una antigua creencia que sostenía que su centelleo era el latir del corazón colmado de amor. El anillo de compromiso refleja el poder adquisitivo del pretendiente y por tanto, es un indicador de la seguridad económica que puede ofrecer."
Cerré el libro, me acerqué a la ventana y observé el mundo exterior. Un mundo que había perdido su color, su gracia, su sentido… hasta incluso su sonido.
Un pájaro se posó en mi ventana y abrió el pico para mostrarle a éste su hermoso cantar; sin embargo, como había dicho, no lograba aludir nada.
Un mundo vacío, sin nada más importante que tú.
Qué ironía, no podía percibir los demás sonidos, pero sí podía escuchar a mi madre, que lo único que hacía era destrozar mi felicidad.
Entérate que ya
jamás te olvidaré.
Oigo tu voz y tu alegría,
siguen en mí, son todavía
como un tatuaje de mi piel.
"¡¡Alicia!!" -aquella voz.
Un sonido que logró despertarme.
Un sonido que consiguió romper el silencio y regresarme a un mundo real.
No era necesario ser un genio para saber que era ella.
"Fate…" -susurré.
Estaba en la puerta principal tratando de entrar, pero la seguridad de la casa no la dejaba pasar.
Estaba forcejando con aquellas personas cuando Okaa-san llegó al sitio con otra persona de su grupo de vigilantes.
Al parecer le habían avisado que ella quería verme, pero como lo tenía prohibido se lo comunicaron a mi madre.
"Tonta seguridad, sé que hacen su trabajo, pero deben dejar entrar a Fate" -articulé mientras me dirigí corriendo a la puerta de mi habitación y traté de abrirla, sin embargo tenía seguro, y al parecer estaba trancada por fuera.
Mi madre era muy inteligente, sabía cuál sería mi reacción.
No obstante, no me detendría ante nada.
Había pasado una semana entera sin verla, sin saber absolutamente nada de ella, sin recibir una llamada.
Ahora, que ella estaba a unos cuantos metros de mí, no iba a perderla.
Aquellas palabras debieron ser mentiras para que ella estuviera aquí.
Te veo y sé que tú no estás,
te busco y sé que no vendrás.
Sobre mis labios siento
tu forma de besar.
Clavé mi mirada en la ventana, concibiendo la idea de que mi única salida era ésta.
Me dirigí a toda seguridad hacia la dueña de mi corazón, y observando mi campo, mi cuerpo tembló.
No había ningún árbol cerca para bajar, y el más cercano estaba del otro lado de la ventana.
Lo ideal que podía hacer era subir al techo y pasar de aquel lado para alcanzarlo y bajar.
Sin embargo, le tenía miedo a las alturas.
Pero verte allí, luchando contra el cuerpo de seguridad por mí, era algo que significaba mucho para una persona como yo, que se encontraba sola en este mundo; con el exclusivo deseo de tener a alguien a mi lado, y que aquella persona fueras tú.
Tus puños se enterraban una y otra vez en la cara de aquellas personas.
Nada te impedía verme.
No obstante, llegaste al lado de Okaa-san. Ahora empezaba el reto.
"¿Con que vienes a retractarte de tus palabras de aquella noche?" -te miró sintiéndose la persona con más asco en el mundo, por haber tenido, según ella, a la peor hija del mundo.
Qué decía, tú eres mi ángel.
Eres intensamente mía,
lo más que tengo y que he tenido,
tú no me dejes más.
Nunca me dejes.
"Así es -tu mirada hervía de furia-, me retracto de mis palabras, porque no puedo dormir todas las noches pensando que he lastimado a la persona más importante para mí en este mundo" -te acercaste lo más que podías a ella y posaste tus ojos rojos llenos de odio sobre su persona.
Aquella mirada, de alguna manera, me hacía recordar a un asesino.
Tus orbes rojos, como cuando un sicario ha consumado su acto, y el preciado líquido rojo, vital para los seres humanos, se encuentra regado por todo su cuerpo, ya frío y ausente de vida.
La advertiste.
Me lancé a mi temor.
Me giré sobre la base de la ventana, estiré mis manos y me colgué del marco de esta última para treparme.
Alcancé las tejas del techo y palpitando de horror, conseguí subir.
Mis orbes carmesíes asustados te ubicaron.
Estabas discutiendo más fuerte con Okaa-san.
"¡Eres una bastarda!" -te dio una bofetada, te tomó del cuello de la blusa y con fuerza te lanzo al suelo.
Tú caíste anteponiendo a tu desplome, tus codos.
"Me arrepiento de haberte concebido. Sin embargo, hay un arrepentimiento mucho mayor, y ése fue haberte tenido, como me hubiera gustado abortarte" -tus dientes gruñeron y ella se postró junto a ti.
Tomó tu rostro entre sus manos y clavándote las uñas en tu mentón, las deslizó con suma fuerza. La necesaria para escucharte gritar, inclusive hasta el techo.
Apoyaste tu mano izquierda en el suelo, mientras que con la otra cubrías tu herida, que en vano, no dejaba de gotear sangre.
Mi cuerpo se sacudió de ira.
Me dirigí hacia el árbol en el momento en que ella se reía de ti y capturaba entre sus manos tu cabellera, para hacerte mirarla a los ojos.
"Ella no será tuya, y escúchalo muy bien -tus ojos llenos de impotencia, por ser aquella persona tu madre (lo quisiera o no), quien hiciera algo en tu contra, se reflejaban en los suyos-, nunca, Fate, ¡N-U-N-C-A!" -gritó para estrellar tu rostro en el suelo y dedicar a patearte, una y otra vez.
"¡¡Fate!!" -llamé a todo pulmón.
Y con un sobreesfuerzo humano, levantaste tu cuerpo y en un pestañar de ojos corriste hacia mí.
Okaa-san estiró su mano para alcanzarte, pero no sirvió de nada, tú lograste ir más lejos que ella.
Las personas de seguridad, se dirigieron hacia ti, mas tu velocidad fue mayor. Mucho mayor.
Y mientras más te miro, más
de ti me puedo enamorar,
tú no me dejes más.
Nunca me dejes,
no lo hagas más porque...
Mis orbes cristalinos se inundaron de tranquilidad, tú ya estabas tan cerca…
"¡¡Alicia!!" -tus chillidos se extendieron por todo el jardín y tus brazos se abrieron a mí.
No sabía qué hacer.
Si lanzarme a tus brazos cuando estuvieras más cerca, o bajar e ir por ti.
Era como un cuento de hadas, en esos de los cuales el príncipe azul llegaba galopando con su caballo pura sangre, y bajaba de su corcel; con aquellos brazos tan suaves pero igualmente fuertes para proteger a su damisela en apuros, la rodeaba con ellos.
Su fragancia volvía loca a cualquier persona, pues lo único que desprendía era amor.
Y como en un cuento de hadas, tú eras mi príncipe azul. Claro, sin corcel, mas en cambio, así me gustabas mucho.
Si miro al cielo
yo siento que serás
inolvidable para mí.
¡Oh no, no, no!
Tú no me dejes más,
nunca me dejes.
De la nada unos mini automóviles, de eso que son para golf, te alcanzaban en un dos por tres.
En unos de ellos, iba Okaa-san con una mirada asesina.
Odié en ese momento que la casa tuviera un jardín muy amplio que te alejara de mí, por unos 20 metros.
En un abrir y cerrar de ojos, los pequeños autos te cerraron el paso y tuviste que detenerte por unos momentos.
Okaa-san bajó de uno de ellos y se dirigió a ti.
"¡Qué te pasa malcriada -se postró a tu lado y te gritaba con mayor intensidad-, ¿no es suficiente entrar a mi casa sin mi permiso y golpear a mis guardias?!"
"¡Madre, no entiendes, que no puedo hacer nada más en la vida que amar a Alicia! -tu llanto salió sin tu permiso, a pesar que tu voz se mezcló con la ira, sin perder la sinceridad de tus palabras-. ¡No entiendes que todo lo que le dije era mentira, que lo único que puedo hacer es amarla!"
Te desquiciaba que ella no lo entendiera, que incluso nadie lo comprendiera.
Que lo vieran mal.
Pero ¿por qué? Si somos felices la una al lado de la otra, por qué si es un amor sincero está mal…
Nadie comprendía esa simpleza.
Nadie.
Dios, ¿algún día podrás perdonarme por amarla tanto?
"Lo siento, madre -tu cuerpo se tensó-, pero ante nada y mucho menos ante nadie, me retractaré de mis sentimientos por Alicia. Así que por favor hágase a un lado" –tu brazo la apartó de ti y seguiste tu rumbo.
Okaa-san se paralizó al igual que sus fieles lacayos de seguridad.
Te habías rebelado y… ahora era por mí.
Y yo allí sin hacer nada.
Inolvidable nada más
ni nada menos tú serás,
tú no me dejes más,
nunca me dejes.
Rápidamente me acerqué, aún sacudiéndome de terror al árbol cerca de allí.
Alargué mi mano para depositarla en una rama.
"¡Alicia, no! ¡¡Entraré a casa y abriré!!" -te preocupaste por mí.
Rayos, si subirme al techo te traía a mí, debí hacerlo hace una semana.
Mis pupilas se horrorizaron cuando observé que el personal de seguridad sacaba de una de las cajuelas una pistola y se la entregaba a Precia.
Y ella con una sonrisa placentera te centraba en la mira.
Tú llegaste hasta el árbol y en súplicas me pedías que no bajara de esa manera, puesto que sabías que me daban miedo las alturas.
"¡¡Fate, cuidado!!"
¡¡PLAM!!
Un disparo retumbó el lugar.
Tal vez en aquel momento morí interiormente.
Vivir en un mundo donde tú no existas, no es un mundo real.
Tú eres todo lo que yo siempre he deseado.
Tal vez, sean pensamientos egoístas, más alláde todo de lo que las personas piensen. Pero yo te amo…
¿Sabes que me asusta más que la muerte?
El vivir. Vivir me da pánico.
Me asusta el vivir sin que nadie me necesite.
Un mundo… donde no soy útil para ti…
No...
Nunca me dejes,
nunca me dejes.
No, no...
Tu cuerpo cayó.
Mi alma escapó de mi cuerpo, sin embargo regresó cuando te levantaste posando una mano en tu hombro derecho, que chorreaba de sangre.
¿Por qué nadie me necesita?
Es un mundo… lleno de personas ajenas…
El mundo me da horror.
"Alicia…" -susurraste ya casi sin fuerzas.
"¿Quieres otro disparo, Fate?" -las carcajadas sin sentido de Okaa-san, retumbaban una y otra vez en mis oídos.
Un mar de parentesco se regaba a tus pies.
"¡¡FATE!!" -grité con ira, acompañada de frustración.
Sin pensarlo dos veces, llegué a la rama del árbol, la sujeté con fuerza y me dirigí con rapidez a tu lado.
"¡No te atrevas, Alicia!"
Okaa-san me apuntó con la pistola.
"¡¡Usted madre, no se atreva!!" -te acercaste a ella para forcejear y obtener el arma.
La casa era un escenario caótico, lleno de gritos frustrados con un toque de locura y enojo.
Otro zumbido mortal hizo eco en mis oídos.
¡¡PLAM!!
La sangre se suspendió, por un momento en al aire, igual que todos los presentes.
Logré mirar cómo todo se movía tan lento.
Ojala me comprendieras…
Así, nada de esto hubiera terminado de tal manera.
El tronco, donde estaba apoyada, se rompió.
Mi caída fue lógica.
Tú no me dejes más
que sola ya sin ti,
ahora y siempre te veré
en mi mirada,
inolvidable.
El disparo había atravesado la madera.
Tu mirada se perdió con mi caer.
Era buena altura, tal vez unos 5 ó 6 metros.
Sin dudarlo, te lanzaste a mi búsqueda, pero fue en vano.
Llegaste tarde.
"¡¡Alicia!!" -un grito que no tuvo comparación se aludió de tu garganta.
Me rodeaste con tus brazos dulcemente.
Un momento en que sólo nosotras nos contemplamos después de tanto tiempo.
Si ese era mi último momento, era muy dichosa.
"Fate… te amo…" –susurré, tomando tu rostro en mis manos.
Tus lágrimas bañaron mi felicidad.
Al parecer había caído muy fuerte, y donde más me había afectado el golpe era la cabeza.
Sentí que me ardía.
"Alicia… yo te amo… ¡no me dejes!" -estrujaste tu calidez contra mi cuerpo.
"Fate…" -fue mi último murmullo.
Pero antes de perder la conciencia…
Tus labios sabor a miel, bañaron después de tanto tiempo los míos.
"Fate, gracias. Ya estás a mi lado… ahora puedo volver a decirte: Te amo…"
Ése fue mi último pensar.
Para que una neblina oscura cubriera mi vista después, y te perdiera así en un mar oscuro.
Uno en el cual tu rostro desapareció de mí.
Te amo, Fate.
Continuará…
NOTAS DEL AUTOR:
¡¡Hola a todos las y los lectores!!
Es un placer volver a verlos por aquí, me alegra mucho.
Espero el capítulo haya sido de su agrado, sino es así, críticas, dudas, comentarios, sugerencias, todo es bienvenido.
Muchas gracias a Kida, por todo su apoyo, amistad y comprensión.
Sunako-san.
