Mira cuidadosamente a todos lados en busca de lectores enloquecidos por la demora Antes que nada... lo siento mucho!! No creí que me demoraría tanto en actualizar!! Ah... realmente lo siento!
Me demore en actualizar porque estuve muy ocupada y en eso se me prendio el foquito y me dije: "para que editar las 22 páginas que son originalmente de word? Solo los haría esperar más!". Entonces decidí partir el capítulo (del libro) en dos.
Gracias a los que todavía quieren leer! n.n
Disclaimer: Fma no me pertenece
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Amor en Venta
Capítulo 2
-¡Déjame! —le pidió Riza, nerviosa como una presa enjaulada, sudando de nerviosismo.
-¿Cómo voy a dejarte? Estás embarazada de mi hijo. ¿Qué clase de hombre haría algo así? —replicó Roy.
Un dolor intenso atravesó las sienes de Riza y, a la vez, experimentó un deseo súbito de vomitar.
-¿Qué te pasa? — se interesó, mientras Riza se esforzaba por no dar salida a sus arcadas.
Un segundo después, Roy la levantó en brazos y echó a andar.
-¡Bájame! —reclamó Riza, que no había imaginado de esa manera su primer contacto físico con Roy.
Éste no le hizo caso y avanzó hasta la limusina que esperaba aparcada en la esquina de la calle. El chófer salió corriendo y abrió la puerta trasera. Roy la depositó sobre el asiento, pero Riza sacó la cabeza para vomitar en el coche, tras lo cual se dejó caer en el asiento y se limpió la boca con un pañuelo.
Luego, tumbada hacia atrás, le resultó divertido pensar que en los treinta y un años de Roy Mustang, jamás habría asistido a un acto tan desagradable. Lo odió por verla en ese estado de salud tan precaria..
- ¿Tienes fuerza para incorporarte? — le preguntó él.
Mientras Riza se ponía firme, Roy le tendióuna mano para que se apoyara y, sin quererlo, la joven aspiró la fragancia masculina del hombre.
—Así que por fin me has encontrado —musitó Riza, sin atreverse a mirarlo.
— Sólo era cuestión de tiempo. Primero fui a la casa en la que estabas alojada. Janice Havoc no me dio ninguna pista, pero, por suerte, ya sabía dónde trabajabas —contestó Roy.
Riza sentía la tensión que flotaba en el ambiente, la energía que emanaba del poderoso cuerpo de Roy... La había encontrado. Ella había hecho todo lo posible porque no la localizaran: se había cambiado de piso, había mentido a sus amigos para que nadie consiguiera su dirección ni su teléfono... todo en balde.
—¿Qué te pasa? —le preguntó Roy, al verla cerrar los ojos con una mueca de dolor en el rostro.
—Meduele la cabeza —contestó, obligándose abrir los ojos de nuevo.
Roy estaba escrutando su vientre, fascinado, intensamente, mientras Riza lo estudiaba a él, con un dardo venenoso clavado en el corazón. Su cabellonegro como la noche, sus cejas tupidas, su nariz recta y arrogante, sus pómulos marcados, la perfección de su boca... todo en Roy era sensualidad, encanto viril, atractivo; y, sin embargo, sólo la más audaz de las mujeres se atrevería a aproximarse a ese hombre de actitud inflexible.
El bebé dio una patadita y Riza se estremeció y se sorprendió viendo a Roy hacer ademán de palparle el estomágo , con una expresión suave que disipaba la tensión de su gesto.
—¿Te importa que sienta cómo se mueve mi hijo? —le preguntó.
— ¡No te atrevas a tocarme! — espetó ella, aterrada.
—Quizá tengas razón. Quizá no sea buena idea—aceptó Roy con los ojos encendidos, dignos de una fiera en retirada. Nunca la había mirado de esa forma en Vermont, pero Riza había intuido la pasión salvaje y contenida de su temperamento. La fascinaba el contraste entre sus modales y forma de hablar civilizados y el interior fogoso y primitivo que ocultaba.
— Llévame a casa — murmuró Riza —. Mañana hablaremos.
Roy se dirigió al conductor en francés y Riza recordó que también a Pinako le había hablado en francés. Recordó la intranquilidad de aquella asistenta cuando él estaba delante. No había podido soportar la situación en la que Roy le había puesto y había dejado sola a Riza a propósito, para que ésta pudiera fugarse.
La limusina dio un acelerón que la arrancó de vuelta al presente. Mientras Roy hablaba por el teléfono del coche, ella lo miraba con disimulo, se fijaba en la anchura de sus hombros, ceñidos a un traje gris, en su pecho fornido, sus largas y musculadas piernas...
—Yo no podré tocarte, pero tu forma de mirarme invita a lo contrario —comentó Roy, tras finalizar su llamada—. ¡Podría comerte para desayunar, pequeña!
Riza cerró los ojos, asombrada por la prepotencia con que le había hablado Roy. Se acordó entonces de las atenciones de que la había colmado en Vermont, de su ternura, su simpatía, sus risas, y todo se había debido, en última instancia, al bienestar del bebé, sin interés personal alguno por ella. Ella no existía para Roy, aparte de como madre de alquiler a la que había que mantener tranquila, satisfecha y saludable.
—Tienes un aspecto espantoso — le dijo él entonces—. Has perdido mucho peso y ya estabas delgada al principio. Tienes los tobillos hinchados...
— ¡No te quedarás con mi hijo! —lo interrumpió Riza, a la que no le importaba en absoluto su facha en esos momentos. ¿Acaso había despertado el interés de Roy en Vermont, cuando había estado diez veces más guapa?—. ¡ Nunca! — añadió con vehemencia.
—Tranquilízate —le ordenó Roy—. No te conviene ponerte nerviosa en tu estado.
— ¡Es lo único que te importa¿ verdad? —gritó dolida.
—Pues claro —confirmó Roy sin vacilar. Un nuevo latigazo azotó la cabeza de Riza. Cerró los ojos y, de pronto, notó estupefacta un paño helado sobre su frente palpitante.
—Te voy a cuidar muy bien. Necesitas que te atiendan. Mírate: pareces un cadáver — le reprochó Roy—. Quería regañarte por haber huido, pero ¿cómo voy a hacerlo cuando estás tan débil?
Riza abrió los ojos y miró frustrada a aquel hombre implacable, capaz de gestos compasivos como el del paño helado al mismo tiempo. La sublevaba que fuese amable con ella.
— ¡ Gracias a ti ya sé lo que es "odiar"! — susurró ella, con aversión y ferocidad.
—Entre tú y yo no hay nada aparte de mi bebé. Nada más —enfatizó Roy—. Y no hablaremos hasta que te recuperes y recuerdes el contrato que firmamos.
Riza sintió que un cohete de odio le reventaba en las venas. Necesitaba odiarlo. Era el único modo de defenderse del daño que Roy podía hacerle.
—Eres un cerdo, un gusano, un maldito mentiroso... — lo insultó, justo en el instante en que la limusina se detuvo frente a un edificio moderno—. ¿Dónde estamos? —preguntó recelosa.
Una enfermera uniformada apareció empujando una silla de ruedas.
Roy salió del coche en silencio, se despidió del chófer y abrió él mismo la puerta de Riza.
— Necesitas atención médica.
— ¡No me vas a encerrar en un manicomio! —gritó histérica.
— Cálmate, chica. Yo nunca le haría daño a la madre de mi hijo. ¡Y no te atrevas a montar un número cuando lo único que hago es preocuparme por tu salud! —la advirtió en un tono que mordía, mientras la sacaba de la limusina sin esfuerzo, como si pesara menos que una pluma.
—La silla de ruedas, señor —ofreció la enfermera.
—No pesa nada. Yo la llevo —prefirió Roy, el cual levantó a Riza con la preocupación de quien transporta un paquete frágil... por miedo a que su futuro hijo sufriera algún daño. La debilidad de Riza la obligó a reposar la cabeza sobre el hombro de Roy.
—Te odio —murmuró de todas formas. Y lo habría repetido con su último aliento de vida.
—Tú no eres capaz de odiar —replicó Roy mientras un hombre con atuendo blanco se acercaba a ellos.
Roy le dirigió unas palabras en francés, el médico miró a Riza y luego la condujo a una sala de consultas situada en la planta baja.
—¿Es que aquí no habla nadie inglés¡Estamos en Londres! — protestó ella.
—Lo siento Vato Falman trabaja en un hospital mío de Paris desde hace años y estoy acostumbrado a hablarle en francés — contestó Roy mientras la colocaba sobre un sofá mullido.
—Márchate —le pidió Riza.
Pero Roy permaneció allí. El médico, en cambio, le aconsejó que abandonara la consulta y, a petición de Vato, obedeció.
—¿Qué le has dicho? —preguntó Riza.
— Que la estrella aquí eres tú; no él — contestó el médico, sonriente, mientras la enfermera le tomaba la presión arterial. ¿Por que la miraban con tanta seriedad¿ pasaba algo con su tensión?—. Necesitas relajarte, Riza. Quiero darte un sedante y luego hacerte unas pruebas. ¿Te parece bien? —añadió.
—No. Quiero irme a casa —objetó ella, como una niña pequeña; se negaba a confiar en alguien que se llevaba bien con Roy.
— Riza, haz el favor de dejar que los médicos hagan su trabajo — irrumpió la voz imperiosa de Roy, de nuevo en la consulta.
—No puedo fiarme de ellos... ¡son amigos tuyos! — contestó ella, ligeramente mareada.
Roy se quedó pálido y apretó la mandíbula con fuerza. Le agarró la mano y la miró con ojos destelleantes:
—Tienes que hacer caso a Vato. Es un ginecólogo muy bueno.
—Es amigo tuyo.
— Sí, pero... ¡ pero también es médico! —insistió Roy.
—No quiero que me anestesien y despertarme en Paris... ¿Crees que no sé de lo que eres capaz cuando estás enfadado? —se resistió Riza..
— ¡ Yo nunca he infringido la ley!
—Pero lo harías por conseguir este bebé.
La consulta se quedó en silencio. Roy la miró y trató de contener su ira.
—No estás bien, Riza. Aunque decidas no confiar en nosotros, piensa en las necesidades del bebé y anteponlas a tus temores — trató de persuadirla Roy.
Riza se rindió, asintió con la cabeza, vencida, y poco después sintió un pinchazo en un brazo, que la hizo flotar... y olvidar la mirada de reproche que había visto en los ojos de Roy.
Mientras perdía la consciencia como un nadador que se está ahogando, vio pasar su vida a cámara rápida.
Su recuerdo más antiguo se remontaba a una riña en la que su padre le gritaba a su madre y ésta terminaba llorando. Poco después de aquel enfrentamiento, habían mandado a Riza junto a su madrina, Izumi Curtis, quien le había explicado que su madre había hecho una cosa muy tonta: escaparse con otro hombre. Sus padres se estaban divorciando, pero, con suerte, los dos la visitarían con frecuencia.
Pero Eliza, su madre, no había vuelto a dar señales de vida. Y había tenido que esperar hasta cumplir los veinte años para descubrir, tras hacer ordenar los objetos personales de su padre, pocos días después del funeral de éste, las numerosas cartas en que la madre le había suplicado al padre poder ver a Riza.
Eliza se había ido a Nueva York, donde había acabado casándose con su
amante. Había volado a Inglaterra cinco o seis veces, haciendo un gran esfuerzo económico, a fin de reunirse con su hija; pero el resentimiento de su ex marido había impedido tales reencuentros. Hasta la había metido en un colegio interno, para que Eliza no supiese dónde estaba. Riza se había quedado destrozada al conocer la verdad, pero también muy satisfecha al comprobar que su madre nunca había dejado de quererla.
Sólo entonces, muerto el padre, se habían visto de nuevo, en Nueva York, un año después del fallecimiento del segundo marido de Eliza, débil, avejentada y con problemas cardiacos. Su seguro sanitario no cubría las atenciones que necesitaba y solo una operación muy cara podía salvarle la vida, en opinión del médico que la trataba.
Demasiadas desgracias en poco tiempo, pensó Riza mientras despertaba de su ensimismamiento.
Entonces vio a Roy, paseando por los bosques de Vermont junto a ella, para alejarla de la compañía amable pero formal de Pinako y dejarla desahogar su tristeza por la muertede su madre. Había irrumpido en su vida como por arte de magia y la había hechizado con sus ojos azabache.., y aquella primera sonrisa arrebatadora.
Riza despertó a la mañana siguiente, embutida en un horrendo camisón de hospital. Tenía una habitación con baño privado para ella. Ya no le dolía la cabeza, pero seguía cansada y aletargada.
Agité una campanilla y la enfermera acudió al instante para ayudarla a refrescarse y contestar a sus preguntas ansiosas. Tras consultar el informe médico, le dijo que iba a tener que guardar reposo absoluto; en seguida le servirían el desayuno y, a la hora de la comida, la vería el doctor Falman.
Roy llegó un par de horas después. Colocó una maleta en el suelo y Riza la reconoció, pues se trataba de la suya. Estaba abarrotada y lo más probable era que contuviese todas las pertenencias que hubieran encontrado en casa de Janice. Luego, a solas, una enfermera la ayudó a cambiarse y a ponerse uno de sus propios camisones. Después, Riza sacó un sobre que había entre el revoltijo de la maleta. Había llegado el momento de encarar a Roy.
Eran las doce del mediodía y, por primera vez en muchas semanas, su cara no estaba pálida. Se mesó el pelo y llamó con la campanilla para solicitar la presencia de Roy.
El moreno apareció con un traje beige que le sentaba sensacionalmente. Irradiaba seguridad. Riza se avergonzó de la respuesta que su cuerpo ardiente experimentó al ver a aquel hombre manipulador...que la contemplaba impasivo, frío como un robot.
—Tienes mejor aspecto —observó Roy.
—Me encuentro mejor —reconoció Riza—. Pero no puedo quedarme aquí.
—Claro que puedes. ¿Dónde te iban a cuidar mejor?
—Tengo que explicarte una cosa.
—¿Qué es eso? —preguntó Roy al ver el sobre que acababa de sacar la rubia.
—No te preocupes, no es ninguna prueba definitiva del contrato engañoso que me hiciste firmar. Tus abogados se quedaron con los originales; pero hice unas fotocopias...
—¡Quieres dejarte de rodeos y explicarme de qué estás hablando? —la interrumpió con impaciencia—. ¡Y no digas que te engañamos! Yo nunca te mentí.
—Ya —dijo Riza con ironía—. Fuisteis muy ingeniosos haciéndome creer que me permitíais ver información confidencial.
— Explícate.
—¿Cómo puedes mirarme a la cara y hacer como si no supieses nada? Cuando me pidieron que firmara el contrato, dije que no lo haría hasta no conocer a la pareja que me quería contratar como madre de alquiler —arrancó Riza—. Tu abogado contestó que eso era imposible; que sus clientes exigían permanecer en completo anonimato... así que me marché. Dos días después me llamó otro de tus abogados y quedamos en un café. Dijo que comprendía mi preocupación y que, aunque arriesgaba su trabajo, me permitía echar un vistazo a unos documentos confidenciales.
—¿Qué documentos? —quiso saber Roy.
—Me entregó un perfil de la supuesta pareja que iba a adoptar a mi hijo. No había nombres ni nada que pudiera identificarlos... — respondió con voz trémula—. Y quedé conmovida por lo que leí, por sus declaraciones, por su deseo de formar una familia. Me pareció un matrimonio fabuloso.., y ella no lograba quedarse embarazada...
— ¡ Dios! —bufó el moreno mientras miraba la desconsolada expresión de la mujer frente a él.
—Me encariñé de esa pareja, pensé que serían unos padres cariñosos... —prosiguió la rubia entre sollozos, condenando a Roy con la mirada—. ¿Cómo has podido ser tan ruin?
Roy la miró aparentando tranquilidad, como si tuviera un corazón de piedra, y Riza continuó después de aclararse la garganta:
—Le pedí a tu abogado que me diera una hora para leer el perfil con detenimiento y lo fotocopié sin que se enterase. Luego, por la tarde, firmé el contrato. Pensaba que estaba haciendo algo bueno; que haría feliz a una pareja... ¡fui una estúpida!
Roy salió de su estado de estupor. Agarró las fotocopias, las agitó con violencia, se acercó a la ventana y trató de aliviar la tensión con la brisa que se colaba desde el exterior.
La muchacha de ojos ámbar se hundió en la almohada y procuro contener las lágrimas que seguían brotándole de los ojos.
-Yo no participé en esta infamia — afirmó Roy, eternos segundos más tarde,
luchando por reprimir la cólera que asomaba a sus ojos—. Nunca supe que quisiste información sobre los padres, ni tu negativa inicial a firmar el contrato —añadió.
—¿Cómo quieres que crea nada de lo que dices?
—Porque los culpables pagarán por lo que han hecho —respondió Roy, iracundo—. En ningún momento di instrucciones para alimentar engaño semejante. No necesitaba mentir y manipular a nadie; había otras candidatas menos curiosas...
—¿De veras? —preguntó Riza.
Roy estaba asombrado y furioso. Las fotocopias le temblaban en las manos. Daba la impresión de estar hablando con sinceridad.
—Ahora entiendo por qué no confías en mí. No es sólo porque no te revelara mi identidad cuando nos conocimos en Vermont.
Fue un recordatorio desafortunado. La mera mención de esa mascarada hizo que Riza experimentase un amargo resentimiento.
—Jamás le habría entregado mi hijo a un padre soltero —respondió enojada—. Y cuando descubrí quién eras en realidad, me quedé desolada...
—¿Desolada? —repitió Roy—. ¡No exageres, por favor!
—No exagero. Nunca pondría un bebé inocente e indefenso en manos de un hombre de tu reputación.
—¿Qué le pasa a mi reputación? —preguntó Roy, confundido.
—No hay semana que no aparezcas en la prensa rosa, siempre del brazo de distintas mujeres —contestó Riza.
Roy comprendió que su estilo de vida no era de lo más respetable.
—No tienes ningún derecho a juzgarme —bramó de todos modos—. Y por mucho que lamente que te engañaran, eso no cambia la situación actual¡estás embarazada de mi hijo!.
—También es mío —repuso ella.
—¿Qué pretendes¿ qué lo partamos en dos mitades iguales¡Pienso luchar hasta el final para impedir que ese hombrecito repugnante eduque a mi hijo! —advirtió.
—¿De qué hombrecito hablas? —Riza parpadeó.
—Jean Havoc me anunció que estáis prometidos —espeté Roy—. Y aunque creas que eso no me incumbe¡cualquier cosa que afecte a mi hijo me afecta a mí también!
Riza se quedó asombrada al oír aquello; mientras, Roy daba vueltas a la habitación.
—Debes marcharte, Roy —dijo una voz firme.
—¿Marcharme? — repitió él, asombrado
—Las visitas violentas no son bienvenidas —replicó Vato sin miedo.
Gracias a todos (as) por leer! Espero que este capítulo tambien les haya gustado! Dejen reviews! Ya no les voy a decir que mañana actualizo pero lo hare lo mas pronto que pueda porque tengo el mundo de cabeza por aquí así que...
Bueno unos (mmm) 12 reviews me darian mas animo y fuerza para actualizar pronto no creen? ;-)
P.S.: Gracias a:
Unubium: Y se pondran mejores! Créeme! Gracias por el review!
CiNtHiA: Jeje Gracias! n.n
Al Shinomori: Misao y Aoshi nee? No es una mala idea! Por cierto, tercera vez?! Dios y es que esta historia es tan buena que aunque ya sepas que va a pasar te atrapa en sus redes, nee? Y la dedicatoria esta allí porque es para ti y para todas las demás que me apoyaron! n.n
Hilde Maxwell: Chibi Ginji! Sii! n.n gracias por tu review! Me gusto mucho cuando lo lei!
Vale Black: pues gracias! sí, lo sé! Adapte esta novela porque es diferente e interesante!
Zezin: Gracias, contigo el Segundo capítulo! n.n
Xris: pues gracias, sí si es una adaptación.
KazeFuu: sí... lamentablemente esta historia tiene las morales chuecas
Riza-san: Gracias
Nodoka-chan: Gracias! galletitas para ti! n.n
Sherrice Adjani: aaa! Gomen gomen! No quise demorar mucho! Gracias por el review! de verdad! Me has subido los animos!
Carolina Ramos Fanián: jiji... sí sorry por la demora!
Ferchii-Misuzu: sí cuando yo leí la novela por la primera vez tambien me pasó eso!
Nekogirlmorris: jeje... gracias! Ya pasó el doble de reviews y yo recién actualizó... que mala que soy... es que estuve muy ocupada! Pero gracias!
Annie Parker: Bueno aquí esta el capítulo dos para ti! n.n
