MALWIDA POV

1. Puedes creer en el destino, puedes pensar que es una basura pero a menudo las señales están ahí, invisibles, sin que las veas y cuando te das cuenta es demasiado tarde. Es como una cruel broma de la vida o tal vez una combinación de vida y muerte, separadas por una delgada línea tan fina como invisible, pero que cuando menos te lo esperes puedes tropezar con ella.

Aquel día en el Gran Comedor ninguno nos dimos cuenta. Es difícil cubrir una mentira, sobretodo cuando intentas cubrirla como si fuera un preciado tesoro que debes esconder del resto del mundo. Ah, pero es tan fácil pasarla desapercibida cuando la dejas ahí, a merced de la vista de todos. La naturaleza humana quiere saber lo que no puede, lo prohibido pero pierde interés cuando ya lo tiene y eso es exactamente lo que a todos nos pasó.

Es increíble cómo puedes ser manipulado sin ni siquiera saberlo.

Y lo más increíble es que lo haga alguien que conoces lo suficiente como para haber visto las señales mucho antes, no alguien desconocido por ti, pero estaban tan escondidas, era tan retorcido pensarlo que ni siquiera se planteó una sola pregunta en mi cabeza.

¿Para qué iban a empezar a mentir tan pronto?

No. En realidad no era mentira, sólo ocultaron la verdad. Suena a excusa, pero es la verdad.

Cuando la desaparición repetina de James Potter fue cuando todo empezó. Cuando con Sidy de cómplice, Sirius y Sally lo taparon con algo tan llamativo como insinuación de sexo o simple exhibicionismo (depende de cómo te lo tomes).

¿Lo mejor de esta parte de la historia? Los ojos de Sally. No podía ver y eso hacía que agudizara sus sentidos, algo de los que nos privó a los demás al tener que usarlos por ella, por nuestra amiga, hizo que siguieramos viendo el mundo de manera superficial y no en la profundidad en el que la pelota que ellos crearon nació ese día.

- ¡Cuidado! -se quejó Sidy cuando James le había tirado todos los libros que llevaba encima.

James no respondió, se le podía notar en la cara que estaba muy alterado.

- ¿Estás bien? -insistió.

James no respondió, parecía no ser capaz pero si que negó con la cabeza.

- ¿Qué te pasa?

- Necesito un favor... -empezó James.

Sidy esperó a que continuase.

- Tengo que ausentarme de Hogwarts, tengo un justificante y me vendrán pronto a recoger pero avisa a mis amigos, por favor. Se han muerto mis padres.

Lo había dicho tan de sopetón que si Sidy hubiera querido analizarlo, quizás hubiera dicho que era mentira, que recibiendo una noticia así no eres capaz de decirlo, pero las personas en shock todavía no habían asimilado la noticia y eso Sidy si que lo sabía.

Vio cómo James salía a los terrenos del castillo y empezó a recoger sus libros todavía afectada por la noticia, aunque no sabía si James quería que lo dijera o no, así que optó por ocultarlo hasta estar segura. Después de todo, no era secreto suyo y no tenía derecho.

- Necesito un favor -pidió a Sally en cuanto la vio.

- No tengo dinero ni comida -se apresuró a decir y Sidy rodó los ojos.

- No es eso. Es sobre James. Ha tenido que salir y necesito que no me hagan demasiadas preguntas.

- ¡Distracción! ¡Puedo ayudarte con eso! -exclamó emocionada.

No era más que una pequeña mentira que sería hasta divertida. La primera de todas. La primera de una larga lista que en ese momento no sabrían que existiría.

- ¿Qué vas a hacer? -preguntó queriendo saber antes sus planes (una decisión inteligente) pero Sally ya había empezado a correr escaleras arriba.

2. "Los Slytherins en realidad no eran tan diferente de los Gryffindors, lo único que los diferencia es los diferentes métodos que utilizan, pero precisamente ser tan parecidos es lo que los hace tener esa rivalidad eterna en la que se empeñan en ser diferentes" me había dicho Remus una vez y en este caso tenía razón.

"La alumna de la enfermería" había dicho John, como si su nombre no importara, como si sólo fuera otra más.

El nombre era lo que nos daba una identidad, una distinción de otras personas pero John, de manera totalmente consciente (aunque en ese momento ni siquiera nos paramos a pensarlo) se lo había arrebatado sin ningún remordimiento.

Descurainia Sophia. Ese era el nombre de la planta de tenía John en sus manos aquel día. Desconozco las razones por la que la alumna quería cogerla pero era una planta que sólo podías obtenerla en luna llena y era uno de los ingredientes para la poción multijugos.

Ahí es cuando todo se empezó a ejecutar.

Y si, yo también le he dicho alumna, porque tampoco me interesa devolverle su identidad.

Las personas normalmente se fijaban en algo brillante que en algo opaco, hasta cuando no querían, por simple inercia. Parecía ser el instinto humano, como retirar la mano si algo nos quemaba. Un gesto involuntario. Ese día me pregunté por qué James estaba así, pero mientras estaba fijándome en el cazador estrella, no me fijaba en el timador que quería estafar a una alumna que necesitó cuidados. Así como tampoco me fijé en Jo Harvelle y en cómo estaba emocionada porque sería también el estreno de Dean Winchester, su novio, en el equipo de Gryffindor. Jo también jugaría en el equipo pero supe que ese año llegó tarde a las pruebas y no la pudieron seleccionar.

Era curioso cómo infravaloramos a la gente incluso de manera inconsciente y también lo era cómo los pequeños detalles iban tomando forma pero sino tenías una perspectiva de todo el tablero de ajedrez cada jugada te parecía una casualidad. Sin toda la información, nunca podrás hacer nada.

En realidad, si tuviera que resumirlo en una palabra diría: contactos. Una persona conoce a otra, que conocen a dos más que conocen a cuatro y así sucesivamente...

- ¿Os habéis vuelto todos locos? -preguntó Lily escandalizada al escuchar tal locura de plan.

Había mucha tensión en la Sala de Menesteres y más después de esa pregunta.

- ¡Estáis hablando de una persona! ¡De incumplir normas! ¡Podríamos ir todos a Azkaban! -insistió.

- No, estamos hablando de un amigo, Lily -dijo James.

- ¡Estáis hablando de condenarnos a todos! ¡Por Merlín! Recapacitad.

- No veo que nadie te eche en cara que tú fuiste amiga de Quejicus -comentó Sirius con esa intención que tiene toda esa persona de hacer daño, de echarse al cuello de la persona que tiene delante.

- Severus no tiene nada que ver en esto.

- Por supuesto que si. Hablamos de alguien a quien le gusta demasiado la magia negra. Las dos cosas son incumplimiento de normas, ¿no es así?

Lily le miró asqueada por utilizar la rotura de su amistad con Snape como ejemplo, ya que el tema todavía le dolía. Había sido una amistad de años.

- El caso es -interrumpió Sally. - Decidir hasta dónde vamos a llegar por proteger a Remus. ¿Vamos a seguir ese plan?

- ¡NO! -gritó Lily.

- ¿Por qué no? -preguntó Jo. - Nadie te puso al mando. No mandas sobre nosotros.

- Sally tampoco y creo que acaba de autoproclamarse líder -replicó John, sólo con la intención de meter cizaña, aunque poseía una motivación diferente a la de Sirius por más que pudiese resultar demasiado similar.

- No, no lo hice. De hecho creo que Sirius debería ser el líder, después John, yo detrás de él, luego Jo y por último Lily y James.

- ¿Por qué soy el último? -se quejó.

- Porque eres rico -se limitó a contestar Sally.

- ¡Tú también lo eres!

- No es cierto. Soy todo menos rica.

- ¿Por qué yo segundo? -esta vez fue el turno de John de quejarse.

- ¿Y por qué yo voy de las últimas? -añadió Jo.

- Lo he ordenado por mala leche -respondió Sally.

- Oh, en ese caso... -Jo se encogió de hombros.

- ¿¡Por qué soy el segundo!? -volvió a preguntar John.

- No podemos hacer esto solos -se dio cuenta James. - Necesitamos ayuda.

- Eso es fácil. ¿Alguien ha escuchado hablar de los íncubos o súcubos? -preguntó Jo.

La Sala de los Menesteres volvió a inundarse de silencio y Jo suspiró.

- En la Edad Media se creía que los niños con malformaciones, tendencia al mal o con habilidades especiales eran hijos de estos seres. Hay muchas teorías como que cambian de sexo de masculino a femenino o viceversa o si un súcubo se quedaba embarazada, moría al dar a luz. Por eso utilizaban sólo a humanos para sobrevivir a base de energía sexual. Se creía que los sueños eróticos eran por las visitas de estos seres.

Más silencio. Eso a Jo no la detuvo, aunque no sabía si era porque les interesaba o les sonaba aterrador.

- En realidad no es más que la idealización del hombre o mujer perfecta. Se creía que podían tomar la forma que la persona deseara consciente o inconscientemente. Te hacía alejarte del resto de personas ya que al ser tu hombre o mujer perfecta supuestamente no necesitarías más.

- ¿Eso qué tiene que ver con pedir ayuda? -preguntó John confuso.

- ¿Qué espirítu no íncubo conocemos que tenga un poder diferente al resto de fantasmas y sea lo más parecido al mito que os acabo de explicar?

- Peeves -la respuesta fue unánime.

- ¿Peeves? -insistió John.

- Peeves es un poltergeist. Es capaz de levantar objetos y personas. No ha estado vivo nunca y ya estaba cuando se creó Hogwarts. ¿No lo ves? Sabe demasiado. No tenemos que acostarnos con él, claro, con hacer un pacto será suficiente. Sólo tendríamos que hablar del precio...

3. En ese momento, si lo hubiese sabido hubiera pensado "si estaban todos allí... ¿quién quedaba?" y la respuesta es más sencilla de lo que parece. ¿Quién podía molestarte tanto sin que pareciera sospechoso? ¿Quién iba de un lado a otro sin rumbo alguno que ese pareciera el único motivo de su existencia? Y en realidad lo era.

Exacto. Un espirítitu del caos. Un poltergeist. Peeves.

No es que pactar con él fuese fácil. No es que pudieras venderle tu alma y obtener el precio así de fácil. No, las cosas no funcionaban así. Los requisitos se reservaban para los que tenían un potencial especial.

Una vez pensé que Hogwarts era un hervidero de hormonas, locura, cotilleos y por supuesto de magia pero también era una concentración de bondad y maldad. ¿Quién, después de todo, es bueno o malo? ¿Quién puede definirse completamente como una cosa o la otra? Puedes hacer buenas acciones con un motivo oculto y también hacer acciones perversas con una buena intención.

¿No me crees? ¿No es el mundo mágico y muggle un lugar donde todos actuamos al ritmo de una música impuesta llamada "normas de sociedad"? ¿No has pensado todas las veces que hemos actuado buscando aceptación o hacer daño a alguien?

Hogwarts era un teatro donde los actores te decían que no era una actuación y en realidad no te estaban mintiendo, no del todo al menos. Era un actuación, si, pero también era la vida misma.

Incluso en lo único que se pudo sacar algo bueno como la charla de Lily y Snape, tuvo su final.

Estúpidos magos.

Estúpidas brujas.

Estúpidos muggles.

Estúpidos todos en general.

No es que Peeves fuese un poltergeist amargado que odiase a todo. Más bien se divertía la mayor parte de su tiempo. Si, se divertía mucho. Y a veces, sólo a veces, llegaban gente con potencial que él podía explotar.

La primera de todas había sido Helga Hufflepuff. No es que no conociera a nadie antes de su llegada, pero había sido la primera con la que había tenido un vínculo y la única que lo había dejado quedarse en Hogwarts.

Era justo, por supuesto. Salazar Slytherin había traído aquel basilisco, Helga podría tenerlo a él. Un acompañante por vivo. Incluso le consentía mucho, aunque la diversión habría sido total sino existiese el Barón Sanguinario.

Miedo a Slytherin. No acercarse a Ravenclaw. Respeto a Hufflepuff. Las normas eran claras. Por algo tenía tanta predilección por molestar a alumnos de Gryffindor. Godric Gryffindor y él se habían ignorado la mayor parte del tiempo. No le debía absolutamente nada.

Pero volviendo al presente y a aquellos locos que le habían llamado...

Peeves se consideraba más un Djinn, un genio en otras palabras. Pedías un deseo y pagabas un precio. El proceso era simple, lo que no lo era tanto cuando el precio debía cobrarse. No todos querían renunciar.

Todos eran iguales. Dale un caramelo a cualquiera y después no quiere sacar la cartera, pero Peeves siempre se aseguraba de que los billetes desaparecieran de esa cartera.

De una manera u otra.

Siempre.

Por supuesto, se aseguraba de que el cambio físico no se notase y entre tantos sería fácil. La oscuridad en sus corazones no visible, el frío que a veces tendrían, el sueño constante, los síntomas de posibles enfermedades... todo eso sería muy notorio en una persona, aunque no lo relacionaban con ningún motivo en especial, pero todo el mundo sospecharía muchísimo menos si los síntomas estaban en varias y sin tener que ver, aparentemente.

La casa siempre gana y el jugador pierde.

4. Las emociones no se pueden controlar, pero si manipular. Sólo necesitabas saber cómo para hacerlo.

Las personas solemos ser muy emocionales, pero la pasión a veces engaña. Damos por hecho que todo el mundo será igual de pasional que nosotros, que no habrá quien finja, creemos que los sentimientos intensos no se pueden fingir pero James y Sirius fueron una prueba de lo contrario aquel día.

Los mejores amigos como ellos tienen un estrecho vínculo, no pelearían sin un buen motivo, eso es lo que pensaría cualquiera al haber estado en mi situación. Anteriormente dije que no sabía si se traían las bromas preparadas de casa, pero aquello fue una buena coreografía, como si ellos desarrollaran una idea poniéndola en práctica tomando sentimientos ajenos que no les pertenecían pero haciéndolos suyos fuera de un muro emocional que construían para evitar ser dañados.

En ese momento, cuando me encontré con Sidy y Sally dije que no entendía que el miedo al agua de Sally era su esencia más primitiva, ahora si lo entiendo. Su esencia más primitiva se refería al origen de su oscuridad. Era como si de alguna forma en el reflejo del agua Sally pudiese ver a su otro yo, a la persona que todos (o al menos casi todos) guardamos en nuestro interior, distinta a la que decidimos potenciar.

Algunas personas podrían decir que por esa regla de tres, Sally debería temer también a los espejos, pero supongo que es distinto. Un espejo te devolvía el reflejo calcado de cómo eras físicamente, nunca cambiaba, pero si lo pensabas bien el agua se moldeaba así como las personas a la temperatura, al viento... todo dependía de los factores externos, de por sí no era buena ni mala.

Dudo que alguien que no fuese Peeves lo supiera, es algo que siempre guardó con ahínco.

Sidy me había dicho que había algunas personas habían comentado que nunca sabían las intenciones de Sally. Nunca sabían cuándo mentía y cuándo decía la verdad. Sidy había seguido confiando en ella y Sally siempre había correspondido a esa confianza.

Pero recapitulemos lo que pasó aquel día.

Hablemos de los dedos de Sally. Supongo que te preguntarás por qué. Hay algo llamado "cianosis", es una coloración azul de la piel por diversas causas. Sally la tenía, pero aquel día llevaba guantes y nadie pudo verlo. Mover las manos por la nieve también tiene su sentido, una de las causas puede ser el frío, Sally intentaba esconder las consecuencias de aquel trato empezaban a tener en ella.

Hablemos también del padre de Sidy. Efectivamente, el señor Winters no tenía nada en contra de los hombres lobos, solamente intentaba proteger a su hija. Sabía lo peligroso que era mantener un vínculo con la persona que está tan metida en un trato así. Sabía que tarde o temprano habría un sacrificio y mejor que fuese un sacrificio menor. No era más que una excusa porque Sally le había avisado y le había contado la situación de Remus.

Por último... no supe hasta tarde que John tenía un don para la Legeremancia y que aquel día lo usó conmigo, protegiendo a Sally de cualquier pregunta indiscreta que ella no pudiese responder.

No es que tuviera muchas charlas profundas con él, nuestros encuentros se limitaban a ser divertidos y a veces muy extraños (como cuando quiso venderme por una baraja de naipes), pero sabía que dentro de él también se escondía oscuridad. Era inevitable, había personas que parecían predispuestas a tenerla aunque no la usaran nunca, pero desgraciadamente John si que la usó.

En realidad, no puedo juzgarle. Sigue siendo un compañero de aventuras insustituible y no fue su culpa, sino de las condiciones de su vida.

Todavía me sorprende su Legeremancia. No es el tipo de persona que esperas que lo domine totalmente porque siempre parece pasar de todo, incluso creyéndose inmortal. La muerte no parecía un problema para él, ni siquiera cuando me enteré que también estaba involucrado en el trato. Creo que si tendría que nombrar una jerarquía, John siempre fue el segundo al mando, aunque nunca se comportara como tal dado que Sirius siempre seguía al pie del cañón.

¿Y la carta que cogió antes que yo? Estaba muy unida al hecho que Sally pudiera ver Thestrals, pero claro aquel día resultó muy útil siendo una mera distracción, todo alimentado por la paranoia de la alumna.

Hay muchas formas de volver loco a alguien y muchos tipos de torturas, tanto físicas como psicólogicas. La ventaja de la segunda es que no deja huella y tampoco se necesita magia, por lo que tampoco deja un rastro que la ley pudiera seguir. Según tengo entendido, el Ministerio de Magia tiene un control sobre la magia que se realice siempre y cuando no haya otros magos y brujas alrededor que puedan confundir ese control*

*Control del Ministerio de Magia: Es una teoría basada en que Harry en la quinta película con los dementores si lo pillaron pero a Hermione en la segunda cuando reparó las gafas de Harry en el Callejón Diagon no, por poner dos ejemplos.

- ¿¡Qué has hecho!?

John Hart levantó su mirada hacia Sally. La Sala de los Menesteres donde se reunían tenía una espesa mancha de color verde debido a un caldero derramado.

- ¡Tengo mucho frío! -se quejó.

- ¿Y pensaste "vamos a volcar la poción"? ¡Total! ¡Tú no saliste a recolectar los gusarajos ni ningún otro ingrediente!

- ¿¡Cómo que no!? ¡Agarré aquella planta tan rara!

- ¡Ni siquiera te acuerdas de su nombre!

- ¡Eso no significa que no haya sucedido, histérica!

Sally levantó el caldero con su varita con la intención de tirárselo a John, salvo que éste lo suficientemente pesado como para que el elemento sorpresa no existiera y John pudiese esquivarlo, dándole a Sirius que entraba en ese momento con Jo.

- Si... veo que está todo bajo control -Jo se separó de él poniendo una expresión de asco ya que parecía más bien un ser humanoide verde que una persona.

Sirius les dedicó una mirada asesina.

- ¿¡Es que no es puede dejar solos!? -una pregunta que tenía una respuesta tan obvia que no merecía la pena contestarla.

- Bueno, bueno. No nos vamos a poner en lo peor. Necesitamos relajarnos. Vamos a hacer la posición de la grulla. Todos conmigo -dijo poniéndose en una zona un poco más apartada toda recta y con los pies un poco separados, con intención de empezar.

- ¡Como venga una grulla me la como! -exclamó Sally, quien su estómago estuvo de acuerdo con ella, ya que enseguida las tripas le sonaron.

- ¡Pero si habías ido a por comida!

- No, los elfos estaban muy atareados.

- Siempre puedes comerte a ti misma -replicó Sirius, todavía enfadado y sucio.

- ¿Eso es una retorcida proposición sexual? -preguntó Jo quien parecía haber entrado en el club de los ayudantes de Cupido*.

Todos se giraron a mirarla.

- Me das miedo -Sally fue la portavoz de lo que los tres pensaron de ese comentario.

Jo abrió la boca indignada.

- ¡Pero si sois vosotros los que lo dais hundiéndole la vida a alguien! Como os gusta darle la vuelta a las cosas...

- El caso es -Sirius tenía la intención de reconducir la conversación -Que debemos empezar de nuevo, así que empezaré por limpiarme. Que nadie me siga -amenazó.

Se dirigió hacia la salida de la Sala de los Menesteres, pero al abrir la puerta un cubo de suciedad (hojas, tierra...) había caído sobre él. El mismo que Sally había puesto con la intención de que se vertiese sobre John.

- ¡VOY A IR A POR ESE MALDITO LIBRO! ¡Y VOSOTROS LIMPIAD ESTO!

Nadie añadió nada más hasta que se fue.

- De verdad, que os gusta exagerar las cosas... -dijo John.

*Ayudantes de Cupido: En el rol había tendencia por shippear muy rápidamente. Me pareció gracioso meter esto también, sobretodo porque algunos ships se daban sin que pasase nada, en realidad.

5. A veces temía por las secuelas familiares que pudieron repercutir en él, temor que compartía con Remus, no así con James quien confiaba plenamente en Sirius afirmando que él se había ido de casa por no compartir los ideales de su familia, pero incluso en esa situación, podría suceder parecerte a tu familia más de lo que quieres aceptar. Había sucedido numerosas veces pero incluso en el mundo mágica tampoco era algo que se aceptara fácilmente.

En realidad ninguno de nosotros podría afirmar nada como un hecho. ¿Qué es la psicología sino estadísticas? Eso me ha había dicho Sidy una vez. Características comunes de diferentes individuos clasificados en distintos patrones y grupos pero que a la hora de la verdad deben examinarlos con cuidado para diagnosticarlos.

¿Qué es lo que debemos creer cuando nuestros supuestos guías no saben guiarse a sí mismos?

¿Por qué vamos a juzgar a alguien sino sabemos sus motivos? ¿No deberíamos tener un juicio objetivo ya que pretendemos juzgar a alguien que no diferencia bien y mal, que no sabe adaptarse a la sociedad...?

¿Somos tan diferentes a los muggles como creemos?

Lo dicho por la profesora Mcgonagall siempre me hizo preguntarme si el director no le había contado (siempre me pareció inquietante esa extraña forma que tiene de saberlo todo).

¿Cómo controlas a todos los profesores y alumnos en un colegio tan grande donde la magia está a la orden del día? ¿Nos quita nuestros recuerdos uno a uno y los cotillea en su pensadero o sus espías son las mismas armaduras colocadas por todas partes?

En realidad, la profesora Mcgonagall no entraba dentro del plan, fue un casualidad, un inconveniente que supieron aprovechar a su favor, así que en realidad puedo decir, sin temor a equivocarme, que hasta fue un golpe de suerte para ellos.

Como si fuese una maldición dividida a cada uno le tocaba una cosa.

Peeves no era exactamente un íncubo, no mantenía relaciones sexuales con ninguno de los que había pactado con él, pero si que a efectos prácticos, el pacto mantenía una estricta similitud con el contacto de ese ente según la mitología.

- Canuto, contrólate un poco, tío. Una cosa es fingir y otra...

- He hecho lo que tenía que hacer -le interrumpió en un tono cortante.

- Ya sé que estamos más distanciados por lo de Remus, pero...

Sirius volvió a interrumpirle.

- Lo de Remus lo dije completamente en serio.

James le dedicó una mirada de incredulidad que pasó a ser una de repulsión, como si mirase a cualquier otro Slytherin.

- ¿Cómo puedes decir eso?

- Cornamenta, mira a tu alrededor. Cada vez las cosas se ponen más serias y debemos actuar más. No podemos echarlo todo a perder. Ninguno de nosotros sabemos ya lo que realmente somos, de lo que somos capaces.

- ¿Qué quieres decir?

- ¿Seguimos haciendo esto por Remus? ¿O es por nuestro propio egoísmo? ¿Estás seguro que Evans le envió esa carta al padre de Sidy pidiéndole que la sacara de Hogwarts por su seguridad y no porque quisiera deshacerse de ella? ¿Cómo sabes que Lily, sin ser capaz de ir hasta el final con esto aceptará un compromiso serio contigo sin asustarse? ¿Y qué me dices de Jo? ¿Puedes asegurarme que no confesará todo nuestro plan a Dean poniéndonos en peligro a todos?

Lily se acercó a él. Parecía por su seriedad que discutirían, le daría una bofetada o algo así, pero en cambio puso el dedo índice y corazón de ambas manos en las sienes de Sirius.

- Si amas algo, destrúyelo. Continúa adelante sin importar lo que pase.

Ese era su lema.

- No me preocupo yo, Lily. Me preocupa que puedas tú.

- Ya lo sé, Sirius -respondió con una mirada asustada. Podía notarse que lo que acababa de hacer había sido más para ella misma que para él.

6. En ese momento, ingenua de mi, me pregunté por qué Peeves no ayudaría a Lily, en vez de perjudicarla. Debajo de todo ese montón de caos que era el poltergeist debía haber algo más, ¿no?

Y si, lo había, pero no como yo pensaba.

Todos conocíamos el afán de superación de Lily y más su orgullo y cómo en otras ocasiones se había enfrentado a su miedo (y más si alguien como Peeves estaba delante para no sentir esa humillación), por eso ya me pareció extraño, pero todo el mundo tiene un momento de debilidad.

Lo que no sabía es que otro numerito (con emociones reales), al parecer mis amigos eran expertos en eso y yo no me había dado cuenta si quiera de ello.

Y hablando de Sally, también lo importante eran los Thestrals y por qué quería saber más de ellos. Yo era una Hufflepuff y eso solía implicar que estabámos más avanzados en Herbología, lo cual en algunos casos más minoritarios, también en Cuidado de Criaturas Mágicas, pero yo había leído más por mi cuenta. Me encantaba leer tanto como a Lily o Remus, de hecho una vez hasta les había propuesto formar los tres un club de lectura y proponer algún que otro libro haciendo competiciones por ver quién leía más rápido, lo había encontrado divertido.

Conocía a los Thestrals y sabía que sólo podían verse por magos y brujas que hubiesen visto a la muerte.

¿Cuándo había visto Sally a la muerte?

Busqué a Sidy de nuevo comentándole aquel tema. Sabía que no me juzgaría por meterme y cotillear. Bueno, ella se llamaba Curiosidad Winters.

Me contó que había pasado el verano con su medio hermano y que ella también lo había notado.

Me contó acerca de él. No se parecían en absoluto físicamente y en actitud tampoco era que se pareciesen pero si algo los unía era el apellido Evans y la sangre.

Pero yo no había visto a Sally diferente y ella tampoco, por lo que decidí comentarle también que quizás los veía de mucho antes y no nos lo había dicho.

Pero Sidy pudo asegurarme que no. Cuando empezó a interesarse por la magia negra, a Sidy no se le hubiera escapado aquel detalle ya que los thestrals parecían tenebrosos.

Y mi error fue querer olvidarme del asunto, como alguien que no entendía lo que pasaba y no quería quebrarse la cabeza buscando la explicación. Como esas personas de siglos pasados que culpaban de todo lo que no entendían a la brujería. Fui una de esas personas y lo cierto es que me arrepiento.

Siempre hay un punto de inflexión. Siempre. En todo y en todos y ninguna de las dos nos dimos cuenta aquel día, ni ninguno otro. Quería seguir viendo a mi amiga, quería correr un túpido velo en aquel asunto.

Una vez leí que un bebé imita movimientos y gestos que ve porque está aprendiendo de ti, está conociendo el mundo gracias a ti. Nunca pensé que alguien pudiese hacerlo con los sentimientos, pero cuando tu mayor influencia resulta ser todo lo que has deseado siempre, ¿cuán irresistible es no sucumbir ante la guía de esa persona?

Y ahí entra el Patronus también. Por más que Sidy la había ayudado, Sally no conseguía efectuar un Patronus correctamente y no entendía por qué. No era porque no estuviese contenta ni nada relacionado, tal vez fuera el estrés. Si, lo achaqué a eso y de nuevo me equivoqué. Sidy no le daba importancia, decía que era un hechizo complejo y aunque tenía razón ninguna de las dos volvimos a entender por qué no era capaz de efectuarlo.

¿Qué relación tienen un bebé y un Patronus? La familia. ¿De quién son dependientes los bebés y quienes son las primeras personas en moldear su personalidad? ¿Un Patronus no quiere pensamientos felices? ¿Pensamientos felices verdaderos? No pensamientos felices retorcidos y no es que estuviésemos hablando de un bebé literal, nadie de nosotros lo era, pero si de personas que se habían vuelto a moldear a sí mismas.

Lo notaba.

Por supuesto que lo notaba.

Peeves podía sentir las ilusiones tan intensas de los alumnos, como si fuesen cada uno una caja de Pandora que en vez de contener todos los males del mundo y la esperanza lo último, la esperanza fuese lo primero para ellos.

Todos necesitaban un motivo para seguir adelante, pero algunos simplemente podían ser tan cínicos teniendo sólo diecisiete años...

Pero no es que Peeves les juzgara.

Todo lo contrario. Para él siempre serían su fuente de diversión.

¿Quién querría ser mediocre cuando se podía ser extraordinario?

¿Por qué vivir una vida normal cuando podías tener más? Mucho más.

7. Podía parecer tonto que Jo me comentara algo de Lily y su miedo a Peeves cuando se suponía que lo debían llevar todo en secreto, pero os contaré algo: el mejor escondite es el que está a la vista de todos.

Siempre es algo arriesgado, pero normalmente los escondites están por algo y si escondieras algo lo primero que se te viene a la cabeza es un lugar que no visita mucha gente o que pase desapercibido, en cambio si está a la vista de todos automáticamente asumes que no es importante, por lo que apenas vas a tener interés.

Estaba más estudiado de lo que parecía. Todo estaba estudiado y me sigue sorprendiendo la facilidad con que lo hacían. Había sido un entrenamiento mental que habían resistido pero que aún así pagarían las consecuencias, algunas que ya habían sido pagadas, otras que no tardarían en cobrarse. Nadie podía escapar de un trato como ese, siempre llegarían el precio y siempre sería mayor a la recompensa.

Por ejemplo, Sally aquel día estaba agotada solamente porque se había pasado la noche con Peeves. Y no, por supuesto nada sexual, solamente preparándolo todo para "el gran día".

Ahí por supuesto entraba la alumna, que cada vez estaba más desquiciada. Puedes entenderlo cuando conoces todo y no antes.

Lo cierto era que la alumna decía la verdad, pero no era la verdad sino su versión de ésta. Una Abby Jackson le había dicho que había quedado con Jo, si, pero precisamente fue una Abby Jackson falsa.

Siempre admiraré esa capacidad que tenían de disociarse de los sentimientos. Yo no soy capaz todavía.

Una jugada que se podría considerar inteligente era esperar a que tu adversario se olvidara de un tema, dejar pasar un cierto tiempo planeándolo de tal forma que no pudiera seguir las pistas relacionadas. ¿Recórdais el libro sobre los Thestrals? ¿Y también el asesinato sobre el que hablábamos Jo y yo?

Si, por supuesto que están relacionados. Con la misma persona. Esa misma que parece que no puede guardar un secreto porque da la apariencia de ser demasiado impulsiva para poder si quiera trazar un plan parecido.

- ¿Alguna vez odias tu propia existencia? -preguntó Sally, sentada mirando hacia el lado opuesto de la puerta de la Sala de los Menesteres.

- Si, pero después me miro al espejo y si Black puede entorpecer al mundo con su presencia, yo debo deleitar a éste con la mía -presumió John haciendo que Sally lo mirase entre incrédula y divertida.

- Hablo en serio.

- Yo también -replicó ofendido.

Sally resopló antes de continuar a conversación.

- He matado a Dennis.

- ¿Quién es Dennis?

- Mi medio hermano -respondió.

Una persona normal habría reaccionado diferente, siempre, en cada situación que vivieron pero ellos no eran personas normales y menos bajo la influencia del poltergeist.

- ¿El precio?

- El precio -confirmó.

- Sabes que es tu culpa, ¿verdad?

- Si que lo sé, pero eso no lo hace menos doloroso.

- Debería, sabías a lo que te exponías.

- ¿Me culpas por ser realista y saber que mi recompensa no sería para siempre?

- No, te culpo por implicarte demasiado.

Hubo un silencio entre ambos pero no uno incómodo para ninguno de los dos. John aprovechó para ofrecerle un trago de cerveza de mantequilla.

- Feliz muerteversario, pues.

- ¿Qué es un muerteversario? -preguntó confusa, aunque ya todos conocían su tendencia a inventar palabras.

- Un aniversario de muerte.

Sally miró la cerveza y después a él.

- Nick Casi Decapitado los inventó. ¡Yo sólo mantengo la tradición!

Dio un trago antes de levantarse.

- Vámonos. Tenemos trabajo. Tenemos que revisar la ejecución.

8. Lo que parecen pequeños detalles siempre son importantes.

Creo que por algo fue James el primero en morir aquella noche y sin varita, además. No tuvo la oportunidad de defenderse porque lo primero que hizo fue proteger a su mujer e hijo, porque recordó ese día en el que su novia vio algo espantoso.

Reconozco que me sentí conmovida en ese momento. Es muy fácil sentir piedad cuando ves a alguien sufriendo, aunque sea del otro bando y más cuando las personas tendemos a quedarnos con lo último que hemos visto o escuchado, aunque sea de manera inconsciente.

Hay un pasillo que conecta Hogsmeade con Hogwarts. Una combinación de un poltergeist aliado, una capa invisible y mala leche, así tienes el premio asegurado.

La falsa Abby Jackson de Hogsmeade no fue otra que Jo, aprovechando su herida ya que apenas estuvo unos segundos atada, ningún tiempo mortal que pusiera en riesgo su vida (y ahí entra la capa invisible ayudándola a pasar desapercibida). En cambio, la falsa Abby Jackson de Hogwarts fue Sally, que fue la que vio la alumna (con la ayuda de Peeves quien sujetó la cuerda con su telekinesis de modo que no le apretase demasiado, pero si lo suficiente como para ser creíble ante ella).

Otra coincidencia que lo parecía y no lo era fue ver a Sally durmiendo tan agotada y que Peeves tuviera la fuerza suficiente para manipular todo eso.

- En serio, deberíamos parar -insistió Lily.

- ¿Otra vez? -preguntó Jo dejando una de las dos cuerdas en una zona más apartada para cogerla más tarde.

- Ya es suficiente. Le dimos una lección.

- No, no es suficiente porque Remus sigue expulsado y no ha rectificado -explicó Sally.

- Creo que Lily tiene razón... -dijo James con un atisbo de duda. Todos le miraron estupefactos de que dijera eso. Precisamente él.

- Gracias, James -parecía que en cualquier momento Lily se iba a emocionar y todo. Ninguno de ellos la había apoyado en la decisión de parar, todo lo contrario.

- Es Remus, Cornamenta. ¡No podemos parar! -exclamó Sirius.

- No me digas que es Remus cuando tú dudaste de él.

- Y sigo dudando pero eso no significa abandonarle a su suerte.

- ¿Y qué significa entonces? ¿Podemos traicionarnos entre nosotros pero no podemos matarnos? -preguntó con ironía.

- No, significa justo lo contrario. Abandonarlo sería una traición y además todo nuestro esfuerzo sería en vano. Podemos renunciar vosotros si quereis, llevar una vida normal pero ninguno de los demás que quedamos vamos a hacerlo.

- ¡No podemos llevar una vida normal, lo sabes! -exclamó James enfadado.

- Podemos intentarlo. En un futuro abandonaremos Hogwarts, Peeves está anclado aquí -dijo Lily.

- Sabes que no importa que él no esté, todo lo que hemos visto quedará en nuestra mente -respondió Sally.

- Olvídalo. No quiero pasar una noche más sin dormir por miedo a tener pesadillas con muerte y sangre.

- Pues es lo que hay. Siento que te arrepientas, pero es como si hubieras firmado un contrato. Esto entraba dentro de las clausulas. Si te echas para atrás, hay consecuencias. Todos lo sabíamos. Nadie obligó a nadie a hacer nada. Puedes quejarte todo lo que quieras, pero la única culpable eres tú.

- ¿Puedes no hablarle así? -preguntó James. - Sólo quiere un descanso.

- Estoy diciendo la verdad -insistió Sally. - No es mi culpa que no hayais pensado en la letra pequeña.

- Yo creo que estáis dándole demasiada importancia -invervino John. - No recompensa, no vínculo igual a no precio.

Lily le tenía miedo, James sentía cada vez más molestia por él, Sirius se sentía identificado a veces, Sally le había tomado cariño y Jo lo había tomado como un aliado capaz de no traicionarlos.

9. ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar por un amigo?

¿Mentirías por él? ¿Robarías? ¿O hasta matarías? ¿Te llenarías el corazón de oscuros secretos por alguien condenado injustamente arriesgandote a recibir un castigo?

Si, esa era la amistad en libros donde hablaban sobre el honor, sobre la justicia pero en el mundo real no era tan fácil. No podías ser un justiciero sin demasiadas consecuencias, incluso arruinando tu vida para siempre. Seguramente no habría segundas oportunidades ni agradecimientos eternos.

Después de todo, la memoria es finita y el mundo sigue cambiando y cambiando. No para nunca por una sola persona por mucho que ésta haya arriesgado. Su nombre no pasará a los libros de historia y su memoria morirá cuando los implicados también mueran.

No habría registros de lo que hizo. ¿Eso es bueno? ¿Es malo? La moral es algo muy relativo. En la antiguedad utilizaban técnicas que nos parecen actualmente un horror y seguramente en el futuro, nosotros seremos los salvajes.

Pero si nadie te va a conocer y todo el mundo te va a juzgar. ¿Por qué no arriesgarte?

Adelante. Vive con tu propia moralidad porque es lo que todo el mundo hace, porque vivimos en una sociedad donde no predomina el respeto por las leyes, sino el miedo y obviamente se va a condenar al que lo supere y vaya más allá.

Si me pides mi opinión, pienso que mereció la pena.

Siempre.

Ellos se arriesgaron sabiendo que tú nunca aprobarías sus acciones, Remus.

- ¡Lily, toma a Harry y vete! ¡Es él! ¡Vete! ¡Corre! Yo lo detendré.

La mujer pelirroja miró a su marido asustada. Muchos magos y brujas lo habían intentado antes y ninguno lo había conseguido. No es que dudara de James, sabía que era un excelente mago pero los tiempos en los que ser cruel y duro habían pasado.

Formar su propia familia los había ablandado. No sabía si era buena idea dejarlo solo, pero no tenía elección. Si James o ella tenían pocas posibilidades, su hijo Harry no tenía ninguna. Debía ser fuerte por ellos, de nuevo.

Merlín sabe que había querido dejarlo. Claro que había considerado injusto lo que pasó con Remus, pero ¿por qué no aplicar la ley? Después de todo, ¿no querían ser aurores? No podían ir matando a cada mortífago que se encontraran aunque fuera lo más efectivo. Existían leyes que debían cumplir.

Harry no paraba de llorar, como si presintiera todo lo malo que estaba sucediendo pero Lily había escuchado aquella maldición imperdonable hacia James, aquel hechizo maldito que había destruido lo que les había costado años construir.

Puso a Harry en la cuna como si de alguna forma quisiera pensar que esos barrotes de la cuna lo protegerían de todo.

Quería haberle enseñado tantas cosas... James seguramente le metería presión para ser de Gryffindor pero ella intervendría en que no pasaría nada con que fuera de otra casa y después Sirius se alamaría diciendo que Harry nunca sería de Slytherin. Como si lo viera. Tenía la teoría de que sería el primero en regalarle una escoba, aunque fuese de juguete.

- Harry, eres muy querido. Papá te quiere. Mamá te quiere. Sé fuerte, sé valiente. Siempre estaremos contigo orgullosos de lo que serás.

El-que-no-debe-ser-nombrado tiró la puerta abajo de un estallido y Lily se levantó poniéndose delante de Harry, mirándolo cara a cara. No tenía la sensación de estar frente a la muerte, sino frente a una representación del odio, de toda la destrucción que podía albergar un corazón. Frente a la mente más enferma que había visto.

Ellos habían actuado mal, pero nunca sería peor que aquel que quería matar a su hijo.

- ¡Harry no! ¡Harry no! ¡Harry no, por favor! -suplicar era su única oportunidad ya. Habían olvidado sus varitas tanto James como Lily y por supuesto, intuía que Voldemort no dejaría que fuera a por ella pero no importaba. Lo que fuera si protegía a Harry.

- ¡Apártate, muchacha estúpida! ¡Hazte a un lado ahora!

- ¡Harry no! ¡Por favor... ten misericordia... ten misericordia!

- ¡Ésta es mi última advertencia...! -no sonaba como esas personas que van de farol. Sabía de lo que era capaz igual que todo el mundo mágico.

- ¡Harry no! ¡Harry no! ¡Haré cualquier cosa! Mátame... mátame a mi en su lugar...

- ¡Avada Kedavra!

Lo último que sintió fue como si estuviese en un coche y chocase con otro, con tal impacto que a pesar de que el hechizo dio en su pecho, lo sintió por todo el cuerpo. Y después, nada... absolutamente nada.

Fue como si el miedo no existiera, tampoco la duda. Sólo paz, mucha paz y saber que se reuniría con sus seres queridos pasando a través del Velo, igual que James sin poder despedirse de nadie más, dejando atrás de sí su cadáver pero a su hijo protegido.

Fue su deseo cumplido. La única que lo obtuvo después de su sacrificio y no lo pudo disfrutar nunca.

Había pasado toda su vida decidiendo por sí misma y no era que no valoraba la independencia (de hecho podía considerarse como su tesoro más preciado), pero a veces se echaba de menos un guía.

Alguien totalmente opuesto a su madre, que realmente entendiera sus oscuras necesidades y las compartiera. Alguien que no estuviera totalmente pendiente de lo que dijera la gente. ¿Qué mas daba lo que dijeran de ti? Quería poder llamar familia a algo no sólo por obligación sino por sentirlo realmente.

Durante años no había conocido a su padre ni a su medio hermano, aunque supiese de su existencia. Su madre le había contado la historia y sabía que su mismo padre las había abandonado, pero que ni su madre ni su padre valiesen la pena no significaba que su medio hermano fuera igual.

Se había hecho tantas ilusiones... demasiadas bromas, peleas, consejos perdidos. Una Inglaterra tan grande pero que se hacía tan pequeña cuando no tenías a nadie con el que contar...

- Siendo amiga de la muerte, ¿eh?

Hubo un silencio, pero eso no le impedió a Dennis, el medio hermano de Sally, seguir hablando.

- Espero que después de esto dejes de preguntarte por qué no eres una Evans para nosotros, por qué nunca lo serás. La sangre va por delante de todo. Educamos a nuestra familia, la protegemos, la matamos de ser necesario pero siempre por algún deber, no por una persona ajena cualquiera.

La varita de Sally todavía no le apuntaba. Había algo en la mirada de su medio hermana que era diferente. Se suponía que un asesino distinguía a otro asesino, pero Dennis nunca había cruzado esa línea, ni su padre, ni su madre.

Era irónico.

Siempre se había creído mejor que ella, pero ahora Sally iba a cruzar una línea de la que él no se hubiera sentido decepcionado. Iba a ser mejor que él en su propio campo.

- Durante mucho tiempo he estado pensado en esto. He crecido sin ti pero siempre he pensado en que habría una posibilidad de vernos y ser juntos una familia. Si te mato, elimino yo misma esa posibilidad. No puedo culpar a nadie, soy la única responsable. ¿Tienes idea de lo duro que será eso? ¿De lo duro que es ya? Aún así no te pido unas palabras bonitas ni tampoco una súplica. Sólo te pido que seas tú hasta el final. Si encargara un dibujo de ti de este momento capturaría esa esencia para siempre, pero sería un engaño porque este momento acabará.

- ¿No quieres un recuerdo de cuando me mataste?

Hasta físicamente eran diferentes. Dennis tenía cabello negro que parecía combinar hasta ser uno con la noche, sobretodo porque las nubes tapaban las estrellas esa noche, como si de algún modo el universo también ayudase a que únicamente ambos fueran testigos de ello.

- Te equivocas. No quiero que nadie más sepa qué pasó.

- ¿Tienes miedo? -preguntó Dennis sonriendo de un modo burlón, pero Sally permanecía seria.

- ¿Sabes algo de la maldición asesina? No basta con la ira, hay que tener verdaderamente un deseo de matar, sino no lograrás conjugarla.

- ¿Eso significa que me odias? -esas palabras en otra persona hubieran parecido una pregunta deseosa de obtener una respuesta cariñoso, pero no en Dennis y Sally lo sabía.

- No, sólo significa que debo matarte.

Alzó entonces la varita, pronunciando el conjuro y logrando que un rayo de luz verde saliera de ésta impactando en él.

La joven rubia se acercó a su medio hermano, a su única esperanza de poder contar con alguien que no rechazase esa oscuridad de su corazón. Esa mirada desafiante ya no estaba en él, pero no había rastro alguno de dolor en su expresión, sólo la misma seriedad que ella seguía manteniendo.

No le tocó en ningún momento, aunque lo desease. Informaría a su padre por ello, sólo por Dennis, quien era el que mantenía una relación amistosa con él.

- Yo no quería matarte, Dennis. Nunca quise. No te odio, sigo queriéndote.

Se suponía que los síntomas irían desapareciendo gradualmente cuando se habían ido de aquel castillo tan maldito.

Entonces no se dio cuenta de lo que estaba afectando a su vida. No sabía si alguno de los demás había sido consciente y no le importaba pero a ella desde luego que si y mucho.

A medida que su relación había avanzado había tenido numerosas peleas con Dean pero habían llegado a casarse al final, incluso habían hablado de tener bebés pero a Jo le había parecido una crueldad tener un bebé mientras estuviese afectada.

No sabía si podría considerarse como un trauma, suponía que si al quedarle secuelas. Cogió una manta y con su varita había creado un fuego antes de quedarse dormida cuando su cuerpo había vuelto a la temperatura normal.

El problema es que se había quedado dormida demasiado tiempo (las pesadillas aún pasaban factura).

Las ashwinders estaban multiplicándose cada vez más y fue la tos por el humo provocado por el fuego lo que hizo que Jo despertase pero era inútil, había inhalado demasiado humo, contando con que estando en un estado débil la magia para defenderse de las ashwinders la debilitó más todavía.

Jo era una mujer fuerte. Siempre lo había sido pero luchar en esas circunstancias era una batalla perdida y Dean estaba en una misión como auror que era, no podía pedirle ayuda inmediata. Quizás ni siquiera se pudiera teletransportar hacia su chimenea. Quizás ni siquiera estuviera localizable...

La vista estaba nublándose y el sueño era cada vez más intenso. El cuerpo sólo le pedía descansar, pero a pesar de tener cerrados los ojos consiguió marcar un número que esperaba con toda su alma tan desgastada a esas alturas que fuese el de Dean.

Como si su llamada de auxilio fuese escuchada, consiguió despedirse en pocas palabras, aunque no fue de él, sino diciéndole esas palabras al empleado del Ministerio de Magia, esas que iban dirigidas a Dean y no pudiendo asegurar si de verdad la entendió al tener la voz tan ronca y esa tos que no paraba, haciendo que le dificultase todavía más respirar o incluso si le transmitiría el mensaje.

Pero la esperanza era lo último que se perdía. Sólo tenía eso para aferrarse y morir en paz.

Sino esperas nada de nadie no te decepcionarán nunca. Esa era la filosofía de John.

Nunca había tomado la filosofía de Peeves como suya. No se había involucrado con él, no había esperado de él más que diversión.

Sabía que el poltergeist más de una vez se había interesado por él y había intentado de algún modo capturarlo. No se había dejado, por supuesto.

Demasiadas trampas a sus espaldas como para no notar sus intenciones y eso sin tener en cuenta que era desconfiado por naturaleza, claro. El mundo entero negaba esa cualidad como si fuera algo malo cuando era la principal ventaja.

La desconfianza te hace sobrevivir y así sería hasta el fin de los tiempos.

Él no había escrito las reglas pero si que sabía aprovecharlas muy bien.

Sus compañeros habían tomado a Peeves como lo que necesitaban en cada momento. Le habían culpado de cualquier cosa, lo habían tomado como un amigo, habían esperado de él demasiado...

John siempre había sabido que estaría perdido si hacía eso, aunque fuese el camino fácil.

Se suponía que antes de destruirte, serías completamente feliz.

Había visto a Jo ilusionada por ser una gran auror, a Lily y a James teniéndose el uno al otro, a Sally teniendo a su medio hermano (aunque Dennis fuera Dennis y no hacía falta explicar más) y a Sirius pudiéndose expresar libremente, pero al fin y al cabo, ¿qué importa?

Él y sólo él era completamente libre, sin ataduras de ningún tipo. Viendo cómo los deseos los había destrozado a todos.

Realista hasta la muerte (y más allá).

Decir que Azkaban era un tormento era quedarse corto. La palabra infierno perdía todo significado allí.

Sirius prefería mil veces cualquier otro sitio que ese.

Los recuerdos eran muy confusos y la cordura parecía muy efímera. Los dementores se pasaban una vez al día para visitar a los prisioneros, o mejor dicho para torturarlos. No tenían que ponerles una mano encima para hacerlo ni gritarles ni nada parecido, su sola presencia ya era un aperitivo de lo que se venía. Solían acercarse como cuando daban un beso de dementor sólo que no lo suficientemente cerca como para matar a un prisionero si el Ministerio no lo había ordenado.

Sirius conocía perfectamente su edad y no tenía ninguna enfermedad que hiciera que la muerte se adelantase. Era joven como para sentarse a esperar una muerte por vejez. Sino hacía algo pronto, dejaría de ser él mismo.

Por Merlín, ¡había soportado el entrenamiento mental de Peeves! Podría con esto. De hecho, muchas veces había pensado si era por eso que era el más cuerdo de Azkaban.

No es que hubiese hablado con otros prisioneros, no habría podido aunque quisiese, pero de alguna forma lo sabía. Quizás no era más que una estúpida esperanza de infundirse ánimos a sí mismo, pero quería creer eso por encima de todo.

Necesitaba un motivo por el cual luchar y ese era James. Siempre sería James, su mejor amigo, su hermano (aunque no los uniese la sangre, pero el vínculo era incluso más fuerte que eso).

Odiaba a Peter Pettigrew con toda su alma y ese odio es el que hacía que cada día se levantase.

Está bien, algunas personas lo hacían por amor, él por odio. Bueno, también había amor fraternal de por medio, pero el odio era más fuerte. Era un sentimiento que lo recorría como si tomase vitaminas para pasar el día sin estar cansado.

Con paciencia, sin ningún movimiento sospechoso, soportando cada pensamiento que le obligaban a revivir los dementores, averiguó los horarios de Azkaban.

Podía parecer fácil saberlos cuando estabas allí atrapado, pero con tanta tristeza, era en lo último que te fijabas.

Peter. Peter. Peter. Peter. Peter. Peter.

Lo mataría con sus propias manos. No necesitaba de magia. No necesitaba volverlo loco. No le importaba volver cuando lo hubiese hecho. Ni siquiera le importaba ya la verdad, ni que Remus considerase que él era el asesino. Era justo, Sirius también había dudado de Remus.

Y su corazón pareció latir de nuevo cuando vio a Harry Potter por primera vez.

James...*

*James: Por si acaso no se entiende, esto lo he descrito porque Sirius confundió a Harry con James, no sólo por lo dicho por Molly, sino que la menos en la película de la Orden del Fénix lo llama James cuando la batalla por lo de la profecía.