CAPITULO 2 DE CAMINO A POCIONES
Un par de ojos veían a la castaña con extrema curiosidad pero no eran de quien ella esperaba encontrarse. No era Harry, tampoco su amiga que bien pudo haberla seguido o incluso el pelirrojo del que estaba huyendo. No, nada de eso, ¡Era algo mucho peor que ellos tres juntos!
Era Lavender Brown.
-Si Hermione, ¿Qué no le dirás a nadie? –dijo otra voz detrás de ella y dio un respingo, luego se dio cuenta de que Lavender no iba sola, Romilda Vane la acompañaba.
-Nada –les contesto y acomodo un mechón detrás de su oreja buscando hacer cualquier cosa y que con ello se ocultara su nerviosismo. Inspiro hondo y se relajo aunque las miradas de aquellas dos muchachas siguieron expectantes. –Ya les dije que nada –repitió y empezó a sentir irritación.
-Pero si te ves preocupada –puntualizo Lavender
-¿Preocupada yo? Para nada –mintió Hermione dibujando una falsa sonrisa.
Sus compañeras entrecerraron los ojos como si con eso, fueran capaces de saber qué es lo que Hermione no quería decir pero la castaña no estaba dispuesta a contarles. Después se hizo un silencio incomodo y Hermione no dejaba de esperar el momento en que se marcharan. Sin embargo, ellas permanecieron ahí como si las hubieran pegado al suelo.
-¿No tienen otra cosa que hacer? –les pregunto en un intento de correrlas con gentileza.
-Pues sí, tenemos cosas que hacer –se apresuro a contestar Romilda sin captar la indirecta. –Clase de pociones ¿lo recuerdas?
-Vámonos Hermione o llegaremos tarde. –añadió Lavender al ver la cara de desconcierto y frustración de ella tomándola del brazo y jalándola por el pasillo. –Quizá en el camino quieras hablarnos de eso que no quieres decirle a nadie.
-Sí, sí, si –Romilda sonrió y entrelazo su brazo con el brazo libre de Hermione que se sintió de lo más incomoda y extraña de tener a ese par de acosadoras y chismosas a su lado. Intento zafarse pero más que brazos, parecían cadenas que la aprisionaban y que no la soltarían hasta que confesara. –Hermione, si no nos cuentas, vamos a sentirnos muy ofendidas. –continuo hablando y llevándose una mano a la frente para dramatizar.
-O sea, somos tus amigas, Hermione, y las mejores amigas se cuentan tooodooo.
¡¡¿QUEEE?!! -gritó Hermione para sus adentros poniendo los ojos como platos ante la incredulidad y luego poniendo cara de profundo asco. El oír esas palabras le habían dado ganas de vomitar.
¿Desde cuándo Lavender y yo somos amigas? Que alguien por favor me explique esa parte de mi vida que me perdí… ¿ella y yo amigas? Ja, dejen que me ría… pero ¡Oh! no somos cualquier clase de amigas… ¡LAS MEJORES AMIGAS!
Y entonces más que enojarse por el comentario de Lavender, le dio mucha risa y se le ocurrió algo que no se le había ocurrido hasta entonces por culpa del rostro de un pelirrojo que no quería salir de su mente. Era un plan de lo más sencillo pero que resultaría muy efectivo…
-De acuerdo, de acuerdo. Les diré lo que no quiero decirle a nadie.
Las jóvenes brujas se detuvieron al igual que ella y la soltaron de los brazos esperando lo que Herms tenía que decir. Hermione al ver aquella expectación, decidió que sería muy divertido tomar la postura de alguien que contara un gran, gran secreto. Miró en todas direcciones pero no había nadie cerca de ellas y se inclino más hacia las otras dos quienes la imitaron y también se inclinaron. Ellas trataron ocultar su impaciencia pero no lo lograron. Hermione volvió a reír para sus adentros y comenzó a hablar en voz baja.
-Lo que pasa es que…y no le vayan a decir a nadie ¿eh?
-Pero, ¿crees que somos capaces de decir algo? Seremos unas tumbas; dinos ya que nos morimos de la curiosidad
No las creo capaces de decir algo, se que lo dirán… y no solo eso, le inventaran y harán su propia versión –volvió a decirse Hermione meneando la cabeza de lado a lado a modo de respuesta.
-Bueno. Sucede que doble la pagina de un libro en la biblioteca y ya conocen a Madame Pince, si se entera alguien y sobre todo ella no volverá a dejarme tocar los libros y eso sería espantoso.
Dicho esto apretó fuertemente los labios para evitar reírse de las caras de decepción que tenia frente a ella.
-¿Y…? –susurro Romilda con la cara desencajada.
-Y ya, eso es todo… Conste que prometieron no decir nada. –les recordó la castaña.
-Eso no es justo Hermione ¿tanto para eso? –gruño Romilda y puso cara de pocos amigos.
-¿Acaso esperaban otra cosa? –pregunto divertida.
-Pues sí, esperábamos mucho mas, digo, un verdadero secreto. No sé, Hum, por ejemplo… –Lavender se quedo pensando y volvió a tomar a Hermione del brazo para que continuaran con su camino. -¿Qué te gusta Harry Potter?
-¿Perdón? Ha- ¿Harry? –tartamudeo Hermione al no poder contener tanta incredulidad –¡Están locas! ¿Cómo se les ocurre pensar qué...? ¡Harry y yo solo somos amigos! –exclamo indignada por aquella pregunta tan tonta y fuera de lugar.
En ese momento le dieron unas inmensas ganas de lanzarles un hechizo silenciador para que cerraran el pico y la dejaran en paz pero no podía hacer eso por dos razones: la primera porque eso les daría motivos para pensar que decía mentiras y la segunda y más importante, era que no iba a ensuciar su historial académico con un reporte por pelearse en el colegio.
Calma Hermione, calma –se recordó y controlo lo más que pudo su respiración. –Solo tienes que llegar a las mazmorras y las preguntas habrán terminado. Solo llega a las mazmorras y estarás a salvo.
-¿Solo amigos? ¿No nos mientes? –pregunto Romilda con mucho interés.
-Desde que nos conocemos, siempre hemos sido ¡¡A-MI-GOS!! –recalco cada silaba con enojo. Y empezó a preguntarse porque todavía no llegaban a su destino. El camino se estaba volviendo eterno
-¡Genial! –Romilda sonrió –Entonces supongo que no te importara que trate de conquistarlo ¿verdad? Él es tan apuesto, tan importante, tan… -suspiro y puso ojos soñadores. Luego jalo la manga de su amiga con emoción –Imagínate Lav, lo importante que seré cuando me convierta en "La novia de Harry Potter"
Hermione puso los ojos en blanco y deseo decir que él estaba interesado en alguien mas pero se mordió la lengua porque contarles algo a ellas sería igual que firmar su nota de suicidio.
-¿Si te doy unos chocolates podrías dárselos? –pregunto
-Por supuesto –dijo la castaña encogiéndose de hombros mientras pensaba: Pero por supuesto que NO. Primero los tiro a la basura antes de dejar que lo envenenes con filtros de amor.
-¿Y si yo te doy unos para Ron se los darías? –pidió Lavender Brown con la misma impaciencia
-¿Ron? –Hermione palideció pero las muchachas estaban demasiado ensimismadas en sus ensoñaciones como para prestarle atención.
-El bombón pelirrojo, hermoso y perfecto de Ronald Weasley –le corrigió Lavender –Él también es tu amigo ¿no? Solo tu amigo como Potter.
Hermione quería que se la tragara la tierra, que alguien le dejara caer un trueno o mucho mejor la maldición asesina para no tenerse que enfrentar a la incomodidad de responder o eludir lo que Lavender acababa de decir. Dos veces tocar el tema en menos de quince minutos era demasiado.
Sin embargo, lo que ella acababa de decirle era un golpe bajo porque no era necesario que se lo confirmaran: a Lavender le gustaba Ron.
¿Pero qué sería más poderoso? ¿Su orgullo para negar los sentimientos que sentía hacia el pelirrojo? ¿O su orgullo para seguir callando y negándose al amor?
