EVEN IN DEATH
2. La visita
Sirius estaba en la biblioteca cuando escuchó el sonido de la puerta principal.
-¿Remus? –cerró el libro que estaba leyendo y se puso en pie, dispuesto a ir al encuentro de su amigo. Estaba harto de estar solo en aquella casa. Si seguía así acabaría leyendo todos los libros de la Biblioteca y no es que sus títulos fueran muy recomendables-. Has vuelto antes de lo que… Ah, hola.
Se interrumpió al no ver llegar a la persona que esperaba.
-Hola, Sirius -Tonks entró en la habitación sin esperar a que la invitara-. ¿Estás solo?
-Sí. ¿Había reunión hoy? –preguntó despistado-. No sabía que Dumbledore hubiera convocado a la Orden.
-Oh, y no lo ha hecho.
-¿Entonces?
No era normal que Tonks fuera a Grimmauld Place de visita. Como todos, excepto Lupin, sólo aparecía por allí cuando había algún tema importante que tratar. Algo relacionado con Voldemort, claro. Nadie iba a Grimmauld Place por gusto.
-He venido a hablar contigo.
¿Hablar? ¿Tonks quería hablar con él?
-Bueno, pues tú dirás.
-¿No vas a ofrecerme un coñac?
-Claro que sí, sobrina, estaba a punto de hacerlo.
Con un movimiento de varita sirvió dos copas y le alargó una a ella, que dio un pequeño sorbo.
-Hace buen tiempo, ¿verdad? Parecía que iba a llover, pero al final ha salido el sol.
-No lo sé –contestó Sirius un poco resentido-. Aquí dentro no se nota mucho el cambio de temperatura.
Ella carraspeó un poco avergonzada y cambió de tema.
-Hacía tiempo que quería comentar algo contigo.
-Soy todo oídos.
Tonks parecía nerviosa, dio otro sorbo a su copa y carraspeó un par de veces antes de hablar. Su pelo se había vuelto más rojo, como si también él se hubiera ruborizado.
-Es sobre Lupin –murmuró.
-¿Remus? –los sentidos de Sirius se pusieron alerta-. ¿Qué pasa con él?
-Bueno…, vosotros sois viejos amigos y os conocéis desde hace mucho tiempo.
-Excepto en lo de viejos coincido plenamente contigo –afirmó él.
Ella no rió la broma.
-Y ahora vive aquí, contigo.
-Así es.
Al fin ella se atrevió a mirarlo a los ojos.
-Eres la persona que mejor le conoce.
-Sí, eso creo.
-Entonces podrás contestarme a esta pregunta: tú… ¿sabes si está con alguien?
Sirius abrió los ojos, sorprendido por sus palabras.
-No lo sé –mintió-. ¿Por qué quieres saberlo?
-No es que quiera meterme en su vida privada –alegó ella como defensa-. Bueno, no es eso exactamente aunque podría resumirse así, pero… El caso es que él siempre me ha parecido una persona interesante y muy agradable y amable con todo el mundo y me preguntaba si habría alguna posibilidad, aunque fuera pequeña, de que yo…
-¿Me estás diciendo que te gusta? –la interrumpió Sirius.
-Pues… sí. Básicamente. ¿Te sorprende?
Sirius frunció un poco el ceño.
-No, pero… Bueno, Lupin es… No creo que sea buena idea: es una persona solitaria y además tiene casi el doble de años que tú.
-¿Y qué? –preguntó ella-. A mí eso no me importa. Me he dado cuenta de que es exactamente la persona con la que me gustaría compartir mi vida.
Sirius se puso en pie y empezó a caminar por la sala, bajo la atenta mirada de su sobrina, que trataba de calibrar su reacción. Él optó por la salida más fácil.
-Tonks, es un hombre-lobo.
-Lo sé. ¿Acaso crees que no es suficiente para mí? –Sirius se detuvo-. Sé que es un licántropo y sé lo que eso implica: será peligroso y tendré que tener cuidado de que no se descontrole las noches de luna llena. No será fácil convivir con él, pero estoy dispuesta a intentarlo… si él me acepta.
-No estaba pensando que no le merecieras, Tonks –replicó Sirius, un poco enfadado de que ella pensara que la defendía a ella en lugar de a él-. Remus es mucho mejor de lo que la mayoría de la gente cree. Jamás se me ocurriría subestimarle.
-¿Entonces? –preguntó ella-. ¿Cuál es el problema?
Sirius lo pensó un momento.
-No sé si él está preparado para… iniciar una relación ahora.
-¡Preparado! ¡Tiene casi cuarenta años, Sirius! ¿Cómo no va a estar preparado?
-No lo digo por la edad.
-¿Entonces por qué lo dices? ¿Acaso crees que no desea tener una mujer joven a su lado que le quiera y le demuestre cada día que es importante para alguien? ¡Vamos! Sé cómo sois los hombres. Que sea más joven no supondrá un problema.
Sirius suspiró y volvió a sentarse. ¿Cómo podría hacérselo entender? No podía simplemente decirle que Remus y él estaban juntos… Sólo conseguiría hacerle daño y además ellos ya habían decidido mantener aquello en secreto. En cualquier caso tendría que hablar con él antes de confesar a Tonks que ellos eran pareja.
-A pesar de que pueda aparentar lo contrario Remus es una persona frágil. Suele hacerse el fuerte, pero sólo hay que rascar un poco en su coraza para descubrir al niño asustado que se esconde en su interior.
Prácticamente estaba pensando en voz alta, así que se sorprendió cuando ella le contestó.
-Eso ya lo sé. Sé lo que ha sufrido y me preocupa tanto como a ti. Sé que lo ha pasado mal y creo que yo puedo ayudarle a seguir adelante.
-No sé si es buena idea.
-¿Por qué? ¿Crees que me rechazará? ¿Que me dirá que no? ¡Todo el mundo necesita que le quieran!
-¡Él ya me tiene a mí!
Sirius se quedó quieto cuando soltó el grito. Tonks lo miraba sorprendida.
-Sé que le quieres, Sirius, pero no me refiero a esa clase de cariño.
No le gustó que sonriera así, como si intentara explicar algo a un niño pequeño… como si sintiera lástima por él. Estuvo a punto de contestar, a punto de decirle que era precisamente de esa clase de cariño de lo que estaban hablando. Que Remus ya le tenía a él y no le hacía falta una niña de pelo rosa para demostrarle lo que era amar y ser amado. Merlín, podría contarle cosas que habían hecho que harían que el menos puritano se sonrojase.
-Él está bien como está –replicó con voz seria.
-¿Cómo puede estar bien viviendo en esta casa? –protestó ella señalando a su alrededor con un gesto de asco.
-¡Yo también vivo en esta casa!
-Sí, bueno, pero es tu familia, no la suya –Tonks se había puesto en pie y tenía sus pequeños puños apretados-. Tú no tienes elección, pero él sí.
-Vive aquí porque él quiere.
-¡Vive aquí porque le das lástima! ¿Es que no te das cuenta? Eres el único amigo que le queda, el único vínculo con su pasado, con los momentos más felices de su vida. Por eso sigue a tu lado. ¿Qué le retendría aquí si no?
Sirius no supo qué contestar a eso. Bajó la mirada a la alfombra y trató de que no se notara lo mucho que le afectaba aquella conversación.
-Es hora de que él haga su vida. No puedes esperar que esté siempre a tu lado, Sirius. Ya no sois niños.
Sirius se mordió los labios sin saber qué contestar.
-Si de verdad sois amigos, y sé que es así, querrás que sea feliz. Si de verdad sois amigos… lo dejarás marchar.
Un golpe al otro lado del pasillo hizo que los dos alzaran la cabeza.
-¿Es él? –murmuró ella.
Se escuchaban los pasos acercándose a la habitación.
-¡Sirius, he vuelto! –la voz del licántropo les llegó desde el pasillo. Sirius se puso en pie y Tonks se quedó donde estaba, mirando hacia la puerta, esperando que él entrase-. Lo siento, la reunión se alargó un poco, pero podemos… Ah –se detuvo cuando vio a Tonks en la habitación, sorprendido de encontrarla allí-. Hola, Tonks. No sabía que estabas aquí, ¿qué tal estás?
-Bien, Lupin. Gracias. ¿Y tú?
-Bien –Remus miró a Sirius, como si quisiera preguntarle qué pasaba allí y porqué estaba ella en la casa-. Si estáis ocupados…
-No –dijo Sirius caminando para ponerse a su lado-. De hecho ya habíamos acabado, ¿verdad, sobrina?
-Sí –replicó ella nerviosa-, sí, yo ya me iba.
-¿No te quedas a cenar? –la pregunta de Remus era mera cortesía, pero Sirius no pudo evitar sentirse un poco celoso por la propuesta. Lo que menos le apetecía era que Tonks se quedara y echara a perder una de las pocas ocasiones que tenían de encontrarse a solas. Además, no soportaría verla coqueteando con él, batiendo sus pestañas como una niñita de colegio.
Pero al parecer el destino, o quien fuera, decidió ponerse de su parte.
-Ah, no, mejor no. Les dije a mis padres que hoy cenaría con ellos, últimamente estoy tan ocupada que apenas los veo... Pero tal vez podamos quedar otro día.
-Claro –sonrió él-. Cuando quieras.
-Te acompaño a la puerta –interrumpió Sirius.
-Gracias, Sirius. Nos vemos otro día, Lupin.
-Hasta pronto, Tonks.
Sirius guió a su sobrina hacia la salida antes de que cambiara de opinión y decidiera quedarse. Cuando estaban en el pasillo, cerca de la puerta de entrada, ella se giró y le plantó cara.
-¿Me guardarás el secreto? No quiero que él sepa nada todavía. Prefiero decírselo yo un día de estos, cuando estemos solos.
-Claro, sobrina.
-Espero tener el valor de confesárselo pronto.
La sonrisa de Tonks estremeció a Sirius, que apretó los dientes para contenerse y no decir algo de lo que luego tuviera que arrepentirse.
-Adiós, Tonks.
-Adiós, Sirius.
Y guiñándole un ojo desapareció.
.
-¿Qué hacía aquí?
-Creía que había reunión esta noche, ya sabes lo despistada que es.
-Y la has invitado a una copa.
-Bueno, ya que estaba aquí decidí ser amable.
Remus se quedó mirándole mientras Sirius pasaba a su lado sin detenerse.
-¿Llegó sin avisar? Esperemos que no se convierta en una costumbre o tendremos que dejar de hacerlo en la cocina.
-Sí.
Remus frunció un poco el ceño al ver que Sirius apenas le prestaba atención.
-Oye, ¿te pasa algo? Estás raro. ¿De qué estabais hablando?
-Nada importante, no tienes que preocuparte.
-¿Que no tengo que preocuparme? ¡Ni siquiera me has mirado desde que he llegado!
-Sí te he mirado.
-Sirius…
-¡No pasa nada!, ¿vale? ¡NADA! Vino aquí y hablamos, es todo.
Remus enmudeció, un poco asustado por su grito, pero enseguida se repuso.
-Vale –murmuró algo resentido-. Lo que tú digas, Sirius. Si no quieres contarme de qué va no lo hagas.
Iba a marcharse cuando la voz de Sirius le detuvo.
-¿Eres feliz aquí?
-¿Qué?
-Conmigo –explicó Sirius con seriedad-. En esta casa.
-¿A qué viene esa pregunta?
-¿Dudas al contestar?
-No dudo en nada, Sirius. Sabes que estoy aquí porque quiero. Porque TE quiero. No creía que tú tuvieras dudas con eso.
-¿Entonces no lo haces por lástima?
Remus se acercó y se detuvo a tan sólo unos centímetros de él.
-No. No lo hago por lástima. ¿Cuál es el problema?
Su voz sonó preocupada y Sirius tuvo que contenerse para no abrazarse a él, desesperado. Él le devolvería el abrazo, lo estrecharía contra su pecho y le diría que no había que preocuparse, que siempre estaría con él… pero sería un poco patético.
-El problema es que no quiero perderte –aseguró con voz firme, procurando que no le temblara la voz.
Remus alzó las cejas, pero enseguida el gesto de sorpresa fue sustituido por una sonrisa que intentaba transmitir tranquilidad.
-No vas a perderme, Sirius. No voy a ir a ninguna parte.
-¿Y si encuentras a alguien mejor? –insistió él.
-No digas tonterías…
-¡Eres mío! –exclamó Sirius agarrándolo de la chaqueta-. Sólo mío, Remus. Yo te vi primero, fui yo el primero en besarte de verdad y el primero en acostarme contigo. ¡Yo! No voy a dejar que nadie se te lleve ahora. Tuviste doce años para pensarlo, si en ese tiempo hubieras encontrado a otra persona yo me habría alejado con el rabo entre las piernas, ¡pero no lo hiciste! Fuiste tú quien me buscó y quiso que siguiéramos como antes. Tú querías que volviéramos a estar juntos, y no me pareció buena idea al principio, porque no me veía preparado para volver a enredarme contigo, pero lo hicimos y fue maravilloso y ahora no puedo parar, ¿lo entiendes? No puedo perderte, Remus, no quiero que te marches.
-No voy a marcharme a ningún sitio –protestó Remus un poco sorprendido por el excitado discurso-. ¿Qué te hace pensar que voy a hacerlo?
Sin soltar la chaqueta Sirius apartó la vista, avergonzado por su reacción.
-No lo sé.
-Escúchame bien –dijo Remus con voz firme-. No voy a abandonarte. Nunca. Paso en esta casa todo el tiempo que puedo y lo hago porque quiero. Nadie me obliga a estar contigo, Sirius. Te elegí hace mucho tiempo y ni una sola vez me he arrepentido por ello. Así que deja de preocuparte por cosas que no van a pasar y bésame, porque estoy cansado y llevo todo el día esperando el momento de volver a casa.
Con un gemido desesperado, Sirius lo agarró por la nuca y lo besó en la boca, con fuerza, como si quisiera demostrarle que era suyo, sólo suyo y que no pensaba dejarlo escapar nunca. Tonks no suponía una amenaza, al menos mientras él estuviera vivo y Remus siguiera siendo el hombre apasionado y dulce que le robaba el corazón a cada instante.
-Te quiero –murmuró entre besos.
-Lo sé.
-No. No lo sabes. Crees que lo sabes pero no es así. Te quiero. Te quiero tanto que no puedo respirar si no estás. Te quiero, Remus. Te quiero –cada frase la acompañaba de un par de besos-. Déjame demostrártelo.
-Sí –murmuró el licántropo totalmente excitado-. Demuéstramelo.
.
Una semana después Sirius estaba muerto.
De repente, todo cambió para Remus: la única persona que de verdad le importaba había desaparecido para siempre detrás del Velo del Departamento de Misterios. La Guerra se había desatado por fin, la gente moría cada día, la mayoría sin motivo, los niños debían crecer deprisa para enfrentarse a su futuro.
Con Sirius muerto todo se convirtió en rutina y en seguir adelante como fuera, paso a paso. Y ella era la única que estaba allí, la única que le preguntó cómo se sentía, tan parecida a Sirius, tan enamorada, tan consoladora…
Y cuando quiso darse cuenta era tarde.
Continuará.
N/A: Hemos llegado al punto de partida de esta historia. Sé que muchos pensaréis que todo ha acabado, pero no es así. Esto no es un Remus-Tonks, sino un Sirius-Remus, así que os aconsejo que me deis una oportunidad. Seguid leyendo, porque Sirius aún no ha dicho la última palabra.
Gracias especialmente a Ammonie, Dzeta, gaiadarkness, Yukiyo.chan, Helen Black Potter, Suiris E'Doluc, Rei Nami de Asakura, Maijo y arabellaw por vuestros reviews. Son el aliento que me anima a seguir escribiendo.
Nos vemos en el próximo capítulo. Esforzaos en sed felices.
