Circulo: Vicio Tsun.


Atado a un sádico bastardo.

2. Aprobación.

— ¿Qué crees que estás diciendo, Kyoya?—gritó su madre levantándose, sin importarle que un mechón de cabello se le escapará del tan perfecto amarre que se había hecho. La sorpresa en su rostro era evidente.

¡Amante, su hijo había dicho amante! ¡Amante de un hombre! Debía estar bromeando, seguro que sí; sin embargo, en el fondo sabía que no era así, Kyoya no bromeaba.

— ¡Retráctate ahora mismo!—ordenó, furiosa. ¿Quién se creía su hijo para arruinar el apellido Hibari de esa forma? ¿Qué no sabía cuánto les había costado a su padre y a ella llegar hasta dónde estaban?

—Hnf. —resopló. Los ojos azules de Kuriko, se dirigieron a las manos de ambos jóvenes, aún juntas.

—Tú…—la madre se dirigió a Gokudera. Aunque no lo admitiera, el italiano pasaba grandes dificultades intentando no desviar la mirada de ambos adultos, y es que, muy a su pesar, daban miedo. Miedo de ese que te hacía paralizarte.

¡Todo por culpa del bastardo de Hibari! ¿Qué demonios había pensado al decir aquello?

— ¡No es…!—intentó en vano tomar la palabra, pues el padre de Hibari se había acercado al prefecto, dándole segundos después una sonora bofetada. — ¡Hibari!—por inercia se movió hacia adelante, buscando… ¿buscando qué?

Kuriko le mando una mirada gélida, que lo hizo estremecerse en sus adentros. Por lo que se mantuvo en su lugar.

— ¿Qué fue eso? Te morderé hasta la muerte. —amenazó el moreno. Hayato se llevó una gran sorpresa al no encontrar una mirada de enojo en sus ojos.

¿Acaso la familia Hibari tenía la maldición de los ojos sin vida? ¡Todos se mandaban miradas sin sentimientos entre sí!

—Quiero ver que lo intentes, Kyoya. —le gruñó su padre, sin bajar en ningún momento la mirada.

Como si fuera el detonador, Gokudera se interpuso entre ambos; ¿qué demonios intentaban hacer ese par de sádicos? Si dejaba que continuaran, uno de ellos acabaría gravemente herido o peor.

— ¡Ya basta, maldición!—gritó, haciendo a Hibari para atrás. Volteándose después para encarar al padre del bastardo, aunque siendo honestos, se sentía como un conejo rodeado por depredadores.

—No te metas. —protestó Hibari. Gokudera le mandó una mirada fulminante; ¿quién se creía para darle ordenes? ¡Encima que intentaba ayudarlo!

—Me meto porque me incumbe, bastardo. —le dijo, enojado. — ¡No es lo que ustedes piensan!

Aquello sin duda enojo a Hibari.

—Es lo que piensan. —intervino, mirando fijamente a su amante. —A menos que me digas que te acuestas con cada herbívoro que se te cruce por la calle. —concluyó. Irritándose infinitamente por la idea.

¡Imbécil, no estas ayudando en absoluto!—Si las miradas de Gokudera mataran, estaría en el núcleo de la tierra. — ¡No te enojes por algo que inventaste!

Lo dicho por Hibari no pasó desapercibido por los padres del mismo. Su madre llevó una mano a la boca, indignada.

— ¡Acostarse!—por la impresión se sentó en el sofá. — ¡En mi casa!

—Hnf. —resopló de nuevo el prefecto, cruzándose de brazos.

— ¡Fuera de mi casa!—exclamó su padre, señalando la puerta de la salida. De su boca casi salía espuma por la rabia que sentía.

Bien, ahora tenía dos opciones. Podría irse y dejar que el prefecto sádico lidiara con eso; después de todo él era una víctima, aunque lo tacharan de culpable, era una víctima. O…, podría llevarse al prefecto con él.

Al final, después de que su cerebro analizará la situación a la velocidad de la luz. Tomó una decisión, sabiendo que se arrepentiría mucho después.

—Va-vamos Hibari.

La mirada que le dirigió Hibari, fue una extraña y ciertamente escalofriante si la analizaba. Sorpresa. Por momentos, Hayato se vio perdido en aquella nueva expresión que el prefecto había 'desbloqueado'.

—Él no irá a ninguna parte. —dijo su padre, haciendo que Gokudera dejara de mirar a Hibari. —Sólo quiero que te vayas tú, pequeño anormal.

¿Ah, quién se creía ese bastardo para llamarle así? ¡Lo mandaría a volar! Ya había estado aguantando mucho desde comenzaron a hablar.

Al ver que el albino no se iría por las buenas, el padre de Hibari quiso tomar su brazo para sacarlo, incluso si era por la fuerza; pero no espero que la mano de su hijo lo detuviera.

—No lo toques. —amenazó, volviendo a la voz gélida. —Es mío.

Imitando la acción que tenía pensado hacer su padre, Hibari tomo el brazo de Gokudera y sin darle una mirada a alguno de sus dos progenitores, salió. No escuchó a sus padres seguirle, o gritarle, pero bueno, eso ya se lo había esperado.

Después de caminar unas cuantas cuadras, hacía Namimori por supuesto. El guardián de la nube se detuvo, encarando a Gokudera, quien no había intentado zafarse por mera consideración al prefecto.

Perder a los padres no era fácil, y eso lo sabía bien.

—Llévame a tu departamento. —ordenó, cruzándose de brazos. —Me quedaré allí.

¿Eh? ¿Qué no estaba al menos un poco triste por haberse separado de sus padres? ¿Nostálgico, quizás? ¿Un poco indignado? ¿Furioso tal vez?

— ¡Ni en mil años, bastardo!—gritó, apartando su brazo del agarre. Estaba furioso, se había preocupado por nada, el maldito sádico estaba perfectamente bien. Pues bien, si se encontraba bien podía irse a la mierda.

Hibari afiló la mirada, provocando que la tormenta estallara más. ¡Se atrevía a amenazarlo, será bastardo el cabrón! Después de joderle el culo, de exponerlo como su amante y decir que pasaron la noche juntos, ¡él muy bastardo intentaba amenazarlo!

¡Tenía demasiadas agallas el infeliz!

—No protestes o te morderé.

— ¡Pues hazlo, no me importa!—exclamó, hirviendo en rabia. ¡Lo hubiera dejado con sus padres!

Una fría sonrisa se formó en el rostro de Hibari. — ¿No te importa, Gokudera Hayato? Te advierto que está vez no tendrás fuerzas para ponerte de pie.

La cara del italiano estalló en colores, está vez de vergüenza. Apretando los puños, e intentando con todas sus fuerzas no lanzarle dinamitas y metérselas por donde no hubiera luz del sol, junto todo el aire posible en sus pulmones, y gritó:

— ¡Vete a la mierda!

Una hora después se vio teniendo al prefecto en su pequeña sala de estar, sentado en el sillón para dos personas, leyendo una revista de UMA's que había comprado el mes pasado; parecía un poco curioso por eso, sin embargo a veces soltaba pequeñas sonrisas llena de burla.

¡No comprendía nada, por eso se burlaba!

En la cocina, Gokudera lo miraba. Inspeccionándolo, furioso. Aún no habían discutido sobre el asunto de la noche/mañana, y pensar en eso, que le entrego su cuerpo a Hibari lo ponía de malas; porque no se le hacía asqueroso, en cambio, se le formaba un revoltijo nada agradable en el estómago, y el rubor se colocaba en su mejillas.

¡Era jodidamente horrible!

Además, le preocupaba el asunto del Décimo. ¿Qué pasaría si se enterara? ¿Lo desterrarían de Vongola tal y como pensó? Soltó un enorme suspiro, sin quitar la mirada de Hibari. No recordaba nada de lo que habían hecho, pero el dolor de su trasero seguía, así que el prefecto no le había mentido; pero… si Hibari no había tomado nada, ¿por qué había hecho eso con él?

—Desde hace un rato me estás mirando. ¿Qué quieres?—preguntó el prefecto, dándole una mirada inexpresiva desde donde se encontraba.

Gokudera parpadeó, después desvió la mirada. — ¡Nadie te está mirando, idiota! —respondió, enojado.

Hibari no volvió a decir nada o a siquiera prestarle atención.

Al pasar las horas, las miradas dominaban el lugar, unas más indiscretas que otras. Aunque toda esa guerrilla termino cuando Hibari comenzó a pasearse por toda la casa. Quitaba y volvía a colocar en su lugar las cosas, abría cajones para después volver a cerrarlos; Gokudera no alegó nada en ese rato, seguro que el bastardo estaba demasiado aburrido.

Cuando entró a la habitación del italiano, notó que para su sorpresa estaba ordenada. Una parte interna le sonrió, la verdad es que no pensaba que el italiano fuera tan ordenado. De hecho habría afirmado que sería un completo caos su departamento, con basura y ropa por todos lados.

No tardó ni treinta minutos en registrar cada rincón de la habitación de Gokudera. Sabiendo donde guardaba toda su ropa, accesorios, y demás, incluido el porno, que fue lanzado poco después por la ventana. Después de todo era su amante y, sí iba a vivir con él, ya no necesitaba cosas como chicas desnudas para satisfacerse.

Y una hora después, se encontraba sentado en el sofá, mientras Hayato dormitaba en el otro, notablemente aburrido. Seguramente ahora mismo debía estar con el herbívoro Vongola y el bebé. Qué pena por ellos, porque las cosas cambiarían de ahora en adelante.

El timbre sonó, alertando todos los sentidos del bombardero, más cuando escuchó la voz de Yamamoto tras la puerta. Dudando si debía abrir, o dejar que Yamamoto se fuera pensando que no estaba, Hibari no le dio tiempo de decidir, pues ya le había abierto la puerta.

— ¡Gokudera, traje sushi…! ¿Hibari?—decir que Yamamoto estaba anonadado, era poco, muy poco.

— ¿Qué quieres aquí, herbívoro beisbolista?—preguntó, afilando su mirada. ¿Quién le daba permiso de visitar al otro en días normales?

— ¿Qué haces aquí? —su mirada de sorpresa, cambio a una de preocupación. — ¿Gokudera está bien?

Hayato no sabía dónde ocultarse para no tenerle que dar explicaciones a Yamamoto. ¿Por qué había tenido que venir el idiota del béisbol justo ese día? Y peor aún, ¿quién se creía Hibari para abrir la puerta de su departamento como si fuera su casa?

—Hnf. —la mirada de Hibari era igual a mil cuchillas atravesando el cuerpo de un nervioso Takeshi. — ¿Y a ti que te importa, acaso te gus-?

— ¡Estoy muy bien, maniático del beisbol!—gritó, apareciendo de repente, al intuir las palabras de Hibari. ¿Es que acaso ese bastardo no conocía la palabra prudencia?

— ¡Gokudera!—sonrió al verlo, irritando al prefecto. — ¿Paso algo?

—N-Nada. —rechistó, mirando a otro lado. — ¿Qué es lo que quieres?

—Mi padre me dio comida de más. Así que pensé en ir a la casa de Tsuna, pero recordé que seguro seguían agotados por la fiesta de ayer; así que como ayer te fuiste, supuse que te sentirías solo, por eso vine. —explicó, con una enorme sonrisa al final. —Por cierto, ¿te encuentras bien? Ayer Sasagawa te dio un poco de algo, y como una hora después te saliste. Tsuna se preocupó porque no te despediste.

Al escuchar lo último, Hibari pudo asegurar que había visto una cola y orejas imaginarias salir de Hayato.

¡El Décimo se preocupó por mí!

—Eh… ¿puedo pasar?—preguntó, mirando a Hibari; pues algo le decía que era mejor preguntarle a él que a Gokudera.

Ambos morenos se miraron por varios segundos. Al final, Hibari cerró la puerta.

¿Quién se creía ese herbívoro beisbolista? ¿Y sino hubiera estado él? Seguramente Gokudera Hayato lo hubiese dejado pasar, y habrían rodado cabezas si hubiera pasado algo más.

— ¡Bastardo! ¿Qué crees que haces? No actúes como si fuera tu casa. —regañó, abriendo la puerta a un decaído Yamamoto. —Pasa idiota del beisbol. Sería una pena desperdiciar todo el pescado que traes.

Una nueva sonrisa se formó en el rostro del guardián de la lluvia, quien sin dudarlo, y para que Gokudera no se enfadará o cambiara de opinión, entró de inmediato. Sin embargo, después de establecerse, Takeshi jamás sintió tantas ganas de irse de un lugar como aquella vez. Mientras estaban comiendo, recibía excesivas preguntas de Gokudera sobre Tsuna, y por el otro lado, miradas llenas de recelo y enojo por parte de Hibari.

Nunca se alegró más de irse de ahí.

Pero a mitad de camino, volvió a preguntarse qué hacía Hibari allí. Todo el mundo sabía que Hibari siempre patrullaba la escuela, incluso en días no hábiles, verlo tomar un descanso era extraño…y un poco perturbador.

No obstante, Gokudera parecía feliz.

Y para ser sinceros era lo único que importaba.


¡Y Yamamoto dio su aprobación!

Pobrecito, tener que soportar solo a esos dos, es mucho. Incluso para el feliz Takeshi :D

Lo sé, es un poco extraño como se van desarrollando las cosas. Quiero decir, Gokudera ni siquiera puso atención cuando Yamamoto le dijo que se fue sólo x'D ¿Cómo habrá aparecido Hibari?

Y sí, tal vez Hibarin se esté comportando de manera extraña. Pero siempre he pensado que si Kyo tuviera una relación sería sumamente posesivo y celoso uwu

Por si las dudas, no, Yamamoto no se dio cuenta que son… bueno, lo que sea que sean esos dos. Simplemente piensa que Gokudera consiguió otro nuevo amigo ~

Sí, claro. Amigo.

Pasando a otras cosas, me alegro de que este Fandom no este abandonado ;)

Gracias a Criss G.R, Anonima Traumada, gokkun, satorichiva, Once L, Kia-chan kuchiki. Por sus lindos comentarios.

¡Gracias por leer y comentar!

Con cariño,

MimiChibi-Diethel.