"Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas"
Antes de que comiences a leer, necesito dar algunas recomendaciones y avisos:
1. Al final de cada capítulo dejaré el título del siguiente, para que puedan imaginarse cómo sera el siguiente capítulo. Se aceptan teorías y conjeturas, ya saben donde dejarlos :3
Bueno, eso es todo, disfruten del capítulo.
Capítulo II : La estación de tren
Crookshanks saltó hacia el interior mientras Hermione seguía paralizada debajo de la puerta, aferrada aún al pomo. ¿La razón? Hermione había reconocido la habitación, era de uno de los prefectos como lo había sospechado desde un inicio, el dormitorio era de Draco Malfoy.
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Si me encuentra, no saldré viva de aquí— pensó la castaña. Estuvo a punto de dar media vuelta y dejar a Crookshanks ahí, pero una pequeña vocecilla en su mente le insistía que debía descubrir la razón por la que su gato la había llevado ahí; así que sin vacilaciones dio un paso hacia el interior y cerró la puerta tras sí.
La habitación era grande y espaciosa, así como la que ella poseía; pero la diferencia era que la de Malfoy era lujosa.
El cuarto poseía un aura sofisticado; las cortinas eran color verde botella, había una alfombra gris cubriendo todo el piso; las sábanas tenían tonalidades diferentes tonalidades de verde y eran de seda. Hermione debía admitir que el Slytherin tenía buenos gustos en la decoración.
La habitación era hermosa, pero algo llamó su atención, en la mesa de noche había un cofre negro con las iniciales D.M grabadas en la parte superior.
Sabía que no debía, pero... por Merlín, ¿Cómo resistirse a la curiosidad que me carcomía por dentro?, si se iba de allí no iba a poder descansar pensando en lo que había dentro del cofre, así que antes de que se arrepintiera, se acercó al cofre y lo abrió...
No sabía lo que esperaba encontrar, tal vez alguna reliquia de la familia Malfoy o un artefacto de Borgin & Burkes, pero por su cabeza jamás pasó la idea de que dentro encontraría un sobre.
El sobre era de color negro con detalles plateados, era un sobre parecido al que Dumbledore había usado para la invitación del baile de Los Tres magos.
Extrañada, Hermione se sentó en la cama del Slytherin, agarró el sobre con cuidado y lo abrió…
Dentro del sobre encontró varias cartas.
Malfoy, ¿Guardando cartas? – pensé.
Todo esto era tan raro e inusual que la castaña que decidió agarrar la primera carta y leerla, sólo para asegurarse que no había nada oscuro, de Malfoy se podía esperar cualquier cosa.
(...)
1° Carta.
Estaba caminando, con la cabeza en alto y el cabello peinado hacia atrás, había personas que me saludaban, eran trabajadores del Ministerio que caminaban apresuradamente para despedirse de sus hijos, yo les devolvía el saludo. Conocía a muchos trabajadores del Ministerio, especialmente a los de alto rango, ya que mi padre solía llevarme al Ministerio. Caminaba abriéndome paso por la abarrotada estación, llena de niños y familiares que transportaban sus baúles y mascotas con algo de dificultad; pero sin necesidad de golpear o pedir permiso a alguien, ya que al pasar todos se alejaban con expresión de miedo y respeto.
Yo sabía que la reacción de las personas era debido a mi padre Lucius Malfoy, él y mi madre, habían decidido acompañarme a la estación, pese a la discusión que había tenido unos meses atrás sobre en qué colegio estudiaría. A mí no me importaba, lo único que quería era irme de Malfoy Manor, no es que yo odiaba a mis padres, al contrario, los admiraba, sobre todo a mi padre; pero estar encerrado en casa, a pesar de todos los sirvientes, elfos y dinero que yo podía disponer, era muy aburrido.
Aún recuerdo esa discusión perfectamente, yo estaba escondido en la cocina, agarrando algunos dulces cuando comenzó todo.
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—Draco no va a ir a Hogwarts, no permitiré que vaya a un colegio donde dejan entrar a cualquiera — exclamó Lucius.
—Y a ¿dónde quieres que vaya?—repuso Narcissa.
—A Durmstrang, en ese colegio enseñan las Artes Oscuras, sólo entran los magos de sangre pura, y el director es Igor Karkaroff, un amigo mío.
—Pero Durmstrang está muy lejos, y él aún está muy pequeño para irse tan lejos—objetó Narcissa
—Draco debe aprender a valerse por sí mismo—exclamó Lucius molesto.
—No se irá lejos, irá a Hogwarts y fin de la discusión—repuso Narcissa, y no escuché más de la conversación, pero era bastante obvio que mi madre había dicho la última palabra.
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Llegamos al expreso de Hogwarts temprano, ya que mi padre debía partir al Ministerio porque había recibido una lechuza urgente que lo había citado a las 11am, la misma hora en la que el tren partía.
Antes de venir aquí mi padre me había hablado sobre Hogwarts, un lugar donde entraba todo tipo de personas, desde gente astuta e importante, hasta gente sin talento y sin dinero, como los Weasley, una familia bastante numerosa, pelirrojos, que a la justa les alcanzaba para comer y usaban ropa de segunda mano; mi padre los despreciaba.
También se rumoreaba, según había escuchado en el Ministerio, que ese año iría a Hogwarts Harry Potter, el niño que vivió. Mi padre me había contado su historia, y me había dicho que en lo posible me convirtiera en su amigo.
—Enorgullece a la familia, Draco—se despidió Lucius Malfoy con un leve apretón de hombro.
—Lo haré, padre—exclamé.
—Cuídate hijo, y escríbenos—exclamó mi madre, mientras me daba un abrazo,
A pesar de todo lo que sabía sobre Hogwarts, desde fantasmas volando por todas partes, hasta la existencia del Bosque Tenebroso; estaba un poco nervioso. Subí al tren, mientras buscaba un compartimiento, seguramente Crabbe y Goyle, un par de tontos, pero intimidantes, me buscarían después.
Estaba buscando un compartimiento, en lo posible cerca del carrito de comidas, cuando la vi.
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Ella estaba de espaldas, con la túnica puesta, me extraño eso ya que generalmente los estudiantes se ponían la túnica llegando a Hogwarts, pero el tren aún no partía y ella ya tenía la túnica puesta. Su aspecto era extraño; me quedé mirándola fijamente pensando en algún comentario mordaz que podría hacerle cuando ladeó su cabeza, dejándome ver su perfil.
Tenía una cara redonda e infantil, con sus pómulos ligeramente rosados, pero sin duda lo que me dejo atónito fueron sus ojos. Sus ojos resaltaban, eran de color chocolate, nada especiales, pero tenía un brillo en los ojos que jamás lo había notado en otra persona.
No supe que decir, de la nada, todos los insultos que habían pasado por mi cabeza unos segundos atrás se habían esfumado... Me quedé estupefacto, observándola, hasta que ella se fue.
Supuse que la vería después, ya que por su túnica, era seguramente de primer año, por lo que deje de prestarle atención y retome mi búsqueda de un compartimiento.
...
...
Hermione no entendía nada, ¿Malfoy había escrito una carta? Y no solo eso, sino que el mismo ser ególatra, narcisista y arrogante hablaba sobre una persona que no era él. ¿Quién podría ser? ¿Quién era la niña misteriosa de quién hablaba Malfoy?
¿Cómo una persona fría y con el corazón de piedra podía escribir sobre alguien más? No era de una forma romántica o oscura, pero hablaba curiosidad y Malfoy no se caracterizaba por eso precisamente.
Malfoy era una persona fría y sin sentimientos, demasiado presuntuoso por su estatus social y por venir de una familia de sangre pura, una persona que se sentía mejor insultando a las personas que consideraba inferior a él.
En otras palabras un completo idiota.
No obstante... la castaña debía admitir que el Slytherin era algo atractivo, su piel pálida, como la de un vampiro, contrastaba con su cabello rubio platinado, dándole un aspecto varonil; su pose aristocrática y su forma de caminar irradiaba un aura enigmática. Pero sobre todo, sus ojos grises como el hielo, eran como ventanas impenetrables que irradiaban peligro.
Pero en qué estás pensando Hermione—se reprendió a sí misma.
Observó sui reloj, aún tenía tiempo antes de que el partido de Quidditch comenzara, por lo que decidió leer un par de cartas más para saber las verdaderas intenciones de Malfoy, además aunque no lo quisiera admitir, muy dentro de ella quería saber sobre quién hablaba Malfoy, aunque eso significaba invadir su privacidad.
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Draco y Blaise se levantaron de la mesa de Slytherin para dirigirse a los vestidores, dando como última indicación al resto del equipo que después de desayunar, se dirigieran a la parte trasera de los vestidores para planear la estrategia.
Ese año los golpeadores era Crabbe y Goyle, aunque tuvieran la coordinación de un mono con epilepsia—pensó Draco— su compostura y tamaño los hacía ver intimidantes; el guardián era Theodore Nott, un chico que a pesar de que era muy callado, había demostrado tener aptitudes para el Quidditch, además antes de que Draco tuviera su habitación de prefectos, había compartido dormitorio con él, y eso había hecho que se formara una amistad entre ellos dos.
Los cazadores eran Spencer, un chico presumido, pero con grandes habilidades para las artes oscuras y el Quidditch; Blaise y Derrick; y por supuesto el buscador era Malfoy.
Draco y Blaise, atravesaron la puerta del gran comedor, y pasaron por el hall, cuando Zabinni chocó "accidentalmente" con Harry Potter.
—Fíjate por dónde vas Potter.
—Zabini, no tengo tiempo para pelear contigo—repuso Harry cortante.
—Oh!... No sabía que tenía que sacar cita para hablar con el gran Harry Potter—comentó Blaise con ironía.
—Ya déjalo Harry—dijo Ron—No le hagas caso.
—Pero mira quién salió a defenderte, el pobretón—siguió Blaise con burla—¿Acaso tus padres no te enseñaron que no debes meterte en conversaciones ajenas?
—Dudo que hayan podido enseñarle modales, si a la justa tenían para comer—comentó Draco con desdén.
Ron se puso rojo como un tomate, y al mismo tiempo Draco, Ron y Harry sacaron sus varitas de sus túnicas, apuntándose entre ellos sin dejar de mirarse.
—¿Qué esperas comadreja? ¿Acaso no puedes ganar un duelo sin que Potter te ayude? — espetó Draco, mientras una mueca, parecida a una sonrisa, se dibujaba en su rostro.
—No necesito la ayuda de nadie hurón—atacó Ron—En cambio tú, no puedes amenazar a alguien sin tener a Crabbe y Goyle flanqueándote.
—Me parece que además de pobre eres ciego, no te das cuenta que ellos no están—contraatacó Draco
—Basta chicos—intervino Ginny, apareciendo de repente—¿No quieren que lo suspendan del partido, verdad?.
—Ginny tiene razón—dijo Harry mientras guardaba su varita—Vámonos Ron, hoy los machacaremos en el partido.
Ron bajó su varita, mientras que Draco se demoró unos segundos antes de hacer lo mismo.
—Adiós comadreja, ojalá no termines en la enfermería—pronunció Draco arrastrando las palabras.
—Lo mismo digo, hurón.
Bueno, ¿qué tal les ha parecido el capítulo? A mi me ha encantado la forma en la que Hermione piensa que Draco es atractivo xD. Muchas gracias por sus reviews, me emociono cada vez que recibo uno (: También quiero agradecer a las personas que han dejado sus críticas constructivas.
Espero no haberlos decepcionado con este capítulo, les prometo que el próximo será mejor, cuídense
Muchísimas gracias por leer!
Recuerden: La profesora Trelawney dice que si dejan su review, puede que Draco los acorralé en un pasillo de Hogwarts, lo que pase ahí, ya es su culpa xD
Casi lo olvido, el próximo capítulo se llama "Destinados a odiarnos"
"Travesura realizada"
