Cap. 2: Asentándose.
Ahora presento al elenco:
Reino Unido: el protagonista.
América: la pareja.
Francia: el mejor amigo del protagonista.
Alemania: como Jud Crandall, o sea el vecino de enfrente.
Italia del Norte: el conviviente. (ya saben a qué me refiero)
Japón: un enfermero.
Rusia: como Steve, o sencillamente un compañero cercano de trabajo de Arthur.
Austria: vive bajo el mismo techo que Alemania.
Prusia: lo mismo pero es más cercano a Austria (por qué será~)
España: igual vive bajo el techo de Alemania.
Italia del Sur: lo mismo.
Por ahora eso, los demás irán saliendo de a poco. Y ahora el capi.
~.~.~.~.~.~.~.~.
Después de ese momento de relajación, Arthur se sentó junto a Alfred en el pasto, viendo cómo los niños, jugando, se alejaban.
En ese minuto, Mattie, que estaba corriendo, se tropezó con una piedra, y cayó al suelo raspándose una rodilla, y como todo niño recurriendo al llanto como recurso, para llamar la atención de sus padres.
Alfred y Arthur, que ya habían previsto cómo acabaría el niño, antes que se cayera ya estaban a medio camino.
Alfred, sostuvo al pequeño, lo consoló y de paso besó la rodilla del pequeño, que se calmó al instante. Arthur por su lado fue a atender al pequeño Al jr. Que había sufrido la picadura de una abeja.
A diferencia de su hemano, éste no soltó un llanto como gemiditos tímidos sino que lanzó un grito espectacular que logró que todas las aves en un radio de 100 mts. Huyeran despavoridas.
Arthur ya estaba por llegar donde el niño, cuando vio que un rubio alto con peinado a lo militar cruzaba la peligrosa carretera, y sostenía a su pequeño.
Arthur mostró una pequeña mueca de ira, ya que un extraño estaba tocando a su bebé, y no sabía que intenciones tenía.
Casi como por arte de magia, apareció al lado del niño, el sujeto, se sentó en el suelo en posición india con el niño boca abajo apoyado en su rodilla izquierda, y con mucha habilidad, sacó algo minúsculo de la nuca del pequeño.
-Era un aguijón de abeja, menos mal que no es alérgico, si no qué tragedia hubiese ocurrido ¿no cree?- dijo el extraño rubio.
Le pasó al chiquillo, se levantó, se sacudió la ropa, y finalmente le ofreció la mano a modo de presentación:
-mucho gusto, soy Ludwig Beilschmidt, soy su vecino del frente, cruzando la carretera-
Arthur al ver que no era una mala persona, estrechó aquella mano, y se disculpó:
-disculpe, pensé que era… pues… esto, bueno …errr-
-¿un pedófilo?-
-¡no! Esto, yo, bueno…-
-no se preocupe, es normal, y el pedófilo no soy yo sino el español con el que comparto casa-
-ahh… usted es…-
-¿qué? ¿yo y el español…? ¡No! ¡ni muerto!, es sólo un amigo que vive con nosotros-
-"nosotros" ¿quiénes?-
-pues conmigo viven: mi hermano, su pareja austríaca, sus hijos, el español, su pareja italiana, sus hijos y …- se sonrojó al llegar a esa parte- mi,mi,mi,mimimimimimimi pa-pareja: Fe-feliciano Vargas, y mis hijos- agachó la cabeza avergonzado- por favor no piense mal, ya-ya sé que soy… bueno, ya sabe, ¿para qué decirlo?, pero no soy malo de verdad- un aura oscura lo rodeó- en serio-.
-ehh… no se preocupe ya que estoy en el mismo tren que ud. Señor Beilschmidt- se sonrojó y apareció la misma aura oscura sobre su cabeza.
-de cualquier modo me gustaría conocerlo mejor, quizá podamos ser amigos, cuando quiera venga a tomarse una cerveza a mi casa-
-de acuerdo-
Y antes de decir "España bastardo", Alfred junto a Mattie aparecieron junto a Arthur, sólo que, el primero, tenía una aura peligrosa alrededor.
-ohh… mucho gusto, ¿señor…?-
-Jones. Alfred Jones- soltó de sopetón.
-Alfred…- eso le afectó a Arthur, siempre que pasaba eso, algo lo hacía descontrolarse y olvidar quien era, después de todo, él era Inglés, modales y cortesía ante todo.
-…-
-…-
.
.
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-Mattie, por favor baja de los brazos de papá- susurró Arthur.
El niño obedeció a su mamá, y Alfred con un rostro confundido vio cómo su hijo iba donde su pareja.
-¿qué ocu…?-
Y con todo el aire que tenía en los pulmones, antes pidiéndole a su vecino que cubriera ojos y oídos de los niños, soltó:
-¡ALFRED F. JONES DEJA DE PONERTE DESCORTÉS CON CADA SER VIVO QUE HABLA CONMIGO A SOLAS ESTÚPIDO, IMBÉCIL DE MIERDA, MALDICIÓN!-
Para lanzarlo a volar a la estratósfera de un solo puñetazo… para caer en el patio de 500 hectáreas de su casa.
-dios- susurró el alemán- bueno ya me tengo que ir, recuerde mi ofrecimiento, en casa todos lo acogeremos como alguien de la familia.-
-gracias señor-
-dígame Ludwig para la próxima, adiós-
- adiós-
Arthur tomó a los niños, y caminó hacia la entrada de su casa. Alfred, como buen masoquista adora-esposo, no se quejó, lo disfrutó ya que era una rara muestra de cariño. Se reunió con Arthur y juntos accedieron al umbral de su casa.
-nuestra casa- dijeron los 3 al unísono.
-casa- dijo Al jr.
Todos lo miraron anonadados, era su primera palabra, y lo último fue un abrazo grupal, que llenó de ternura el ambiente.
