Bleach no es de mi autoría, le pertenece a Kubo Tite. Historia original, escrita por mí.

UNIVERSO ALTERNO, ubicado en el periodo Edo.

Nota: palabras en cursiva, memorias del pasado de cada uno de los personajes.

Introspección: día a día, la ira y el odio lo alentaban a ser el más fuerte. Lo único que deseaba era limpiar el nombre de sus padres, y acabar con el perjurio de sus nombres. Para lo único que la necesitaba, era para estar un paso más cerca de su venganza. Jamás se imaginó que llegaría a amarla...

Sumary: Venganza, era su ley. Amarla... era su destino.


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Lycoris Radiata

(Flor del infierno)

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Por Ireth I. Nainieum

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Capítulo II

La dama de las flores

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"Leve es la primavera, solo un viento que se va de árbol en árbol"

- Usada Aro -

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Primera semana de Marzo…

Fue el Seireitei, la Ciudad Estado donde una vez el gran Shōgun Yamamoto habito. Máximo gobernante del país, un líder único, que fue capaz de apaciguar las revueltas surgidas años atrás y que lamentablemente inestabilizaron al país; lo que facilitó la invasión de los extranjeros. Así como levantamientos internos de vasallos que trataron de tomar el poder. Fue gracias a su gran astucia y determinación, que ahora se gozaba de esa tan anhelada paz. El gran Shōgun estableció un estricto código de separación de clases, con el fin de lograr mantener la ocupación de ciertos puestos a individuos en los que sabía que plenamente podía confiar. Las clases altas, también estaban apostadas en ese recinto elegante, dejando a las clases inferiores en otros distritos.

Por sobre él, solo se alzaba el Kōtei (1), el gran señor ungido por los Dioses. Cuyo papel ahora había sido relegado a un mero espectador, sin poder alguno. Yamamoto, lo había exiliado en su propio Castillo. Prisionero, así se encontraba.

Genryūsai estaba sentado a inicios de marzo en el jardín el Castillo donde pasaba la mayor parte de sus días. Se encontraba apostado bajo la sombra de un enorme cerezo, mientras aguardaba el florecimiento de los árboles y el inicio de la primavera bajo la festividad del Hanami (2). Varios sirvientes les habían llevado sake y les sirvieron en los cuencos de porcelana, el Shōgun fumaba un poco en su larga kiresu (3). Depositó la ceniza en el cuenco y respiró profundamente el frío aire del invierno. Se encontraba acompañado de un familiar suyo, nieto de su exánime primo Ginrei, quien en vida fue pariente consanguíneo del Shōgun. La línea que unía al Clan Yamamoto con el Clan Kuchiki era delgada ahora. La madre de Ginrei había sido la hermana mayor del padre de Genryūsai, lo que hacía familia fraterna a los hombres, separados ya por dos generaciones. Aun así, el viejo y sabio gobernante se preocupaba por su única familia. Byakuya ostentaba el título como el líder del Clan Kuchiki, al ser la vigésima octava cabeza que la mandaba. Junto a ellos, se hallaba una mujer de piel morena con una singular mirada astuta. Ella amablemente había tomado la posición del paje y comenzó a verter ella misma el alcohol en la fina cerámica de los parientes. Despachando de esta forma al sirviente, para dar inicio a la conversación de ese día de marzo. Incluso algunos árboles, tenían en sus ramas la fresca nieve de la noche anterior, parecía que la primavera estaba lejos por llegar.

—El Hanami está por iniciar —espiró de su kiresu—, Byakuya —lo miro de reojo—. ¿Cuántas propuestas has recibido este año? —Indago el anciano.

—Solo una, señor —replico sereno al beber un poco.

La dama, soltó resopló de aburrimiento. Pertenecía a uno de los Clanes más antiguos del país y desde el ascenso del Shōgun había prestado incondicionalmente sus servicios. Yoruichi o "Diosa de la Velocidad", —dada su extrema perspicacia— se había ganado la aceptación del anciano dentro de su séquito más personal. Siendo la única mujer concejal de la Corte del Estado. Además, de que era una informante de primera clase en los asuntos interinos. Hacía un par de años por obligación, había desposado a un miembro del Clan Shiina, el cual cayó en desgracia y para evitar la misma suerte el Clan Shihōin movilizó el divorcio de la pareja. Por lo que al final del proceso, ella recupero su apellido de su Clan paterno. Y esta señora, aprendió muy bien su lección a la primera. Cuando los ancianos intentaron enlazarla por nuevamente estos fracasaron, al quererla unirla al Clan Ukitake. Era la segunda Noble que por el momento era la cabeza de algún Clan y ese poder no estaba dispuesta a cederlo; mucho menos a compartirlo.

—¿Uno? —Cuestiono ella misma impresionada.

En años anteriores había una larga lista de candidatos dispuestos a enfrentar en los Kettou (4) al General Kuchiki. Aunque, conociendo la suerte de esos sujetos dada la habilidad de Byakuya, esto no la sorprendía.

—¿Quién ha hecho esa oferta, General? —El Shōgun inquirió preocupado, evidenciado sus emociones a sus acompañantes.

—El Clan Ōmaeda —Byakuya depósito el cuenco en el suelo.

—No me digas que el gordo de Marenoshin (5) quiere que su hijo —Yoruichi miro al cielo, intentando recordar su nombre—… Marechiyo, se enfrente contigo —se rió disimuladamente—. ¡No me imagino a tu pobre hija desposando a ese sujeto, que lo único que le interesa es el oro! —Chistó con picardía al figurarse a la posible pareja—. ¡Eso sí que sería una tragedia! —Exclamo divertida.

Byakuya se mantuvo impasible ante la espera de las palabras del Shōgun. Sabía muy bien por qué había sido requerida su presencia, era para tratar el tema de su hija y los ya famosos Kettou.

—Tengo tu palabra de que no perderás contra él ¿Byakuya?— El Shōgun lo miro fijamente.

—Por supuesto, señor —inclino ligeramente su cabeza— no pretendo ceder la mano de mi hija a un Clan, de tan bajo nivel —enfatizó pesadamente— Rukia merece a un hombre mejor.

—Cuida tus palabras, Byakuya —el sabio y anciano hombre le indico con templanza—. Uno nunca sabe contra quien deberá aprender de ellas, no olvides que has desdeñado a tantos ilustres Clanes —contempló por un instante una diminuta rama que había caído en su cuenco—, no tan importantes como el tuyo —respondió el Shōgun, acabando con su kiresu.

—Hablando seriamente, Byakuya-bo. Tienes que ver seriamente con quien piensas desposar a tu hija —le sirvió más sake— a menos que desees que se convierta en una miko. (6)

—¡Shihōin —Siseo— mi hija, jamás se convertirá en una sacerdotisa de un templo Shinto!

Yoruichi, amplió una sonrisa sarcástica—. A este ritmo eso pasará —le indicó al señalarlo con uno de sus dedos—, pronto serán ya dos meses de su décimo octavo cumpleaños. De entre las jovencitas de su edad, es la única que aún no se ha matrimoniado.

Se enfrentaron visualmente, como lo habían hecho desde hacía varios años.

—Creí que no deseabas que cediese su mano tan pronto... —Le recordó sus propias palabras, las mismas que le había dicho luego de su divorcio.

Yoruichi había sido obligada a desposar a un hombre a una edad demasiado pronta. Algo de lo cual ella se arrepintió profundamente.

—Rukia-chan debe casarse y este año te has dado cuenta, que tus ofertas han disminuido. El próximo año ya no recibirás ninguna —exclamó tajante la mujer—. Tu hija se quedará como una "doncella virgen". Le ganaras fácilmente a Marechiyo, ¿y luego qué...? —Lo retó a que le dijese lo que realmente planeaba.

—¡Shihōin! —Espetó el General.

—Yoruichi-tono tiene razón, Byakuya —el anciano interrumpió esa tonta discusión, aunque eran adultos, juntos eran como dos niños—. Es necesario casar a tu hija —entrelazo sus dedos— y tú mismo te has limitado terriblemente en tus aspirantes —comentó con cierto cansancio que no pudo disimular—. Esa tontería tuya de pelear por el derecho de desposarla en los Kettou —negó suavemente con su cabeza—, te ha alejado a excelentes candidatos de las mejores familias.

—Solo los Generales tienen prohibido eso señor. Esa pauta, no ha sido marcada por mis designios.

Yamamoto se puso de pie y acaricio el tronco del árbol que le sirvió de soporte—. Es una ley que indique —suspiro— la de prohibir cualquier enfrentamiento entre los Generales del Seireitei —volteó hacia ellos—, por el bien de las Escuadras. Es bastante difícil el reemplazar a cualquiera con el rango de General, como ya sabemos bien —dejo pasar un tiempo, para que el hombre comprendiese sus duras palabras—. Necesito que me des el nombre sobre un posible candidato para la mano de tu hija —enfatizó ya sin mediar sus palabras—. Te recuerdo que aunque sea indirectamente, ella es mi bisnieta y deseo que case a un buen hombre, Byakuya.

—He pensado en mí Capitán... —había cierta duda en su mirada, no obstante se atrevió a responder— Abarai Renji —les informo y espero sus reacciones.

—¿Abarai-san...? —Exclamo impávida la morena—. ¿Lo consideras seriamente para formar parte del Clan Kuchiki? —Llevo impresionada sus manos a sus labios ya que no era común que alguien sin alcurnia pudiese convertirse en líder de un Clan—. No… no me parece una mala idea. A ese chico lo has visto crecer desde que tu abuelo lo tomo bajo su cuidado, hace casi quince años. Fue uno de los pocos sobreviviente de la masacre del Clan Kurosaki... —obligó a memorar la triste muerte de más de 500 seres— Hacía años que no recordaba ese día... —su mirada se tornó melancólica— Byakuya-bo —le sirvió más sake, para brindar con él— me parece que no has podido elegir a un mejor hombre.

—Lo mismo digo —hablo en anciano, aunque en el fondo tenía ciertas dudas—. Tu abuelo se encargó de entrenarlo desde niño y ha ido en un rápido ascenso por cuenta propia de Cabo, a Sargento, a Subteniente, a Teniente y ahora a Capitán en un corto tiempo. Espero que hagas la noticia oficial cuando terminen las festividades por el Hanami, ya que no me imagino que pase algo tan trascendental en abril. Aunque uno nunca sabe... —miro hacia arriba a un botón de cerezo ya en flor— Hay ocasiones en que las cosas se adelantan sin que nos demos cuenta...

Yamamoto, Yoruichi y Byakuya, contemplaron esa única flor rosada del jardín. Las sorpresas de la vida están a la vuelta de la esquina y eso era algo que todos iban a descubrir muy pronto.

Lycoris Radita

Segunda semana de Marzo…

Renji había sido el segundo sobreviviente de la terrible masacre en el Castillo del Fudai daimyō Kurosaki, tenía ocho años en ese entonces. Fue encontrado bajo los escombros de un edifico donde los soldados en vida solían descansar, había sido un auténtico milagro el que escapase con vida del fuego que había consumido la estructura. Se mantuvo oculto por horas, hasta que en un descuido de su parte alerto a varios soldados del Ejército Imperial, estaba aterrado al ver como estos gritaban e intentaban sacarlo de su enclaustro. Creyó que eran los mismos que habían atacado durante la noche. Lo habían llevado ante el General Kuchiki Ginrei, un hombre mayor que le tuvo infinita paciencia. Desde ese día estuvo bajo la custodia del Clan Kuchiki.

Al cabo de un tiempo, le suplico a Ginrei —su protector— que le permitiese ingresar a la Academia de Shinigamis. Anhelaba una vida militar, más que de servidumbre. El General le advirtió de la rudeza y crueldad de la misma, esto no le importo al pelirrojo. Al final logro su objetivo, mucho a la sorpresa de todos por su falta de alcurnia; escalo rápidamente entre los cargos militares por su extrema habilidad.

Tenía trece años cuando ingreso, la edad máxima para comenzar con las preparaciones militares. Había sudado sangre literalmente en el tiempo que duro su instrucción. El estudio teórico fue una nueva implementación que le toco aprender, ya que el Shōgun así demando a los nuevos reclutas. El entrenamiento físico fue extenuante y agotador. Al graduarse, entró a la Escuadra bajo el mando del General Zaraki y debido a su revoltosa actitud, tuvo que enfrentarse a él en una ocasión. Acción que lamento profundamente, luego del tiempo que le tomo su recuperación.

Y ahora dos lustros después, a los veintitrés años lograba ostentar el cargo de Capitán. Bajo el mando del ilustre Kuchiki Byakuya. Le había tomado un año entero bajo su mando, antes de que este lo reconociese como su subordinado directo. Gano esto, gracias a sus destrezas.

Al entrar en la escuadra fue saludado respetuosamente por varios subordinados, caminaba hacia su oficina para dar inicio al papeleo. Una actividad de la que se afligía el llevar a cabo. No obstante, el General Kuchiki era sumamente estricto con los informes, un solo error caligráfico de su parte era motivo suficiente para que le rechazase el resto de los papeles. Eso lo había aprendido sobre la marcha. Fastidiado ante lo que concibió como una extenuante tarde, ingresó y se llevó una grata sorpresa.

—Amigos míos, me intriga que estén aquí —él saludo a los hombres reunidos—. Normalmente nunca nos vemos tan temprano —ocupo su asiento—. ¡Señores —comento con sarcasmo— no les pagaré la borrachera en el Yoshiwara! (7)

—¡Estúpido, no hemos venido a eso! —Espetó duramente el otro hombre tatuado, al mismo tiempo que lo miro de mala gana—. Solo queremos saber quiénes han pedido el Kettou.

—¿Y eso, Hisagi-san? —Comenzó con su pila de papeles—. Ya saben que el General Kuchiki no perderá, ¿no entiendo para que necesitan saber eso?

Hisagi estaba sentado en una silla frente al pelirrojo. Ayasegawa ocupaba el único sillón de la oficina. Ikkaku estaba quieto en el marco de la ventana. Kira, se recargaba contra la pared muy cerca de la puerta de acceso.

—Eso ya lo sabemos —el calvo fue el primero en hablar, miraba distraídamente hacia el exterior de la Escuadra—. Queremos hacer las apuestas sobre cuánto tiempo duran antes de que sean derrotados.

—¡Ikkaku! — Yumichika lo riñó, siempre le recordaba que debía de ser más sutil en esos aspectos—. Que tendremos problemas si el General se entera que apostamos sobre eso.

Madarame rechisto un par de veces y miro aburrido al bermejo.

—Solo una persona ha solicitado el Kettou, del Clan Ōmaeda —respondió el pelirrojo, retornando a sus pendientes.

Los visitantes se miraron impresionados y luego se carcajearon por varios minutos.

—Cinco minutos —hablo Hisagi.

—Tres —exclamo Ikkaku.

—Ocho —comentó Kira.

Ayasegawa anotaba los números en una pequeña hoja de papel. Miro a Renji, en espera de que diese su tiempo, el pelirrojo rasco su cabeza y medito por varios minutos.

—Dos —dijo al fin.

—Treinta segundos —Ayasegawa dijo en voz alta su tiempo para que los demás lo escuchasen.

Una vez más, todos se rieron.

—Solo uno... —comentó Yumichika.

—¿Perdón? —Exclamo confundido Renji.

Esa pregunta obligó al resto a mirar al sujeto que descansaba tranquilamente en el sillón, al tiempo que ladeaba un poco su cabeza solo por diversión.

—Has dicho que solo un Noble ha solicitado el Kettou —recargo su cabeza en su mano—, cada año son menos las personas que luchan contra el General.

Renji bufó con hastió y rodó sus ojos antes de responderle. —Es obvio —dejo lo que hacía—, el General es un hombre sumamente habilidoso —reitero—. No puede ser vencido por alguien inferior a él, mucho menos si este no ha tenido un entrenamiento militar real.

—… Por eso — Ayasegawa interrumpió—, ¿no les parece extraño todo esto? —Se recargo en el respaldo del sillón—. Solo un General podría hacerle frente y vencerlo. Pero, todos sabemos que los combates entre los rangos más altos están prohibidos.

—¿Qué quieres decir Yumichika? —Ikakku inquirió con cierta diversión que no pasó desapercibida.

—Que nadie del Seireitei podría nunca vencer al General —Yumichika dijo sin más— y los Nobles que hay, tal y como ha dicho Abarai carecen del entrenamiento militar apropiado. A ninguno de ellos les interesa la vida militar.

—Entonces su hija se convertirá en una miko — Hisagi se volteó con toda y silla hacia el resto de sus camaradas, dándole la espalda al único pelirrojo—, es algo que ya muchos cotillean por ahí.

—Yo también he oído esas cosas —dijo el rubio.

—Dudo mucho que el General Kuchiki permita que Rukia se convierta en una miko —terció impertinente el bermejo.

—Rukia… ¿eh? —Shūhei picoteó divertido el rostro del pelirrojo, haciéndolo sonrojar en el acto. Acción que arranco varias carcajadas del resto.

—Me impresiona que tutees tan familiarmente su nombre —dijo asombrado el calvo— y más que nada porque es la hija de tu superior inmediato, sin contar —enumeraba con sus dedos— Noble y pariente del Shōgun. Renji... ¿dime la cortejas en secreto? ¿La has besado?

El mencionado le arrojo el tintero—. ¡No digas estupideces —bramo iracundo— me meterás en problemas si algún superior te escucha! —externo sumamente serio. Que ya no daba paso alguno a más bromas por parte de nadie sobre ese tema en concreto. Abochornado el pelirrojo, oculto su rostro entre sus manos—. No hables sin saber...

Hacia un par de días, que el mismo General Kuchiki le insinúo sus intenciones de que desposase a su propia hija. En un primer momento, creyó haber malinterpretado sus palabras. Sin embargo, minutos después el Noble le expuso con mayor claridad lo que deseaba que él hiciera en un futuro muy cercano. Jamás se imaginó que los dioses le sonrieran de esa manera. Renji, termino aceptando. Era una oportunidad única. Conocía a Rukia desde que era una niña, aunque en ese entonces era miembro de la servidumbre del Clan. Solo se le hizo una advertencia, que se mantuviese en completo silencio. Byakuya mismo daría a conocer la noticia una vez concluido el Hanami.

—Yo escuche algo muy interesante —rompió el silencio el blondo— que puede que el mismo General Kuchiki, termine cediendo la mano de su hija un hombre de su confianza.

—¿Realmente? —Inquirió Hisagi dispuesto a seguir con el tema en cuestión— pudiera ser... Después de todo, ese afortunado obtendrá mucho más al desposarla —aclaró con voz grave—. No sería mala idea si cualquiera pudiese pelear por su mano.

—¡Hisagi-san! —Advirtió peligrosamente el bermejo.

—Hablo en serio, Abarai —lo miro—. Tú lo sabes mejor que nadie, que al ser la única hija del General Kuchiki heredará todas las propiedades y el título del Clan —se levantó y cruzo de brazos—. Sin contar con su cercanía con el Shōgun. Ella es la fuente más cercana para cualquier hombre de ostentar este cargo máximo, Yamamoto no tiene descendencia y se dice...

—No hables más —susurro el rubio con prisa—. Podrías meternos en problemas a todos si alguien escuchase tus palabras, Hisagi-san —todos los reunidos permanecieron en silencio—. Parece como si tus intenciones fueran otras.

—Yo también creo que dejamos eso —acotó Madarame y también se puso de pie, ya no le gustaba el rumbo por el cual iba la conversación.

—Hisagi-san tiene razón — el pelirrojo entrelazo sus dedos—. Por eso, el hombre que la despose tiene que ser alguien digno y que apruebe el General —suspiro pesadamente— uno que jamás traicione al Shōgun...

—¿Hablas por lo que paso hace con el Clan Kurosaki? — Yumichika comento inquieto—. Los rumores dicen que el Kōtei continua defendiendo el nombre de Kurosaki —exclamo en voz muy baja temiendo ser escuchado que hablaba sobre un traidor que no debía ser nombrado.

El silencio se hizo profundo en esa habitación. Finalmente Renji, aporreó su escritorio y también se levantó. Se estiro e inhalo profundamente, odiaba recordar ese día.

—Fuiste un afortunado al sobrevivir a la masacre —muy suavemente comento Hisagi, demasiado cuidadoso de sus palabras—, un verdadero milagro que te hallasen con vida.

Renji les dio la espalda y miro hacia la pared blanca, claramente todos percibieron muy claramente como la tensión en el pelirrojo iba en aumento.

—Conocí al General Kurosaki... era un buen hombre —cerró sus ojos y apretó fuertemente sus puños—. El primer hombre que me trato como una persona, y no como un perro abandonado...

¡Vamos, atrapen a ese pequeño ladronzuelo! Gritó encolerizado el hombre.

Un comerciante, al cual le había sido tomado un melocotón. La fruta que el niño llevaba consigo, estaba podrida. Por ir viendo hacia atrás, específicamente hacia su perseguidor no reparo cuando un hombre vestido de negro salía de una taberna. Por lo cual el crió, colisiono contra este cuerpo; deteniendo su huida. El vendedor le dio alcance y comenzó a molerlo a golpes con un palo. Hasta que fue detenido por el mismo sujeto que le había impedido su escape al niño.

Tranquilo, es solo un niño le quito el palo ¿qué te ha hecho?

Shujin (8) se inclinó y lo saludo respetuosamente, ¡es un ladrón que ha estado hurtando mi mercancía desde hace días!

El shinigami se agacho y le abrió las manos al niño—. Esta fruta ya no sirve miro al comerciante arrugando el entrecjo—, no veo cual es el problema se levantó. ¿O es que intentas venderle a la gente este producto inservible? Indago con voz tan dura que asusto al avaro comerciante.

—¡No... no... shujin! Se agacho y suplico clemencia—. Este niño siempre, está cerca de mi puesto y…

El hombre de negro lo silencio con una mano—. ¿Es cierto lo que dice se agacho una vez más hijo?

—… Yo… solo tomo las frutas que él arroja al suelo expresó franco ¡jamás he tomado nada más! Miro el fruto entre sus manos—. ¡Tengo hambre...! Pero no quiero convertirme en ladrón, por eso me llevo lo que él considera basura.

El hombre que lo defendía le sonrió—. Ya no más, hijo arrojo al suelo la fruta y lo levanto con él—. ¿Cómo te llamas?

Impresionado porque era la primera vez que un adulto se lo preguntaba, respondió lo más educado que pudo—. Me llaman Renji —le dijo.

Bien, yo son el General Kurosaki Isshin —camino hacia el comerciante y le entrego un koban.

A partir de hoy, yo cuidaré de ti... dijo General.

—¿Renji...? —Kira se le acerco y coloco una mano en el hombro de su amigo.

—Podrán decir lo que deseen sobre el General Kurosaki —los miro—. Pero, para mí siempre será un gran hombre —enfatizó duramente—, él me dio la oportunidad de no convertirme en un ladrón. Gracias a él, supe cuál era mi destino.

—Esto ya está muy tenso —Hisagi sobo su nuca mostrando su franca incomodidad— pasamos de algo divertido a la tragedia —comentó como una mala broma, intentando relajar el ambiente—. Sé que hoy nos toca y tendremos problemas con nuestro presupuesto. Pero, vayamos al Yoshiwara. Cuando menos ahí, nos relajaremos un poco —sugirió y fue rápidamente aprobado por el resto.

El hombre que lo inspiro a ser lo que era hoy en día, sería alguien a quien Renji defendería a capa y espada. Aunque eso significase, ir contra los principios del Seireite, inclusive contra su propio sueño.

Lycoris Radita

Tercera semana de Marzo…

—Yoruichi-san — Soi Fong se le acerco alegre en la habitación donde reposaba su hijo.

—He venido a ver a este pequeño —se acercó e hizo un puchero—. ¡Está dormido! —Le reclamo.

—Acaba de dormirse —le informo bastante preocupada de que fuera a despertarlo ya que le había costado bastante el dormirlo.

—Bueno, ven con tu adorada tía Yuta-kun —hizo una sonrisa siniestra cuando lo despertó y el niño lloro—. Calma, calma —lo mecía para que se tranquilizase— vamos, ya no llores.

Soi Fong suspiro derrotada. Su antigua protectora solía ir a ver a la familia entera, sin invitación alguna. Fue así desde que la morena se enteró del embarazo de su antigua protegida. Mimaba demasiado a su hijo, pero no tenía las agallas para decírselo. Le estaba profundamente agradecida luego de la protección que el brindo, cuando el Clan Minamoto la despreció tres años atrás; aduciendo a una supuesta esterilidad de su parte.

—¿Le vas a dar de comer?

—En un rato más, Yoruichi-san —se sentó en un zabuton (9)— se durmió, mientras comía.

La invitada sonrió al mirar al pequeño en sus brazos—. ¿No ha llegado, aún Ukitake?

—Él está aquí —le informo— esta mañana no se sentía bien, así que envié a un mensajero a su Escuadra. Iemura-san, le ha pedido que descanse en casa toda la semana —se preocupó por la frágil salud de su esposo—. Últimamente su salud ha decaído mucho y…

—¡Que cosas dices, mujer! —La reprendió por su excesiva ingenuidad—. ¿Qué no te has dado cuenta, que lo único que quiere ahora es pasar tiempo junto a este bodoque? —Le hizo cosquillas y el niño respondió con agrado al gesto—. ¿Verdad Ukitake? —Miro la puerta de la habitación, que se abría en ese preciso momento— ¡Dile eso a tu mujer, para que no se preocupe más!

Jūshirō Ukitake ingreso a la recámara de su esposa. Camino hacia ella, se sentó a su lado y al final como todo un caballero beso tiernamente la palma de su mano.

—Yoruichi-san, tiene razón —le sonrió a la invitada— quiero estar junto a mi hijo todo el tiempo que pueda.

—¡Ukitake! —Ella se enfadó su esposa apartando su mano—. Estaba en verdad preocupada por tu salud.

—Lo siento —se excusó mirando a la invitada, que cargaba con mucho cariño a su hijo.

Soi Fong se había casado a la joven edad de quince años, con Minamoto Goro. Había sido la quinta esposa designada para este hombre. Al inicio su familia, recibió la oferta con gozo ya que el Clan Fong no era tan importante en la Ciudad Estado. Por lo que realmente, fue obligada a desposar a este hombre ya maduro. Sus dos primeros años dentro del Clan Minamoto, habían sido un verdadero sufrimiento para la mujer venida de un Clan menor. Los problemas, comenzaron al cabo de seis meses de su unión. Ya que Soi Fong, no daba muestras de estar a la espera del heredero de Goro. Su antiguo marido, solía quejarse constantemente de ella, con su familia. Al cabo de un año de matrimonio, la situación se volvió en verdad insoportable. Ya no era únicamente Goro, sino los Fong, quienes la presionaban. ¿Pero, que podría ella hacer? Eso se le escapaba de su control. Los abusos hacia ella, por parte de la familia de su esposo en ese momento no se hicieron esperar. Era verbalmente ultrajada, por los ancianos y estos le dieron un ultimátum. O daba a luz al heredero, o sería expulsada.

Poco después de su décimo séptimo cumpleaños, su esposo regresó ebrio del Yoshiwara y la arrojó a la calle. Era un día de invierno, aterrada contemplo como las enormes puertas de madera se cerraron frente a ella. La había levantado de su lecho, mientras dormía. Por lo que solo usaba una sencilla yukata. Cuando llego a su propio Clan, estos también la rechazaron por la terrible vergüenza de haber entregado a una mujer estéril. Vago durante ese día, hasta que finalmente Yoruichi la encontró y la llevó consigo. Su divorcio de Minamoto Goro, no tardo demasiado. Dos años enteros permaneció bajo el cuidado del Clan Shihōin. Más la mancha sobre Soi Fong, ya estaba hecha. «Ningún hombre desposaría a una mujer infértil», había escuchado en varias ocasiones.

Hasta que por azares del destino, el General Ukitake comenzó a cortejarla. Acción que la tomo desprevenida y la asusto ante una segunda vivencia similar, por ello trato de alejarlo y desatenderse de sus pretensiones. Cuando Yoruichi se enteró, la reprendió duramente. No fue hasta que el hombre le expuso sus razones que Soi Fong comenzó a ceder. Le dijo que no importaba, si era o no capaz de engendrar necesitaba a una mujer que lo cuidase en sus días de enfermedad. Una cálida amante, para los días de soledad.

Por lo que con la bendición de Yoruichi, contrajo segundas nupcias con el General Jūshirō Ukitake. En menos de un año, todos recibieron una sorpresa desmedida, Soi Fong daba a luz al tan anhelado heredero del Clan de su nuevo esposo. Poco después de su vigésimo cumpleaños. Noticia que cayó como un balde de agua fría, para el Clan Minamoto, que comenzó a preguntarse sobre la posibilidad de Goro por engendrar. Por lo cual, los otros cinco Clanes que habían entregado a una mujer a este hombre, sospechaban que estas no eran culpables. De hecho la familia de su sexta esposa, ya había iniciado los trámites de divorcio. Pero, no había rastro alguno de la primera desposada.

—¿Y para cuando le darán un hermano o hermana a Yuta-kun? —Inquirió curiosa y se carcajeo al ver el rojo rostro apoderarse de su antigua protegida.

Quien apenada bajo su cabeza y no fue capaz de hacerle algún reproche. Ukitake, solo sonrió ante la actitud de Soi Fong, aún era demasiado inocente en ciertos aspectos.

—Lo prudente sería esperar un poco —hablo él.

—Me parece bien —respondió la morena— ya falta muy poco para el Hanami —miro hacia el jardín que ya intentaba despertar de su letargo—. Me sigue impresionando tu habilidad con las plantas, Ukitake —admiró el hermoso jardín al que el General mismo le había dado vida.

—Hablando de eso —capto la atención la joven madre al hablar— ¿no le habías dicho Ukitake que solo una persona solicito el Kettou al General Kuchiki?

—Si —respondió la invitada— ha sido el Clan Ōmaeda.

Ukitake se puso pensativo y rasco su barbilla un tiempo más—. El año entrante, ya no habrán más ofertas, ¿ya ha pensado Byakuya lo que hará?

Yoruichi amplió una enorme sonrisa—. Dará su mano en matrimonio a su Capitán de Escuadra.

—¿Renji-kun, su Capitán…? —Respondió impresionado y luego sonrió complacido por la noticia recibida— Es un buen hombre, aunque debe de corregir ciertas conductas suyas —comentó sobre sus ya bien conocidos gustos en el Yoshiwara— le costará trabajo adaptarse a las estrictas normas del Clan Kuchiki.

—No más de lo que le costó obtener el cargo de Capitán en su Escuadra —se levantó y le entrego a Soi Fong su hijo— necesita un cambio de pañales —le susurro.

La mujer de cabellera negra se puso de pie y fue hacia la habitación anexa. Dejo solo a los dos viejos amigos.

—Es realmente desdichada la suerte de nosotras las mujeres… —se sentó en el corredor que daba la entrada al jardín—. Me alegro que hayas tenido a un varón.

Ukitake la miro de perfil, se puso de pie y camino hacia ella—. Deberías de contraer segundas nupcias, Yoruichi-san, aún hay buenos hombres ahí afuera.

Ella solo miro el estanque de los peces koi—. El único a quien quiero ya no está más aquí —suspiro melancólicamente, recordando los infortunados eventos de antaño—. Termine enamorándome de un hombre a quien mi Clan jamás aceptara… Por ello decidí al divorciarme, el no ceder el poder que he obtenido. Y mi libertad…

—Pero, la vida no es siempre lo que deseamos —la contradijo el hombre con su infinita sabiduría.

—Ukitake… —volteó hacia él bastante irritada— a diferencia suya, nosotras las mujeres no tenemos elección de a quien desposaremos y deberemos de guardar fidelidad, a menos que seamos viudas o divorciadas.

—No te preocupes por Rukia chan —la ánimo— Renji-kun es un buen hombre, a pesar de sus vicios de juventud. La conoce desde que ella solo tenía dos años, estoy seguro que será un magnifico esposo.

—Hace días que tengo una extraña sensación, Ukitake —cerró sus ojos— tendré que ir al templo a pedirle a los dioses que me equivoque. Siento que algo va a pasar muy pronto —le susurro temerosa.

Lycoris Radita

Cuarta semana de Marzo…

El palanquín (10) era llevado por cuatro hombres por las calles del Seireitei. La mujer en el interior movió un poco la cortina que la protegía de las miradas curiosas de los transeúntes. Se dirigía a visitar a una amiga que había contraído nupcias, hacia escasos cuatro meses. La última de hecho, con quien solía pasar antes algunas tardes. En ese entonces aún era Kotesu Kiyone. Llego a los portones de la propiedad del marido de su conocida. Un caballo pardo los escoltaba y le abría el paso a la hija del General Kuchiki. Al llegar a la entrada principal, salió rápidamente la servidumbre al encuentro de la distinguida visita. Los hombres que cargaban su carruaje se hicieron a un lado, el varón en el caballo descendió del mismo. Una doncella se le acerco y la ayudo a salir de su transporte.

—Kuchiki-tono —se agacho en respeto la sirvienta— la señora Kotsubaki la espera en la sala —se levantó— sígame por favor.

—Volveré antes del crepúsculo, para llevarla de vuelta a su casa, Kuchiki-san —Rukia volteó hacia el pelirrojo.

Capitán de la Escuadra de su padre, el cual solía acompañarla en días recientes a casi cualquier salida de su hogar.

—De acuerdo —le dijo.

El bermejo, se inclinó ligeramente ante la mujer. Subió a su corcel y se alejó. Rukia lo miro marcharse y suspiro. En privado y sin la presencia alguna de gente, solía llamarla por su nombre de pila; algo que su padre desconocía por completo. Más al encontrarse rodeados de alguien más, usaba un sufijo demasiado molesto para dirigirse a ella

—¡Rukia-tono! —El abrazo de su amiga, la saco de sus pensamientos.

En vez de esperarla a que llegase a la sala, la castaña se le adelanto y fue a su encuentro. Alegre por verla, luego de tanto tiempo Rukia le devolvió el gesto y juntas caminaron hacia un área más privada, para conversar amenamente. Varias criadas adelantaron el kaiseki. (11)

—Me da mucho gusto que me visites, Rukia-tono —se animó bastante ya que últimamente no salía de su hogar— tenía muchos deseos de verte.

La joven le sonrió y tomo un poco de comida antes de responderle—. Las puertas de mi casa con gusto te recibirán cualquier día —le dio invitación abierta—, no creo que tu marido te lo prohíba.

Kiyone se sonrojo—. Mi hermana, nos ha recomendado que no debo someterme a movimientos bruscos y constantes por los primeros meses.

—¿Estás de encargo? —Rukia inquirió abruptamente por la sorpresa.

Espero a que su amiga le informase apropiadamente sobre su estado, la cual avergonzada le asintió con un suave movimiento de cabeza. Rukia se le acerco y la abrazó una vez más.

—Si… —habló para confirmarlo.

Koketsu Isane, era una joven partera muy solicitada por las familias aristócratas y bien pudientes. Ya que las cuestiones de esta índole permanecían bajo el serio escrutinio de las mujeres. Así, como los cuidados pertinentes en este estado. Quien se diese a respetar, jamás le preguntaría a ningún hombre.

—Me alegro mucho por ti —le dijo Rukia al separase—. Rezaré a los dioses por su futura felicidad.

Su rostro se puso un tanto melancólico. De entre las mujeres nobles en edad casadera, ella era la mayor. Su padre había decidido que quien quisiese desposarla, primero debía de ganarle en un Kettou. Y hacía cinco años que ningún hombre era capaz de vencerlo.

—¿Rukia? —Picoteo su frente.

—Perdona, ¿para cuándo esperan el alumbramiento?

—Mi hermana ha dicho que será para mediados de otoño.

El resto de la tarde, trascurrió entre conversaciones banales y dudas de Rukia con respecto a la espera de una criatura. Finalmente, al cabo de lo que le pareció muy poco tiempo, le informaron que el Capitán Abarai había llegado por ella. Se despidió y subió a su carruaje. Al ver el cielo, supo que faltaba para el anochecer, se lamentó por ello le habría gustado quedarse un poco más. Renji, había llegado antes del tiempo, desde el interior del palanquín, lo llamo. El Capitán se colocó junto a ella.

—Quisiera ir al Templo Fushimi Inari taisha (12) —pidió ella.

El pelirrojo, cavilo por varios segundos. Estaban a muy poca distancia el Templo y aún había un buen sol. No estaría mal ceder ante su petición, sobre todo si esperaba que ambos tuviesen una buena relación en los próximos meses.

—Andando —le ordeno a la servidumbre, y giraron hacia la derecha.

Rukia descendió de su palanquín, esta vez ayudada por el Capitán. Mientras tanto, Renji mando descansar a los hombres. Frente a ellos, los toris (13) rojos y negros se alzaban imponentes en la entrada propiamente dicha a uno de los santuarios más sagrados de la ciudad.

—Iré —le informo el hombre y ella le negó.

—Quiero ir sola —demando con firmeza.

—No es propio que una Noble marche sin la compañía de un hombre que la proteja —contradijo.

—¡Por, Dios Renji! —Giró hacia él molesta—. ¿Qué puede pasarme en un Templo? —Lo encaro—, no tardare —comenzó a caminar por entre los toris y de inmediato sintió como era seguida muy de cerca por el joven Capitán. Recordó cuando niña, que su padre y abuelo solían llevarla casi a diario. Había contado el número exacto de escalones que la llevaban a la cima de la colina, eran doscientos ocho—. ¡Renji!

—La instrucción que recibí del General, era llevarte a visitar a Kotsubaki e ir luego a casa —le comento muy serio—. Si tu padre se entera que has marchado sola al Templo me reprenderá duramente.

—¡No soy una inútil!

—No digo que lo seas, solo que eres mujer y…

—¡Basta! —Alzo su voz y lo silencio—. Si vas a ir aunque no quiera, quédate al menos a treinta pasos de mí —le dio la espalda y camino— pareces un perro que solo sabe seguirme.

Continuo con andar entre los toris, al final de aquella la larga escalinata descansaba apaciblemente el Templo de su infancia. Renji se reprendió a sí mismo, no esperaba que ella se enfadase tanto. Después de seguirla en la distancia medito sus palabras.

—«Pareces un perro que solo sabe seguirme»

—Un perro… —se dijo— creo que siempre lo he sido, Rukia —suspiro con pesadez—. Lo único que he hecho todo este tiempo es mirarte desde la distancia. Me eras inalcanzable, como una estrella en el cielo —sonrió para sí— pero, ya no más. Este mono está a punto de atraparte entre sus manos.

Rukia llego hasta lo alto de la colina. Miro de soslayo y vio como Renji se detenía a la distancia que ella le indico. Realmente, la había dado su espacio tal y como ella lo solicito. Se entristeció, en ocasiones deseaba que su amigo de infancia, no siguiese tan fielmente las palabras de su padre o las de ella misma, nunca estaba de más romper las reglas de vez en cuando. Deseo que pese a su berrinche de andar sola, este mejor hubiese caminado a su lado ese breve recorrido.

Cuando se alejó de la escalinata e iba rumbo al Templo, miro la espalda de tres individuos que estaban en sus propios rezos; dos hombres y una mujer. Los cascabeles sonaron, dando por finalizado la oración del trío. Uno de los hombres, arrojo un koban de oro como parte de su limosna. Todos dieron vuelta al mismo tiempo. Este hombre, que había arrojado el oro capto su atención. Era el más alto de los tres, lo más distintivo era su cabellera anaranjada y ceño fruncido.

Solo un breve instante, un momento, en que sus miradas se cruzaron. Rukia, se sintió completamente indefensa ante esos ojos ámbar que la miraban. No fue capaz de avanzar, en consecuencia fue él quien se acercaba hacia ella. A cada paso que daba este hombre, sentía ella como su corazón latía más y más rápido. Percibió muy claramente el golpeteo contra su pecho. Avergonzada ante esto, rompió el contacto visual. Y tembló ligeramente, cuando estas personas se acercaban hacia ella.

—¡Idiota, arrojaste un koban al Templo! —Le reclamo el otro hombre impávido ante lo que había sucedido—. ¿Sabes todo lo que pudimos haber comprado con eso?

—Si pensabas en cosas para ese jabalí, ¡olvídalo Ganju! —Enfatizó molesto— ya no gastaremos más en esa bestia tuya.

—¡Oye, Bonnie tiene sentimientos! —Se ofendió—. ¡Dile algo a tu hermano!

La mujer de cabellera negra, solo se les adelanto y al pasar junto a Rukia le sonrió sutilmente no formaría parte de esa discusión. Cuando estos hombres, caminaron a su lado Rukia alzo su rostro y nuevamente percibió esa sensación en su interior. Solo fue el instante en que dura un paso, que Ichigo admiro esas orbes violetas que sintió como su alma era atrapada por estas. Refunfuñó ante tan inverosímil pensamiento.

—¿Kaien-tono? —se dijo ella.

Rukia estuvo tentada a mirar el andar de este hombre. Más al recordar la presencia de Renji detrás de ella no lo hizo. No quería darle motivos falsos al Capitán Abarai, para iniciar una disputa con ese hombre que veía por primera vez. Pero, que a pesar de todo le resultaba extrañamente familiar esa persona. Escucho la discusión entre los varones el volverse menos audible, hasta que ya no fue capaz de percibirla. Ella, llevo sus manos a su pecho y las sujeto con fuerza, su corazón aún latía demasiado rápido.

—¿Rukia? —El pelirrojo toco su hombro con delicadeza, al verla detenerse de esa manera. Y sobre todo al verla tan emancipada en sus pensamientos —. ¿Te han hecho algo esos individuos? —Espero su respuesta— de ser así, entonces yo defenderé tu honor —ya llevaba su mano a su katana, dispuesto a resguardar la dignidad de la dama.

Sin embargo, Rukia lo detuvo—. Solo recordé algo que debía hacer eso todo—mintió—. Ya que estás aquí, a pesar de mi petición —se cruzó de brazos y fingió estar enojada— tendrás que rezar junto a mí y dar una generosa limosna al Templo.

El bermejo se rió de la situación y acepto. Llegaron juntos y Rukia hizo sonar los cascabeles, de esa manera ambos comenzaron sus respectivos rezos. Su intención de ir al Templo esa tarde, era el pedir por la buena fortuna de Kiyone. Más ahora sus pensamientos estaban en otra parte. Y por más que lo deseaba no podía sacarse esa mirada ámbar de su cabeza. Sería egoísta lo que pediría.

—Por favor —suplico con desespereo— aunque solo sea una vez más, permítanme volver a ver a ese hombre… —rogó— se los pido.

Renji ya había finalizado con su rezo y la miraba de soslayo a la joven que se presionaba en su suplica a los dioses. Era una mujer menuda y delicada. Y porque no decirlo, su camino más fácil hacia el éxito que tanto ansiaba. Desposándola solo sería cuestión de tiempo antes de que pudiese llegar a ostentar el cargo de General. Ya no estaría limitado al no ser hijo de nadie, tomando el apellido Kuchiki el poder estaría en la palma de su mano. Lo que el pelirrojo no sabía, es que en ocasiones los dioses responden muy rápido a las suplicas humanas.

.

.

El caos en el Junrinan, donde habitan todos aquellos que no procedían de algún Clan era más que evidente. Justo al amanecer daría inicio el Hanimi en una ceremonia a puertas cerradas en el Seireitei y con esta la tan anhelada celebración anual. Había tanta gente en las calles que era difícil el andar. Hombres parloteando a los visitantes a destiempo de posadas parar pasar las festividades, de establos aún desocupados para las bestias a vender, puestos de comida y demás. Las tabernas, donde se reunían estaban a reventar, inclusive había gente en espera de ocupar algún asiento en alguna de ellas. Las Geishas, caminaban elegantemente por varias calles con sus exquisitos kimonos mientras arrancaban miradas libidinosas en su andar. Los shinigamis en guardia, se mantenían apostados en varios rincones para evitar cualquier tipo de disputa. Ya sea por los excesos del sake, dinero o mujer de por medio.

La calle por la cual se paseaban, era una de las más concurridas y cercanas al Yoshiwara. Ichigo caminaba del brazo de una mujer que hacía años había sido la orian (14) más famosa de ese distrito, en ataño se le conocía como la Hisuisairen (15) o "sirena de jade". Una exquisita mujer que dejaba impasible a más de uno en su andar. A pesar de no haber estado en la ciudad durante años, aún era fácilmente reconocida por su majestuosa cabellera verde. Juntos ingresaron al barrio del placer. Cuando trabajaba, era la más cotizada de la Kurēnhausu (16). En realidad, es el hombre junto al cual ella marcha que intriga mucho más que incluso su regreso a ese lugar. Nelliel Tu Oderschvank, había sido comprada por quien ahora se hacía llamar el Maestro de la Zanpakutō. Aunque, ahora él se dedicaba a otros oficios.

Las primeras lámparas cubiertas con el rojo característico que le da el nombre al distrito fueron encendidas. La hora de la puja por las cortesanas estaba por empezar. Varios hombres corrieron a sus casas preferidas para adquirir por varias horas a las mujeres en cuestión.

—¿Y cómo ha estado la pequeña? —Hablo con esa voz entre infantil y lujuriosa la mujer.

—Deberías verla por ti misma, Nell —sonrió complacido— pero, te aseguro que está muy bien. He cumplido con mi promesa de cuidarla, tal y como te lo dije.

—Gracias, Ichigo.

—Ella quería venir, pero no lo considere prudente. Ganju aún está molesto conmigo por hace unos días —hablo mal de él—. Ya verá, que cuando menos se lo espere asaré a ese jabalí suyo.

La mujer solo negó divertida con su cabeza y se acurrucó más al brazo de su acompañante—. Ya que estamos por aquí, no quieres ir a la Kurēnhausu —sugirió picarona la mujer—, ¿Ichigo? Seguro que alguna llama tu atención.

—¡Nell —reprocho rojo del rostro— no he venido a buscar placer carnal! —Evito mirarla—. Además, tú vienes conmigo.

—Si es por mí ni te preocupes, primor. Puedo perderme unas horas entre las calles de este lugar —expresó divertida.

—Sabes, bien que quiero —resoplo con poca paciencia— verlo a él —se detuvo—. ¿Dónde está?

Ella alzó sus hombros—. Lo vi salir hace varios días de la shoppu (17), me dijo que viniera a la ciudad y que aquí nos encontraríamos —le comentó lo único que realmente sabia—. Eso fue hace dos semanas.

—Y yo llevo aquí casi una semana en una posada esperándolo —camino molesto—. ¿Tiene idea de lo que es estar junto a Ganju tanto tiempo?

—Yo creo que quiere que adquieras el don de la paciencia —le dio alcance—. Pero, eres un caso perdido…

—Así, que tendré que esperar a que se digne en aparecerse —dijo él.

—A lo mucho serán unos quince días más —le informo— no puede estar muy lejos de la shoppu y además no es bien recibido en la Ciudad Estado —respondió ella en un suave murmullo.

Ichigo rodó sus ojos y se quejó—. Me envió una carta, donde me citaba en un lugar específico. En el Templo Fushimi Inari taisha y me hace esperar como un idiota —avanzaba a grandes pasos—. Ya verá cuando lo tenga enfrente —externo él apretando con fuerza su mandíbula.

—Si quieres yo puedo decirte algunas cosas, Ichigo —él se detuvo—. Y ni se te ocurra decir que por ser mujer no puedo saber de estos temas.

—Dime, primero. ¿Por qué estamos en el Yoshiwara? —Indago el hombre turbado de ver a tantos libidinosos.

—Me dio nostalgia eso es todo —acotó la mujer—. Es difícil el olvidad de donde vinimos.

—Si... es difícil olvidar el pasado... He esperado casi quince años para reivindicar el nombre de mi Clan y limpiar el nombre de mi padre.

—La venganza no debe ser nunca el camino por el que marches —le indico—. ¿No te lo dijo Kaien-tono?

—No puedo seguir adelante, hasta que sepa porque mis padres, mis amigos y demás fueron masacrados de esa forma —le susurro—. Y tener una razón válida para vivir oculto todos estos años.

La mujer se cruzó de brazos, lo tomo de la mano y anduvieron hacia la salida del Yoshiwara.

—Has de saber que tu progenitor no fue el único General muerto en esa época —le informo en un murmullo casi imperceptible—, aunque su deceso no fue como el de tus padres. La suya genero una fuerte controversia en el Seireitei, su asesinato es algo que aún hoy en día no tiene respuesta.

—¿Y eso a mí qué? —Terció indiferente ante la muerte de aquel hombre del cual Nell hablaba—. Me importa un comino eso.

Nell le dio un coscorrón en la cabeza—. Tienes muy poca paja ahí —señaló su cabeza— tocar al Shōgun para la gente como nosotros nos es inalcanzable, pero no para el Clan Kuchiki o... —guardo silencio, después de t'odo Ichigo no lo sabía.

—¿Espera...? —La interrumpió—. ¿Eso a que viene con ese estúpido rumor en torno a mi padre?

—Hay muchos cabos sueltos con esos sucesos, Ichigo. Pero, el Kōtei no considera a tu Clan como traidores —le decía mientras esquivaba a un par de niños que pasaron corriendo junto a ellos—. Mejor vamos a relajarnos, ¿te parece? —No hubo respuesta de su parte, solo ese tosco ceño más fruncido de lo usual—. Vayamos a un lugar que me recomendó Pesche.

Pero en realidad, el hombre que la había comprado se lo había ordenado. Por la dirección dada por su sirviente, llegó a un lugar donde combinaban el alcohol, las apuesta, el dinero rápido y la fuerza bruta de los escarabajos de pelea. Hombres venideros del país, iban a la casa de kabuto sumo. A ganar dinero en los combates de escarabajos. Llegaron, y de inmediato les dieron paso. Más que nada porque admiraban la marcha de la antigua Hisuisairen. Verla luego de tantos años, era un gozo a la pupila. Para muchos, se había vuelto mucho más hermosa. Arribaron al centro de la disputa, en el momento exacto cuando el escarabajo negro vencía a su oponente en el kabuto sumo. Varios de los que ganaron la apuesta, tirotearon alegres por el triunfo y el dinero ganado en esos escasos minutos. El dueño del insecto vencedor, era un shinigami que no estaba de servicio esa noche. El hombre, se agazapo dichoso junto a su diminuta bestia vencedora. El negociante entrego el dinero a sus respectivos nuevos dueños.

—Vamos, porque no haces una apuesta —le sugirió alegre la mujer— para amenizar la noche.

—Voy a perder dinero —Nell le hizo un puchero e Ichigo término cediendo. Aposto contra el retador del escarabajo negro—. Más te vale que gane —le dijo.

El negociante pasó hacia el resto de los apostadores de la noche. Aunque todos lo hacían a favor del campeón, solo Ichigo al desconocer al contendiente próximo lo favoreció. Y perdería mucho si este no ganaba, unos ocho koban de oro. Los murmullos por la única mujer no se hicieron esperar y por el dinero en juego, mucho más de lo apostado esa noche.

—¿No es la Hisuisairen? —Ayasegawa indago.

Ikkaku, que se encontraba en el centro del cuadrilátero junto con su insecto alzo la vista—. Lo es, que sorpresa —coloco una mano bajo su mentón— que se le permita salir de la shoppu en compañía de otro hombre —sonrió divertido—. Si ella está aquí, significa entonces que el Maestro de Zanpakutō puede que esté cerca. Podría desatarse un rumor nada agradable. Hisagi-san tendrá una pesada noche.

—Tal vez es lo que él desee —hablo Yumichika.

—Si —expreso con hastió el calvo—. Ese sujeto siempre me dio mala espina y no estaba tan equivocado, mira lo que hizo.

Antes de que la conversación continuase, se les acerco alguien más. Aramaki Makizō, mejor conocido como Maki Maki por el apodo impuesto por la sobrina del General Kenpachi, llegó con gratas noticias.

—¡Oh, esto sí que no creerá señor! —Estaba jubiloso ya casi sintiendo el dinero que estaba a punto de ganar en el venidero combate— ese tipo que acompaña a la Hisuisairen, ha apostado ocho koban de oro contra su escarabajo

Ikkaku amplió una gran sonrisa altanera. Y se mofó seguido de su inseparable amigo, con lo cual lograron que el resto los mirase, incluyendo al reciente apostador y su acompañante.

—Será el dinero más fácil que me he ganado —se agacho y miro radiante a su insecto—. ¡Vamos amigo, humillemos a ese crío estúpido!

Pasaron varios minutos más. Llego el contrincante del campeón negro. Se trataba de un insecto relativamente pequeño en comparación con su adversario, este era de la mitad de su tamaño y de un color pardo. Los respectivos dueños, encararon en el aire a los escarabajos para incitarlos al futuro combate, después se agacharon y los colocaron sobre un pilar elevado donde disputarían la victoria. El negociante se acercó, para evitar cualquier fraude y dar inicio.

—¡Preparados, están preparados! —Repitió en voz alta—. ¡Ahora señores! —Exclamo a todo pulmón.

Y ambos dueños liberaron a sus respectivos insectos. Los gritos por la lucha dieron inicio. En un primer instante, todos auguraban la victoria del escarabajo negro el cual había acorralado a su adversario contra los límites del cuadrilátero. Y parecería que iba a ganar una vez más. Pero a la sorpresa de todos los reunidos, el pequeño escarabajo se movió con rapidez por debajo del cuerpo del gigante y atravesó con su cuerno el cuerpo del mayor. Se formó un silencio sepulcral, en compañía de un estupor anonadado; mientras miraban como el antiguo campeón este movía sus patas al aire y poco después moría.

Todo eso le pareció irreal, a los que habían apostado al escarabajo negro.

El negociante se acercó y comprobó que no existía fraude alguno, lo que arranco gritos de descontento hacia el shinigami fuera de servicio. El cual miro como le era entregado al sujeto de cabellera anaranjada un gran saco de dinero, comenzaron a insultar al dueño del escarabajo perdedor. Ichigo y Nell estaban por retirarse cuando, fueron llamados.

—¡Eh, tu pelo pinto! —Bramo Ikkaku y todos guardaron silencio en el acto, mientras el calvo le llamo—. ¡Mírame fraudulento! —Espetó con fuerza.

—¿Fraudulento? —Repitió con poca paciencia Ichigo mientras se giraba y lo miraba—. Si tu bestia perdió, pues mala suerte a ti, shinigami —siseó ante el infortunio del hombre perdedor—. Simplemente, hoy no es tu noche.

Le dio la espalda una vez más y salió en compañía de Nell de la casa de sumo. Pero al llegar a la calle este individuo le dio alcance y lo detuvo al tomarlo del brazo. La gente que transitaba al ver lo que sucedía se distanciaron prudentemente y los curiosos no se hicieron esperar. Pronto una gran aglomeración los rodeó por completo.

—¡Devuélveme mi dinero —ordeno— y te dejaré ir sin un solo rasguño! —lo amenazo.

—Déjame pasar y no te mataré, shinigami! —Ichigo espetó duramente, no dispuesto a ceder ante la amenaza.

Ikkaku se impresiono por la forma en que le hablo, al final esto solo lo hizo enfurecer aún más. Coloco la guarda de su katana por sobre su nuca y rió con suma prepotencia, seguro de su fuerza. Así, como de su inminente victoria.

—Te voy a matar por eso, niño —desdeño furioso—. ¡Prepárate! —Mujo esto último.

—¡No es de hombres el atacar a alguien desarmado! — Nell grito, aterrada por el inminente combate.

Los murmullos de aprobación ante las palabras de ella comenzaron de inmediato. Molesto por el perjurio que se le estaba adjudicando de amenazar a un hombre sin katana, el calvo vociferó y acallo el chisme a su alrededor.

—¡Aramaki! —Alzo su voz y el hombre apodado Maki Maki llego casi de forma instantánea, se agacho ante su superior—. ¡Dale tu katana! —Ordeno y le sonrió al tipo que tenía frente a él— así, no podrá decir nada cuando lo corte en pedacitos.

—¡Pe… pero —balbuceó el bigotudo—, me costó casi un año de salario el comprar esta arma!

Ikkaku lo miro con poca paciencia—. Si se rompe, yo mismo te la repondré mañana —le susurro— ¡dásela! —Demando en su grito.

—Por favor, Hisuisairen —Yumichika se les acerco—, será mejor alejarse —sugirió con prudencia.

Nell miro suplicante a Ichig, y este le sonrió.

—Cuando esto termine te invitaré unas albóndigas dulces —le entrego Ichigo el dinero recién ganado— guarda esto un momento.

Todos se alejaron y les dieron el muy necesario espacio que necesitarían los próximos combatientes.

Ambos desenvainaron las katanas.

Ikkaku de inmediato tomo su postura de ataque. Ichigo por su parte, miraba desinteresado la katana que sostenía y la tomaba entre sus manos como si nunca antes hubiese tenido alguna arma de filo. El calvo mojo sus labios con su lengua, el ganarle iba a serle tan fácil que hasta sentía pena por el tipo. Sin esperar nada más, arremetió de inmediato. Más el calvo no se esperó lo que sucedió a continuación. Los reflejos de su oponente fueron muy rápidos, lo esquivo justo a tiempo al dar un paso hacia atrás. Ichigo presuroso lo ataco con la katana, más la experiencia del shinigami salió a flote. Coloco la guarda de su arma y detuvo la arremetida del chico. Aunque hay que admitir, que le costó un poco el reaccionar a tiempo.

Esto obligo a Ichigo a girar en un círculo completo sobre sí mismo para sacar la katana y de esta manera ambos se alejaron un par de metros por la inercia de sus acciones. Ikkaku estaba sorprendido por la agilidad del muchacho.

Volvió el shinigami a arremeter contra él. Ichigo parecía defenderse casi al momento justo, el filo de la katana parecía que le iba a dar de lleno. En un puro instinto de supervivencia, el joven se arqueó hacia atrás, el arma logro rozar muy poco su frente, apenas sintió que el borde pasó y él cayó al suelo. Fue entonces lanzó una fuerte patada que golpeó la quijada del shinigami con bastante fuerza. Ambos yacían en la tierra por distintas razones. Ikkaku fue el primero en ponerse en pie y escupió la sangre de su boca, mientras miraba receloso al individuo frente a él cuando se levantaba. El joven limpió la sangre que brotaba por su frente.

—Dime una cosa, ¿cómo te llamas? —El shinigami fue el primero en hablar.

—Ichigo.

—Ichigo, ¿eh? Bonito nombre.

—¿Tú crees? Eres la primera persona que me lo dice —Ichigo comento completamente ajeno a sus pretenciosas palabras.

—Ah… Los hombres que tienen la palabra «ichi» en su nombre suelen tener mucho talento y poder… ¡Yo soy Madarame Ikkaku, Teniente del pelotón tres, Escuadra Once! —Externo a viva voz y con fuerza en su desmedido orgullo de pertenecer a una de las Escudaras más respetadas—. Ya que ambos llevamos la palabra «ichi» en nuestros nombres, ¡hagamos que el combate sea fantástico!

—¡Seguro! —Respondió Ichigo.

Al terminar con su presentación, varios se horrorizaron. El tipo a quien ese chico enfrentaba lo mataría sin lugar a duda, le sería imposible hacerle frente a un oficial de tan alto rango. Nuevamente las estocadas iban y venían. Y ahora Ikkaku no se contenía, atacaba con todo. Sin embargo, comenzó a frustrarse rápidamente ante el intercambio de cada espada, ya que era respondido de igual manera. Comenzó a preguntarse, sino pertenecería a alguna escuadra.

—¿Eres un shinigami, Ichigo? —Preguntó en uno de esos breves segundos de descanso.

—No

—Veo… —Ikakku no pareció del todo convencido.

No indago más el shinigami. Solo rasguños, nada de gravedad era el resultado de los primeros quince minutos de enfrentamiento. Ya era momento de ponerle un fin a eso. Ichigo fue tomado por sorpresa, cuando Ikkaku salto. Confiado ante un ataque similar con la funda de la katana se preparó. En último momento, el oficial giro en el aire y aterrizo justo detrás de él.

—Todo shinigami, sabe que no puedes atacar dos veces de la misma forma —Le susurro, saboreando su ya tan anhelada victoria.

Ichigo uso la katana con sus dos manos. Si lo golpeaba de frente, seguro que moriría. En ese momento Ikkaku no contó con que se defendería justo a tiempo, Ichigo giro y el golpe solo le dio en su mano derecha. La sangre comenzó a gotear sobre el miembro herido. Entonces, el joven rodó por el suelo y se alejó de Ikkaku.

—Duele, ¿verdad? Creo que ya no podrás usar la katana con esa mano. Soy una persona generosa, así que solo dame mi dinero y dejare que te vayas vivito y coleando —realmente no quería matarlo, de hacerlo. Tendría que esperar a la Tercera Escuadra y escribir un largo y bonito informo sobre la muerte del desdichado, y eso era algo que odiaba bastante.

Durante su plática con Ichigo, este se colocó un pañuelo haciendo un torniquete práctico y rápido en el medio del combate.

—¡Bien! —se dijo a sí mismo.

—¿Eh?, que… —hablo el shinigami.

Esta ocasión fue Ikkaku quien la sorpresa lo envolvió. Ichigo se abalanzo y de no haber sido por sus años en combate, habría muerto en ese preciso momento.

—Parece que ya has terminado de hablar. Esto acaba de empezar Ikkaku, ¡la próxima vez serás tú el que no pueda sostener la katana!

—Eres muy arrogante… ¡mocoso! —pronto la furia se apoderó de él—. ¿Dices que dentro de poco no podré sostener mi arma? —Se puso en una postura altiva— tus palabras son muy atrevidas, Ichigo. ¡Pero no sé en qué basas esa confianza! —Le gritó.

Molesto por su franco cinismo, Ikkaku se abalanzo. Ambos ya estaban fatigosos, no obstante, ninguno lo manifestaba tan abiertamente. En un descuido por parte del shinigami, finalmente Ichigo le pudo quitar la funda de su arma.

—¿Cansado, Ikkaku? —Ahora era Ichigo, el que se divertía con la situación.

—En tus sueños…

Alertados por una disputa, varios shinigamis de servició llegaron al lugar en cuestión.

—¿Ayasegawa?

—¿Iba-san, Sasakibe-san? —Yumichika se sorprendió de verlos ahí y habría preferido mil veces la llegada del rubio—, lamento los inconvenientes de Ikkaku.

Los recién llegados miraron el espectáculo frente a sus ojos. A los oficiales a la distancia, Sasakibe Chōjirō les indicó que no se movieran. Esperarían a que todo terminara.

—No se preocupe, Hisuisairen — Ayasegawa intentó reconfortar a la mujer a su lado— Ikkaku no matará a su acompañante.

Los otros dos hombres, miraron con asombro a la antigua oiran.

—Yo no me preocupo por Ichigo —le dijo con la vista en el combate—, sino por su amigo —le indico con su índice—. Mire bien, él perderá… —susurro.

Todos miraron con interés los últimos momentos del combate.

—¡Vamos hombre, ríndete —le ordeno el shinigami— estás herido y cansado! ¿Cuánto tiempo más crees poder aguantar?

—Creo… que ya le estoy cogiendo el truco —hablo Ichigo.

—¿Cómo? —inquirió con sorpresa Ikkaku.

—No lo has captado, ¿cierto...? —Desdeño con una sonrisa de superioridad—. ¿Hace cuánto que ya no eres capaz de seguirme el ritmo, Ikkaku? —Limpió parte del sudor en su frente.

Al shinigami, le costaba respirar. Y jadeaba más de lo habitual por llenar de aire sus pulmones, Ichigo estaba en lo cierto; quien realmente estaba cansado era él.

—¡Te lo voy a decir una vez más, Ikkaku. Tú eres el siguiente que… no va a poder sostener su katana! —Vocifero a todo pulmón.

Ahora, fue Ichigo quien salto y de una sola estocada lo hirió de gravedad en su pecho. Fragmentando la katana en dos, cuando el shinigami intentó inútilmente el defenderse. Tambaleante ante lo que le había sucedido dio varios pasos hacia atrás, mirando estupefacto la empuñadura rota de su arma. Y no creyendo que había perdido contra un desconocido.

—¡¿Ikkaku?! —Con horror Ayasegawa grito e intentó ir en su ayuda, más fue detenido por Iba.

—Es una pelea de uno contra uno —le susurro y lo contuvo con toda la fuerza que pudo usar— si lo ayudas ahora, perderá todo su orgullo como shinigami —lo sujeto con más firmeza—. Si él ha decidido morir peleando ¡déjalo! —lo liberó—. A nosotros solo nos resta recoger sus restos.

Madarame comenzó a reírse como un desquiciado, mientras admiraba su katana rota.

—¿Qué pasa, aún no te rindes? —Ikkaku le hablo a Ichigo, como un hombre desquiciado— ¡Oh! qué lástima… aún puedo… ¡Sostener mi katana! —Le grito, mientras se acercaba a Ichigo—. Sólo conseguirás que suelte la empuñadura de mi arma. ¡Arrancándome las dos manos! —Le expreso en voz alta, tambaleándose en su andar.

Se aproximaba a Ichigo con gran velocidad.

—¡Suéltala —le ordeno el joven—, he dicho que la sueltes! —demando—. ¡Ya se ha acabado! ¡Sabes perfectamente que has perdido! —Le grito.

Solo cinco pasos los separaban de lo inevitable.

—¡Yo, Madarame Ikkaku Teniente del General Zaraki! ¡Jamás escaparé de un combate como un cobarde! —Rugió con ímpetu.

—¡Demasiado lento! —Ichigo vociferó con firmeza.

Con su último ataque, Ichigo arremetió de lleno contra su brazo derecho haciéndole una herida mucho más profunda de la que Ikkaku le había hecho. Paso justo a su lado, antes de derrumbarse en el suelo inconsciente. Los shinigamis presentes se acercaron rápidamente y la gente comenzó a conglomerarse alrededor del herido. El vencedor se alejó, lento, pero seguro de que no sería perseguido.

—Toma —le entrego la katana a su dueño—, espero que mejore —susurró con franqueza.

Se acercó hasta donde estaba Nell, la cual de inmediato comprobó la magnitud de las heridas. Suspiro con alivio, al constatar que no eran tan peligrosas como se veían. Juntos dejaron la calle. Ella miro hacia el segundo piso de la casa de sumo. Al parecer las cosas se adelantaban, tal y como se había previsto por el hombre que la había comprado hace años en la Kurēnhausu. Vería nuevamente a esa pequeña niña, que Ichigo salvo de un cruel destino. Desde el segundo piso se podía escuchar perfectamente el ajetreo que había ocasionado Ichigo, en su encuentro con el Teniente Madarame Ikkaku. El único hombre cerró la ventana e invito a las dos mujeres que lo acompañaban que se sentase sobre los zabuton.

—¿Sigues pensando que no está listo? —Encendió una vela e ilumino el recinto completo.

—Es solo un Teniente —desdeño—. ¿Y viste como lo dejo? —Fumo de su larga kiresu— ¡Urahara!

El rubio cubrió parte de su rostro con su abanico y suspiro—. El Teniente Madarame Ikkaku, es alguien muy fuerte —les informo— no ha sido la suerte lo que le dio la victoria a Ichigo.

Kūkaku líder del Clan Shiba rechisto y evitó mirarlo.

—¿Kūkaku-san, ? —Les hablo la mujer más joven, dueña de una cabellera clara y mirada complaciente— mi aniki (17) está listo para lo que está por venir —se levantó y camino hacia la ventana— ha esperado mucho tiempo —la abrió y dejo que la luz de la luna se filtrase—. Es momento de conocer la verdad de todo —volteó hacia ellos— de limpiar el nombre de todos los que murieron por nosotros.

La venganza no era el camino por el cual se debe seguir, pero un corazón lleno de odio no piensa en nada más. Hasta que encuentre una razón, para continuar e Ichigo está a solo un paso de encontrarlo.


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Capitulo III

"Crisol de Luz de Luna"

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Notas de la autora:

+ En esta historia, usaré muchas palabras japonesas; para darle una mayor credibilidad a la narración.

+ No existen los samuráis, propios de este periodo. En su defecto los reemplazaré por el cargo de shinigamis, de igual manera visten como en la serie.

+ Los cargos entre los rangos están movidos en esta historia. Irán desde Generales, Capitanes, Tenientes, Subteniente, cabos y demás.

+ No será un triángulo amoroso entre Ichigo x Rukia x Renji (ya saben que puedo hacer cosas más entretenidas). El verdadero triángulo ni se lo imaginan, (descartado Ichigo x Rukia x Kaien).

+ Hay parlamentos propios del manga (pelea entre Ichigo e Ikkaku), otra parte es inventada.

+ Las mujeres que menciono (cabello negro y cabellera clara), a las que no les doy nombre por el momento. No son Karin ni Yuzu.


Glosario:

+ (1) Kōtei, emperador literalmente en japonés.

+ (2) Hanami, es la tradición japonesa de observar la belleza de las flores, pero por lo general se asocia esta palabra al período en que florecen los cerezos.

+ (3) Kiresu, es el término japonés para la pipa japonesa antigua.

+ (4) Kettou, duelo japonés.

+ (5) Marenoshin, padre de Ōmaeda

+ (6) Miko, son sirvientes de los templos Shinto japoneses. Siempre eran vírgenes durante toda su vida.

+ (7) Yoshiwara, barrio del placer de Tokio.

+ (8) Shujin, amo en japonés

+ (9) Zabuton, almohadones para sentarse

+ (10) Palanquín, especie de silla o litera usada en Oriente para llevar en ellas a las personas importantes.

+ (11) Kaiseki, cocina cortesana de varios platillo. Normalmente se sirve durante la cena.

+ (12) Fushimi Inari taisha, templo de la religión Shinto, es la casa del espíritu de Inari.

+ (13) Tori, arco tradicional japonés.

+ (14) Oiran, cortesana de alto rango.

+ (15) Hisuisairen, "Sirena de jade" literalmente en japonés.

+ (16) Kurēnhausu, "Casa de la grulla" literalmente en japonés

+ (17) Shoppu, tienda japonés.

+ (18) Aniki, honorífico japonés que significa hermano mayor.


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Son las flores más bonitas, las que siempre tienen espinas.

Wolf's Rain

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