-(-Part 2-)-
El Director de la Academia Osmond miro con gran interés los objetos que el Profesor Colbert había extraído de la caja que el golem invocado por la Señorita Valiere portaba.
Había ropa, prendas de corte extraño pero de calidad elevada y algunos materiales que jamás había visto en su vida. Y eso que dicha vida era larga.
- En estos momentos el Golem esta en mi laboratorio, - estaba diciendo Colbert, visiblemente emocionado. – Es extrañamente ligero para ser de metal, pese a su tamaño. Tengo varias teorías pero aun no he podido concretarlas sin más investigación. Lo que es un hecho es que es un golem concebido para la guerra.
Esa enorme espada aun en su funda lo evidenciaba.
Osmond asintió. Tener cosas de guerra no le entusiasmaba tanto como a su confiable profesor del elemento fuego.
- ¿Alguna idea de su procedencia? – Preguntó mientras sentía la gruesa tela de una casaca negra con adornos dorados. Diseño sencillo, aunque los adornos en el cuello parecían ser emblemas de familia. Era… ¿algodón? Si, algodón grueso, de muy alta calidad. Parecido a la tela que usaban los nobles para sus prendas de invierno. Costoso sin duda.
- No. He encontrado numerosas marcas, letras y frases. El Idioma se parece al Albiones antiguo. Difícil, pero no imposible de leer. Aunque no le encuentro sentido a su propósito. Radio. Factsphere. Landspinner. Blaze Luminous. Desconozco si tienen algún significado en Halkenian moderno.
En la última Cruzada de Halkenia contra los Elfos, por la bula papal de Jean Claude XVI, los reinos tuvieron que unificar su idioma. Como resultado el Galiano, que tenía el mayor numero de hablantes se convirtió en Halkenian la lengua de la gente culta y noble. El resto, Albiones, Germano y Tristano se convirtieron en lenguas preservadas solo por plebeyos y sin ninguna valía legal. El Romaliano se reservo para la clase Clerical al oficiar las ceremonias.
- Que hay del jinete. El Familiar. – Mmmhh… una camisa blanca dentro del paquete de la casaca era de lino… Lino Oriental. Incluso a un Barón le seria imposible costear una prenda así. Los pantalones en cambio, eran de Algodón, más ligero que el de la casaca, pero sin duda de calidad también. – ¿Ha dicho algo?
- Sus heridas eran graves. El Profesor Cotin se ha encargado de él y la Señorita Valiere ha costeado los reagentes para su sanción. Esperamos que despierte para el día de mañana.
- ¿Ella costeó los reagentes? – Osmond arqueo una ceja. – ¿No se supone que la Academia se debería encargar de ello?
- Según Cutin, ella argumentó que como era su familiar era su responsabilidad costear por su sanción. – Había una sutil nota de orgullo en Colbert. No podía esperar menos de la hija de Karin del Viento Fuerte.
- Jo jo, ya veo. ¿Y que es todo esto? ¿Su equipaje?
Desconocido para ellos, la cabina del Lancelot (y de casi cualquier Knightmare Frame) tenía espacio para un pequeño equipaje. Usualmente eran provisiones de sobrevivencia o armamento. Los Knights of Rouns en cambio, tenían la costumbre de cargar con ropas, uniformes; por si tenían que aterrizar en alguna base que no era la propia.
Suzaku guardaba un uniforme de Round con su capa, un cambio de ropas de civil y un uniforme de Ashford. En lo personal nunca le importo mucho su apariencia personal, pero como Round era la imagen del Emperador y del Imperio y era juzgado como tal.
De allí que mientras Osmond examinaba el uniforme negro y dorado de Ashford; el uniforme de Round Blanco y dorado (autentico hilo de oro en el bordado y los adornos) de Algodón Egipcio y la pesada capa azul con las botas estaba acomodado en su escritorio. El paquete con las prendas de civil (los sencillos pantalones, camisa y gabardina delgada que favorecía) aun estaba en una silla.
- Me llamó la atención al principio. Que se haya tomado la molestia de empacar diferentes prendas, especialmente si estaba en un combate, pero… la calidad de las prendas me hacen pensar si es un noble, aunque estas últimas son más sencillas...
- Tu mismo dijiste que no pudiste detectar magia en el.
- Así es. El Hechizo de detección no me mostró nada… aunque… hay algo. No puedo precisarlo. Es como un eco en su cabeza. Raro, pero en definitiva no es magia.
- ¿Entonces? Si no tiene magia…
- Viejo Osmond, ¿olvida que en Germania por ejemplo, Magia y nobleza no necesariamente significan lo mismo? La calidad de estas prendas, las telas con las que están hechas. Esas son cadenas de oro, usadas en una chaqueta de lo que parece ser un uniforme. Un plebeyo no podría costear su fabricación.
(Sobra decir que el uniforme de Round estaba hecho a la medida. Cada uno de ellos era de diseñador: Hugo Boss por ejemplo, Versace cuando tenia tiempo. Gucci cuando necesitaba un trabajo de verano. Y aunque originalmente el uniforme de Ashford era generalizado con solo variación de tallas; Suzaku mando a hacer los suyos a la medida también. Después de todo, a un Round jamás se le vería comprando ropa producida en masa)
- ¿Un Noble extranjero? Eso seria malo para nosotros. Podría incluso causar un incidente político desagradable. Mmh. Esto es, interesante. - Había mas cosas, aparte de los uniformes. Una espada. Larga, con la guarda dorada y un escudo en la empuñadura. – Creo haber visto este emblema antes… pero no puedo recordarlo. – Era peculiar. Un león y una serpiente, dentro de un escudo negro de bordes dorados y una corona encima de este. – Es una… muy buena espada.
Siendo un Mago Tierra, podía "sentir" el material del que estaba hecha. Podía identificar el acero más otros componentes extraños. Así como su temple y su resistencia, aun con simplemente tocarla.
- No creo que ningún herrero pueda hacer una como esta, sin magia.
- Mire esto. – Colbert puso frente a algo que parecía ser una pistola. Gruesa, demasiado cuadrada y pesada. Mas que aquellas que usaban los soldados comunes en el ejercito. – ¿Percibe algo extraño en ella?
Examinándola, su función era muy simple. Al igual que las pistolas, jalas el gatillo y la bala sale quemando…
- No huele a pólvora. Su calibre es muy pequeño y… su estructura parece demasiado robusta y cuadrada.
- Y sin embargo… - Colbert la tomo, apretó un disimulado botón al costado del cañón (le tomo un tiempo deducir para que era) y apretó el gatillo apuntado a una pared.
No hubo explosión. No hubo humo. Tan solo un fuerte chasquido agudo, corto y un instante después un pedazo de roca estallo por el impacto de una bala.
- Un arma personal, que no requiere pólvora y que es relativamente silenciosa. Y créame, el retroceso es potente, mas que las pistolas que he sentido antes.
Osmond compartiría la fascinación de Colbert por esa arma, en verdad, si no estuviera pensando en sus consecuencias.
Sacudió la cabeza, no tenía sentido preocuparse por ello en ese momento.
- ¿Qué mas encontró? Parece que la teoría de que sea un soldado Noble esta tomando fuerza.
- Encontré esto… al igual que todo lo demás es peculiar. Muy peculiar. Mire, son tarjetas en un papel duro y brilloso. Con unas pinturas muy precisas del familiar.
Una cartera. No era como si ellos la llamaran así. Después de todo la identidad en Tristain se comprobaba mediante un código de vestimenta o la posesión de una carta con un sello de autoridad.
Osmond tomó una pequeña… ¿bolsa?. No, no bolsa. Parecía una libreta de cuero grueso, no podía identificar de que animal (Cartera de Piel de Avestruz, un regalo de Mónica Krushevzky – "Por ese increíble momento en St. Pettesburg."); y dentro de ella tenia varios pedazos de pergamino (Libras Britannas) con los números 10, 20 y 100 y los papeles raros que mencionaba Colbert.
- Esto… tiene razón, Albiones antiguo. Veamos… Credencial de Estudiante. Academia Ashford. Nombre: Suzaku Kururugi. Grado: Tercero. Status: Itinerante. – La pintura, muy buena, perfecta, sin ningún rastro de pinceladas; lo representada en las vestimentas negra con adornos dorados. Entonces era un uniforme…
- ¿Academia? ¿Es un estudiante? ¿Entonces que hace con esas armas?
- Estas no me dicen nada… Licencia de Conducir. MasterCard. Britannian Express. Britannian… - Esa palabra. Esa palabra. Esa SI la reconocía… sentía que estaba a punto de identificarla. – ¿Qué es un Trojan, y para que sirve?
Oh viejo Osmond… si supiera. Suzaku era un hombre solitario, pero nunca estaba de más ser precavido. El significado y el propósito de esos pequeños sobrecitos de papel brilloso con el borde de un círculo en medio… lo harían sonrojar pese a su edad.
Entonces lo vio.
– Vaya, vaya. Que es esto.
Colbert dejo de mirar una pequeña pintura donde estaba el familiar, vestido en esas sencillas ropas de plebeyo, sentado en el césped con una chica de cabello rosa de su edad, abrazándola por la espalda; para acercarse y ver lo que le había llamado tanto la atención al Director.
La pintura representaba al familiar, Suzaku debía recordar, en el uniforme blanco con la capa azul de cuello alto. Lo extraño eran sus ojos. Había visto esos ojos muchas veces; de vez en cuando en el espejo de su habitación.
Eran los ojos de un soldado que ha visto el infierno en la batalla más de una vez.
- Holy Empire of Britannia. Knights of Round. Knight of Seven. Lord Suzaku Kururugi. Sub-Viceroy of the Area 11.
- ¿Lord? Viceroy…er… Virrey. ¿Era una clase de Gobernador?
Britannia. Britannia. Osmond recordó ese nombre.
Hace ya tantos años. Un moribundo soldado en extrañas prendas de combate, portando un par de báculos de enorme poder. El Báculo de la Destrucción, empelado para matar a un Dragón y salvarle la vida.
Un guerrero que preguntó por Britannia, antes de exhalar su último aliento.
- ¿Olsmond? Director. – Colbert trato de llamar la atención del anciano que parecía perdido en sus recuerdos. – ¡Esto es grave! La Señorita Valiere invoco a un Noble extranjero. ¡Un Subgobernador! Esto podría…
- No, no creo que debamos preocuparnos por un incidente Colbert. Este joven Lord. Un Knight o Chevaliere si quiere verlo así… esta muy lejos de su hogar. Muy, muy lejos… y dejémoslo así. Supongo que tendré que hablar con él cuando despierte, al menos se merece eso.
Colbert trato de protestar, pero prefirió callar. Era obvio que el anciano Director sabía mas de lo que permitía saberse, como era su costumbre, pero hacia mucho tiempo aprendió a confiar en su juicio.
- ¿Algo mas que reportar? ¿Quedo confirmado que el contrato de familiar quedó completado?
- Eh, si. Las runas del contrato quedaron inscritas en su mano izquierda… unas runas bastante peculiares debo decir. No recuerdo haber visto una composición parecida antes.
- Bien, bien. Investiga por favor de inmediato. Tal vez esas runas nos informen mas sobre el porque fue elegido para ser el familiar de la Señorita Valiere. Por ahora… - Carraspeó, y procedió en voz más alta. – Miss Longeville, por favor haga que una de las sirvientas lleve las pertenencias del Familiar de la Señorita Valiere a su habitación.
La puerta de la oficina se abrió y una atractiva joven mujer de cabello verde y gafas entró, echando un vistazo rápido a la oficina, antes de asentir.
- Por supuesto Director. – La nueva Secretaria del Director realizo una breve reverencia y salió sin decir palabra.
Claro, de no haber estado tan intrigados por la información que acababan de aprender (o en el caso de Osmond, revisando la parte posterior de su nueva secretaria), se habrían cuestionado la rapidez con la que Longeville respondió al llamado.
Bueno, no era como si hubiera estado espiando por la cerradura de la puerta, ¿verdad?
(-Line-)
En Halkenia el concepto de "horas extras" era completamente desconocido,
No sindicato de trabajadores. No ley laboral. No derecho a huelga. Es mas, no existía la clase trabajadora per se. La única división era en 3 estratos. Realeza, nobles y plebeyos.
Siesta de Tarbes, pertenecía a la última clase y, aun cuando el concepto no existía, estaba trabajando horas extras.
Debió haberse ido a dormir hacia horas, cerca de la puesta del sol, ya que le correspondía levantarse en la madrugada para alistar la ropa limpia de los estudiantes y poder repartirla cuando ellos salieran de sus habitaciones para recibir clases.
Bostezando, por haber estado despierta ese día desde la salida del sol y no haber parado en todo el día, Siesta de Tarbes caminaba sintiéndose sonámbula por los corredores de la Academia.
Era un buen trabajo, debía reconocerlo. Mucho mejor que el que podía obtener en su pueblo. E infinitamente superior al que podía tener de servir como criada en la casa de un noble particular.
La Academia no solo enseñaba Magia a los jóvenes magos. Les enseñaba como comportarse de acuerdo a su estrato social y, eso significaba, prácticamente ignorar a la servidumbre. Lo que a ella le sentaba bastante bien.
Claro, ella no conocía la Ley de Murphy (de hecho, tal vez nadie en Halkenia conocía siquiera el concepto) pero eso no significaba que estuviera exenta de sus efectos.
Ella debió girar a la derecha en el corredor oeste del segundo piso de la torre central para poder salir de ella y dirigirse a los dormitorios de los sirvientes… pero bostezando perdió el ritmo y giró a la izquierda. Pudo corregir su rumbo, pero ese giro le costó medio segundo; tiempo suficiente para que Miss Longeville apareciera por el final del corredor, la viera y la llamara.
- Disculpa… ¿tu nombre? – Longeville no era noble. Si, podía ser maga, pero era uno de esos casos en los que el noble perdía su titulo, así que para efectos prácticos eran iguales.
- Ah, este Siesta. – Contestó, inclinándose hacia delante. Después de todo, noble o no, ella la reconoció como la secretaria del director. - ¿En que puedo servirle?
- Bien, el Director desea que lleves unas cosas a la habitación de la Señorita Valiere en la Torre Agua. ¿La conoces?
- Este… si. Valiere, si. De hecho yo me encargo de la lavandería de esa torre.
- Perfecto, en ese caso el Director la estará esperando.
Siesta reprimió un suspiro de frustración, ¡tenia sueño!, pero trabajo era trabajo.
Como todo sirviente, evito hacer preguntas, se limito a escuchar sus órdenes. Mientras menos tiempo pasara entre ellos, menos probabilidades tendría de cometer un error y llamar más la atención.
Siesta de Tarbes desconocía el concepto de la Ley de Murphy. Así como también desconocía el concepto de la Ley del Caos. En un proceso dinámico la más mínima variación de las condiciones iniciales produce resultados completamente diferentes. Un a manera sencilla de explicarlo: Hasta el pequeño aletear de una mariposa en el Atlántico, puede producir un huracán en el Pacífico.
Si tan solo no hubiera girado a la izquierda en ese momento…
Por ahora en cambio, ella solo cargaba 3 conjuntos de ropas de diseño extraño y una larga espada de guarda dorada (Olsmond y Colbert decidieron que, hasta no conocer mejor al familiar de la Señorita Valiere, mantendría bajo custodia la pistola sin pólvora) a la torre de Agua; con la instrucción de llevar al menos un conjunto de ropas a la enfermería para el familiar invocado.
De esa manera llegó, bostezando aun, a la habitación de la Señorita Valiere.
- Miss Valiere. Disculpe Miss Valiere. – Dijo en voz alta. Teniendo las manos ocupadas le era imposible tocar.
La puerta se abrió y una molesta y pequeña joven apareció, usando únicamente un camisón para dormir.
- Si, ¿Qué quieres? – Pregunto hoscamente.
- Disculpe que la moleste Miss Valiere, pero el Director Osmond me ordeno que trajera esto a su habitación. Al parecer son las pertenencias de su familiar.
Había estado acostada, tal vez a punto de dormir, noto una pequeña parte de Siesta con algo de envidia. Ella estaba a punto de caerse de sueño y la señorita Valiere en cambio estaba molesta porque la habían levantado de la cama. Oh, que tragedia.
Claro, una pequeña parte.
La parte más grande, la racional, le dijo que no debía de mostrar nada más que una absoluta competencia y deferencia hacia ella, por su propia seguridad.
Raro. Valiere era famosa entre sus iguales por su marcado fracaso en hacer magia. Todo hechizo que lanzaba terminaba en una explosión (y a ellos les correspondía limpiar-reparar-tirar después de dichas explosiones). Más de una de sus compañeras criadas se burlaban de ella e incluso cuestionaban su derecho a ordenarles. ¿Por qué obedecerla si simplemente no podía ser una noble por su falta de magia?
Siesta la había observado varias veces. Desde lejos claro. La había visto soportar las burlas y los desprecios de otros alumnos. Incluso uno que otro maestro que perdía la paciencia con ella y amablemente le sugerían que se dedicara a la investigación, a la corte o simplemente se rindiera.
Pero seguía intentando. Una y otra vez.
A su manera, era admirable.
Claro, pensaría eso si su mente no estuviera tan cansada y dejara de concentrarse en evitar bostezar frente a ella.
- Mmh ya veo… bien, déjalas por allá. – Dijo casi indiferente, el comportamiento esperado de una noble para una criada.
- Debo llevar un conjunto de ellos a la enfermería para cuando su familiar despierte.
Su esperanza era que Louise le permitiera retirarse rápido, dejar las prendas y poder retirarse a dormir… pero, bueno. Eso no paso.
Con gran curiosidad Louise tomo las prendas y las examinó detenidamente. Admirando el bordado en hilo de oro del uniforme blanco y las cadenas doradas; o la textura de la camisa blanca del uniforme escolar. Las otras prendas eran muy sencillas, de tela basta y algo incomoda. Propias de un plebeyo, pero las otras. ¿LINO ORIENTAL? Su madre le había comprado a su padre una camisa del mismo material como regalo de cumpleaños y nunca dejo de hablar sobre lo que había costado. Los símbolos eran extraños, pero muy orientados a nobleza. Mmmhh… ¿invoco a un noble? Eso podría tener problemas en el futuro.
Al menos no era un plebeyo, como varios de sus compañeros empezaban a rumorar.
La espada. Era costosa también, con un escudo de armas igualmente extraño. ¿Un Chevaliere? Era obvio que era soldado, las heridas y el aire bélico que el golem parecía tener.
¿Qué clase de familiar había invocado?
- Dijiste que le ibas a llevar unas prendas a la enfermería, ¿verdad? – Pregunto después de varios minutos de examinar las cosas.
- Así es, Miss Valiere. – Contesto Siesta. Más de una vez pensó en retirarse pero… no era conveniente.
- Bien, te acompañare. No me han permitido ver a mi familiar desde que lo terminaron de curar. Si esta despierto al menos podré saber que es o que hace. – Dijo al final, guardando de nuevo la espada en su funda y caminando al vestidor.
Reprimiendo por enésima vez un suspiro Siesta no necesitaba palabras par saber que era lo que ella quería.
Un noble JAMAS se viste solo si hay una criada cerca.
Siendo una de las encargadas de la lavandería de la Torre, Siesta sabía donde guardaba sus cosas, así que sin pedir instrucciones sacó un uniforme y, dando un vistazo rápido a la joven, unas pantys nuevas.
Fue un proceso rápido. Louise levanto los brazos para que Siesta pudiera quitarle el camisón quedando desnuda y con movimientos eficientes ella le puso las bragas, falda, un corto camisón (interesante que los nobles no parecían usar corsé… o al menos ella no… no era como si hubiera mucho a lo que dar soporte… pobre chica…mmhh, parece que con el sueño me hago condescendiente…) la blusa y por ultimo las medias y los zapatos.
En minutos Louise estaba vestida en su uniforme y tomando la varita (por si las dudas) dirigió el camino con Siesta a 2 pasos detrás de ella cargando el uniforme negro (escogido por Louise claro), y trataba de no tambalearse.
Si. Esa fue la primera de muchas veces en la que Siesta maldijo el no haber dado vuelta a la derecha en el corredor del segundo piso de la torre central.
(-Line-)
Cuando Suzaku recobro la conciencia siguió el manual y no abrió los ojos de inmediato. Al contrario trato de usar sus sentidos para recabar información.
En primer lugar, noto que estaba desnudo. Algo incomodo.
En segundo lugar noto que estaba solo, cosa que lo tranquilizo. Despertar desnudo y acompañado conducía generalmente a situaciones incomodas. Lo sabía muy bien.
Expandiendo un poco la sensibilidad de su oído supo que estaba solo en la habitación. Grande por la forma que se oía el aire moverse. Aparentemente había una ventana a su derecha como a 3 metros, podía sentir una corriente de aire fresco. Humedad un poco elevada, un ligero aroma a moho aun cuando no desagradable. Pronunciada falta de aromatizantes ambientales. ¿Alcohol? ¿Cloroformo? Pensaría que estaba en la habitación de un hospital, si no fuera por la ausencia de sonidos de maquinas clínicas.
Abrió los ojos cuando se convenció que estaba completamente solo, y se sentó en la cama.
Sip. Una enfermería, a juzgar por las camas sencillas y sus sabana blancas al lado de frascos marcados con etiquetas descriptivas. De nuevo la ausencia de maquinaria le llamó la atención.
Aunque no tanto como las paredes de piedra. O la pesada puerta de madera reforzada con metal y grandes clavos de hierro. Piso del mismo material… nada de concreto. Las luces eran extrañas. No lámparas frías, sino calidas, como si fueran de gas.
Arqueo la ceja.
En definitiva, NO era Área 11.
Diablos, ni siquiera podía estar seguro que fuera Britannia o alguna otra Área.
Lo último que recordaba era el FLEIA. Esa infernal luz rosada cubriéndolo todo. Después el estruendo del Guren pateando el torso del Lancelot evitando que escapara. Y después… todo era luz.
Sobrevivió al FLEIA, imposible.
Pero, también recordaba el chocar contra el piso. El dolor del impacto… salir de la cabina.
Recordaba a Anya y lo beso… momento. Ella no era Anya. Era diferente y después… Dolor. Dolor que iniciaba en su mano…
- Si esta es una marca de prisionero, matare a quien me la hizo. – Murmuro para si al ver unas raras letras tatuadas en el dorso de su mano izquierda.
Con el tatuaje de su brazo derecho le era suficiente.
Hecho numero uno… Ubicación desconocida.
Hecho numero dos… NO era Brtiannia. Ni siquiera los castillos más antiguos tenían la roca expuesta. Todos habían sido cubiertos por yeso, o tapices.
Hecho numero tres… estaba desnudo y…
Parpadeo.
¡Estaba bien!
¡No! No la parte de estar desnudo. Sino que físicamente estaba bien. No heridas, no desgarres. Sus costillas estaban en su lugar. No moretones, cortes, sangrado, etc, etc.
Estaba completamente sano, cosa que estaba seguro, no era así cuando salió del frame.
-¿Cuánto tiempo pase dormido…?
Mínimo una semana. Generalmente sanaba rápido (tal era su odio por los hospitales) y lo mas que había estado internado eran 15 días, por heridas menores de las que seguramente había tenido.
En una silla cerca de la cama, detectó su traje de piloto. Aun sucio por lo visto.
Frunció el ceño. Si paso tanto tiempo dormido, porque dejar allí sus cosas tal como habían estado…
Sin perder tiempo, salto de la cama y tomó el traje para vestirlo de inmediato. No podía ir corriendo desnudo por el lugar ya sea escapando o recabando información.
Aun si Dorothea juraba que era posible y lo había hecho antes.
Pasos. Una persona. Paso regular y pesado. Un tosido. Hombre. Grueso, tal vez con sobrepeso. Poca velocidad. Blanco fácil.
Suzaku de inmediato se coloco detrás de la puerta, del lado contrario a la perilla.
Era hora de entrar en acción.
(-Line-)
El Profesor Charles Cotin era un Mago Agua-Agua-Aire. Especialista en curación y pócimas. No solo estaba encargado de la formación de los magos de tercer año, sino también de la enfermería donde dirigía a otros 4 magos de menor categoría y 5 plebeyas que actuaban como enfermeras.
En otras partes tener a 5 médicos y 5 enfermeras a cargo de la enfermería de una academia podría parecer excesivo. Eso era el personal de un pequeño hospital, básicamente.
Pero en la Academia donde alguien fácilmente podría salir con quemaduras de tercer grado en un hechizo de fuego mal ejecutado; o con laceraciones graves por magia de viento; o con contusiones generalizadas por una explosión extraña (una galleta a quien sepa el origen de esas explosiones)... Había momentos en los que Cotin sentía le faltaba personal.
No esta noche al menos. La ceremonia de Invocación de Familiares se efectuó sin muchos problemas. Descontando el final donde, para variar, la Famosa Zero causo una explosión y alguien resulto herido; se podía considerar que era un día tranquilo.
Nada que ver con el año pasado, donde un genio invoco un Basilisco y lo uso para vengarse de un par de buscapleitos convirtiéndolos en piedra siendo expulsado.
¿Que fue del joven Tom Marvolo Riddle?, solo Brimir lo sabrá.
Lo único que faltaba por hacer, era un vistazo rápido al familiar humano herido. Asegurase que aun seguía dormido gracias a la pócima para dormir que, en teoría lo mantendría así hasta el día siguiente.
En teoría.
- Oh no puede ser. – Exclamó al ver a cama vacía del familiar, ni bien abrió la puerta. – No pudo haber desperta… - Se cortó al sentir un brazo alrededor del cuello.
(-Line-)
Fue una llave sencilla. Nada del otro mundo. Un brazo alrededor del cuello, teniendo cuidado en capturar la traquea y la carótida con la parte interior del codo y presionar hacia adentro y hacia arriba; mientras con el otro brazo se hacia palanca y se inmovilizaba la cabeza
El pánico hizo que el hombre, que usaba una túnica de entre todas las cosas, llevara de inmediato sus manos al cuello para tratar de liberarse.
Suzaku en cambio siguió presionando. No tenía un arma para amenazarlo o para obligarlo a hablar. No escuchaba a nadie afuera, así que tampoco le serviría como rehén y en definitiva NO lo arrastraría por allí. La mejor opción fue incapacitarlo y tal vez, usarlo para ocupar su lugar en esa cama y causar una pequeña distracción.
Si NO estaba en Britannia, cualquier otra zona debía tomarse como zona enemiga y como tal, hostil.
En menos de 10 segundos Cotin yacía en el piso inconciente. Suzaku lo arrastro hacia su otrora cama y lo acostó cubriéndolo con las sábanas.
Un vistazo rápido por la ventana le dijo que estaba a 5 niveles del suelo y a más de 200 metros había una pared de piedra como d metros de alto.
¿EU? Solo en Europa aun usaban castillos de piedra y esas torres. Britannia sustituyó muchos de los suyos por construcciones monolíticas de hormigón. Era mas barato construir castillos nuevos diseñados para la defensa moderna que adaptar las reliquias del pasado.
5 niveles… tal vez 15 metros. Usar las sabanas para una cuerda tomaría tiempo. Dejarse caer estaba descartado. Su altura máxima de caída sin sufrir daños graves era de 9 metros, la última vez que lo intento. No, tenia que escapar por los pasillos.
Y si era necesario luchar.
Suspiró.
No tenía idea de lo que pasaba, pero primero saldría de allí, localizaría el Lancelot para mandar una señal y solicitar extracción, y después tendría mucho tiempo para pensar.
Y era un hecho.
Suzaku Kururugi, realmente ODIABA a Murphy.
- ¡Oye tu, detente! – Gritó una voz aguda a su espalda, ni bien puso un pie fuera de la habitación.
La chica de cabello rosa (Dios mío… porque DEBEN tener pelo rosa?) que lo beso y una chica mayor vestida de sirvienta… mmhh "meido"… aparecieron del otro lado del corredor. La sirvienta sosteniendo un cambio de ropa al parecer y la otra, sujetando una vara pequeña. Como batuta de un director de orquesta.
Mirando al otro lado encontró una pared, así que la única vía alterna…
- Te ordeno que… - Se interrumpió la de pelo rosa corrió hacia ellas de forma rápida. Muy rápida. Ni siquiera le dio el tiempo de levantar su varita cuando torciendo el cuerpo paso entre ella y la sirvienta como una exhalación. – ¡Te digo que te detengas! ¡Tu! ¡QUIEN TE CREES!
Terminó gritando a su espalda.
(-Line-)
Escaleras. Descendentes.
Una parte de su cabeza registró el hecho de que todo era de roca. Que las lámparas seguían pareciéndose a las de Gas usadas hace más de un siglo. Tapices, armaduras. Todo era extrañamente antiguo… al menos en estilo. Las armaduras eran muy relucientes y los colores de los tapices y alfombras muy vibrantes.
Escucho voces y trato de apretar el paso para evitarlas. Al final de la última escalera vio una luz más intensa y una corriente de aire más fuerte.
Estaba ahora en un salón, amplio. Con muchas mesas de madera ricamente elaborada, sofás de terciopelo rojo y ¡candelabros con velas! Iluminando intensamente la sala en la que fácilmente podrías hacer un baile modesto.
Lo bizarro de la situación lo hizo detenerse un momento, tratando de asimilar las cosas.
- Oye tú. ¿Eres el familiar que la Zero invocó? Todos deseamos saber cuanto te esta pagando para… ¿Te atreves a ignorarme?
Meh. Un tipo rubio, delgado de aire presumido trató de pregúntale algo. Si era chocante que usara su camisa desabrochada mostrando el torso lampiño, lo era más que estuviera sujetando una rosa y la moviera con cada ademán mineras hablaba.
Añade la mirada de devoción que una chica de cabello corto y castaño le brindaba, mientras sostenía un panecillo con el que sin duda alimentaba en la boca al chico, y tenias al típico aristócrata presumido que se cree conquistador.
Exactamente la misma impresión que le dio Gino cuando lo conoció… y paso mucho tiempo para que cambiara su opinión de él. Aunque Gino aun se creía conquistador…
Juzgándolos de cero amenazas, Suzaku los ignoro y corrió de inmediato a la salida. Una puerta con ventanales enormes y vitrales elaborados. Era curiosa la falta de gente. Aun si era muy tarde, juzgando por lo oscura de la noche, debía haber guardias, o más personal.
Bordeó la pared hacia la derecha. Primero debía tener algún conocimiento del lugar donde estaba para tratar de encontrar los hangares. Si no podía usar la radio del Lancelot, tal vez podría usar un frame. Un Panzerhummel o, primero dios, ese dichoso Alexander que le dio tanto dolor de cabeza el año pasado.
Corrió 20 metros antes de darse cuenta que le estaba dando la vuelta a una torre. A su derecha e izquierda estaban 2 más y a juzgar por la recta de la pared exterior, había otras más. 5 en total. No era un círculo, ¿era un pentágono? ¿Quien usa un pentágono como base para las murallas de un castillo? No había defensas antiaéreas, no veía artillería. No era una base militar.
¡Kuso!
Tal vez, robarse un vehiculo estaba fuera de consideración.
¡Puerta!
A 200 metros estaba una puerta, sin ningún guardia. Corriendo a su máxima velocidad, zigzagueando, podría reducir la posibilidad de que tiradores lo pudieran herir o matar. Con tan poca vigilancia, tal vez podría llegar al bosque que se veí kilómetros a lo lejos y…
Suzaku estaba acostumbrado a mantener su pánico a la raya. Siendo soldado y, más importante, siendo Knight of Round, no podía darse el lujo de asustarse, impresionarse o tener pánico.
Había pasado innumerables batallas. Combates donde se encontraba superado en número, en armamento. Donde lo dejaban solo. Donde la muerte le colocaba su mano en el hombro y le aseguraba que era su hora.
Y jamás había caído en pánico.
Casi, casi, gritó asustado cuando empezó a elevarse en el aire.
Como si alguien lo tomara de la cintura y lo levantara sin esfuerzo, aun si no sentía cuerdas o ganchos ni nada.
Dominado brevemente por el pánico trató de sujetarse al césped y evitar ser separado del piso de forma inútil. Tan solo sirvió para que su mano derecha agarrara una pequeña piedra de la mitad de su puño.
- Esto te ganas por ignorarme, plebeyo. Deberías aprender cual es tu lugar. – Habló la voz arrogante del rubio presumido.
Flotando ahora a 3 metros del piso, Suzaku no podía negar lo que estaba pasando. Estaba levitando. Y, a juzgar por el movimiento que el rubio le daba a la rosa de su mano; era el responsable de ello.
- ¡Guice! ¿Que estas…? Ah, veo que lo atrapaste. – Dijo ahora la pequeña chica de cabello rosa, agitada por la carrera. Cerca de ella, la sirvienta que aun cargaba un cambio de ropa llegó, cubriéndose la boca con una de sus manos en un gesto de impresión y… ¿horror?
- Valiere. Deberías ponerle una correa a tu familiar y enseñarle buenos modales. Nos ignoro a Katie y a mí en el salón. – Katie, la chica de cabello castaño corto, se había acercado también.
- ¡Ya lo se! Se escapó antes de que pudiera hablar con el. Bueno, ahora bájalo ya.
- Primero Zero, no me des órdenes. Lo bajaré cuando este satisfecho y, tal vez, sea yo el que le enseñe buenos modales. – Agitó la rosa en el aire, haciendo que Suzaku se sacudiera en el aire varias veces. – Después de todo, ¿Qué puedes hacer tú para enseñarle a tu plebeyo a respetarte? Después de todo los dos son iguales, ¿no es así? Louise la Zero.
- ¿Me estas diciendo plebeya, Garmont?
- Si no es así, bájalo con tu magia Louise… si no lo matas en el intento. - Se peino en cabello ondulado con una mano mientras sonreía con superioridad. Por supuesto, todo era para que la tal Katie lo mirara con más reverencia y sus mejillas se sonrojaran.
"Señor Guice… que genial se ve." Pensó al verlo. Cool seria la palabra moderna.
Bully seria la palabra que lo definiría legalmente.
Calmado su pánico, apostando que, sea lo que sea que le hicieron, el rubio era el culpable; Suzaku afinó puntería y lanzó la piedra que tenia en la mano justo a la frente del rubio.
Para nuestro beneficio, tomémonos un momento extra para describirlo.
En un cuadro tenemos a Guice. Sujetando su rosa y sonriendo ampliamente con los ojos cerrados; burlándose de la pequeña Louise que enrojecía de coraje y apretaba tanto sus puños que los nudillos se le ponían blancos. Al lado de Guice, Katie se llevaba las manos al pecho, impactada por la presencia de su galán, aquel que le prometió acompañarla al bosque de la Rochelle en el siguiente día del Void. ¡A ella! ¡El chico más guapo de la academia! En cambio, al lado de Louise, el gesto de horror de Siesta se convirtió en un bostezo profundo. La situación podía ser extraña, pero ¡ella tenia sueño!
En el siguiente cuadro, tenemos la misma escena. Excepto que había un borrón grisáceo, justo a milímetros de la frente de Guice, quien aun seguía felicitándose por su despliegue de hombría ante los mas débiles que el. Aparentar ser macho alfa es un trabajo cansado. Lamentablemente para él, ese borrón grisáceo, era una piedra, lanzada a la mitad de la Velocidad Terminal.
En el tercer cuadro tenemos a los mismos actores… con excepción de Guice. Cuya cabeza fue arrojada ferozmente hacia atrás por una energia cinética de 35.42 joules… osea, el equivalente de una bola de baseball arrojada a 80 Km/h. Sobra decir que exclamo un pequeño "¡Gurk!" al momento del contacto.
En el cuarto cuadro, al fin las expresiones tanto de Louise, Katie y Siesta cambiaron. A una mezcla de asombro y susto. La expresión de Guice… bueno. Perdió toda la hombría y la superioridad cuando su nuca se estrello con el suelo y un chichón del tamaño de una toronja deformo su frente y un hilo de saliva se escurrió por su boca.
Suzaku CASI pudo escuchar a alguien gritando "K.O." y una gruesa voz sentenciando "¡FINISH HIM!"
Al menos su apuesta, por extraña que pareciera, fue correcta y el responsable de que flotara a 3 metros del piso era el rubio ese. Al perder la conciencia, Suzaku dejo de flotar y cayó al suelo donde al fin podía hacer algo.
A su izquierda estaba la puerta rumbo a la libertad. A su derecha sus atacantes/captores/enemigos.
Corrió a la derecha, directo hacia ellos, aprovechando el elemento sorpresa que le brindo el eliminar a uno de los suyos. 2 de las chicas blandieron sus palos y empezaron a recitar algo. No les dio tiempo.
Cerrando distancia en un segundo provocando que dieran un paso hacia atrás se agacho y uso sus piernas para barrer las suyas. No fue para hacerles daño, realmente. Solo hizo que cayeran sobre sus traseros con fuerza. La "meido" en cambio gritó asustada y abrazo las ropas frente a si, protegiéndose. Juzgándola como no combatiente la ignoró y corrió de nuevo a la puerta. Podía ver que había movimiento en las otras torres, personas vestidas de la misma manera que las chicas (incluso mas meidos) y adultos en túnicas variadas.
¿Un culto? Valiente lugar donde vino a parar.
La extrañeza de la situación le dio fuerzas a sus piernas ayudándole a correr esos 200 metros en tiempo casi récord.
Una explosión detrás de el hizo que cayera, pero rodó y recupero el paso de inmediato.
"Están usando granadas de concusión… pero no escucho rifles o armas de mano…"
Las granadas podrían incapacitarlo, si estallaban muy cerca, pero las balas le causarían mas daño o lo matarían. Así que agradeció que no estuvieran disparando.
Cuando cruzo la puerta inmediatamente giró a la izquierda para usar la pared como cobertura. No pudo ver ningún guardia en los muros, así que le serviría al menos para ocultarse en las sombras y esperar a que alguna nube ocultara la luz de las lunas para poder correr al bosque sin ser…
Jadeando, aun cuando el deseo de escapar era casi insuperable. Suzaku Kururugi se detuvo para mirar al cielo.
WHAT. THE. FUCK. (Ah, las maravillas del lenguaje britanno. Tan expresivo y sutil en ocasiones.)
Suzaku había aprendido hace tiempo a mantener controlado sus miedos. A nunca entrar en pánico.
Minutos antes, el hecho de ser levitado como por arte de magia, lo asustó por segundos, puesto era algo desconocido.
Pero esto.
Su mente racional simplemente gritó como niñita y asustada se escondió debajo de la cama.
Dos Lunas.
DOS. JODIDAS. LUNAS.
Una luna azul, enorme. Y una roja mas pequeña "frente" a ella flotaban juntas en el firmamento de constelaciones desconocidas.
Retrocedió un par de pasos para recargarse en la pared. Palideciendo, esforzándose por no entrar en pánico y mantener algo de racionalidad en sus reacciones.
- Oh ho ho. ¿Esta un poco lejos de casa, no es así Knight? – Dijo jovial una voz rasposa a un par de metros a su derecha. Más atrás, cerca de la puerta varias personas salían, para atraparlo seguramente.
- Dokko ni… - Se mordió el labio. Estaba asustado. El que empezara a hablar en nihon lo mostraba. Trato de recordar el francés que aprendió hace meses, y para su nueva impresión, supo que era TAN fácil recordarlo a cabalidad. - ¿Dónde estoy?
- Se encuentra en la Academia de Magia de Tristain, Lord Kururugi. – Dijo su interlocutor. Un anciano, de túnica oscura y larga barba blanca. Se escuchaba jovial, pese a que su postura le recordaba a un militar retirado. En su mano estaba la cartera de Suzaku, abierta, mostrándole la identificación de Round. – Si me permite un momento, tratare de explicarle la situación en la que esta.
Suzaku apestaba en historia. Matemáticas le era un dolor de cabeza aunque tenia cierto gusto por las ciencias; mas nunca habilidad en ellas. Literatura… era somnífera. Economía y política eran un mal necesario, especialmente cuando le ayudaba a Nunnally en su puesto y mas necesario aun para cuando lograra ser Knight of One y poder gobernar el Área 11.
Geografía, en cambio, era una herramienta de trabajo para el. Memorizó todos los territorios y ciudades importantes de EU, Britannia y la Federación China. Aprendió la composición del terreno y como los afectaba el cambio de estaciones.
Jamás había oído hablar de Tristain.
- ¿En. Donde. Estoy? – Tenia que enfatizar la pregunta.
- En el Reino de Tristain. Al Norte de Galia y al oeste de Germania. Parte del Continente de Halkenia. – Sonrió. De esas sonrisas que tratan de tranquilizar a alguien a punto de sufrir un colapso. – Lamento decir… que es muy lejos de esa tal Britannia.
(-Line-)
Suzaku comenzó a reír.
Al final pensó que la muerte lo reclamaría en el momento más inesperado. En las circunstancias más bizarras posibles.
Que moriría destruyendo aquello que tanto deseaba proteger. Destruyendo aquello por lo que había trabajado. Dejando detrás de si un legado de fracasos, destrucción y muerte.
Y ahora que pensó tendría lo que deseaba. Una muerte en el campo de batalla, con la esperanza de que muriendo las cosas serian mejores al final; de alguna forma el destino se divertía jodiéndole la vida.
Enma-sama, ¿que tienes reservado para un fracasado pecador, quien por mas esfuerzo que ha hecho, ha obtenido un resultado de éxitos igual a cero?
(-Line-)
Mientras seguía riendo, sujetándose el estomago ante la cósmica broma del Karma, el Destino, el Universo y Murphy; el viejo de barba blanca alejó a los curiosos con un gesto y le dio tiempo de tranquilizarse.
A lo lejos la jovencita de cabello rosa puso las manos en las caderas y lo miro con enojo.
Las marcas en su mano cantaron al sentir su presencia.
Mas Suzaku las ignoró mientras se seguía riendo, carcajadas profundas y honestamente demenciales.
(-Line-)
De esa manera, terminaba el primer día de Kururugi Suzaku en Tristain.
El nuevo familiar de Louise Francoise de La Baume Le Blanc de La Valiere.
El Familiar de Zero.
(-Line-)
N.A.
Agradecimientos al Nivek123 y al Aeretr; por sus sugerencias y comentarios durante el desarrollo de esta abominación.
(-Line-)
(-Line-)
-(-OMAKE-)
(-ZERO NO MIDIAN-)
Fracaso. Fracaso. Fracaso.
Louise Francoise le Blanc de la Valiere tenia reconocer que era un FRACASO.
Era para dar risa, ¿verdad? De hecho se estaba riendo ante la realidad.
Durante su vida, desde que tenía memoria, era incapaz de hacer un hechizo. Ni el más sencillo de transmutación, o el más débil de viento. Demonios, ¡ni siquiera podía encender las velas con su varita!
Y ahora, la ultima oportunidad que tenía para demostrar que no era un fracaso, desperdiciada.
Lo había hecho perfecto. Se había preparado para ello 3 veces más que sus compañeros. La dicción impecable, el movimiento se su varita, sus manos, TODO su cuerpo fue perfecto.
Y a pesar de ello…
La invocación no solo termino en un estallido. Sino que lo que había invocado…
El cadáver desagradable y reseco de un hombre envuelto en vendas de cuero y raros guantes blancos en las manos.
Que clase de familiar es eso.
Colbert, el buen Profesor Colbert, la instó de terminar el contrato, con la esperanza de que fuera un Golem y la magia de las runas lo animara.
Beso sus labios resecos sin resultado, ignorando lo mejor que pudo las risas descaradas de los demás. Nada.
Colbert solo puso una mano en su hombro tratando se brindarle algún consuelo… pero era demasiado. Louise se sacudió y corrió lo mas fuerte que pudo.
Al fin, la voluntad de acero con la que había tratado de enfrentar sus fracasos se desmoronó.
En verdad era La Zero.
Corrió hasta que sus piernas le dolieron y el pecho le quemaba. Terminó en un claro del bosque donde pudo llorar, gritar y destruir a placer para tratar de desahogarse. Al final, cerca del atardecer, tratando de hacer fuerzas de regresar a la Academia para recoger sus cosas e ir a casa derrotada; una de las criadas le encontró.
No dijo nada. Solo se sentó a su lado y espero con ella hasta que la oscuridad lleno el cielo y las estrellas cubrieron la noche.
Sin palabras, Louise se levantó y empezó a caminar, la criada (Siesta, pregunto después) gentilmente la guió de regreso a los terrenos de la Academia. Después de pedirle que empacara sus cosas y, sorprendentemente, agradecerle; se dirigió a las cocinas; a donde guardaban el vino.
Tenia que tener el valor de enfrentar a su madre… convenía empezar lo más antes posible.
Así que allí estaba. Cerca de donde guardaban la basura. Con una botella de vino medio vacía, la tercera de hecho, contemplando la patética excusa de familiar que había invocado.
Tan patética como ella.
Le gritó. La insultó. Pateó el polvo. Y nada.
Al final, de rodillas solo estrello la botella al piso con un grito… que se convirtió en un gemido de dolor cuando el vidrio cortó su mano haciéndola sangrar profusamente.
Ni siquiera para eso servia.
Tan solo para hacerse daño.
Le aventó los últimos restos de la botella a la… momia junto a un par de gotas de sangre y dejó que la herida de su mano manara libremente hacia el piso.
Debía resignarse a su destino.
Al menos el nombre de los Valiere no se perdería. Al regresar a casa, aceptaría casarse tal y como su madre quería y se resignaría a parir muchos niños en el nombre de los Valiere.
Al menos para eso si serviría, ¿verdad?
Trato de alejarse de su… cosa, cuando escucho movimiento.
Al girar… bueno. Fue algo bueno que estuviera ebria, de esa manera no gritó de espanto.
Se movía.
SE MOVIA.
El cadáver, pese a los restrictotes se movía. Lamió una de las gotas de sangre que habían caído en su cara con una lengua cuarteada y después, se arrodilló para lamer la sangre que se había vertido en el piso.
Humo, polvo negro salía. Los vendajes de cuero de deshacían quedando una clase de niebla a su alrededor.
- Ku ku ku ku ku. – Gemía mientras ganaba masa corporal, mientras la carne de su cara rejuvenecía, tomando un enfermizo tono pálido. Sus guantes, de un blanco inmaculado, revelaban en el dorso derecho un pentagrama con runas extrañas.
Las sombras se profundizaron y al final tomaron forma a su alrededor. Un gabán escarlata, una corbata victoriana y un sombrero de ala ancha; con gafas ambarinas frente a sus ojos.
Sonrió, sus dientes horriblemente afilados.
- Siento algo en ti. Algo antiguo y poderoso… Dime tu nombre. – La voz era profunda, mando escalofríos a su espalda que el alcohol no pudo mitigar. Se arrodilló. Y aun así, encorvo su espalda para que su cabeza quedar a la altura de ella.
- Mi nombre es Louise Francoise Le Blanc de la Valiere.
- Louise... – Susurró, apreciando su nombre. – Si, tu sangre canta poder para mí. Alguien digna de ser mi Ama.
- Cual… ¿cual es tu nombre? – Preguntó, no pudo evitar sentir excitación ante la posibilidad de que fuera verdad lo que aclamaba. ¿Ella? ¿Poder?
- Mi última Ama me llamaba… Alucard.
Y las lunas de Halkenia se tiñeron de sangre.
(-Line-)
(-OMAKE-)
(-ZERO NO NOTO-)
KABOOMMM
Debería ser sorprendente que un hechizo que no dependía realmente de la magia común… reaccionara de esa manera.
Debería, mas no lo era.
No cuando era Louise Francoise Le Blanc de la Valiere.
Cuando el humo se disipó y nada apareció, un pequeño tic en su ojo se hizo presente mientras las burlas de sus compañeros se incrementaban.
Después… ¡PLAF!
De la nada apareció una libreta negra, cayendo justo ante sus pies.
Mientras el Profesor Colbert obligaba a los estudiantes a regresar a sus clases Louise trato de cerrar el contrato (uno nunca sabe… tal vez seria una libreta conciente) besando una de las pastas.
Nada.
Suspiró y trato de leer el titulo. Parecía Albiones… pero no estaba segura…
- Det noto? ¿Que diablos es esto? – Se dijo.
Ah bueno, no le quedaba mas que tratar de convencer al Profesor Colbert de que le dejara intentar de nuevo… mientras… al menos conservaría esa Dednoto como diario.
(-Line-)
Sin ser visto, Ryuk rasco su cabeza con la mano izquierda, unas runas brillaban en ella.
- Esto… no salió como esperaba.
(-Line-)
(-OMAKE-)
(-ZERO NO MIDIAN-)
El humo escondió los resultados de su invocación.
Todos se quejaban (y con razón, al menos 2 familiares salieron volando por la onda de choque) algunos aseguraron que era intencional para lastimarlos. Otros amenazaron con demandar.
Sin embargo, una silueta apareció entre el humo.
El corazón de Louise saltó. ¡Lo había logrado! Había invocado… lo que sea.
Era una figura peculiar, tenia que reconocerlo.
El cabello verde no era poco común en Tristain, después de todo. Las ropas… vestimentas púrpuras en un corte extranjero y… eso era maquillaje en su rostro? Cara blanca y una boca exagerada de rojo… era un… un…
- Digno de Louise la Zero – Burló Kirche. – Invocando a un plebeyo… y un bufón para variar.
Extrañamente no hubo risas. Si, tal vez estaba maquillado como bufón, pero había algo en sus amarillentos ojos que exudaban… demencia.
Eso, y la navaja aprestada en la mano derecha.
Louise encontró que no podía apartar la mirada de el. Su cara maquillada ocultaba terribles cicatrices en las mejillas, en una horrenda parodia de sonrisa.
- Hola, preciosa. – Dijo, con voz rasposa, mientras se peinaba el grasoso cabello verde con una mano. – Luces nerviosa…
Se inclinó, era alto, al menos para ella. Hacia los ademanes con la navaja, muy cerca de su cuello. Louise empezó a temblar.
- ¿Son las cicatrices? – Su mano izquierda la coloco en su cuello y la navaja rozando su mejilla. Estaba ATERRADA: - ¿Quieres saber como las obtuve?
No le presto atención a la historia… solo sabía que tendría pesadillas en la noche al recordarla. Tan solo eran los ojos… esa demencia… esa sed de sangre, de anarquía… de Caos. Recordó que hablaba con ella cuando le hizo una pregunta. Una muy simple pregunta.
- ¿WHY SO SERIOUS?
Lo que el Joker no esperó, es que esa chica lo besara en los labios.
Al menos termino el contrato… siendo su familiar, no le iba a hacer nada…¿verdad?
