Konnichiwa! Gracias a la única persona que dejo review, pero aún así, gracias a la gente que la leyó y las que la siguen (: Espero q ahora tenga un poco más de éxito, aunque la historia me gusta así que aunque no tenga a nadie que la lea, yo continuaré :)

Por cierto, encontre una canción que va perfecta con la historia, o al menos eso pienso yo^^ El título no me lo inventé yo, no, hay una película que se llama Paris, Je t'aime y me limité a coger el título. La canción es de esa película y evidentemente es francesa se llama:

-La même histoire- Fest

Espero que os guste


Capitulo 2:

Después de salir del metro el francés se fue andando por calles menos pobladas, cansado de que la masa lo arrastrase. Incluso siendo invierno y no se días festivos París estaba lleno de turistas, todos con las cámaras en las manos, preparados para fotografiar todo lo que veían. Francis lo sabía todo sobre aquella ciudad, dónde había nacido, crecido y dónde esperaba morir. Su ciudad. Muchas veces había pensado en conseguir un trabajo de guía turístico, pero tener un grupo de gente ignorante a la que solo le importaba comprar un llavero de la torre Eiffel no era una de las cosas que le hicieran mas ilusión. Había trabajado en el Louvre de guía, pero se había cansado así que había montado una cafetería en el pintoresco barrio de Montmartre. Había tenido tanta fama a pesar de ser un lugar no muy grande que prácticamente él no tenía que trabajar, ya que tenía otra gente trabajando para él, entre ellos, su mejor amigo quien cuidaba bien del café cuando él no asistía.

Después de visitar el café decidió meterse por calles rebuscadas de la ciudad, en fe de encontrar algo nuevo, algún lugar interesante. Una pequeña librería captó su interés, así que se acercó al aparador. No podía ver bien como estaba por dentro des de ahí así que abrió la puerta y entró, recibiendo una grata sorpresa.

Apoyado en el mostrador estaba el mismo chico inglés que estuvo molestando la tarde anterior. El francés sonrió mientras que el inglés estaba sumamente sorprendido.

-¿Q-que? ¿Como...?- musitó el inglés cuando el francés hubo entrado. Francis se deshizo un poco la bufanda notando el agradable calor que había allí dentro y le sonrió al otro.

-Estaba seguro de que nos volveríamos a encontrar.- le dijo el francés. Arthur arrufó las cejas y apretó los labios.

-¿Es que me sigues o algo?

-Que va, yo simplemente paseaba y esta librería me ha llamado la atención. Es agradable.- la estancia era mediana. Tenía un piso y entonces unas escaleras que subían a un segundo piso el cual era solo una especie de balcón. Casi todo era de madera, dundo un aspecto agradable sobretodo en invierno. - Me gusta.

-Me alegró.- agregó el inglés con sarcasmo.

-Oh... ¿No te alegras de verme?- dijo el francés mientras hacía pucheros.

-Claro, siempre es agradable ver a la persona que te acosa.- musitó Arthur. Francis observó la tienda.

-Bueno, no parece que tengas muchos clientes.- le comentó, viendo que la tienda estaba vacía. Arthur bufó y frunció los labios.

-Gracias por recordarmelo franchute.- espetó. El francés alzó las cejas sorprendido.

-¿Que pasa? ¿No va bien el negocio?- le preguntó aproximándose al mostrador. El inglés no contestó, solo miro el suelo, dándole a entender que así era. El francés se apoyó en el mostrador y le sonrió. - ¿Que me recomiendas?

-¿Eh?- murmuró el inglés con una cara de sorpresa.

-Digo de libro. Quiero alguna novela romántica.- le dijo con una sonrisa. El inglés se sonrojó y salió de detrás del mostrador para ir hacía uno de los varios estantes. Puso sus manos en sus caderas y empezó a mirar a los estantes, analizando con la vista todos los títulos de los libros que residían en ellos. El francés se le acercó por detrás, pegándose al inglés quien entrecerró los ojos y de una patada lo apartó.

-¿Que haces bloody git?- le gruño Arhur. Francis solo sonrió.

-Tratas muy mal a tus clientes...- el inglés le miro con odio y cogió uno de los libros. Se lo pasó a Francis y este miro con detenimiento la tapa y después leyó lo que explicaba sobre el libro. Iba sobre un romance en París, un romance entre dos hombres. El francés levantó la vista y observó al inglés. Fracis alzó una ceja y le sonrió.

-Es el que estoy leyendo ahora.- le explicó el inglés.- Creo... Creo que te puede gustar, siendo gay... y eso...- murmuró el inglés, sonrojado. El francés acarició el lomo del libro con los dedos y suspiró.

-Así que me confirmas que tu eres gay ¿eh?- el inglés no contestó, simplemente se apoyó detrás del mostrador de nuevo. El francés se dirigió al mostrador puso el libro encima y se apoyó en él. - Tú... ¿Buscas el amor? - le preguntó, está vez un poco avergonzado. Arthur bajó la vista, sonrojado y sonrió.

-Quizás, no se. Los franceses no me llaman la atención.

-¿Por que no?- dijo Francis sintiéndose ofendido.- Somos muy románticos.

-Seh, y muy pervertidos también.- masculló el inglés. Francis sonrió.

-Después de que me cobres el libro, ¿Te puedo invitar a un café?- le preguntó mientras le guiñaba el ojo. Arthur se sonrojó mientras le tendía la mano para que el francés le diera el dinero que costaba.

-Son nueve euros con noventa y nueve.- murmuró el inglés. El francés le dio un billete de diez euros y le sonrió.

-Te puedes quedar con el céntimo. Y dime ¿Te vienes a tomar un café conmigo?- insistió nuevamente el francés. Arthur lo miro con los ojos entrecerrados y bufó.

-Tengo trabajo, no puedo dejar la tienda porque sí ¿sabes?- le espetó Arthur. Francis miro a su alrededor.

-Pero si no entra nadie, vamos.- le pinchó. Al inglés le vino un tic en el labio y forzó una sonrisa.

-Serás idiota.- masculló entre dientes.

-¿Y cuando acabes?- propuso Francis.- ¿A que hora cierras?

-A las siete, siete y media...- mintió el inglés. Arthur no había conseguido encajar en París así que no tenía amigos ni nada parecido a ello, por lo tanto cerraba mucho más tarde, normalmente a las nueve, con la mínima esperanza que entrará alguien, por unos pocos momentos de compañía.

-Entonces a las siete estaré aquí, listo para recogerte.- exclamó el francés.

-¡Eh!

-¡No aceptaré un no!- dijo el francés poniendo uno de sus dedos en los labios del inglés quien se sonrojó ante aquella acción. Francis sonrió sensualmente y recogió su libro del mostrador caminando sensualmente hacía la puerta. - Au revoir, chèri.- le canturreó el francés antes de cerrar la puerta. El inglés simplemente se dejo caer en una silla detrás del mostrador, completamente sonrojado.

Francis esperó pacientemente a que llegarán las seis y media para ir tirando hacía la librería del inglés. Fue de tienda en tienda, intentando ocupar su mente en otra cosa que no fuera la cita de aquella tarde. Finalmente, antes de que fueran las siete en la misma calle dónde se encontraba la librería compró un ramo de flores bastante grande e impresionante. Entró en la librería antes de que dieran las seis con una gran sonrisa. Justo en aquel momento el inglés estaba atendiendo a alguien, recomendando unos libros, en francés. Francis alzó las cejas y carraspeó.

Arthur se giró para ver quien había entrado y se sonrojó al ver que era el francés con un enorme ramo de rosas. Rápidamente acabó de atender a aquella persona y cuando esta se hubo ido Arthur caminó hasta Francis.

El francés le alargó el ramo y el inglés lo tomó con cuidado, observándolo atentamente.

-¿Para mi?- preguntó impresionado.

-¡Pues claro, chèri!- exclamó el francés, sonriendo ante el avergonzado inglés que aún no se creía que alguien había traído flores para él. - Dejalas en algún sitio de aquí y vayamos a tomar un café.

El inglés asintió y subió las escaleras para meterse dentro de una puerta. Al cabo de unos instantes salió de ahí con un abrigo y con una pequeña sonrisa cerró la tienda, caminando junto a Francis hacía la parada mas próxima de metro.

-¿Tenemos que cogerlo? ¿No podemos ir a un bar cercano?

-No, te quiero llevar a un bar en concreto.- Arthur arrufó las cejas y entró en el metro. Mientras iban en él ninguno habló, los dos conservaban una pequeña sonrisa.

Por suerte de Arthur el café de Francis estaba casi al lado de la parada de metro. Francis al salir de la boca del metro le agarro la mano a Arthur discretamente y el otro no pudo evitar sonrojarse pero aún así, dejo que aquel tipo que solo conocía de una día le agarrase la mano. Llegaron al café que Francis quería y entraron. Francis abrió la puerta para dejar pasar a Arthur con una sonrisa.

-Las damas primero.- le dijo el francés. Arthur le aventó un golpe en el brazo pero aún así sonrió.


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