CAPÍTULO 2 Una nueva vida.
Zafiro observaba la ciudad a través del ventanal de su habitación en el Hotel Mandarín Oriental. Estaba ansioso por ver a sus hermanos y conocer al fin la nueva casa.
Hacía un año que debería estar estudiando alguna carrera, pero su miedo a la vida real lo habían hecho aplazar el momento, y sabía que Darién no permitiría que siguiera sin hacer algo. Aunque éste estaba repitiendo los patrones de cuidados excesivos por parte de sus padres, lo obligaría a asistir a una escuela particular en donde pudiera estudiar y estar controlado.
La Universidad Mugen era de las más prestigiosas de Tokio, y muy probablemente el alma mater que su hermano escogería para él, lo cual le agradaba. En cierta ocasión llegó a investigar sobre ella y su oferta educativa, siendo la carrera de Fotografía la que más le había gustado.
Seiya, por su parte, había conseguido revalidar materias, y optando por la Universidad Pública de Tokio. ¡Cuánto le hubiese encantado poder estudiar junto a él! Pero, en definitiva, Darién no lo hubiera permitido.
Un llamado a la puerta lo hizo regresar de sus pensamientos.
—Adelante.
Una larga coleta negra se asomó por el resquicio de la puerta, ocasionando una discreta risa por parte del chico.
—Room Service, ¿se puede, Señor Kouba?
—No he ordenado nada —le dijo, imitando un tono aristocráticamente molesto.
—¡Qué lástima! —espetó el otro mientras abría más la puerta—. Pensé que esto era para usted.
Los ojos de Zafiro brillaron entusiasmados, su hermano tenía en las manos el compilado que recién había publicado Diamante. Era un tomo precioso con 3800 fotografías tomadas durante sus viajes, cada una con una descripción o anécdota. Zafiro había intentado comprarlo online, pero en cuanto estuvieron disponibles a la venta se agotaron en cuestión de minutos.
—Parece que tendré que llevarme esto, junto con el pan tostado y el jugo de naranja que según yo habían encargado en la habitación 231.
—Seiya ¡¿Cómo hiciste para conseguirlo?! —el chico se puso de pie abalanzándose sobre el preciado libro.
—Tengo mis métodos hermanito, ¿te gusta?
—¡Que sí me gusta! ¡Me encanta, muchas gracias, hermano!
—No me des las gracias, mejor haz la promesa conmigo de que un día visitaremos todos esos lugares y más.
El menor de los Kouba le regaló una media sonrisa, un tanto melancólica ante el entusiasmo desmedido de su hermano. Agradecía infinitamente su apoyo y cariño hacia sus sueños, pero también debía ser realista, sin herir sus sentimientos. Él jamás sería como Diamante.
—Hey, ¿qué ocurre, Zaf? ¡Verdad que irás conmigo!
—¿A dónde van a ir? Si se puede saber.
Darién acababa de entrar, se había quedado en la recepción pagando. Sus ojos se clavaron en el libro que tenía Zafiro en las manos, y un mohín de disgusto se divisó en su rostro.
—¡Seiya, por qué te empeñas en llenarle la cabeza con estas cosas!
—¿Perdón?
Ahí iban otra vez a discutir por lo mismo.
—Darién, no. Este libro lo compré yo, pedí que me llegara al hotel. Seiya no tiene nada qué ver.
El mayor entrecerró los ojos no muy convencido de las palabras del jovencito. Seiya intentó desmentir a su hermano, pero los ojos suplicantes de Zafiro lo hicieron desistir.
—Lo compré porque bueno, tú dijiste que debía estudiar algo y ya me decidí por la carrera de Fotografía en la Universidad Mugen.
—¡¿De verdad?! ¡Muchas felicidades!
Seiya le suministró una afectuosa palmada en la espalda.
—¿Fotografía? ¡Acaso te has vuelto loco! La Universidad Mugen es de las mejores en el área de negocios y finanzas, creí que te inclinarías por algo así, sabes que necesitamos una cabeza que maneje el dinero de la empresa de papá.
—Oye, oye, déjalo en paz. Él tiene derecho a escoger lo que le guste, además estoy seguro que mamá estaría orgullosa de su elección.
—Seiya, por favor no te metas. Suficiente tuvimos con tu elección de carrera que para nada aporta al bienestar familiar.
Los puños de Seiya se apretaron con violencia, cuando Darién se lo proponía podía ser un verdadero imbécil.
—Por favor no discutan. Darién, me está costando mucho esto, entiendo que hay necesidades en la empresa, pero nunca tendré el carácter suficiente para poder dirigir algo, para eso están ustedes, dame la oportunidad de demostrarte que puedo ser bueno en esto.
Por primera vez, Darién se daba cuenta de que su hermano menor se sentía inferior a ellos.
—Zafiro…
—Por favor, hermano.
—Está bien, si es lo que quieres te apoyo, sólo por favor, no vayas a andar como loco queriendo salir a todos lados a tomar fotografías.
—No, te prometo que voy a cuidarme y que seré el mejor de la clase.
—¡Tú siempre eres el mejor! —le expresó Seiya, mientras despeinaba cariñosamente su cabello.
CELOS DE SANGRE
Faltaba una semana para que terminaran las vacaciones, y ella y sus amigas volvieran a la universidad.
Serena Tsukino tenía 19 años y estaba por cursar el segundo año de la carrera en Psicología. Sus padres se habían sorprendido con su decisión siendo que con su temperamento sentimental y aniñado; daba la impresión de que era ella quien necesitaba atención psicológica.
Su paso por la educación media y media superior había sido un tanto desafortunado, odiaba los deberes estudiantiles, y las materias tediosas. Sin embargo, siempre lograba salir a flote gracias a su ingenio nato, y a su compañera y amiga Ami Mizuno, la chica genio de su escuela.
Serena no distaba mucho de las chicas comunes de su edad, era de estatura promedio, piel pálida, ojos azules y cabello rubio. Su distintivo por excelencia, era su característico peinado, dos coletas larguísimas con odangos, look que conservaba desde niña y que, aunque pareciera infantil, le daba a la rubia un toque especial.
Esa mañana se había quedado de ver con sus amigas en el Crown; fuente de sodas en donde trabajaba su ex novio y primer amor, Andrew Furuhata. A pesar de que Andrew le llevaba varios años a Serena la chica se había empeñado en conquistarlo, llevándose una mala sorpresa al conseguirlo. Andrew era un chico necesitado de afecto en extremo y su codependencia hacia ella había sido en parte el factor determinante para uno: finalizar la relación y dos, para tomar la decisión de estudiar Psicología.
Le intrigaba el comportamiento humano, sus relaciones y la forma en que cada individuo sobrellevaba sus emociones. Al estar en una relación con el aparente "hombre de sus sueños" fue que Serena se dio cuenta que el amor era más que un simple deseo físico. Debía ser todo un paquete.
Por las noches se preguntaba si algún día conocería al indicado, aquella alma que la llenara por completo, su espíritu soñador parecía haber sido mermado en cierta medida por su primer fracaso amoroso.
—Buenos días, Bunny.
—Andrew, te he dicho que no es buena idea que sigas llamándome así.
Bunny era el sobrenombre cariñoso que él tenía para ella cuando habían sido novios. Por cierto, Serena lo detestaba.
—Perdón, todavía me cuesta pensar que ya no eres mía.
La rubia entornó la mirada, si por ella fuera jamás hubiese puesto un pie de nuevo en aquel lugar, pero como parte de su formación sabía que no podía andar por la vida huyendo de las personas, ni negándose el placer de hacer lo que quería sólo por alguien o algo.
—Andrew, las chicas están por llegar, me puedes traer una naranjada, por favor.
—Enseguida, señorita —el tono del muchacho era ya molesto, no entendía cómo Serena lo había terminado y estaba como si nada.
En ese momento cruzó por la puerta Ami acompañada de Mina. Ambas habían conocido a Serena en la escuela, y en poco tiempo se habían convertido en grandes amigas. De las tres Ami era la más centrada, una jovencita prodigio que había logrado ingresar a la Facultad de Física un año antes que lo normal debido a su alto IQ. Mientras que Mina estudiaba Mercadotecnia para darle gusto a sus padres, pues lo que ella realmente anhelaba era convertirse en actriz o cantante, lo que ocurriese primero.
—¿Te estaba molestando, ese?
—Mina, no hables así de Andrew.
—Déjala Ami, no me estaba molestando, pero me desespera que siga llamándome cariñosamente, no creo que sea sano.
—¡Oh, Bunny! 'mua' 'mua' mua' —cuchicheó Mina llevándose las manos al corazón.
—¡Basta ya! —rio la muchacha ante la cara graciosa de su amiga.
—Tal vez sería mejor que cambiáramos de punto de reunión, recién abrieron un nuevo lugar por donde haré las prácticas y se ve bastante bien.
Ami acababa de ser seleccionada para comenzar sus prácticas profesionales. Las vacaciones para ella habían representado estudio y pruebas en las cuales tuvo que superar a la infinidad de aspirantes que deseaban un lugar dentro de las filas del nuevo laboratorio que el Corporativo de Investigación Kouba había dispuesto en la ciudad.
Había escuchado en las noticias del lamentable fallecimiento del fundador junto a su esposa, el erudito de la Física Cuántica, el profesor Soichi Kouba. Era ahora su hijo mayor el que intentaría remplazarlo. Ami sabía que todos los ojos estaban puestos sobre él pues aún era muy joven, estaba terminando apenas su primera especialidad y ya tenía la carga de no dejar caer el imperio que había construido su padre.
—Pero Ami, ese lugar en donde harás tus prácticas está en la zona dorada de Tokio, seguramente es carísimo.
—¡Qué importa! —inquirió Mina entusiasmada—. En esa zona también está la Universidad Mugen y me han contado que asisten muchachos guapísimos, seguro van a almorzar al lugar que dice Ami. Vale la pena gastarse unos cuantos yenes por encontrar el amor.
—Muchachos guapísimos...
Serena no pudo evitar recordar la visión de la noche anterior de Mina en su balcón. ¿Sería posible que ese chico existiera? Disipó rápidamente sus fantasías, hacía apenas unos minutos que reflexionaba sobre el amor más allá del físico, y ya estaba como su amiga enamorándose de una idea que ni siquiera sabía si existía.
—Bueno, vamos, pero hasta dentro de dos semanas que me paguen, estoy quebrada amigas. Desde que mis padres decidieron irse a vivir a Kioto con mis abuelos y Sammy; me siento ahogada en gastos.
—Deberías pensar en mudarte a otro sitio, aunque no pagues renta llevar una casa tan grande para una sola persona debe ser complicado.
—Lo he pensado Ami, pero si dejo esa casa se va a ir deteriorando y es mi herencia prácticamente. Además, he vivido ahí desde que nací.
—Al igual que tus cortinas —masculló Mina burlescamente.
—Ya, ya sé, algún día las voy a cambiar.
—Entonces por qué no piensas en buscar algún roomie, te sobran habitaciones ¿cierto?
—Tal vez. Serena no lo había pensado, pero la idea de Ami no era descabellada.
—¡Chicas! Debo irme ya, hoy es la presentación de los nuevos practicantes y debo estar allá —las mejillas de la peliazul se enrojecieron un poco—. Saben, el encargado de nosotros será el hijo mayor del difunto dueño.
—Un sabelotodo de lentes, bata y cabello de loco seguramente.
—¡Mina!
—Pues no, no lo conozco, pero he escuchado rumores de que es guapísimo y uno de los solteros más cotizados de Japón.
—Pues entonces vete ¡ya! —le gritó la rubia halándola del brazo para levantarla de su asiento.
Las chicas salieron presurosas dejando el dinero de sus bebidas más un poco de propina. Serena fue la primera en abandonar el lugar pues no deseaba cruzar palabras nuevamente con su ex novio.
CELOS DE SANGRE
Las instalaciones del Laboratorio Kouba era actuales, aunque con un toque austero, no estaban construidas bajo los nuevos preceptos de la arquitectura moderna y pretensiosa de Tokio, pues una de las filosofías era la humildad al servicio de la ciencia.
Ami llegó a la recepción justo a tiempo. Llevaba un lindo vestido con faldón en línea A color azul marino y unas zapatillas de tacón bajo, la bata blanca que era obligatoria y sus lentes de aumento que le daban un aire intelectual bajo esa corta melena azulada.
Eran ya varios los jóvenes que esperaban indicaciones. Fue entonces que una voz femenina los llamó.
—¡Bienvenidos a los Laboratorios Kouba! Mi nombre es Setsuna Meiō y seré su coordinadora durante estas prácticas.
Ami se abrió paso entre los demás para ver de cerca a quien sería su jefa, sintiéndose algo desilusionada al no ver al supuesto hijo del dueño.
Setsuna era una mujer de aproximadamente 28 años, alta y esbelta, su cabello era larguísimo y su piel apiñonada la convertía en una joven sumamente atractiva.
—Por favor, formen dos filas, les daré el recorrido oficial. Síganme.
Rápidamente se formaron como lo había indicado y comenzaron a recorrer las instalaciones.
La última sala era la más grande, les pidieron colocarse unos lentes de protección, pues el sitio al que iban a ingresar era en donde se llevaban a cabo los experimentos más notables.
La Cosmología era la rama que había apasionado al Profesor Kouba durante sus últimos años, siendo así que su hijo estaba estudiando su especialidad en el tema.
Estaban empeñados en reproducir a pequeña escala los comportamientos del universo creando uno propio, y era en esa habitación en donde lo estaban intentando.
Ami sintió un escalofrío al darse cuenta en donde estaba parada, y la emoción no le permitió divisar que estaban acompañados de un nuevo sujeto.
—¡Maravilloso! ¿No lo creen? —dijo el joven señalando hacia la vitrina de vacío que contenía El Gran Colisionador de Hadrones, un acelerador de partículas, único en su tipo, y el más grande y energético del mundo.
—Es él.
—Bienvenidos nuevamente, mi nombre es Darién Kouba y como saben soy el encargado de este proyecto de prácticas, es mi deseo contribuir al desarrollo de las nuevas generaciones desde temprana edad, confío en ustedes y sé que harán un gran papel con nosotros.
—Habla como si fuera mayor, pero si es apenas unos años más grande que yo. Vaya, sí que es guapo.
Parecía que Ami estaba más interesada en el cabello del muchacho que en la impresionante máquina que tenía enfrente. Pero no era la única en la sala. Setsuna tampoco le apartaba la mirada.
CELOS DE SANGRE
La noche había caído en Tokio. Zafiro estaba al fin en casa y Seiya pasaba unos momentos con él antes de dormir.
—¿Te gusta tu nueva habitación?
—Sí, gracias por todo lo que haces por mí —su voz no sonaba muy entusiasmada.
—Zafiro, sé que Darién tiene un propósito con todo esto, esta vida que pretende que llevemos sin tantos lujos nos hará madurar.
—No es eso hermano, sabes que nunca me ha importado el dinero. Es sólo que todo ha ido muy rápido, a veces me cuesta asimilar que nunca volveremos a verlos.
—Lo sé, por eso debemos estar más unidos que nunca, te prometo que haré mi mayor esfuerzo para hacer funcionar a nuestra familia.
—¿Harás el esfuerzo de llevarte bien con Darién?
El chico sonrió.
—Hasta eso. No te preocupes Zafiro, todo estará bien. Y ahora ya duerme, Darién no tarda en llegar, si necesitas algo me llamas.
—Buenas noches.
—Buenas noches, hermano.
La noche era calurosa al igual que las anteriores, pero en esta ocasión Seiya decidió salir al balcón con el pijama completo. No deseaba las sorpresas de la vez pasada, aunque sí le intrigaba conocer a la segunda muchacha que tenía por vecina.
El cielo estaba despejado y atiborrado de estrellas. La luz del balcón de enfrente estaba apagada, y pensó que seguramente no estaban.
El pelinegro suspiró durante un rato, observando las estrellas.
—Mamá, papá, ayúdenme a comprender mejor a Darién y a guiar a Zafiro —cerró los ojos sintiendo todo el cansancio acumulado de la semana y decidió que era mejor entrar. Dio la vuelta ingresando de nueva cuenta a su habitación cuando una lucecilla se prendió sin que lo notara.
Del otro lado, Serena llegaba a su habitación después de un largo día en la zapatería en donde trabajaba.
—Saldré a tomar algo de aire antes de dormir, tal vez él esté… ¡Basta Tsukino, estás diciendo puras tonterías!
La penumbra del balcón vecino le indicó lo mismo que unos momentos atrás a su desconocido contiguo.
—No hay nadie. Tengo que dejar de fantasear con encontrarme con ese alguien, porque aunque exista, eso no garantiza que pueda ser el amor de mi vida.
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¡Hey! Quise dejarles lo antes posible un nuevo capítulo agradeciendo su respuesta favorable a esta loca historia.
Prometo que ya pronto se conocerán nuestros protagonistas, no coman ansías. Quiero agradecer una por una sus reviews, me animan a continuar.
Elenmar: Siempre es un gusto saber que te gustan mis historias, y sí ya verás que sucederán muchas cosas interesantes entre estos dos vecinos. ;)
Rogue85: Ojalá que tu retorno te haya gustado, y que siga siendo entretenido como hasta ahora.
Gabiusa Kou: Amiga, qué te digo, a ti fue a la primera a la que le comenté esta idea. Prometo desarrollar más la psicología del personaje de Zafiro en tu honor, un beso.
Andreita Kou: ¡Tocaya! Creo que tú eres nueva leyéndome, a ver qué te parece. Agradezco también mucho tus buenos comentarios.
Nos vemos muy pronto, saludos. :)
