Disclaimer: Los personajes no me pertenecen a mi, son creación de la única Stephenie Meyer... lastima, no me molestaría que Edward fuera mio aunque fuera por un pequeño lapso de tiempo xd Al menos la historia si es mía, ojala les guste.

Como dije en la N/A del anterior capitulo hoy adelantaría lo que llevaba cuando lo borre, de hecho no es mucho. Así que aquí les dejo el segundo capitulo, espero que les guste!

Gracias a todas las que habían dejado Reviews cuando lo publique hace dos meses, por problemas personales y el colegio no pude seguir con el pero las vacaciones me dejan demasiado tiempo libre. Gracias por seguir con la historia.

Capitulo 2.

¿Sorpresa?

-¿Edward?- dije volviéndome y encontrándome con una interesante sorpresa.

-Yo tampoco esperaba encontrarte aquí si esa es la pregunta.- dijo con esa sonrisa torcida que había invadido mis pensamientos en las últimas horas. No sabía qué hacer, estaba entrando en pánico o algo parecido, realmente ridículo.- No me dijiste que venías a Londres.- dijo en un tono que realmente no supe reconocer.

-No sabía que era algo importante. No creí que fuera a volver a verte.- dije sonrojándome furiosamente, ridículo, otra vez.

-Lo que hace el destino…- dijo sonriendo otra vez, quitándome el aliento. ¿Qué no se cansaba de deslumbrar a la gente? Sentía que mi piel ascendía en todos los tonos de rojo posibles. El beso mi mejilla a modo de saludo.- Creo que no salude de la forma correcta, hola Bella.- dijo haciéndome reír.

-Hola Edward, ¿Qué haces aquí?- pregunte como si nada.

-Si te molesta puedo irme.- dijo como en un tono medio jocoso medio dolido.

-No, no quiero que te vayas.- respondí volteándome para observar el hermoso paisaje frente a mis ojos, el se paró a mi lado recargándose sobre el borde, rosando la piel de mi brazo. Me estremecí provocando qué él se alejara de nuevo, suspiré frustrada.- Pero en verdad, ¿Qué haces aquí? ¿Me estas siguiendo?

-Claro, tome un avión inmediatamente leí en la mente de Ángela que venías aquí.- dijo guiñándome un ojo, haciendo que yo me carcajeara demasiado fuerte.

-Si claro, ahora la realidad es…- dije a modo de pregunta.

-Mis padres viven aquí en Londres, estaba… digamos que de escapada, volví esta mañana en tu mismo vuelo, pero evidentemente no es mi culpa que seas excesivamente despistada.- voltee a mirarlo como esperando a que siguiera pero no lo hizo. Lo que hace el destino… cite sus palabras en mi mente.

Nos quedamos ahí, intercambiando unas pocas palabras sin mucha lógica, habían silencios que no molestaban… este era uno de ellos que no necesitabas llenar con muchas palabras, íbamos llegando al fin de la vuelta y yo aún no sabía que decirle a Edward.

-¿Quieres darme tu número? En verdad no quiero quedar con la duda de no volverte a ver.- le confesé sonrojándome de nuevo, sintiendo el calor en mis mejillas.

-Supongo que tu ya tienes una línea.- dijo sacando su sofisticado aparato. Yo solo asentí y tome su teléfono, marque mi numero para que quedara grabado y el hizo lo mismo con el mío. Me voltee y el estaba tan cerca, tanto que podía respirar su maravilloso olor, no me había dado cuenta de que nos habíamos acercado hasta que estallaron nuestra burbuja.

-Edward tus padres nos esperan para cenar- dijo una chica alta, en unos tacos también demasiado altos, una trampa mortal que yo jamás podría ponerme sin terminar con algún tipo de lesión o en un caso un poco más drástico una fractura o algo así como la muerte. Mi mente empezó a sacar un montón de conclusiones apresuradas y lanzaba una buena cantidad de palabrotas hacía aquella plástica muer que me sonreía con suficiencia.- ¿Nos vamos?- dijo con un tono empalagoso.

-Vamos.- dijo Edward con un tono de voz nuevamente indescifrable. Aquella chica lo tomo por la mano, el tan solo la miro y luego volvió a verme.- Te llamare en cuanto pueda, fue un placer verte Bella.- y luego salieron de allí, aquella chica exagerando el movimiento de sus caderas y dedicándome una mirada despectiva en cuanto tuvo la oportunidad de voltear sin que Edward se diera cuenta. La ira pudo conmigo y acabe derramando una lagrima, me voltee para secarla y salí de allí.

Estaba totalmente furiosa, nunca me había sentido como esta noche y aún así sabía que no tenía nada que reclamar, el no tenía nada que ver conmigo, menos aún cuando lo había visto dos veces en mi vida. No podía reclamar un lugar que no era mío… aunque vaya que desearía que fuera mi lugar. Odiaba mi pequeño problema, odiaba no poder controlar las lágrimas cuando me hervía la sangre debido a la ira.

-¿Bella estas bien?- pregunto rose rodeándome los hombros con el brazo en un intento fallido de reconfortarme.

-N…no Rose, necesito salir de aquí.- dije en medio de un sollozo haciendo mis palabras aún más confusas.

-Vamos a uno de los pubs cerca de aquí.- Dijo Gabriella, una chica algo alocada pero buena personalidad, que dormía en mi habitación de hotel. Rose asintió, los demás se fueron a dormir al hotel demasiado reventados como para seguir caminando.- Ahora vamos chica, cuéntanos que paso.

-Conocí a Edward en un concierto hace dos noches.- dije inspirando una buena bocanada de aire.- Creí que jamás iba a volver a verlo, aunque para mí esa noche fue mágica, hoy vaya sorpresa me lo encuentro en esa maldita capsula junto con su novia o lo que sea que sea esa rubia petulante. Es increíble como su oxigenado cabello arruino mi día perfecto y mis expectativas de tener a ese… chico a mi lado, en aproximadamente treinta segundos.- dije sentándome en uno de los taburetes y pidiendo un vodka, Gabriella me miro.

-Que sean dos.- dijo sonriendo.

-Bells primero debes saber que no es su novia precisamente, pero lo de rubia petulante no me atrevería a negártelo… es una zorra.- dijo Rosalie demasiado segura. El tendero sirvió mi copa la tome en mis manos y la bebí entera sin siquiera pensar en el ardor de mi garganta pedí otra ganándome una mirada reprobatoria de ambas chicas rodando los ojos pedí otro y esta vez, doble, Gabriella no se demoro demasiado en seguirme, aunque haciendo mala cara por el reciente trago.

-Conozco al chico hace dos días y siento como si mi vida se fuera en el por verlo con otra chica. Ridículo.- dije enviando aquel líquido cargado por mi garganta otra vez sintiendo aquella sensación de ardor, sentí como la sensación de mareo se plantaba en mi cabeza.

-¿Podrías darme otro doble también?- dijo Gabriella sonriendo coquetamente al tendero haciéndonos reír un poco. De hecho no me había dado cuenta de que no estaba nada mal hasta ese momento, aunque aquellos ojos miel me recordaban a alguien que definitivamente estaba tratando de sacar de mi mente esta noche.-Es un trasero Ingles, ¿Qué esperan de mí?- dijo pestañeando varias veces haciéndonos carcajear un poco más.

Mi celular empezó a vibrar en mi bolsillo, acabe la copa antes de revisarlo. Cuando lo tome en mis manos apareció el numero de Edward de inmediato, le tendí el celular a Rose y en pocas palabras le dije que hiciera lo que le plazca con ese diminuto aparato. Ella contesto.

-Ya has hecho demasiado Edward ¿no te parece?- dijo recibiendo un aparentemente corto intercambio de palabras.- ¿Cómo me dices que no te joda? ¡No te jodas tu a ese pedazo de…!- dijo sin completar la frase, a pesar de dejarla muy clara. Aparto el teléfono de su oído y lo metió en mi bolso.- Apagado.- dijo guiñándome un ojo, definitivamente no quería saber que le había dicho Edward.

Seguimos pidiendo hasta que yo quizá perdí todo tipo de noción sobre el tiempo y conocimiento sobre mí misma.

-¿Rose? ¡Rosalie! ¿Cómo la dejaste beber tanto?- escuche un débil susurro proveniente de algún hueco de mi mente aún consciente.-¿Bella?- pregunto la voz de un ángel, lo siguiente que escuche fue una risa algo ahogada… ¿mi risa?

-¡Vaya! ¿Qué mierda quieres Edward?- dije, parecía que mi cerebro no obedecía mis órdenes ¿Por qué había dicho eso?

-Bella yo…- dijo como disculpándose, naturalmente la parte de mi que no estaba encerrada en el lado sobrio de mi mente lo corto antes de que pudiera abrir la boca.

-¡No! No tienes nada que decir, una mirada lo dice todo. ¡Desaparece! ¡Push!- dije hipando de forma ridícula, mi tono era burbujeante e inentendible, pero sabía que ellos entendían al menos a lo que me refería cuando empecé a fingir estallar con los dedos burbujas inexistentes en el aire.

-¡Edward lárgate! Lo que menos quiere es verte.- dijo Rosalie traduciendo muy bien mis palabras, aunque una parte de mi desearía una explicación… aunque no me la debía.- Luego te contare hermano, ahora fuera de aquí.- lo dijo lo suficientemente alto como para notar algo.

-¡Hermano!- grite o al menos hice un intento de ello, mi voz seguía sonando como si estuviera intentando conversar con alguien bajo el agua.

-No pienso dejarla hasta que la vea tendida en su cama.- dijo poniendo sus brazos alrededor de mi cintura, recargue mi peso contra el aunque a él no pareció molestarle, era como si mi peso fuera equivalente al de una pequeña maleta de preescolar. Era la primera vez en mi vida que sentía esa sensación de descontrol, y a mí parte consciente le molestaba no saber lo que sucedía con claridad, a mi parte descontrolada le encantaba sentirse liberada aunque no pareciera poder andar por su propio pie. Supe que algo andaba realmente mal en el momento en el que comencé a hablar de mí como dos personas en vez de una, y luego a hablar de mí en tercera persona. Me deje llevar aunque estaba reacia a que fuera Edward el que lo hacía. ¿Cómo había llegado aquí?

Cuando por fin me sentí cómoda, y sentí que liberaban mis pies de los zapatos y apoyaban mi cabeza sobre una deliciosa superficie mullida, me sentí como en el cielo.

-Yo me encargo de su pijama, ahora fuera.- dijo señalando la puerta. El solo me miro durante una pequeña porción de tiempo y se fue. Rose se deshizo de mi pantalón y lo arrojo a alguna parte de la habitación, me voltee haciendo una pregunta silenciosa.- Gabriella está en el baño probablemente vomitando hasta su primer biberón.- asentí y me recargue contra la almohada.

-Perdón por esto Rose.- dije en un débil susurro antes de caer inconsciente sobre mi cama. Probablemente ella no escucho.

A la mañana siguiente sentía mi cuerpo pesado, como si hubiera sido aplastada por un camión mientras dormía, la luz que entraba por la ventana hacía que mi cabeza quisiera ser arrancada de mi cuerpo, sentía punzadas por toda la cabeza creando un mareo realmente incomodo, sentí como si todo lo que había ingerido en las anteriores horas fuera a ser expulsado inmediatamente. Me levante en un estúpido intento de llegar al baño, causando que por la rapidez mi cabeza diera más vueltas haciendo que fuera a parar en medio del piso. Deje simplemente que el dolor llegara, pero no podía estar a tal distancia del piso ¿verdad?

En ese momento sentí unos brazos atrapándome unos cuantos milímetros antes de tocar el piso y poniéndome de pie, un tacto frio que ya había sentido la noche anterior antes de llegar a mi cama y caer como una roca.

-Deberías tener más cuidado, mas en tu estado.- dijo Rosalie riéndose de mí, al menos no era Edward, la última persona que desearía ver en este momento, suspire y la mire con todo el veneno posible.

-Lamento no tener unos reflejos invencibles.- solté entre dientes, como escupiendo las palabras y caminando hacía el baño, estaba haciendo un esfuerzo increíble por no vomitar en la fina ropa de Rosalie Hale. Ella noto mis esfuerzos y se aparto, corrí al baño lo más coordinadamente posible para no volver a ponerme en ridículo frente a la chica de los reflejos. Inmediatamente llegue al inodoro todo lo que tenía en el estomago dio a parar allí. Sin notarlo Rosalie llego tras de mí y me sostuvo el cabello, luego me tendió mi cepillo de dientes y salió sin decir palabra. Me senté en mi cama en cuanto salí, el dolor de cabeza no pasaba… y no pasaría durante una buena cantidad de horas, dije intentando contar cuanto licor había consumido la noche anterior, la mísera idea volvió a marearme. Gabriella llego con dos vasos de agua con algo burbujeando en ellos.

-Solo bébelo.- dijo tomando el suyo haciendo un montón de caras que no me hacían tener una buena opinión sobre aquel liquido burbujeante que salpicaba pequeñas chispitas a mi cara. Pero lo bebí sintiendo un poco mas de calma al ver que el mareo se hacía un poco más tenue sin desaparecer del todo. Era un avance al menos.

- Edward casi ruega porque lo dejáramos pasar la noche sentado frente a la puerta.- dijo Rosalie entrando con tostadas y café.- lo mandamos a… darse un paseo.- dijo guiñándome un ojo en señal de apoyo.- y toma tu teléfono, ha estado sonando… mucho.- dijo lanzando el pequeño aparato con una precisión impresionante a la cama, lo tome y vi varias llamadas perdidas de Ángela, se suponía que iba a llamarla en cuanto despertara… ayer.

-¿Bella? ¡¿Dónde estabas metida?- contesto con un grito haciendo que mis oídos pitaran.

-¿Podrías no gritar?- respondí perturbada.

-¡Bella es que tengo tantas cosas que contarte!- dijo ya más calmada.

-Dímelo entonces.- sonreí, hablar con mi mejor amiga realmente me tranquilizaba, los problemas parecían ser de menor grado estando con ella.

-¿Recuerdas que envié mi solicitud para la beca contigo?- dijo más feliz de lo normal al mencionar el tema, ya que su solicitud fue denegada y la mía aceptada.- Ayer a la tarde llamaron a mi madre para explicarle un error en el sistema, al parecer confundieron una buena cantidad de datos… ¡Me voy para Londres en dos semanas!- literalmente nos pusimos a gritar como psicópatas con un gran problema en cuanto esas palabras salieron de su boca.

-¡Estarás aquí! ¡Aquí!- grite saltando por toda la habitación ignorando el mareo.

-¡Sí! Veré si me puedo ir antes para poder hacer algo de turismo, ya que llegaría justo para comenzar las clases, mi madre ya está en eso.- con eso concluyo la conversación, hablamos de cosas triviales… hasta que toco el tema.- ¿Y tu chico de ensueños del concierto? ¿No han creado ningún tipo de comunicación?- allí comenzó todo de nuevo, aunque inmediatamente conté la historia ya me parecía un sin sentido, ¿Por qué me había puesto así por esa sandez?

-Es curioso que ahora que te lo cuento me sienta tan ridícula.- ella rio del otro lado de la línea.

-No sé qué decirte.

-No hay mucho que decir Ang, lo sabes… solo gracias por escucharme siempre.

-Solo si lo quieres tanto como dices no lo dejes ir tan fácil. Aclaren las cosas, quizá tu imaginación está haciendo falsas suposiciones.- dijo para concluir el tema. Nos despedimos, y prometí llamarla antes de irme a dormir esa noche, sin importar la hora.

Salí de la habitación para ver a varias de las chicas reunidas en la sala común viendo una película.

-¡Ven, Bella! Acaba de empezar.- dijo Anne palmeando el asiento a su lado, me quede viéndola con una expresión extraña, esta chica no había hecho más que dedicarme mil miradas despectivas desde que pisamos el aeropuerto y ahora de repente quería ver una película junto a mi grata compañía. Gabriella me sonrió cómplice y me hizo una señal con la cabeza para que me sentara.

Fui a la nevera, tome una caja de jugo de naranja y serví un poco en un vaso, y me sentaba junto a Anne. La película no me llamaba mucho la atención, pero aun así estaba haciendo un buen esfuerzo para concentrarme en vez de pensar en mis estupideces de la noche anterior, no recordaba ni la mitad de las cosas y algo me decía que no quería llenar los vacios que habían en mi mente, algo me decía que no iba a gustarme nada. En ese momento tocaron la puerta, haciéndonos pegar un salto a todas las que estábamos consumadas en la pantalla del televisor.

-Yo voy.- dije levantándome de la silla, abrí la puerta y me arrepentí del momento en el que decidí abrir.

-Lo siento.- dijo sin siquiera permitirse saludar o dejarme hacerlo.- ¿Me dejaras compensarlo?- dijo sacando una rosa de una de sus manos atrás de su espalda y extendiéndola frente a mí. Este chico hacía que pensara que era el caballero perfecto, pero tenía novia y no me correspondía a mí dañar su hermosa relación.

-Solo entra, Edward.- dije dejando la puerta abierta y caminando hacia la concina, las chicas en la salita se quedaron viendo la escena que habíamos montado más que prestando atención a la película.-Mira yo… no tienes nada que sentir. Solo finjamos que nunca paso.- dije abriendo la nevera tan solo para no mirarlo a él y sirviendo un poco mas de jugo para concentrar mi mirada en el vaso más tiempo del que debería.

-No creo que sea tan sencillo como dejarlo así…

-No importa si es lo correcto, es lo más sencillo y no quiero pensar en esto.- dije cortante.- más bien cuéntame que tal salió la cena de anoche.- dije sentándome en el mesón y dedicándome a contemplar el contenido de mi vaso.

-La cena… claro, fue bien. Era algo muy familiar.- así que su familia debería adorar a aquella rubia y valorarla como oro si la invitaban a cenar a una cena "muy familiar" cada una de sus palabras me dejaba cada vez más claras sus intenciones sobre mí, simplemente se sentía muy culpable de haberme hecho pensar algo que definitivamente era errado.

-Que bien que hayas disfrutado.- dije dándome la vuelta y dejando el vaso en uno de los estantes, cuando me voltee Edward estaba demasiado cerca, de alguna forma me las arregle para poner mi mano en su pecho y proporcionarle un pequeño empujón hacia atrás, aunque anhelaba su cercanía.

-Bella…- dijo con un suspiro. Yo solo negué.

-Debes irte.- dije volteándome y corriendo a encerrarme en el cuarto de baño.