¡Hola, querido público lector! Sin alargarme, les dejo la actualización de ésta historia y debo confesar que estoy muy ansiosa porque lleguen las partes que a mi gusto, han quedado mejor, éstas chicas necesitan crecer, ¿no les parece?
Sin más, hago la siguiente declaración: Frozen no me pertenece, tampoco ningún personaje que ustedes puedan reconocer dentro de la historia, todos son de la factoría Disney, así como algunos títulos de los capítulos.
Y, por cierto, éste fanfic tenía originalmente otro título, que olvidé el día que lo subí, yo acabo de recordarlo, así que probablemente a la próxima lo encontremos con un nuevo título, éste sería "Cartas para Anna", si ustedes creen que sería complicado ubicarlo después, por favor, coméntenlo en la caja de opiniones, es muy importante para decidir si finalmente le cambio el título o no.
Bien, muchas gracias a todas las personas que se toman el tiempo de leerme y ponerme un review, las historias crecen a base de ellos, les externaré mis agradecimientos uno por uno al final de éste capítulo.
Por toda tu atención: ¡Muchas gracias! : -D
Capítulo II
Amor de verdad
El sábado se estaba convirtiendo en un dolor de cabeza. Anna Von Bjornson no era la misma Anna Von Bjornson de cada verano, estaba irreconocible, Olsen tuvo que llamarle varias veces la atención por lo distraída que la pelirroja se encontraba. Y cómo no, si delante de ella había una atractiva rubia distrayéndola, aunque la atractiva rubia parecía no ser consciente de eso.
Anna dejó caer una pesada caja de botellas de agua al lado de la camioneta, cerca de donde Elsa estaba recargada, y antes de hacer la próxima actividad decidió darse un breve tiempo para observar a la joven. La chica parecía descomponerse, llevaba unos pantalones cortos con bolsas a los costados, botas de montaña, camisa de tirantes y encima una blanca blusa de manga corta desabrochada y una gorra que Olsen, el padre de Anna, le había facilitado.
─Tienes la piel demasiado clara, te vendrá bien que te protejas del sol ─le había dicho.
La pregunta era si a Elsa le hacía daño el sol, y si eso era posible, qué tanto. Había una curiosidad en ella que pocas veces se notaba: su cuerpo parecía brillar expuesto a la luz natural del astro, por los diminutos cristales de hielo que componían todo su cuerpo como si de células se tratase, y esa era una característica que Anna conocía muy bien. La pelirroja siguió meditando en la figura de la otra, claro, no podía faltar su larga trenza recogida hacia un lado; tenía las mejillas completamente rojas y parecía que su tonalidad de piel pronto obtendría el mismo color.
─¿Te encuentras bien, Elsa?
─Sí, señor Von Bjornson, muchas gracias, es solo que no estoy acostumbrada a esto y el calor en verdad que me afecta.
─Puedo notarlo ─dijo Olsen tocando su mejilla, el hombre enarcó las cejas ─a pesar de que… estés tan fría… Pero siempre podemos llevarte a casa antes de comenzar el viaje ─resolvió frotándose las manos y olvidando el hecho de que la piel de Elsa no coordinaba la misma temperatura que la del ambiente medio en esa calurosa mañana.
─No, no… claro que no, yo quiero acompañarlos, es una muy buena oportunidad para disfrutar la que podría ser mi última primavera en Arendelle.
─Siendo así, entonces, ya está todo listo. Andando.
xxx
Elsa no tenía una sola idea de cómo armar una tienda de campaña, nunca antes en su vida había acampado, siempre que iba de viaje con su familia se hospedaban en lujosos hoteles que lo tenían todo. No había vacaciones en la playa y salvo esporádicos días de picnic, tampoco por el campo, y parte de eso se debía a las posibles consecuencias que pudieran desatarse a causa de los particulares poderes de Elsa, por lo que se limitaban a salir fuera y así mismo, a recibir a otras personas en casa.
Por esa razón ahí estaba la única hija de los de Arendelle, deduciendo por dónde debía empezar.
─¿Necesitas una mano?
La tierna vocecilla de la pecosa interrumpió abruptamente el análisis concienzudo de la chica alta.
─Creo que… creo que sí… por favor.
─No tiene mucha ciencia –Anna dijo, adelantándose para tomar las estacas y con hábiles movimientos, clavarlas en la tierra.
─Lo dices porque eres scout, pero yo… nunca en mi vida lo he hecho antes –Elsa notó que las mejillas pecosas subieron dos tonos, y a pesar de que hizo el gran esfuerzo, tuvo qué voltear hacia otro lado para que la chica no la mirara sonreír. La pelirroja soltó una risilla y enrojeció todavía más, sobresaltada de la repentina amabilidad de la rubia.
─Ayúdame con esto –le extendió una estaca y Elsa la tomó como si fuera un objeto extraterrestre.
Rapunzel estaba terminando de meter sus cosas en su propia casa de campaña cuando una acalorada Anna se le acercó mirando su obra dubitativamente.
─No dejaste espacio para mí.
─¿Perdona? Claro que no dormirás conmigo –. Y entonces Rapunzel captó la preocupación de Anna –Por favor, dime que trajiste tu tienda.
─No, pensé que dormiría contigo ─respondió la pecosa ahora alarmada.
─Obvio no.
─Obvio sí, pues no me dormiré fuera, sin casa.
Olsen observó a las chicas y se acercó, limpiándose las manos de la tierra que acababa de revolver para formar la fogata ─¿Sucede algo, mis amables y bellas criaturas?
─Padre –se quejó una fastidiada Rapunzel –Anna no trajo su tienda y yo no quiero que duerma conmigo.
─¿Por qué no?
─Ya lo sabes, mi hermana es demasiado inquieta, terminará botándome de la casa como la última vez.
─Rapunzel, por el amor de Dios, no puedes…
─Definitivamente no, padre, lo siento –y cruzó los brazos en total negación.
Y de repente, como si un trueno cayera en medio del campamento, se escuchó una dulce voz hablar, como si de una reina se tratara ─Yo tengo espacio en mi tienda, –todos se volvieron a mirar a la amable rubia que se miraba tímidamente los dedos de sus pálidas manos –es para cuatro personas, así que hay suficiente espacio para ambas.
─Elsa, te lo advierto, Anna es muy loca para dormir, muy loca.
Como si no lo supiera Elsa, ¿cuántas veces no estuvo la pelirroja encima de ella insistiendo para que fueran a jugar por toda la casa? Elsa la conocía más que bien.
─Tomaré el riesgo –sonrió con toda esa dulzura que siempre mostraba y a pesar de que Anna no podía estar más contenta, también se preocupó, ¿cómo es que la joven de Arendelle había pasado de ignorarla completamente, a prestarle más atención de la que hubiera imaginado?
El señor Von Bjornson les anunció que encenderían la fogata en cuanto el reloj marcara las seis, mientras tanto tenían tres horas libres para lavar los platos de la comida, bañarse y quizá dar un breve paseo.
La chica rubia se dirigió a la orilla del río para lavar sus trastes sucios y enseguida Anna se le unió.
─¿Lo estás pasando bien? –preguntó la pecosa con la vista fija en el plato que lavaba, la otra muchacha esbozó una sonrisa, asintiendo.
─Mejor de lo que creí.
─Me alegro –Anna dijo, solo que su semblante demostraba una cosa muy diferente.
─Anna… ─murmuró Elsa, tanteando las palabras que diría –sé que últimamente he estado muy pedante contigo… ─Anna guardó silencio y se empeñó en dejar el plato más que limpio –Usualmente tú y yo nos llevamos bien, solo que ahora… pasa esto y… es complicado.
─¿Qué es lo que pasa? ─se animó a preguntar la chica de los ojos verde azules, más animada ahora que Elsa estaba decidida a hablar.
─Ya te dije antes… no me he sentido muy bien con la adolescencia… ha-hay cambios…
─¿Y crees que no lo entendería?
─Tal vez no ─la pelirroja suspiró y continuó lavando sus platos –Quería disculparme contigo… por todo eso.
─No eres la mejor oradora, ¿cierto, Elsa?
Elsa sonrió, divertida –Me conoces bien.
─Más de lo que quisiera.
La pecosa finalmente se irguió y solo entonces la rubia se dio cuenta cuánto había crecido su pequeña amiga, también los cambios estaban haciendo de ella una señorita muy interesante; lo que más le gustaba a Elsa de Anna, eran sus pecas, tan visibles cuando se ponía tímida o nerviosa, justo como en ese momento.
─¿Te gustaría dar un paseo conmigo?
─¿Siempre eres tan propia? ─la rubia se encogió de hombros, eso era inherente en ella –Sí, me gustaría.
─Entonces vamos.
Anna prefirió guardar silencio mientras caminaban, estaba cediendo el terreno para que Elsa concluyera su conversación, sabiendo lo complicado que era para la rubia entablar charlas con la gente; a menos que tuviera algo inteligente qué decir la joven de ojos azules se limitaba en sus palabras, y parecía que en esos momentos se sentía la persona menos inteligente del planeta. Anna observó las manos entrelazadas de la rubia y cómo la chica las frotaba como si estuviera tratando de quitarles suciedad, aunque todo lo que caía sobre el camino no era más que escarcha. Algo le estaba sucediendo, y por primera vez, la pelirroja entendió que lo que sea que pasara con su amiga, era realmente serio. Decidió no ser ella quien comenzara la charla, si Elsa estaba dispuesta a hablar Anna no iba a entrometerse en lo que tratara de decirle.
Se dieron cuenta que sus pasos las habían alejado del campamento y la rubia detuvo la caminata.
─Tomemos un descanso –. La pelirroja sintió las frías manos de Elsa halándola hasta una roca a la orilla del río, donde sutilmente la invitó a sentarse –Hace bastante calor.
─Y qué lo digas –la pecosa bebió de su botella de agua y entonces una idea vaga se formó en su mente ─¿Un baño?
─¿Qué?
─¿Qué si quieres darte un baño?
Las emociones de Elsa saltaron de su butaca ─¿A-aquí?
─Claro, en el río, hace calor y el agua nos llama.
─Pero…
Antes de que se le ocurriera decir algo más, la más joven de las amigas se sacó la chaqueta de mezclilla y las botas. Al igual que la rubia, tenía puesta una blusa de tirantes por debajo y unos pantalones cortos. Tanteó el agua con el pie y sonrió –Es perfecta.
Se desabrochó el pantalón y lo echó fuera, hizo lo mismo con la blusa de tirantes y por primera vez, un rubor que no era por el calor del clima invadió las pálidas mejillas de la platinada. Avergonzada, volvió el rostro hacia otro lado.
─No seas santurrona, anda, ven.
Elsa escuchó el ruido de un clavado y se animó a mirar por fin.
─A-Anna…
─Sólo un chapuzón. Anda. Se ve que te mueres de calor.
Elsa nunca se había desnudado ante nadie, nunca había compartido un baño con nadie, nunca se atrevió a sobrepasar sus propias reglas por nadie, y ahora estaba ahí, dando un salto al agua corriente. La pelirroja no pudo hacer otra cosa mejor que sonreír, sintiéndose victoriosa.
─¿Alguna vez haz cazado conchas de río?
─No, jamás; yo solo he usado la alberca de casa toda mi vida, y ahí no hay un asqueroso lodo bajo mis pies, ni rocas alrededor.
─¡Entonces juguemos! ─gritó emocionada la niña pequeña, intentando no reír por el miedo tan atroz que se había formado en los ojos de Elsa ─Tienes que zambullirte hasta el fondo y recolectar la mayor cantidad de conchas de río que puedas; en diez minutos quien cace más, obtendrá un premio de la otra.
De repente Elsa se sintió con el mejor de los ánimos para jugar, esa era una de las grandes novedades de la rubia, pues si por algo se destacaba la heredera de los de Arendelle era por no mostrar muchos sentimientos en su persona. Raramente se emocionaba con algo, Anna no recordaba haberla visto tan entusiasmada desde aquellas ocasiones en que jugaban juntas en el salón de exposiciones de la familia Von Bjornson, cuando hacían un muñeco de nieve y se entretenían con la magia helada de la rubia. Fueron las pocas veces que la pecosa la había visto sonreír y se había deleitado con el dulce sonido de su risa. Después de ese periodo de separación que vino entre ellas, la de Arendelle se volvió callada y misteriosa, en la escuela eran realmente muy pocas las personas con las que se relacionaba y cuando lo hacía, no era más que por motivos académicos. Cuando escuchaba a alguien referirse a ella como la chica de piedra o la reina de hielo, aunque se enojara mucho, Anna no podía desmentir los sobrenombres, porque Elsa era eso, una roca, una estatua de hielo sin emociones ni sentimientos.
─Bien, ¿y qué me vas a dar cuando pierdas?
Un escalofrío recorrió el cuerpo de la pelirroja, porque hasta entonces fue consciente que esa misma Elsa de Arendelle estaba frente a ella, con apenas una camisa de tirantes encima y sin sus pantalones cortos, empapada, los mechones rubios de su cabellera platinada le caían húmedos sobre el finísimo rostro, no podía verse más hermosa, aunque la pelirroja estaba segura que más adelante la rubia volvería a sorprenderla con su antinatural belleza.
─No estés tan segura de ganar, reina de hielo, recuerda que nunca has hecho esto antes.
─Cierto, así que alguna ventaja debes darme, ¿no? Es justo, ¿cierto?
Anna rio por toda la razón de la otra chica ─Cinco conchas, tendrás cinco conchas de ventaja, es decir, si quedamos veinte a veinticinco, ganando yo, entonces por esas cinco de ventaja, sería un empate, ¿me expliqué?
─Perfectamente ─celebró la otra con un gesto de descaro autocontrol ─¿A las tres?
La pelirroja volvió a carcajearse, animada ahora por la emoción que destilaba la otra muchacha ─Una… dos… ─hizo una pausa larga y luego gritó ─¡tres!
La cabeza rubia de Elsa desapareció bajo el agua y como una sirena la pelirroja alcanzó rápido el fondo del río, no tardó más de un minuto para salir de nuevo a la superficie llevando dos conchas en su mano, las colocó a la orilla, donde había garabateado "Anna" en el lodo, y volvió a zambullirse.
Las chicas se encontraron cuando ambas salieron a tomar aire, Anna iba por su octava concha y Elsa apenas llevaba dos. La pecosa le sonrió con autosuficiencia.
─Tengo cinco de ventaja, ¿recuerdas? Con esas solo me ganas por una.
Era el día más feliz en la vida de Anna, la alegría no la dejó responder, simplemente se sumergió de nuevo y enseguida Elsa la alcanzó, se regalaron más sonrisas, sin poder evitar la ensoñación que se causaban mirando sus cabelleras revolverse con el agua.
Como era de esperarse, aun con la ventaja encima, la pelirroja salió victoriosa; logró reunir una cantidad de cincuenta conchas mientras que Elsa solo obtuvo treinta y cinco.
La rubia se miró las manos enrojecidas y se dio cuenta que definitivamente no estaba hecha para los deportes.
─Te pondré crema para raspaduras y estarán perfectas, no dolerá.
─Está bien, me divertí bastante.
─También yo ─Anna hizo a un lado el plato de comida a medio terminar y luego guardó silencio, sin dejar de mirar a Elsa, su mirada fija y seria le indicó a su amiga que estaba esperando que concluyera la charla de más temprano, así que no le quedó de otra a la joven Arendelle más que continuar.
─Anna, realmente siento que…
─No quiero que te vayas.
La afirmación tan repentina de la pequeña sorprendió a la rubia, que vaciló después de armar todo su argumento ─¿Qué?
─No quiero que te vayas, Elsa.
La platinada suspiró profundamente–Tengo qué hacerlo, no puedo quedarme en Arendelle, he ganado una plaza en una importante universidad de América.
─Tenemos una buena universidad en Arendelle.
─Sí pero… esto va más allá de eso… ─y luego se volvió para tomarle las manos –Escucha, Anna, todos estos años, desde que te conocí, has sido la persona más linda que ha estado en mi vida; eres un sol, eres calor, eres todos los colores juntos, me has… me has cautivado con tu forma tan sencilla de ser.
─¿Y por qué te alejaste de mí, entonces? ─Elsa se dio cuenta que esa era la pregunta que Anna deseaba hacerle desde hace mucho, desde que Elsa comenzara a rechazarla.
─Porque tenía qué hacerlo, yo… no soy normal, Anna, lo sabes.
─No entiendo por qué piensas eso, tu poder es grandioso.
─No… es peligroso, es aterrador, es… no sabes todos los problemas que me ha traído ─los ojos azules de Elsa se desviaron hacia el húmedo suelo y aflojó el agarre de sus manos, incapaz de sostener la mirada de Anna; a pesar de todo lo que las amigas de Rapunzel decían de ella, la pelirroja no veía más que ternura en cada uno de los gestos de su amiga.
─¿Qué problemas? ¿Por qué no me cuentas? Quizá lo entenderé. Te aseguro que lo entenderé.
─Anna, yo…
─Elsa… todos estos años no he hecho más que estar detrás de tu puerta, esperando que salgas a jugar conmigo.
De repente la chica pálida sintió curiosidad por aquello, porque era verdad, Anna siempre estuvo ahí, ella lo sabía, así se empeñara en ignorarla, nunca pasó por alto a los ojos verde azules que la observaban desde una ventana dentro de la casa de los Von Bjornson, o en algún escondite donde la pecosa lograra colarse sin ser aparentemente vista ─¿Por qué esperabas detrás de mi puerta?
Anna volvió a tomar con fuerza las frías manos de la rubia y la confrontó directamente a los ojos, sin inmutarse, sin trastabillar, sin pensar una sola vez lo que diría.
─Por ti… solo esperaba por ti.
─¿Qué tengo yo de especial, Anna? ─Elsa se levantó del tronco donde estaban sentadas y miró hacia donde escuchaba el ruido del río correr.
─Todo… lo tienes todo ─. Dijo la pecosa, levantándose para seguirla, se colocó de nuevo delante de ella y alzó la vista para encontrarse de nuevo con la mirada gélida de la platinada ─Solo tú eres… wow… ─expresó libremente, mirándola, y por segunda vez en su vida Elsa de Arendelle supo lo que era un rubor. No le fue posible evitar sonreír, pero solo fue un breve segundo antes de volver a su gesto entristecido.
–Anna… te juro que no lo entenderías.
─Puedes ayudarme a entender, Elsa… ─en su desesperación por comprenderlo todo, la niña puso sus brazos sobre el pecho de la más grande, lo que a simple vista cualquiera podía deducir que se trataba de una pareja de enamorados resolviendo un absurdo problema de amor ─Todo lo que he visto de ti al momento, por oscuro y misterioso que sea… me ha fascinado. ¿Cuándo he tenido miedo de ti o de lo que te envuelve? Dime, ¿cuándo he huido? Aquella vez que te descubrí congelando ese charco de agua me asusté un poco, lo acepto, pero entonces tú te pusiste de pie, más asustada que yo y entonces supe que nada de lo que saliera de ti ─tomó una de las palmas de su mano ─podría ser malo… nada, porque todo lo que procede de ti, Elsa, es hermoso, es… absolutamente hermoso…
La pelirroja llevó la palma abierta de Elsa hacia su mejilla, el frío le recorrió toda la piel apenas al leve roce de su contacto y la rubia vio los vellos del rostro de la pecosa erizarse, pero la pequeña no se inmutó, tenía los ojos cerrados y parecía disfrutar de esa sensación helada que desprendía la mano de su particular amiga; por su parte, la rubia descubrió algo totalmente nuevo para ella: el calor.
La chica Von Bjornson sintió que la temperatura había comenzado a cambiar, de repente fue todo frío y ahora, estaba esa sensación cálida acariciando su rostro. No se esperaba lo que seguiría, tal vez tenía recuerdos vagos de haberlo soñado en algunas ocasiones, tal vez eran vagos porque ella se había empeñado en borrarlos de su memoria, pero estaba segura de haber dormido apaciblemente una noche que soñó, o imaginó los labios rojos de Elsa acercándose a los suyos. Probablemente era otro sueño de esos, probablemente se había quedado dormida y ahora estaba envuelta en esos pensamientos nocturnos que tanto intentaba censurar al otro día, sea lo que sea, ésta vez lo había sentido en carne propia.
No fue su imaginación, Anna de verdad pudo palpar la candidez de esos labios escarlata cerrándose sobre los suyos, no era un sueño, Elsa la estaba besando, la besaba de verdad. Envuelta en un remolino de todas las sensaciones mezcladas, esa pequeña niña traviesa se dejó llevar por el cúmulo de ideales que solo eran posibles en los cuentos de hadas que ella misma escribiera para recitárselos a sí misma por las noches, y cuando la otra chica se separó un instante y la miró asustada, la pelirroja solo pudo hacer una cosa: halarla de nuevo hacia ella, para volverla a besar, perdiéndose entre los encantos de esos labios invadiendo dulcemente los suyos. Y Anna olvidó que existía el tiempo.
─Elsa… ─articuló en un susurro.
─No sé por qué siento éstas cosas, Anna, sé que no debería pero…
─¡Elsa…! ─alzó la voz, como si con eso intentara acallar cualquier justificación de la otra parte ─Todo éste tiempo esperé detrás de tu puerta no solo para que salieras a jugar conmigo… yo no quería ver solo tu magia ─. Su voz sonaba algunos decibeles más arriba de lo acostumbrado, la rubia miró hacia el campamento, pero parecía que allá todo estaba en calma, sin ninguna sospecha por lo que estuviera ocurriendo entre las dos chicas; miró de nuevo a Anna ─Más allá de lo que pudieras hacer, yo solo quería estar contigo, jugar era solo un pretexto, yo lo que quería era tu compañía porque… ─la miró, y finalmente Elsa se dio cuenta lo que esos ojos querían transmitirle todas esas veces que la miraban de la forma en que la rubia se había convencido era solo admiración ─porque te quiero… porque eres mi más grande sueño de amor…
─No, Anna, esto no está bien ─interrumpió la platinada ─somos chicas, menores… tú eres una niña y yo…
─Tengo casi quince.
─Y yo diecisiete, por cumplir dieciocho; soy la hija del mejor amigo de tu padre, amiga de tu hermana, una referencia de buen ejemplo para tu familia.
Elsa se volvió de nuevo hacia el río, dando la espalda a Anna e ignoró cuando pequeños copos de nieve comenzaron a caer alrededor de ellas. La pelirroja se acercó solo un paso y le habló con un hilillo de voz en sus palabras.
─Pero te amo, Elsa.
─No puedes decir eso tan a la ligera ─la platinada se exasperó.
─¿Por qué no? Si es amor de verdad.
─Discúlpame, pero no creo que ahora sepas lo que es el amor de verdad.
Entonces Anna se acercó a ella y la miró de frente, otra vez, y la diferencia de estatura no fue un impedimento para mostrarse autoritaria frente a la dominante y fría chica de hielo.
─Nueve años, nueve años sintiendo que eres el centro de mi universo ─Elsa volvió el rostro, sin ceder ─¡Mírame, Elsa de Arendelle! ─la obligó a encararla de nuevo ─Cinco años llamando a tu puerta, y otros cuatro observándote desde mi ventana, ¿cómo le llamas a eso?
─Necedad ─respondió la rubia, y cruzó los brazos.
─Y si yo peco de necia, tú pecas de mentirosa y testaruda ─ahora Elsa enarcó las cejas, confundida, pero no estaba dispuesta a darle la razón a Anna. La pecosa insistió y la tomó de las mejillas, inmediatamente una delgada capa de escarcha se formó bajo sus manos, pero no las apartó.
─Dame una oportunidad de amarte. Solo una.
─No, ─ ella simplemente no podía dar un paso adelante ─No se puede, Anna, lo nuestro no tendría futuro.
─¿También eres adivina?
─Soy realista y tengo más años que tú.
─Qué me importa ─de repente la nieve cesó, Anna alzó los ojos, aun con las cejas fruncidas por el enojo que estaba pasando y vio la cara de Elsa, como si ésta estuviera luchando por soltar una carcajada.
─Anna…
─¿Qué es tan gracioso?
Y no se contuvo más, Elsa comenzó a reír, y aunque se maldecía a sí misma por hacerlo, simplemente no pudo evitarlo, la actitud de Anna había derretido el hielo alrededor, al menos por ese instante.
La voz de Eridan se escuchó a lo lejos ─¡Chicas! ¡Es hora de venir acá, la fogata está justo en su punto!
Las muchachas se miraron, sabiendo que seguirían dejando esa conversación pendiente ─¡En un momento vamos, señora Von Bjornson! –gritó Elsa y luego miró a Anna.
─En unos meses me voy y todo quedará sostenido en algo efímero…
La pelirroja se puso de puntitas y la besó fugazmente en los labios una vez más, sin detenerse a meditarlo –Eso no me importa ahora, quiero aprovecharte el tiempo que queda, con un poco de suerte y no te marchas.
Elsa intentó recobrar la compostura luego del repentino beso, y aunque quisiera decir otra cosa, no tenía nada mejor que decirle a la pequeña –Me iré de todos modos, Anna, eso no es una opción.
Los ojos de la pelirroja la miraron entristecidos y Elsa supo entonces que hacer sufrir a Anna era el dolor más intenso que ella pudiera experimentar en su vida, porque hasta ahora se daba cuenta que esa chica era su única debilidad; Anna Von Bjornson se había convertido en la única persona que tenía el poder de destruir a la poderosa Reina de hielo, a la poderosa Elsa de Arendelle, y por mucho que ahora le doliera a ella tocar ese fragmento más vulnerable de su alma, por el momento, era mejor para la chica, así que no estaba dispuesta a darle falsas esperanzas a su pelirroja.
Al cabo de pocos minutos la rubia finalmente se quedó dormida junto a la fogata, de alguna forma, el calor le resultaba atractivo, muy pocas veces se exponía a un fuego como ese, tan vivo, tan rojo, tan peligroso incluso para ella misma, pero se lo permitió, solo porque ese fuego le recordaba una sola cosa: a Anna, y eso le gustaba sobremanera.
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La más joven de los Von Bjornson estuvo distraída durante el desayuno; apenas terminó de lavarse los dientes Elsa se acercó a ella mientras la pecosa lavaba los trastes sucios en el río.
─¿Vienes un momento? –la llamó tocándole el hombro.
Invadida por la curiosidad y la esperanza de una buena noticia, Anna la siguió. Cuando llegaron a la orilla río abajo, la rubia se quitó las botas de montaña y sumergió los pies al agua corriente; sentada desde la misma roca sobre la que habían charlado una noche antes, miró a su pequeña amiga, que seguía de pie, luego le sonrió, invitándola a sentarse a su lado. La chica obedeció a la seña, se sacó las botas y los calcetines y luego miró embobada el agua cristalina y los rayos de sol que la profundizaban, cuando sintió las manos de Elsa rodeando su cuello, pasando por encima de sus hombros. La rubia había creado un muñeco de nieve minúsculo que se movía vivo delante de ellas y Anna no pudo evitar sonreír.
─¡Olaf! –exclamó.
─Perdí ayer en el juego, así que tienes mi regalo delante de tus ojos, se supone que no debería hacer magia en momentos como éste.
El par de orbes verde azules vagaron hacia el perfil iluminado de la platinada, el sol había creado un efecto luminoso alrededor de todo el contorno de su cuerpo.
─Brillas –le dijo Anna –como el hielo expuesto al sol…. Es decir ─tocó sus brazos ─realmente brillas, no como esos "vampiros" que no tienen razón para brillar… tú de verdad… brillas…
─Es porque soy de hielo ─resolvió la rubia sin inmutarse, estaba acostumbrada a ver ese efecto en ella, una de las razones por las que evitaba exponerse mucho a la luz, aunque raras veces ocurría, porque en realidad Elsa no estaba hecha de hielo, solo algunas veces pasaba que pequeños cristales de escarcha se asomaban entre los poros de su pálida piel, y entonces los reflejos del sol los hacían brillar como pequeños diamantes, pero nada más asombroso que eso.
─Igual sigues siendo muy hermosa.
La rubia sonrió de vuelta y clavó sus ojos en Anna, entonces, cuidando el espacio que se cerraba entre ellas y de que nadie estuviera próximo para notarlo, delicadamente la besó.
─Si prometes que no vas a llorar el día que tenga qué marcharme, podemos aprovechar estos meses que nos quedan para ser solo… tú y yo.
No supo cómo había llegado a decidir sobre eso. Anna era una chica inocente, ella solo adoraba su magia, aunque se empeñara en decir lo contrario. Su magia fue lo que las unió desde que se conocieron, porque Elsa no creía que alguien fuera capaz de amarla por lo que ella era, no creía que alguien fuera capaz de resistir el frío que se cernía siempre a su alrededor. Elsa nunca podría ofrecer a nadie el calor que el cuerpo humano añora de repente, como en las frías noches de invierno. Se sentía mal por comenzar algo con Anna. Entre otras razones de más peso se sentía sucia, la chica no tenía ni los quince años y Elsa ya estaba por cumplir dieciocho. Tampoco creía que eso agradaría mucho a sus padres, menos a Rapunzel. Pero no podía negar que la quería, la quería demasiado y era absurdo intentar encontrar el porqué, porque había demasiado en Anna que a Elsa simplemente la volvía loca, tal vez era su inocencia innata, quien sabe, lo único que Elsa se daba cuenta es que por mucho que lo deseara, no podía irse de Arendelle sin antes haber experimentado lo que ella escuchaba que llamaban amor. Y lo peor de todas las cosas, es que Elsa sabía que a pesar de todo lo que la joven Von Bjornson le hiciera sentir, ella tendría que abandonarla muy pronto.
─Prometo intentarlo.
─No, promételo de corazón –dijo la rubia divertida.
─¿Y qué pasa si ese día simplemente no puedo cumplir y las lágrimas son más fuertes que yo?
─Me iré sin despedirme con algo mejor que solo darte la mano.
─¿Ni un abrazo?
─Ni eso.
La pelirroja arrugó las cejas, pensativa ─Trato ─dijo al fin y con esto la rubia dibujó otra bella sonrisa en su iluminado rostro ─¡Te quiero! –Gritó Anna y enseguida se abalanzó sobre ella para envolverla en un furtivo abrazo.
XXX
Bueno, hasta aquí ha llegado éste capítulo, mi estimado público lector, intenté corregir algunas cosas antes de subir el capítulo pero ya no me fue posible a causa del trabajo, por lo que posiblemente hayan encontrado varios errores de escritura. Y bueno, ya saben, vendrá una nueva actualización la próxima semana, viernes para ser precisa, espero que ésta historia les esté gustando, si no es así… ¡Elsa se casará con Jack Frost…! ¡Nooooo! :v Cuídense, besos… LindsayWest…
Agradecimientos especiales a:
Yara sosa.- Gracias por la observación, tuve qué leerme de nuevo el documento para darme cuenta que los asteriscos que puse para dividir los cambios de escena o espacios de tiempo, no aparecieron, así que los sustituí por tres equis (xxx). Muchas gracias por la bienvenida al fandom Elsanna : - )
Madh – M.- Hola, me gustaría saber cuáles son esas dudas, quizá pueda responderlas sin necesidad de adentrarme a la historia que se avecina. Muchas gracias por tu comentario ; -)
Un chico.- ¿Un chico guapo? ¿Soltero? ¿Alto? ¿Joven? ¿Bonito? Ja, ja. Muchas gracias por animarte a dejarme un review, esto en verdad que nos motiva a continuar.
Bants.- Muchas gracias. Claro, el Jori sigue siendo una de mis más grandes pasiones, así que mis historias las concluyo porque las concluyo *-* Saludos y qué bueno leerte por acá, me pasé por tu perfil y apenas me he dado cuenta que también escribes Jori, ¿dónde estabas, eh?
Passenger.- ¡Wow! ¿En serio? Yo espero no decepcionarte con las próximas actualizaciones; te agradezco mucho que me leas y que te animaras a comentar, eso de verdad que me encanta :'D
Cualquier duda o aclaración al respecto, en mi perfil encuentras las cuentas que manejo…
Entonces… hasta el próximo viernes : -D
