«DDR: Digimon de Akiyoshi Hongo»
«N/A: Esta historia participa en el III Desafío: Enamorado Accidentalmente del DZ del GE»
«Cuando sientas sus labios de ella, ya en el ayer, sentías besos de recuerdos, dándote aliento en el recuerdo triste.»
–Miguel Visurraga Sosa.
2. Recuerdos de ti.
(Yamato's P.O.V)
Todavía me es difícil creer lo que paso, después de cuatro años de plena confianza y de poder superar los obstáculos, era increíble que el hecho de que estuviéramos separados hiciera que Sora se alejara en lugar de disfrutar los últimos meses juntos.
(Flashback)
De no haber sido por Mimi, los cuatro primeros meses hubieran sido un infierno, tanto de forma sentimental como social. Por una parte, me era difícil recordar la forma en la que Sora había tomado esto, y aunque Mimi me daba ánimos y en ocasiones me decía lo que ella le contaba, había algo que me decía que, sin importar cuanto Mimi me asegurara que Sora estaba bien, todo era mentira –o al menos gran parte lo era–; por otra parte me ayudó mucho a poder dominar el idioma, me dijo cuáles eran las mejores universidades de Nueva York para estudiar piloto aeronáutico y me ayudo a conseguir un pequeño piso no muy costoso pero aun así céntrico.
Una vez que iniciaron las clases en septiembre(2) pude distarme un poco y dejar de pensar en Sora, sin embargo, por la tarde que me desocupaba, sus recuerdos invadían mi mente y eso me molestaba, pero más que nada, me hacía sentir triste y ese choque de emociones hacia que a veces arremetiera contra todo, o simplemente me encerraba en recámara y lloraba hasta quedarme dormido y eso me empezó a afectar en la escuela, incluso yo lo notaba, volvía a ser un lobo solitario.
—¡Hola Yamato! — saludo Mimi al momento de pasar por el umbral del apartamento.
—¿Qué hay Yamato?— saludo Michael a su vez.
—Hola — los salude yo una vez que todos entraron.
Como era costumbre desde que llegue a Nueva York, tanto Michael como Mimi iban al departamento cuando podían para que no estuviera tan solo, aunque ellos aseguraban que era para que practicara más mi inglés con Michael.
—Yamato, ¿dónde está Gabumon? — me pregunto Palmon.
Al ser compañeros de generación, Gabumon y Palmon disfrutaban pasar un tiempo junto y a Betamon le agradaba estar con ellos.
—En el Digimundo —le respondí —, lo más seguro es que este con Piyomon y los demás. Si quieren pueden ir ustedes también— le ofrecí y ellos accedieron, por lo que los conduje a recámara y de ahí se dirigieron al Digimundo.
—¡Qué amable eres Yamato! — me dijo Mimi una vez que regrese a la sala de estar.
—No ha sido nada— le reste importancia y como era usual, ellos me empezaron a hablar en inglés para poder comprenderlo mejor y que más adelante no me costara trabajo comunicarme con otras personas.
Y así fue como paso todo septiembre.
En octubre ya tenía un mejor dominio del idioma, lo cual de cierta manera, me ayudo a subir mis notas y a conseguir un pequeño trabajo durante los fines de semana para ayudarle a mi padre con los gastos durante mi estancia en Norteamérica, sin embargo, todavía no podía sacarme a Sora de la cabeza. A diferencia de los meses anteriores, ya no me dejaba abatir, solo de vez en cuando me enojaba con todo el mundo –incluidos Mimi y Michael– y me hacía recordar a esa parte de mí que yo creí enterrada muy en el fondo de mi interior.
Dentro de la universidad, había varias chicas que intentaban llamar mi atención, pero siempre las trataba con cortesía y nunca mostré interés por alguna de ellas. En definitiva, era un lobo solitario.
Y así paso octubre.
En noviembre fueron los exámenes, relativamente fáciles ya que todavía no entendía al cien por ciento el inglés, pero según los maestros, a finales del año ya iba a dominar el idioma.
Poco a poco me fui haciendo a la idea de que quizá no volviera a ver a Sora –aunque una parte de mí aun lo esperaba– recordarla solo me hacía sonreír aunque con cierta melancolía, ya no me abatía ni me enojaba, aun así, en la escuela seguía siendo un lobo solitario, Mimi y Michael eran los únicos que podían apreciar el cambio, para el resto seguía siendo un lobo solitario.
(Fin del Flashback)
Así pasaron los primeros siete meses, prácticamente en blanco, recuerdo preocupar a la inocente Mimi, mi carácter hacia enojar a Michael, pero sabía que ambos, de alguna forma u otra, me entendían e intentaban apoyarme tanto como se pudiera, sobre todo en diciembre.
(Flashback)
A pesar de mi relativo progreso de forma sentimental, cuando llego diciembre fue como si nunca hubiera superado nada; en la escuela siempre estaba distraído, lo bueno es que los profesores no se percataban si los alumnos prestaban o no atención a las cátedras. En mis ratos libres –y después de haber terminado algunos quehaceres–, me detenía a mirar el álbum que Sora me había regalado el día de mi cumpleaños y siempre se escapaban las lágrimas que intentaba contener.
A mediados del mes decidí que ya era hora de adornar un poco el departamento para la Navidad –y antes de que mi familia llegara– así que compre un pequeño árbol de Navidad, unas luces y esferas. Justo mientras adornaba la casa escuche el teléfono sonar y le pedí a Gabumon que continuara con la tarea.
—Habla a casa de Ishida.
—¿Cómo estas hermanó? — escuche la voz de Takeru al otro lado del auricular.
—Bien enano, gracias, ¿cómo están ustedes?
—También estamos bien — dijo mamá que al parecer estaba cerca del teléfono —. Dame el teléfono de favor Takeru — le pidió mi mamá —Hola Yamato, solo te hablaba para decirte que el domingo estaremos por allá.
—De acuerdo mamá, los esperaré en el aeropuerto JFK, solo díganme la hora de arribo y ahí estaré.
Una vez que ella buscó y me dio los datos los anote y los coloque en la pizarra de corcho que estaba en la sala para no olvidarlos.
—Por cierto, Yamato… —dijo mi mamá antes de colgar — Olvídalo, será mejor que lo sepas hasta que lleguemos. Cuídate — se despidió sonriendo.
—Nos vemos el domingo. — contesté y colgué el teléfono
—Ya termine Yamato. — me dijo Gabumon muy contento de su trabajo
—Gracias — le respondí —, si quieres puedes descansar, yo terminaré el aseo de la casa.
—¿Cuándo llegara tu familia?
—El domingo a mediodía.
—Entonces, ¿estás seguro de que no quieres ayuda?
—Seguro — le respondí y él encendió la televisión.
El domingo por la mañana me duche e hice un pequeño desayuno para Gabumon y para mí y prepare todos los ingredientes para hacer unos panqueques una vez que llegara mi familia.
Cuando llegue al aeropuerto, estaba tan concurrido como cuando llegue, sin embargo, no me fue difícil llegar al área en donde los pasajeros arribaban una vez que pasaban la aduana. El vuelo que venía de Japón aterrizaría un poco antes de lo planeado, así que me abrí paso entre la multitud para que pudiera ver a mi familia en el momento que cruzaran las puertas.
Después de un rato de espera, los pasajeros comenzaron a salir así que decidí era momento de acercarme lo más que pude.
—¡Yamato!
(Fin del Flashback)
(2) En Norteamérica los que recién ingresan a las escuelas, inician sus clases en septiembre; después del 1º año ya inician en agosto
