TODOS LOS PERSONAJES DE SCC QUE APARECEN AQUÍ PERTENECEN A CLAMP.
ESTO NO ES UN ORIGINAL, ES UN COPY-PASTE
Capitulo 1
Debía haber sabido en el momento en que iría a buscar mis cintas blanqueadoras favoritas con sabor a té de menta, que no las encontraría en el cajón, sino temporalmente olvidadas en el fondo de mi armario, enrolladas en una bola crujiente. Una cubierta de hace dos semanas, una explosión de sirope que se había disparado de la botella rebotando en mi waffle y salpicado como una bola de pintura dulce.
Debería haber sabido, que cuando bajara las escaleras encontraría a mis padres degustando las amígdalas del otro frente al fregadero de la cocina, y casi vomitaría en mis zapatos. O que mi mejor amiga, Tomoyo ―en realidad ella es mi única amiga, lo cual está muy bien, sólo necesitas uno― llamaría para decir que se estaba haciendo tarde y no podía pasar a recogerme. Así que tendría que ir en una carrera en mi bicicleta hasta la escuela en mi primer día del último año. Debería haber sabido en ese momento que estaba pedaleando hacia el desastre. Pero solo llamo a toda esa porquería mi muy normal, mala suerte de todos los días.
Me monté en mi bicicleta y rodé las cinco calles hasta la escuela. Vivo en el actual centro de Tomoeda, no en el que tiene los desarrollos inmobiliarios de vainilla que han ido surgiendo los últimos diez años, rodeando al pueblo por casi kilómetro y medio hasta los campos de maíz. Muchos de los chicos de la Escuela Secundaria Seijo viven allí. Los chicos más pudientes. No es que mi familia sea pobre. Es solo que a nosotros nos gustan las casas viejas con linda arquitectura, como las de los pueblos. Mucha gente vive en desarrollos inmobiliarios y subdivisiones pensando que nuevas construcciones son dinero, y dinero es status social. Tontos.
Vivir en la ciudad es mejor. Puedo caminar o ir en bicicleta casi hasta cualquier parte. Bueno, está bien, quizás no al centro comercial Prairie View. Pero la biblioteca, la cafetería y la tienda de música quedan a solo unas calles de mi casa. Lo cual es realmente práctico cuando quiero estar lo más lejos posible de mis padres.
Además, las calles de la ciudad están todas alineadas con estos magníficos y macizos árboles de cerezo que han estado creciendo por, como, un siglo. Y desde que el sol ese día estaba insanamente caliente a las siete y media de la mañana, me quedé en el lado sombreado de la calle mientras rodaba a la escuela. Llegué allí, aseguré mi bicicleta y ventilé un poco las axilas de mi camisa en un inútil intento de secar el sudor cuando Tomoyo entró en el estacionamiento. Ella torció el espejo retrovisor para ver su cara, se secó su labio inferior y se bajó del coche.
―Tomoyo―le dije―. ¿Qué pasó que no me buscaste?
Ella medio corrió hacia mí mientras sonaba la campana.
—Lo siento, Sakura. Se me hizo tarde. No podía arreglar bien mi cabello.
Su cabello estaba recogido en una coleta, justo como las dos lo usamos todo el año pasado. Siempre en una cola de caballo o una trenza. Nos llamábamos los cabellos gemelos, aun cuando su cabello era de un liso y sedoso negro caoba y con unos extraños reflejos violeta, y agreguemos sus ondas al final de su cabello. Luego, justo antes de empezar las clases Tomoyo se cortó el cabello hasta los hombros y se hizo rayitos y sombras. Así que incluso en una cola de caballo, su pelo hacía que la trenza que yo llevaba luciera como una turba erizada. No es que a mí realmente me importara. Yo sólo mantenía mi pelo lo suficientemente largo como para poder ponerlo lejos del camino. No tenía paciencia para los peinados. O el maquillaje. Tomoyo seguía tratando de hacerme usar brillo de labios porque según ella tengo "labios carnosos y sensuales". Personalmente, creo que mis labios sensuales tenían menos que ver con la belleza y más que ver con el mal humor. Mientras subíamos las escaleras de concreto de la escuela, casi le pregunté a Tomoyo cuanto tiempo le podía tomar una cola de caballo.
En su lugar sólo dije:
—Se ve bien.
Ella me miró boquiabierta como si yo fuera un enfermo mental. Claramente, la cola de caballo era su último recurso. Pero lo dejé pasar. Yo sabía cómo de loca se ponía en relación a su aspecto y esas porquerías últimamente. Antes, acostumbraba a echarse solo loción en su rostro, recoger su cabello para atrás y listo. Pero este verano había trabajado como consultor en un campamento. Cuando regresó a casa, estaba metida de lleno en el asunto del cabello y el maquillaje, ojos, mejillas, labios. Incluso arregló citas para los primeros y terceros lunes de cada mes en un salón del centro comercial Prairie View para arreglarse las uñas (lo cual me pareció ridículo, pero prometí acompañarla de vez en cuando para hacerle compañía). Imagino que ella debió tener alguna clase de reacción después de haber pasado dos meses y medio corriendo entre los bosques.
Entramos y nos dirigimos hacia el auditorio. La habitual asamblea de primer día de clases. Pero apenas llegamos a las puertas dobles, alguien chocó contra Tomoyo. Ella se tambaleó hacia delante y dejó caer su bolso, derramando un paquete de lápices delineadores por todas partes. Antes de que me diera cuenta de quién era, me volteé y comencé a gritarle a ese alguien.
― ¡Cuidado idio-Oh! ¡Hola Shaoran!
Syaoran Li, mi amor secreto desde tercero de primaria, cuando me torcí el tobillo durante el día de campo y él colocó su brazo a mí alrededor y me ayudó todo el camino hasta la enfermería. ¿Cómo podría no enamorarme de un chico que me rescató? Fuerte y tranquilo. Pelo castaño y ojos heridos. Totalmente caliente.
Totalmente cool. Siempre decía lo correcto. Nunca actuaba como un tonto. Básicamente, todo lo contrario a mí. El tipo de chico con el que imaginas que podrías pasar los fines de semana acampando en un bosque tropical o algo. Al menos eso hacía en mis fantasías.
―Lo siento, Tomoyo―dijo Shaoran.
Se lanzó hacia el suelo para ayudarla a recoger sus cosas. Cuando cada uno de los delineadores fue encontrado y guardado de forma segura en el bolso de Tomoyo, Syaoran se levantó y le ofreció su mano. Ella la tomó y él la haló suavemente colocándola sobre sus pies.
― No quise golpearte ―dijo―. Alguien me empujó.
― ¡No te preocupes por eso! Ella es dura. ―Espete. Y le di una palmada en la espalda para probarlo.
Tomoyo tropezó de nuevo hacia delante y Syaoran la agarró del brazo. Oops. Esperaba que Tomoyo cayera sobre mí o me diera su última mirada, pero no lo hizo. Ella debía haber estado escondiéndolo para que yo no quedara como un matón frente a Shaoran. Ella sabía lo que sentía por él. Por supuesto, le había hecho jurar su más absoluto secreto. Nadie más sabía. Bueno, está bien, le había contado a Samantha Pickler, la niña de once años de edad a la que suelo cuidar. Pero fue durante un "verdad o reto" no tuve otra opción. O contaba o tenía que trepar por el árbol de cornejo en su jardín y esperar que pasaran coches para gritar: "¡bollos frescos a la venta!".
Ahora, voy a admitir que los años de amor no correspondido han entibiado mi obsesión por Syaoran un poco. No consumía tanto de mí ahora como lo había hecho en el octavo grado. Ese fue el último año en que la escuela tomó las fotos de la clase y él y yo estábamos en el mismo salón. Compré un medallón con mi dinero de niñera, corté la pequeña carita de Syaoran y la mía de la foto y las pegué allí dentro. Usaba el medallón por debajo de mi ropa cada día. Pero no había sido nada más grave que eso.
También he escuchado cada canción de amor cursi en la radio, convencida de que estaban cantando acerca de mí. Incluso escribí la letra de una que había planeado dejar caer en el casillero de Syaoran de forma anónima.
Me miras, pero nunca ves el amor que siento por ti.
Pero en tus ojos veo el cielo,
La infinitud del tiempo y el azul,
Como olas que atraviesan el mar embravecido,
Y rompen en el banco de arena de tu corazón.
Por supuesto, él no tiene ojos azules, sus ojos son de color avellana en una mezcla con marrón, pero no importaba. La canción expresaba perfectamente mis sentimientos por él y cuando él descubriera quién se la había envidado, seguramente iría más allá de las palabras y se habría enamorado perdidamente de mí. Por suerte, Tomoyo me detuvo antes de que se la diera y quedara como una absoluta tonta. Es decir, ¿bancos de arena de tu corazón? Santa mierda. Gracias a Dios por Tomoyo.
Syaoran tocó el brazo de Tomoyo.
― ¿Estás bien?
― Estoy bien ahora ―le dijo―. Está bien. Gracias.
Le palmeó el brazo a Tomoyo y me miró.
― ¿Y tú, Sakura?
Él lucía incluso mejor que en la primavera pasada. Bronceado. Musculoso. Pero con la cantidad justa de músculo en tan sólo los lugares correctos. La forma en que su camiseta se aferraba un poco sobre sus hombros y pectorales... Yum. No quiero parecer demasiado psicótica medio-acosadora, por lo que dije.
— Estoy bien. Totalmente junta.
Entonces Syaoran dijo.
― Las mujeres totalmente juntas son mi tipo favorito. ―Y luego se giró y caminó hacia el auditorio.
Mis ojos desorbitados. Agarré la mano de Tomoyo y la apreté. ¿Yo era del tipo favorito de mujer de Shaoran? ¿Qué? No podía creer que él me hubiese hecho tal cumplido. La primera mañana de escuela al verlo ―wow― reanimó mis sentimientos. Tenía que encontrar una manera de lograr que se fijara en mí. No, no sólo notarme más. Tenía que llegar a un lugar donde pudiera alcanzar y acariciar esa mandíbula bronceada sin que Syaoran tuviera que conseguir una orden de restricción, o llamar a un hospital psiquiátrico para que me internaran. Este sería el año. Último año. Ahora o nunca. Mientras Tomoyo y yo nos abrimos paso en el congestionado auditorio y encontrábamos un par de asientos en la parte posterior, hice una promesa. Este sería el año en que llegaría a tocar a Syaoran Li. Me gustaría encontrar una forma para conectar con él. De alguna manera.
―Bienvenidos, estudiantes ―dijo la Directora Miller en el micrófono desde el escenario―. Y una bienvenida especial a nuestros estudiantes de primer año.
Llevaba el mismo traje cansado de falda beige que usaba en cada evento especial en la Escuela. Lo bueno es que era Afro-americana. Si hubiera sido blanca, tendría que parecer desnuda en ese conjunto pastoso.
Metí el pie en el asiento de vinilo verde en frente de mí y traté de mantenerme despierta mientras la Directora Miller zumbaba una y otra vez sobre qué tan locamente-fantástica era nuestra escuela. Uno de los colegios más privilegiados en Tomoeda. Bla. Bla. Nosotros teníamos la suerte de estar aquí. Bostezo. Reglas de la escuela. Sin trampas. No robar. No mentir. Bla, bla, bla, bla. Roncar. Recorrí el auditorio y me concentré en la parte posterior de la cabeza de Syaoran, siete filas y tres asientos más allá. Entonces traté de averiguar de qué era la goma de mascar que olía, si de sandia o de manzana verde.
― La siguiente pizca de excitantes nuevas noticias está relacionada con los graduandos de este año.
― ¿Qué será? ¿Un sistema de juegos en el salón senior? ¿Eliminación de la clase de gimnasia? ¿Viernes libres?
Oh, no. Eso no iba a pasar.
— La junta directiva de la escuela y yo hemos formulado un plan para hacer frente a un problema creciente en nuestro país. ―La Directora Miller hizo una pausa para revisar sus notas―. La tasa de divorcios ha superado un asombroso cincuenta por ciento. Uno de cada dos matrimonios se divorcia. La unidad de la familia se separa. El matrimonio se disuelve y quedan solos. ―Ella nos miraba. Escaneando la habitación. Tomó una respiración superficial―. Completamente solos. Sin nadie. En tus cuarenta. Mucho más allá de tus inicios. ―Ella sostuvo su cuerpo tembloroso contra el podio.
Nosotros nos congelamos, con miedo hasta de respirar en dirección a la Directora Miller. Ella también se congeló y luego, lentamente retiró su mano y la pasó por su cabello. Suavizó su falda, tomó una respiración profunda, aclaró su garganta y comenzó a hablar de nuevo.
— Obviamente con estas estadísticas enfrentándonos, nosotros, como educadores, no podemos ignorar la urgente necesidad de instruirlos en el ámbito del matrimonio. Así que, como nuevo requisito para graduarse, los alumnos deben completar un curso de un año en educación para el matrimonio.
Nos descongelamos bastante rápido aquí. Es decir, se trataba de un nuevo fondo para la escuela. Pensé que la comida de la cafetería con sabor a pelusa húmeda de ombligo era bastante mala. O el hedor de las alcantarillas de los baños de niñas del tercer piso. O los uniformes de gimnasia que se veían como si fueran restos de una película porno de 1970. ¿No era eso lo suficientemente humillante? Al parecer no. Nuestros gemidos llenaron el auditorio como una nube de tormenta. Pero no fue hasta que dijo la siguiente cosa que el rayo cayó.
— Cada chico y chica de último año será emparejado y "casado" por todo el año.
¿QUÉ DEMONIOS SANTO?
Casi todo el mundo lo perdió. Las chicas comenzaron a gritar y llorar. Los chicos se levantaron y abuchearon a la Directora Miller. Personas en todas partes gritaban y se retorcían en sus asientos. Excepto Syaoran, quien se quedó perfectamente encantador y compuesto, como de costumbre. Tomoyo y yo tampoco nos movimos, pero sólo porque estábamos completamente aturdidas. Esto era totalmente injusto. ¿Por qué no habíamos sido consultados sobre esta terrible decisión? ¿Qué pasó con la democracia? ¿Qué pasó con la voluntad de la gente?
Aparentemente la Directora Miller era descendiente de Mussolini. ¿Era nuestra culpa que su marido la dejara por su bobalicona niñera de veintiún años? Hey, es una ciudad pequeña. Las noticias aquí viajan más rápido que la gripe.
― Tranquilos. ¡TRANQUILOS! ―graznó la Directora Miller en el micrófono. Todo el mundo dejó de gritar sus protestas indignadas y mantuvo el ruido a una queja mínima―. No tienen elección en esta materia. Si desean recibir un diploma al final del año, deben completar este curso. Eso es todo. Ahora, aquí está cómo va a funcionar, así que presten atención.
No había necesidad de decir eso. Estábamos clavados en nuestros asientos con tornillos de hierro de puro terror. La Directora Miller chasqueó sus papeles, ajustó sus lentes y empezó a leer.
― Hemos comprado un plan de estudios llamado "Probando el Nudo", para lo cual recibirán un material en su salón de clases. La computadora de registro fue programada para unir al azar a los chicos y chicas del último año en parejas. En el primer período, la mañana del viernes, tendremos una boda simulada uniéndolos en matrimonio, con un baile esa misma tarde. La asistencia es obligatoria. Cada término, el marido o la mujer deberán escoger una actividad de un semestre de duración en la cual participar. Juntos. Le será asignado un presupuesto simulado de los gastos que deben cubrir con el dinero real que ganarán como pareja.
Un montón de idiotas empezaron a gritar.
— ¿Qué?
— ¡Al Infierno que no!
— De ninguna manera.
— ¡Muérdeme! — grite yo.
— ¡Ahora esperen! ¡Antes de que se quejen, escuchen! El dinero que cada uno gane será recolectado aquí en la escuela. Al final del año, la pareja con el matrimonio más exitoso obtendrá la mitad del total del dinero recaudado.
Los idiotas y yo hicimos algunos cálculos rápidos en nuestras cabezas y nos callamos de inmediato. Eso podría ser un montón de monedas.
― La otra mitad del dinero será donado a una organización benéfica de elección de la pareja ganadora. Además, cada mes, la pareja que gane la mayor cantidad de dinero real para ese mes recibirá un premio patrocinado por una empresa local. Los premios incluyen artículos tales como tarjetas de regalo del centro comercial, entradas para conciertos, y una limo gratis para ir al baile de graduación.
Un grupo de porristas chilló como conejillos de indias con eso.
—Algunas veces al azar durante el año, es posible que reciban un asunto de vida con el cual deban tratar, tal como un embarazo sorpresa, o una promoción en el trabajo, o una lesión debilitante o un golpe de suerte de la lotería. Van a escribir a diario sus pensamientos y sentimientos privados sobre el matrimonio. Para ayudarles en este viaje juntos, asistirán a sesiones semanales de habilidades matrimoniales guiadas por nuestra consejera la Sra. Mizuki.
Kaho Mizuki se levantó de su asiento al frente y dio una de esas falsas oleadas de dedos hacia nosotros. Lucía su habitual falso aspecto de desorden calculado: un vestido amarillo suelto acentuado con pulseras de oro y aretes de oro colgantes, el pelo recogido de nuevo cuidadosamente con un pañuelo blanco. Definitivamente, extraño, pero limpio y cómodo. Siempre me recordaba a las mujeres que salen en la ducha en los comerciales de tampones. La Directora Miller continuó.
― Ella y yo estamos totalmente de acuerdo en que ahora es el momento perfecto para que ustedes puedan aprender…― cerró los ojos por un segundo. Los abrió―. Para mantener y sostener una posible… retadora relación—. La Directora enderezó los hombros, se inclinó hacia el podio y escaneó la habitación de nuevo.―Me siento obligada a dejar claro que de ninguna manera toleraremos la consumación física de estos matrimonios.
Bueno, casi todo el mundo se quebró al escuchar eso. Yue Hara comenzó a aullar como un perro y levantó el puño en el aire. Qué idiota. Él y su novia Barbie Estrella Porno, Meiling Godo, habían estado "consumando" como locos por más de un año y medio. Era de conocimiento público. Esparcido por Yue, por supuesto.
Mientras que Yue abucheaba, Meiling se inclinó y le hizo cosquillas. Él pasó el brazo alrededor de ella y aspiró su cara como una manguera de vacío, o como un zombi succionándole la tapa de los sesos por la boca. Eso sería si Meiling tuviera un cerebro. Lo cual era dudoso. La única vez en la historia que había demostrado la más mínima inteligencia, fue cuando en segundo grado me mojé los pantalones en un paseo a caballo en la fiesta del séptimo cumpleaños de Rika Sasaki y Meiling comenzó a llamarme meona en lugar de Sakura. Ella todavía me llama meona, también. En diez años no había sido capaz de pensar en algo más original. Pero como sea, por lo menos ahora era sólo ella y no toda la clase de segundo grado.
Hice una cara de asco hacia el aspira-beso de Yue y Meiling y rodé los ojos hasta Tomoyo, pero ella no lo notó. Se sentó, blanca como un papel, con los ojos fijos en la Directora Miller. Ella pellizcó su completamente nueva manicura. francesa. Le di un codazo.
― ¿Estás bien? ―susurré.
Tomoyo volvió sus ojos de insecto hacia mí, se sacudió.
―Uh, sí. ―Ella parecía como si pudiera vomitar.
Yo misma tampoco estaba sintiéndome muy bien. La idea de educarnos para el matrimonio había conseguido que mis axilas comenzaran a sudar otra vez. A continuación, mi estómago comenzó a batirse. Entonces, en el fondo de mi mente parpadeó el más mínimo pensamiento.
Quizás, sólo quizás, quedaría emparejada con Syaoran. Y ese fue el momento. Justo entonces. El momento en que dejé de tener la más mínima esperanza de que tuviera suerte y las cosas salieran bien para mí.
En ese momento yo debería haber sabido.
La Directora Miller levantó sus manos sobre su cabeza e hizo un gesto para que todo el mundo volviera a sentarse. Una vez que estuvieron relativamente tranquilos, comenzó a hablar.
―El Sr. Terada me ha indicado que la lista de parejas y sus respectivos salones ha sido publicada en el tablón de anuncios fuera del auditorio. Los alumnos del último curso tienen permiso de…
Probablemente, dijo más, pero había tal avalancha de gente y ruido, que no pude escuchar ni una palabra. Los alumnos del último año se revolvieron sobre sus asientos, se derramaron en los pasillos y se hacinaron a través de las puertas del auditorio. Tomoyo y yo quedamos atrapadas detrás de Eriol Hiragizawa, que media más de 1.80 de altura y era del tamaño de una pala mecánica. No podría moverse rápido si la vida de un burrito dependiera de ello. Además, estaba escuchando su reproductor de MP3, como siempre, así que estoy segura de que no podía oír los chillidos y gritos que provenían desde el pasillo cuando todo el mundo leía el nombre de su... cónyuge.
Tomoyo y yo finalmente nos dirigimos a las puertas del salón y hacia el tablón de anuncios. La frente de Tomoyo brillaba con el sudor y no dejaba de soplar esas respiraciones cortas con su boca entreabierta. Revisé la lista ordenada alfabéticamente hasta los apellidos por K. Allí estaba el mío: Kinomoto, Sakura.
Oré porque al menos por una vez en mi miserable vida, tuviese sólo un poco de suerte y luego deslicé mis ojos al nombre junto al mío. Hara, Yue.
Mis piernas casi se caen de debajo de mí.
―Hijo de puta.
Tomoyo me agarró del brazo y tiró de mí hacia los lados. Yo en serio pensaba que no podía ser peor hasta que mis ojos pasaron por la L. Me solté del agarre de Tomoyo sólo el tiempo suficiente para leer Li, Shaoran—Godo, Meiling.
Malditamente-in-creíble.
Notas:
Bueno, por fin me decidí quien haría el personaje que me faltaba y de alguna manera fue gracias a Sakura Gremory quien me ayudo a acordarme que había dejado esto sin avanzar. Espero poder editar los otros capítulos pronto. Y poder dar el nombre del libro pronto.
