Los antiguos capitanes quedaron completamente rodeados por los Adjucas.
- No te era suficiente con quitarnos poder, sino que además te has aliado con los Menos para derrocarnos y gobernar en solitario… – El odio recorría cada una de las facciones de Tsukusi.
- Lo siento Tsukusi-kun, ya es la hora… – Aizen sonreía en todo su esplendor.
- ¿La hora? No digas tonterías, Sousuke Aizen. Te atravesaré, y con ello llegará el final de aquel que osó tomar por la fuerza Hueco Mundo. – Tsukusi esbozaba una sonrisa de satisfacción.
Aizen abandonó esa sonrisa que había ostentado desde que llegó a Hueco Mundo, y sus facciones se habían tensado un poco. Esas últimas palabras no le sentaron del todo bien. Fue en ese preciso momento cuando Ichimaru y Tousen detectaron un enorme aumento de la presión espiritual.
- Tousen-san¿lo has notado? – La cara de Ichimaru reflejaba cierta confusión ante ese aumento de energía.
- Sí. El Capitán va a actuar.
Aizen abandonó todo gesto de seriedad.
- ¡Cero!
BLEACH 02 - Aliados
Página de portada, con el título del capítulo y una imagen de los Menos Grande rasgando el cielo de Hueco Mundo
Flash back
- ¿Cómo has dicho que te llamas? – Inquirió Tsukusi.
- Sousuke Aizen, Capitán de la 5ª División. No temáis, vengo en son de paz.
- Sabes bien que los de tu clase no sois bien recibidos por aquí. – Tsukusi hizo mucho énfasis en la palabra clase. Era obvio que los capitanes de la Sociedad de Almas no eran de su agrado.
- Ya lo se, pero estad tranquilos. Mis intereses y odios no distan mucho de los vuestros.
- ¿Cómo¿A qué te refieres? – En el rostro de Tsukusi se reflejaba un cierto grado de incredulidad.
- Vengo a Hueco Mundo porque quiero dar un vuelco a la Sociedad de Almas. Alguien tiene que darle un correctivo a esos Shinigami, y creo sinceramente que juntos lo podemos lograr.
- Me parece que darle un correctivo a los Shinigami son palabras mayores. No disponemos de ningún ejército ni de ningún guerrero lo suficientemente fuerte como para hacerle frente a un Capitán. Y no creo que tu sola presencia ayude a vencer en ese duelo.
- Tranquilo. No vendría hasta aquí si no supiese el método para acabar con ellos. Pronto obtendré un artefacto lo suficientemente poderoso como para arrasar la Sociedad de Almas. Sin embargo, necesitaré de algunos Menos Grande para llevar a cabo mi cometido.
- Ese no será ningún obstáculo. Actualmente estamos intentando potenciar sus poderes, pero andamos algo estancados en la labor. Puedo proporcionarte algo más de veinte Menos. Es todo con lo que contamos.
- Me parece un número estupendo. – Aizen esbozó una cálida sonrisa.
- ¿Qué planes son los que te traes entre manos realmente?
- En primer lugar, estudiar bien el artefacto. Luego vendré en solitario a Hueco Mundo y comenzaré el trabajo con los Menos. Una vez entrenados, iniciaremos la guerra contra la Sociedad de Almas.
- Creo que el plan me lo tendrías que explicar con más detalle. Pasa a la sala contigua, estaremos más cómodos. – Tsukusi le cedió paso a un casi angelical Aizen.
Terminada la reunión, Aizen se dirigió relajadamente hacia la sala de los Menos, dentro del suntuoso palacio desde el que Tsukusi gobernaba Hueco Mundo. Bajando una larga escalinata se accedía hasta una sala subterránea y gigantesca. Allí había varias decenas de Menos Grande aguardándole. Las facultades de un Menos están poco desarrolladas, a penas pueden articular palabra y sus movimientos eran algo toscos.
Aizen caminó hasta colocarse en el centro, quedando rodeado por los Menos. Aizen abandonó esas facciones angelicales y esbozó una sonrisa diabólica.
- ¡Quebranta, Kyouka Suigetsu!
Fin del flash back
Aizen concentró toda esa energía espiritual que había reunido y la descargó sobre Tsukusi a modo de Cero, desintegrándolo por completo y perdiéndose en la infinidad, tras las formaciones rocosas de Hueco Mundo. La Zanpakutou de Tsukusi cayó al suelo, pero del oponente de Aizen no quedó ni una sola partícula.
- Vaya, no me equivoqué al pensar que eras un ingenuo, Tsukusi-kun. – Aizen siguió con la mirada el Cero, hasta ver como se perdía tras las montañas.
- Espeluznante, Capitán Aizen. La potencia de ese Cero era aterradora, no sabía que ya dominaras la técnica de esa manera. – Ichimaru no salía de su asombro.
- En realidad pienso que me queda mucho por aprender sobre como concentrar la energía para soltar el Cero. A penas lo he podido practicar un par de veces durante mi entrenamiento junto a los Menos.
Aizen se agachó y recogió la Zanpakutou que empuñaba Tsukusi, observándola durante un pequeño momento.
- No tiene ningún tipo de energía espiritual concentrada. No le pertenecía. Por mucho que haya progresado, no dejaba de ser un incompetente. – Aizen soltó la katana y dirigió su mirada hacia los Adjucas que aun quedaban en pie.
Los camaradas de Tsukusi ya no sabían que hacer. Parecían temblar ante la sola mirada del ex-Capitán de la 5ª División.
- Veo que desde mi última visita, Tsukusi-kun ha desarrollado muchos vuestros poderes. Antes no erais más que unos simples Menos Grande, y ahora sois unos Adjucas con unas habilidades mínimas. Por eso no conté con vosotros para que fueseis a buscarnos a la Sociedad de Almas. Es más, sabía que Tsukusi no me cedería los Menos gratuitamente, tendría algún infiltrado entre todos ellos. Por eso decidí liberar mi Zanpakutou el día que os conocí. – Aizen alzó su brazo derecho y, acto seguido, chasqueó los dedos.
El sonido resonó por todo el campo de batalla. En ese momento, el cielo se resquebrajó de una forma súbita. Las nubes grisáceas cedieron al empuje de la nueva fuerza espiritual que se abría paso en Hueco Mundo. Entonces fue cuando una gigantesca silueta comenzó a penetrar y pisar la fría arena. Tras esa figura enorme, surgió otra, y así hasta un total de quince enormes Menos Grande que se colocaron uno al lado del otro.
Aizen caminó en dirección a ellos, alzando su cabeza, y contemplándolos con gozo.
- La Hipnosis Total de Kyouka Suigetsu alteró vuestra realidad, por lo que no pudisteis informarle a Tsukusi de mi entrenamiento con el resto de Menos, es más, nunca supisteis nada acerca de esos entrenamientos. Nosotros tomaremos ahora el control de Hueco Mundo. Amigos, encargaos de estos Adjucas.
Los Menos Grande comenzaron a avanzar. Sus pasos hacían estremecer toda la arena que inundaba Hueco Mundo. Su velocidad era lenta, aunque algo más rápida que la del Menos que irrumpió en Karakura tras el llamamiento que hizo Ishida.
Los Adjucas dudaron, cruzaban miradas entre sí, y tras unos momentos de desconcierto, se lanzaron contra los Menos. Los dedos de sus manos eran como pequeñas cuchillas. No tenían consolidada su forma humana, y se servían de sus manos para rasgar al enemigo y asesinarlo. La fuerza espiritual y la velocidad de un Adjuca eran superiores a la de un Menos Grande cualquiera. Sin embargo, se encontraban en inferioridad numérica.
Los Menos se detuvieron ante el avance de los Adjucas. Varios de ellos lograron golpear a las gigantescas moles, pero a penas les hicieron algún rasguño. Sus golpes eran inútiles, eran unos Menos sobrepotenciados, con una mayor resistencia y una velocidad algo más desarrollada. Poco a poco, los Adjucas fueron cayendo, golpeados por los potentes brazos de los Menos Grande.
Los Adjucas quedaron a merced de sus enemigos.
- No os estáis enfrentando a unos Menos Grande cualquiera. Gracias a mi entrenamiento, han adquirido una fuerza desproporcionada, pero esto es sólo el comienzo. Pronto ellos gobernarán sobre todos vosotros. Amigos… ¡Eliminadlos! – El rostro de Aizen se oscurecía por momentos. Disfrutaba viendo como era capaz, no sólo de romper con el orden de la Sociedad de Almas, sino que también era capaz de alterar el orden en Hueco Mundo.
Los Menos Grande empezaron a acumular energía. Los Adjucas se quedaron totalmente paralizados ante tal presión espiritual. La energía requerida para realizar un Cero es inmensa, pero en este caso se trataba de quince Ceros simultáneos, un poder desproporcionado y nunca antes visto en Hueco Mundo. En ese momento, los Menos descargaron toda esa energía espiritual sobre sus enemigos.
Todo Hueco Mundo se estremeció. El impacto de los Cero creó un gran hoyo en pleno desierto. No quedó ni rastro de los aliados de Tsukusi.
- Que poder tan maravilloso. – Aizen sonreía mientras se unía a Tousen y Gin.
- Impresionante, Capitán Aizen. – Ichimaru había quedado muy sorprendido con la actuación de los Menos Grande.
- Esto es sólo el comienzo Gin, dirijámonos a nuestro destino.
Los tres ex-Capitanes, seguidos de lejos por los Menos Grande, caminaron durante un largo rato hasta que Aizen se detuvo a unos centenares de metros de una gran formación rocosa.
- Ya hemos llegado. – En ese momento, Aizen aumentó su fuerza espiritual de manera tenebrosa. El propio Tousen se quedó conmovido por tal fuerza.
La arena que había próxima a la montaña comenzó a ceder, algo estaba empezando a surgir del suelo.
- Contemplad con atención, amigos míos. – Aizen disfrutaba demostrando su enorme poder.
TO BE CONTINUED
