N/A: Aquí tenéis el primer capítulo del fic. Ahora sí, este ya es algo más larguito, para que os entretengáis y os perdáis en mis idas de cabeza. Advierto que este es algo más fuertecillo que el anterior, pero ahí lo dejo.
Disclaimer: Esta historia está basada en los personajes de la serie Once Upon A Time y no me pertenecen. Este fic está hecho sin ánimo de lucro, es puro entretenimiento.
On Another Love: Capítulo 1.
Los días parecían alargarse de forma tortuosa. Apenas llevaban un par de ellos navegando las aguas de Nunca Jamás, y parecía que llevaban confinados en el barco semanas o meses… Una cosa era prometer tregua y otra, muy distinta, que todas las partes llegaran a cumplirla. Nadie estaba cómodo, todos deseaban encontrar a Henry, enfrentándose a quién fuera por el camino, y regresar a Storybrooke cuanto antes. Pero casi parecía que el destino se burlaba de ellos, obligándoles a soportarse quisieran o no. Claro está, que más de uno empezaba a trazar planes de emergencia, por si las cosas se torcían un poco…
Consciente de aquella situación, el capitán Garfio tuvo la brillante idea de ir directo hacia tierra firme, buscando un lugar seguro donde atracar el barco. En una de las zonas menos conocidas de la isla, la cual obviamente él conocía a la perfección, echó el ancla, lanzando los botes a la mar para alcanzar las aparentemente desiertas playas.
Obviamente, la desconfianza seguía latente, y se llevó más de una mirada de recelo una vez estuvieron en tierra, aunque era evidente que el ambiente se relajó cuando todos tuvieron la oportunidad de recuperar su espacio personal.
— ¿Estás seguro que este es un buen lugar, Garfio? —Espetó Regina, observando los alrededores con una mueca en el rostro.
— Al cien por cien. —Pasó de largo al grupo, con toda la socarronería del mundo. — Me conozco este reino como la palma de mi mano. —Apuntó, dedicándole una sonrisa irónica a Rumpelstiltskin. Quién ignoró al pirata adrede, antes de atizarle con el bastón en la cabeza o ir a cortarle la mano que le quedaba.
El paraje era sombrío, aunque no dejaba de ser digno de admirar. A pesar de la ligera niebla que rodeaba toda la zona, las aguas eran cristalinas y la arena de la playa tan fina, que se colaba hasta entre las costuras de los zapatos. Y a escasos metros, se alzaba un frondoso bosque, aunque más que un bosque, se le podría llamar selva. Terreno peligroso para cualquier forastero.
Tras organizarse, o más bien, después de que el capitán organizara las cosas aprovechando su ventaja estratégica, se dividieron en parejas para ir a explorar. Y cuando Emma quiso darse cuenta, se había quedado a solas con Garfio, sin saber siquiera como.
— Vamos, Swan, nos ha tocado quedarnos aquí. —Aclaró él, aunque con una sonrisita asomando a sus labios, que dejaba claro que eso del "nos ha tocado" no era del todo cierto.
— ¿Nos ha tocado? Me huelo que has hecho alguna de las tuyas… —Replicó ella, siguiéndolo cuando él echó a andar, directo hacia la linde del bosque. No dejaba de estar en un lugar desconocido, así que no pensaba perderlo de vista ni por asomo. Como era de esperar, Garfio ni siquiera lo negó, tan solo la miró de soslayo mientras reía entre dientes confirmándole sus sospechas.
— Vamos a recoger algo de leña y regresaremos a la playa. Dentro de poco anochecerá y necesitaremos un buen fuego, además, con suerte advertiremos a los niños perdidos, que parecen estar jugando al escondite con nosotros… —Farfulló lo último de mala gana.
Recogieron una buena cantidad de ramas secas, además de algo de fruta, que nunca estaba de más cargar provisiones extra. Tal como el pirata predijo, el anochecer se les echó encima antes de lo previsto. Se instalaron junto a un conjunto de rocas que los resguardaba del aire e hicieron una buena fogata, que también ayudaría a los demás a dar con ellos a su regreso de la exploración del terreno.
Emma tomó asiento frente al fuego, observando a Garfio con curiosidad. A primera vista parecería un hombre despreocupado, pero estaba claro que su barco, era una clara preocupación, ya que estaba a pie de orilla con el catalejo en su diestra, escrutando el horizonte para asegurarse de que el Jolly Roger seguía donde debía. Sonrió algo divertida, negando con la cabeza. Una vez dado por satisfecho, él se unió a ella frente a la fogata, sentándose justo a su lado.
— ¿Se ha llevado alguien el barco? —Comentó la rubia con mofa, aún con la sonrisa pintada en sus labios.
— De ser así, no estaría tan tranquilo… Y te recuerdo que si me quedo sin transporte, vosotros también. —Apuntó lo último, mientras sacaba del interior de la casaca su inseparable petaca, llena de ron, obviamente.
— Vamos… Dime como te las has ingeniado para deshacerte de mis padres, Regina y Gold. —Preguntó al fin, muerta de la curiosidad. Dudaba que alguno de ellos se fiara de él como para dejarlo ahí, donde podría coger el barco y desaparecer sin dejar rastro, dejándolos tirados.
— Tienes una pésima imagen de mí… Me tienes por un liante embaucador… —Chascó la lengua, dando un corto sorbo al contenido de la petaca, sonriendo después. — Les he convencido exhaustivamente de que debían ir ellos a explorar… Los principitos han vivido siempre en un bosque y saben manejarse por ese terreno, y Regina y Rumpelstiltskin tienen magia para protegerse… Aunque no lo creas, todos tenemos más ego del que parece, y cuando te dicen que eres la mejor opción para algo… Vas de cabeza. —Alzó los hombros, sonriendo satisfecho.
— Y… ¿Te has entretenido en engañarles, únicamente para quedarte a solas conmigo? —Susurró ella, bastante sorprendida porque hubiese dejado él a un lado su orgullo de máximo conocedor de Nunca Jamás, solo para hacerle compañía.
— Sí. —Concluyó él, jugueteando con la petaca entre los dedos, inclinándola hacia ella para ofrecérsela. La rubia se la quedó mirando un instante, antes de decidirse a tomarla y darle un corto sorbo al ron, que sin duda, era mucho más fuerte que cualquiera que hubiese podido probar.
— Dios santo. —Tosió, haciendo una mueca al devolverle la petaca, causando el divertimento del pirata que estalló en una sonora carcajada. — ¿Cómo puedes beber eso y seguir en pie?
— Años de práctica. Hace falta un licor fuerte al que no se acerquen ni las ratas para poder meterlo en un barco durante meses… —Se encogió de hombros, como si fuera lo más obvio del mundo.
De repente, el silencio sobrevino entre ambos, dejándolos en medio de una tranquila y apacible escena, cómodamente sentados frente al fuego en una playa desierta, ya casi entrada la noche. La brisa traía consigo el aroma del mar, al igual que el frío de este, haciendo estremecer a la rubia que se encogió ligeramente, frotándose los brazos. Y al momento, tuvo sobre sus hombros la casaca de Garfio, quién se la quitó, para cubrirla a ella. Se refugió en esta inconscientemente, agarrándola de ambos costados evitando que no cayera a la arena. Conservaba el calor del cuerpo de su dueño, al igual que su varonil aroma, entremezclado con el del cuero viejo.
— No hacía falta… —Murmuró Emma, mirando a su acompañante de reojo con algo de timidez. No quería ponerse en plan damisela desvalida, ella nunca fue de esas, sino de las que disparan antes de preguntar. Pero últimamente estaba tan sobrepuesta por los acontecimientos que deseaba bajar la guardia por unos minutos. ¿Eso podía concedérselo, no?
— Ya, ya… Sé que eres autosuficiente y no te va eso de que te cuiden… Pero no nos ve nadie, relájate… —La miró directamente a los ojos, dejando caer sus últimas palabras como la enorme indirecta que eran.
De nuevo, el silencio se hizo dueño y señor de la situación, mientras ambos se miraban fijamente, esperando que el otro diera algún paso en esa extraña simbiosis que habían impuesto desde aquella noche en que se dejaron llevar. Ninguno comentó nada al respecto después de que Emma se armara de valor y dejara a un desconcertado capitán en la cubierta de su barco tras haberse desquitado ambos con un par de besos que ya venían necesitando. Y parecía que ya era hora de hablar del tema.
— Lo de la otra noche… —Empezó él, tratando de hondar en el asunto de una maldita vez, antes de volverse loco con ese silencio. Pero no pudo proseguir, cuando ella apartó la mirada, y decidió interrumpirlo.
— No debió pasar. —Añadió, apresuradamente. — Tú y yo… No puede ser… —Habló con el tono más firme que pudo, evitando mirar al hombre que la observaba como si acabara de soltar la mayor barbaridad del mundo. No era, ni de lejos, consciente del daño que infligían en él aquellas palabras.
— Ya veo… ¿Es porque sigues enamorada de Baelfire o simplemente porque un pirata no es suficiente para ti? —Espetó, sonando más dolido de lo que hubiese querido. — Joder, Swan. —Mascullo entre dientes, levantándose de mala gana.
Ni siquiera sabía dónde iba a meterse ahora, pero prefería no andar cerca de la mujer que acababa de pisotearlo como si tal cosa. Se dirigió hacia la orilla de la playa, con paso firme y decidido, provocando el temor en la Salvadora, que se puso en pie de inmediato, dejando caer la casaca al suelo al salir tras él.
— Killian, espera. —Por primera vez, usó su verdadero nombre y no su apodo, sorprendiendo al pirata de tal manera que este se detuvo en seco, dándole la oportunidad de alcanzarlo y sujetarlo del brazo, asegurándose de que no volvería a perderlo de vista. – No quería decir nada de eso… Lo siento, yo… No estoy hecha para estos temas, y no es un buen momento para complicar mi vida más de lo que ya está…
— No lo estás arreglando… —Murmuró por lo bajo, mirándola de reojo, aunque sin hacer ademán de soltarse de su agarre. – Si solo soy una complicación, mejor que me dejes marchar y volvamos al punto donde estábamos.
— Eres idiota. Eso eres… —Replicó la rubia, mirándolo con el ceño fruncido. — Y sí, por mucho que me pese, eres una complicación… Mi vida es un caos, necesito algo que me dé estabilidad, no que me de otro empujón para ir a la deriva… ¿Lo entiendes? Sé que sí, aunque me vayas a decir que no…
— Tampoco es que tú me hagas a mí la vida más sencilla… Pero, a pesar de lo que nos parecemos, si hay algo que nos diferencie es eso… Tú siempre estás pensando en las consecuencias negativas de tus actos y elecciones. No puedes vivir así, acabarás amargada. Deja de hacer lo debido, y haz lo que desees… —Lo soltó todo, sin más, mirándola a los ojos de nuevo.
— ¿Qué es lo que quieres? —Preguntó en un murmuro, perdiéndose en el mar que eran sus ojos azules.
— A ti. —Confesó, en un tono bajo y suave, pegándose a su cuerpo, aprovechando que ella seguía aferrada a su brazo como si su vida dependiera de ello.
— No voy a ser tu lío de una noche… He madurado, algo que deb… —Antes de que Emma acabara la frase, los labios de Garfio la callaron como mejor sabía hacer, besándola.
Esta vez, no hubo forcejeo ni intentos de separarse por parte de ninguno, se rindieron sin más. Ella le abrió la boca, dando paso a su cálida y húmeda lengua para que la hiciera sentir justo como aquella noche. Él, por su parte, se amoldó a su ritmo, dejando la brusquedad a un lado para ser algo más delicado, aunque destilando una posesión inconfundible en cada movimiento de su boca contra la ajena. Emma soltó el brazo del pirata, ascendiendo ambas manos por sus hombros hasta rozar su cuello, para luego bajarlas y posarlas sobre su pecho, aprovechando la abertura de su camisa para tocar directamente su piel, tal como había deseado tantas veces.
Lejos de quedarse quieto, él busco su piel también, deseando sentirla bajo la yema de sus dedos. Le alzó la camiseta y la chaqueta, colando la mano bajo esta para acariciar su espalda con suma lentitud, memorizando cada trazo de su cuerpo allá donde alcanzaba a tocarlo. Trazó la línea de su cintura con el garfio, provocándole un escalofrío cuando el frío metal de este entró en contacto con su piel.
— Volvamos junto al fuego… —Murmuró él, entre los movimientos de sus labios, obteniendo como respuesta un simple movimiento de cabeza.
A trompicones, mientras se devoraban el uno al otro con necesidad, y sin embargo, sin prisa, llegaron de nuevo al cálido amparo de la fogata, ante lo que Emma emitió un suave suspiro. Garfio se dejó caer sobre la arena, quedando sentado de mala manera, arrastrándola a ella consigo mismo, para dejarla sentada a horcajadas sobre su regazo, encajada contra su cuerpo de una forma más que perfecta.
Deshicieron el beso, y a él le faltó tiempo para abalanzarse con la boca contra su cuello, recorriéndolo a húmedos besos de arriba abajo, asomando la punta de la lengua para trazar las finas líneas de este caza vez que alcanzaba un punto interesante, como el hueco con su hombro. Ella echó la cabeza hacia atrás, disfrutando sin contenciones, dejando que sus dedos actuaran por cuenta propia, desabrochándole del todo la camisa. Recorrió todo su torso con ambas manos, palpando cada músculo, jugueteando con los dedos sobre el vello de su pecho y con sus collares. Las respiraciones agitadas dieron paso a los jadeos, que escapaban tanto de la boca de uno, como del otro.
Cuando el pirata alzó la cadera, frotando su creciente erección contra la rubia, ésta hundió suavemente las uñas en uno de sus pectorales, moviéndose contra él para devolverle la jugada de provocación, arrancándole un gruñido gutural que la hizo sonreír satisfecha. Harto de la espera, se deshizo de su chaqueta y su camiseta, dejando caer ambas sobre la arena, admirando la perfección de su cuerpo semidesnudo, deseoso de pasar la lengua por todos los recovecos de este. Retomó su camino de besos, ahora por su escote, trazando el contorno de sus pechos contra el sujetador con la lengua, dejando que su mano volara libre por su vientre, hasta dar con el cierre de sus tejanos.
Quería hacérselo justo ahí, en medio de la playa, junto a su hoguera y sin más preámbulos. Y ella deseaba justo lo mismo, declarándoselo con cada movimiento que correspondía a los de él, dándole exactamente lo que deseaba para seguir dejándose llevar.
Ella le quitó la camisa, buscando un poco de igualdad de condiciones, y él aprovechó el gesto para enganchar el centro de su sujetador con el garfio, tirando suavemente de este hacia abajo, hasta liberar sus pechos, y mantuvo bien agarrada a aquella dichosa prenda de ropa, teniéndola a su merced, al fin.
— Killian… —Jadeó ella, subiendo una mano para hundirla en su pelo negro, revolviéndoselo más de lo que ya estaba.
— Me encanta como dices mi nombre… —Murmuró él, rozando uno de sus pechos con los labios entreabiertos, dejándole notar su respiración acelerada directamente.
Tras otro sutil roce, finalmente cubrió su pecho con la boca, lamiéndolo lentamente en toda su extensión, haciéndola responder con un suave gemido y el repetitivo movimiento de sus caderas contra el duro bulto que sus pantalones guardaban a presión. Se tomaron unos largos minutos en aquella danza personal, rozándose el uno contra el otro, mientras ella repartía caricias por todo su cuerpo allá donde alcanzara, y él adoraba sus pechos con la boca, tal y como soñó infinidad de veces.
Escucharon el silbido del aire al cortarse, justo a tiempo para que Garfio se moviera apenas unos centímetros, evitando que la flecha impactara directamente contra su brazo, pasando de refilón junto a este para acabar perdiéndose en la hoguera. Apretó los labios, conteniendo un quejido de dolor ante el corte que dejó un rastro de sangre goteando por todo su brazo, dando fe de que hizo bien en apartarse o tendría la flecha atravesándoselo. Tanto él como Emma se tensaron al instante, él la rodeó con los brazos, pegándola contra su cuerpo en un gesto protector, percatándose entonces de que ella miraba fijamente tras él con cara de pánico. Ladeó el rostro, siguiendo la dirección de su mirada, para descubrir también el rostro de su agresor.
N/A: Lo sé, ahora queréis matarme aún más que la otra vez... Le empiezo a coger el gustillo a eso de dejar los caps con finales intrigantes, para causar expectación. Aunque no se si os gustará más así o me acabaréis odiando a muerte. (?) Sed buenos/as, anda.
