Capitulo: 2
Confrontaciones…
La semana había transcurrido cómo las demás, mas trabajo y menos tiempo para descansar, y cuando se lo proponía, hay estaba su vecino haciendo ruido. La verdad era que ya no le extrañaba nada de su vecino, tal vez y los nuevos inquilinos del edificio sí, pero ella ya se estaba resignando a cómo sería su vida con el escandaloso de su vecino. Pensó en varias veces llamarle la policía, pero ¿Para qué?, para causar más problemas y una segura enemistas, ¡Nah!, nada de eso, ella no le llamaría la policía, sólo para evitar ese tipo de encontronazos, de seguro y su vecino le declararía la guerra si ella le llamara la policía.
Había tomado vacaciones en esta semana, y aun así, seguía metida en su trabajo, privándose de viajar y estar en fiestas como todo el mundo hace en sus vacaciones. Su madre se había enterado que tenía vacaciones, y pronto empezó a invadir la línea telefónica con sus insistentes llamadas de querer que su hija baya con ellos unos días a la casa de campo que tenía en el norte. Tuvo que pasar seis tormentosos días con su familia, atrapada en aquella cabaña, el novio de su hermana mayor había asistido a las "vacaciones familiares", haciéndose el día mas peor. No era que no soportara a Kimimaro, pero avecé le era insoportable con sus comentarios sobre "Una vida". La realidad era que detrás de toda esa antipatía por su cuñado, existía otra verdad que era la responsable de la separación entre ellos y su hermana mayor, y era que en un tiempo Sakura salía con Kimimaro y llegaron a ser novio por varios meses, pero tan pronto cuando conoció a su hermana, empezó a cambiar, diciéndole a Sakura que necesitaban más tiempos juntos y qué ya no soportaba la idea de tener una novia obsesionada con su trabajo y demás cosas sin prestarle importancia alguna a él y la relación que tenían. Ella reconocía sus fallas en la relación, pero aun así, él no la entendió ni le dio una segunda oportunidad, sólo se fue y par de meses después se entero que salía con su hermana.
Ya era el novio de su hermana, y eso era algo que nunca podría cambiar, tal vez y eso tuvo que ver más con el abandono de ella sobre su apariencia, digo, ella siempre era sencilla, nunca se maquillaba ni se arreglaba, sólo para ocasiones importantes, pero ahora ni las ocasiones salvaban su apariencia ya que se había olvidado del todo sobre el arreglo de una mujer. Sakura tenía una perfecta y hermosa piel que podía hacerse aun más hermosa con un simple maquillaje natural, pero eso a ella ni siquiera le pasaba por la mente, luciendo siempre abandonada, toda mal peinada, con una combinación de ropa horrenda, ni siquiera ese día familiar hizo una excepción para vestir bien, caminando toda tirada como se le veía en la calle y en su trabajo. Fue una tortura dolorosa ver a su ex-novio riendo junto con su hermana, pasándola bien y compartiendo, y si avecé le dirigía la palabra a ella, era con toda la naturalidad del mundo, como si nunca hubiera sido nada, no más que conocidos y ya.
Le fascinaba el cabello lacio y largo de Kimimaro, era un fascinante negro brillante e intenso, eso fue lo que más que la enamoro a ella, su hermoso y bien cuidado cabello…su piel era otro caso aparte que no se podía ignorar, esa piel blanca, suave y sin desperfectos, su musculoso y bien trabajado pecho, su espalda ancha y su sonrisa hermosa. Si…ese era su ex-novio quien de un día a otro los papeles cambiaron a cuñado, simplemente cuñados y nada más.
Le observo en silencio una vez mas mientras tomaba un sorbo de la lata de su refresco, suspirando frustrada al ver como Kimimaro se había quitado su camisa, pudiendo admirar Sakura aquel abdomen plano y musculoso, con una cintura finita, perfecta como la de un modelo o un fisiculturista. Cuando se inclinaba para tomar alguna caja y se reincorporaba, Sakura podía apreciar los marcados músculos de su antebrazo y las anchas venas de su piel…era un dios, era hermoso, una obra de arte perfecta que le pertenecía a su hermana. Cuando estiraba su cuello a un lado, Sakura podía notar sus venas y lo perfecta que era su piel en esa área también musculosa, su mirada bajo más abajo, mordiendo sus labios al ver aquella fina capa de bello hacía abajo de su obligo, perdiéndose en su pantalón ancho color negro. Suspiro por enésima vez y aparto su mirada de lo prohibido, mirando a su padre quien estaba intentando de encender el azadón para echar la carne. Se levanto para buscar los cubiertos de plástico y un par de servilletas, ofreciéndose así a preparar las mesas junco con su madre quien no había dejado de parlotear de su vida. Su "Cuñado" había tomado asiento donde ella estaba, pudiendo ella tener una mejor vista de aquel pecho húmedo, perlado de su sudor… ¡Dios!, ¡Cuánto deseaba tocarlo! Cayó en cuenta sobre sus morbosos pensamientos, y si no fuera por la voz de Kimimaro, ella no hubiera reaccionado y vuelto al mundo real.
— ¿Hace calor? — soltó al aire Kimimaro mientras tomaba su camiseta que colgaba en su hombro derecho y con esta se seco el sudor de su pecho y brazos. ¡Dios! ¡Qué problema se podía tornar las hormonas de una chica virgen! Sakura trago hondo e intento de no mirarle, aun así era inevitable ver ese cuerpo.
—Es porque ya es verano…— soltó estúpidamente ella… ¡Genial Sakura! Eso él no lo había notado, el que era verano.
—Sí, ya lo sé, aun así, hace más calor que el año pasado, y eso que estamos en el bosque. — contesto Kimimaro con una sonrisa de lado mientras miraba alguna parte del bosque, en ningún momento se volteo a mirarla.
Era verdad, hacía más calor que el año pasado, ella nunca se ponía ropa ligera que dejara a la vista sus piernas. Hoy ella había hecho la excepción de ponerse un pantalón corto que tomo prestado de su hermana mayor, y una simple camisilla de color blanca, ajustaba a su cuerpo, moldeando mas sus senos que no eran tan grandes como los de su madre y hermana, pero eran rectos y firmes, con forma perfectamente redonda. Aun así de su descote casual en una mujer, su cuñado no la había notado en lo absoluto, gruñendo ella en su interior. La voz de su madre interrumpió la batalla personal que llevaba Sakura por dentro, volteándose esta para verle.
Sakura, cariño, ¿podrías ir a la casita de atrás y buscar más carbón y liquido? — le pidió su madre, Sakura dejo el mantel de la mesa a un lado y camino en dirección a la casita de herramientas que quedaba atrás de la cabaña, estremeciéndose al escuchar lo último que soltó su madre cuando ella se disponía a ir a ese lugar.
—Kimimaro, ¿Podrías acompañar a Sakura para que le ayudes a cargar el carbón? Dudo que ella pueda con la bolsa de lo flacucha que esta. — le pidió Tsunade a su consentido suegro quien no se negó en ayudar a su cuñada.
Caminaron en silencio y entraron a la pequeña casita de herramientas, buscando Sakura por los alrededores las cosas que su madre le había encargado. Busco la pequeña escalera y se trepo en esta, logrando alcanzar una bolsa de carbón que estaba en la tercera tablilla, Kimimaro se coloco detrás de ella, levantando y colocando sus manos en las caderas de ella para evitar que esta cayera atrás.
— ¿Estás bien? — preguntó Kimimaro al escuchar un quejido por parte de Sakura.
—Odio las telarañas. — soltó enojada Sakura mientras cuidadosamente bajaba la bolsa de carbón, tomándola Kimimaro en manos.
—Aun utilizas ese champo de trigo que tanto te gusta. — soltó Kimimaro al voltearse y encontrarse a Sakura de espalda, pudiendo aspirar el aroma de su cabello.
— ¿Te molesta? — soltó Sakura, sorprendiéndose ante lo que había escuchado.
—No para nada, al contrario…siempre me ha gustado ese olor. — confeso él, dejando atónica a Sakura ante aquellas palabras.
La presencia de su hermana Tayuya había interrumpido aquel momento, entrando por la puerta de la casita donde ellos estaban.
—Kimimaro, mamá quiere que le ayudes con unas cajas pesadas, necesita subirlas al ático. —Soltó Tayuya al momento de entrar, notando la repentina y acelerara separación de su novio.
— ¿Podrás tu sola con esa bolsa? — le preguntó Kimimaro a Sakura quien sonrojada miro de reojo a su cuñado.
—Claro, no es pesada…—le aseguró Sakura, saliendo de la casita con la bolsa en manos y el liquido para echarle al carbón.
Salió con el carbón en sus manos y se lo llevo a su padre con las demás cosas que necesitaba, tomando luego asiento en una silla de playa que su madre había abierto para sentarse. Esos seis benditos días fueron un tormento para Sakura y más al tener una que otra confrontación con su hermana quien parecía tener celos de su presencia.
Cuando llego a su apartamento, lo primero que hizo fue soltar su maleta roja y tirarse boca abajo en el sofá de la sala mientras escuchaba la contestadora de mensajes. Había solo tres mensajes y los tres eran de la misma persona, de su prima Shizune.
— ¡Hola!, ¡Soy yo de nuevo!...me preguntaba cómo van tus vacaciones, espero que hayas disfrutado tu día familiar. — estúpida voz que salía de esa contestadora, su prima avecé podía ser toda una pesada.
Pensó en devolverle la llamada a Shizune, pero desistió en ello al saber que si le llamaba pasaría largas horas por el teléfono hablando de casi nada, lo que quería ahora era darse una buena ducha caliente y encargar algo de comer, no tenía deseos como para meterse a la cocina y prepararse algo de comer, así que optó por llamar a la pizzería que quedaba a seis cuadras del edificio, encargando una pizza de doble queso y chorizo.
Eran las ocho y media de la noche. Ya había tomado una ducha y puesto su pijama con diseños de dulces…algo infantil y típico en ella. La piza había llegado siete minutos tardes de lo que le prometieron que se tardaría, y con el hambre que tenia la devoro de una sola sentada. Luego de haber senado, se acostó en el sofá de su sala, tomo el control remoto y encendió la tele, buscando el canal favorito donde pasaban los mejores animes de la historia.
Se quedo prácticamente hasta la una de la mañana viendo animes, terminando de ver el último episodio de dragón ball GT. Luego de haberse inyectado sus ojos de pura adrenalina grafica, apago el televisor y camino hasta su cuarto de trabajo, encendiendo la luz para luego prender su computadora y empezar a escribir. La hora era lo de menos, a ella no le importaba amanecerse hasta el otro día escribiendo y más ahora que la inspiración la había atacado. Todo marchaba bien, y estuvo unas tres horas trabajando en silencio, no fue hasta que escucho aquel video pornográfico… ¡Era el colmo! A las tres y media de la mañana y el tipejo haciendo escándalos con sus fresquerías. Intento de ignorar todo aquel ruido exasperante, incluso puso un poco de música clásica como fondo, pero aun así, no pudo lograr concentrarse, perdiendo la imaginación que la había atacado sorprendentemente. Había dos cosas que a la Haruno le molestaban, y el hacer ruido mientras ella bajaba, era una de ellas, y era la mas que le molestaba.
¡Al carajo con todo! Ya estaba harta de soportar todo ese escándalo, solo por el simple hecho de no provocar una enemistad. Ya no soportaba más y para colmo se había hecho la idea de poder soportarlo, dejando que el problema siguiera corriendo hasta ahora. Se levanto de la silla en un solo movimiento y salió por aquella puerta enojada, llegando hasta la puerta de salida cual abrió de un solo golpe, chocando esta con la pared. Camino hasta el apartamento del lado, y sin pensarlo tres veces, se lleno de valor y toco aquella puerta con furia. Los primeros tres llamados nadie los contesto, decidiendo ella seguir tocando la puerta hasta quebrarse los nudillos de su mano derecha.
La persona que abrió la puerta fue la misma rubia con la que lo había visto hace dos semanas atrás, salir del elevador. La mujer le dio una mirada de pies a cabezas, mirando con detalle a la mujer que había tocado su puerta.
— ¿Está el dueño del apartamento? — preguntó Sakura con una sonrisa fingida, la mujer rodo los ojos y se volteo un poco.
— ¡SASUKE!, ¡TE BUSCAN EN LA PUERTA! — grito la mujer.
—Dale unos minutos…—soltó la mujer son ánimos, invitando a Sakura que entrara al apartamento para luego tomar su cartera y salir por la puerta, dejando a la visita sola en aquel lugar.
Espero más de cinco minutos en aquel lugar, aun podía escuchar la película pornográfica, ni siquiera se digno en apagar esa cosa habiendo una visita. Seis minutos más pasaron, exasperándose ella, y cuando se disponía a salir por la puerta, escucho la puerta de una de las habitaciones ser azotada fuertemente, estremeciéndola por completo. Su vecino estaba de mal humor y para los colmos, la había recibido a ella en unos simples bóxer negros… ¡En definitiva! Todo estaba fuera de lugar, desde la película pornográfica hasta la fachada del tipejo que tenia frente a ella, mirándole con molestia.
— ¡Qué hace usted aquí! — soltó cabreado y con aquella voz fría.
—Soy la vecina del lado. — Contesto Sakura al minuto, con toda la naturalidad del mundo…el ver aquel hombre casi desnudo frente a ella, no la había puesto nerviosa como para callar todo lo que venía a decirle.
— ¡¿Y? —Atajo con enojo.
Podría hacerle el favor de bajar el volumen de su película pornográfica gay. No me interesa para nada escucharla, además necesito silencio para concentrarme en mi trabajo. — hablo Sakura con voz directa y seria, el hombre frunció el seño y la observo aun mas enojado que al principio.
— ¿Eso es todo? — pregunto mientras caminaba en dirección a ella.
—También le pido que cuando baya a escuchar música, por favor, considere a los demás y baje el volumen…necesitamos dormir. — soltó Sakura.
— ¡Son las tres y media de la mañana y usted toca mi puerta para decirme eso! — soltó incrédulo y algo exasperado.
— ¡Vaya! ¡Al fin reconoce la hora! —dijo con sarcasmo Sakura.
—No estaría tocando su puerta si fuera un poco más considerado con los demás. — Exclamó enojada.
— ¡Y para los colmos, Usted me alza la voz en mi propia casa! —soltó enojado.
—No le estoy alzando la voz, le estoy con toda la naturalidad del mundo señor. — se defendió ella.
—¿Y sabe qué?, acordándome de otro pequeño detalle, por favor, si va a tener sexo con una de sus tanta mujeres que trae al condominio, podría no dejar los condones tirados en los alrededores del edificio como si fueran trofeos. — atajo ella enojada.
—Para colmo metiche…—Soltó al iré su vecino, esa mujer era una de esas que estaban pendientes de la vida de sus vecinos, con quien sale y con quien llega…eso era algo que detestaba en lo absoluto.
—No quiero ser grosero, pero me harta la idea de tener que estar discutiendo con usted parado aquí en vez de estar haciendo almo más importante…no tengo tiempo para perdiéndolo con usted, así que si me disculpa, quiero que salga por esa puerta y me deje vivir mi vida en paz. — Exclamo enojado.
—Le llamare a la policía para la próxima. — amenazo ella, bufándose él de sus palabras, aquello la enojo tanto que salió por la puerta, cerrando esta de un cantazo.
Entro a su apartamento enojada y pese a que era algo ignorante lo que iba a hacer, prendió su radio y lo subió hasta lo último…si él quería guerra, ella se la daría. A los pocos minutos, su puerta era tocada reiterativamente, sabía que era él, así que se dio su puesto en atender la puerta. Cuando se decidió en abrirla, su vecino no espero a que ella le invitara a pasar, entrando como si se tratara de su propio apartamento.
— ¡P-pero qué demonios haces!... —callo de inmediato al percatarse que se encontraba atrapada, entre la pared y aquel pecho desnudo y musculoso.
— ¿Qué pretendes con todo esto? — su aliento gélido choco con el rostro rojo de ella, no estaba rojo por la cercanía de ese hombre, sino por la iracundia que llevaba dentro.
Sus brazos estaban aprisionados arriba de su cabeza, por aquellas fuertes y varoniles manos…ahora estaba más que aprietos, y sólo por esa simple confrontación que tuvo con él.
