"Un gran sueño, para una gran nación

No ha existido una mejor época para nuestra hermosa "Nación del Fuego", que la vivida actualmente; buenas nuevas surgen por todos lados, los mensajeros ideológicos de "El Señor del Fuego, Azulón" arriban cada día con nuevos objetivos cumplidos y al mismo tiempo, se marchan con la esperanza de llevar a nuevos territorios nuestra filosofía y compartirla con todos aquellos que no la conocen.

Colonias surgen, se anexan a nuestra utopía, territorios de antaña procedencia al "Reino Tierra" y la "Tribu Agua del Sur", se unen poco a poco a una convergencia ideal, a una sociedad perfecta, gracias al liderazgo del "Dragón del Oeste", pocos, pueden no ser persuadidos con sus valientes palabras y nadie se puede oponer a los deseos del poderoso general Iroh.

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El príncipe Ozai, sentado en el comedor real, desayunaba y terminaba de leer la primera plana del diario más popular de toda la nación, "El canto del Fénix" , le enorgullecía e ironizaba, la forma tan idealista con la que la prensa justificaba la guerra; aparecía el nombre de su padre y de su hermano, lo más lógico es que debería aparecer su nombre por algún lado, al final de cuentas, el servía como segundo hijo de "El señor del Fuego, Azulón", bajo las ordenes de su hermano, en las conquistas efectuadas últimamente en "El reino tierra", si, debía aparecer, pero no aparecía…

-. ¡Vamos Lu Ten, ven aquí, debes vestirte para tu primer día en la academia!-. Se escuchaba a lo lejos una voz amable y quizás, un tanto bonachona, que interrumpía los pensamientos del príncipe Ozai; la voz de su hermano Iroh era… ¿Cómo decirlo?, era…tan común, que parecía increíble, que sea la voz de la segunda persona más importante de toda la nación del fuego. Si, quizás su fortaleza no era reflejada en su voz, pero una vez que dictaba un plan de ejercicio militar, todos le escuchaban atentamente y le obedecían al pie de la letra.

-. "Pelo" Pa, no "quiello"-. Le respondía escandalosamente un infante, que corría a través de los pasillos, tratando de esquivar muebles y plebeyos, nadie podía detenerle, o más bien, nadie quería detenerle, la escena del general Iroh persiguiendo al pequeño príncipe en paños menores, era algo que a pesar de ser muy común en el palacio real, nunca dejaba de ser gracioso.

Una puerta se abría en el comedor real, de ella una pequeña figura semi desnuda aparecía y comenzaba a dar vueltas alrededor del príncipe Ozai.

-¡Hola "lío" Ozai!- Decía un niño de tez pálida; desnudo del torso, con ojos tan vivos color ámbar, muchos dicen, será un gran maestro fuego; cabellos largos y desalineados, símbolo de que tenía poco de despertar; boca pequeña y rostro delgado, ambas características heredadas de su madre y una actitud muy irreverente, heredada de su padre. El chico entro por la puerta principal, mientras en su correr presuroso, subía hábilmente a las sillas alrededor de la mesa, y con su pequeña mano llevaba a su boca una deliciosa galleta.

Tras esa pequeña sombra, recién aparecida, le seguía un hombre de mediana edad con un pequeño, pero elegante uniforme escolar, de tonos oscuros rojizos, que agitaba vigorosamente con su brazo izquierdo.

-. Vamos Lu Ten, que llegaras tarde a la academia y aunque seas un príncipe de la nación del fuego, no es de buen augurio comenzar una nueva etapa de tu vida de esa forma-. Decía el príncipe Iroh, quien vestía con una bata de color rojizo, muy elegante, muy distinguida, pero sencillamente, una bata de dormir.

El semblante del príncipe Ozai cambio inmediatamente en la presencia de estos dos, los sirvientes que atendían al segundo hijo de "El señor del fuego Azulón" se retiraron, no era de su incumbencia las conversaciones de la familia real…o al menos, no les causaba interés el terrible temperamento que tenía frecuentemente el príncipe Ozai.

-."De tal palo tal astilla".- Se decía para sí mismo Ozai. No entendía los estándares de este par, un príncipe tenía que ser el orgullo de una nación, poseer un semblante tranquilo que inspire confianza a todo sus seguidores, un símbolo de poder, de orgullo…

Los pensamientos del príncipe Ozai se vieron interrumpidos, cuando el pequeño subía a la mesa, y el príncipe Iroh emulaba este acto con la intención de atrapar a su hijo, el príncipe Iroh causo un estrepitoso ruido metálico, abalanzándose con un gran clavado sobre su primogénito, mas el plan fallo, el príncipe Lu Ten era un bribón muy rápido.

eres demasiado rápido, pero ya verás cuando…"-. Decía el príncipe Iroh cuando se incorporaba de nueva cuenta…sin embargo, de pronto fue interrumpido por un grito que se escucho por todo el palacio.

-¡Suficiente!- Gritaba furioso el príncipe Ozai.

El semblante de los príncipes Iroh y Lu Ten había cambiado de divertido, a uno extremadamente serio, ambos príncipes tomaron asiento en las sillas más cercanas a ellos, con un poco de dificultad para el príncipe más pequeño, ya que en esta ocasión no había tomado impulso al correr; fue una coincidencia que quedaran uno delante del otro, mirándose fijamente con una expresión de terror en su rostro, como si se recriminaran diciéndose "Ves lo que hiciste". El pequeño Lu Ten miraba con ojos muy abiertos, tal cual rana- toro a su padre, y bueno, en realidad también el general Iroh miraba con ojos muy grandes a su primogénito.

El príncipe Ozai se encontraba con un semblante rojo, lleno de ira que…contrastaba bastante con un blanco que poseía en el rostro, su rostro poseía el rojo del enojo y un brillante blanco de bananas con crema y miel.

-. ¡Lu Ten!-. Dijo fuertemente el príncipe Ozai a su sobrino, mirándolo fijamente -. Toma el uniforme que tiene tu padre en sus manos, vístete y alístate para salir, la academia te aguarda.-

-. Si tío-. Decía Lu Ten, bajando con cuidado de la silla en la cual se encontraba sentado, e intentando caminar erguidamente con dirección a su padre, pero su caminar erguido… no era tan erguido, era como si una tabla intentara disciplinadamente caminar.

Al llegar al príncipe Iroh, tomo el uniforme de sus manos y se dirigió hacia la puerta.

-. Lu Ten-. Dijo el príncipe Iroh, e inmediatamente el príncipe Lu Ten se detuvo en el marco de la puerta. -. Me parece, que le debes una disculpa a tu padre y a mí-.

Lu Ten giro inmediatamente y con semblante serio, realizo una pequeña y chusca reverencia en dirección al príncipe Iroh y dijo -. Pedon padre, pedon tío Ozai -. Para posteriormente salir de la habitación.

Ozai observo el salir de su sobrino, girando su mirada hacia Iroh una vez que el joven príncipe saliera de la habitación, para su sorpresa Iroh ya no se encontraba sentado en su silla.

El príncipe Iroh se escabullía con prontitud, con una manzana en la boca, llegando pronto a la puerta cuando sintió que algo detenía su paso, cerró los ojos un momento y con lentitud observo un pequeño cuchillo que retenía su fina y elegante bata de dormir.

-. Iroh, Iroh, creo que has malcriado mucho a tu hijo, no puede ni decir las palabras correctamente-. Decía preocupado el príncipe Ozai.

Iroh giro bruscamente en dirección a su hermano, respondiendo -. ¿Tú crees?, yo creo que solo es un niño y tiene las complicaciones de uno-.

Había girado demasiado rápido, parte de su bata real había quedado en la pared, ahora a la vista del príncipe Ozai, quedaba su hermano en calzoncillos reales, de un color dorado que quizás podía competir con el de sus insignias reales.

Ozai miro un momento con semblante desagradable los calzoncillos de Iroh, reprochando con los ojos a su hermano, Iroh se limito a sonreír.

-. Se que quieres mucho a Lu Ten, yo también le quiero demasiado; y creo rotundamente, que lo has malcriado estos 4 años, la academia será como grilletes para ese niño, le dará algo que tu nunca le has proporcionado, disciplina y créeme, le pesara.- Decía Ozai.

-. Yo recuerdo haberme divertido mucho en la academia-. Comentaba sonriente Iroh.

-. Precisamente por ti, es que consideraron que la academia ofrecía demasiada libertad a sus estudiantes-. Argumento Ozai

-. En realidad Ozai, fue por ti que las reglas de la academia fueron más… especificas.- Se escucho una voz autoritaria proveniente del marco de la puerta, "El señor del fuego Azulón" llegaba al comedor real.

Ambos hijos se inclinaron levemente cuando su padre camino delante de ellos, Azulón levanto una ceja cuando observo a Iroh en ropa interior, ya estaba tan acostumbrado a este tipo de cosas por parte de él, que no pregunto, en cambio observo los residuos de comida que tenia Ozai en el rostro.

-. Príncipe Ozai, tienes comida en todo tu rostro.- Comento despreocupado "El señor del fuego Azulón", mientras se dirigía a tomar asiento.

Unos pocos sirvientes que arribaron con "El señor de el fuego, Azulón" al comedor real, levantaban el desorden que había generado el príncipe Iroh, mientras un par de mujeres relativamente mayores se acercaban al príncipe Ozai, y limpiaban con ayuda de un pañuelo y…saliva, el rostro del príncipe Ozai.

El semblante de Ozai era de desconcierto, mientras que Iroh intentaba no vomitar en presencia de su padre.

Al final Lo o quizás Li, peinaba con sus dedos al príncipe Ozai, quien al parecer, había sido afectada su cabellera por el evento suscitado.

Una vez sentado "El señor del fuego Azulón" prosiguió -. En realidad fue exactamente por ti, que escribieron la regla de "Prohibido orinar en el césped".

-. Jajajaja-. Una sonora carcajada se escucho del príncipe Iroh.

El príncipe Ozai recordaba ese hecho, y miraba a Iroh con molestia, mientras su rostro se ruborizaba. Si bien recordaba, eso había ocurrido cuando el tenia 4 años y lo había hecho, porque intentaba imitar a su hermano mayor, el cual hacia sus necesidades fisiológicas, en donde…hubiera la necesidad de hacerlas, sean los jardines reales, los jardines en el templo de los sabios del fuego o simplemente detrás de un arbusto cercano en la calle, le intentaba emular; lo grave de todo esto es que sencillamente su hermano lo hacía por que era muy practico, pero él no lo sabia.

-. También recuerdo cuando llevaste a clase, tu rata- topo, y se adentro en la ropa de tu maestra -. Continuo recordando "El señor del fuego Azulón"

La carcajada de Iroh, era más estridente. Los sirvientes sonreían, aunque sinceramente tenían ganas de unirse a la carcajada del general Iroh. Al menos había chisme para más tarde en el palacio.

Si bien recordaba Ozai, su hermano en ese entonces tenía a "Fly" un gato – búho al cual había enseñado trucos, para poder conseguir dinero para golosinas y otras cosas en la academia, sin que lo supieran en el palacio y el intentaba emular eso con su pequeña rata –topo "Pirig", pero parece ser, las ratas-topo no gustan tanto a las personas. Desde ese entonces se prohibió tajantemente entrar a la academia con mascotas.

-.Y no olvidemos cuando intentaste entregar un ramo de "Corona de joya oscura" a tu amiguita en 6 grado y en ella estaba oculta una garrapata- tigre que termino por mandar al sanatorio a esa pobre niña -. Termino el señor del fuego Azulón, mientras bebía un poco de café.

Iroh paro de reír, en realidad recordaba ese hecho, su hermano se había acercado a él para pedirle consejo de cómo gustarle a una niña, él había planeado toda una maniobra junto a Ozai para impresionarla, pero nunca pudo ponerla en práctica, debido a que una garrapata – tigre había estado escondida en el ramo de flores que había encargado de contrabando desde el reino tierra y que él entrego a su hermano. Las garrapatas – tigre son unos pequeños insectos que gustan de beber sangre de chicas que emanan una esencia dulce en su cuerpo, las paralizan, beben y crecen 10 veces su tamaño en cuestión de segundos, son criaturas sumamente desagradables. Esa vez recuerda que se realizo una campaña de seguridad, para impedir que esos insectos del reino de la tierra se propagaran por el reino fuego, y más o menos dio resultado.

Ozai también recordó esos momentos, y aun le causaba escalofríos pensar en ese insecto.

-. Iroh, me parece que Lu Ten ingresa hoy a la academia, por favor, apresúralo, no quiero que el príncipe llegue tarde a su primer día-. Comento el señor del fuego Azulón.

-. Claro, con permiso padre-. Respondió alegremente Iroh, no sin antes tomar un poco de pan, colocarle un poco de dulce de leche y salir tarareando una canción del comedor real.

-. Bien, creo que yo también me retiro padre, buen día-. Comento el príncipe Ozai mientras realizaba una reverencia.

"En realidad Ozai, existe algo que me preocupa, toma asiento"-. Pidió amablemente "El señor del Fuego Azulón"

Ozai le miro un momento y se sentó en otro extremo de la mesa, justo delante de su padre.

-. Márchense-. Dijo Azulón a los sirvientes que aguardaban a su lado.

Una vez que todo el mundo se retiro, y cerraron las puertas, "El señor del Fuego, Azulón" comenzó a hablar.

-. Hace 10 años, tu hermano se probo a si mismo cazando al ultimo dragón, como sabes, todos los miembros masculinos de la familia real han probado su valor dando caza a un dragón y bañándose con su sangre, eso demuestra la prodigiosa habilidad de un maestro fuego y obviamente, un príncipe de la nación del fuego, debe ser un prodigioso maestro; me parece que es hora de que empieces a realizar méritos militares por tu propia cuenta -.

Ozai lo miro con asombro, en realidad en campo de batalla le encantaba el sabor de la victoria, pero quien comandaba a esas tropas, era su hermano Iroh, eran sus victorias, él solo era participe de ellas, y dado a que durante algunos años atrás no encontró rastro alguno de "El Avatar" y ante la extinción de los dragones, una victoria militar sobre el reino tierra o la tribu agua del norte, eran las mejores premios que podía pedir alguien que deseaba alcanzar la gloria en la nación del fuego.

-. Prepara tu plan de batalla, elige a tus hombres y en la próxima junta de guerra, escucharemos tu propuesta-. Termino el señor del fuego, Azulón.

Ozai no sonreía, porque lo consideraba descortés ante el señor del fuego, pero dentro de él, una llama de gloria, ambición y fama se apoderaban de su ser.

Era el momento, de que el príncipe Ozai demostrara su capacidad como líder, como dirigente militar, como maestro de fuego control y sobre todo, como Ozai, príncipe de la nación del fuego.


El príncipe Iroh disfrutaba el pequeño aperitivo que había tomado de la mesa, y se dirigía a la habitación del pequeño Lu Ten, en el camino se encontraba algunos sirvientes, unos cuantos eran mujeres, en realidad el cuerpo del general Iroh era bastante voluminoso en cuestión de músculos, entrenaba bastante, y ellas avergonzadas cubrían sus ojos sin que el segundo hombre más importante de toda la nación del fuego, prestara atención a esos detalles; los sirvientes le deseaban los buenos días y el sonriendo respondía de forma animada.

No era un secreto, que de la familia real, el príncipe Iroh era el más querido de todos y desde la llegada de su primogénito, siempre se podía percibir una calidez en su trato, incluso en las juntas de guerra, en las cuales hablaba sin tintes de odio, rabia o ambición. Más en campo de batalla, el hombre se transformaba, guiaba a sus tropas enalteciendo su espíritu, su fuerza y su voluntad; buscaba siempre un orden perfecto y en muchas ocasiones ganaba las batallas sin librarlas.

Pero no siempre era así y aquellos que han visto al general Iroh en batalla, aseguran que es un pequeño batallón de un solo hombre.

El príncipe Iroh no tuvo necesidad de llamar a la puerta de la habitación de su hijo, puesto en ella Lo y Li se encontraban preparando al pequeño príncipe, nada de estar semi desnudo, nada de cabellos desalineados, ahora, el chico seria un ejemplar príncipe en palabras propias del príncipe Ozai.

El uniforme, elegantemente marcaba la pequeña figura del príncipe, sus largos cabellos estaban sujetos en una cola de caballo; cortarse el cabello en una coleta para poder llevar la insignia que representaba su linaje real no le agradaba, "estoba"…decía.

-. Tu tío Ozai estaría muy orgulloso de tu imagen -. Decía Iroh a su hijo, mientras el chico se hurgaba la nariz y limpiaba su dedo en el vestido de Li o quizás Lo, y por eso recibía una reprimenda en su pequeña mano.

-. Aunque no estaría tan orgulloso de tus hábitos higiénicos-. Terminaba de decir el príncipe Iroh un tanto divertido.

-. Pa, ¿tengo que "ill"?-. Preguntaba el pequeño Lu Ten con ojos llorosos

-. Me parece que sí, pero no estés triste, te aseguro que tendrás muchos amigos en la academia y sobre todo, aprenderás muchas cosas y te divertirás como no tienes idea-. Le contestaba el general Iroh a su hijo, mientras lo cargaba en sus brazos.

-. No quiello, tú me enseñas -. Argumentaba el niño abrazando a su padre por el cuello.

-. Me encantaría estar contigo, pero como príncipes que somos, tenemos obligaciones, la mía es cuidar a la nación y a ti; mientras que tu obligación, es divertirte en grande y aprender todo lo que puedas-. Decía Iroh haciéndole pequeñas cosquillas al niño de vivos ojos color ámbar, quien reía y se retorcía sin parar.

-. Príncipe Iroh, llegaremos tarde a la academia y el niño aun debe desayunar algo-. Decía Lo o quizás Li. El príncipe le entrego al niño.

-. Adiós-. Decía triste Lu Ten, mientras su pequeña mano realizaba una expresión de despedida.

-. Hasta más tarde, hijo.- Se despedía el poderoso general Iroh.

-. "Ya han pasado cuatro años Zari, nuestro pequeño crece y se convierte en un travieso príncipe. Cuídalo" -. Pensaba el segundo hombre más importante en la nación del fuego, pero el más importante para ese niño que se alejaba a su vista.

-. General Iroh, el día de hoy tiene muchos compromisos, hablar con el general Fang sobre la situación en la ciudad conquistada de Shu Teng, por si fuera poco, un encuentro con el almirante Tsu Gang para saber el régimen que se establecerá en las poblaciones conquistadas de la tribu agua del sur, pero primero, le sugiero considerablemente, que se ponga unos pantalones.- En listaba una figura pequeña a su costado.

Y bueno, no andaba muerto andaba de parranda...en realidad tenia mucho, mucho, demasiado tiempo que no escribía nada...absolutamente nada, he estado metido en otros rollos, pero al ver un review de esta historia, recordé que tenia una cuenta, recordé que escribía un poco sobre caricaturas que me gustan y que es muy bueno para desarrollar ideas.

La verdad es que necesito un poco de tiempo para retomar este pasatiempo, sin duda ahora fue un poco mas complicado escribir este capitulo, especialmente porque no recuerdas las ideas que tenias en ese entonces, mas o menos las recuerdo, han pasado años desde que publique algo aquí, así que bueno. A darle átomos.

Muchas gracias a ClaritH y a Marianita-chan que bueno, gracias por leer el primer capitulo de esta historia y realmente, aquí el segundo después de años de escribir el primero.

No se si retomare la otra historia que tenia, en realidad recuerdos vagos es lo que quedan de ella, pero en fin, bueno, se cuidan.