Y aquí viene una pequeña anécdota. Hace poco me dedique a leer un poco más de Oscar Wilde(concretamente unas cartas que escribió ) y me conmovió muchísimo. Algunos sabrán la historia de este escritor, una maravillosa persona que sufrió por habladurías;siendo más exacta fue enviado a la cárcel por sus preferencias sexuales ya que en su época eso estaba penado por la ley, por eso el titulo de este capítulo, que aludo a dos de sus historias.

La primera habla sobre el sacrificio y la segunda es muy conocida. Así que... En lo personal las recomiendo para una tarde de lluvia. Tiene un poco abierto el final, por la escena que tome no pude cerrarlo más, pido una disculpa. Sin más, espero que les agrade.

Advertencia: En este capítulo se mencionan hechos de la cuarta temporada. Concretamente del segundo episodio.


"El príncipe feliz y Dorian Grey"

Sherlock estaba exhausto. La peor época de su vida acababa de terminar. Al fin había atrapado al psicópata (y si que entraba en la definición) de Culverton Smith. Pero eso le había costado más de lo que imaginaba. Y volvía a estar frente a John, más destrozado y vulnerable de lo que jamás había estado.

Y del otro lado estaba John, sumido en sus sentimientos de culpa al haberle mentido a su esposa. La misma que era una mitomana y una asesina reformada. La misma que le había disparado a Sherlock con tal del que el detective tuviera la boca cerrada y ella pudiera seguir con su matrimonio. Y la misma que había encargado que hiciera lo que estuviera en sus manos para salvarlo. Al final si había terminado siendo como el Rey Arturo,ni santa ni diabla. Solo lo que había.

—¿Por qué no intentas algo con alguien?—Le oyó decir a lo lejos a John. Y entendía que estaba haciendo,orillándolo a lo que "tenia" que ser lo correcto. Pero,cuando supiera la verdad tal vez cambiaría de idea.

Se sentía como un cascarón vacío. Un ideal que se proyectaba a través de las fantasiosas historias de John, pero que dentro pensaba y sentía muy diferente. Su estado le hacía recordar la historia de Dorian Grey. Una persona que se veía eternamente joven por que un artista así lo había pintado, echándole una maldición en la que ya no podía envejecer. Así era él a los ojos del mundo gracias a John. Pero a pesar de ir y regresar de la muerte un par de veces aun no acababa su suplicio. Quizás algún día lograría estar en paz consigo mismo y con los demás.

Y fue ahí ,en medio de un absurdo de ideas y conceptos que John se desmorono. Recordó aquel cuento en donde una golondrina y una estatua habían formado una amistad para ayudar al mundo y que esa ayuda los había hecho perder todo, y destrozarse*. Esos eran un poco ellos dos, la golondrina insensata atraída a una belleza que no entendía y la estatua que prefería hacer felices a los demás antes que a el mismo.

—John, ya sabes lo que yo...— ¿Qué tenía que completar? No era el momento o el lugar para decir lo que los dos sabían que ocultaban. Remordimientos, culpa y dolor. Eso era lo que tenían. Eso era lo que eran y lo que no daría vuelta atrás. Solo estaban los dos. Los dos contra el mundo. Uno que había dejado de girar a su favor a su mucho tiempo,pero que con suerte aun podían reparar y construir.

Eso fue lo que John necesitó para desahogarse, para liberar todo aquel dolor en brazos de su amigo. Sherlock lo sujetaba como si fuera lo más preciado, pero con la delicadeza para no romperlo.

—Esta bien— Sherlock quería decirle a John que estaba bien sentirse como se sentía. Que estaba bien ser algo que la sociedad no entendiera. Que ser quien eras es mucho más importante que otra cosa. Que si Sherlock estaba desperdiciando su felicidad,John tenía que entender que la de él se le escurría entre los dedos.

—No,no esta bien— John sabía que no estaba bien sentir tanto dolor. Que haber culpado a Sherlock de todos los malos entendidos entre ellos era una franca ridiculez, que no estaba bien sentirse así. Que no sabía que sentir. Y que estar entre los brazos de Sherlock,saber algo más profundo de él y entenderlo como a nadie en el mundo no ayudaba para nada.

—No,pero es lo que es— No importaba que se sentía, que había,si estaba bien o mal. Uno al otro,contra el mundo era lo que tenía. Ser como eran era lo que tenía.—Somos lo que somos—Apuntó acertadamente Sherlock. No había más verdad. Pero además era la aceptación deque en eso se habían convertido con el paso de los años.

—Cierto— Sollozó John. Era evidente que todo so le afectaba sobre manera. Pero a Sherlock le desconcertaba que no sabía la razón exacta de su afectación.

—Por ejemplo, yo soy bisexual—Mencionó el detective consultor en un vano intento de aligerar la conversación.

—¡¿Qué?!— John se separó un poco del abrazo y lo miró con sorpresa. Pero, después de todo lo que habían pasado, era lo que menos se esperaba que su amigo dijera en uno de esos momentos.

—Lo que oíste— Le dijo Sherlock con una amplia sonrisa. Después de estar en el el borde de entre la vida y la muerte una y otra vez, ¿Qué más daba si venía de marte,si era un humano o si podía hablar cetáceo? John ya lo conocía,ya habían pasado por todo lo que dos personas podían pasar. Habían vivido lo suficiente. Era un detalle que nunca le había contado a su amigo. Como su obsesión con el chocolate, lo mucho que le habían gustado las películas de Bond, su amor por Shakespeare, su fecha de cumpleaños o el hecho de que estaba enamorado de él desde el primer momento en que lo vio. Como mencionaba, detalles insignificantes que no servían para mucho bajo las situaciones en las que solían desenvolverse.

—¿Por que jamás me lo habías dicho?— Le reclamó con sorpresa John. En serio,que dijera eso a esas alturas del partido si que era sorprendente. Era como leer una galleta de la fortuna antes de abrirla.

—Pensé que quedaba claro— Sherlock simplemente se encogió de hombros. Si no le conocía novio, y no le conocía novia era por que en el pasado había puesto sus ojos en los dos bandos. Pero al parecer y a pesar de los años, a John aun se le escapaban las cosas elementales.

—No... yo pensé que tu... ¿Recuerdas? "No novia. No mi área" ,"No novio", "Me siento alagado pero estoy casado con mi trabajo"—John estaba que no se lo creía. No por que su mejor amigo, la persona que había moldeado su vida tuviera una preferencia sexual que no imaginaba. Estaba sorprendido de que se lo hubiera dicho directamente. Sin excusas,sin pretextos,sin preguntas. Así con el orgullo que le caracterizaba.

—Bueno, no es mi culpa. Sonaba a que te ibas a declarar— Apunto con una sonrisa Sherlock — Digo "Estas soltero igual que yo" ...—Sherlock estaba mofándose de su amigo. Después de tantas cosas tal vez merecían un poco de diversión.

—¡No lo iba a hacer!— Replicó con indignación en doctor militar. Pero,mientras reflexionaba se colorearon sus mejillas de un adorable tono rosa. Quizás,ahora la idea no le parecía tan descabellada. Hubiera pensado lo mismo. Sherlock no sabía de sus preferencias tampoco. Tal vez estaban desperdiciando las oportunidades que el mundo les envía. Ahora que conocía a su amigo le entendía mejor. Tal vez el había apresurado las cosas. Había una inmensidad de cosas que podían haber sucedido y que se habían quedado en el tintero como para recordar todo. Se sentía un poco humillado y avergonzado del giro de las cosas. Como era la naturaleza humana que podía saltar de las risas a las lagrimas en solo unos segundos.

—¿Y entonces por qué la curiosidad?— Sherlock había levantado una ceja.

—Quería saber con quien iba a vivir— Intentó justificar Watson. La verdad es que desde el primer momento en que lo había visto le había fascinado ese extraño y lunático hombre. Tan lleno y vacío. Tan necesitado de algo que John no sabía identificar. Tal vez amor es amor y no era quien para ponerlo en palabras.

—Todavía no te habías decidido a vivir conmigo— Le recordó Sherlock. De hecho, John no había aceptado de inmediato la idea de que compartieran el número 221 de Baker Street. A Sherlock le había dado la impresión de que a John no le había caído del todo bien,opinión que fue confirmada la primera vez que leyó el blog de John. Blog que se terminaría convirtiendo en una narración de sus fantásticas aventuras, pero que en un inicio parecían el diario de una chica adolescente inconforme con la vida. No fue un comienzo cotidiano si lo ponía así. Pensó que John se iba a cansar de él y lo iba a abandonar a las primeras de cambio. Pero no se fue. No se fue con los ojos en el refrigerador,el violín en la noche, las corretizas matutinas. No se fue aun casado,aun con una hija. Aun viudo. No se había ido a pesar de todos los errores y de todo el dolor que se habían causado.

—Supongo que no del todo — Se recordó John. En realidad Sherlock le había intimidado un poco la primera vez que lo vio. Sabía demasiadas cosas de una persona con un mínimo de información y sus ojos iridiscentes parecían querer atravesar la verdad con una sola mirada penetrante. No era que John no quisiera vivir con él,el no quería vivir con nadie. Estaba tan roto que solo quería fundirse con el pavimento. Y luego lo habían sacado de ahí y lo habían introducido a un mundo de colores. Pero ¿a qué precio?

—Bueno ahí esta. Lo dije— Sherlock no había dicho mucho,pero sentía como si le hubiera dicho toda la verdad. Se encontraba particularmente ligero después de ello. Un poco menos muerto y un poco más vivo.

—Después de 8 años lo dijiste— John no cabía de asombro. Siempre pensó que su amigo era heterosexual,contra todos lo que los demás dijeran. En ocasiones lo veía asexual, creía que no le interesaban las relaciones y jamás se habían visto en la necesidad de saber si a Sherlock le gustaban los hombres por que no entendía que tan ciertos eran los rumores (solo rumores se decía) que los involucraban. Pero el que le hubiera dicho eso... habría un panorama nuevo. Era como si el futuro se pintara frente a los dos. Él tenía razón, su amigo podía casarse, tener hijos,formar una familia lejos de ahí. Y por alguna extraña razón esa idea no le gustaba mucho.

—Sip. Así es—Sherlock le dedico uno de esas genuinas sonrisas picaras. "Sherlock es nombre de niña" era una clave para todo. Tal vez ahora John entendiera todo lo demás. Y, esa era una cosa que en lugar de separlos los uniría más.

—¿Qué se supone que hagamos ahora?— Le inquirió John. No sabía como proceder del todo.

—¿Festejar mi cumpleaños? — Sherlock quería dejar de sentir a John entre sus brazos y, lo más importante,quería que el ambiente volviera a la normalidad. No quería que John interpretara (tal vez con un poco más de acierto que de costumbre) que se le estaba confesando. Las lagrimas en el rostro de John aun estaban húmedas, no era apropiado mostrar sentimientos que no fueran empatía. Además, Sherlock dejaba de ser una buena elección de pareja por su incapacidad para cumplir promesas hechas con anterioridad.

—¿Así como así? — John se despego del todo de Sherlock. No entendía como, después de la tormenta se le antojaba esa relativa calma.

—¿Qué otra cosa sugieres hacer? — Le picó con algo de miedo Sherlock. Tal vez a John se le ocurría algo.

—Yo...¿Puedo confesarte algo?— El médico militar se ruborizo un poco. Pero bueno, ¿Qué más daba? Vida era vida.

—¿Hay más? — momento de Sherlock de sentir miedo. O de buscar un lugar dentro de su Palacio Mental para procesar

—Si bueno... Yo, a mi... —John carraspeó con algo de incomodidad — Yo también he salido con chicos— Y le sonrió. No era gay. Y con eso quedaba clara su posición en ese tipo de asuntos

—¿Como se supone que tome eso? — Y ahí estaba Sherlock Holmes indignado como nunca. Él siempre había pensado que John era extremadamente heterosexual, pero después de todo le había deducido mal. Vaya, muchos golpes para su ego y altanería en un escaso lapso de tiempo.

—No lo sé— Aunque John sabía exactamente que quería. Quería a Sherlock y arreglar todo. Tal vez pedía demasiado para una tarde. Pero iba por buen camino

—Yo tampoco — Y era así como el famoso detective consultor, sociópata altamente funcional terminaba por sentirse como un completo tarado.

—Simplemente quería decirlo— "Simplemente quería arreglar todo" Intento dejar dicho entre lineas Watson. Pero sin darse cuenta se había ruborizado.

—Mi querido Watson, ¿Debo de entender que busca algo de contacto físico? — Le dijo Sherlock mientras lo tomaba de las manos. Ambos sintieron esa extraña conexión. ¿Amor? ¿Camaradería? ¿Alegría de estar vivos? Lo que tenían no llevaba nombre, pero tal vez en un futuro los dejara estar juntos.

—¡Holmes! Deja ya estas cosas y alistate— Le dijo John mientras lo soltaba bruscamente. Las cosas tenían que ir despacio — Molly nos espera — ¡Ups! Otra vez en su lenguaje volvían a ser ellos dos. Pero Sherlock había muerto por el dos veces, y no podía pedir más.

Sherlock se marchó a su habitación para alistarse y dejar su bata en su lugar. El futuro era incierto, pero si algo sabía era que para formar una pareja se necesitaban solo dos personas. La conformación de la misma no importaba, lo que importaba era que esa otra persona fuera la adecuada. Bueno, el y John eran dos personas, y el futuro pondría a todos en el lugar que les correspondía.

"Fin"

*Referencia a "El Príncipe Feliz" de "Oscar Wilde"