Extra con contenido YukioxYuzu e IshidaxKarin.

Rating M por lenguaje -no en realidad- y lime. Nada demasiado serio.

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Brillante: Extra.

—Nuestro hermano estará muy molesto, pobre Yukio —suspira la menor de las Kurosaki mientras ambas están juntas en el cuarto de la primera, esperando mensajes de sus parejas que afirmen que no han sido mortalmente heridos—. Espero que no sea bastante duro con él, considerando que a veces puede ser muy sobre-protector.

Al tomar medidas de protección, decidieron hacerles mentir sobre la cantidad de años que tenían de pareja. Ichigo era demasiado... Ichigo, para notarlo. Lo cierto es que Karin llevaba viéndose con Ishida, en contexto romántico, desde los dieciocho y Yuzu desde con Yukio desde los quince.

Aunque la hermana menor se halla culpable de lo que provocó, la mayor se ve relajada en su totalidad.

—¿Eso crees? —Karin resta importancia, sentada frente al escritorio ojeando una revista de la mesa—. Entonces —la mira de lado y pone una sonrisa de doble intención—, ve pensando en cómo lo vas a consolar.

Desde la cama, Yuzu le tira una almohada que falla en darle directo en la cabeza cuando Karin se agacha retorciéndose de risa.

—No digas cosas sucias.

—No dije nada sucio, y no es mi culpa que quieras disimular que eres inocente todo el tiempo —piensa que si Yuzu fuera un poco más pálida, su cara de total vergüenza sería del mismo color que la de Uryuu la primera vez que lo hicieron.

—A diferencia de ti, yo no soy una pervertida —declara Yuzu.

—Ah, ¿sí?

—¡Sí, no lo soy! Eres una descarada.

—¿En qué te basas para decirme así? —tampoco es que ofreció tocarle los pechos a quien le parezca lindo o guapo, ¡ni le sonríe a desconocidos! ¿Usar escote la hace descarada? No es su culpa querer mostrar lo que tiene.

Y ni mucho muestra, es más cuestión de las prendas.

—No-no lo digo por eso.

—¿Entonces? —alza una ceja.

La menor sonroja en su intento de explicación, buscando palabras aptas.

—Eres tan... ¡seguro fuiste tú quien comenzó a querer... hacer eso! —la acusa.

La oji-ónix abre la boca con atónita, ruborizada al máximo. No lo afirma ni lo niega.

—¿Acaso no fuiste tú la primera en querer tener sexo con Yukio?

...

...

...

Minutos antes, los dos cuerpos estaban lado a lado, sentados con unos respetuosos diez centímetros separando al uno del otro. Actualmente, su separación constaba solamente de los distintos tipos, de tela, en las prendas que todavía traían sobre sí.

La televisión estaba encendida, el volumen a nivel medio y bajo con un DVD -en el reproductor- siendo brutalmente ignorado. La chaqueta y la blusa en el suelo, poseyendo sobre su cima un sujetador distendido, al que segundos más tarde se le sumaron unas bragas color rosa las cuales, viéndose de cerca, mantenían manchas húmedas en la parte de la ingle.

Eso da una idea de lo que acontece.

Pensé que sería yo el que primero en actuar —él estaba sorprendido de su iniciativa.

No fue casual, más bien ocasional. Esperado, teniendo en cuenta el tiempo que llevaban saliendo. Al año de comenzar la etapa de los besos, fue imposible no haber intentado ciertos toques. Nunca antes llegaron tan lejos. Pero poder profundizarlo, era un tema distinto.

De hecho, fue, tras un profundo beso, la manera en que ella subió a su regazo, con una actitud tan falta de vergüenza, lo que hizo a Yukio tener claro que era el momento apropiado.

En los meses anteriores, cuando uno daba indicio de llevar las manos hacia zonas erógenas, el otro se dejaba estar. Con una pequeña sensación de timidez, pero permitiendo cometer un recorrido tan breve que ni siquiera se podría definir como masturbación.

Todo fue distinto en esta ocasión. Las dudas ya no estaban, en la parte física y práctica, por lo menos.

Yuzu quiso reír gracias a esas sensaciones, burlarse de cualquier pequeño temor anterior, porque estuvieran profanando el costoso sofá de su novio, por tener un cuerpo pequeño que era compacto y le permitió montarse sobre él con mayor facilidad.

...

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Cuando los humos se le bajaron, la menor y aparentemente inocente Kurosaki alzó la nariz con presunción. Con todo lo rememorado, sigue pensando ser mejor porque guarda tales pensares para sí misma, en vez de sacarlos a luz.

—No tengo nada de qué avergonzarme.

Viendo esa determinación y sospechando que su hermanita fue quien pudo iniciar todo eso, definitivamente Karin tuvo que admirarla. No simplemente por lograr en un año lo que ella tardó cuatro, sino dejar la timidez a un lado y actuar. Con la cabeza sostenida por la palma abierta con el codo en la mesa, pensaba en los hechos pasados.

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Él estaba sentado en una banca de la plaza entre la calidez de la noche, dando su octava calada al cigarrillo entre sus dedos. Su automóvil todavía en el estacionamiento del hospital... él todavía ahí en frente.

Te ves genial cuando fumas —halaga una, aun así no se volteó a ver—. Pero es algo dañino ¿no te parece?

Karin se sentó a su lado, un bolso bajo el brazo y sin su característica bata simple.

No obstante, ayuda a disipar el estrés —contesta el doctor y parpadea.

La oji-ónix le está dando una sonrisa extraña que aparece seguido en su presencia.

A tu edad, deberías saber de mejores formas de quitarte el estrés —son sus palabras acompañando la mirada.

El cuello se le puso rígido de pronto al quincy. La colilla cayendo leve hacia abajo, mientras el oji-zafiro la escrutaba con los ojos unos segundos.

Ella no se rindió cuando Uryuu volteó nuevamente la cara hacia delante, pero con una inclinación ligera arriba, mirando hacia lo lejos. Estaba sonriendo en burla de su pensar, aspirando al interior el vaho del tabaco. Luego sacó el cigarrillo de los labios y deshizo la nueva ceniza con un movimiento de sus dedos.

Vamos, Ishida-san —utilizó esa manera de llamarlo que desde hacía tiempo no usaba—. Eres más inteligente que eso.

Uryuu sonríe.

Te refieres ¿a qué podremos finalmente hacer el amor esta noche? —su voz le sale tan dulce, que le quedaría mejor haberlo dicho con una sonrisa de lado porque es obvio que le toma el pelo.

Karin enrojeció y ahora él se burla de que mirara atrás, demasiado alarmada por si alguien logró escucharr. Sí, así de tímida es con el tema. Al volver la vista, él está conteniendo la risa.

L-lo digo en serio —le hace frente, seria—, y apaga eso, me hace daño.

Por supuesto, tu rostro se ve así únicamente por el humo.

¡Lo decía en serio!

No te fuerces a ti misma, no es un problema si no te sientes lista aún.

...

...

A pesar de intentarlo, acabaron teniendo su primera vez recién cuando ella estaba a poco de la mayoría de edad. Eso la hizo sentir algo patética.

"Me sigo preguntando cómo él pudo esperarme tanto", porque por muy buena persona que sea Uryuu, sigue siendo un hombre.

—Tal vez el fap-peo sea la respuesta —susurra, concentrada—, y que me falten algunas fotos de cuando fuimos a la playa.

Su análisis le hace ganarse otra almohada como proyectil en dirección a su cabeza, la cual a duras penas esquivó.

—¡Deja de ser obscena!