Christian llegó rápidamente a la recepción. Allí buscaba con ansias a Erika, su mejor amiga y confidente, lo más parecido a una hermana. Cuando la encontró, la llevó a rastras a un lugar alejado de la gente.
-¿Qué te pasa, Christian?-preguntó extrañada.
-Lleva a mi madre y a mi hermana a casa-le pidió-. Necesito irme de aquí rápidamente.
-Claro claro-aceptó-. ¿Por qué me pides eso? ¿Qué pasa?
Christian bajó la mirada y crispó los puños.
-Ana está aquí-repuso suavemente-. Viene detrás de mí y necesito huir.
Erika abrió la boca asombrada.
-¿Por qué huyes de ella, si la amas?-preguntó al recomponerse un poco.
Christian observó a Erika con los ojos muy abiertos.
-No quiero que vuelva a lastimarme-repuso mostrando por primera vez algo de debilidad-. Ya he sufrido demasiado.
-De acuerdo-aceptó Erika -. Pero si ella logra alcanzarte, quiero que le des una oportunidad.
-Está bien-aceptó-. Te encargo a mis dos mujercitas.
-Descuida. Estarán bien-repuso Erika.
Christian salió corriendo seguido de cerca por Orión y juntos llegaron al parqueadero de la escuela. En este lugar Christian se dio cuenta que Ana lo había alcanzado. Se apresuró a abrir la puerta del pasajero para que el can entrara y la cerró. Luego se subió al lado del conductor y sin perder tiempo arrancó su flamante Audi SUV.
Ana lo vio subirse al auto y también corrió al suyo.
-No vas a huir de mí siempre, Christian Grey-comentó mientras se subía y arrancaba el auto de su hermano.
La persecución no fue tan peligrosa. Las calles de la Seattle estaban vacías.
El par de muchachos aceleraron sus autos al máximo. En el carro de Christian había mucha actividad.
-Ya deja de perseguirme o terminaré deteniendo el auto para poder ir y besarte-comentaba mientras aferraba el timón con fuerza.
A su lado, Orión gemía suavemente. Su amo lo miró.
-No me hagas esto, amigo-respondió a los gemidos del animal-. Yo sé que la extrañas, a mí me pasa igual pero ella me lastimó y su padre mató a nuestro hijo. No directamente pero provocó el accidente que hizo que Ana perdiera al bebé.
Christian se hundió en sus pensamientos y dejó de prestarle atención a la carretera. Volvió a la realidad cuando escuchó el bocinazo que otro auto le lanzó.
-¿Qué le pasa, idiota?-le gritó el conductor.
Christian frenó en seco y con la mano arriba se disculpó. Su Audi quedó detenido al lado del andén mientras él tomaba un poco de aire. Por el retrovisor, vio que un automóvil blanco se detenía justo detrás del suyo. Con resignación miró a Orión y se dio cuenta de que el perro trataba de abrir la puerta de su lado para salir. Sonrió y quitó el seguro para que el animal saliera. Cuando se sintió libre el perro corrió hacia Ana que ya había salido de su auto. Christian también bajó del suyo y observó el hermoso rencuentro.
-Hola, Orión-Ana acariciaba al perrito que saltaba contento de un lado a otro-. Estás enorme y muy hermoso. Al parecer, han cuidado muy bien de ti.
Ana se incorporó y miró a Christian. El pianista también la observó fijamente.
-Lo has cuidado bien-dijo Ana para hacer conversación.
-Es más que mi amigo-contestó Christian-. Es como si fuera mi hijo-bajó la cabeza-. Un reemplazo por el que perdí hace años.
Ana sintió que una presión empezaba a apretarle el corazón. Quería gritarle que el hijo de ambos estaba vivo y preguntaba por él todo el tiempo además de que eran idénticos. Sin embargo, no fue capaz de decírselo.
-¿Por qué volviste?-preguntó Christian al notar que ella no decía palabra alguna.
-Quería hablar contigo-repuso ella-. Pedirte perdón y decirte que lo que te dije hace seis años no era cierto.
¡Alarma!
-¿De qué estás hablando exactamente?-preguntó con cuidado el muchacho.
-No es cierto que haya dejado de amarte-repuso ella sabiendo que no era toda la verdad-. Solo lo dije para protegerte de mi papá.
Christian abrió la boca para hablar pero no pudo. Su mirada se volvió distante y estuvo a punto de sonreír pero llevaba demasiados años siendo tan oscuro y frio que lo único que hizo fue volver a mirar a la chica fijamente para mentirle como nunca lo había hecho con ella.
-¿Aún me amas?-se rio oscuramente.
-¿Crees que estoy mintiendo?-preguntó desesperada-. Yo no jugaría nunca con eso.
-Lo hiciste una vez y me convertiste en lo que ahora soy-le reclamó Christian poniéndose serio-. En mi corazón ya no hay amor para ninguna mujer. Mucho menos para ti.
-¿Qué dices?-Ana comenzó a llorar-. ¿Estás queriendo decir que no me amas?
-Exactamente eso dije-repuso-. Yo ya no te amo, Anastasia Steele. Las únicas mujeres importantes en mi vida son mi madre, mi hermana y Erika, mi mejor amiga.
Ana observó con dolor a su amado Christian. En el fondo sentía un dolor muy grande por aquella confesión que el muchacho le había hecho. Aunque aún guardaba la esperanza de que él estuviera mintiendo.
-Entonces esta charla no tiene sentido-comentó Ana en tono entristecido.
-No-repuso él sin dejar de mirarla.
Ana no dijo más. Christian llamó con silbido a Orión y el perrito corrió hacia la camioneta y se montó en ella. El muchacho cerró la puerta y puso los seguros para que el animal no saliera. Orión intentó a abrir la puerta de su lado pero no lo consiguió. Ana lo escuchó gemir y comenzó a llorar.
-¿Por qué lo hiciste?-preguntó enojada-. Yo quiero estar un rato con él. Orión nos pertenece a los dos.
-Pero yo lo cuide por seis años y solo-replicó manteniendo su frialdad-. Cualquier día puedes ir a mi casa por él y con gusto dejaré que pasen juntos todo el tiempo que quieras. Por ahora, es mejor que nos separemos y pensemos bien las cosas.
Sin permitirse esperar a que Ana dijera algo, Christian se subió a su auto y la puso en marcha rápidamente. Ella lo observó mientras se iba.
-Has cambiado, Christian Grey pero haré todo lo que este a mi alcance para que vuelvas a ser el de antes-comentó-. Y aunque no me perdones nunca, estaré feliz de ver al chico del que me enamoré.
Christian manejaba de manera controlada a través de las calles. Su cabeza daba vueltas y el lento gemir de Orión ya lo estaba desesperando.
-No me hagas esto, amigo-dijo mientras acariciaba con su mano al perrito que se había recostado en sus piernas-. Es difícil pero tenemos que superarlo juntos. Eres lo único bueno que ella me dejó-lloró un poco-. Saber que había planeado tantas cosas para vivir con Ana y mi hijo y que de un momento a otro todo se fue al caño de golpe y no pude hacer todo lo que había programado. Me daba miedo ser padre pero estaba dispuesto a aprender. A hacer de mi hijo todo un hombre o a proteger a mi princesa de haber sido una niña.
El muchacho continuó conduciendo mientras se reprendía a sí mismo. Fue débil ante ella y mentirle de esa manera fue más fuerte que nada en el mundo. Las enormes lágrimas que corrían por su rostro era la clara muestra del dolor que mentirle a ella le había producido.
Tardo cerca de media hora en llegar a su casa. Aparcó con suavidad en el garaje y se bajó de la camioneta, llevando en brazos a su fiel Orión que se había quedado dormido durante el viaje. No quiso entrar a la casa sino de que dio la vuelta alrededor y se sentó frente a la puerta trasera mientras observaba a su perro dormir.
-¿Te vas a quedar hay toda la noche?
Christian dio la vuelta y vio a su hermana parada detrás de él con las manos cruzadas sobre el pecho y el ceño algo fruncido.
-Hablé con ella-repuso a modo de respuesta-. Creo que eso ya me hace mucho mal.
Mia se sentó a su lado y se recostó en él.
-No sé porque conserve a Orión-comentó mientras acariciaba la cabeza del perro-. Me la recuerda todo el tiempo y me hace dar cuenta que no puedo vivir sin ella pero tampoco puedo perdonarla por lo que me hizo.
-¿Qué te dijo?-pregunto Mia.
-Que si me ama y que venía a pedirme perdón por lo que me dijo hace años-contestó aún sin creerlo-. Se veía tan hermosa y lloró cuando le dije que ya no la amaba-su mirada se perdió en un punto lejano-. Sentí que el alma se me partía en miles de pedazos cuando la vi llorar.
-¿Por qué le mentiste de esa manera?-le preguntó Mia-. Estás enamorado de ella y no me lo vas a negar porque puedo verlo en tu mirada.
Christian no quiso decir palabra alguna e ignoró la pregunta de su hermana.
-Creo que iré a dormir-comentó mientras se levantaba y cogía a Orión en sus brazos-. Estoy cansado.
Mia se sorprendió por la decisión de su hermano pero prefirió no decir nada. Su hermano se iba a dormir y no quería que el muchacho se hiciera para atrás y pasara la noche entera en vela.
-Descansa, hermano.
El muchacho caminó hacia su habitación. Se encerró allí y puso a Orión sobre la cama mientras lo arropaba con las cobijas.
-Espérame un momento amigo. Voy a ponerme ropa de dormir.
Con cuidado se quitó el elegante traje oscuro y lo metió a su armario. Se puso una camiseta negra y en pantaloncillos se metió a la cama. Abrazando con fuerza a Orión, se quedó profundamente dormido.
En otro lado de la ciudad, Ana manejaba con dificultad hacia su casa mientras lloraba. A través de la ventana veía la lluvia caer.
-"Otra vez tocando esa canción, Teddy"-pensó Ana con profunda tristeza-. "Cada vez que la tocas, recuerdo lo que tu papá me dijo cuándo se enteró de tu existencia"
Christian Grey músico entregado y noble personalidad además de caballero y nada machista se había convertido en la razón por la cual ella había vuelto a sonreír. Enterarse de que esperaba un hijo de él fue la mejor noticia que le habían dado en toda su vida y recordó esas palabras tan hermosas que le dijo la tarde que se vieron y ella le contó la noticia. "Mi hijo va a ser músico como yo y la primera canción que aprenderá será la canción de las tormentas".
Teddy Steele tenía seis años de edad y había crecido con el estigma de tener papá y no conocerlo. Le había mentido cruelmente a su hijo diciéndole que su padre había desaparecido un día de sus vidas y que no lo había vuelto a ver. El pequeño niño siempre buscaba más información acerca del hombre que le dio la vida pero nadie le daba razón alguna de aquel personaje. El problema para Ana era que veía en Teddy al propio Christian. Eran idénticos.
Llegó a su casa mientras trataba de tranquilizarse un poco. Todos debían de estar en casa y no quería alterar a su mejor amiga ni a Elliot y mucho menos a su hermano, Ethan.
Entró suavemente esperando no hacer mucho ruido. No vio a nadie en la sala, así que se dirigió hacia la habitación del pequeño Teddy. Con cuidado la abrió y descubrió que el niño se había quedado dormido sobre la clavinova que su abuelo le había regalado. Sonriendo se acercó a él y lo levantó en sus brazos.
-Eres más que idéntico a tu padre-comentó ella suavemente-. Él también solía quedarse dormido mientras tocaba el piano.
Suavemente le cambió la ropa por el pijama y lo acomodó en su cama, bajo sus cobijas calientitas. Por la ventana pudo ver que el cielo se había despejado y la luna brillaba esplendorosamente sobre el cielo. Con cuidado le dio un beso en la frente al niño y salió del cuarto.
No quería alarmar a nadie así que se dirigió rápidamente a su habitación pero a la mitad del camino se topó con Ethan.
-¿Dónde estabas?-preguntó enojado.
Ana se detuvo y se dio la vuelta para mirarlo.
-Yo solo quería tomar algo de aire-replicó ella tratando de contener las ganas de llorar que tenía.
-¿Estás segura?-se le acercó-. Me dijeron que te habías ido detrás de Grey.
Ana no pudo contener más el dolor que tenía encerrado en su corazón y abrazando a Ethan rompió a llorar con fuerza.
-¿Qué te pasa?-la abrazó-. No llores de esa manera. ¿Qué te hizo Grey?
-Me dijo que no me amaba-respondió ella sin dejar de llorar.
-¿Le contaste de Teddy?-la apartó para mirarla a la cara-. ¿Le dijiste que su hijo estaba vivo?
-No fui capaz, Ethan-repuso ella desconsolada-. Tal vez si le decía me iba a odiar más y no quiero eso. Yo solo quiero que me ame y ser la mujer más importante en su vida.
-Mañana es tu primer día de clases en esa academia de música y van a trabajar juntos-repuso Ethan-. Tendrás que verlo todos los días. ¿Qué piensas hacer?
-No sé, Ethan-volvió a abrazarlo-. Por favor, no le digas a papá. Sabes que detesta a Christian y lo va a matar si se entera que he vuelto a verlo.
-Ana-replicó Ethan-, no puedes ocultar toda la vida a Christian de nuestro padre. Ya eres toda una mujer, con una profesión y una vida realizada y tienes derecho a elegir al padre de tus hijos. Lamentablemente, elegiste a un hombre que no le agrada a papá.
Ana no fue capaz de decir nada más. Solo apretó a Ethan con mucha fuerza y siguió llorando. Ethan la llevó a su habitación y la ayudó a acostarse. Su hermana seguía llorando y tenía ganas de ir a buscar a Christian y partirle la cara por hacerla sufrir de esa manera. Sin embargo, por el bien de su hermana prefirió esperar a que ella se quedara dormida y a que las cosas siguieran su curso normal.
