Disclaimer: La novela, el manga,el anime de Candy Candy y sus personajes no son de mi autoría sino de Misuki Kyoko, Igarashi, Yumiko , TOE Imagination.
Esto está escrito sin fines de lucro y solo con el ánimo de entretener y expandir la mente.
La historia está dedicada a una amiga muy querida en el día de su cumpleaños junto a su personaje preferido. Suno-chan ¡disfrútalo!
Soneto de Amor
Brenda, nombre de planta o piedra o vino,
de lo que nace de la tierra y dura,
palabra en cuyo crecimiento amanece,
en cuyo estío estalla la luz de los limones.
En ese nombre corren navíos de madera
rodeados por enjambres de fuego azul marino,
y esas letras son el agua de un río
que desemboca en mi corazón calcinado.
Oh nombre descubierto bajo una enredadera
como la puerta de un túnel desconocido
que comunica con la fragancia del mundo!
Oh invádeme con tu boca abrasadora,
indágame, si quieres, con tus ojos nocturnos,
pero en tu nombre déjame navegar y dormir.
-Pablo Neruda-
¡No me gustas!
Una cálida mañana de verano…
¡Bring! ¡Bring! ¡Bring! ¡Bring!
-Oh, por favor... ¡Ya cállate!- espeté medio dormida al aparatejo vibrante, como cada mañana, después de apagar por tercera vez mi despertador.
Realmente me costaba un descomunal esfuerzo levantarme para ir a trabajar y más aun con la disminución de temperatura de los últimos días. Se acercaba el cambio
de estación.
¡Bring! ¡Bring! ¡Bring! ¡Bring!
Abrí un poco los ojos para ver el reloj cuando noté que me había pasado diez minutos de la hora, lo cual significaba que si me quedaba un minuto más en cama, no lograría llegar a tiempo a la estación de tren. Y si no lo conseguía, esperar por otro tren, me retrasaría media hora y por lo tanto recibiría mi tercera llamada de atención ese mes, lo cual conllevaría a un memorándum o tal vez perdería mi empleo.
-¡Oh, joder! ¡No puede ser! ¡No puede ser!
Como un torbellino me fui a asearme, colocar las cosas en mi cartera, me vestí lo más rápido que mi fuerza humana permitía y en pocos minutos, me vi cuesta abajo en dirección a mi zona de embarque.
-¡Uff! ¡Con las justas!- susurré apenas con aliento cuando se cerraron las puertas del tren a mis espaldas.
Aunque había logrado coger el tren de esa hora, lo cual me tranquilizaba enormemente, sabía que por haberme quedado dormida, debía saltarme el desayuno y por ello mi estómago protestaría en algún momento de la mañana pidiendo comida.
Llegué con mi sonrisa habitual a mi área de trabajo, y después de marcar tarjeta, me dirigí hacia uno de los ascensores que me llevaría al piso 23 del edificio "Suntory Andrew".
Esa mañana, como nunca el área de RRHH se encontraba más inquieto que de costumbre. Los susurros y cotilleos siempre habían estado a la orden del día, pero jamás había visto rostros tan sonrojados.
- ¡Hola, Candy!
Giré con una sonrisa para saludar a una de mis amigas de trabajo con la cual me llevaba muy bien.
-¡Hola, buenos días Ivonne!
-¿Ya sabes de las ultimas noticias del departamento de gerencia?-preguntó mi amix con unos ojos emocionados.
-Eh… ¿noticias?- pregunté extrañada.
Mi amiga roló los ojos después de menear su cabeza de manera negativa.
- No sé porque no me sorprende, Candy. Pero siendo una chica observadora en serio ¿no has notado que el ambiente ha cambiado en algo?
- Etto...¿Te refieres a que hoy están cotilleando más que de costumbre?-pregunté confundida.
El móvil de mi amiga vibró en ese instante por lo que apurada dijo que me vería a la hora del receso y se dirigió a su escritorio raudamente, dejándome extrañada.
Encogí mis hombros y regresé a mi lugar, tal vez la falta de alimento estaba afectando la velocidad de mi pensar, pero la verdad es que en ese momento no entendía nada.
Un sonido muy incómodo emergió de mi estómago y esa fue mi señal para guardar concienzudamente mi cartera en el escritorio no sin antes sacar mi billetera e ir a comprar un bocadillo al cafetín que se hallaba dos pisos hacia arriba de mi zona de trabajo.
No era muy sociable en ese entonces por lo que me molestaba todo ese ruido que ya no era disimulado y por lo tanto sin proponérmelo escuché lo que decían mientras pasaba por allí.
-¡Wow! Pero que chico tan apuesto ¿Lo han visto?- dijo una de las chicas que reconocí se desempeñaba como secretaria en el piso número 15.
-Dicen que es el sobrino del gerente general, pero que ha querido ingresar como pasante. No desea un trato especial.-respondió muy segura Gina.
-¿En serio? – preguntó Luisa sorprendida.
-Awww…¡eso es tan lindo!-comentó Adriana con las manos en el pecho emocionada.
-Cómo se esperaba del sobrino del Presidente…. Siempre tan responsable.- atinó a decir Soraya.
-Eso significa que podremos verlo a menudo.- dijo Alejandra mientras agitaba su lápiz sobre su agenda dorada coquetamente.
-Tiene los mismos ojos azules que mi chico dorado Albert- intervino soñadora Lucy.- Quién sabe si también es galante como él.
-¿Saben en qué piso va a estar el Sr. Brower chicas?- Preguntó Delia de pronto.
- No, lo sé… -explicó Ana Rosa.-Precisamente se encuentra reunido con su tío y los demás miembros del consejo. Al parecer el Sr. Ardley ha decidido presentarlo apropiadamente, a pesar que el joven Brower ha querido pasar desapercibido en un principio…
Entendí que la convención de cotilleos, iba a seguir por un largo rato, y curiosamente yo me había detenido a escuchar, algo muy raro en mí. Revisé mi reloj y noté que debía darme prisa si no quería que el jefe de mi departamento me retase.
Al llegar a la cafetería, compré rápidamente lo que necesitaba y regresé por el pasillo con la misma prisa.
Tener a Neil Leagan como jefe de departamento a veces podía ser demasiado exhaustivo. Sin embargo no me podía quejar ya que su trato no era malo y el sueldo bastante generoso. En realidad lo que él pedía era eficiencia y yo me esforzaba a diario para que no tuviera queja alguna.
Como no estaba segura cuánto duraría la junta de negocios en la cual se hallaba, era mejor que el jefe me encontrase en mi labor.
Al girar a la mano derecha por el pasillo que llevaba a mi oficina, casi choco por accidente con un chico muy alto que pasaba con un fichero en brazos distraído leyendo un informe.
Ambos nos sobresaltamos cuando nos dimos cuenta de lo que había estado a punto de pasar, por lo que quise disculparme apropiadamente pero cuando nuestras miradas se encontraron, simplemente me quedé absolutamente perdida en el océano azul de su mirada.
Tenía una mirada tan limpia y cristalina que a su vez parecía traspasar la mía como si pudiese leer lo más profundo de mis pensamientos. Aquello me conmocionó y no pude notar que él también se hallaba sorprendido.
«Wow…además era endemoniadamente guapo»
-Perdón por mi imprudencia, señorita.- comenzó a disculparse ligeramente ruborizado.- Debo tener más cuidado si no deseo ser tildado como "atacante de chicas hermosas".
«¿Oh, cielos… porqué tuvo que decir , eso?- pensé roja como un tomate.»
Él me seguía mirando con un rostro genuinamente preocupado y lo único que consiguió fue que yo me sonrojase mucho más.
-Eh... ¡no! ¡No!- dije extendiendo la mano de manera enérgica dando a entender que no había sido nada.- Yo iba apurada... y... y... debí darme cuenta. ¡Sí!... ¡eso! Discúlpeme por favor señor…
-¿Qué voy a hacer contigo, preciosa?-dijo él con una sonrisa limpia a la vez que disminuía la distancia entre nosotros.- Primero te sonrojas y luego te disculpas. Es que acaso ¿estás tentándome?
-¡¿Qué?!- respondí avergonzada y molesta por no saber a qué se refería él.- ¡No saque conclusiones estúpidas señor!
- Ja,ja,ja .- Rió nuevamente, inocente de que esa sonrisa suya me estaba derritiendo el corazón.- Tranquila, preciosa. Realmente te ves adorable con todos esos gestos que acabas de hacer.- Y haciendo una reverencia hacia mí, continuó.- Soy un caballero señorita. Jamás haría algo inapropiado con ninguna dama a menos que…- me miró seductoramente.- Me lo pidiesen por supuesto- completó la frase.
- ¿Eh?- No podía creer lo que ese sujeto estaba hablando.
« Imbécil»
- Ha sido un enorme placer conocerla Srta…-hizo una pausa para poder mirar mi placa de identificación a la vez que tomaba mi mano y depositaba un ligero beso en ella sin quitar la vista de mis ojos.- Candy White.
Una sonrisa de satisfacción apareció en su rostro al ver como yo temblaba e inclinando nuevamente su cabeza hacia a mí a manera de despedida, siguió su camino.
Me quedé paralizada unos segundos. ¡Me había olvidado de respirar!
«¡Cielos! ¿Qué rayos había sido eso?»
Y lo peor de todo es que cuando había dicho mi nombre con esa voz tan suave y ronca, yo había estado a punto de lanzarme en sus brazos. El aliento cálido de su boca había hecho que mi espalda sintiera pinchazos y mis rodillas a punto de derribarse al suelo. Me habría dejado hacer simplemente con ese gesto.
Abrí los ojos desconcertada por aquel descubrimiento.
¡Oh! ¡Oh!
-Candy mala, ¡CAndy mala!-Me dije avergonzada por la dirección de mis pensamientos y fastidiada por el efecto que tenía ese desconocido rubio en mí.
Retomé mi camino hacia la oficina esperando que mi rubor no se notase y me senté detrás de mi escritorio lista para comenzar el día.
Como a eso de las diez de la mañana, mi jefe me pidió unos informes que necesitaría para la reunión que tendría esa tarde, así que me concentré por completo en mi trabajo quedando olvidado el incidente de la mañana.
A la hora del almuerzo fui al comedor y lo que vi allí me sorprendió.
Era muy raro ver a los ejecutivos de la empresa reunidos a esa hora, pero al parecer ese día sería una excepción porque casi todos ellos se encontraban almorzando y riendo en sincera camaradería.
Me dirigí a la mesa donde estaban mis amigas y pude notar que seguían con el mismo rollo de la mañana: Anthony Brower.
Silenciosamente me digné a degustar mi comida, mientras observaba a la mesa de enfrente.
Noté que el presidente de la corporación William Albert, ese día se veía realmente relajado al igual que el amor de mi amiga Soraya, el señor Jhonsson. Todos ellos estaban vestidos de traje y quepa decir, que no se podía negar la perfección que ese grupo irradiaba. Uno a uno fui examinándolos en busca de algún defecto, cuando de pronto, mi visión chocó con la mirada de ese chico rubio con el que me había topado en la mañana. Me sonrojé al instante y desvié la mirada derrotada. No era posible que fuese humano, tanta exquisitez me hacía querer gritar.
Sabiendo que no podría dar explicaciones de mi sonrojo a mis amigas me levanté, para sorpresa de ellas, de la mesa con mi almuerzo en manos y busqué comer en una de las oficinas con vista al exterior.
Las semanas pasaron en relativa calma, digo relativa porque hubo varias ocasiones en que estuve a punto de encontrarme personalmente con el Sr. Brower, sin embargo ni bien cruzábamos miradas, yo salía huyendo prácticamente de ahí.
Un día, de regreso a la estación comenzó a llover repentinamente y no me quedó de otra más que buscar refugio en algún negocio local. Para mi mala suerte, no encontré ninguno abierto, por lo que resignada comencé a caminar bajo la lluvia, cuando una mano cogió mi muñeca jalándome bajo un paraguas a prisa.
Como estaba oscuro, no pude notar muy bien quién era y lo que quería conmigo, así que como pude comencé a buscar mi gas pimienta que portaba en el bolso y cuando lo hice jalé con todas mis fuerzas para que el desconocido se girase y así atacarlo.
¡Splash!
-¡Eh!-protestó una voz demasiado conocida, cogiendo mi pote de pimienta antes de ser usado- ¿Así es como tratas a quien se porta amable contigo?
Me quedé paralizada cuando pude ver el rostro de aquella persona.
-¡Señor Brower!-espeté indignada.- ¿Cómo se le ocurre que voy a imaginar que podría ser usted el que me estaba llevando a rastras?
-Vaya, preciosa.- comentó enarcando una ceja.- Un simple gracias es más que suficiente ¿lo sabías?
-No me importa lo que usted piense Sr. Brower.- contesté ruborizada.- Sin embargo…le debo una disculpa y… y.. gra-cias por cobijarme bajo la sombrilla.
-Oh, venga Candy.- me tuteó con esa voz tan suya.- No tienes que ser tan formal conmigo, después de todo trabajamos en la misma área.
Al ver que no iba conseguir una respuesta de mi parte, suspiró resignado, cogió mi mano y continuamos caminando bajo la lluvia en silencio.
Agradecida por que no me atosigase de preguntas, me atreví a mirarle de reojo de rato en rato y cuando lo hacía, él me sonreía con mucha calidez haciendo que yo girase avergonzada mi rostro.
«¡Cómo una adolescente!»
Sin darme cuenta llegamos a una zona de lujosos departamentos y él se dispuso a ingresar ahí.
-¿A dónde me lleva Sr. Brower?- pregunte alarmada.
- A mi piso por supuesto, Candy.
-¿Qué? ¿ ¿Por qué?...yo ... No puedo… debo ir a la estación… mi casa… eh... Eh...- comencé a balbucear nerviosamente.
Estar a solas con él era lo menos que quería, más que nada porque yo no estaba preparada para el cumulo de sensaciones que mi cuerpo experimentaba cada vez que él estaba cerca.
-Candy… no sé qué estás pensando, preciosa.- respondió impaciente.- Sin embargo te aclaro que no puedo dejarte ir en esas condiciones a tu casa. Pescarás un resfriado y Neil, puede ponerse de mal humor si se enterase que he dejado ir a su brillante coordinadora de RRHH en tal estado.
Aquello me agarró de alguna manera con la guardia baja, Anthony llevaba razón: no podía darme el lujo de enfermarme a estas alturas que se estaban llevando unas negociaciones muy importantes para la corporación.
Suspiré pesadamente y asentí con mi cabeza:
-Acepto.
-Bien.- contestó Anthony – Déjame guiarte al cuarto de baño y encontrarás todo lo necesario para que te des una buena ducha. ¿Te parece?
-¡Sí! – apenas pude decir mientras iba tras suyo.
Ya los nervios me estaban traicionando, me sentía al límite. Todo me parecía tan surreal. Un sueño.
Entonces el contacto del agua caliente comenzó a relajar uno a unos mis miembros agarrotados por el frío y dándome por vencida me introduje en la bañera completamente y me permití disfrutar unos minutos más quedándome dormida.
Cuando desperté unos minutos después sobresaltada, noté para mi alivio que no habían pasado mucho tiempo porque el agua seguía tibia. Así que envolviéndome en la toalla, fui a buscar mi ropa que para mi sorpresa no estaba donde la había dejado y en su lugar habían otras.
-¡Ahhhh!- grité alarmada de solo pensar que Anthony había ingresado a la habitación mientras yo estaba en la bañera. ¡Desnuda!
-¿Todo bien, Candy?- escuché su voz a través de la puerta.
-¿Cómo pudiste?- reclamé avergonzada. -¿Dónde está mi ropa?
- Puedes estar tranquila, Candy. Tu ropa se lo ha llevado una de las mucamas y en su lugar ha puesto ropa seca.- me explicó tranquilo- No pensarás estar en toalla todo el tiempo ¿verdad?
-No…eh… yo… Gracias, Sr. Brower.
Me sentí como una tonta al haberme precipitado en sacar conclusiones. Me cambié con las prendas que habían sido dispuestas para mí, preguntándome como es que Anthony podría saber mi talla. Sin embargo, no me atrevía a abrir un tema de conversación cuando lo único que estaba haciendo él, era ser amable conmigo.
Así que respirando profundamente me propuse a sobrevivir la velada sin importar qué.
Pasaron los días después de aquella noche lluviosa y aunque aún no me sentía del todo cómoda con su presencia, al menos no salía huyendo cuando él me saludaba desde lejos con una sonrisa que yo correspondía con timidez.
Eran las diez de la mañana cuando Anthony se me acercó para hablar directamente:
- Quiero preguntarte algo, Candy.
- Sí, por supuesto Sr. Brower.- accedí con una sonrisa.
-Puedes llamarme Anthoy, Candy- me pidió con una mirada tierna.- ¿Por favor?
- Está bien… An-thon-ny.- mascullé resignada.
-¿Ves?- sonrió nuevamente.- No ha sido nada difícil ¿verdad?
No dije palabra, solo me limite a asentir.
-Bien como verás… Sé que septiembre es un mes especial para ti. Así que me gustaría pedirte que me permitas pasar el día de tu cumpleaños contigo.
-¿Qué?-pregunté curiosa.- ¿Cómo sabes la fecha de mi cumpleaños?
- No es gran cosa. Tengo acceso a los datos del sistema y yo….- se tapó la boca con una mano unos segundos.- ¡rayos! Eso suena a una travesura…
-¡Tendrás problemas si te descubren!- le recriminé preocupada.
- Es probable-respondió sonriente y encogiéndose de hombros.- Pero habrá valido la pena si aceptas salir conmigo ese día.
-Realmente no tiene remedio Sr. Brow… eh... es decir, Anthony.
- Ja,ja,ja. No te preocupes preciosa. Estaré bien.- dijo cogiéndome la mano con suavidad, haciendo que mi pulso y mi rubor se incrementase a mil- ¿Y qué dices?¿Aceptas?
Sin poder creer lo que mi boca decía dije :
-Sí, acepto.
-¡Excelente! Es una promesa entonces. ¡Me has hecho el día, Candy!- habló con mucha energía y sonriendo.
«¡Cielos, como amaba esa sonrisa!»
Estuve en las nubes el resto del día, la noche y al día siguiente soñando con la cita pre establecida con Anthony. Las demás chicas comenzaron a notar mi comportamiento extraño cada vez que él estaba por ahí y empezaron a hacerme preguntas incómodas que no podía responder.
-¿Por qué siempre te está mirando Anthony Brower, Candy?-preguntó Ivonne una de mis amigas, de manera maliciosa.
- ¿Es que acaso están saliendo en secreto?-indicó Adriana un poco impaciente.
- He visto como sonríe cada vez que te mira.- terció Luisa con una sonrisa picarona.
-¿Hay algo que nos desees comentar?- Insistió Carolina con el rostro serio.
-Porque no dices nada…- Esa era Alejandra con un puchero.- Es que acaso no confías en nosotras. O será que…-
-¿Te ha besado, ya?- preguntó Lucy curiosa.
-¿Te gusta gusta Anthony?- presionó Sherezada.
Aquello me hizo explotar.
-¡Arggggg!- espeté alterada frunciendo el ceño. Si seguía así de seguro cogería una jaqueca.- ¡Basta! Me molestan con sus preguntas y ¡no! Para contestaros a todas: ¡NO ME GUSTA ANTHONY BROWER! ¡Ni ayer, ni hoy ni nunca!
Un silencio sepulcral se hizo en el comedor. Había olvidado que me encontraba allí, así que cuando giré asustada en la orientación donde se encontraba Anthony, pude notar su mirada triste en dirección mía. Los demás me observaban como si me hubiese salido tres cabezas, lo cual no presté atención porque la contemplación de Anthony aún seguía fija en mi como esperando que yo desmintiese lo dicho.
Parpadeé muchas veces asimilando lo que terminaba de afirmar con vehemencia cuando justamente era ¡lo contrario!
¡Anthony me gustaba y mucho!
Me decidí a ir a su lugar para explicarle mi comportamiento cuando una mano en mi muñeca me detuvo a mis espaldas.
-¿Dónde crees que vas Candy?- Era Adriana quien claramente estaba molesta.
Yo no supe que decir en ese momento. Es más nada me pareció más importante que buscar a Anthony y si era posible que me disculpase semejante desfachatez de parte mía.
Me liberé con firmeza de la presa que ella había hecho en mi brazo y miré hacia la mesa donde minutos antes él había estado sentado, y la hallé… vacía.
Desde aquella vez en el comedor, no he podido contactar con Anthony. Supe por la alta dirección que Anthony había ido de viaje y su retorno a la empresa era incierto. La noticia me ha caído fatal.
He hecho todo por inercia en el trabajo sin la motivación de tener su sonrisa rodeándome a diario. Le extrañaba, le quería y sin embargo cobardemente había negado mis sentimientos por él.
La víspera de mi cumpleaños llegó y con ello el crujido más intenso en mi pecho dolorido.
Las chicas habían acordado darme un viaje sorpresa hacia un lugar llamado "La cabaña del bosque", así que a regañadientes, empaqué unas pocas cosas y demoré más de lo debido con la esperanza que él me diera una llamada.
Las horas pasaron lentas y tortuosas en la cabaña, todo el mundo estaba muy animado excepto mi persona.
No quería ser aguafiestas, mi desanimosidad no ayudaba a nadie así que decidí ir a la zona de las aguas termales y me dispuse a relajar mi cuerpo en las aguas calientes que me recordaban a una noche de verano.
Después de cambiarme apropiadamente, sentí un golpe seco en la puerta de mi bungaló, y pensando que era una de las chicas, dije con voz fuerte:
-Está abierto, pasa.
No pasó ni medio segundo, cuando el olor a rosas
inundó la habitación. Reconocí rápidamente a quien pertenecía ese aroma giré a tal velocidad que casi doy un traspiés y caigo de bruces. Si no hubiera sido por Anthony de seguro estaría de narices en el suelo.
-Candy- susurró abrazándome gentilmente.-¿te encuentras bien?
-Antho…ny.
- Feliz cumpleaños, preciosa- comentó él dándome un beso en la frente.
¡No lo podía creer! Después de todo lo que yo había dicho, a pesar de eso… él estaba ahí conmigo sosteniéndome en brazos, lo cual me hizo recordar, lo que me había prometido hacer en caso que lo volviese a ver.
-Anthony- susurré apenas.
-¿Pensaste que olvidaría algo tan importante princesa?- contestó sin soltarme en absoluto.-Pues te confieso que mi cumpleaños es mañana, así que he venido a robarte. Pasarás el día conmigo.
-Perdóname por favor- pedí avergonzada.
Una cosa era disculparse mentalmente. Otra era, en la realidad.
Anthony suspiró profundamente y me aferró más él besando con delicadeza mi frente, mis ojos, mis mejillas, mi nariz. Cuando sus labios estuvieron a la altura de los míos, le oí decir con una voz rasposa:
- Nada me haría más feliz, si fueses mi novia Candy White.
Y diciendo esto, me besó.
Han pasado unos años desde la fecha de mi cumpleaños, sin embargo Anthony y yo hemos ido afianzando poco a poco nuestro amor.
La brisa primaveral anuncia el nacimiento de una vida junto a mi Anthony quien aún hoy en día es capaz de hechizarme con su dulce voz y esa sonrisa seductora.
Lo hemos gritado a los cuatro vientos sin importar qué. No ha sido un camino fácil por supuesto, sin embargo afianzados en la promesa que nos hicimos aquella noche es que hemos podido avanzar día a día juntos.
FIN
One shot escrito como regalo de cumpleaños a una gran amiga admiradora del príncipe de las rosas. Gracias por saludar y dejar su opinión. Bendiciones.
Arigato.
Un abrazo en la distancias,
Lizvet
