Capitulo 1

Esposada a la tubería del barco pesquero, sintiéndose débil por la falta de alimento y con un dolor de cabeza terrible, debido al golpe que le dieron por enésima vez; sabía que la tormenta era demasiado fuerte para esa embarcación, escuchaba a sus captores ir de un lado a otro en cubierta, intentando salvar su vida, olvidándose por completo de ella, dándole una pizca de esperanza para poder escapar.

-¡Te dije que este barco no resistiría la tormenta… vamos a morir Rubeus!

-¡Tú dijiste que no debíamos llamar la atención Diamante!- decía Zafiro, sujetándose a la borda.

-Muerta no nos sirve de nada… no vez que ella sabe dónde está la joya del Rey, no seas tonto Zafiro.

El agua comenzaba a meterse al lugar donde ella se encontraba prisionera, tenía miedo, no quería morir ahí, podía sentir como su mano izquierda se zafaba de las esposas después de varios intentos, no teniendo tiempo que perder y levantándose con energía, como si sus niveles de adrenalina hubieran aumentado, salió por la puerta con cuidado, tomando un tubo para protegerse de cualquier ataque.

Avanzando con sigilo, subía las escaleras una a una escuchando mas allá de la tormenta, sus sentidos estaban mas que alerta, ella sabía disernir entre los distintos sonidos del ambiente, era como si tuviera la habilidad de detener el tiempo y solamente escuchar lo que era importante, escondida podía ver a dos sujetos peleándose, uno de cabellos cual plata y el otro de cabellos rojizos; su visibilidad era casi nula y los movimientos del barco, no eran de mucha ayuda; viendo a los sujetos de espaldas, acercándose cuidadosamente golpeó al pelirojo con el tubo.

-¿Cómo demonios escapaste?- apuntándola con la pistola.

-Unas esposas no van a detenerme- sujetando el tubo con mayor fuerza.

-Más vale que sueltes ese tubo-dijo el sujeto pelinegro atrás de ella, sintiendo una pistola sobre su cabeza.

-No se van a salir con la suya- tratando de soltarse de los brazos del sujeto.

-Claro que si "mi ninfa" después de todo tú nos llevarás hasta la joya del rey.

-¡Ya les dije que yo no sé nada!- dándole un cabezazo al hombre y una patada al que tenía frente a él.

-¡Agárrala idiota!- viéndola saltar a la rubia por la borda.

A pesar de estar exhausta, nadaba como si su libertad dependiera de ello, sin importarle si al final perdía la vida, un rato después que le pareció eterno, sintiendo que sus fuerzas la dejaban sólo cerró los ojos a la tranquilidad que sucedía después de la tormenta y ya no supo más.

Admirando la frescura del mar, sintiendo bajo sus pies la blancura de la arena, no dejaba de pensar en su soledad, técnicamente no estaba solo, pero la compañía del mayordomo y la gente de la isla no eran suficientes para calmar un corazón que se convirtió frío y de piedra. Siendo lo que era, no podía evitar sentirse enfermo consigo mismo y con la desgracia que caía sobre sus hombros y los demás miembros de su familia.

Siguió caminando sobre la playa sin rumbo fijo, cuando pudo admirar una silueta a las orillas de la playa, pensaba que sería un animal marino, pero al acercarse vio que era una mujer, se acercó todavía más para saber si tenía pulso, pero al mirarla detenidamente, podía ver que había sufrido, tenía golpes en su cuerpo, unas esposas en su muñeca derecha y un vestido blanco hecho tirones que casi se perdía con la blancura de su piel; rápidamente la tomó entre sus brazos sintiendo un leve calor emanando de su cuerpo, se dirigió al palacio sin perder tiempo, entrando estrepitosamente gritando el nombre de su primo.

-¡Yaten! ¿Dónde estás?- viendo a Artemis, su mayordomo.

-El Sr. Yaten está en su despacho esperándolo- viendo como su amo, sostenía a la mujer entre sus brazos.

-Dile que vaya a mi habitación y que lleve su equipo… rápido.

Subiendo las escaleras del lugar y entrando a su habitación, recostó a la mujer en su cama, viéndola como si fuera una figura etérea que salía de un cuento de hadas, su cabello dorado cual rayos del sol, su rostro fino cual porcelana y unas pestanas largas y espesas, destacaban su belleza.

-¿Qué sucede Darien?- entrando con preocupación, viendo a la joven en la cama- ¿Quién es ella?

-No lo sé la encontré en la playa… con esto- señalando su muñeca.

-¿Prisionera?

-Sólo revísala Yaten… aun respira pero la veo muy débil.

-Si fue una prisionera… la lastimaron más de lo que vemos… por favor pide a Luna que venga.

De inmediato Darien sale llamando a Luna desesperado, la joven en su cama podía morir y por alguna extraña razón, no quería que eso sucediera.

-!Luna!

-¿Si alteza?-saliendo rápidamente de la cocina.

-Ve con Yaten, necesita tu ayuda rápido, hay una mujer herida y puede necesitarte.

La mujer no tardó en dirigirse a la habitación de su amo, cuando llegó, tocó la puerta escuchando al joven Yaten llamarla para que entrara y cerrara la puerta, ante eso Darien se sorprendió pues no sabía que sucedía, no hacía mas que ir de un lado a otro del pasillo esperando noticias.