Aunque no esté seguro


Disclaimer: Este fic usa los personajes del mundo creado por Fujimaki Tadatoshi

Pareja: AomineXKise

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Gracias Lizzy ٩(^ᴗ^)۶


Kise despertó lentamente, no sabía cuánto tiempo había dormido, pero definitivamente se sentía con más energía, tanto que sintió que éste sería un mejor día, por lo menos mejor que el día anterior.

Se dio cuenta que ya no estaba en el área de urgencias, sino en una de las habitaciones del hospital, vio por la ventana, ya era de día.

Una señora entro con el carro de la comida –buenos días– saludo la mujer mayor

–buenos días– saludo cortésmente –¿sabe por qué aun estoy aquí? Anoche debieron de haber venido por mí–

–lo siento, no sé nada, pregúntale al doctor en cuanto venga– dejo la charola con comida en la mesa y se retío –hay cambio de turno–

–gracias– tenía hambre así que no tardo mucho en acabarse lo servido.

Su celular ya con tan solo 12% de batería marcaba las 7:32am, tenía varias llamadas perdidas así como mensajes, los ignoro; espero casi media hora pero nadie aparecía, al ver que aun tenía su ropa puesta se levanto de la cama, podía sentir la tela tiesa donde ayer cayera el agua azucarada, se abrocho el pantalón junto con el cinturón y busco sus zapatos.

Se quito la intravenosa y guardo la cartera que estaba a un lado, y una vez listo salió de la habitación, no se veía nadie aunque se escuchaba mucho escándalo a lo lejos, camino a dicho lugar y vio mucha gente reunida, también había policías, ya había vivido demasiadas emociones por un solo día, prefirió no acercarse.

Y con paso tranquilo fue en dirección contraria, tomo el elevador, llego a la recepción principal y salió del hospital con rumbo a la estación de trenes, para así llegar a su casa.

Aun se sentía mareado y tenía un escozor en la garganta, además de comezón en las heridas, pero quería estar en su hogar lo más pronto posible, no sabía porque pero se sentía nervioso.

–ya estoy en casa, Mamá– saludo al verla en el comedor.

–bienvenido hijo– una mujer rubia de ojos verde cobrizo –creí que llegarías más tarde–

–es que me ensucie y quise venir a cambiarme– le enseño la parte de la ropa sucia

–¿ya desayunaste?–

–ya, pero aun tengo hambre, ¿Qué hiciste para desayunar?–

–perdóname, pero como ni tus hermanas ni tú iban a estar, solo prepare para mí–

Una cara berrinchuda de parte del menor.

–pero mientras te bañas te preparo algo, aun tengo tiempo antes de irme a trabajar–

–gracias mamachi– le dio un rápido abrazo

–no me diga así– un suave coscorrón

–hay mamá–

–¿Qué te paso en la mano?–

–¿Ah?– recordó la venda –me corte ayer, nada grave– extendió la mano –mira ya me la atendieron– una gran sonrisa

–¿seguro?–

–si mamachi– una mirada de regaño de parte de la mayor –me voy a bañar– camino rumbo a las escaleras –¿después me pones la venda de nuevo?–

–si hijo–

Ryouta subió unos escalones –mamá ¿ya tenemos agua caliente?– alzo la voz para ser escuchado

–ya hijo, no te preocupes–

–genial–

Se sentía incomodo de mentirle a su mamá, aunque no era realmente mentira, solo verdades a medias, pero no creía necesario preocuparla.

Puso a cargar el celular y busco ropa para cambiarse, la ropa que tenía desde el día anterior preparada la guardo con fastidio.

No había podido echarle en cara a Aomine su infidelidad, pero ya tenía un nuevo plan: le llamaría para que se encontraran en algún lugar, ya después vería donde, le reclamaría lo de esa chica y cuando estuviera a punto de decirle que lo terminaba le daría un puñetazo en su traidora cara.

Sonrío satisfecho de sí mismo, no iba a permitir que jugaran con él, por más que le doliera saberse no querido.

Una parte de él deseaba que todo fuera una mentira y que su relación no fuera a terminar.

Aun amaba a su moreno, tenía que ser honesto consigo mismo, anoche cuando lo atacaron pensó un instante que Daiki llegaría para salvarlo, y que cuando despertó en el hospital que él estuviera ahí cuidándolo, pero nada de eso fue así. Aomine ya no estaba ahí para él, era una chica quien ahora lo tenía. No supo cómo, pero lo perdió.

..

Cuando salió de ducharse escucho su celular sonar, era su representante, era el momento para reclamarle por haberlo dejado abandonado en el hospital.

–a…–

–¿Dónde demonios estas?– furioso ni siquiera le dejo hablar

Así que él también se puso a la defensiva –me dejaste abandonado en el hospital, se suponía que irías por mi–

–y lo hice, pero cuando llegue el angelito estaba dormido– total ironía –además supe que la enfermera convenció al doctor que mejor te dejaran dormir para que se te pasara la supuesta gripe–

Y vaya que tenía, durante la ducha tuvo un ataque de tos y el dolor de garganta persistía –no te iba a esperar toda la noche, me dio sueño. Además la enfermera estaba preocupada por mi salud, a diferencia tuya–

–te veías demasiado bien para estar enfermo–

–eso es indiscutible, yo siempre me veo bien, ¿a qué crees que me dedico?– dijo en tono alegre el rubio

–…– maldiciones mentales –ya basta, ¿dónde estás? Vine a recogerte y ahora resulta que no estás en tu habitación–

–¿estás en el hospital?–

–obvio– aun enojado el adulto

–pues no vi a nadie así que salí a dar un paseo–

–maldita sea Ryouta, te estamos buscando por todos lados–

–¿"estamos"?, ¿Quiénes?– curioso, estaba seguro que no llevaría a su cita al hospital

–tus amigos y yo–

–¿mis amigos?– confundidos para después… –¿¡le dijiste a ellos!? ¿¡A quienes les dijiste!?–

–¿y ahora por qué tan enojado?, le hable a Hidoki-sama estuviste toda la semana diciendo que estarías en su casa por eso querías que la sesión fuera temprano, así que sospeche que él podría saber que paso–

–claro que no sabía–

–me di cuenta cuando se sorprendió–

–no lo sabían, por eso te marque a ti–

–pues ya lo saben y pasaron toda la noche contigo–

–¿conmigo?, solo en pensamiento porque yo no vi a nadie cuando desperté, es más, tan solo estaba que me aburrí, incluso el pasillo estaba desierto, hasta creí que te habías desecho de mi llevándome a un hospital abandonado–

–tomare nota para la próxima vez que me arruines una cita–

–oye– se escucho indignado

–en todo caso ¿en dónde estás?, en cuanto llegué me preguntaron por ti, todos se espantaron cuando se dieron cuenta que no estabas por ningún lado–

–en primera, no había nadie, en segunda, estoy en mi casa–

–¿en tu casa?, ¿y porque no contestabas tu celular?–

–me estaba bañando, te recuerdo que en una hora es la segunda sesión que tú programaste–

–maldición, es cierto– se oía más calmado Kisaragi

–también debo hacer notar que usas mucho la palabra "maldición"–

–maldición, no molestes–

–ahora si me permites, terminare de arreglarme para estar a tiempo–

–bien, arreglare el caos que hiciste aquí al escaparte sin que te dieran de alta, y te veo en el estudio–

–yo no me escape, y ahí te veo–

Tras colgar, mando un mensaje, el contacto que busco tenía varios mensajes preguntando dónde estaba, además de llamadas perdidas, los ignoro.

..

Para Aominechi:

Tenemos que hablar te veo en la tarde en el Parque G

No vayas a faltar

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E ignoro los demás menajes de los otros contactos, todos eran de lo mismo, donde estaba. ¿Desde cuándo les importaba dónde estaba? Una vez listo Ryouta bajo.

–esta lista la comida– su mamá al verlo llegar

–gracias– agradeció que su mano herida no fuera la derecha

–a ver, deja te vendo esa mano–

Se había puesto una gasa y sujetado para que su madre no viera lo profundo de la herida –voy acomodar bien la gasa–

–¡no mamá!– se apresuro a decir –la acabo de poner, además tengo algo de prisa– dejo de comer para demostrar sus palabras.

–pero acabas de llegar–

–sí pero tengo sesión en media hora, y aun tengo que llegar–

–ok, deja me apuro– para la herida del hombro se coloco una venda deportiva ajustable, así no tendría que pedir ayuda para ponérsela, en eso sonó su celular –¿Quién es?– curiosa

–es Aominechi–

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Para Kise:

Si, tenemos que hablar, ahí te veo

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–¿disfruto su fiesta?– término de vendarlo

–si, se la paso bien– una respuesta automática mientras se ponía de pie y lavaba su traste

–que bueno–

–ya me tengo que ir, llegare antes de que anochezca– desde el baño lavándose los dientes

–está bien, abrígate que hoy también va a llover– un beso de despedida

–sí, adiós–

Al salir de su casa sintió irritación en sus ojos, residuos de la fiebre suponía. Ese nuevo día no se sentía tan terrible, el moretón de su brazo ya casi desaparecía, sus heridas ya sanaban, el golpe en su estomago solo había dejado un tono rojizo en su piel, y su pie ya no le dolía.

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En el estudio, el lugar estaba decorando en forma de un salón victoriano, y su atuendo por fortuna era un frac con guantes, así que no se verían nada de sus heridas; y agradeció aun más de que Kiki solo le pisara una vez.

Terminada la sesión.

–Ryouta-kun– el rubio sabia que le tocaba regaño por la noche anterior, y la cara furiosa de su representante se lo recordó

– Kisaragi-san ¿Qué bueno verte de buen humor?–

–¿así que tu eres Kise Ryouta?– una chica de cabello bermellón y ojos celeste se le acerco, la reconoció de inmediato

–eres Mika-san, la actriz–

–así es, mucho gusto– una encantadora sonrisa de parte de la chica

–el gusto es mío– la saludo cortésmente

–Nessan– la modelo se acerco a ellos

–Kiki estuviste genial– ambas chicas se abrazaron.

Y para el rubio todo tenía sentido, Mika era la conquista de Kisaragi, quien le ayudo a conseguir el trabajo a su inexperta hermana, con el objetivo de promocionar la nueva escuela de baile de la actriz.

Una mirada acusadora para el pelinegro –bueno, ya arreglamos todo, pero el doctor dejo algunas medicinas para tu resfriado– le entrego una caja etiquetada junto con la receta –y para tus heridas– una caja más pequeña

–entendido– su garganta carraspeo

–en la receta también viene indicado un jarabe para la tos–

–ok– intento leer la receta

–y comunícate con tus amigos, se quedaron muy preocupados–

Los recuerdos del día anterior se notaron en su rostro –ah sí, después lo hago–

–¿estas enojado con tus amigos?– pregunto la mayor de las hermanas

–no, enojo no es– no estaba seguro de lo que sentía

–¿sabes? Por lo que me contó Yusuke, estaban preocupados por ti–

–si– expreso nostálgicamente –son buenas personas–

–platica con ellos, no creo que sea grave–

–es buen consejo– su típica sonrisa.

–nos retiramos– al ojiolivo no le interesaba la plática, y aun tenía que deshacerse de Kiki para tener a la actriz para él solo.

–gusto en conocerte– la mayor de las mujeres le dio un beso en la mejilla.

–te… te veo mañana– la ojirosa completamente sonrojada.

–está bien– fue su despedía al ver a los tres alejarse.

Guardo la medicina en uno de los bolsillo de una chamarra deportiva que esta vez no olvidaría ponerse y viendo que aun tenía tiempo, decidió que iría a comprarse algo de comer antes de enfrentarse a Aomine.

..

Estaba sentado en una de las bancas del parque, escogió ese lugar porque era un lugar común para deportistas, quienes solían preferir ir en las mañanas, ya que en la tarde era caluroso, además de que las constantes lluvias producían charcos que interferían con su entrenamiento, lo que causaba que hubiera poca gente.

Miraba a lo lejos a un grupo de gente jugando fútbol, cuando le dio un ataque de tos causándole un fuerte dolor de garganta, traía consigo una botella de agua que tomo rápidamente.

No tardo en ver a Aomine llegar, junto con los todos los chicos y ella.

–Genial– expreso con fastidio.

Espero pacientemente a que llegaran hasta donde estaba él, y con aun más paciencia los regaños por no aparecer en la fiesta y abandonar el hospital.

Sinceramente no les puso mucha atención, y ellos se dieron cuenta.

–¿te molestamos?– fue Akashi sin disimular el enojo por el poco interés del rubio

Kise se puso de pies, enfrentando al moreno –hablemos– se alejo del grupo, no quería que la presencia de los demás interviniera.

Daiki también se dio cuenta de la actitud defensiva del ojidorado y lo siguió.

–¿de qué quieres hablar?– ahora el peliazul se ponía a la defensiva, conocía a su novio perfectamente como para saber que la actitud que tenia no auguraba nada bueno.

–pues de hecho te estoy dando la oportunidad de que hables primero– cruzo sus brazos

–pues lo haré, no sé porque estas enojado, si fui yo quien estuvo esperándote toda la noche a una fiesta que tu organizaste para festejar mi cumpleaños– remarco lo ultimo –no te comunicabas con nadie, y cuando por fin supimos de ti resulto que te habían apuñalado y no tuviste a bien decirnos, y para colmo te fuiste del hospital como un fugitivo, como si tuviera algo que ocultar, y ahorita– tomo aire –en vez de disculparte, apareces retadoramente esperando una explicación– su mirada mostraba disgusto –¡yo quiero una explicación!–

–primero: nadie me apuñalo, segundo: la fiesta era para ti, así qué más da si estaba o no, además no iba a estar en la fiesta de alguien a quien no le importo– hizo una pausa, inconscientemente sus palabras empezaron a sonar tristes –no voy a permitir que juegues conmigo–

–¿de qué hablas?–

–te deje hablar así que cállate–

Recibió una mirada furiosa.

–te vi besándote con esa chica– miro hacia donde estaba el grupo

El moreno lo vio con sorpresa, pero Kise no le permitió hablar

–no vayas a mentirme, yo estaba ahí– volteo a ver al moreno, sus ojos rojos por los sentimientos acumulados –al menos esperaba que me dijeras que ya no me querías, o que ya no querías estar conmigo, antes de ser me infiel– se alejo unos pasos pues comenzó a irritarle la garganta –cof, cof– se sabía valiente, pero ahora sabia que en este tipo de situaciones no era lo suficientemente fuerte.

–¿terminaste?– la mente de Daiki procesaba todo rápidamente

–no– aun tenía muchas ganas de decirle, pero su cuerpo empezaba sentirse pesado, mal momento para que la gripe se presentara –no voy a ser tu burla, y sin importar lo que siento por ti, no te voy a rogar, sobre todo cuando ya la traes contigo con nuestro supuesto amigos, aun me queda mi orgullo– volteo dándole la espalda, ya no podía evitar que las lagrimas salieran –adiós– se prometió ser fuerte, pero se traicionaba si mismo.

–espera Kise– lo tomó del antebrazo

–auch, suéltame me duele– lo agarro donde tenía el moretón

Daiki lo soltó en cuanto vio su gesto de dolor, lo que aprovecho el rubio para alejarse –que esperes– el peliazul lo volvió a alcanzar, era más rápido así que le era fácil hacerlo

–auch–lo había tomado de la mano vendada

El moreno estaba frustrado –¡ya detente!– sacudía las manos desesperado; Kise se detuvo dándole la espalda –déjame hablar– puso sus manos en la estrecha cintura, intentando evitar que se le volviera a escapar.

–suéltame, me lastimas– se quito ambas manos, en un momento el ojiazul apretó su agarre justo donde había recibido el golpe del ladrón, ahora estaban de frente, solo que el rubio tenía la cabeza agachada. La tos se hizo presente nuevamente.

–¿es que hay alguna parte dónde no te duela?– desesperado

Las pálidas manos se pusieron en su pecho, la pregunta había tenido más alcance del que hubiera querido, haciéndole sentir el dolor y la pena por perder a la persona por quien se había esforzado tanto en conquistar y por quien su corazón aun se aferraba en querer –no–

–lo siento– le vio derramar una solitaria lagrima –solo quiero que me escuches–

–bien, te dejare que termines con esto– recordó las palabras del día anterior del moreno, diciendo que quería terminar con todo

Pero también sintió nuevamente ese enojo y frustración del día anterior, si ya lo había decidido no se echaría para atrás y lo haría antes de que el hablara, mas aun cuando volteo a ver a los chicos y noto la mirada autosuficiente de la chica y las miradas burlonas de los chicos, aun los consideraba unos traidores al no impedir la felonía o al menos defenderlo.

–espera– dijo con voz serena Kise –hay algo antes– casi en susurro haciendo que el peliazul alzara su pie para dar un paso y acercarse

–¿Qué?–

–esto– un puñetazo en el rostro del moreno, al tomarlo desprevenido y con los pies en mala posición logro derribarlo. Cayó de lado mirándolo con sorpresa.

–¿Qué te pasa?– la chica se acerco presurosa preocupada por Daiki, Kise no la escucho, su vista puesta en el moreno –tu– empujo al rubio, no fue con fuerza, pero al retroceder tambaleo y el mareo que tenia no le ayudo, terminado también en el piso, sentado.

Había colocado sus manos a su espalda, haciendo que la herida de su mano recibiera el golpe, la sacudida también le causo un fuerte dolor de cabeza, su rostro mostró todo el dolor que le invadía.

La chica se quedo de pie espantada por lo que acaba de pasar, escucho salir de la boca del rubio un quejido de dolor que le hizo arrepentirse por lo que acababa de hacer.

Kise llevo su mano izquierda a su rostro, en un vano intento de reducir el dolor de cabeza pero también en ese momento sintió la humedad de la venda, su herida se había abierto.

–lo…– se escucho a la chica

–Kise/Kise-kun/Se-chan– los otros lo llamaban

–¿Kise estas bien?– Aomine ya estaba de pie, preocupado se había apresurado a ayudarlo

–¡NO!– grito asustado, por un momento su mente lo llevo a la noche anterior, donde ese sujeto violento se acercaba con la intención de lastimarlo. Intentaba quitarse a todo el que se le acercaba –aléjate–

Todos miraban preocupados.

–Kise cálmate– Aomine intentaba acercarse, pero éste le golpeaba las manos –calma– logro sujetarle el rostro–mírame– se hinco a su lado –soy yo, mírame– tranquilizo su tono de voz

Kuroko se acerco –nosotros de cuidaremos–

El rubio enfoco su mirada estando más relajado, al darse cuenta de lo sucedido le dio vergüenza, e intento levantarse.

–no te pares tan rápido– Daiki lo ayudo pues los movimientos del ojidorado eran torpes –tienes fiebre, no deberías esforzarte de esa manera–

Le dolía la cabeza y el escalofrío de su cuerpo no se iba asiéndole sentirse débil, no quería verse así frente a ellos –ya me voy– los chicos lo rodeaban y le era difícil escabullirse –quiero irme a mi casa–

–detente Se–chin, no estás bien para irte– Murasakibara le obstruyo el paso que logro encontrar.

–cálmate Kise– el moreno le sujeto de los hombros para detenerlo –¡mirarme!– el rubio se veía confundido y poco deseoso de ponerle atención –por favor escúchame– fue casi una súplica, pero logro su cometido –te juro que no te he engañado– los demás lo miraban extrañados, pues no habían escuchado la conversación que tuvieron –no te estoy mintiendo– Kise lo miraba sin gesto alguno –no me atrevería hacerlo, te quiero, me escuchas, no me interesa nadie más–

El rubio bajo la mirada, sus ojos le irritaban, no sabía si por el llanto o por la gripe, pero esas palabras había sido las más sinceras que habían escuchado de Daiki, en ese chico que no era bueno expresándose.

Pero ahora su mente era un caos, él mismo lo vio porque ahora le decía que no era verdad.

–todo tiene una explicación– continúo Aomine –pero será después, porque ahora es mejor pensar en tu salud–

Ryouta no protesto, porque no tenía la fuerza para discutir, pero más que nada porque sinceramente deseaba esa explicación. Se tomo la mano, pues el aire frio que anunciaba la lluvia le aumentaba el dolor.

–vamos a mi casa– el brazo del moreno se posiciono en la parte alta de la espalda de Kise para guiarlo.

Durante todo el camino el rubio no dijo nada e iba cabizbajo, los chicos comentaban una que otra cosa solo para no estar en silencio.

..

–Tia Amane– al llegar a la casa encontró a la mujer en la sala, junto con su esposo

–Mamá, papá– los llamo la chica, sorprendiendo al rubio

–nos ayudas– Daiki sentó a Kise en una de las sillas del comedor –hay que cambiarle la venda–

–pobre, ¿Qué le paso?– la mujer entro al baño cerca de las sala y saco el botiquín –está muy pálido, para ser solo un corte–

–también tiene fiebre– explico Midorima

La mujer ya estaba limpiando la herida para cubrirla –esta alta su temperatura– al entrar en contacto con su piel, se dio cuenta que estaba caliente, por lo que toco el rostro del rubio para comprobarlo

–no sería mejor llevarla a consulta– sugirió el adulto

–anoche estuvo en el hospital– aclaro Daiki

Akashi noto algo –¿Kise no te dieron medicamento?– el aludido asintió con la cabeza y con la mano libre saco las cajas abolladas de su chamarra –¿ya cuantas has tomado?–

–ninguna– quiso leer la receta, pero la mujer la tomo junto con las cajas

–Tráiganle algo de agua– le entrego una pastilla de cada caja –¿tienes tos?– Kise volvió a asentir –alguien tendrá que ir a conseguir el jarabe–

–vamos nosotros– Kuroko se ofreció llevando a Kagami

–¿te preparo algo de comer?–

–no gracias, comí hace rato– su voz se escuchaba apagada

–dejaremos que la medicina haga efecto, mientras te preparare algo caliente– la mujer se levanto para ir rumbo a la cocina–Daiki llévalo a tu cuarto para que descanse–

–si Tía–

–Mientras Ayumi ayúdame a prepararles algo de comer–

–si mamá–

Escucho oír Kise mientras era acompañado al segundo piso de la casa, el camino ya lo conocía.

–creo que tengo una de tus pijamas– dijo Daiki mientras buscaba en algunos cajones

–no– dijo quedamente mientras se quitaba la chamarra y los zapatos, y se recostaba en la cama tendida –así está bien–

–¿seguro?–

Carraspeo por el dolor de garganta –sí, pero ¿me conseguirías algo de agua?–

–claro– salió cerrando la puerta

Kise se quedo mirando fijamente el escritorio del moreno sin mucho interés, podía oler perfectamente el amaderado aroma de Daiki proveniente de esa cama, como le gustaba.

–aquí esta– exclamo cuando volvió a la habitación, traía algo humeante en una taza

–gracias Aominechi– se sentó sobre la cama mientras bebía de un té caliente –¿me explicaras?–

El peliazul volteo a verlo, era mejor que Kise durmiera un poco, pero también consideraba que era mejor resolver todo el malentendido y así el rubio estuviera más tranquilo.

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Continuara

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