Edward PVO

-Esto no funciona- me dice Kate justo después de que el camarero traiga la cuenta.

-¿El qué?- preguntó buscando la tarjeta de crédito en mi cartera sin mirarla.

-Nosotros- explica- no funcionamos como pareja.

La miro y no sé qué decirle.

Siempre supe que nuestra relación basada más en la comodidad que en el amor no sería para siempre, pero sé que esas no son las palabras que ella quiere escuchar.

-¿Qué quieres?-

-Quiero que me quieras, que estés conmigo, que hablemos, que compartamos cosas… quiero estar juntos- expresa con sinceridad.

Frunzo el ceño porque no consigo imaginarme todas esas cosas que me pide con ella.

No tengo tiempo.

-Sé que ser senador de los Estados Unidos te quita mucho tiempo pero tampoco siento que intentes sacar tiempo para nosotros Edward.

Asiento.

-¿No vas a decir nada?

-No sé qué decirte. Mi trabajo es mi vida, me dedico a él al cien por cien y te doy todo lo que puedo.

Ella triste y decepcionada se levanta, deja la servilleta que tenía en su regazo arrebujada encima de la mesa y se va.

No es la primera mujer que se va de mi vida porque no le dedico el tiempo suficiente y seguro que no será la última.

Hace ya bastantes años que asumí que el tener una pareja e hijos no era para mí. El trabajo me absorbía demasiado tiempo pero era lo que más alegrías me aportaba en mi día a día y no renunciaría a ello, de hecho he empezado a considerar presentarme a las elecciones presidenciales. Mi padre y mis consejeros me habían ido haciendo a la idea poco a poco. Tenía la edad idónea, los apoyos suficientes y el dinero necesario para poder hacer campaña.

Era algo que me apetecía, un nuevo reto en mi vida.

Desde hace años cuando pensaba en el futuro solo me imaginaba a mí obteniendo éxito laboral. Ni si quiera cuando he estado en una relación más o menos estable con alguna mujer estos últimos cinco años he podido imaginarme casado o con hijos.

Una vez lo hice, una vez hace mucho tiempo… pero tampoco funcionó.

Desde que esa chica se fue siempre he asumido que el fracaso de mis relaciones es por mí, por mi trabajo. Siendo sincero, desde hace cinco años no he tenido una relación que fuese mínimamente especial como para plantearme un cambio de vida que implique reducir mis horas de trabajo.

Ha habido varias mujeres pero nunca han llegado a significar ni una cuarta parte de lo que significó ella para mí.

Y si con ella no funcionó, no funcionará con ninguna.

Cuando vuelvo de mis pensamientos el camarero ya ha vuelto con mi tarjeta y tras darme las gracias salgo del restaurante.

Tengo a mis dos hombres de seguridad detrás de mí en un coche pero con un gesto les indico que se queden allí y me dejen solo. Sé que no lo harán pero me permitirán un margen de intimidad para poder asumir este nuevo fracaso amoroso.

Debería sentirme mal con Kate pero al igual que me pasó con Lauren, Jessica, Anne y ahora Kate, siempre vuelvo a pensar en Bella. Cada vez que una chica me abandona ella vuelve a mi cabeza como recordándome que con ella empezó todo.

Cuando he andado unas dos manzanas mi teléfono suena, es mi secretaria Heidi: Reunión mañana con los directivos de la empresa Electrofon. 8:30 hotel Grand Hyatt.

Y por esto es por lo que mi vida amorosa da tanta pena, porque pese a que mañana tenía el día libre salvo por una vídeo conferencia, de un momento a otro mis obligaciones cambian y tengo que asistir a una reunión.

Suspiro mientras meto el móvil en el bolsillo y camino de vuelta a donde están los de seguridad esperando por mí a no más de 30 metros.

.

.

Bella PVO

Estoy corriendo como una loca por todo el aeropuerto porque en estos momentos mi avión está a punto de despegar sin mí.

La empresa para la que trabajo opera en cualquier parte del mundo que cuente con suministro eléctrico y eso me ha otorgado la suerte de haber trabajado en diferentes países y continentes. No obstante este viaje es diferente puesto que aunque es igualmente un viaje por trabajo es solo para crear un nuevo contrato y estaré de vuelta en Doha en unas semanas.

Siempre intento escaparme de estos viajes que son básicamente para hacer papeleo pero esta vez he insistido. Mi vida está en un punto crítico y necesito algo para salir de esta monotonía. Con suerte este viaje me servirá también para aclarar mi desastrosa vida sentimental.

Llevaba casi dos años con Louis pero últimamente nuestra relación no estaba siendo lo satisfactoria que debería ser. Él me agobiaba, me pedía más en nuestra relación pero yo no estaba preparada aun. Vivir juntos, casarnos, tener hijos… aun no siento que esté en ese momento de mi vida, creo que debo vivir muchas más cosas antes de asentarme definitivamente.

Estaba enamorada de Louis, o al menos lo estaba hace unos meses cuando sus agobios aun no habían sembrado un campo de minas en nuestra relación. Últimamente hablásemos de lo que hablásemos el tema siempre acababa en una discusión en la que yo era una egoísta inmadura.

Así que había casi suplicado a mi superior que me permitiese viajar hoy y con ello conseguir un poco de paz mental que tanto echaba de menos.

Cuando finalmente pasé la puerta de embarque la azafata me sonrió y me señaló mi asiento.

Llegamos al hotel con un horrible jet-lag y en mi caso con un espantoso dolor de cabeza. Aun era de madrugada por lo que pude dormir un poco antes de la reunión con las autoridades locales.

El plan era conseguir que confiaran en nuestra empresa para convertir Estados Unidos en el país con más electrolineras del mundo favoreciendo así el uso de coches eléctricos que no emitan contaminación al ambiente. Era un proyecto ambicioso que nos llevaría años y millones de dólares pero sin duda era el futuro.

El despertador sonó demasiado temprano y a las ocho estábamos los nueve representantes de la empresa reunidos en la sala de reuniones del hotel sometidos a un fuerte control de seguridad. Les faltó pasarme el detector de metales por debajo de la lengua para asegurarse de que éramos de fiar.

-Me siento ultrajada- comentó mi compañera Hannah en tono gracioso.

Ambas nos reímos y nos colocamos en fila para recibir a las autoridades locales.

Entraron unas 10 personas y a la cuarta ya había olvidado el nombre del primero. Todos hombres entre 50 y 70 años con canas y vestidos con aburridos trajes grises y corbatas rojas. En el octavo ya había mecanizado el saludo y la presentación y a penas me fijaba en sus caras. Tenía la mirada fija en el apretón de manos que nos dábamos a modo de saludo cuando un hombre que no llevaba el traje gris sino azul con una camisa azul claro y una corbata gris se paró frente a mí.

-Isabella Swan- dije apretándole la mano.

-Edward Cullen- dijo al mismo tiempo.

¿Cómo?

Mi mente tardó dos segundos en procesar la información y hacerme alzar la mirada para comprobar que el hombre frente a mí era Edward.

-Edward- dije sorprendida mirándole.

-¿Bella?- respondió sorprendido.

Asentí con la cabeza a la vez que despegaba nuestras manos para que Edward saludase a mi compañero situado a la izquierda.

Cuando las presentaciones acabaron Edward estaba como a cinco metros de mí y por lo tanto cuando nos sentamos en la mesa oval estábamos muy lejos el uno del otro.

Durante la reunión intenté prestar atención al tema que se estaba tratando pero mi cabeza saltaba una y otra vez al pasado.

Hace seis años esto era inimaginable, Edward y yo en una misma sala tratando temas de trabajo.

-La señorita Swan ha preparado una maqueta virtual sobre cómo sería el país dentro de tan solo cinco años si aceptan nuestro proyecto- dice mi jefe dándome paso.

-Así es- digo poniéndome en pie para hacer la presentación.

Puntualizo las numerosas ventajas que tendría para el país nuestra propuesta y cuando voy a dar paso al informe de beneficios obtenidos económicamente para ambas partes el ordenador se apaga.

-¿Qué ocurre?- pregunta uno de los senadores.

-No lo sé- digo intentando encender el ordenador donde tengo guardada mi presentación y estaba conectado al proyector.

Tras unos segundos comienzo a escuchar gargantas carraspeando, claro gesto de impaciencia.

-Señorita en media hora tengo otra reunión, le ruego que se dé prisa- dice el mismo senador de antes.

No consigo averiguar dónde está el problema así que desesperada cierro el portátil y me giro hacia la mesa.

-Continuaré explicando los beneficios del proyecto sin proyector- comienzo.

-Pero el objetivo era poder visualizar la maqueta virtual- me interrumpe de nuevo el senador.

-Puedo explicárselo sin problema- le digo ya enfadada. Aunque siempre manteniendo un tono educado.

-Pero…- continuó él.

-Deje a la señorita Swan hacer su trabajo- dice Edward girándose a mirar al senador toca narices.

Al ver que el otro senador no añade nada más, Edward asiente en mi dirección dándome permiso para comenzar.

Cuando la reunión acaba media hora más tarde creo que todos mis compañeros quieren matar al senador toca narices. No ha parado de poner problemas a cada iniciativa que presentábamos.

Las despedidas son escalonadas por lo que cuando aún quedan senadores en la sala hablando con mis jefes, mis compañeros comienzan a recoger y yo intento de nuevo encender el ordenador sin éxito.

-Déjalo, inténtalo tranquilamente más tarde. La reunión ha sido completa y esclarecedora por lo que no des más importancia a este fallo, no estaba en tu mano el poder controlarlo- dice Edward a mi lado.

-Al menos espero poder recuperar la presentación- digo cerrando el portátil.

-Me ha sorprendido verte aquí- comenta mirándome- pero me alegra ver que has conseguido un trabajo que te guste en una de las mejores empresas de electricidad a nivel mundial.

Sonrío y miro hacia abajo con humildad.

Me sigue costando aceptar mis triunfos sin tener la sensación de que doy una imagen déspota.

-Gracias Edward. A mí también me ha sorprendido, no esperaba encontrarme contigo para nada- confieso.

-¿Cuándo te dijeron que te reunirías con miembros del senado no pensaste en que yo podría ser uno de ellos?- pregunta serio.

Niego con la cabeza.

¿Cómo dices a una de las personas más importantes de tu vida pasada que para superar la ruptura te forzaste durante más de un año a no saber nada de él por ningún medio?

-Lo entiendo, ha pasado mucho tiempo- dice pasándose una mano por el pelo.

Es un gesto que solía hacer mucho y ver que aun continúa haciéndolo me emociona sin saber por qué.

-Bueno Bella, nos vemos- dice despidiéndose de mí con otro apretón de manos.

-Adiós Edward- digo mientras le veo atravesar las puertas de salida con otros tres hombres.

-¿Qué te ha dicho el senador?- me pregunta Hannah intrigada.

Nadie sabe que tuve una relación con Edward en el pasado salvo las personas que estaban en mi vida en ese momento como mis padres o mis amigas.

-Simplemente me ha tranquilizado por el incidente del ordenador- respondo mientras termino de recoger.

-Es guapísimo, el único que se salva- expresa sonriente.

-Hannah…- digo cansada.

-No lo niegues.

-No lo niego- acepto.

-Si el proyecto sale adelante te prometo que por lo menos una cita con él consigo- dice retándose a sí misma.

Hannah es una buena compañera, que no amiga porque nuestra relación no es tan íntima, y tiene por costumbre acostarse con hombres con los que trabaja. Ella es espectacular, es castaña con ojos negros y piernas infinitas, muy lejos de mi 1'68. Siempre me ha resultado gracioso que intente ligarse a algunos hombres con los que hemos trabajado porque la mayoría no me han parecido atractivos, más bien todo lo contrario, pero con Edward no me hace gracia.

Estoy segura de que ha estado con más mujeres desde que yo le dejé y me da igual pero el pensar en que Hannah esté con él… el que una persona cercana a mí esté con él no me resulta cómodo.

Esa tarde me la paso metida dentro de la habitación de mi hotel intentando revivir mi ordenador. Por fin a las siete de la tarde el dichoso aparato revive después de haberle desmontado por completo.

A la mañana siguiente el teléfono sonando me despierta, abro un ojo y la luz de la pantalla me ciega mientras veo el nombre de Louis junto a los iconos de contestar o rechazar llamada.

Decido simplemente dejarlo sonar porque ahora mismo no me apetece hablar con él. Aun sigo enfadada después de la última discusión, o tal vez no esté enfadada sino dolida o cansada o no sé. No sé cómo definir mis sentimientos respecto a mi pareja y eso me asusta, no quiero equivocarme tomando decisiones pero necesito tiempo para realmente valorar qué quiero.

Diez minutos más tarde o incluso menos el teléfono vuelve a sonar, hago la intención de rechazar la llamada directamente pero de soslayo veo el nombre de mi jefe en la pantalla. Me aclaro la garganta antes de contestar aunque mi voz de dormida no se irá tan fácilmente.

-¿Señor Nolan?-

-Isabella, sé que es temprano pero acabo de recibir una llamada desde el senado, el proyecto es nuestro.

-¿Cómo? ¿Así de rápido? Eso es estupendo- digo ya completamente despierta y levantándome de la cama.

-Es extraordinario. Estoy llamando a todo el equipo para reunirnos a la hora de la comida, ampliar un poco el proyecto y empezar a crear las bases durante la próxima semana.

-Por supuesto.

Hasta la hora de comer faltaban unas cuatro horas por lo que decidí salir un poco por la ciudad y pensar.

En Edward y en Louis.

Durante estos cinco años que habían pasado desde que lo dejé con Edward había habido momentos para todo. Momentos para llorar, para odiarle, para odiarme a mí misma, para echarle de menos y para olvidarle. Cuando Louis apareció en mi vida dio un portazo definitivamente a Edward y podía contar con los dedos de una mano las veces que había pensado en él en los últimos dos años. Sin embargo ahora me encontraba de nuevo a Edward justo cuando me estoy replanteando mi relación con Louis, la frase un clavo saca a otro clavo nunca había tenido tanto sentido.

Por otro lado una parte de mí había dejado de querer a Louis, la misma parte que quería viajar, descubrir cosas nuevas y experimentar. Pero otra parte de mí recordaba todo lo que habíamos vivido y quería darle una oportunidad.

Mientras paseaba por el centro de la ciudad de Washington iba haciendo mentalmente una lista de los momentos buenos y malos con Louis. Obviamente los buenos momentos ganaban en cantidad pero los malos ganaban en calidad.

Los últimos meses habían sido pura tensión.

Cuando volvía al hotel el teléfono volvió a sonar, era Louis.

Suspirando deslice el dedo por la pantalla hacia el telefonillo verde.

-Bella- dijo nada más responder- no he sabido nada de ti en días- me regaña.

-Estoy bien, en Washington, trabajando- expliqué sin detalles.

-Bien. ¿Cuándo vuelves?

-En dos semanas si todo va según lo esperado.

-¿Por qué has aceptado un viaje de tantos días?- dice cambiando el tono cordial por otro más serio.

-Ya hemos hablado de esto muchas veces- digo entrando en el lobby del hotel.

-Desde que estamos juntos nunca has tenido que viajar tantos días.

-Esta vez he querido viajar yo.

-¿Tan importante es el proyecto ese de los coches?

-Louis…- suspiro- no es por la importancia del trabajo. Necesitaba alejarme y tener tiempo para mí.

-Genial Isabella, genial. Si no querías estar conmigo deberías habérmelo dicho- dice enfadado.

-Yo no he dicho que no quiera estar contigo pero de verdad que necesito un descanso de tantas discusiones tontas.

-Pero es que no son tontas…

-Louis para, voy a colgar- le aviso.

-No te atrevas a colgarme, ¡Isabella! Tengo derecho a saber que esperar de mi futuro- grita.

-Sí pero no tienes derecho a imponer que quiero o que no en mi futuro. Adiós- digo cortando la llamada.

.

En la tranquilidad del ascensor con música relajante de fondo calmo mi respiración que estaba alterada por la discusión.

Cuando llego al restaurante del hotel todos mis compañeros están allí rebosantes de alegría. Yo también estoy feliz y orgullosa porque ese trabajo es parte de mi éxito profesional pero las palabras de Louis siguen resonando en mi cabeza.

El resto del día lo pasamos trabajando añadiendo pequeños detalles para que el proyecto sea aun mejor. Antes de la cena con los senadores me doy una ducha rápida, me recojo el pelo, me maquillo y me cambio de ropa por algo más formal.

La cena va a tener lugar en un comedor privado reservado para eventos importantes, así podremos discutir todo el proyecto sin ojos curiosos alrededor. Cuando entro al comedor están la mayoría de mis compañeros y algún que otro senador, Edward no está entre ellos.

Aun es temprano, he llegado quince minutos antes de la hora prevista así que es lógico que no haya llegado todo el mundo.

Hablo animadamente con uno de los senadores sobre el turismo en la ciudad mientras la sala se va llenando. Edward aun no ha venido y mentiría si dijese que no esperaba verle.

Cuando ya llevan más de diez minutos de retraso la puerta se abre y Edward y Hannah entran riéndose. Inmediatamente recuerdo las palabras de mi compañera sobre conseguir una cita con él y quizás lo ha logrado incluso antes de firmar oficialmente el contrato con la empresa.

No sé como sentirme al respecto, una parte de mí está furiosa con ellos dos y otra parte está furiosa conmigo por sentirme así al respecto. Solo debería sentir indiferencia.

Durante la cena y la reunión fijo mi mirada en los dos senadores que tengo a mi lado, los cuales parecen estar sumamente interesados en el proyecto y la conversación no cesa.

Cuando llega la hora de firmar el contrato mi jefe y tres senadores son los que más implicación tienen mientras que los demás quedamos en un segundo plano.

Después las conversaciones vuelven a ser dispares hasta que algunas personas comienzan a abandonar la sala. Cuando los dos senadores con los que he estado hablando prácticamente toda la noche se van siento que es mi momento de irme a dormir porque mañana el proyecto comienza a ponerse en marcha.

Realizo una despedida de manera general y me levanto de la silla. Miro uno a uno a todos antes de irme, incluido a Edward que me mira sin ningún tipo de gesto en la cara. Tenía las facciones neutras.

Durante toda la semana me paso los días en el despacho improvisado que hay en una de las suites del hotel junto a mis compañeros. La presencia de los senadores se ha ido reduciendo a medida que pasaban los días. Algunas veces Edward venía por aquí para firmar papeles o supervisar permisos pero nunca trabajé con él mano a mano y tampoco conversamos nada más allá de aspectos laborales.

Hoy íbamos por primera vez a ver los lugares donde se instalarían las primeras electrolineras pero mi compañero Josh se encontraba indispuesto por lo que me fui adelantando al lugar. Cuando llegué había varias personas ajenas al proyecto y enseguida supe porque:

Edward

-Hola- dijo acercándose a mí desde su coche.

Él andaba de esa manera tan intimidante con pasos largos y firmes que cortaban la distancia entre ambos en un pestañeo.

-Hola- contesté mirando a la multitud.

-No te preocupes por ellos, han visto un coche con matrícula del gobierno y les ha llamado la atención.

-Bien-

-Vamos- dice poniendo una mano en la parte baja de mi espalda guiándome para entrar al terreno.

-¿No viene tu jefe?- me pregunta una vez estábamos acabando.

-Debería haber venido uno de mis compañeros pero se ha sentido indispuesto- respondo tomando fotos.

-¿No es raro que vengas sola?

Me giro para mirarle frunciendo el ceño.

-¿Qué estás insinuando? ¿Qué no sé hacer mi trabajo sola?

-¡No!- responde Edward levantando las manos- solo que pensaba que era un proyecto en equipo.

-Lo es- digo mirándole- pero cada fase del proyecto conlleva muchos procedimientos y tenemos que dividirnos.

-¿Tú te encargas de la localización de las electrolineras?

-En esta primera fase sí, luego en las demás fases se hará cargo alguno de mis compañeros- continúo caminando por el perímetro y alejándome de él.

-No lo entiendo.

-La mayoría de las personas de la empresa que estamos aquí tenemos nuestros propios proyectos en diferentes partes del mundo. Hemos venido a realizar la propuesta de trabajo y luego otros empleados lo continuarán, pero tranquilo los jefes permanecerán.

-O sea que te irás- comenta como si nada- ¿dónde trabajas?

-En Doha- digo sin mirarle mientras salimos del terreno.

-Espera- dice poniéndome una mano en el hombro para girarme frente a él- ¿En Qatar?

-Sí.

-Eso está… lejos- acepta mirándome.

-Sí, Edward, lo está. He trabajado en muchos sitios del planeta.

Edward asiente y no dice nada hasta que llegamos a mi coche.

Cuando acabo de guardar el material que he usado en el maletero y me dispongo a sentarme en el asiento del conductor la voz de Edward me frena.

-Bella

-¿Qué?- digo girándome hacia él.

Pasan unos segundos en silencio donde ninguno dice nada.

-Me pondré en contacto con vosotros esta semana- dice girándose y marchándose.

Quizás es cosa mía pero juro que eso no es lo que pretendía decirme cuando me ha llamado.

.

Hoy es el último día que estoy en Washington DC al menos por el momento. Mañana a medio día tengo un vuelo a Doha.

No me apetece irme ni abandonar este proyecto que me ha dado tanto en tan poco tiempo. El día parece ir a juego con mis sentimientos porque es un día gris, lluvioso y con un horrible viento que resulta muy molesto.

Además ha habido un problema con algunos proveedores y la reunión que mi jefe tenía esta mañana con algunos senadores me la ha encargado a mí mientras él soluciona el problema.

Cuando llego al despacho improvisado en el hotel aun no hay nadie pero voy adelantando trabajo con el ordenador. Más tarde la puerta se abre y Edward aparece por ella disculpándose por llegar tarde.

Trabajamos juntos durante dos horas y cuando por fin cierro el último documento y apago el ordenador noto que me está mirando fijamente.

-¿Qué?- pregunto incómoda recostándome por completo en la silla.

-Nada- dice sonriendo.

-Edward…- le amenazo mirándole.

-Simplemente me estoy dando cuenta de que me gusta trabajar contigo. Eres organizada, trabajadora y parece que siempre vas un paso por delante de lo que se espera de ti.

-Siempre he sido así-

-Pero yo nunca llegué a conocer esa faceta tuya- dice recostándose en la silla al igual que yo.

-No vamos a hablar del pasado ahora, ¿verdad?

-Por no hablar de él, ¿va a dejar de existir?

Niego con la cabeza.

-Siento como acabaron las cosas entre nosotros-

Asiento con la cabeza.

-Durante estos años siempre he querido pedirte perdón.

Le miro sin saber qué decir.

-Perdón- susurra.

-Está bien- digo tragando saliva- fue hace mucho tiempo.

-Como ya sabrás esta noche os hemos invitado a cenar en uno de los mejores restaurantes de la ciudad- dice cambiando de tema y lo agradezco- díselo a tus compañeros.

-Sí, se lo diré.

-¿Irás?- pregunta interesado.

-Claro. Es una cena en un hotel con dos estrellas Michelin, ¿quién lo rechazaría?- digo sonriendo.

-¡Qué lista!- expresa divertido mientras se levanta y camina en dirección a la puerta.

Nos despedimos y corro a mi habitación para cambiarme de ropa y salir a comprar un vestido digno de la cena de esta noche.

Saliendo del hotel me encuentro con Hannah y al contarle mis planes se me une inmediatamente.

Después de entrar en varias tiendas y enamorarnos de vestidos carísimos encontramos una pequeña tienda con un solo probador de ropa y prendas procedentes de distintos outlets.

Hannah se está probando tres vestidos mientras yo sigo intentando encontrar uno que me guste pero que a la vez sea adecuado a la ocasión.

-¿Crees que le gustará a Edward?- pregunta Hannah saliendo del probador con un llamativo vestido rojo oscuro que deja poco a la imaginación.

-Creo que le gustará a toda la población masculina del planeta pero…- digo torciendo el gesto.

-Pero es demasiado, ¿no?- dice sonriendo.

Asiento con la cabeza.

Mientras ella se cambia el vestido yo encuentro un vestido negro de tubo con largo por debajo de la rodilla y los tirantes en posición horizontal cayendo justo por debajo de mis hombros.

Son casi las nueve de la noche cuando salgo del hotel corriendo buscando un taxi. Me he esmerado con el maquillaje y el peinado y eso me ha hecho retrasarme de más, sin embargo vale la pena cada minuto de retraso porque entre el vestido, las ondas en el pelo y el maquillaje parezco recién sacada de los años 50.

Cuando finalmente llego al restaurante son las nueve y diez, todos están sentados en la mesa hablando animosamente menos Edward que llega dos minutos después y se sienta en el único lugar libre, a mi lado.

Durante la cena se habla de trabajo, por supuesto, pero también de temas menos impersonales. Al contrario que en la última cena todos somos participes en la misma conversación.

Hannah está sentada en frente de mí con un vestido púrpura de raso estilo sleep dress que deja vislumbrar a la perfección el hecho de no llevar sujetador. Ha intentado entablar conversación con Edward varias veces haciéndole preguntas directamente a él dejándonos al resto a un lado pero él siempre ha terminado respondiendo y haciéndonos partícipes a los demás para frustración de Hannah.

En algunos momentos Edward me ha hecho preguntas únicamente a mí a cada cual más personal, como ¿qué era de Alice y Ángela? O ¿cómo estaban mis padres?

Sin ninguna duda, de todos los días que habíamos compartido este era el único en el que realmente todo se volvió más personal y se hizo patente que teníamos un pasado.

Cuando iban a traernos el postre mi móvil sonó, era Louis. Decidí contestar saliendo a la terraza del restaurante que estaba a pocos metros de la mesa pero lo suficientemente lejos como para hablar con privacidad.

-¿Cuándo vuelves?- preguntó enfadado nada más descolgar.

-Mañana.

-Iré a recogerte al aeropuerto.

-No- contesté fijando mi vista en las luces de la ciudad que se veían desde aquí.

-¿Cómo?

Suspiré antes de hablar.

-Nuestra relación no está pasando por su mejor momento Louis. Me siento agobiada y asfixiada contigo en todo momento, no paro de sentir que tengo que hacer algo más siempre sea lo que sea. Todo lo que hago no te vale.

-Eso es porque últimamente no nos hemos puesto de acuerdo ni hemos compartido tiempo juntos de calidad.

-Yo creo que es porque estamos en diferentes etapas en nuestra vida. Tú quieres avanzar y yo estoy bien así.

-¿Qué estás diciendo?

-Que no puedo darte lo que quieres, ni ahora ni en unos meses. Simplemente yo no quiero eso- me atreví a decir después de meses de peleas.

-¿Estás cortando conmigo?

-Es que no le veo salida a esto- digo triste.

-Bella, por favor, no te apresures, hablemos cara a cara. Cuando tú quieras- me pide en un tono mucho más conciliador.

-Está bien. Déjame que yo te avise por favor- digo antes de colgar.

Cuando la llamada acaba me quedo mirando la ciudad a mis pies. Me recuerda a mi etapa de estudiante universitaria cuando vivía en Chicago con Alice y Ángela, cuando tenía libertad, cuando estaba con Edward… Echaba de menos vivir en Estados Unidos. Pensaba en esa época y en mi memoria me veía como otra Bella, una con más ganas de vivir.

Apoyada en la barandilla, perdida en mis recuerdos de hace años no noté que alguien se acercaba hasta que puso una chaqueta sobre mis hombros.

-Llevas un buen rato aquí, tienes que estar quedándote fría- dice Edward poniéndose a mi lado en la barandilla y mirando a la ciudad como hacía yo.

-Gracias- digo metiendo los brazos por las mangas y ajustándome la americana al cuerpo.

Nos quedamos en silencio uno al lado del otro sin saber qué decir.

-Anoche me puse a pensar en que he estado contigo dos semanas, viéndote casi a diario y no te he dicho nada de lo que todos estos años había pensado en decirte si te volvía a ver-comenta después de unos minutos en silencio.

-Edward…- comienzo a protestar poniéndome erguida.

-Por favor- pide girándose a mirarme y poniendo una mano sobre la mía en la barandilla.

Cuando le sigo mirando sin decir nada él lo toma como una señal de que puede continuar.

-¿Fuiste feliz estando conmigo? ¿Alguna vez en esos casi tres años al menos?- dice clavándome su mirada.

Miro al suelo y luego nuevamente a él.

-Sí, Edward, lo fui. Muchas veces.

Él respira profundamente y sonríe levemente, ni si quiera estoy segura de que pueda catalogarse como una sonrisa.

-¿De verdad creías que no eras una prioridad para mí?

En esta ocasión tuve que volver a mirar a la ciudad para coger fuerzas para responder.

-Cuando tu trabajo estaba de por medio sí, era lo primero sin duda.

Edward se calló analizando mis palabras.

-Sé a qué fuiste ese último día a mi oficina, Ángela me lo dijo. ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué no me pediste ayuda con el permiso de residencia?-

-Estaba perdida en ese momento. El motivo principal para estar en Estados Unidos eran mis estudios y habían finalizado, no tenía trabajo y tú y yo ya no estábamos juntos. Me hubiera quedado únicamente por ti pero ese día en tu oficina vi como sería mi vida a tu lado. Con gente de por medio, con ratos robados, con el sonido de tu móvil como banda sonora de nuestra relación, con Jasper interfiriendo en nuestros planes… no quería eso, no quiero eso. Esa no soy yo. Así que no te pedí ayuda porque sabía que quedarme era aceptar un estilo de vida que no quería por ti.

-Bella… te hubiera dado todo- susurra dolido mirándome herido- si tan solo…

-Si tan solo hubiera esperado mi turno, ¿no?-

Agachó la cabeza avergonzado.

-Lo siento- susurra volviendo a mirarme- siento haberte hecho sentir así en ese momento pero siento mucho más haber sido tan idiota como para perderte aun teniéndote. Y ahora te encuentro aquí de repente, eres exitosa en tu trabajo, eres más madura, te veo tan… completa, y no puedo evitar sentir rabia porque me hubiera gustado estar ahí contigo viendo cómo te convertías en la maravillosa mujer que eres hoy.

-Edward…- digo soltando mi mano de la barandilla- esto no me… me duele recordar, por favor…-le pido con los ojos abnegados en lágrimas para que suelte mi mano.

Cuando la suelta debería irme pero me quedo de pie a su lado con la vista en el suelo escuchando la ciudad.

-He escuchado tu conversación antes- frunzo el ceño- no tenía derecho pero no he podido evitarlo. No permitas que nadie decida tu vida por ti, no dejes que te hagan a su medida. Eres perfecta Bella- dice acercándose y poniendo sus manos sobre mis hombros- debes encontrar a una persona que te valore y te quiera por sobre todas las cosas como yo no supe hacerlo y como él no quiere hacer- dice refiriéndose a Louis.

Levanto la mirada hacia él para perderme por última vez en sus ojos. Siempre dije que eran los ojos más bonitos que yo jamás había visto. El color verde azulado en el que tantas veces me había perdido. Ahora sus ojos eran transparentes y estaba segura de que transmitían lo mismo que los míos, tristeza por el pasado, por la pérdida, por los recuerdos felices, por el amor desaprovechado…

Suelto un suspiro mitad sollozo mientras intento quitarme la chaqueta, Edward sigue el movimiento de mis manos y eso hace que dé un paso más hacia mí impidiéndome desabotonar la americana.

Le miro y sé lo que va a suceder.

Porque aunque hace años que no estoy con él, aun sé leer en sus ojos.

Sé que me va a besar.

Y lo hace. Sus labios son suaves contra los míos, es un beso puro, suave, lento, tierno, propio de dos personas que se quieren y no de dos personas que se quisieron.

Hasta ahora no había podido respirar el aroma de Edward. No es una fragancia, es su olor, es su marca personal, es el aroma que me hace cerrar los ojos y dejar de respirar durante unos instantes mientras mi cabeza vuela a años atrás.

.

-Soy Edward Cullen- dice apoyado en la barra del bar ofreciéndome una mano.

-Isabella Swan- le respondo sonriendo mientras le agarro la mano.

-Yo invito- dice en cuanto el camarero nos pregunta qué queremos.

.

-Me encantas, no sé que me has hecho pero no puedo mantenerme lejos de ti- dice mientras me besa acostado sobre mí en su cama.

-Quiero compartir todo contigo- le digo entre besos.

.

-Ah- gime en cuanto su miembro me llena por completo.

-Así cariño, así- le insisto moviendo las caderas.

.

-Eres la única mujer de la que me he enamorado. Y espero que sea así siempre- dice mientras estoy relajada y desnuda apoyada en su pecho.

-Contigo a mi lado.

-Contigo a mi lado- repite mis palabras antes de agarrarme por la barbilla suavemente y besarme suavemente.

.

-¡No eres eso para mí! Lo sabes- dice enfadado acercándose a mí hasta que pone sus manos sobre mis brazos.

-Últimamente no sé nada- dije soltándome de su agarre y caminando hasta mi habitación.

-¡Bella!- me grita desde la cocina.

.

-¿Se ha acabado?- me pregunta sin mirarme a los ojos.

-¿Nuestra relación?-

-Sí- susurra.

-Está en tu mano Edward- le respondo con dolor y un nudo en el estómago.

-Sé que no paro de cagarla contigo y lo siento. Pero insisto en que te quiero y quiero estar contigo.

.

-Me voy- digo caminando hasta la puerta.

-¡Espera Bella! No hemos podido hablar- dice corriendo tras de mi impidiéndome abrir la puerta.

-Efectivamente, nunca hemos podido. Espero que ganes Edward, de corazón porque te ha costado mucho- le digo mirándole con lágrimas en los ojos- adiós.

-Adiós Bella- susurra mirándome triste.

.

-¡No Edward!- digo llorando mientras me aparto de él con un empujón.

-Perdona, perdona…- dice una y otra vez intentando mantenerme entre sus brazos.

-Eso es el pasado y ahí debe quedarse- digo a modo de despedida mientras vuelvo corriendo a la mesa donde están los demás.

Les miento diciendo que me han llamado dándome una mala noticia, que no me encuentro bien y que me iré al hotel.

Todos ponen gestos de preocupación y se despiden de mí mientras que intento no mirar hacia la terraza a través de los ventanales donde sigue Edward.

Cojo un taxi según salgo por la puerta y de camino al hotel no puedo parar de llorar. No sé si es porque estoy aceptando que mi relación con Louis se ha acabado, porque he recordado los malos momentos con Edward o peor aún, porque he recordado los buenos momentos con él y el sentimiento de pérdida me está asfixiando.

Para rematar el taxista tenía una canción que no paraba de repetir la letra It feels like the end que estaba segura había escuchado antes en Anatomía de Grey y no ayudaba a controlar mis lágrimas a raya.

Pasé una de las peores noches de mi vida llorando sobre la cama del hotel. Con tan solo unas horas de sueño me levanté, me di una ducha e hice mi maleta para ir al aeropuerto.

Cuando tenía todas mis prendas en la maleta vi un trozo de tela colgado del picaporte del armario, la chaqueta de Edward. Mi masoquismo innato me llevó a cogerla y olerla, olía a él. En un acto de estupidez la guardé en mi bolso de mano y me la llevé.

Cuando llegué a Doha era de día y el calor me golpeó como una bofetada en la cara.

Pese a haberle dicho que yo le avisaría Louis estaba esperándome en la puerta de mi casa. Tuve la que sin duda fue una de las conversaciones más difíciles de mi vida con él y al final con lágrimas por parte de ambos estuvimos de acuerdo en que nuestras vidas a partir de ahora estaban mejor por separado.

Pasaron tres semanas desde mi vuelta de Estados Unidos pero mi ánimo no mejoraba, el estar lejos de casa sin amigos ni familia cerca tampoco ayudaba. Mi trabajo en Doha estaba llegando a su fin y pese a que sabía que podía pedir un traslado a Estados Unidos para incorporarme de nuevo al proyecto, una parte de mí sabía que no era sensato volver.

Aquella mañana de mayo hacía más calor que de costumbre y desde que la pantalla del móvil se me había roto al intentar apagar la alarma despertador y tirar el aparato sin querer al suelo, supe que no iba a ser mi día.

Estaba reunida con mi jefe en su despacho acristalado mientras me repetía una y otra vez los fallos que había en el trabajo de mi equipo y que partes tenían que volver a realizarse cuando lo vi.

Venía junto a varios hombres vestidos con túnicas y turbantes blancos y un par de hombres vestidos con pantalones y camisa negra. Edward estaba aquí, ¿pero qué…?

Nuestras miradas se cruzaron a través de los cristales mucho antes de que él entrase en el despacho. Los hombres árabes que le acompañaban hicieron las presentaciones a mi jefe y por lo que pude entender Edward estaba buscándome a mí.

-¿Qué haces aquí?- pregunté sentada en una de las sillas en cuanto nos dejaron solos.

-Quería hablar contigo- respondió aun de pie.

-¿Hay algún problema con el proyecto de Washington?- pregunté poniéndome en pie.

-No que yo sepa. Quiero hablar contigo algo personal.

-Edward, estoy trabajando, no es el momento ni el lugar y además no sé qué más quieres hablar conmigo. Ya dijimos todo esa noche…- me quejé moviendo los brazos.

-No dijimos todo esa noche- dice acercándose a mí hasta que pone sus manos en mis hombros haciéndome sentir incómoda y nerviosa.

-¡No!- digo apartándome de él- ¿Crees que puedes venir aquí a interrumpir una reunión con mi jefe para hablarme de tus errores de hace cinco años? Edward sigues siendo tan egocéntrico- le critico- siempre quieres que los demás hagamos lo que tú dictes.

-¡No es así!- rebate.

-¡Sí lo es!- grité.

Nos tomamos un minuto para respirar y tranquilizarnos antes de volver a hablar.

-Mira no sé qué es lo que quieres decirme pero desde luego ahora no voy a dedicarte ni un minuto más, estoy trabajando- le señalo la puerta en una clara invitación a que se marche.

-Espera- me pide.

-Debería mandarte a la mierda y no dedicarte un solo pensamiento más pero mi buena educación me impide hacerlo. Esta tarde en el centro comercial Vilaggio, a las tres- digo saliendo de la oficina enfadada.

La presencia de Edward me altera los nervios y me revuelve el estómago así que con esa sensación le espero en la entrada del centro comercial. No sé por qué me sorprende verle llegar caminando en vez de en coche.

-No quiero hablar en un bar, ni en un restaurante. Me gustaría un sitio con más privacidad, si a ti te parece bien- dice serio nada más llegar.

Le llevo a la parte superior del edificio donde hay una zona mirador que no suele estar tan concurrida como la planta inferior.

-¿Te parece bien aquí?- digo sentándome en uno de los sillones dispuestos para mirar el skyline de la ciudad.

Edward se sienta en el sillón que está a mi lado y en un primer momento no dice nada.

- Primero que nada quiero disculparme por aparecer en tu trabajo pero era la única manera que tenía de encontrarte. No volverá a ocurrir- promete- Siento haberme presentado aquí cambiando tus planes pero creo que ya ha pasado mucho tiempo.

Frunzo el ceño y giro mi cara para mirarle aunque él mira a través de los cristales.

No sé de lo que habla.

-Debería haberte buscado hace cinco años cuanto te fuiste pero no lo hice- suspira- me dolió y me costó superarlo pero no te busqué porque era conformista y pensé que si tú me habías dejado era porque así tendrían que ser las cosas. Yo no era para ti ni tú para mí. Me gustaría pensar que eso me abrió los ojos pero no fue así, he seguido siendo conformista hasta hace tres semanas. No te voy a mentir, he intentado estar con otras mujeres en relaciones más o menos serias estos años pero nunca ha funcionado porque pensaba que si no salían bien era por algo y no merecía la pena esforzarse. Y la verdad es que sí era así, las cosas no han funcionado con otras mujeres porque no podían funcionar pero no se debía al destino o como quieras llamarlo, se debía a mí.

-No estoy enterándome de nada- interrumpí.

-Bella…- se giró a mirarme por fin- las cosas con otras mujeres no funcionaron nunca porque yo no quería, porque no despertaban en mí los sentimientos suficientes.

-No sé qué tiene que ver eso conmigo-

-Porque contigo las cosas sí funcionaban. Te lo dije hace mucho tiempo, eras la única mujer de la que me he enamorado y eso sigue siendo así- confesó.

Mi estómago dio un salto entre miedo y alegría, ¿qué significa esto?

-Nunca debí dejarte ir, hice muchas cosas mal contigo hace cinco años pero dejarte ir sin más fue sin duda la peor de todas ellas. Debería haberme esforzado en darte lo que me pedías que simplemente era lo que merecías. Jamás debí dejarte ir sabiendo que te quería y que tú me querías.

Hace una pausa esperando a que yo diga algo pero no tengo palabras.

-Antes de verte de nuevo, cada vez que no funcionaba con una mujer siempre pensaba en ti. Lo atribuí al recuerdo de que contigo fue con la primera con la que no funcionó, pero no, cada vez que no funcionaba con alguien más mi cabeza lo único que me estaba diciendo es que no iba a funcionar con nadie más porque con la única con la que iba a funcionar era contigo. Hace tres semanas cuando hablamos, cuando nos besamos, por fin lo vi claro.

Hace tiempo que no le estoy mirando directamente así que Edward busca mi mirada agachándose de cuclillas frente a mí y poniendo sus manos sobre mis rodillas.

-Bella, después de todos estos años, sigues siendo la única mujer de la que me he enamorado en mi vida. Sigo enamorado de ti- dice mirándome fijamente.

La tensión que hay en mi cuerpo desde que le vi esta mañana por fin explota y sale en forma de lágrimas descontroladas. No puedo evitar llorar desconsoladamente, a penas puedo respirar.

-Bella no llores- me pide Edward triste.

Se sienta en el sillón donde estaba antes y me abraza contra él intentando consolarme.

-Siento haber sido tan idiota. Me ha llevado cinco años valorarte y tres semanas tomar el valor de venir hacia aquí y contarte todo. Deja de llorar, shh- pide retirando las lágrimas de mi mejilla con su pulgar- no voy a pedirte nada, sé que ya no soy nadie en tu vida pero tenía que contártelo. Siento ser egoísta y venir cuando ya tienes una vida aquí pero no podía seguir dando palos de ciego por la vida.

Me da unos minutos para que me calme y vuelva a respirar con tranquilidad.

-No sé qué esperas de mí ahora- le digo secándome la cara.

-No espero nada- me dice.

-No puedo creerte. No puedo creer que hayas volado 13 horas hasta aquí para venir a decirme esto y no esperes nada.

-Es cierto, deseo y ansío estar contigo, juntos, como antes. Pero no puedo esperarlo porque no soy nadie en tu vida ahora.

-No sé qué decirte. No he sabido nada de ti en cinco años Edward, mi vida no se parece en nada a la que era, yo no soy la de antes. Además este es un momento muy… inestable en mi vida, acabo de terminar una relación de dos años, mi trabajo aquí está a punto de terminar y no sé si pedir otro traslado o dejar la empresa porque echo de menos a mi familia y amigos y ahora vuelves tú a abrirme todas las suturas de la relación que tuvimos y que con tanto esfuerzo cerré.

Ninguno de los dos habló.

-No puedo pedirte nada aunque sí me gustaría que pensases las cosas. Haré lo que me pidas, eres mi prioridad. Haría lo que fuera por ti Bella- dice apretándome las manos que tengo en mi regazo.

-Necesito asimilar todo. No puedo pensar con claridad ahora mismo- digo poniéndome en pie.

-Bella- dice Edward alarmado.

-Dame tiempo Edward, dame tiempo por favor-

Él asiente con la cabeza.

-Te llamaré- le digo mirándole por última vez.

Él me devuelve la mirada triste, porque pese a que ha descubierto sus sentimientos por fin y ha tenido el valor de contármelo, yo no puedo descubrir aun qué es lo que siento por él. No sé si queda algo por salvar o no, no sé si puedo confiar de nuevo en él.

Así que me voy de ese centro comercial con vistas a la ciudad del desierto dejando al hombre de mi vida perdido y sin saber si tendrá alguna oportunidad conmigo. Ni si quiera yo lo sé.

Cuando vuelvo a mi casa me doy cuenta de que no tengo manera de contactar con él, no tengo su teléfono ni su email, nada.

Fin

.

.

.

¡Hola! Estoy por aquí de nuevo con la segunda parte del OS, que ya es TS.

¿Qué os ha parecido el reencuentro?

¿Cómo veis a esta Bella más adulta? ¿Y a Edward?

¿Os ha gustado?

Y la pregunta MÁS IMPORTANTE… ¿es fiel esta segunda parte a la primera?

Sé que no es la segunda parte que esperabais porque queríais que estuvieran juntos pero sinceramente no he visto la manera de juntarlos en un solo capítulo teniendo en cuenta la personalidad de los personajes. Me parecía irreal que volvieran juntos tras tanto tiempo sin verse ni tener contacto.

Por eso…. Si todavía queréis ver a esta pareja junta tengo algunas ideas que pueden funcionar para juntarlos. ¿Qué os parece la idea? ¿QUERÉIS TERCER Y ÚLTIMO CAPÍTULO?

Decídmelo en un review que ya sabéis que es lo que más me motiva a escribir.

Gracias por leer, Bella Bradshaw.