Pink Clouds
Summary: Al mudarse a Seabrook con su esposa, Edward jamás imagino lo que le deparaba el destino al empezar a impartir clases en el colegio de la pequeña ciudad. Ahí una de sus alumnas, pondrá a prueba su matrimonio, su vida, a través de sus bajos instintos.
Capítulo I
A lo largo de la mayor parte de mi vida, siempre había tenido claro que era lo que quería. Y siempre procuraba cumplir con cada propósito. Tampoco era muy exigente con la vida, la paz y la tranquilidad eran siempre lo que más anhelaba. Y parecía que las cosas iban a ser mucho más fáciles en la pequeña ciudad donde nos mudábamos. Recientemente me había casado, hacía tres meses para ser exactos. Y ciertamente, fue el día más feliz que había tenido, cada vez que veía la sortija de mi esposa me sentía completamente orgulloso, de que ella fuera mi mujer y que ella me hubiera aceptado.
Nos encontrábamos mudándonos a Seabrook, una pequeña ciudad costera que durante el verano era un destino concurrido. Íbamos hacia allá porque el padre de mi esposa me recomendó como profesor en el colegio de la ciudad. El sueldo no era gran cosa, pero nos permitiría vivir bien; además de que mi esposa salto de alegría al saber la noticia, dado que ella vivió aquí durante un tiempo, inclusive estudio en ese colegio donde impartiría clases y además viviríamos en la casa done ella vivió. Ese otro favor de mi suegro, nos regalaron esa casa que de vez en cuando habitaban en verano. Es así como encuentro que mi vida está más que resuelta en este momento. Y no podía pedir más.
Estaba un poco familiarizado con Seabrook, la familia de mi esposa me había invitado en dos ocasiones a pasar parte del verano aquí, cuando ambos aún éramos estudiantes. No era realmente grande, apenas había un solo hotel y un cine, pero lo que más me gustaba era la playa. Siempre pasábamos todo el tiempo que pudiéramos ahí y tenía intenciones de volver hacerlo, ahora que viviríamos aquí. Al ir recorriendo sus calles, no había cambiado gran cosa, sus calles seguían siendo pequeñas y el tráfico era un problema desconocido.
La casa que había pertenecido a mis suegros, se encontraba un poco alejada, hacia el este. Había cuatro o cinco casas nuevas que se había asentado a lo largo del camino, nuestra nueva casa estaba al final, a la derecha. Una vez frente a ella, oí a mi esposa suspirara con anhelo, sólo yo sabía cuanta felicidad le daba regresar aquí. Desde que la conocí me contaba muchas historias sobre el tiempo que había pasado aquí. Sé que ahora mismo, al tener esta casa en frente estaba reviviéndolo todo, una vez más.
Mudarnos no fue nada difícil, en nuestra antigua casa no teníamos muchos muebles, dado que no teníamos mucho espacio. Además de que nuestros suegros nos habían cedido varios que se mantenían en la casa, por lo que no tuvimos necesidad de comprar más. Tan sólo en un día la casa tenía un aspecto presentable, sólo hacía falta limpiar y ordenar unas cosas. La noche llegó muy pronto, y ambos estábamos exhaustos. Pero no por eso dejábamos de estar emocionados. Al caer en la cama ambos reíamos y sonreíamos como al principio de nuestro romance, cuando toda la emoción era eléctrica y desbordante. Una vez que nos besamos, fue difícil evitar hacerle el amor a lo largo de la noche.
A la mañana siguiente, sentí un sol radiante pegarme justo en la cara, recordándole a mi conciencia donde me encontraba. Mudarnos dese Boston fue un gran cambio, pero estaba resultado muy satisfactorio. Aquí iba a encontrar la paz que tanto me gustaba. Ahora sólo era momento de dejar pasar las cosas y disfrutarlas.
Finalmente mi primer día como profesor llegó. Iba a impartir clases de matemáticas de segundo y tercer grado en un colegio de señoritas. Realmente no sabía cómo se manejaban ese tipo de colegios, a excepción de mi esposa nunca había conocido a alguien que estudiará en ese tipo de lugares. Durante toda mi vida, mis amigos y yo habíamos pasado en colegios públicos y mixtos. Hasta llegar a la universidad mi esposa me contó que era la primera vez que estudiaba en una escuela mixta. Me limitaba a pensar que esas ideas burguesas eran las más ideales para sus hijas, pero en mi opinión no había una gran diferencia.
En fin, ahí estaba, un poco nervioso ante la expectativa de lo que podía encontrar. Pero de todos modos, ¿qué temor me podrían provocar unas jovencitas?
El coordinador de la materia fue el que me dio la bienvenida. Me explico los últimos pormenores y me llevo hacia el cual, sería mi salón de clases. Era la primera vez que me desempeñaba como profesor. Antes sólo había trabajado con mi padre, hasta que este murió hace un mes. Parecía que mi falta de experiencia les tenía muy sin cuidado. Me estrecho la mano y me dio una sonrisa amable cuando me dejo frente a la puerta del aula, se dio vuelta y siguió tranquilo por el pasillo.
Podía escuchar los murmullos al otro lado de la puerta. Los cuales cesaron cuando abrí la puerta y yo pase cerrándola con cuidado. Nunca había tenido que pasar por algo como eso. Sentía todas las miradas sobre de mí, algunas de ellas se miraba de reojo y trataban de susurrar algo con cuidado. ¿Qué estarían pensando de mí? ¿Entraría yo dentro de sus expectativas o qué estarían esperando? Entonces me comparé con el coordinador, un hombre muy entrado en edad, con un semblante muy serio y un caminar muy pausado, no era de muchas palabras pero no era realmente desagradable, a decir verdad tenía una tranquila simpatía. Si me comparaba con él, pues si, había muchas diferencias. Debía de ser eso lo que tanto murmuraban.
"Buenos días, mi nombre es Edward Cullen. Durante el próximo semestre seré su profesor de matemáticas."
"Buenos días"
Contestaron todas al unísono en perfecta armonía. Era claro que las educaron muy bien para hacerlo de la manera correcta. Ahora comenzaba a ver las diferencias.
"Me gustaría antes que nada, poder conocerlas un poco. Nos tomaremos esta clase para que se presenten y hablen un poco de ustedes."
El ambiente en seguida se relajo, creo que ya estaban listas para empezar con programa de estudios, como debían de hacerlo todos los demás profesores. Pero ese no era necesariamente mi estilo. Si iba a darle clases a estas jovencitas durante todo un semestre, me gustaría al menos, saber a quién le estoy dando clases.
Todas y cada una de ellas, eran excelentes, sabía por lo menos tres idiomas, todas obviamente el francés. Idioma que a mí, aún me cuesta pronunciar con genuina fluidez. Sus actividades preferidas eran la equitación, la música o pintar. Sus vacaciones solían pasarlas en Europa. Todas tenían la misma vida social. Y era difícil de imaginar que en un pueblito tan pequeño como éste se encontrarán, señoritas de familias tan adineradas, y todas debían de venir de muchas generaciones atrás. Sus abuelos debían de ser aquellos que abrieron las primeras y únicas empresas de aquí. Todas se dedicaban a exportar dentro y fuera del país. Ahora todo lo veía más claro. Todas estas señoritas estaban dentro de una pequeña burbuja, pero con el mundo bajo sus pies.
Mi primera semana pasó de manera muy rápida, pronto me encontré muy cómodo dentro de mi papel. Dar clases no era lo más difícil del mundo en este colegio, dado que la gran mayoría de ellas, eran brillantes, eran pocas las que no entendían, y si no sabían acoplarse pronto. Todo esto hizo que mi trabajo resultará mucho más fácil, no tenía que molestarme si alguien no hacía las tareas o no leía las lecciones que marcaba. Todas se esmeraban en cada detalle, hasta muy bien podrían ellas impartir las clases, pero afortunadamente eran muy humildes y muy aplicadas, dispuestas a ayudarse las unas a las otras. Una combinación muy extraña, que me intrigaba. En el mundo real, la belleza era valiosa, pero la belleza y la inteligencia eran la mayor envidia.
Era la hora del receso, iba caminando por el pasillo para llegar hacia el comedor. Cuando Angela, una de mis alumnas abrió la puerta de una de las aulas de golpe, claramente asustada y me miró nerviosa. Yo ni parpadee para ir a ayudarla.
"¿Qué ocurre señorita Weber?"
La detuve por los hombros. De verdad estaba preocupado porque el carácter de Amy siempre es calmado. Debía de haber ocurrido algo muy serio para que ella se hubiera alterado.
"Es el profesor Cheney" Exclamó en un jadeo.
"¿Qué ocurre con el profesor Cheney?"
El profesor Cheney, era el profesor de música. Dado que Angela le costaba trabajo el poder recobrar el habla por la impresión, fui hacia el salón de música del cual ella había salido. Y lo que vi me impresionó tal como a Angela. El profesor Cheney estaba derrumbado sobre las teclas de un piano, al acercarme me di cuenta que no respiraba. ¿Qué le había ocurrido?
"De repente se empezó a quejar de un dolor en el pecho" Angela había entrado en el salón detrás de mí. "Luego su brazo izquierdo y…"
"Un paro cardíaco." Termine antes de que ella terminara un jadeo de llanto.
"Hay que llamar a una ambulancia, Angela. Rápido sal de aquí, no tienes que presenciar esto."
La empuje hacia la puerta, donde varias alumnas comenzaban a juntarse para presenciar que fue lo que paso. La noticia corrió rápido en todas direcciones. Pronto llegó el director, junto con el secretario académico, varios maestros. El jaleo ya era difícil de controlar. Y todos se hicieron a un lado, únicamente cuando llego la ambulancia a la escuela.
El profesor Cheney murió en efecto por un paro cardíaco. Todo fue demasiado repentino. Todos en este pequeño pueblo por supuesto que conocían al profesor Cheney. El pueblo entero estaba de luto. En la escuela se le hizo un respectivo homenaje, después de este el salón de música quedó en silencio, con el moño negro coronando la puerta, mientras la escuela entera trataba de sobrepasar el escándalo.
La mañana de un viernes, cuando no tenía clases por impartir estaba paseando por la escuela, aventurándome por aquellos pasillos a los que aún no conocía. Hasta que sin querer llegue al salón de música. Lugar que no había pisado desde el incidente del profesor Cheney. Abrí la puerta con sigilo, nadie había entrado porque aún no encontraban un nuevo profesor para impartir clases.
Llegue a sentarme frente al piano, sin estar muy seguro de tocar las teclas. Me gustaba la música, demasiado. Eso era algo que me dedicaba sólo para mí. Y recordé que llevaba mucho tiempo sin tocar el piano, demasiado. Rápidamente comencé a tocar, sin pena, sólo sería un momento, para desahogarme.
Comencé a tocar Moonlgith Sonata, pero pronto empecé a cambiar a Love Story. Quería empezar con algo lento, tenía tanto tiempo sin practicar, pero ya pronto me fui adecuando al ritmo y todo fue fluyendo con mayor rapidez. Y al final termine con el nocturno de Chopin, completamente satisfecho, hasta un suspiro salió de mi pecho al final de la última nota. Hice mis manos hacia atrás con una sonrisa, cuando de repente escuche un aplauso que venía del marco de la puerta. Era la profesora Mallory, coordinadora del área de Literatura, muy distinguida.
"Bravo, profesor Cullen, eso fue precioso. Extrañaba mucho que alguien viniera a tocar."
"Muchas gracias, profesora Mallory. Pero temo que está exagerando. Hacía mucho que no tocaba. Me hace falta mucha práctica."
"Si usted lo dice, profesor. Por cierto, dígame una cosa, si no es mucha molestia, ¿le gustaría ser profesor de piano, también?"
La sorpresa no tardo en reflejase en mi rostro y la profesora rió.
"Es una proposición verdadera, señor Cullen. La escuela necesita un profesor de música y estamos tardando mucho en encontrarlo. Pero usted tiene un gran talento, podría ayudarnos, aunque sea con las chicas que toman piano. ¿Qué dice profesor Cullen? Esto le otorgará un buen aumento."
"No es eso, profesora. Es que no me creo capaz…"
"Vamos señor Cullen, ¿Qué tiene que perder?"
Eso mismo me pregunte yo, y entonces en las tardes me dedicaba a dar lecciones de piano también. Todo estaba yendo de maravilla. Iba a dar mi última clase, sería una particular y quería terminar para llegar pronto a casa. Hasta que la escuche, su postura y performance eran correctos y armoniosos. Yo me detuve frente a ella, pero simplemente siguió tocando. Jamás la había visto en mis clases, ni de matemáticas, ni de música. A decir verdad era extraño que ella fuera la única que recibiera clases particulares. Pero viendo su interpretación me preguntaba que podía enseñarle yo. En medio de mis cavilaciones su mirada me llegó de la nada, inesperado, pero no por eso menos impactante. Me sobresalte al sentirme de esa manera, sus dedos se seguían moviendo sobre las teclas pero sólo me veía a mí, sus ojos chocolates me atraparon y una fina sonrisa comenzaba a formarse en sus labios llenos. Mientras que yo no dejaba de sorprenderme de lo que me pasaba a mí mismo.
Ella concluyó Claire de Lune, y se paró para presentarse frente a mí, el abismo de una sonrisa se avecinaba en la esquina derecha de sus labios. Se cruzó de brazos al llegar frente a mí. Ninguno de los dos dijo nada. Y yo no sabía por qué. Ella simplemente puso sus manos en mi rostro, sin contemplaciones, ni vergüenza, ni miedo.
"Es cierto lo que han dicho."
"¿Qué han dicho?" Interrogue con sorpresa por tenerla sobre mí.
"Que usted es muy guapo, señor Cullen."
Yo no supe que decir. No supe ni cómo, ni cuándo esa niña me acorralo.
"Me pregunto…"
"¿Qué?"
Estaba nervioso de cualquier cosa que pudiera pasar. No tenía idea de cómo habían llegado las cosas a éste punto, yo era el profesor y ella la alumna. ¿En qué momento la niña tomó al hombre?
Me besó, sin miedo, con fuerza.
x-X-x
Antes que nada, muchísimas gracias por los reviews!! Es muy bueno saber que alguien si lee esta historia hecha con mucho empeño :P
Este capítulo marca el comienzo de cómo Edward se va a meter en todos los problemas que se verán más adelante, arrastrado por la misma Bella, que aquí no es ninguna tierna oveja. Las cosas se pondrán más intensas más adelante, ya verán pronto.
Está clasificado M, ya saben, porque no es para personas sensibles. Así que luego no digan que uno no les advierte jeje Bueno nos vemos!
