El cielo se oscureció aún más durante el viaje en la camioneta negra, propiedad del team Rocket. Recorrimos las calles costeras, apenas iluminadas por algunos viejos faros.

Desde la parte trasera de la furgo, a través de la pequeña ventanilla, podía ver la playa desierta de Fucsia City. Si bien era época de turismo, el clima lluvioso no ameritaba salir de paseo.

Me pase la mitad del trayecto recordando momentos de mi infancia. Ese era el lugar que compartí con mi hermana durante tantos años; para mí era un mar de recuerdos. Tratando de evadir la nostalgia que me agobiaba, aparte la mirada de la ventana.

-Y… ¿Qué edad tienes?- la chica pelirroja, que se había presentado como Athena, interrumpió mis pensamientos.

-Quince- respondí, titubeando un poco por la sorpresa.

-¿Quince? Bah…muy joven para mí, yo tengo 21.

No pude evitar sonrojarme ante ese comentario.

-¡Eh! Athena, deja de molestar a Marco- reprendió Apollo.

-¿Qué sucede? ¿Estas celoso?-pregunto ella, usando un tono provocador.

-Ni que fuera a fijarme en una mujer tan salvaje- respondió el, frunciendo el ceño-. Amazona.

-¿Qué dijiste? ¿Quieres que te mate?- Athena dejo su elegancia de lado al gritar, mientras sostenía con fuerza una pokeball a la altura de su cabeza.

-¿Ya ves como si eres una amazona?

-¡Silencio!

Me quede observando a Athena por varios segundos.-Debe pasar el metro setenta de altura- pensé al analizar los insultos de Apollo.

Ella noto que la estaba viendo, y casi como leyendo mis pensamientos, comenzó a gritarme.

-¿Y tú que ves? Ahora estas del lado de Apollo?

-No estoy del lado de nadie- pensé arrugando la nariz.

-Cálmate de una vez, Athena- dijo Apollo interrumpiéndola-. Ya casi llegamos a la base.

Muy oportuno, lo cierto era que ya no aguantaba la presión. Personas como Athena son simpáticas en el fondo, pero difíciles de tratar en mi opinión.

Mientras Apollo reprendía a la mujer, y los demás soldados reían viéndolos, llegamos a una extraña zona montañosa, al sureste de Kanto. Una cuesta arriba de al menos un kilómetro. El chofer y su acompañante se bajaron del camión y liberaron a sus Ryhorns, quienes, tras habérseles enganchado una cadena en sus cuernos, remolcaron la furgo en dirección a la cima de la montaña, deteniéndose solo para quebrar algunas rocas en el camino.

Los pokemon se detuvieron al llegar a una superficie llana cerca de la cima, habían ahuecado las rocas y ahora se asemejaban a una galería lo suficientemente grande como para albergar varias camionetas.

Pegada a la roca que parecía ser la entrada, había una cerradura magnética color rojo. Athena rozo en ella una tarjeta que saco de su bolsillo, y la puerta, hasta el momento invisible, se abrió de par en par dejando ver el verdadero y oscuro interior de la cueva.

-¡Muy bien! Todos adentro- gritó mientras caminaba hacia el pasadizo.

-Ya escucharon, caminen- recalco Apollo mientras avanzaba seguido de los demás.

La camioneta se quedó afuera, los conductores abrían de guardarla en otro sitio. La puerta secreta se cerró, dejándonos en penumbras por unos segundos hasta que uno de los soldados prendió una antorcha.

-Quédate cerca mío, no te separes- Apollo me hizo un ademan para que lo siguiera.

Me acerque a él, y lo seguí en una larga caminata que duró al menos cinco minutos. El lugar era más grande de lo que parecía por fuera.

Me sorprendí bastante al llegar a una amplia sala bien iluminada. Parecía la recepción de algún lujoso hospital, con varios sofás, unos cuantos cuadros enormes cubriendo las paredes blancas y un televisor para video-llamadas de última generación, modelo 94 decía. El aroma a cerezo invadió mis sentidos, todo estaba muy aseado. Contrastaba sobremanera con ese largo, oscuro y húmedo pasillo en bajada por el que vinimos.

A decir verdad, me esperaba algo como la guarida de una bruja, de esas que salían en películas basadas en la edad media.

Fue un golpe agradable.

-Ven, te voy a presentar al ejecutivo- me dijo Apollo al tomarme del brazo.

Me ahorre mis preguntas y comencé a seguirlo. Pasamos a través de varios pasillos igual de lujosos y bien iluminados que la recepción, hasta detenernos en una enorme y suntuosa puerta decorada con un metal dorado. ¿De verdad es oro?

-Escucha- comenzó el- la persona que vas a ver ahora es el ejecutivo de esta sucursal.

Arquee una ceja, no tenía la menor idea de lo que estaba hablando.

El suspiro algo cansado al verme y continuo.-El equipo Rocket se maneja por rangos. El más alto es el de ejecutivo, luego vienen los capitanes, tenientes y debajo de todo, los soldados rasos.

-¿Eh? ¿Entonces tu eres capitán?- pregunté.

-No, esa es Athena, yo soy su teniente. Lo único malo es que cuando llegas a este rango te obligan a formar pareja con alguien más.

-Oh, entonces son muchos.

-Pues claro. Ten en cuenta que cada ejecutivo está a cargo de 10 escuadrones y actualmente hay 12 ejecutivos. Sin contar al señor Giovanni.

Lancé una mirada de intriga.

-Es el jefe y fundador del team Rocket. Es un visionario. Asegúrate de recordarlo.

Asentí mientras trataba de imaginar qué clase de persona podría ser ese tal Giovanni. ¿El poder vuelve repugnantes a todos o acaso hay excepciones? Supongo que voy a averiguarlo, pensé.

Apollo me dio la espalda para poder tocar la puerta.

-¡Adelante! ¿Athena? ¿Apollo?- la voz se hizo oír desde dentro de la habitación.

-Con permiso- respondió Apollo extendiendo sus brazos para abrir las hojas de la enorme puerta.

Las hojas de la puerta se hicieron a un lado para dejar ver una habitación aún más lujosa que las anteriores.

Varios retratos decoraban las pálidas paredes, una mesa llena de comida, y un escritorio al fondo. En una de las muchas sillas, se encontraba un hombre de unos cuarenta años, regordete y algo canoso, vestido con un smoking negro y una corbata roja. ¿Sería la vestimenta de los ejecutivos? Contrastaba mucho con el monótono y aburrido uniforme de los demás miembros.

-¡Apollo! Qué bueno verte de nuevo muchacho. ¿Cómo fue todo?- exclamó el hombre, con una mirada altiva en su rostro.

-Todo fue de acuerdo al plan. El alcalde esta fuera y tomamos la ciudad con éxito.

-Oh! Ya veo, ya veo. Estupendo. Como era esperarse de mi mejor escuadrón- agrego mientras aplaudía. Sus gestos denotaban un deje de altivez.

-Muchas gracias.

-Oh!- el hombre me vio situado al fondo de la sala. Dejo a un lado los cubiertos que e4staba usando y me lanzo una mirada de sorpresa-. ¿Ese chico lo trajiste tú?-pregunto dirigiéndose a Apollo.

-Así es- respondió, parándose firme-. Quiero recomendar a este muchacho como nuevo recluta- agregó.

-¡Oh! ¡Ya veo, ya veo!- dijo el hombre sin dejar de mirarme-. Así que lo elegiste tú…bueno, no puedo ignorar la opinión de uno de mis mejores subordinados.

-¿Entonces?-insistió Apollo expectante, mientras yo mismo me inclinaba hacia adelante.

El suspiro antes de hablar. –Es cierto que parece fiable pero, ¿no es algo joven?

El muchacho de cabello celeste abrió los ojos de par en par. –Bueno, sí. Pero, hace un mes se unió una chica de su edad, no veo por qué él no podría.

-Esa chica era un caso especial- dijo el hombre rascándose la cabeza.

-Él también lo es. Está buscando a su hermana. Ahora mismo está en una situación complicada.

Apollo me había presionado durante gran parte del viaje para que le cuente varias cosas que respectaban a mi pasado. Él dijo que era necesario que no omita detalles, por lo que me vi comprometido a contarle lo que me paso en estos ultimas días.

El hombre volvió a dirigirme una larga mirada antes de suspirar.

-Yo soy Vincent, soy el ejecutivo a cargo- comenzó-. ¿Y tú eres?

-Marco- respondí sin más. Buscando verme lo más serio posible.

-¡Marco! Un nombre fuerte, me gusta- exclamo entre risas-. Sabes- continuo poniéndose serio-. El objetivo del team Rocket va más allá de robar dinero y pokemon.

Arquee una ceja sin dejar de verlo. Él se levantó y se sirvió un vaso de whiskey.

-La cuestión no es ¿Qué hacemos? Si no, ¿Por qué lo hacemos? La gente en el equipo Rocket es gente que no puede encajar en la sociedad. Esta organización les da una segunda oportunidad. Mucha gente depende de esto- dio un largo trago de su vaso-. ¿Entiendes lo que quiero decir? El gobierno no va a dejar en paz a estas personas, incluyéndome. Para eso las cosas tienen que cambiar.

Asentí con la cabeza, sin perder la seriedad.

-Tenemos que cambiar las cosas- continuo-. La gente va a seguir viviendo la realidad que vende el gobierno, pero no todo es color de rosa. Hay gente que la pasa mal pero a la gente hipócrita de este país no le importa en lo más mínimo.

-¿Y…como planean cambiar las cosas?

El posó sus ojos sobre mí, sin mover la cabeza. Una sensación gélida recorrió mi cuerpo.

-Tenemos que derrocar al gobernador- dijo tras un silencio sepulcral-. Es la única forma. Para que la gente deje de vivir una mentira. Las personas nunca van a entenderse, siempre van a odiarse y a discriminarse hasta que ya no aguanten más y comiencen a matarse. La gran guerra es la prueba.

Traté de relacionar. No había mucha información disponible sobre el tema. Solo sabía que, antes de que el país se divida en regiones, hubo una guerra enorme que duro años y dejo miles de muertos, humanos y pokemon.

-Por eso, tenemos que dominar el país. No hay alternativa. Para eso necesitamos poder. El gobierno tiene a la Guardia roja, a los líderes de gimnasio, y a los altos mandos. Tenemos que hacerles frente de alguna forma.

Se me vinieron a la mente recuerdos amargos relacionados con mi madre, con mi hermana, con nuestra situación.

-No tiene caso esperar que la gente cambie- susurré mirando al piso. Esos últimos recuerdos pesaron fuerte sobre mí.

-Exacto- respondió Vincent con voz firme, y para mi sorpresa-. La gente no sabe lo que quiere. Piensan que las cosas están bien como están, pero no es así. El camino del equipo Rocket es el único para conseguir una utopía. Si obligamos a la gente a ser buena, no le va a quedar más remedio que serlo.

Esas últimas palabras resonaron en toda la habitación. Clave los ojos en el candelabro sobre mi cabeza mientras él se sentaba. ¿Este era el único camino hacia un mundo en el que yo pueda vivir? Era irónico, lo única forma de ganar libertad, era privando a las personas de ella. Asentí por dentro, podría ser un camino oscuro, pero era el camino de la justicia.

-¿Entiendes verdad?-continuó el hombre, suavizando su tono de voz-. Nuestras acciones están justificadas. No tenemos tiempo para jugar limpio contra gente tan sucia.

-Lo entiendo- interrumpí en tono firme, sorprendiendo a Vincent y a Apollo-. No tenemos opción.

Nunca vivimos en un cuento de hadas, nunca existió un demonio al que derrotar para traer la paz al mundo. Los enemigos son las mismas personas, si el gobernador muere, otro lo va a reemplazar y el ciclo de corrupción continuaría. La maldad reside en cada uno de nosotros como una enfermedad letal que amenaza destruirnos por dentro. La única forma de ganar es manteniendo esa plaga baja control, enjaulándola.

-Y bien… ¿todo esto te parece bien?

No iba a dudar. No era el momento, esta era la oportunidad que necesitaba. No voy a encontrar a mi hermana quedándome quieto, tengo crear un lugar en el que ella pueda vivir tranquila.

-Lo entiendo muy bien- recalque mirando a Vincent a los ojos.

-Si es así, entonces no hay problema. Puedes unirte a la división de Apollo- encendió un habano y lo coloco en su boca-. Puedo verlo Marco, sé que compartes nuestros ideales. Vas a ser un gran soldado.

-Gracias- asentí.

-Muchas gracias- agregó Apollo, haciendo una pequeña reverencia-. ¿Y con respecto a lo de…?

Vincent dudó unos segundos antes de contestar. -¡Oh! Si, esperen un segundo- dijo, y se fue a revisar el cajón de su escritorio.

Mire a Apollo con expresión de duda, a lo que él me respondió con una sonrisa confiada.

-Aquí esta- exclamo el ejecutivo al dejar una pokeball sobre la mesa-. Esta va a ser tu arma, así que cuídala bien.

Mantuve la vista sobre la pokeball, sin llegar a comprender a que se refería.

-Adelante, tómala. No es la gran cosa, pero va a estar bien para un novato. La vas a necesitar.

Esforzando me por no recordar la primera vez que tuve una pokeball frente a mis ojos, aquella vez en que mi pobre madre me recomendó convertirme en entrenador, tome la fría esfera metálica entre mis dedos y la apreté con fuerza.

-Entonces eso es todo- dijo Apollo suspirando-. Si me disculpa…

-Sí, seguro, pero antes necesito hablar contigo, así que lleva al muchacho con Athena.

-Eh? Si, entendido- el joven de cabello claro se dio la vuelta, no sin antes hacerme una seña para que lo siguiera.

Después de despedirme de Vincent, seguí a Apollo por el complejo de pasillos. Llegado cierto punto, me dijo que debía seguir derecho hasta la próxima puerta de madera con una R grabada sobre ella en color rojo. Esa era la habitación de Athena.

A pesar de que ella era la capitana, Vincent confiaba más en el criterio de Apollo, por eso era él, el que rendía los informes de las misiones. O por lo menos eso fue lo que me dijo Apollo.

Apenas había apoyado los nudillos en la puerta, cuando una persona la abrió, me metió a la habitación jalándome de un brazo, y la cerro antes de que pudiera decir algo. Todo en menos de un segundo.

Mis ojos dieron vueltas sobre el escritorio lleno de papeles en desorden, y las estanterías con cosas apiladas de forma aleatoria, para posarse sobre la espalda de la persona que me había jalado de prepo. Athena se sentó sin decir una palabra y comenzó a teclear en el ordenador en su escritorio.

Subió los pies descalzos sobre la mesa, haciendo notorias sus uñas pintadas de rojo entre lo pálido de su piel y entre tantos papeles. Me agache a recoger algunos papeles que ella dejo caer al hacer tal movimiento, para que ella, sin dejar pasar ni dos segundos, volviera a mover sus pies dejándolos caer de nuevo. No me moleste en volver a recogerlos.

Que mujer tan rara- pensé, frunciendo el ceño-. ¿Siempre es así?

Ella se mordió los labios, también pintados de rojo, mientras manejaba la computadora con elocuencia.

-¡Bien!- exclamó finalmente-. Estas registrado oficialmente.

-Oh, genial. ¿Y que se supone que debo hacer ahora?

-¿Qué sucede con esa falta de entusiasmo? Estas adentro del team Rocket, tienes que alegrarte- dijo ella apretando los labios.

-Estoy alegre- solté en tono apático-. Me muero de la alegría.

Esquive como pude una maquina abrochadora que ella me lanzo desde donde estaba.

-¡¿Por qué hiciste eso?!- exclamé con los ojos como platos.

-¡Ahora estas en mi división! ¡Quiero más entusiasmo!

-Mierda- susurré entre dientes.

-¿Te acabas de quejar verdad?- exclamó ella, amenazando con lanzarme la silla en la que estaba sentada hace unos segundos.

-¡Espera! ¡Espera! Estoy muy feliz. ¡Mira, mira!- exclamé forzando una sonrisa, que por cierto, se veía muy falsa. Siempre fui de naturaleza inexpresiva.

Ella bajo la silla lentamente, sin dejar de clavarme una mirada evaluadora. –Bueno, supongo que eso está bien para empezar.

¿Bien para empezar? ¿Qué demonios esperas de mí?- pensé.

Me senté mientras ella apoyaba una caja de cartón sobre la montaña de papeles en su escritorio.

-Esta caja tiene todo lo que necesitas. Uniforme, cepillo de dientes, un cuchillo, algo de ropa extra…en fin, lo de siempre.

-¿Para qué quiero un cuchillo?- pensé, apretando los dientes.

-¿Ya te dieron tu pokemon?- agregó cerrando la caja.

-Sí.

-Perfecto, entonces estás listo.

-¿Eso es todo?

Ella me analizo por unos segundos, haciéndome arrepentir por preguntar, y finalmente abrió la boca.

-Bueno, hay algo más. Es un consejo.

Tras tomar la caja entre mis brazos, me detuve a escucharla.

-Si vas a salir a las calles, y vas a hacer trabajos para el team Rocket, sería bueno que te lleves bien con tus compañeros de equipo. Ellos podrían salvarte la vida en algún momento.

-¿Tengo que hacer amigos?- pregunté con expresión cansada.

-¡No pongas esa cara! Los de mi escuadrón son buenos chicos. Hay uno que sabe romper máquinas expendedoras, otro que se la pasa en las tragaperras, un pelado y… ¡Ah! La ex líder de una pandilla de Kanto. ¿Escuchaste hablar de las Ekansukeban?

-Soy muy afortunado- ironicé al suspirar.

-¿Verdad? Así que ya sabes lo que tienes que hacer- se levantó de un salto.

-¿Eh? No, yo…-la idea de hacer amigos todavía no me terminaba de encajar.

-Hablando de nuevos amigos, hace poco se unió una chica muy linda- ella ignoraba lo que yo decía, mientras me empujaba hacia la puerta-. Es rubia y tiene un parche en el ojo, parece sacada de una película. ¿Te gustan las películas?

-Eh…Si, pero…

-¡Perfecto! Entonces son tal para cual, hazte amigo de ella- exclamó Athena antes de empujarme de la sala y cerrar la puerta de golpe.

-Qué mujer más loca…-balbuceé tras dar la espalda a la puerta.

-¡Te escuche!- el grito de la mujer se oyó desde dentro. Comencé a correr por el pasillo, antes de que a ella se le ocurriese salir y atinarme con el primer objeto que encuentre.

Camine por los pasillos, hasta dar con la habitación cuyo número estaba marcado con fibrón en la caja que me dio Athena.

La habitación era espaciosa, tenía dos camas, una sobre la otra, dos armarios, dos mesitas de luz… Fue ahí cuando caí en cuenta de algo desagradable -¿Dos?-. Tal parecía que tenía que compartir la habitación con alguien. Mierda.

Sin ganas de seguir pensando, sin ni siquiera ganas de analizar lo que había vivido en las últimas horas, me recosté sobre una de las camas, y me estire lo más que pude.

Por fin había un camino que seguir, las cosas podrían parecer oscuras, pero por primera vez tenía la oportunidad de cambiarlas. Mi situación actual, la búsqueda de mi hermana, mi nuevo trabajo como soldado del team Rocket, de pronto tenía muchas cosas en la que pensar.

Fui cerrando los ojos, sin desprender la vista de la brillosa pokeball roja y blanca sobre mi mesita de luz. A partir de mañana las cosas serían muy distintas.