Buenas! Aquí el segundo capítulo de esta nueva historia. Muchas gracias a quienes están siguiendola y a quienes dejaron rr, me hace muy feliz saber que les entretiene. Espero pronto traer el tercer capítulo :), estoy muuuuuy ocupada trabando en los turnos de guardia del hospital -o- pero bueno, intento ponerle onda y no tardar en las actualizaciones.

Un abrazo grande, me encantaría saber sus impresiones de la historia hasta ahora, me ayuda mucho a escribir :D.


Ring – Capítulo Dos-

Estaba componiendo últimamente. Desde que regresara a Londres había sentido el impulso imperioso de tomar su violín y empezar a escribir música. Se volvió hacia la ventana y continúo improvisando combinaciones de notas que furiosamente rasgaban las cuerdas. No tenía que ser un genio para notarlo (pero sin embargo lo era), desde la última vez que él y John hablaron, cierta inquietud se plantó en su pecho y no era capaz de controlarla, de hecho, ni siquiera entendía que era.

No, Sherlock Holmes no era bueno para entender las emociones si John Watson no estaba ahí para descifrarlas por él. Pero si era bueno para la música.

Por eso ahora componía furiosamente, una melodía rápida en crescendo, desordenada e irregular. ¿Ira? ¿Ansiedad? ¿Pasión?

No había vuelto a saber de John, cada día se esforzaba un poco más para encontrar algo que lo mantuviera ocupado y le evitaran pensar sobre el asunto. John no había llamado, él tampoco había insistido, a quien le correspondía dar el primer paso, Sherlock no tenía idea.

Repentinamente fatigado, dejó su violín de lado mientras normalizaba su respiración. En ese momento su teléfono comenzó a sonar y una sola palabra se repitió en su voz mental "John". No era él, probablemente no sería él. Pero desde hacía unos días que cada vez que recibia una llamada o mensaje, se encontraba ansiando el mismo destinatario.

"Sherlock Holmes"

"Hey Sherlock, ¿Estás ocupado?"

Excepto que esta vez sí era John. Su voz se oía cansada y al parecer se hallaba en un lugar público, a juzgar por los sonidos ambientales de fondo. Movimiento, gente. Definitivamente un lugar público.

"John… No, nada que no pueda ser reprogramado." Trato de sonar lo más compuesto e neutral posible, con excelentes resultados.

"Genial… Entonces… ¿Qué has estado haciendo? ¿Nuevos casos?"

"No, no desde Francia. " John musitó unas palabras inentendibles debido al ajetreo humano de fondo. Luego se mantuvo en silencio, como si estuviera buscando algo que decir. "¿John?"

"¿Sí?"

"Estaba tocando el violín."

"Oh, eso es genial. Hace tiempo que no te escucho hacerlo." Unos tres años quizás.

"Podría tocar para ti." ¿Qué?

"¿Qué?"

¿De dónde diablos salió eso? No debió decirlo. Solo lo había propuesto porque sintió la necesidad de llenar ese vacío que John había empezado. Otro silencio incómodo, masajeándose el puente de la nariz se maldijo mentalmente.

"Sí… está bien, eso sería maravilloso." Respondió en voz baja con un tono cargado de algo que el detective no pudo determinar.

"¿En serio?" Un Sherlock Holmes inseguro no era algo frecuente, pero la vulnerabilidad en sus palabras le hizo responder con mayor seguridad.

"Por supuesto."

Ellos no hacían eso; despertar a John a altas horas de la noche con el ruido de su violín no era lo mismo que ofrecerle un concierto personal. Pero ahí estaba, tomando el arco y blandiéndolo sobre las cuerdas otra vez. Dejó el teléfono en altavoz, justo encima del sofá.

Czardas de Monti, no tenía idea si era algo que John encontraría agradable (sus gustos musicales diferían enormemente) pero fue lo primero que le ocurrió. Era uno de los favoritos de su madre, solía tocarlo cada vez que sus cambios de humor atacaban dejándola por días confinada en su cama. Sherlock nunca comprendió como tal melodía melancolica podía animar a su madre; pero de nuevo, él era Sherlock. Mummy era del tipo sensible, igual que John (bueno, quizás llevado al extremo de lo insalubre), y esta era la única manera que conocía para animarlo.

Tocó esperando que cada nota le diera el mensaje a John. No sé lo que estoy haciendo, no sé cómo animarte. Pero, al fin y al cabo, aquí estoy. No estoy huyendo esta vez.

Cuando acabó, un sonido de aplausos se hizo escuchar a través del celular, y con una sonrisa de lado hizo una profunda reverencia antes de volver a dejar el violín sobre su estuche.

"¡Eso fue fantástico!"

"Gracias."

"Ah… oh… de nada, fue brillante Sherlock. Como siempre."

Fue Greg Lestrade quien le había dado esa sugerencia en medio de un intercambio de insultos. Aparentemente, expresar gratitud a la gente, incluso cuando no están más que haciendo su trabajo o puntualizando algo obvio, era considerado lo correcto a hacer. Llevaba un tiempo con esta práctica, era tediosa y muchas veces lo más doloroso y frustrante del mundo (él incluso agradeció a Anderson por alcanzarle un informe post-mortem, por dios santo!). Sin embargo esta vez fue algo que necesitaba hacerlo. Agradecer a John, tomarlo por los hombros y mirarlo a los ojos directamente, repetir gracias una y otra vez, por todas esas cosas que merecían su agradecimiento, por todas las veces que jamás lo hizo.

"Siempre me gustó tu forma de tocar, está tan llena de sentimientos." Sherlock bufó en desacuerdo. "No, no, en serio. Incluso esta vez, eso fue muy hermoso y reconfortante, como si estuviera dedicado especialmente. ¿En quién estabas pensando? ¿Algún antiguo amor, tal vez?" John soltó una risita con intenciones de broma.

"Aunque me alegro de poder ser útil como distracción mientras dura tu viaje en tren, John, comienzo a preguntarme la razón de todo esto. ¿A qué haz llamado?"

La risa fue transformándose en una de amargura.

"Bien deducido, ¿no puedes deducir el resto?"

"Sí."

"Adelante entonces."

"Prefiero preguntar." Prefiero que tu me lo digas, fue lo que en verdad quiso decir. John exhaló largamente antes de confesar.

"No podía seguir en esa casa, ya no más, Sherlock. Hablé con ella… ni siquiera lo negó, no podía seguir rodeado de mentiras. Yo… " Hizo un largo silencio, en el que Sherlock sintió que el aire de los pulmones había decidido evaporársele. "… no puedo seguir así. No es mi vida. Necesitaba salir de ahí, necesito empezar de nuevo, alejarme."

Oh no. Él sabía exactamente lo que eso significaba, sintió a la revelación como si fuera un maldito puño directamente contra su estómago. El ya no estaba invalidado, y alguna vez había mencionado que siempre estaba la opción de volver al ejército.

Distancia. Un nuevo comienzo. Una vida llena de emoción. Es exactamente lo que John buscaba en ese momento, y el ejército estaba listo para proveerlo cuando quisiera. Tenía perfecto sentido, lo más lógico para hacer.

¿Entonces por qué sentía que no podía respirar?

Se paseó frenéticamente de un lado a otro en la sala, jalándose del cabello con una fuerza ridícula. Se encontró frente al espejo sobre la chimenea, su rostro totalmente desprovisto de color y con los ojos de un maniático. ¿Qué estaba pasando? John continuaba hablando al otro lado de la línea, explicando su situación y los motivos por los cuales había decidido tan repentino cambio en los planes de su vida. Continuaba repitiendo su nombre, pero la mente de Sherlock estaba lejos de ahí.

"¿Sherlock, hola, sigues ahí?"

Ire contigo. Déjame acompañarte. Las palabras comenzaron a atorársele en la garganta. Es exactamente lo que iba a hacer. Por Dios, Mycroft enloquecería. Pero si seguir a John a otro país a pelear por algo que no creía, en una estúpida guerra, lo haría. Si eso era lo que costaba tener a John cerca y no volverlo a perder, es exactamente lo que pagaría.

"John…"

"¿Lo haces a menudo? Tocar el violín para alguien más."

¿Qué? ¡¿Qué tenía eso que ver con todo lo demás?! Hasta el último momento, John siempre tenía esa capacidad desconcertarlo.

"No."

"¿En qué estabas pensando, entonces?" Había cierta incertidumbre en su pregunta. Verdadera curiosidad.

En ti, idiota. No había mucho más en lo que podía pensar últimamente. No desde que regresó de la muerte. Desde mucho antes.

"Solia tocarlo para mi madre, nunca entendí porque pero solía ponerla de buen humor."

"Tu madre…"

"Sí. Mi madre. ¿Hay algún problema con eso?" No quiso sonar agresivo, pero de repente se sintió demasiado consciente de lo que había soltado.

"¡No! No, por supuesto que no… ¿Ningún amante, entonces?"

"Claro que no, no seas ridículo." ¿Por qué seguimos hablando de esto? Deberíamos estar hablando del hecho que te vas. "No interpreto para nadie más, no lo he hecho en años. Solo mi madre y tú. Estaba pensando en ti. Pensé que hasta con tus limitadas capacidades de deducción serías capaz de darte cuenta, John."

Otro silencio, más prolongado y cargado, creció entre ambos. John carraspeó aclarándose la garganta.

"Tengo que irme, llegamos a la estación."

"No, espera, todavía—"

"Tengo que irme, hablamos luego."

"¡John!"

El ruido de las puertas del tren abriéndose fue lo último que escuchó antes de que el doctor colgara.

Esto estaba mal, toda la situación se estaba saliendo de control. Tenía que encontrar a John y hablar con él. Marcó su número pero el teléfono de John ya estaba apagado. Arrojó el celular sobre la mesa con más fuerza de la necesaria y continuo andando de un lado a otro por todo el departamento. ¿Cuáles eran sus opciones? Encontrar a John y pedirle por favor que no se fuera, y si se negase, irse con él. Dramático, y probablemente no algo que cualquier amigo normal haría, pero a pesar de sus intentos por taparlo con gestos de agradecimiento, ocultando sus deducciones y todas esas cosas que se supone lo convierten en un mejor amigo, Sherlock no era un amigo normal. Dramático y con tendencia a la obsesión, eso era.

John Watson se había vuelto en su obsesión. El motivo de todas sus acciones, la razón que moldeaba sus intenciones.

Tomó su abrigo y su bufanda, bajando por las escaleras decidió que iría a hablar con Mycroft, él le daría la información del paradero actual del doctor. Abrió la puerta del frente y nuevamente John Watson logró sorprenderlo, al encontrarse frente a él. Vestia su abrigo azul y cargaba su maleta más vieja, la misma que había cargado la primera vez que entrara por esa puerta para vivir con él.

Hey, Sherlock.-Saludó con una pequeña sonrisa que contrastaba con el agotamiento en las líneas de expresión de su rostro y las ojeras en sus ojos.

J-John.

¿Está bien si me quedó aquí? – La inseguridad con la que lo pregunto fue entrañable.

Distancia. Un nuevo comienzo. Emoción. Baker Street estaba listo para proveerle a John Watson lo que quisiera y cuando lo quisiera. Así también como su único habitante, Sherlock Holmes.

Toda esa maraña de sentimientos que no había podido más que traducir en música, tomó posesión de sus acciones y apagó su cerebro por todo un largo segundo. Abrió sus brazos y encerrar a John entre ellos fue de la cosa más natural y lógica de hacer.

Ciño sus brazos alrededor de su espalda y enterró su rostro en cuello de su único amigo. Sí, sí, siempre la respuesta sería sí.

Sí. – Exhaló un suspiro lleno de alivio.