N/T: Aquí dejo el segundo capítulo, me ha costado un poco más traducirlo porque a veces no encontraba la frase adequada para traducir alguna frase, pero bueno, lo he conseguido! xd Si encontrais algun error por favor no dudéis en decírmelo que a veces con las prisas puedo cometer alguna falta y me moriría de la verguenza si eso pasara. En fin, basta ya de cháchara, a disfrutar del capitulo, que yo creo que es el capítulo más emocionante de esta historia.

Muchísimas gracias a todos los que estáis siguiendo la historia y a todos aquellos que la habéis puesto en favoritos. También quiero agradecer todos los reviews que habéis dejado por aquí, así que gracias a nagini27 , Gabriela Cruz , Diosa Luna, 73, Smithback, Aurora Snape, YazminSnape , Mama Shmi , patybenededmalfoy y a TequilaNervous! Aprecio mucho vuestros comentarios! :)

(Todo el mérito se lo lleva dressagegrrrl, la autora de esta maravillosa historia, yo sólo soy una simple traductora)


Capítulo 2

Snape ya estaba despierto y apoyado en su codo, contemplándola con oscuros y calmados ojos. Su cabello estaba suelto y esparcido por todo su hombro, cayendo hasta la cama.

''Estoy empezando a comprenderlo,'' dijo él.

''¿Qué dices, Severus?'' Murmuró Hermione, rompiendo el velo de sueño que aún rondaba por su cabeza. Parpadeó, reconociendo la habitación del burdel. ''¿Otra vez aquí, eh?''

''Evidentemente.'' Extendió la mano y acarició su hombro, y la sobresaltó el calor de su mano sobre su piel desnuda. Su mirada se desvió hacia sus dedos antes de regresar a su rostro. Sus cejas estaban juntas, pero no de enfado. No, se posaban en su frente como si fueran un techo, y sus ojos estaban pensativos debajo de ellas. ''No necesitaba que me defendieras esta noche.''

Ella bostezó, y su mandíbula hizo un crujido. ''¿Y? Eso no significa que, por una vez en tu vida, merezcas que alguien te defienda.'' Dijo rodando por su costado para poder mirarlo a la cara, imitó su postura y apoyó la cabeza en su mano. ''Además, Lavender se había pasado de la raya. Necesita un buen azote.''

Moviéndose lentamente como si no quisiera asustarla, Snape recorrió con sus dedos un mechón de su largo pelo que descansaba sobre su hombro. ''Eres muy descarada.''

''Lo sé, lo sé. Demasiado Gryffindor. Ya me lo has dicho demasiadas veces.''

Su boca se curvó. Estudiaba su rizo mientras lo enrollaba alrededor de sus dedos. ''Me gustó tanto tu hechizo, que dosifiqué su bebida en la fiesta con una poción que copiaba el mismo efecto, excepto que este hechizo hará efecto más lentamente. En una semana su pecho izquierdo estará colgando hasta sus tobillos. El efecto se desvanece poco a poco, y no hay ningún hechizo reversible para ello.''

Ella ser rió hasta quedarse sin aliento y lo golpeó en el brazo. ''¡Serás imbécil! Ahora se pensará que he sido yo.''

Los ojos de él se volvieron cálidos, y casi sonó arrepentido cuando se tocó el pecho y respondió, ''Slytherin.''

La mirada de ella viajó hasta el pectoral de él, y pudo notar unos rizados vellos negros ligeramente esparcidos alrededor de su pezón que bajaban hasta su abdomen y se perdían entre las sábanas. La manta, con el repelente armiño, cubría su cintura, y por encima de ella, Snape lucía desnudo y sin ningún tipo de pudor. Su tenso estómago y su pecho se ondulaban al respirar. Cuando consiguió subir de nuevo la mirada hacia él, sus ojos resplandecían con buen humor y algo oscuro. Algo ardiente.

Dioses, pensó ella y tragó pesadamente, su boca se había secado de repente.

Su mano se enredó en su melena una vez más, y su pulgar se deslizó para acariciar su mandíbula con una ternura que hizo que se le erizara cada vello de su cuerpo. Atreviéndose demasiado, Hermione volvió a posar sus dedos en las cicatrices de su cuello.

Los ojos de Snape se entrecerraron al instante, perdiendo cualquier signo de calidez. ''No lo hagas.''

''¿Por qué no? ¿Duele?'' Ella paró de acariciarlo, pero su mano se mantuvo apoyada suavemente contra las furiosas heridas.

''No, son repugnantes. Son…me hacen sentir incómodo.'' Se conmovió y bajó la cabeza como un caballo asustado. La mano de Hermione volvió a las sábanas que había entre ellos.

Lo observó pacientemente mientras los ojos de él se movían alrededor de la habitación, por cualquier sitio, menos mirarla a ella otra vez.

''Sólo son cicatrices,'' susurró ella. Él no reaccionó. ''Severus. Severus, mírame.'' Se giró y deslizó la sábana por su lado izquierdo, sin quitar la mano alrededor de su pecho, de modo que la parte de arriba quedaba expuesta pero el pezón seguía cubierto. ''¿Ves? Yo también tengo cicatrices.''

Finalmente él se volvió a mirarla, y Hermione sintió su mirada en la gruesa y desagradable cicatriz que había recibido en quinto año por culpa de un rencoroso Sectumsempra. Descendía desde su clavícula y dividía en dos su pecho. De hecho, eso es lo que había hecho, dividirlo en dos, directamente a través del pezón. Había tenido que usar un montón de hechizos reconstructores y pociones para asegurarse de que se había curado bien y de que parecía lo más normal posible.

Enseñársela a Severus hizo que se sintiera vulnerable y expuesta. Ella sabía que no tenía nada por lo que sentirse avergonzada, pero eso había dañado su feminidad. Después de todo, Ron supuestamente la había amado, e incluso él se había sentido intimidado por la cicatriz, prefiriendo no tocarla mientras tenían sexo. Él había cerrado los ojos y girado la cara, y Hermione siempre se había preguntado si en su lugar se estaría imaginando a alguien más. Alguien que no hubiera sido marcado por la guerra como lo estaba ella.

Cuando escuchó a Snape hacer un ruido de dolor desde lo más profundo de su garganta, se sonrojó y volvió a taparse con las sábanas.

Inmediatamente, él se puso sobre ella. Su antebrazo se posicionó detrás de su cuello, y la acunó mientras colocaba la palma de su mano en su pecho y retiraba la sábana hacia abajo con tortuosa lentitud. El mago no se paró cuando llegó al pezón, en vez de eso siguió bajando para exponer toda su cicatriz, que le llegaba hasta su caja torácica.

''Hermione,'' gruñó él, y sus ojos viajaban por su pecho hasta sus ojos y de vuelta otra vez a su pecho. ''Para mí tu eres hermosa.'' Y se inclinó sobre ella, abrazando su cuerpo, y deslizó la lengua por toda la longitud de la cicatriz, atravesando las costillas y toda la curvatura de su pecho.

Ella gimió con sorpresa, dejando escapar un ruidoso y profundo gemido, y pudo sentir su miembro endurecerse contra su cadera. Hermione lo vió separar sus labios e inclinarse hacia ella para tomar el despedazado pezón dentro de la húmeda caverna de su boca.

Se sobresaltó, despierta de golpe por sus propios gritos de placer. Su camiseta se había enrollado hasta arriba, dejando expuestos sus pechos, mientras su cicatriz pulsaba de placer.

Jadeando, dejó que su mano se deslizara hacia el borde de sus bragas al acordarse de la expresión intensa de él y de la dureza de su miembro presionándose contra ella y la suavidad de su pelo mientras acariciaba su piel desnuda.


Sólo había sido un sueño, pero eso no facilitaba que Hermione al día siguiente pudiera mirar a su jefe a la cara. Lo compensó siendo extremadamente amable. Contorneándose al entrar dentro del Apotecario de Snape esa mañana, canturreó, ''¡He traído café! Está muy fuerte. Te va a encantar.''

Él emergió del laboratorio, limpiando sus manos en un trapo. ''Gracias a los dioses. No he dormido mucho, y me vendría bien una taza.''

Ella se había puesto su delantal de tulipanes para hacer pociones, y empezó a ordenar una bandeja con algunos bollos que ella había horneado y los vertió en el café de él, que le gustaba con una cantidad impresionante de azúcar, cuando se volvió a mirarlo se quedó helada. Su camisa estaba desabotonada…sólo un botón, arriba del todo, permitiendo la visión de su nuez y el borde de su cicatriz.

Hermione se vio incapaz de retirar su mirada.

Él se paró abruptamente, y se giró para mirar alrededor. ''¿Qué estás mirando?'' Su cara mostró comprensión, y claramente ofendido, empezó a abotonarse el cuello.

''No, por favor no lo hagas. No hace falta, Severus.''

Él paró, pero luego negó con la cabeza y se lo abotonó. ''No pasa nada, Hermione.''

''Es sólo que…sé que te molesta cuando lo tienes cerrado,'' dijo ella y caminó hacia delante, desabrochando su collar una vez más. En un movimiento que ella consideraría accidental, Hermione permitió que su dedo rozara su cicatriz. Se estremeció y el rubor empezó a subir por sus mejillas. La bruja sabía que si sus orejas hubieran estado a la vista, estarían rojas por la vergüenza. ''Así,'' susurró, alisando las solapas de su camisa.

Acabo de tocar a Snape. Le he desabrochado la camisa.

''Gracias,'' dijo él, más cerca de lo que habían estado nunca. ''Sé que son repugnantes.''

Algó en su mente sonó con alarma, pero ella lo ignoró, centrándose en la esencia de calidez combinada con hierbas aromáticas y amargas que emanaba del hombre. ''No te creas.''

La sonrisa que le devolvió él fue lenta y radiante, y ella se sonrojó por la ternura de ésta.

La campana de debajo de la puerta sonó, y el momento mágico que se había creado entre ellos se rompió. Hermione dio un paso hacia atrás y volvió sus rosadas mejillas hacia la bandeja, donde había estado preparando su café.

''Potter,'' dijo Snape, y ella miró hacia arriba para encontrarse a Harry aguantando la puerta mientras James y Ginny entraban. Su amigo acunaba su bebé con el brazo izquierdo, sosteniendo al pequeño de seis meses contra su pecho. ''Señor Potter,'' añadió educadamente el Pocionista. Hermione se sorprendió de que no hubiera ninguna mueca en su cara, aunque continuaba usando el tono plano al que se había acostumbrado a oír cada vez que se dirigía a Harry.

''Señor Snape,'' contestó Harry, con una pequeña sonrisa en su rostro. Empujó ligeramente a Albus Severus hacia arriba y acarició su pequeña espalda. ''Gin y yo solo queríamos pasarnos por aquí y agradeceros que vinierais ayer. De verdad que significó mucho para nosotros.''

Snape inclinó su cabeza ligeramente, pero no dijo nada.

Ginny dio un paso adelante, llevándose con ella al pequeño James. ''Sinceramente, queremos agradeceros mucho más que eso.''

Se movió hacía el charco de luz que entraba dentro del boticario por los grandes ventanales en la parte delantera de la tienda. El radiante sol hizo que su pelo se volviera de un color rojo vivo, y sus ojos se iluminaron mientras alzaba su mano para acariciar el marcado antebrazo de Snape.

Hermione vio los ojos de él moverse por su cabello y ojos y acariciar la boca de la bruja con ellos, y luego se separó, lejos de la mano que intentaba acortar la distancia entre ellos. Descruzando sus brazos, los puso detrás de su espalda dando a entender que no quería que lo tocaran.

Aunque para la mayoría, su cara habría parecido impasiva, la bruja de pelo rizado lo conocía lo bastante bien como para ver que por un momento, una dolorosa tristeza se apoderaba de él. Hermione lo notó en la tensión de sus hombros, en la pequeña arruga entre sus cejas y en la poca profundidad de sus silenciosas respiraciones. Sus ojos se movieron hacia el pequeño y pelinegro niño de ojos verdes, y sus labios se tensaron.

''Está bien,'' susurró Ginny. ''Vale. No tocaré. Harry y yo queríamos que supieras lo mucho que te apreciamos a ti y al trabajo que has hecho por todos nosotros. Sin ti, no estaríamos hoy aquí. No tendría un lugar seguro para críar a mis hijos. No tendría a Harry. Probablemente él habría muerto en manos de Vold…'' Su voz había ido llenándose de pasión a medida que hablaba, pero sus palabras se cortaron al escuchar el nombre. ''En manos de quién no debe ser nombrado.''

De nuevo, él inclinó su cabeza un milímetro, pero esta vez habló. ''Me…alegro.'' Snape había estado estudiando la hilera de ingredientes que estaban dispuestas por las ventanas paralelamente, pero su mirada después se posó sobre el rostro de Ginny, con un sigiloso movimiento. ''Me alegro que tengáis un lugar donde criar a vuestros hijos.''

La observó durante un largo rato, y Hermione sintió una egoísta urgencia por interponerse entre ellos dos, gritando, ¡A mí! ¡Mírame como la miras a ella! Pero nadie la miró. De hecho, todos parecían haberse olvidado de su presencia excepto por el dulce James que la saludó con una sonrisa pueril. Su sonrisa se ensanchó, y Hermione pudo darse cuenta de lo mucho que se parecía a Harry.

Snape se recompuso, y se giró para entrar en su laboratorio, dando a entender que la conversación había acabado. Se paró, justo en el umbral. ''Hermione, hay un problema con un montón de pedidos. Ven a verme una vez los Potter dejen de malgastar el tiempo por el cual te pago.'' Se fue sin decirle ni una palabra a Harry o a Ginny.

El silencio reinó en la sala del Apotecario.

Harry apoyó un dedo en su barbilla. ''¿Ha ido bien? Nunca lo sé cuando se trata de él.''

Hermione respondió, ''Si. Está conmovido, pero ha estado afectado durante mucho tiempo, es sólo que no sabe como mostrarlo.''

''Ni siquiera puede mirarnos,'' susurró Ginny.

Hermione quiso llorar.

''Es porque te pareces mucho a tu padre, Harry. Y Ginny, con tu pelo y tu tez pálida, le recuerdas a Lily. Él todavía…'' Tragando saliva repetidamente para aliviar el nudo de su garganta, dijo con tono áspero, ''Bueno, ya sabes, Harry. Viste sus recuerdos.'' Se negó a encontrar una causa para las lágrimas que pugnaban por salir.

Harry pareció avergonzado. ''Nunca debí habértelos dado a ti, Herms. Debería haber sido lo suficientemente valiente para darlos yo mismo en vez de pedirte que lo hicieras tú, pero estaba tan impresionado. No supe cómo reaccionar, sabiendo que Snape había amado a mi madre.''

''Oh Harry,'' le regañó Ginny.

''Lo sé, Gin.'' Se tiró el pelo hacia atrás para acariciar su frente, y Hermione vió su rayo, que había pasado a ser una línea difusa desde la caída de Voldemort.

Los labios de Hermione temblaron y sonrió, e intercambiaron, algunas palabras más antes de abrazarse el uno al otro al despedirse. Recibió un húmedo beso de James y ella presionó su boca en la frente de Albus, inhalando su dulce esencia a polvos de bebé. La pequeña familia se despidió mientras se iban, y ella los contempló con su corazón dolorido al ver una vez más el pelo rojizo de Ginny iluminarse por la luz.

Inclinándose ligeramente, con cada mano en un mango de la bandeja del café, inspiró profundamente varias veces, luchando contra los sucesos que la estaban atormentando lenta e inexorablemente. Pensó en el solemne y delgado rostro de Snape. Pensó en cómo él se había expuesto ante ella mientras al resto del mundo lo mantenía apartado. Pensó en su retorcido humor, y no pudo negar la ternura que sentía por él o la pasión que sentía cuando estaba cerca.

Qué equivocada estaba. Una parte del motivo por el cual me siento unida a él son estos sueños. Estos sentimientos se están revolviendo dentro de mí por culpa de una serie de experiencias que ni siquiera son reales. Hermione rió sin gracia.

Inspira, expira, inspira, expira. Hermione respiró hasta que su pecho bajó y la habitación dejó de estar amenazada con llenarse de lágrimas. Levantándose, se aclaró la garganta. Basta de tonterías. Con un giro de su varita, conjuró un hechizo calentador sobre el café de Snape y le llevó la bandeja.

''¿Severus?'' Aliviada de que su voz sonase normal, lo llamó fuera del laboratorio.

''Aquí,'' dijo él.

Estaba sentado en su puesto de pociones, de perfil hacia la puerta donde ella estaba. Sus antebrazos estaban encima de la mesa, y miraba hacia el horizonte, su coleta cayendo por su espalda. Hermione pensó que parecía desamparado y dejó la bandeja a su lado, permitiendo que su otra mano libre se posara sobre su hombro y después se deslizara por su coleta.

Su respuesta fue arquear una ceja ante la temeridad de ella al atreverse a tocarle.

''Bébete el café. Te animará,'' ordenó.

''Si, madre,'' dijo él, con una calidez en sus ojos que la habría hecho contener la respiración si hubiera sido capaz de ignorar como éste la había llamado.

Disimuló la decepción y respondió tirando de su coleta fuertemente. Lo que causó que su cabeza se fuera hacia atrás ligeramente. ''Hazlo o te quedas sin postre después de cenar, jovencito.''

Sonriendo con burla, él cogió la taza y sorbió. Él murmuró, con los ojos cerrados. ''Está bien.'' La volvió a dejar en la mesa de granito con un suave clink que resonó en la habitación e hizo tambalear el líquido hasta el borde. Contemplando sus manos, él volvió a caer en el silencio, envuelto en un velo de tristeza que Hermione quiso rasgar para poder llegar hasta él.

''¿Qué era eso de lo que teníamos que hablar? Dijiste que había un problema con algunos pedidos.'' Deseó distraerlo hablando de trabajo, pero aunque él sonrío, sus ojos se mantuvieron oscuros y sin color.

''No había nada en realidad.'' Severus se volvió y la miró. ''Sólo quería que Potter se diera cuenta de que estaba interrumpiendo nuestro trabajo para que se marchara. Y hablando de eso…,'' comenzó a decir. Se aclaró la garganta. ''Hermione…Hermione, escuché lo que Potter dijo de mis recuerdos.''

Ella se quedó estática, y un escalofrío recorrió su columna. ''Espero que comprendas que no pretendía entrometerme. Los habría puesto en un recipiente, pero Harry estaba preocupado por si se perdían, y realmente, la manera más segura de transportarlos era guardándolos en mi cabeza. No los habría visto si no hubiera tenido otra opción. Y ya sabes que si no lo hubiera hecho yo, lo hubiera hecho Ron, y estoy segura de que eso…''

''Está bien, hechicera. Sé que guardarás mis secretos igual que los tuyos.''

Y sólo por eso, ella se quedó casi sin palabras, honrada más allá de todas las expectativas de confianza que él le había mostrado. ''Sí,'' dijo simplemente.

''Oh, pero Potter. Ese chico egoísta. Estoy furioso por la cobardía de Potter. Todos estos años que he malgastado protegiéndolo, espiando para Albus, y el dolor que os he hecho pasar, y le da mis recuerdos a una tercera persona. No ha podido molestarse en devolveros él mismo por culpa de su inmaduro disgusto al descubrir que soy un hombre y que una vez amé a su madre.''

Hermione contempló su semblante sombrío. Si, era un hombre. Era un hombre con un verdadero y leal corazón. Incluso ahora, incluso ahora, pensó, recordando las sombras que le habían acechado al ver a Ginny con el pelo rojo y la tez pálida de Lily. Ella deseó acercarse a él y acariciar su rostro hasta que sus ojos se iluminasen, y que él le sonriera como lo hizo aquella mañana en que ella le desabrochó el cuello…Pero sus fantasmas estaban presentes en el ambiente. Así que en vez de eso, untó un bollo con mantequilla y lo puso en el plato de porcelana que había traído, deslizándolo por el mostrador para dárselo a él, demostrando su preocupación lo mejor que sabía.

Snape se volvió y le sonrió, dándole una palmadita en la mano. Era suficiente por ahora.


Hermione se despertó en el burdel con Snape inclinado sobre ella, su antebrazo otra vez debajo de su cuello, y una pequeña sonrisa curvando sus labios.

''Buenos días,'' susurró él, acariciando su nariz con la de ella.

''Bnnnos días,'' suspiró, estrechando sus brazos alrededor de su cuello.

Ante el contacto tan cariñoso de ella, los ojos de Severus se volvieron cálidos, y se inclinó hacia adelante para acariciar el borde de sus cejas con sus labios. ''Te despertaste en un momento terriblemente inconveniente la otra vez. Estaba a punto de realizar actos imperdonables sobre tu persona.''

''De todas formas, estoy segura de que no es verdad. Yo soy, después de todo, una mujer que perdona.'' Dejó escapar un bostezo y murmuró, ''Estos sueños se sienten tan reales. Son casi auto-referenciales ahora.''

''Quizás son reales,'' susurró él, mirándola desde arriba.

Hermione pensó en ello, con la cabeza inclinada. ''No, no lo creo.''

''¿Por qué no?''

''Bueno, tu – tu yo real – nunca los ha mencionado en la vida real.''

''Puede que sea tímido.''

Ella rió ante su respuesta. ''Ahora sí que estoy segura de que no son reales, Severus. ¿Tú? ¿Tímido?''

La boca de Snape se curvó al oírla, y se dobló hacia abajo para arrastrar sus labios por los de ella. El calor que él desprendía la hizo emitir un gruñido desde lo más profundo de su garganta, y Hermione introdujo sus dedos en su suave y negro pelo. El beso era casto pero intenso, y ella no pudo hacer otra cosa que retorcerse de deleite al ser el centro de atención de él. Después de deslizar la punta de su lengua por la curvatura de los labios de ella, finalmente se separó. ''Absolutamente,'' murmuró. ''Sobre esto, sí.''

Hermione recorrió con su dedo la línea de su nariz. ''Hoy estabas triste.''

Los ojos de Snape se enfriaron ligeramente. ''No,'' dijo.

''Sí.'' Ella estiró las sábanas hacia arriba para tapar los hombros de él. Podía ver que tenía la piel de gallina a causa del aire frío de la habitación. ''Es porque Ginny te recuerda a Lily, ¿me equivoco?''

''No estaba triste, Hermione. Estaba desconcertado.'' Severus se separó de ella y se tumbó sobre su costado. ''Lily está en mi pasado, sólo un fantasma de lo que nunca fue. De todas formas, ver a Ginny allí con Potter, con las misma edad a la que murió Lily…'' Se encogió, y las sábanas se deslizaron hacia abajo. ''Ha sido extraño.'' Volviéndose a incorporar, Severus la acercó a él y luego empezó a acariciar la largura de su cicatriz. Sin mirarla a los ojos.

A ella le recorrió un escalofrío y tiró del manto de armiño para taparse los pechos, protegiéndose de él. Era casi doloroso tener a Severus acariciándola con tanta ternura mientras hablaba de 'su Lily'.

Él la miró, sorprendido por su alejamiento. ''Hermione,'' susurró, ''Soy quién soy por mi pasado con Lily Evans. Aunque llevo muchas cargas encima, mi amor por ella es la más ligera. No puedo cambiarlo, pero debo confesar que tenía la esperanza de que formaras parte de mi futuro.''

Ah dioses, eso había sido muy dulce. Si sólo fuera real. Ella tragó con dificultad y parpadeó, sintiendo las pequeñas lágrimas que salían del borde de sus ojos y que bajaban hasta sus mejillas hasta llegar a su pelo. Cuando Severus lamió las lágrimas saladas de su cara, Hermione enrolló su brazo alrededor de su cuello y dijo, ''Está bien. Está bien.'' No lo podía tener en la vida real porque estaba demasiado estancado en su pasado con Lily, se maldeciría si dejaba escapar esta oportunidad.

Ante su afirmación, Severus enterró su rostro en su cuello y besó su hombro. ''Gracias, tulipán,'' murmuró y luego se deslizo para ponerse encima de ella. Posicionó sus caderas sobre las de ella con tanta delicadeza que la hizo aguantar la respiración ante tanta ternura.

El resto del sueño fue una neblina de manos acariciándose y dientes mordiendo mientras Severus le hacía el amor con una determinación que dejó a Hermione sollozando de placer, sus manos hundiéndose en los músculos de su espalda mientras él empujaba y empujaba una y otra vez, presionándose contra su carne apretada.

Cuando ella se despertó, estaba llorando al alcanzar el clímax, sus puños estaban aferrados a las sábanas enrolladas en sus caderas. Pero no había nada, porque Hermione se sentía vacía. Estaba sola en su dormitorio.


Sólo es un sueño, se dijo a sí misma, arreglándose el traje con manos sudorosas. Se había dicho lo mismo esa mañana cuando había descartado un par de pantalones perfectamente factibles y se había puesto una falda de gamuza hasta la rodilla que atraía la mirada hacia sus delgados tobillos. Sólo un sueño, canturreó, pero en elegir entre una útil camisa blanca abotonada y un suéter suave de cachemir de color carne que pedía a gritos ser acariciado, ella eligió el suéter.

Sólo un sueño, pensó, pero no hay ninguna razón para no arreglarme un poco. Había tenido un aplastante orgasmo causado por un sueño con su pocionista de ojos solemnes, y Hermione se sintió de maravilla. Además, está empezando a hacer frío, así que un suéter es más práctico. Y con esa mentira metida en su cabeza, se ató el pelo en un moño suelto y metió su varita en él.

Sin embargo, Snape llegaba tarde. No estaba aquí para disfrutar de ella en su máximo esplendor. Lo había estado esperando durante media hora. Hermione suspiró y se inclinó en el taburete, reposando sus codos en el cristal de la encimera donde él guardaba los ingredientes prohibidos. Nunca había llegado tarde.

Haciendo un puchero, reorganizó los artículos de la encimera, apilando las facturas y alineando los bordes de su gran libro con los libros de investigación que había apilado al lado. Hermione sabía que estaba siendo una tonta. Realmente nada había pasado. Su reciente actitud se basaba en gran parte a partir de a una serie de sueños cada vez más eróticos y no en todo el ánimo que Snape le había dado en la vida real. Después de todo, su afirmación de que no odiaba tanto estar en su presencia no justificaba que se hubiera puesto un tanga.

Miró hacia arriba al escuchar la campanilla de la puerta. Él estaba ahí, con dos cafés en la mano. Severus parecía triunfante al deslizar la mirada hacia el suéter rosa de cachemir que cubría la suave curva de sus pechos. Enrojeciendo violentamente, volvió su mirada hasta el rostro de ella y murmuró, ''Hoy estás muy guapa.''

''Tú también. Elegante, quiero decir.'' Y de verdad que lo parecía. Severus dejó el café en el mostrador y se quitó el abrigo, revelando una camisa abotonada azul. Era estrecha, marcaba su vientre plano y la anchura de sus hombros. El cuello no estaba abrochado, y había metido los bordes dentro del par de pantalones negros con una hilera de botones de plata en su cadera izquierda y que invitaron a Hermione a mirar su entrepierna.

Lo cual estuvo haciendo hasta que él se aclaró la garganta.

Ella lo miró, sorprendida por la necesidad de pasar sus dedos sobre la hilera de botones.

''He traído un poco de café,'' dijo él.

''Gracias.'' Hermione dio un trago, sus ojos se humedecieron cuando se quemó la lengua. ''Está muy bueno,'' tosió.

Entraron en un silencio incómodo, los ruidos que hacían al sorber eran los únicos ruidos que había en la habitación. Con su pié, él acercó otro taburete y lo puso alrededor del mostrador para poder sentarse al lado de ella. Olfateó el aire con estimación.

''¿Te has puesto perfume? Huele muy bien.''

Sorprendida, Hermione se llevó las muñecas a la nariz para olerlas. ''¡Oh! No, no. Es la verbena de limón que he cortado para la poción de artritis.'' Volvió a poner sus manos sobre su regazo.

Severus envolvió sus dedos alrededor de los de ella y se llevó la mano hacia su rostro. Llevó su nariz y labios contra su muñeca e inhaló profundamente. ''Ah. Error mío.'' Su mano le quemó, y el recorrido de su boca le causó escalofríos que subieron hasta su brazo.

Cuando él la soltó, ambos estaban temblando. Mientras Hermione contemplaba su perfil, los irises de él se clavaron en los suyos, aunque su cara no se giró. Sus ojos eran ardientes, y ella contuvo la respiración.

''¿Qué estás haciendo?'' preguntó ella.

''Hermione,'' empezó él, y el temblor de sus manos aumentó. Él se humedeció los labios. ''Hermione, para mí tu eres hermosa.''

Ella se levantó rápidamente, su taburete se cayó hacia atrás. ''¿Qué?''

Él se volvió hacia ella, y ella no pudo evitar fijarse en que la camiseta azul hacía que sus ojos parecieran gris oscuro, no negros. Ella jadeó cuando él se levantó y tocó el inicio de su cicatriz que se asomaba por el cuello de su suéter. ''Para mí tú eres muy, muy hermosa.'' Severus dio un paso adelante de modo que aunque sus cuerpos estaban separados, ella podía sentir el calor de él que se colaba en ella con cada latido de su corazón.

Esas palabras le llegaron hasta lo más profundo de su ser, y la certeza de que él lo sabía, que él había estado ahí, que la había hecho chillar. ''¡Tú! Tú, tú, has sido tú,'' balbuceó, aterrada y exaltada y ambas cosas a la vez.

''Yo,'' dijo él después de pasar un brazo alrededor de su cadera y empujarla hacia su pecho. ''Yo, yo, siempre he sido yo,'' y seguidamente su boca estaba en la suya y oh dios, sabía igual que en sus sueños, caliente y húmeda y hambrienta. Los labios de ella se abrieron, y gruñó, incapaz de resistirse a él cuando él era todo lo que había querido durante lo que le habían parecido siglos.

Snape envolvió su cadera con sus manos y la levantó hasta el mostrador, pero ella levantó sus manos y gritó, ''¡Espera! ¡El café!''

Gruñendo, él desvaneció el café y después con su brazo barrió las facturas y los libros esparcidos en el mostrador. Estos cayeron al suelo con un fuerte estruendo de bordes chocando y papeles revoloteando. Con un giro de su varita, las cortinas cayeron tapando las ventanas, y el cerrojo de la puerta delantera se bloqueó.

''Dime ahora que no lo quieres, Hermione. Dime si el hecho de estar conmigo es demasiado como para soportarlo fuera de nuestros sueños,'' gruñó, con sus labios a centímetros de los de ella, esperando a que ella le permitiera soltar la correa para poderse dar un banquete con su suave boca.

Ella se abalanzó sobre él y mordió su labio inferior con mucha delicadeza, soltando la goma de su coleta y recorriendo sus dedos por su pelo para desenredarlo. Era fino pero sedoso, y al caerse desatado, la esencia de su champú la envolvió. Menta. Severus olía a menta, y la cabeza de Hermione dio vueltas. ''Sí, quiero, idiota.''

Colocando una mano en su espalda y estrechándola contra él, la apretó más, asegurándose de que sus pechos presionaran contra su torso y que sus caderas presionaran su falda hasta estar situada entre sus muslos. Ella sollozó de placer, y como si algo se hubiera liberado en él, los dedos de Snape se introdujeron en su pelo y hundió sus caderas en las de ella.

No había ninguna duda de que la deseaba. Él estaba tremendamente duro, presionándose contra ella, por lo que ella pensó que había perdido la cabeza. ''Di que eres mía,'' dijo él, con su boca en su oreja.

Hermione puso los ojos en blanco, y estaba teniendo problemas para concentrarse al tener a Severus ahogándola de placer. ''Mmm,'' dijo agarrándose a sus hombros.

Él le mordió bruscamente en el hombro y flexionó sus caderas. ''Dilo, hechicera. Di que eres mía.''

Esta vez ella le escuchó, mientras él se mecía contra ella repetidamente, ella gimió, ''Dios, sí. Toda tuya, Severus.''


Permanecían en el suelo del Apotecario, completamente desnudos y rodeados de papeles y libros. Hermione estaba tumbada boca arriba, sudando y jadeando a causa del esfuerzo al que ambos se habían sometido momentos antes. Ella estaba acalorada y por eso se abstuvo de tocar a Snape excepto por los dedos de su pie derecho que había acercado para acariciar su tobillo izquierdo.

''Así que, déjame asegurarme de que te he entendido. ¿Elaboraste al azar una poción que encontraste en algún libro perdido designada a compartir sueños con tu amada? Espero que al menos la comprobaras antes de administrármela.'' Como si le importara eso en este momento.

''No,'' dijo él, su voz sonaba aturdida.

''¿No la probaste?''

''No, aunque lo hubiera hecho, en realidad no hacía falta que la probara contigo. Yo era el único que necesitaba tomarla, así que no me preocupé.'' Severus gruñó con molestia. ''Estás muy lejos. Acércate.''

''Ahora mismo estoy muy acalorada. Además, me molesta que fueras tan temerario contigo mismo. Si hubieras muerto, me hubiera perdido uno de los mejores polvos de mi vida.''

Snape se llevó una mano a la cara, y Hermione tuvo la sensación de que estaba intentado esconder una sonrisa complacida. ''Exactacto.''

Ella le dio un codazo. ''¿Por qué siempre estamos en un burdel?''

Las mejillas de él enrojecieron. ''No estoy exactamente seguro porque mi subconsciente escogió situarnos en un burdel, pero perdí mi virginidad en esa determinada habitación. Mi padre me llevó a visitar a una prostituta por mi décimo noveno cumpleaños. Dijo que estaba cansado de mi lloriqueo por L…Bueno. Dijo que un polvo me sentaría bien, y que era demasiado mayor para seguir siendo virgen.''

''¿Chico de una sola noche, huh?''

''Hermione, tenía 19 años, y mi lívido estaba fuera de control…''

''No, me refería a tu padre,'' aclaró ella, al escuchar el tono defensivo de él. Extendió su mano y envolvió el corto y rizado vello de su pecho alrededor de su índice.

Él gruñó y pareció calmarse. ''Esa es una historia para otro momento, amor.''

''¿Cómo supiste que yo sería la chica con quién compartirías sueños?'' Bostezó y se acercó más, levantando su cabeza para reposarla en el bíceps de él. Se contrajo debajo de su mejilla. ''Ouch. Relaja tu brazo. Es como si estuviera abrazada a una roca.''

Los músculos se contrajeron y luego se aflojaron. ''¿Quién más hubiera sido, Hermione? ¿Lavender Brown? ¿Rita Skeeter? No lo quiera dios.'' La voz de Snape sonaba desinteresada. Con un rápido movimiento, la agarró y la empujó hasta ponerla sobre él. ''Vamos a hablar sobre algo mucho más interesante.''

Ella chilló mientras reía. ''Oooh. No es posible que estés listo de nuevo.''

''Siento discrepar,'' dijo con voz desdeñosa, contorneando sus caderas para demostrarle que era un mago, y que en efecto estaba listo de nuevo.

La cara de felicidad de ella se difuminó lentamente al percatarse de un libro situado arriba del hombro derecho de él. Se debía de haber caído cuando él había tirado al suelo los artículos que había encima del mostrador. Era un viejo y olvidado libro de pociones, las páginas se habían puesto amarillentas con los años. Se inclinó sobre Snape, con los pechos colgando justo delante de su boca.

''Espera un segundo,'' dijo mientras cogía el libro y se volvía a sentar, a horcajadas sobre sus caderas.

La cara de él se volvió blanca al ver el libro que tenía entre sus manos, y empezó a acariciar suavemente las piernas de ella. ''Hermione…''

''Une Rêve d'Amour,'' susurró, leyendo el nombre de la poción. Un sueño de amor. Ahí, plegado entre las páginas como punto de libro, había una fotografía mágica de un joven Severus Snape besando a Lily Evans. ''Oh, dioses.''

''Hermione, cariño…'' Imploró él para que le escuchase.

''Oh, dioses. Soy una idiota.'' Una lágrima se derramó por su mejilla. Sintió el calor subir por su rostro y un punzante abismo se abrió en su vientre.

''No. No digas eso.'' Su voz sonaba casi desenfrenada mientras se incorporaba. Hermione todavía estaba entre sus caderas, y él envolvió sus brazos alrededor de su cintura para evitar que se marchara. Intentó besarla, pero ella le puso una mano en el pecho y lo rechazó.

''Pensaba que esto tenía que ver conmigo, pero nunca lo fue. Tenía que ver con ella.'' Se sintió con náuseas, dolida. Esto era peor que el disgusto de Ron con sus cicatrices, peor que su abandono por Lavender. Esto era paralizante. Severus era un hombre cuyo leal corazón nunca sería suyo, porque Hermione nunca podría ser ella.

''No hagas esto. Por favor, mira lo que hemos encontrado el uno en el otro. No me abandones por esto.'' Su mano se aferró a las caderas de ella.

''Bebiste la poción por Lily, ¿no es así?'' En ese momento, Hermione ya estaba llorando libremente, su pecho se convulsionaba por los sollozos. Lo apartó de ella, tropezando cuando sus piernas protestaron. Poniéndose su ropa interior y su falda, empezó a buscar su sujetador entre los restos de la habitación.

La cara de Snape estaba entre sus manos, pero ella pudo ver el color trepar hasta su cuello mientras ella se abrochaba el cierre entre sus pechos. Cuando él levantó la cara, sus ojos estaban húmedos. ''Sí, maldición. Cuando encontré la poción, lo único en lo que podía pensar era en la posibilidad de que podía ser capaz de pasar un momento más con mi Lily, pero cuando me desperté en la cama con una mujer cálida y con curvas, eras tú, Hermione. Y estaba impresionado. Lo primero que pensé fue que debía de haber sido un error.''

Ella se metió el suéter por la cabeza, sin importarle que su pelo se encrespara por la corriente estática. Cogiendo su chaqueta en un brazo y aguantando el libro de pociones en el otro, se puso los zapatos y casi corrió hacia la puerta. Después de desbloquearla, se paró un momento y dijo, ''Podría haberme enamorado de ti. Estaba muy cerca. Sólo si me hubieras querido a …''

La cabeza de Snape cayó hacia sus manos, y dejó escapar un suspiro tembloroso.

Y después ella ya no estaba, fuera de la puerta y lejos de él, incluso cada paso que daba la hería cada vez más. El recuerdo del lirio marchitado en botijo le quemaba.


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