AVISO: Este fic participa en la actividad Amigo Secreto del Foro La Aldea Oculta entre las Hojas, regalo para Irysa de Dina-chan :D

DISCLAIMER: Ninguno de los personajes me pertenece. Son propiedad de Masashi Kishimoto-sama.

***** Historia de un amor no-deseado, narcisista e involuntario *****

Capítulo dos.- Cuando ves que puedes llegar a caer

Una semana había pasado desde la boda de Uchiha Sasuke, quien ahora mismo se encontraba de luna de miel con su mujer en el País de las Olas. Una semana había pasado en la que Karín no salía de su apartamento. No, ni siquiera para hacer las compras, porque resulta que la Uzumaki se había hecho de un admirador. Udon, al ver a la prima del Hokague Naruto, había quedado totalmente embobado y la Taka sacó provecho de eso.

La pelirroja ni siquiera abría la puerta la puerta del todo.

― ¿Trajiste todo lo que te pedí?

― ¡Sí, Karín-san!― respondía el muchacho, entregándole las bolsas que contenían principalmente helado de crema y fresas y barras grandes de chocolate ― ¿Eh, estás bien? Te veo muy-

¡Bum! La pelirroja le cerró la puerta en las narices, e incluso después de hacerlo, escuchó el "¡Ha-Hasta pronto, Karín-san, estoy a tus órdenes!" que le profirió el entusiasta muchacho.

―Pesado…

Con pasos lentos y pesados, se dirigió de nueva cuenta al sillón aquel que se había convertido en su mejor amigo desde hace siete días. Pobre y desdichado mueble, cuyos almohadones ya tenían la forma del trasero de la kunoichi y cuyos brazos ya estaban achatados de ella tanto apoyar la cabeza allí. No quería recibir visitas de nadie a pesar de que en repetidas ocasiones Juugo y Suiguetsu la iban a visitar, teniendo que marcharse después de escuchar el "¡No quiero verlos!" de la pelirroja.

Se pasaba las horas viendo películas románticas, llorando desconsoladamente y lamentándose de su maldita suerte. Si tan solo hubiera sido ella quien hubiera derretido el helado corazón del moreno…

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Ten Ten tenía muchos propósitos en la vida, algún día se convertiría en una kunoichi reconocida y temida en todo el mundo ninja. Pero también tenía otros propósitos, y el que le venía ocupando espacio considerable en la mente los últimos días era juntar a los dos miembros de Taka. Pero los shinobis tienen obligaciones, y una de esas la había mantenido alejada de su aldea los últimos días. Pero al volver a casa (después de dormir un poco, bañarse y cambiarse) emprendió camino hacia la morada de la Uzumaki.

En el camino se encontró con Juugo, quien la saludó amablemente.

― ¡Buenos días, Juugo-san! Me dirijo a visitar a tu compañera, ¿crees que esté en su casa?

Juugo la miró con una sonrisa pequeña.

―Estar, está. Las condiciones en las que está, sin embargo, no animan a ir a visitarla. Tal vez pierda su tiempo, Ten Ten-san. Karín está encerrada y no quiere ver a nadie, nos lo dejó muy claro a Suiguetsu y a mí todas las veces que lo intentamos.

―Sí, pero ustedes no entienden la psicología femenina, si me disculpas― respondió optimista la castaña, y Juugo suspiró. ―No te preocupes, iré a sacar a esa vaga de allí. Ahora, discúlpame si me entrometo mucho en sus cosas, pero tenía una pregunta que hacerte…

―Adelante.

― ¿Es verdad que tú le dijiste a Suiguetsu que sacara a bailar a Karín la noche en la boda de Sakura?

Juugo la observó extrañado.

―No, para nada.

Ten Ten sonrió cálidamente.

― ¡Lo sabía! Bien, me retiro, gracias por la información Juugo-san― la castaña se despidió y comenzó a caminar otra vez, pero a los pocos pasos escuchó su nombre y volteó a ver a quien la llamaba.

―Gracias, Ten Ten, por preocuparte por Karín.

La castaña le guiñó el ojo y levantó el pulgar, dejando sorprendido al pelinaranja.

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"¡TINUM!" Fue el sonido que resonó en los oídos de Karín, haciéndola fruncir el ceño por lo estridente del sonido. Decidió ignorarlo. Volvió a sonar una vez más y gritó:

― ¡Dejen de joder!

¡TINUM, TINUM, TINUM, TINUM!

Karín, envuelta en mantas y todo, se movió para desconectar el cable del timbre.

―Así está mejor― dijo cuando reinó el silencio, y se disponía a volver a sus aposentos cuando entonces…

¡PAM PAM PAM PAM PAM PAM!

Mierda. Quien sea que fuera, realmente tenía ganas de verlas.

― ¡Dije FUERA, joder!

― ¡Abre la puerta o la tiraré abajo!― se escuchó revelando la identidad de la visita.

―Ten Ten…― musitó sorprendida la pelirroja. Sin saber porqué, se encontró teniendo ganas de dejarla pasar a ella. Tal vez porque era lo más cercano a "una amiga" que pudiera tener. Pero, ¿cómo es que no la reconoció? Ella solía sentir el chakra de todos en un radio bastante asombroso. ¿Qué pasaba con sus habilidades?

Se acercó a abrirle la puerta, asomando su demacrado rostro para observar a la castaña.

―Estás hecha mierda, mujer― concluyó la de moñitos al darle un escaneo.

― ¿Viniste a criticarme?― preguntó la pelirroja, alzando una ceja.

―Nop, vine a rescatarte de la depresión. ¿Me dejarás entrar o no?― dijo resueltamente Ten Ten, sonriendo de oreja a oreja. Karín masculló algo inentendible por lo bajo y abrió la puerta para dejarla pasar a su casa.

O más bien cueva, dado la oscuridad en la que aquella se encontraba.

―Demonios…― musitó Ten Ten al observar alrededor suyo. ― ¿Has estado comiendo algo distinto a esto los últimos días?― preguntó horrorizada, señalando las envolturas de Doritos y Cheetos, las botellas de refrescos y las envases vacíos que yacían en el suelo.

―Mi alimentación no es de tu incumbencia.

―Claramente. De serlo, no te dejaría ni acercarte otra vez a una tienda― respondió Ten Ten, mientras la otra volvía a recostarse en el sillón. La castaña también se acercó al suelo, debajo del mueble del comedor, donde estaban tiradas por el suelo variedad de estuches de películas. Los recogió y leyó los títulos en voz alta:

―"Titanic", "Tres metros sobre el cielo", "Diario de una pasión"… Maldición, querida, estás deprimida hasta la médula― Karín volteó los ojos. ―Y esto de aquí… ¿Qué…? ¡¿La saga Crepúsculo, en serio?!― exclamó incrédula.

― ¡Es muy interesante! Edward es tan atractivamente misterioso que te vuelve adicta a él pero Jacob tiene ese toque salvaje que toda mujer necesita…

Ten Ten boqueó como un pez repetidas veces antes de decir:

―Suficiente, esto ya es demasiado. No puedes seguir así― decidida, caminó hasta las ventanas y de un sopetón, levantó las persianas una por una, entrando la luz del mediodía a iluminar el desastre del apartamento de la pelirroja.

― ¡Bastarda, mis ojos!― se quejó Karín, tapándose los aludidos con ambos brazos.

―No te preocupabas tanto por ellos al tenerlos castigados viendo esas películas en la oscuridad― replicó Ten Ten, sin más. Luego abrió las ventanas para que circulara el aire y volteó a ver a Karín.

― ¿Por qué estás haciendo esto, Ten Ten?

La castaña caminó hasta ella.

―Quiero ayudarte nada más― Karín bajó los brazos para observar a Ten Ten, permitiéndole contemplar su estado. Los párpados de la Uzumaki parecían limones y se contrastaban con las ojeras que reposaban bajo sus ojos. Tenía los labios resecos y las mejillas paspadas ―Demonios, chica, estás destruida. Tanta tristeza no va a tener buenas repercusiones en tu organismo. ¿De verdad Sasuke merece que te lastimes a ti misma tanto así por él?

Karín bajó la mirada.

―Juraría que subiste unos kilos…― continuó Ten Ten, y al ver la mirada horrorizada de la otra, añadió: ―Que bajarás enseguida con mi ayuda. ¿Sabes qué anima siempre a una chica?― Karín negó con la cabeza ― ¡Ir de compras! ¡Y se viene la fiesta de cumpleaños de Naruto! Ahora ve a ducharte que así como estás, no te llevo ni al mercado.

La Uzumaki sintió de pronto cierta alegría de poder contar con alguien como la castaña, pero luego sus miedos parecieron querer derribarla.

― ¿Quién dice que necesito tu ayuda?― entonces ser ruda era la única opción para protegerse. Ten Ten la miró como si fuera una nena pequeña.

―Mírate…― la pelirroja aceptó su derrota, bajando la cabeza ―Dijiste que amabas a Sasuke-san, ¿no? ¿Lo ves infeliz?

Karín no levantó la cabeza.

―Tal vez sea solo un capricho lo que sientes por él. Todas caemos por el rompecorazones famoso, atractivo y misterioso. Pero él no moverá un dedo para conquistarte, porque sabe que te tiene ahí. ¡Y eso no es divertido, si me preguntas a mí! ¿Qué tal de un chico que se esfuerce en atraer tu atención? ¿Uno que no necesita tener un físico de infarto para sentirse lo suficiente para ti? Eso, es picante― explicó Ten Ten guiñando un ojo a la pensativa pelirroja.

― ¿De verdad lo crees así?

―Sasuke-san ya encontró su otra mitad, y lo cierto es que no eras tú, Karín. Pero ¿qué más da? No es el único chico del planeta, simplemente es el primero al que le echaste el ojo, es por eso que lo conceptualizas como "el único". Demuéstrale a él y al resto del mundo que tú tienes mucho para dar, y que la persona que te elija, será muy afortunada.

Karín observó a su interlocutora atónita unos instantes.

―De acuerdo, voy…

― ¡Y después nos vamos a entrenar para bajar esos kilos!

―Jódete― respondió la pelirroja.

Y se perdió en el pasillo que llevaba al baño. Ten Ten sonrió de oreja a oreja y comenzó a ordenar un poco el desastre que era aquella morada.

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Hozuki Suiguetsu se había prometido después de la última vez que Karín los había echado tanto a él como a Juugo del edificio donde vivía –amenazándoles con tirarles un balde de agua fría si no lo hacían- que no volvería a preocuparse por esa zanahoria cabeza dura. Sin embargo, siete días habían pasado desde la boda de Sasuke, y la pelirroja no salía de su exagerada depresión. No podía imaginársela allí sola, encerrada, derrochando tristeza hasta por los poros sin querer salir de ese pozo depresivo al que se lanzó sin motivo relevante alguno.

Es por eso que después de haber cumplido con sus obligaciones, el corazón pudo más y llegó a la puerta del apartamento de la Uzumaki.

―Estar en casa todo el día, alegando depresión… ¡Yo también quisiera que mi amor no correspondido se casase! Vaga de mierda…― masculló por lo bajo, antes de tocar el timbre.

Probó varias veces sin obtener respuesta. Entonces llegó la preocupación.

― ¡Eh, zanahoria, ya no es gracioso!― dio más golpes en la puerta. Nada. ―No puede ser… ¡Karín, responde, o tiraré la puerta abajo!

Como la respuesta seguía sin llegar, Suiguetsu se desesperó y comenzó a patear la puerta.

― ¡Karín, Karín…!

Unos gritos hicieron que se detuviera y volteara.

― ¡¿Qué carajos pretendes hacer, dejarme sin puerta?!― la Uzumaki había llegado, y no estaba para nada contenta. Ten Ten también se encontraba allí, disimulando una sonrisa pícara que asomaba por la comisura de sus labios.

―Yo, creí que tú… ¡Creí que te había pasado algo y yo…!― balbuceó el Hozuki para excusarse, sintiéndose nervioso ante la mirada confundida de una, y la perspicaz de la otra.

― ¿Estabas preocupado por mí?― preguntó extrañada Karín, mirándolo profundamente a la par que el otro devolvía la mirada con la misma intensidad. La pelirroja se sintió acorralada y desvió por lo fácil ―Ya sabía que sin mí no son nada ustedes dos, no pensé que para tanto…

―No te creas tanto, idiota― replicó Suiguetsu, molesto por la actitud de la Uzumaki ―conociéndote, podrías haberte matado o algo así.

― ¡Cierra la puta boca, tiburón, y dime qué has venido a hacer!― exclamó enojada Karín.

―¡Si vine fue porque Juugo me mandó precisamente a comprobar que no te estuvieras cortando las venas o haciendo alguna especie de ritual para traer al pobre Sasuke a tus garras malévolas, bruja!

Karín se lanzó hacia él sin embargo el agarre de Ten Ten le impidió atrapar a Suiguetsu.

―Así que Juugo te mandó, ¿no es cierto?― preguntó la castaña, analizando al muchacho que de repente se puso colorado.

―Así es, y ya que sigue viva, me largo de aquí…― dijo sin más el peliblanco, dándose la vuelta para volver por donde vino.

― ¡Suiguetsu, espera!― exclamó Karín, y el aludido detuvo su andar, girando levemente el rostro para observarla. Karín desvió la mirada y maldijo interiormente. ―Gracias.

Suiguetsu murmuró un "así me gusta, cabeza de fósforo" que fue perfectamente escuchado por las otras dos, pero que no pudo tener su repercusión dado que el muchacho ya había bajado las escaleras. Lo que sí ambas jóvenes no pudieron ver, fue la auténtica sonrisa que el Hozuki esbozó no más salir la palabra "gracias" de labios de Karín.

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N/A: ¡ME VA A CRECER LA NARIZ DE PINOCHO! Pero al menos pude actualizar en menos de un mes *tomates, vengan a mí*. ¡Vaya, tengo varios follows & favorites, lo agradezco mucho, también agradezco a Mar Angys Dreams, tan fiel como siempre, y a Guest por sus magníficos reviews. Sepan que haré todo lo posible para actualizar cuanto antes. Irysa, dame paciencia y verás los frutos (?). Espero de todo corazón que lo hayan disfrutado.

¡Saludos!