Diclaimer: Shingeki No Kyojin no me pertenece.
Capitulo 1: Te encontré.
Observaba el paisaje que se dejaba ver por la ventana de su asiento, sin saber que sería el último que vería en su vida.
Cuando el tren se alojó en la estación, dejó que los pasajeros bajaran a gusto por haber llegado a su destino, incluyendo una cabellera castaña que destacaba por entre las personas que descendían del vagón. Con las pocas pertenencias que el joven traía en mano, recibió sus maletas llenas de ropa y quien sabe que más. Luego se dirigió a pasos perezosos a la salida de la estación, para encontrarse con el conductor del taxi que lo llevaría a su hotel. El chofer abrió la puerta y le indicó con el brazo que se adentrara.
— Gracias.— Curvó sus labios en una sonrisa, y se adentró al taxi.
Recordó la llamada que le había hecho Hanji esa mañana, cuando aún intentaba dormir pero el vagón al moverse metía mucho ruido. De toda la conversación que tuvieron, prestó atención al momento en que le mencionó las características físicas de su posible víctima.
Cabello azabache.
Corte estilo militar.
Piel blanca y suave.
Estatura 1.60.
— Qué bajito...— Pensó. Él medía como 1.70 aproximadamente.
Peso 65.
—¿Será gordo?— No tenía en sus planes seducir a un gordo.
Ojos plateados y afilados.
—¿Mirada sexy?—
Buen cuerpo.
— Okay, no está gordo. Esto saldrá bien.— Sonrió confiado de lo que decía, sin saber que erraba en sus propias palabras. Con toda la información que tenía, no sabía que imaginarse.
—¿Un modelo, quizás?— Esperaba que sí. Aún que parando en la información de "trabajo" y "tiempo libre", un loco pensamiento vino a su cabeza.
—... ¿Christian Grey?— Si fuera así, se dejaría hasta azotar por él.
Sus pensamientos se tuvieron que quedar de lado, al darse cuenta que ya había llegado al hotel. Al ingresar, una joven rubia y muy linda lo atendió.
— Buenos días señor Jaeger, mi nombre es Christa Renz y estoy para servirle. Tenemos su habitación preparada, y lo escoltaré hasta ella, si gusta.— Era rubia, de rasgos delicados, ojos celestes, y muy bajita.
— O-okay, muchas gracias.— Sonrió suavemente, siguiendo a la rubia que entró al elevador. Adentro de este, la pequeña joven presionó el número cuatro, o sea, su piso era el cuarto. Tenía que memorizar donde vivía, aun que solo lo usara por un par de días, no más. Se abrieron las puertas del elevador, y caminaron por el pasillo hasta la última puerta del lado izquierdo. Vio como la chica insertaba una tarjeta por un aparato que estaba junto a la puerta, y seguido de esto introducía la llave en el cerrojo.
— Listo, es todo suyo.— Le entregó su tarjeta y llave al castaño, e hizo una leve reverencia.
— Por ahora me debo retirar, cualquier problema o incomodidad hágamelo saber. Que tenga una buena estancia.— Retomó su postura, y se retiró.
Encontrándose sólo en esa inmensa habitación lujosa con sus maletas, dio un gran suspiro para luego dejarse caer sobre el sofá. Sin darse cuenta, dejó que sus ojos se cerraran y se dejó llevar por el sueño. Debía recuperar esos 3 días sin dormir de su anterior misión en horas.
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Una joven de cabellos anaranjados llevaba una bandeja en sus manos, y en la bandeja había una taza de abundante café. En un tropiezo casi deja caer la taza, pero gracias a alguien que la sostuvo a tiempo, eso no sucedió.
— Gracias, Auruo.— Tomó la bandeja con sus manos y continuó su camino.
— No es nada Petra, ve con más cuidado.— La pelianaranjada siguió su recorrido por el pasillo, hasta llegar a una puerta que estaba bastante apartada de las demás. La chica con un poco de miedo, tocó la puerta con sus nudillos suavemente.
— Pase.— Se escuchó dentro de la puerta, era una voz gruesa y frívola, lo que le indicó que entrara.
— Aquí tiene su café, Levi.— Dejó el café sobre el escritorio de aquél hombre que se encontraba de espaldas, observando el envidiable paisaje que tenía solo para él.
— Gracias, Petra, puedes retirarte.— Cuando escuchó los pasos alejándose y la puerta cerrándose, se giró para quedar de frente a la taza de café en su escritorio.
Aquel hombre que imponía respeto y miedo entre sus empleados, era Levi Lance Rivaille, gran empresario y jefe de un grupo de la mafia muy peligroso. Las personas a su alrededor creían que era un tipo ocupado y peligroso, pero era muy al contrario. Levi era alguien tranquilo, no tenía mucho trabajo más que negociar, sabía convencer al cliente y manejarlo. En tanto a la mafia, también era poco trabajo, aun que se volvía algo pesado cuando alguno de sus integrantes resultaba herido por alguna riña con otro bando. Sus trabajos tenían su lado positivo como negativo, así todo estaba balanceado. En su tiempo libre, leía o iba a un bar, beber lo relajaba y alejaba del trabajo.
En frente de él tenía su segundo vicio además del alcohol: El café. Con su cautivador sabor y aroma, lo volvía loco. Los días fríos de invierno, se volvían cálidos con una taza de café matutino, pero su momento de placer fue interrumpido por unos toques en la puerta. Los iba a ignorar, hasta que se volvieron más insistentes.
— ¿Qué quieres? Pasa.— Casi partió la taza al dejarla con rudeza sobre el escritorio. Un hombre que parecía un total viejo se adentró a la oficina con rapidez.
— Perdóneme por interrumpirle así Levi, pero me pidieron con urgencia que le entregara esto.— Tendió un papel doblado con un sello, esperando a ser recibido.
— ¿Y quién te mandó a entregar esta mierda?— Observó aquel papel, que para su gusto, lucía muy informal.
— Un sirviente que trabaja en el hotel lujoso que está en frente de este edificio, al parecer el jefe va a hacer una fiesta y como es amigo suyo, lo invitó.—
— Ah... Okay, ahora vete.— Al quedar solo nuevamente, desdoblo el papel, viendo su contenido.
Levi Lance Rivaille.
Esta cordialmente invitado a la fiesta que realizará el hotel *****.
Gracias por su atención, esperamos que asista.
— Vaya, pero que simple, típico del dueño.— Suspiró, doblando el papel a un reducido tamaño para guardarlo en su bolsillo. Suponía que por lo lujoso que es el hotel, solo irían personas importantes y adineradas. Era un buen momento para usar sus tácticas de negocio. Por lo que, podía darse por seguro que asistiría.
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Un ruido molesto lo estaba alejando de su letargo momentáneo, luego ese ruido se hizo más intenso y molesto, hasta que se fijó que era el timbre que sonaba insistentemente. Frotó sus ojos perezosamente, mientras se despabilaba y caminaba medio atarantado hacía la puerta a ver quién era. Era el puto conserje.
— Lo siento si lo he molestado, pero venía a entregarle una invitación.— Le tendió una carta con un sello muy bonito, al parecer, eran unas alas blancas junto a otras más oscuras.
— Okay, gracias.— Tomó la carta, y la observó por unos momentos, frunciendo el ceño intrigado.
— Es una invitación a una fiesta que se dará tanto para los habitantes del hotel, como para importantes empresarios, y sería un gusto tenerlo presente en la fiesta, señor Jaeger.—
— Oh, entiendo... Veré si el trabajo me deja asistir.— Sonrió lo más amable que pudo, aun que en su mente divagaba la idea de matar al conserje por interrumpir su sueño.
— Que tenga una buena tarde.— Apenas el conserje terminó su oración, el castaño cerró de un portazo la puerta, y se dirigió nuevamente al sofá. Solo quería dormir, y no se lo permitían. Observó nuevamente el sobre, y lo abrió, leyendo el contenido del papel que había en su interior.
Blah blah blah... Lo esperamos esta noche... Blah blah blah.
— ¿Esta noche? Pff...— Al menos, Hanji le había otorgado un día para conocer el lugar y estar libre, quizás no sería mala idea asistir. Volvió a doblar el papel para meterlo en el sobre, y dejarlo sobre la mesa. Observó el ventanal que daba hacía una parte del sector donde se encontraba, y el cielo que mostraba su atardecer. ¿Tanto había dormido? Se sentía como si no hubiera dormido más de quince minutos. Dio un largo suspiro, y se levantó, dirigiéndose hacía el baño para darse una ducha.
Después de unos largos veinte minutos bajo el agua caliente de la regadera, salió del baño con una toalla rodeándole la cintura. Se dirigió rápidamente al closet, que estaba vacío. Recordó que todavía no sacaba la ropa de sus maletas, y se arrepentía mucho por ello. Con suma flojera y paciencia, abrió la maleta más grande, donde traía sus ropas más llamativas. Escogió lo primero que sacó; un par de jeans negros ajustados, una polera del mismo color que los jeans, una camiseta abierta con diseño a cuadros roja con negro, y unas zapatillas "converse". Su cabello se arreglaba solo, le gustaba el estilo que daba... "Rebelde".
Luego de haberse mirado al espejo por decima vez, y haber confirmado por si mismo que lucía bien, observó el reloj de la habitación, ya era hora. Tomó la tarjeta llave de su alojamiento, y salió, pero había un problema... No sabía donde quedaba el lugar de eventos del hotel. Sabía que tenían un lugar donde desayunar y todo eso, pero no sabía donde se ubicaba. Estaba metido en un gran problema, y lo peor, es que no había nadie por el pasillo. Frustrado, se fue hacía el elevador, y marcó el número uno, para llegar al primer piso. Cuando las puertas se abrieron, vio un par de personas, muy lujosas para su gusto, que iban de un lugar a otro. Le daba un poco de miedo preguntar donde se estaba realizando la fiesta, hasta que sintió a alguien topar con su hombro por accidente.
— Tch, quítate del camino.— El hombre con su mirada plateada y afilada, le causó un escalofrío en la espalda al joven castaño.
—Lo siento, solo quería saber... ¿Donde se encuentra el evento?— Si se lo había topado por accidente, debía ser por una razón. Si, Eren Jaeger creía en esas cosas del destino, a pesar de mostrarse un tanto frío en algunas ocasiones respecto a ese tema. El hombre, que era más bajo que él, suspiró pesadamente, dando a entender que era un fastidio como persona.
— ¿Vives aquí pero no sabes donde se realizan los eventos?— El castaño solo puso ojos de cachorrito abandonado, sintiéndose más humillado de lo que ya estaba. No pudo evitar sentir un poco de lastima por el chico.
— Sígueme...— ¿Había oído bien? Aquel hombre lo iba a escoltar a la fiesta, debe ser un milagro.
— Claro... ¡Gracias!— Sin recibir respuesta, siguió a ese hombre salvador y al mismo tiempo misterioso.
La fiesta estaba en un salón, que se encontraba por un pasillo de la entrada principal del hotel. Todo se veía fabuloso, comida por todos lados, música adecuada para la ocasión, y por sobre todo, gente adinerada. Eso lo incluía a él, y su acompañante.
— Bien, mocoso, ya llegamos, eres libre.— El hombre de cabellos azabaches estaba a punto de marcharse, cuando Eren se atrevió a interceptarlo antes de que se fuera.
— Espere... No quiero causarle molestias, pero no conozco a nadie, y no quiero estar solo por aquí... ¿Podría hacerme compañía solo por un rato?— Se sentía realmente inútil, humillado y necesitado.
— ¿Me ves cara de niñero? No soy nadie para acompañarte.— Se estaba aburriendo un poco del joven que al parecer realmente si estaba fuera de sus cabales.
— Podría resultar ser una buena compañía, si usted lo desea...— Sus ojos habían tomado ese color ámbar que cautivaba a cualquiera, manteniendo un poco más de acercamiento con el hombre que lo observaba extrañado y asombrado por sus ojos, al parecer.
— Tch, solo por un rato.— Desvió su mirada de esos orbes tan malditamente cautivadores para su gusto, no había notado ese color de ojos en el joven hasta ahora, o será que... ¿Había cambiado el color de sus ojos? Imposible. Estaba delirando, y para pasar de deliramiento, tomó una copa de vino que le había ofrecido un sirviente. Solo lo probó, exquisito como debía ser.
La música se volvió algo pasional, perfecta para las parejas, que en unos segundos ya estaban en la pista bailando y moviéndose al ritmo de la música. El castaño sentía algo de envidia por esas parejas que con todo ese dinero que poseían, podían vivir tranquilamente al lado de la persona que amaban, no como él, que debía andar moviéndose de allá para acá, arriesgando su vida para ganarse el dinero para su propio sustento. Ahora suspiró algo molesto, dejando su vaso de Whiskey en una mesa que había junto a él. Su acompañante se dio cuenta de este comportamiento, dándose cuenta por sí mismo de lo que sucedía.
— ¿Quieres bailar?—
—... ¿Ah? N-no...— La propuesta le había sorprendido por un momento, y hasta le provocó un rubor en las mejillas, que no se notaba por la oscuridad que había tomado el lugar.
— Es que te ves triste, ¿Sucede algo?— Sabía que preguntaba algo obvio, pero no estaba de más hacerlo.
— ...No, nada, debe ser su imaginación.— Si comenzaba a hablar el porqué envidiaba a aquellas personas, tocarían el tema de su trabajo, y eso lo pondría en sumo peligro.
— Supongo... Por cierto, mocoso, ¿Cuál es tu nombre?— Luego trataría de inducirse más en la vida de aquel joven que le llamaba extrañamente la atención, pero al menos, debía saber su nombre.
— Eren Jaeger, ¿Y usted?— Había pasado por alto el nombre de su acompañante, que idiota había sido. Aún que se arrepintió totalmente de haber preguntado.
— Levi Lance Rivaille, puedes llamarme solo Levi.—
¿Había dicho Levi?
—... ¿Levi?—
Continuará...
Notas finales y sensuales: Ojalá les haya gustado este capitulo uwu El otro fic que había comenzado me da flojera subirlo y no quiero mostrarlo a la luz aún (?) y no sé como continuar Remember the Urge :D Hehe... Cualquier error, o algo que los moleste, diganlo, y si les gustó, también diganlo! D: Okayno. Nos vemos en otra actualización.~
¿Review? ¿Tomate? ¿Lechuga?
Hasta pront!
Aoi.
