CAPÍTULO

I

Cámara y Foto

―¡KAMIYA!

Kamiya Kaoru se levantó de sobresalto de su escritorio y miró la entrada a su oficina. Parado ahí se encontraba Kawa Ken. El gordo y fastidioso jefe, líder y amo supremo del Kyoto Times, el líder ridículo que Kaoru no le deseaba a nadie, ese que usaba esa estúpida corbata roja con esa espantosa camisa color hueso. Si se observaba bien, en el pecho derecho aún podía notar una mancha roja circular, seguramente de algún refresco o vino que no supo beber bien y terminó derramando sobre esa camisa de por sí horrible sin ninguna mancha. O quizá estaba demasiado concentrado en la ebriedad o en alguna mujer para notar a dónde empezaba su mano y dónde la botella o copa cuando ocurrió su colorida condecoración.

―¿ESTÁ SORDA? ¿O ES QUE ACASO YA PUEDO HABLAR PÁRSEL*? ―exclamó de nuevo y con la cara roja por el esfuerzo―, ¡necesito las fotografías para ya! ¡Ahora mismo en mi oficina, Kamiya! ¡Muévase, no le pago por dormir!

Dando un suspiro y echándose de nuevo sobre la raída silla con rueditas, Kaoru se masajeó la cara con la mano derecha y bostezó. Poco después levantó el teléfono y marcó un número interno.

―Genzai-san, ¿ya están listas las fotografías que le pedí? ―preguntó moviendo el mouse (quitando la imagen primaveral que tenía como protector de pantalla) y viendo la pantalla de su ordenador con la nota periodística de la semana pasada.

Battōsai ataca de nuevo:

En esta ocasión, la palabra "Avaricia" fue escrita en el torso de este hombre, lo único que quedó adherido al cuerpo fue el cuello y la mitad de su cabeza. La víctima se encontró enfrente de una tienda de mascotas, al principio la policía dedujo que tal vez podría ser el dueño de dicha tienda pero según los comerciantes de la zona, el dueño de la tienda es un anciano que salió de vacaciones apenas hace dos días y no tiene familia.

¿Será éste acaso un lugar escogido al azar?

¿Quién es esta víctima anónima?

"No hay pistas fáciles que puedan ayudarnos a atrapar al asesino" declaró el detective Hajime Saitō, "este hombre ataca en un patrón confuso y sabe borrar sus huellas. No sabemos lo que busca. Pero lo atraparemos".

Ahora la población de Kyoto aguarda ansiosamente un resultado positivo esta vez por parte de la policía.

Es verdad, se quedó dormida leyendo ese aburrido informe donde exponían al fiero y desconocido asesino que hacía desaparecer a gente común y dejaba ciertas notas exponiéndolas junto al cadáver, donde (según la prensa) explicaba muy brevemente el motivo de sus asesinatos o simplemente trataba de meter más leña al fuego para aumentar el rating del periódico.

«Pero nadie jamás ha visto antes su rostro» pensó Kaoru muy seria viendo la fotografía no censurada del treceavo cadáver que apareció sin brazos, piernas y cabeza.

Bueno, a este le había dejado la boca y la nariz… lo demás estaba en quién sabe dónde.

Kamiya, Kamiya… ¡Kamiya!

El articular por poco se le resbaló de las manos; pero gracias a su destreza no ocurrió nada que pudiese gastarle su salario.

―Ah… Sí, perdona Genzai-san, ¿qué me decías?

Ya tengo las fotos, y ya le he pedido a Makoto-kun que te las llevara.

Oh no…

―Sí, muchas gracias Genzai-san ―dijo antes de colgar y acariciarse los ojos con pesadez. «No él» pensó con los dientes apretados.

Hashi Makoto era un chico 3 años menor que ella; la trataba siempre con respeto y siempre era muy sencillo manipularlo para que corriese en su lugar por todo el edificio en busca de documentos importantes, fotografías (como este caso) e incluso papel higiénico.

Pero él era… bueno, Makoto era… era tan cansado.

―¡Kamiya-sama! Genzai-sama me pidió que le trajese esto. ―Delgado, ojos pequeños, estatura mediana y con un traje vino y cortaba amarilla; Makoto no destacaría por su físico o su personalidad, pero en su modo de vestir era incomparable. Nadie podría usar ese estilo tan horrible con normalidad, de eso Kaoru estaba segura.

Makoto le entregó un sobre amarillo con sus temblorosas manos. Uno de los motivos por los cuales Kaoru se había mantenido alejada de él cuando Makoto tenía entre sus manos un vaso de café caliente.

―Gracias, Makoto-san ―dijo recibiendo ese estúpido sobre con esas estúpidas fotos.

―¡Puede llamarme por mi nombre sin problemas, Kamiya-sama! ―gritó con la cara completamente roja; su piel era demasiado pálida y se le notaban varias pecas sobre su rostro. Kaoru recordó que cuando lo conoció aquel distintivo le pareció tierno, sin embargo el resto de Makoto era insoportable aún para ella―. ¡Oh Kami! ¡Kamiya-sama, no lleva abotonado el botón del cuello! ¡Debe abotonarlo!

Maldita sea, ya empezó.

―Makoto-san, no es…

―¡Y su cabello, Kamiya-sama! ―apuntó exageradamente con el dedo su cabeza.

¿Ahora qué? Tenía una coleta alta y su fleco bien acomodadas, tenía una cinta azul que afianzaba un poco más el agarre pero que hacía un poco menos seria su presentación, aunque aún todo eso, ¿qué tenía de malo su cabello?

―¿Qué se supone que tiene de malo? ―preguntó pronosticando una estupidez al puro estilo de Makoto.

―No debería cubrirle la cara, eso no es bueno para tu presentación ni para tu piel, anda, yo le ayudo a acomodarlo bien ―se empezó a acercar con las manos hacia enfrente; Kaoru se levantó y tomó las muñecas del chico guiándolo en esa posición hacia la salida―. ¡No! ¡Kamiya-sama, pero su…!

―No quiero que le hagas nada a mi cabello, entiende; no tengo tiempo para eso, debo ir a entregar esto al jefe ―malditas fotografías―, sal, anda… vete, ahora.

―¡Pe-pero Kamiya-sama n-no puedo de-dejar que su pre-presentación esté…!

―No es tu problema ―lo sacó empujándolo con cuidado de no hacerle caer y poco después salió (cerrando la puerta de ese cuarto de escobas a la que tenía que llamar oficina, para que ese entrometido no se le ocurriese meterse) con el sobre amarillo en manos―, ahora vete. ¿Sabes? Creo que Misaki-san se ha puesto un suéter verde limón con un pantalón morado.

La cara de Makoto fue todo un chiste; salió corriendo dándole las gracias a Kaoru por haberle avisado.

―Dios ―suspiró yendo hasta donde su obeso jefe.

Sus zapatos de tacón de 5cm causaban gracia entre sus altas y delgaduchas compañeras de minifaldas y tacones de 15cm o más. Sin embargo su traje negro, de saco y pantalón no eran problema, la camisa blanca tampoco y… quisiera decir lo mismo de su nombre.

Kamiya Kaoru. La estrella pop del momento.

Kamiya Kaoru la fotógrafa del Kyoto Times y Kamiya Kaoru de la canción número uno de Japón Amor sin Barreras, eran distintas hasta la médula; porque mientras la cantante poseía el cabello teñido de amarillo y los ojos pequeños y oscuros como toda japonesa, la fotógrafa tenía el cabello oscuro azulado y ojos (más) grandes y azules.

»Niña, tienes mucha agua ―le decían algunos viejos y mujeres de entre sus conocidos.

Pero la verdad era que eso a Kaoru no me molestaba, de hecho, le encantaba saber que era uno de los pocos japoneses en el país que poseía un distintivo tan hermoso. Porque así eran sus ojos: hermosos, y no había nadie que le hubiese dicho lo contrario, ni siquiera Makoto.

»Ahora una sonrisa para la cámara. ―Kaoru se estremeció.

Realmente odiaba tener ese tipo de recuerdos en forma de sueños, los sentimientos dejados atrás parecían regresar con eso y cobrarse la factura por ser olvidados por mucho tiempo. El precio por olvidar era algo, y eso era algo que dentro de su cabeza, no dejaba de ser una verdad.

Finalmente Kaoru llegó a la oficina de su jefe, tocó la puerta que decía con kanjis*: "JEFE" y escuchó al idiota que le daba sus cheques semanales decirle que podía pasar. Estaba sentado sobre su grande y cómoda silla con rueditas y atrás de ese escritorio de madera, hablando por el teléfono.

―¡Ya te dije que no quiero montajes! ―exclamó de pronto, pero como Kaoru siempre lo escuchaba gritar eso no le sorprendió―. ¡El Kyoto Times no imprime falsedades!

Dio un golpe con el puño a su escritorio. Un vasito lleno de lápices y plumas dio un brinco.

―Escúchame bien, incompetente: quiero una foto real de Battōsai, ¡el verdadero Battōsai en la escena del crimen! ¡Lleno de sangre y con la maldita arma! ¡Y si es necesario sangrar por una fotografía así será mejor que te lo pienses bien antes de no tomar la foto y salir corriendo! ¿Me has entendido? ―gritó de nuevo―. Si no me traes una foto de ese asesino con las manos en la masa para mañana en la tarde, no te molestes en regresar ―y azotó el articular dando por finalizada la llamada.

Kawa Ken la miró con el ceño fruncido sobre una cara arrugada. Y ese peluquín sólo lo hacía ver horrorosamente gracioso. Pero ese gesto furioso le decía a Kaoru que reírse ahora de él sería un grave error.

―¿Y bien, Kamiya? ―preguntó Kawa apretando los dientes―. ¿Las tienes?

―Sí, aquí las tiene ―le extendió el sobre y el hombre revisó las fotos; las pasó de una en una y tomó de nuevo el articular―. Hey, Kiyoshi… sí ya están las fotografías… entonces ya está todo listo para la imprenta de mañana, bien… ¿ACASO TE PESAN LAS PIERNAS? ¡Sólo manda para acá a cualquier pelele e imprime el periódico de mañana, inútil! ―y colgó, después miró a Kaoru ceñudo―. ¿Qué haces que no te vas a trabajar?

Kaoru hizo una pequeña reverencia y miró a su jefe de reojo antes de irse; aunque en el fondo deseaba darle un puñetazo en la cara a Kawa Ken. Kaoru soltó una pequeña trompetilla mientras abría la puerta de su armario de escobas y se adentraba; sólo con una lámpara como iluminación aparte de su anticuado ordenador.

Cerró la puerta y al sentarse tomó un pequeño bote de aromatizante de lavanda en aerosol para echar un poco sobre su oscura cueva. Ni eso fue suficiente para calmar su fastidiado humor.

Se recargó sobre su silla, pensando nuevamente en su vida, pero entonces su celular adentro de su bolso en el suelo a un lado de la silla, comenzó a sonar. Tardó un poco ya que dentro de su bolso había envolturas de cacahuates y dulces, junto a tarjetas de suscripción a tiendas de ropa y muchos conjuntos de llaves.

―¿Sí? ―habló Kaoru desganada.

Kaoru, soy yo, Tae.

―Ah, eres tú…

Sí, soy yo.

Kaoru se dio cuenta del tono despectivo que había usado y se reincorporó.

―Oh Kami*, discúlpame, Tae. Pero no estoy teniendo un buen día.

Es una pena, lamento importunarte ahora y más para esto, pero… bueno, llegó una carta para ti hoy.

―Tae, sabes que si hay cartas para mí son de Megumi. No entiendo el motivo de la llamada ―dijo encendiendo su ordenador para poder abrir los archivos con las noticias relacionadas a Battōsai.

No, no lo has entendido. Esta carta no viene de Aizu.

―¿Entonces? ―abrió algunos imágenes relacionadas con los casos y se dispuso a analizarlos mientras esperaba un mensaje acerca de algún un nuevo trabajo en el que su cámara y ella pudiesen meter mano.

El sello es de Tokio.

Su mano resbaló del ratón mientras que el corazón de Kaoru empezaba a latir irregularmente. Entonces Battōsai se esfumó de su cabeza.

Me pediste que te avisara cuando algo como esto sucediese, ¿no? ―Kaoru no respondió―. Lamento mucho hacer de tu día menos agradable… pero…

―No te preocupes, Tae ―dio un suspiro―; la veré cuando llegue a casa. Gracias por el aviso.

Kaoru… ―pero la chica cortó la llamada antes de que Tae terminase con lo que tuviese que decir.

Realmente no deseaba tomar esa carta, mucho menos leerla; después de todo Kaoru sabía lo que contenía. Algún tipo de tontería relacionada con su familia en Tokio, o más bien, de su madre.

Algo como "a nosotros nos va definitivamente muy bien, hija mía, ¿cómo estás tú?", Kaoru respondía "muy bien mamá, me alegra que tú también estés bien" y fin de la conversación de todos los años; y como todos los años Kaoru esperaba ansiosa que las cartas de su madre jamás llegasen al apartamento que compartía con Tae.

Pero como todos los años, su madre hacía ese sueño pedazos mandándole postales y/o cartas a su buzón desde que se enteró del paradero de su hija desaparecida hasta hace 10 años; después del drama hecho cuando su hija decidió emanciparse sin decirle nada.

Y Kaoru retomaba una y otra vez la idea de marcharse a Inglaterra cuando pudiese tener algo seguro allá. Como por ejemplo, convencer finalmente a Tae de ir visitar a su hermana gemela allá y quizá quedarse de por vida bebiendo té extranjero y comida extranjera. Un pequeño precio a pagar por desaparecer de la agenda telefónica de su madre… y su nueva familia.

―Y quizá tal vez ya me hubiese casado ―murmuró Kaoru frunciendo sus labios. Tener un esposo inglés no le hacía mucha ilusión pero conocía bien las costumbres de su tierra natal como para saber que un novio japonés no dudaría en obedecer a su madre y llevarla a ella a Tokio por mandato de la suegra.

¿Pero por qué se quejaba de algo que no había tenido? Porque para su desgracia, a sus 26 años y no tenía siquiera un solo pretendiente…

―¡Kamiya-sama! ¿Ya se encuentra ahí? ―tocó Makoto desde afuera.

No, ese idiota no contaba. Ese estaba loco.

―¡Kamiya-sama!

Kaoru tomó sus audífonos y abrió su lista de reproducción musical. Después de enterarse de la llegada de la carta de su madre, Kaoru no necesitaba ocuparse de más personas impertinentes.

A las 7 de la tarde, Kaoru regresó a casa arrastrando los pies sin la menor intención de tomar el sobre con la carta de su madre, por lo que llegó nada más con el objetivo de cenar y dormir un poco. Abrió la puerta con las llaves y se adentró a la pequeña y modesta sala del apartamento; la cual no estaba sola porque Tae y Misao estaban sentadas bebiendo café.

―Kaoru, bienvenida.

―Hola, Kaoru.

―Misao, hola ―dijo Kaoru―, no te ofendas pero… ¿qué haces aquí?

Misao rio modestamente.

―¿Acaso te molesta mi visita? ―Kaoru negó con la cabeza asegurando la puerta del apartamento con la cadena y el seguro.

―No, no es eso ―respondió―, es sólo que me siento un poco mal, mi día no fue muy bueno.

―Eso es una pena ―dijo Misao levantándose; usando un pantalón de mezclilla azul marino y una chaqueta café, casi no parecía la agente en cubierto Makimachi Misao al servicio de la policía élite de Japón―. Ya he terminado el rodaje en Hokkaidō y ese director de pacotilla fue encerrado.

Kaoru sonrió.

―Me enteré. Buen trabajo.

―Es cierto ―Misao se dio una palmada en la frente―, trabajas en el periódico.

―Sólo tomo y edito las fotos ―dijo Kaoru modesta, esa era la verdad, su campo no llevaba más allá de la fotografía y una aspiración a ser algún día una fotógrafa que pueda ser enviada a diversas partes del mundo para mandar a hogares y oficinas, imágenes esplendorosas de la naturaleza.

Kaoru se había dado cuenta de la noticia de Hokkaidō cuando lo escuchó de su colega fotógrafo enviado allá para cubrir la noticia; éste incluso le trajo un llavero de allá contándole todo el chiste, y por las condiciones en las que el director de cine fue capturado por traficar con drogas le gritó silenciosamente a Kaoru quién fue había sido la heroína de la historia.

¿Y qué hacía ella? Fotografiar el nuevo parque inaugurado para mayores de edad, y todo lo que ese evento llevo consigo.

―¿Aún quieres seguir siendo fotógrafa? ―preguntó Misao viendo el gesto desanimado de Kaoru.

―Sí. No me va tan mal.

―Ya veo. ¿Y qué tal ese jefe tuyo? ¿Aún te empeñas en que no le haga una visita? Podría convencer a Aoshi-sama de que busquemos en su historial, con lo pesado que es yo diría que oculta algo ilegal ―ambas rieron mientras Tae se disculpaba para traer té.

La visita de Misao fue amena y tranquila, la muchacha llevó consigo una bolsa de regalo que le entregó a Kaoru.

―¿Para mí? ―Misao asintió emocionada pidiéndole abrirlo―. Cielos, es pesado.

―¡Ábrelo, ábrelo! Es de mí para ti, espero te guste ―chilló Misao viendo cómo Kaoru abría la bolsa y sacaba su contenido.

Kami, Misao… ―musitó Tae sorprendida.

Kaoru sostenía en alto una cámara pesada y oscura, con un lente enorme y una correa para que el fotógrafo pudiese colgársela en el cuello (con mucha gracia, Kaoru pensó que se rompería la nuca si se atrevía a ponérsela así). No tenía marca registrada, pero al encenderla pudo notar que la resolución de ésta era superior a su antigua cámara.

―Pero, ¿de dónde es? ―preguntó Kaoru moviéndola en diversos ángulos. Misao alzó los hombros.

―Le pedí a Aoshi-sama que me ayudase a encontrar una cámara que no haya sido comercializada aún ―sonrió pícara―, tiene muchos contactos por ahí y me dijo que no habría problema; quise tenerla para tu cumpleaños de hace dos años pero fue un poco difícil. ¡Ahora aquí está!

Negando con la cabeza y una inocultable sonrisa, Kaoru dejó la cámara con cuidado en la mesita de té y le dio un fuerte abrazo a Misao.

―Misao… no tenías por qué darme algo tan valioso, no sé cómo podría pagártelo. ―Misao la apretó un poco.

―Es un regalo, así que no me debes nada ―le dijo con sencillez―. Además, somos amigas desde hace diez años y me pareció adecuado obsequiarte algo como esto.

―Es demasiado. Creo que un gracias no será suficiente ―Kaoru se separó y se sentó para volver a tomar la cámara entre sus manos y seguirla analizando embelesada. Olía a nuevo y no tenía mancha o raspón alguno. Color negro azabache y recién sacado de una caja.

―Si lo pones así, sólo prométeme una fotografía asombrosa y con eso estamos a mano ―dijo riendo, sosteniéndose la panza y siendo secundada por Tae que entendió el chiste.

Kaoru por otro lado pensó que eso haría. Para alivianar las cosas, Tae invitó a las chicas a ver una película de terror, y a Misao dormir ahí esa noche; Kaoru fue a su habitación para dejar la cámara y al entrar a su cuarto, vio en el buró un sobre blanco que ponía encima un sello de Tokio.

Con frialdad tomó el sobre y lo arrugó para después meterlo en el cesto de la basura al lado de la cama y el buró con la modesta lámpara.

Después se encontró a Misao y Tae en la sala peleando por qué película verían esa noche, Tae no quería una muy sangrienta y Misao no deseaba una película con un final feliz. Kaoru sonrió; ella no necesitaba más familia que la que tenía ahora, pondría las manos en el fuego por ambas, y por Megumi (que ahora se encontraba en Aizu) porque ese trío de locas había sido su apoyo en los últimos 10 años, como nunca lo fue su madre al morir su padre.

Pensando en eso se sentó nada más para mirar cómo Misao ganaba la pelea y vieron Masacre en Texas.

Mamá… ¿por qué tantas fotos?

Mamá… ¿por qué estás tan nerviosa?

Mamá… ¿recuerdas a papá?

Kaoru despertó abriendo los ojos lentamente sobre el sillón, apoyada en el hombro de Tae (ésta estaba sobre el hombro de Misao) y con cuidado de no despertar a ninguna chica se levantó sólo para hacer sus necesidades en el baño; cuando terminó se lavó las manos, la boca y la cara antes de ir a su habitación y sentarse un rato en su cama.

Suspiró sabiendo lo que debía hacer a continuación:

Del bote de basura sacó el sobre, lo desdobló y finalmente lo abrió, sacando la carta… y una fotografía. Sin verla bien porque no había encendido la luz y afuera podía verse que aún era de madrugada, dejó la foto sobre la cama bocabajo; Kaoru respiró profundo prendiendo la tenue luz de su lámpara de noche para leer.

Para: Mi querida hija, Kaoru.

Querida, soy tu madre.

No entiendo el por qué te has mantenido alejada de nosotros, aquí en Tokio estamos muy preocupados por ti. Esta navidad esperamos verte. Tu padre está angustiado, cree que nos odias, y temo que tenga razón.

Sé que nuestro pasado no es el más feliz, pero él ha cambiado y lo ha demostrado regresando a trabajar (eso ya te lo había dicho hace un año), ha sido ascendido y gana mucho dinero; hemos comprado una casa propia. Me encantaría que la vieses. Tenemos un cuarto para huéspedes.

Aún no me he deshecho de tus cosas, las tengo aguardadas en cajas para cuando desees ir por ellas. Están en el sótano (nuevo).

Pero por muy raro que te parezca, no te he escrito esta carta para hablarte sólo de nuestra nueva casa (porque esta casa, también es tu casa).

Sino para pedirte un favor.

Mira la foto y llámame. Aún no cambiamos nuestro número telefónico.

Con amor: Mamá.

Kaoru frunció el ceño. Así que su querida madre no entendía el por qué se quiso mantener alejada de la gran familia feliz, esperaba que el psicólogo haya recibido un buen pago porque hacer un gran trabajo con su madre.

Ese hombre no era su padre, sólo había tenido uno y se llamó Kamiya Kojiro; nadie más sería llamado padre por ella. Y aquello de que él había cambiado, si su madre se hubiese presentado a su apartamento y en su cara le hubiese dicho eso, Kaoru se habría reído descaradamente; porque no lo creía ni por un segundo.

Quizá su madre estuviese lavada del cerebro, pero Kaoru lo tenía intacto y prefería mantenerlo así.

Y… la foto.

Dejó la carta en el buró y tomó la foto que había hecho a un lado, la notó extraña, era muy oscura no veía mucho…

―Kaoru, ¿estás aquí? ―Tae entró a la habitación y encendió la luz de ésta cegando a Kaoru por un segundo―. Aquí estás… ¿qué es eso?

―Oh Dios… ―la fotografía no estaba mal, y de hecho, al reverso tenía un escrito en caligrafía de primera con kanjis envidiables:

"Saluda a tu nuevo hermanito. Sólo faltan 5 meses."

¿Es que acaso jamás llegaría para ella una carta explosiva? Eso sería mucho menos fatal para su estado mental actual.

Fin de Capítulo―


Definiciones:

1.- Pársel: [Proveniente de la saga de libros HARRY POTTER] La lengua pársel es la lengua de las serpientes. De sonidos semejantes a suaves silbidos y susurros.

2.- Kanji: En este caso, símbolos japoneses para expresar conceptos en escritura en Japón.

3.- Kami: "Dios" en japonés.


¡Uf! Trato de ir lo más rápido y breve que puedo; con mucha precisión y "disciplina" jaja, he podido actualizar a tiempo. Tengo todo en mi cabeza pero mis deditos no pueden escribir tan rápido (aún), ahora procederé a darles un descanso.

¡Muchas gracias a quienes comentaron en el PRÓLOGO!

kleinegirl87: Jejejeje no suelo escribir lemon, pero sí lo he hecho, espero poder darte lo que quieres XDDDD pero como dije: no prometo nada. XDDD gracias por comentar.

Pola de Himura: Gracias por no juzgar mi corto y soso prólogo; como dije trato de mejorar en eso para hacer de mis historias más atractivas y como realmente quiero que sean vistas. Es un alivio saber que no estoy haciéndolo nada mal. XDDD ¡Gracias por comentar!

HeavenlyEve: ¡No querida! Como ya te había comentado, muchas gracias a ti por haberme atrapado. Sé que no estamos en temporada para dar obsequios, pero me alegra que lo hayas aceptado con gusto. Es un honor estar escribiendo esto, gracias por tu apoyo.

rogue85: Jejeje sí, cuando se tratan recuerdos o algunas otras líneas temporales es algo que a mí no me sale como quisiera XDDD perdona si te he mareado (¡acepto toda responsabilidad!) y procuraré mejorar en ello, muchas gracias por tu comentario y gracias aún más por tu aceptación.

¡Y con esto termino por hoy! Como dije, posiblemente use OoC (algo que no hago muy a menudo). Si les gustó, por favor comenten y no olviden que estoy en la campaña:

"Con voz y voto"

Porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

Derechos registrados al "Foro ¡Siéntate!" y a sus fieras piratas.

No es ambición, es una simple campaña para aquellas que deseamos saber qué exactamente gusta de nuestros fics. No es que no nos guste ser agregadas a favoritos, pero una pequeña presentación antes nunca estará de más. :)

Ahora sí me despido.

JA NE! ;)