Hola, hola, hola aquí la pandita de la barbarosidad, en mi segunda capi de esta fanfic… bueno, de echo no quería hacer mas capítulos, de echo, ese que leyeron iba a ser el único, pero como bi que les gusto me dije "A seguirle" y aquí estoy:
Fer: Hola, bueno, lo de Grell tiene explicación, se vera en capítulos siguiente, y lo de Hannah también, tu solo lee, cualquier duda ponla en tu comentario.
Powermelani: Ah… bueno, intento no ofenderme, pero bueno, te recomiendo que si no te gusta mi historia, NO, comentes, NO leas, NO JODAS!
Santiagomendosa: Ah… me alegra que haya fans como tu… ¿Hombre?... Wow… ¿Tienes novia? Jejeje pura broma…
Manimanito: Hm… de hecho, este fanfic es de esta pareja.
Kuroshitsujifan: Jajajaja de hecho, yo me moría de la risa cuando escribía esa parte… me alegra que te guste.
: Ahhhh que genial que alguien como voz lea esto me alegra que te guste, a ti te dedico este capitulo.
Ahora, sin mas palabras aburridas les dejo:
Capitulo 1: Un pecado, una cómplice.
El día comenzaba en Londres, aunque no precisamente soleado y lleno de vida como otras beses, no, esto… invierno, era invierno en toda la Gran Bretaña, uno de los más crudos que se puedan haber imaginado. La mansión Phantomhive rebosaba de alegría, su señor, había regresado, junto con su mayordomo, los sirviente retomaron sus habituales tareas, lo cual les hacia profundamente felices.
Una silueta negra, con aires de elegancia se dirigía a una de las habitaciones de la lujosa mansión, con delicadeza abrió la puerta de madera, miro por la habitación, totalmente oscura, no era de sorprenderse, puesto que a la persona que dormía en ese lugar amaba la oscuridad, y aunque no la amase, estaba acostumbrado a ella, entre más profunda… menos le aterraba.
-Bochan- Dijo la silueta, con la melodiosa voz que poseía- Es hora de levantarse-
El mayordomo se dirigió a las hermosas cortinas de seda que mantenían cubierta la ventana, protegiendo la habitación de cualquier luz, que intentase pasar y hacerse presente en la habitación. Con delicadeza, pero a la vez velocidad abrió las cortinas, dejando que la tenue luz de invierno penetrara por cada rincón de la bien adornada habitación.
-MH- Se escucho un gemido entre las sabanas. El hombre del cabello azabache sonrió de lado "Después de las experiencias que ha vivido… no ha dejado de ser el mismo holgazán de siempre… Bochan" Pensó acercándose a las sabanas, se sentó en la oriya de la cama, roso muy sutilmente el bulto, en donde debería estar la cabeza del conde Phantomhive.
-¿No cree que ya es hora de comenzar el día?- Pregunto en un débil susurro.
-Sebastián- Susurro de igual forma, el conde, sacándose las cobijas, no del todo, solo anta el pecho, tenía frio, frio, algo que antes le incomodaba, ahora estaba feliz de sentir-Te sentaste-
-A si es Bochan- El dominio sonrió.
-Me alegro… déjame dormir una hora más- Ordeno ladeándose dispuesto a acurrucarse de nuevo.
-Hm… Dormir es algo aburrido, ¿Por qué lo hace?- Pregunto el demonio, mas como burla que como pregunta.
-Necesidades humanas, supongo- Respondió serrando sus ojos dulcemente -Humanas-
"Humanas" Resonó en la mente de Sebastián, formándole una sonrisa en el rostro.
-Bochan, es enserio, si no sale en este momento de la cama, tendré que abrir la ventana y desvestirlo aunque patalee- Dijo Sebastián, provocando que el niño abriera los ojos de golpe y se volteara hacia el demonio, quien se encontraba con una hermosa sonrisa de burla posada en su rostro.
-¿Me estas amenazando Sebastián?-Pregunto el niño.
-Usted más que nadie sabe que yo no amenazo Bochan-
Un silencio se presento entre los dos individuos, pero, no era incomodo, al contrario, era relajante.
-De acuerdo- Dijo Ciel, rompiendo el silencio, Sebastián sonrió, se levanto para dejar a su amo acomodarse en la cama, para así poder cambiarlo con normalidad, mientras, el aprovecharía y haría el té que tenía reservado para ese día, nada especial, solo un simple té de Vainilla, pero que era perfecto para relajar al conde, después de todo, el invierno siempre lograba tensarlo más de lo normal.
El conde observaba muy atentamente cada uno de los movimientos de su mayordomo. No sabía la razón, pero últimamente tenía esa necesidad de verlo, hasta le había ordenado que lo tratara con una actitud más jovial, que se tomara ciertas libertades, tales como sentarse en su cama, o bromear de vez en cuando con él, pero, una pregunta había rondado su mente la última semana, no comprendía…
-Sebastián- Llamo el pequeño desde la cama, el susodicho solo volteo la cabeza como señal de respuesta- ¿Por qué?- Pregunto con la mirada triste.
-Lo que pasa es que el té de Vainilla lo relaja en los inviernos- Respondió el demonio.
-No Sebastián… me refiero… ¿Por qué sigues con migo?-El joven conde se preparo mentalmente para las respuestas más crueles que el demonio pudiera darle, en caso de que dijese lo que dijese, nada lograría lastimarlo, ya estaba preparado
El demonio se volteo por complete, su roja mirada, se poso en los grandes orbes azules del niño, con una hermosa sonrisa en el rostro se acerco a la cama del niño, se puso frente al niño y se agacho, para quedar a su altura.
-Bochan… aunque no pueda tener su alma, no concibo mi vida sin usted, ni tampoco la suya sin la mía… creo que ambos dependemos el uno del otro, y que también nos acostumbramos a estar juntos ¿No lo cree así Bochan?- Dijo, mirando los hermosos ojos del niño, ambos, se quedaron mirando al otro…
-Si… creo que es así- Reafirmo Ciel.- ¿Qué tengo destinado para el día de hoy?- Pregunto ya con sus pensamientos tranquilos.
-9:00 a.m; El duque de Venomia ha solicitado una audiencia con usted…-
-Ese depravado, ¿No hay manera de evitar esa junta?-
-La ha evitado durante 3 días es tiempo de ver que es lo que el hombre desea y que lo deje en paz-
-Supongo… aun así, no nos dejes solos ni un segundo, no confió en ese hombre- Dijo el niño, visiblemente asustado, mientras que el mayordomo le quitaba el camisón que usaba para dormir.
-¿Bochan esta asustado?-
-Tu también lo estarías si te miraran como si quisieran desnudarte y… oh- Ciel decidió callar, ante la mirada de "Se como se siente" que le regalaba su demonio/mayordomo.
-Bocha, como cabeza de familia, debe estar preparado para que lo miren, como si quisieran comérselo a cada momento- Sebastián se levanto y cogió la ropa que su amo usaría ese día- Además, ese "Depravado" como usted le llama, es uno de los principales proveedores de materia prima de la compañía de juguetes Fantum, debe tener una relación mas amigable con el-
-Supongo que tienes razón Sebastián…- Dijo el niño, ya vestido- ¿Qué tengo para el resto del día?-
-Me he tomado la molestia de suspender todas sus reuniones y materias después de esa junta, lo he visto muy estresado desde su regreso de "Mas haya", así que pensé en darle un día de relajación y ocio, en el que yo, lo guiare y acompañare a un paseo-
-De acuerdo, supongo que un día de relajación, no mata a nadie…-
-Bien, ahora tome su te- le entrego la tasa de porcelana- Yo iré a hacer preparativos para su audiencia con el duque-
-Bien-
La 9:00 llegaron muy rápido, para el infortunio de Ciel, quien se mantenía serio, pero por el interior, deseaba que Sebastián no se separara de su lado mientras el hombre estaba con el, algo en ese hombre no le agradaba, quizás la forma en que lo miraba, o la manera en que trataba de tocarlo, pero, para el joven Ciel, era una alimaña peligrosa, que tenia que ser erradicada.
Sebastián notaba el desprecio de Ciel, hacia el hombre, sonreía de manera burlesca, cuando su bochan renegada entre dientes, no cavia duda que seguía siendo un niño, pero uno, obligado a actuar como adulto ante la sociedad, lo único de esa peculiar situación que le daba tranquilidad era que , al menos con el, actuaba como le correspondía, como un niño, juguetón, amigable, travieso, pero, que orgullo se cargaba, tanto era este, que jamás se dejaría ver de la forma que Sebastián lo había visto jugar, por alguien que no fuera su mayordomo, ese pensamiento siempre lo hacia sonreír: "Bochan sigue siendo un niño… no… Bochan es mi niño" Pensaba.
-Bochan- Llamo el mayordomo. Ciel solo volteo la vista hacia el.- El duque ah llegado-
-De acuerdo, llévame al salón principal- Ordeno muy serio el niño.
-¿Por qué tanto desprecio hacia ese hombre? ¿Qué no era un amigo de su madre?- Pregunto el mayordomo.
-Te he dado una orden, antes de hacer preguntas estúpidas, cumple con lo que te digo- Ciel se paro de su escritorio mientras hablaba a su mayordomo, o mas bien, casi gritaba.
-Yo le he hecho una pregunta, antes de ordenar conteste lo que le eh dicho- Le reto el demonio.
-Insolente-
-Podría decir lo mismo de usted- Refuto Sebastián, mientras cruzaba los brazos a la altura del pecho.
-Ah- Suspiro derrotado el niño, no quería recordar lo que el duque le había echo en su infancia, bueno, en su Temprana infancia-Sebastián, es enserio, no quiero recordarlo-
-Pero aun así lo hace, ya que al parecer, deteste ah ese hombre-
El joven bajo la mirada, cerró los ojos con fuerza, no pudo notar como el gesto de su empleado cambiaba, de uno de burla, a uno de preocupación, algo que ni el mismo entendía ¿Por qué se preocupaba por ese mocoso? ¿Por qué no quería separarse de el? No lo comprendía, ¿O si…?
-Bochan… me disculpo por mi insolencia, es solo que… me entro la curiosidad, lo lamento- Trato de disculparse el hombre.
-No te disculpes… después de todo es una pregunta que mi propia madre en vida me hiso, en su momento te responderé- Ciel lograba esconder muy ben su miedo, ¿Miedo a que? ¿Qué era eso tan horrible que ese duque le había echo?- Ya vámonos, no es de buena educación dejar esperando a un invitado.
Ah paso lento, los dos individuos se examinaron al salón principal, Ciel pudo notar como Finían cortaba sus rosales, de forma hermosa "Veo que ha mejorado" pensó alentando su paso, deseando jamás encontrarse con eso asquerosos ojos violeta que poseía el duque.
-Ciel- Llamo una voz masculina, que parecía provenir de uno de los sillones individuales del conde. Una figura se levanto de el, era un hombre, de cabello morado y largo, amarrado por una cola de caballo, su vestimenta era formal, una camisa morada, mas oscura que su cabello, y un pantalón negro, tan profundo como el cabello de su mayordomo.
-OH Ciel, hace años que no te veía- El hombre se dirigió a abrazar al niño, quien no correspondió, parcia una estatua, inmóvil ante el tacto del duque.
-Si, por suerte así es…- Dijo liberándose del agarre del mayor- ¿A que se debe tu visita?-
-JaJaJa, siempre al grano ¿No? Ciel, Igualito a tu padre JaJaJa…-El Duque revolvió el cabello del niño.
-Si, así que responda de la misma manera en la que pregunte, Duque Douglas - Carácter severo, eso caracterizaba al conde Phantomhive y esta no seria la acepción.
-De acuerdo, pero llámame tío Charles, suena mas familiar, además así me llamabas cuando tus padres Vivian-
-Tiene razón, pero en estos momentos, no quisiera tener una relación familiar con usted, así que lo dejaremos en Duque Douglas-
-Muy bien, si así lo quieres, pero en ese caso ya también lo llamare Conde Phantomhive… de acuerdo Conde,- Su mirada se fijo en los ojos del mayordomo de Ciel, como una sombra se poso detrás de la espalda del chico, aun así, sus ojos no se despegaban del Duque, y de esto se acababa de dar cuenta el hombre.- Lo que he venido ah discutir con usted es algo privado, por lo tanto, temo que tengo que pedirle que su mayordomo se retire-
Ciel trago grueso, volteo a ver a Sebastián, diciéndole con la mirada que se retirara, a lo que el demonio solo asintió
-Con su permiso- Pidió el demonio.
Una vez, los dos nobles solos, la mirada del duque cambio, y esto lo noto Ciel.
-Bien, Sebastián se ha ido-
-Si… bueno, joven Ciel, lo que he venido ah discutir con usted, es el echo de que, vendrá con migo a mi mansión- Ordeno el duque con una actitud prepotente.
-¿Por qué debería ir con usted?- Pregunto Ciel, mas como un reto, que como una pregunta.
-Ciel, ¿Recuerda cuando de pequeño yo te hice mío?- La pregunta del duque callo como bala al corazón del niño, retrocedió unos pasos, su respiración se ajito seriamente. Los recuerdos de tan terribles noches, que el creía ya olvidadas regresaron a su mente.
-No… no, no recuerdo nada- Afirmo en niño.
-Jajá, Pues te lo recordare…- Muy amenazadoramente el duque se acerco a nuestro amado conde, por cada paso que este daba, Ciel retrocedía la misma cantidad, hasta que el espacio de avance se le termino, quedando atrapado entre la pared y el pedófilo que sacaba de su camisa una navaja.
-Déjame… ¡Sebasti…!- Antes de que Ciel lograra pedir ayuda, El duque le había tapado la boca con sus grandes manos, ahogando así sus gritos de ayuda.
-No Ciel- Dijo el conde al oído del niño, el miedo no lo dejaba moverse, por primera ves en su vida sentía el miedo, la impotencia- No queremos que "nos" interrumpas ¿O si?-
Acerco muy lentamente la navaja al cuello del conde, quien serró fuertemente sus ojos, sintió el dolor de la navaja marcando su piel, formando en ella una cruz, el niño aprovecho que el agarre de su boca ya no era tan fuerte como antes y mordió desesperadamente la mano de su captor, quien inmediatamente la quito.
-Maldito- Articulo el mayor.
-¡Sebastián!- Grito a todo pulmón el niño, y, como si estuviera esperando ese llamado en la puerta, entro Sebastián con los ojos enrojecidos. Se dirigió al hombre que lo miraba como escoria, y que aun tenia a su bochan entre la pared.
-Bastardo- Fue lo único que salió de los labios del enojado mayordomo, quien haciéndole honor a su nombre de príncipe de las tinieblas, se arrojo hasta el hombre, en un desplegué de golpes y patadas, logro romperle ambos brazos y ambas piernas.
-¡Ahhhhhhhhhhh!- Grito el hombre adolorido.
-Me disculpo por mi rudeza- dijo tomando al asustado niño en brazos.- Su criada vendrá en unos instantes- Y se retiro.
Ciel aun temblaba, Se aferro con fuerza al cuello del demonio, y escondió su cabeza en el pecho de este.
Al llegar al estudio del niño, Sebastián lo sentó en el escritorio, lo cual llamo la atención de este.
-Bochan… ¿Se encuentra bien?- Pregunto Sebastián visiblemente preocupado por la seguridad emocional del niño.
-Si- Respondió cortante mente.
-¿Desea que ese Duque sea asesinado?- Los ojos del demonio volvieron a enrojecer amenazadoramente, no le gusto nada el echo que ese hombre intentase tocar a su bochan. Pero esto no lo noto el joven, ya que mantenía la mirada baja.
-No Sebastián, el era un amigo de mi madre… será como matar el alma de mi madre- Respondió.
-Ya veo- La mirada de Sebastián se poso en el cuello del niño, noto como la sangre emanaba de ella- Bochan, ¿Desea que le cure la herida?-
-Si, hazlo Sebastián-
El demonio se acerco al niño, y le abrió ligeramente las piernas, para poder acomodarse entre estas, tomo de la cintura a su amo, sus labios se acercaban al cuello del niño.
-¿Pero que estas haciendo?- Lo detuvo Ciel.
-Vera bochan, como dominio, ciertos fluidos míos tienen propiedades curativas, mi saliva y mi sangre por ejemplo… per si lo desea buscare métodos mas convencionales de curarle- Propuso el mayordomo al notar lo incomodo que se veía su Bochan.
-No, supongo que esta bien-
Ante la contestación del niño, Sebastián continúo tomándolo de la cintura, y lentamente puso sus labios en la herida del niño, quien reacciona poniendo las manos en el pecho del dominio. Lentamente prosiguió a darle unas lamidas al cuello de Ciel, arrancándole suspiros y jadeos involuntarios.
Y así comenzó el recorrido de Sebastián, moviendo y untando sensualmente su lengua.
-Ah- Gimió el niño, Sebastián se sorprendió, pero aun así, ese gemidito le focino, quería escuchar mas, Ciel se limito a sonrojarse al extremo.
Leves mordidas comenzaron a sentirse en el cuello del conde.
-Ah, ah, Sebastián- Gimió fuertemente el conde.
-Bochan el…-Entro diciendo Maylene, quedando perpleja ante tal escena, su nariz comenzó a echar sangre cual regadera.
- Ah-Gemía Ciel. El demonio, quien había terminado de curar el cuello del menor, paso sus labios y su lengua al lado izquierdo de este, y continúo su labor de lamer, morder, besar, y succionar la blanca piel- Ah Sebastián.-
Ciel estaba encantado con los tratos de su mayordomo, sintió como las enguantadas manos del mayordomo comenzaban a tocar sus piernas por debajo de sus pantaloncillos, mas no lo detuvo, se sentía bien. Aferro con más fuerza sus manos al cuello del hombre.
Sebastián volteo la mirada hasta abajo, observando el gran bulto en los pantalones del niño, sonrió con malicio, y comenzó a tocar a su amo en esa zona, era oficial, ese era el pene ya despierto de su niño, lo comenzó a tocar con mas afán, sintiendo como el miembro crecía en su mano.
El niño ya no podía evitar gemir el nombre del demonio que tanto placer le otorgaba.
-Ah, Sebastián… Para… ah-
-No bochan- Se propuso el demonio, pues, aunque la anterior lo pareciera, no era una orden.
Los labios del demonio dejaron desatendido el cuello del humano, comenzando a acercarse a los labios de este. Ciel noto lo que su mayordomo se proponía, no se disjunto, cerro sus ojos y entreabrió dulcemente sus labios.
Estaban a un milímetro de hacer lo que habían estado tentados a hacer durante meses, ese dulce pecado que hablaría de una vez por todas, y delataría lo que ambos sentían el uno por el otro.
Es frustrante y tedioso cuando interrumpen un momento como este antes de ser concretado, y esta no puede ser la acepción, después de todo, el autor de este fanfic es una demonio, la tortura es parte de ella.
-¡Bochan!- Grito Maylene, tirada en el suelo, y con un gran chaco de sangre a su alrededor.
Ambos personajes se separaron totalmente ruborizados, y con una sola pregunta en mente "¿Por qué ahora?". Voltearon hasta donde Maylene estaba, notaron los remolinos en sus ojos, la sangre en su nariz, y la boba sonrisa en su rostro "La penitencia a la perversión" Pensó el niño, con la misma expresión seria de siempre, solo que esta ves la mantenía para tratar de controlar su erección.
-Bochan ¿Me permite?- Pregunto muy cortésmente el mayordomo.
-S_ Si Se_Sebastian- Dijo Ciel entre dulces tartamudeos.
El demonio observo a la chica, la tomo en brazos y se dispuso a llevarla a su habitación, dejando al niño solo, aun sentado en su escritorio.
Ciel toco su cuello, donde se supone estaría la herida que el duque le había otorgado, pero no fue así, ya no había nada, sonrió de lado al recordar cada segundo en que el demonio succionaba, lamia y mordía su pálida piel, recordó entonces que su mayordomo había asada al lado izquierdo de su cuello, haciendo lo mismo, "Pero hay no tenia nada" pensó el chico haciéndose sonrojar mas.
Mientras tonto con Sebastián
Nuestro guapo mayordomo se dirigía a paso lento a la habitación de la señorita que tenia en brazos.
"Ese olor tan embriagante" Pensó para si mismo "Mierda, no pude contralarme, Solo Satanás sabe que hubiera pasado si esta humana no hubiera llegado a interrumpir… aun así, bochan no se negaba a ninguna de mis caricias, y cuando estuve a punto de… de… bueno, el no se negó…"
-Sebastián/san- Llamo la mujer, despertando del trance y sacando de paso a Sebastián del suyo.
-Veo que ha despertado-Fue lo único que salió de los labios del Hombre.
-Tu y bochan…-
-¿Que?- "¡Mierda!" Pensó.
-Los vi… y tu y el… casi…-La mirada de la chica reflejaba dolor, sufrimiento y… ¿Celos? Si, Y Sebastián no tardo en darse cuenta, sonrió ante el pensamiento de poder usar eso a su favor.
-¿Casi… que?- Sebastián trataba de arrancar esas palabras de la boca de Maylene, palabras que ni el mismo podía pronunciar.
-Se besan, casi se besan- Afirmo la mujer sacándose los lentes-
-Ah-
-¿Es lo único que dirás?- Pregunto la mujer ya alterada- Suéltame ahora mismo- Sin darle tiempo a reaccionar, Maylene se bajo de los brazos del demonio, y salió corriendo con lagrimas en los ojos.
Sebastián miro como ella se alejaba, no pude evitar sonreír.
Maylene corría por los pasillos de la gran mansión llorando desenfrenadamente ¿Cómo era posible que el ser que tanto amaba se fijara en… bochan? Y justo cuando ella creía que tenia una oportunidad con el galante mayordomo.
Al llegar a su habitación, se encerró en ella, se tiro en el suelo, y comenzó a llorar, quería hacerlo, no mas hacerse la fuerte, quería desquitar todo ese dolor que solo una mujer despechada podía sentir.
-Una dama tan bella no debería llorar- Se escucho la voz de Sebastián en la habitación, la chica abrió los ojos de golpe, volteo hasta donde la voz se escuchaba, efectivamente, Sebastián estaba sentado en la cama de la mujer.
-¿Qué haces aquí?- Pregunto retente.
-Vine a discúlpame… lo que viste fue un mal entendido, Bochan y yo…-
-No seas mentiroso, lo que vi fue lo correcto, ¿Por qué me torturas? ¿Por qué no admites de una buena vez lo que sientes por bochan?-
-Yo no…-
-No mientas… Anda ¡di que lo amas maldita sea!- La despechada mujer se acercaba al demonio, quien estaba impresionada, con su actitud, tan retadora, casi como un dominio… ¿Quién era realmente esa mujer?
-Si- Admitió por fin el demonio.
-Bien, eso me tranquiliza- Dijo Maylene ya sonriendo, si ella no podía ser feliz con la persona que amaba, se aseguraría de que el si lo fuera- Te ayudare Sebastián/ san-
-¿Ayudarme?-
-Si, a que conquistes a Bochan, por lo que bi, solo les falta un empujoncito-
-Pero yo…-
-Nada de peros, ya tienes una cómplice en el amor, te guste o no- Le dijo Maylene a la cara.
Sebastián se limito a sonreír, no cavia duda que esa mujer no podía ser solo eso, algo había en ella que llamo su atención desde el principio… debía averiguar mas… pero en ese momento, lo que mas preocupaba su mente, era el echo de que, si lograba tener a su bochan, estaría violando las reglas del mismo infierno…
Espero que les haya gustado… comenten plisss..
Con cariño.
La pandita de la barbarosidad.
