Una historia de Walking Dead, que pertenece a sus respectivos autores, yo solo uso sus personajes para entretenimiento personal y no recibo ninguna clase de regalía o ganancia por ello.

/Nos leemos de nuevo, voy a apurarme con este fic antes de que se me borren las ideas. ¡Espero que la continuación sea de su agrado!

Sigo sin beta, cualquier error que noten haganmelo saber.

¡Gracias a Janemba 988 por su review!/

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En los días siguientes, se dedica a espiar la casa de los Greene lo más discretamente que le es posible. Beth tiene clases de lunes a jueves de nueve de la mañana a tres de la tarde, y los viernes solo va en la tarde de tres a seis a un seminario. En cambio el horario de Glenn es más bien "flexible" así que cuando el cansancio se lo permite, intenta asomarse por su ventana a eso de las ocho veinte de la mañana, pero ni lunes ni martes el tipo se aparece, seguramente también trabaja ¿no?

El miércoles se las arregla para estar en casa a la dos y media, pero Beth llega junto con Amy, Noah y Jimmy, los vecinos del 2B. ¿Tal vez solo va por ella los viernes a la escuela?

Los únicos que llegan a visitar a Beth son Rick y Judith, que llegan sin falta los miércoles a eso de las seis, que es cuando Rick tiene patrullaje del otro lado de la ciudad, y los jueves a las cuatro en punto, porque ese día Rick tiene doble turno para descansar un día del fin de semana o algo así.

Beth va los lunes y martes una hora de voluntaria al centro comunitario o al refugio de animales. Pero salvo en esas ocasiones, no sale para nada de su casa. Desde que Hershel, su papá, entró a rehabilitación y a Maggie le cambiaron sus prácticas a la Universidad Estatal de Albany, Beth ya no sale tanto entre semana.

Maggie, la mayor de las hermanas, casi un año menor que Glenn, que estudia enfermería y que en determinado momento se cansó de ir y venir todos los días desde su nueva universidad y rentó junto con otras amigas un departamento frente al campus; ahora viene cada quince días a casa o cada semana si el trabajo lo permite.

Patricia, que es tía de ambas, se queda durante algunos días al mes en la casa con Beth, ya que Otis, su esposo, es conductor de un tráiler y viaja mucho.

En defensa de Beth, Glenn debe admitir que se las arregla bastante bien sola: las veces que han llegado a ir siempre tiene todo limpio y oliendo a comida casera, tiene las cuentas de la casa al corriente, va bien en la escuela y encima se las arregla para siempre cuidar a Judith.

Enserio, ¿Cómo conoció al tipo de la moto? ¿Dónde? ¿Por qué sale con él?

Pasa casi una semana y media para que lo vuelva a ver y por supuesto que el tipo tiene una pick up, una vieja Ford del ochenta y tantos, igual de desgastada que sus botas, y de un color que alguna vez fue azul, eso sí con la carrocería intacta y, para alivio de Glenn, sin ninguna bandera de la confederación o la santa muerte pintada en algún vidrio.

El coreano va saliendo a eso de las cinco de su trabajo en la pizzería; Morales, su jefe, le ha cancelado el doble turno de hoy y él va feliz como lombriz pensado que como mañana tiene turno hasta la tarde podrá desvelarse viendo la nueva temporada de su serie en Netflix, va pensando en pasarse a comprar un six pack de cerveza barata y algo descongelable para cenar cuando los ve.

Están por el parque del centro comunitario, sentados en la caja abierta de la dichosa pick up. El tipo es atractivo como el carajo, tiene barba y bigote de una semana, y los ojos azules según alcanza a ver; esta vez lleva una camisa de mezclilla CON mangas, otro pantalón desgastado y las mismas botas de la vez pasada.

Sostiene un celular, que se ve extremadamente frágil y pequeño entre esas manos y mira el aparato con el entrecejo fruncido. Beth a su lado, se inclina contra su hombro, balancea sus pies en el aire de la forma en que lo haría un niño, y con una sonrisa eternamente pintada en los labios le señala la pantalla, parece que intenta explicarle algo.

Glenn no soporta la vista. El suéter floreado de la rubia hace que se le revuelva el estómago y no le queda más remedio que cruzarse de acera y pasar corriendo hacia su edificio, casi rezando para que no lo noten.

Esta vez la pick up azul se suma a esa tarde imaginaria de verano: esas manos grandes y masculinas acariciando toda la piel a su paso, esos labios delgados se separan un segundo del ombligo que besan, Beth sonríe dulcemente cuando esos ojos azules la miran directamente y él sube por su cuerpo hasta besarle detrás de la oreja. Arquea su espalda y él lo mueve acomodándolos mejor sobre la manta con la que ha cubierto la caja de su pick up, gime bajito cuando vuelven a invadir su cuerpo…

Al final no cena nada, su laptop sigue sobre la mesilla de centro de la sala, tal y como la dejo el día anterior, esta vez opta por tumbarse boca abajo en su sofá, lejos de la tentadora ventana. Obviamente tiene un problema, y no quiere ni imaginarse que va a hacer cuando Beth les presente al tipo.

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