Bueno! GRACIAS POR LOS REVIEWS! que monisim s! tod s! adoré... He aquí la perspectiva de Quinn.
Se aceptan Criticas y comentarios! :)
Alguien quería ver lo que pasaba luego de la eliptica XD ya me dirán algo.
Luego, eso luego.
Quinn vio a Rachel alejándose de su coche y se sumió presurosamente en el aturdimiento. No estaba delirando ¿verdad? Aquello había sucedido. No era un delirio ni nada parecido. Bueno, quizás el hecho de que ahora que miraba a Rach caminar tenía la impresión que contoneaba las caderas llamándola. Pero no. ¿O sí? Cómo fuera. Había sucedido. Olió el perfume de sus dedos y cerró los ojos concentrándose solo en las emociones que se despertaban dentro de ella. Aroma a mujer, olor a Rachel. Pero no ese perfume que se le pegaba si se sentaba al lado o cerca, o si la tomaba de la mano como a veces fantaseaba. Era un aroma extremadamente más íntimo. "¿Lo hice con ella verdad? No fue un sueño. Estuvimos juntas, nos besamos, nos tocamos, nos… calma…". Respiró profundo para no volver a despistarse en la ruta. Normalmente sería extra cuidadosa después del accidente pero claro, hoy estaba desbocada.
"La hice mía". Tener 17 años y hablar así le parecía imposible. A los 17 años la gente no se aventura con tanta conciencia en el arte de poseer. Las posesiones son mundanas, más aún a los 17. Se puede poseer pero a veces incluso no se sabe lo que es, lo que implica. Pero Quinn Fabray se quería comer la palabra posesión para poseerla un poco más incluso. Para poseer a Rachel un poco más. Tenía ganas de gritar bárbaramente "mía, mía, mía, MIA". Es que Quinn había soñado muchas veces con hacerla suya, suya, suya, pero nunca creyó que pasaría. Y menos así. Y menos con la perspectiva de poder otra vez. Era demasiado para su salud mental, sin embargo quería volverse loca.
Si se viera la Quinn de hace años. Ufff. La reprimiría, probablemente se auto arrojará un slushie al grito de "despierta, es Berry y tú no eres gay". Si Russel se enterara las cosas que su pequeña Quinnie puede imaginar cuando libera su mente. Ni Russel, ni su madre, ni siquiera la misma Quinn fue capaz de frenarla cuando comenzó la fiebre. Para la vieja Quinn esa "fiebre" fue como la peste bubónica al comienzo. Estaba segura que tanto andar con Britt y Santana habían tenido sus consecuencias porque una vez que vio a Rachel Berry, que la vio de verdad, con los ojos más adultos, no pudo dejar de mirarla. Y le enfermaba mirarla tanto así que la machacaba, a veces solo compitiendo por Finn Hudson. Pero no podía verla feliz, no podía verla. El problema era que quería.
Cuando Quinn despertó, supo y entendió que era lo que pasaba, maduró. Y tenía 17 pero maduró igual. No fue la universidad ni siquiera el tener que pensar en su futuro. Fue darse cuenta de quien era y que era lo que quería, y que eso que quería lo querría siempre, aunque fuera una mujer, aunque fuera la mismísima diva del Glee Club. La chica por la que no sentía, según ella, más que hostilidad. Fue y vino. Rachel la siguió por donde iba y consiguió algo que Quinn no había previsto. Pensar en estar cerca sin tener que infringirle algún daño necesariamente. Se hicieron algo así como amigas a pesar de los slushies, de las bofetadas y de todas las porras mentales que le había dado. Rachel tenía la virtud de exasperarla y enamorarla por igual.
Y hoy toda su contención se había evaporado y no había podido evitar nada de lo que paso. Sam había tenido parte de la responsabilidad. Hacia unas noches que no podía evitar seguir a Rachel luego del colegio. Quedarse cerca o lejos pero mirarla. Observarla. Llenarse de su distante presencia porque en no se permitía acercarse demasiado. Incluso después de que terminara con Finn, cosa que le alegro profundamente, se obligo a guardar la distancia. Algo que la destrozaba moralmente y que combatía siguiendo a Rachel cuanto podía. La cual ni se enteraba. Así la pilló Sam una noche mientras llevaba a la morena a casa desde el trabajo. Lo vio mirarla con desconcierto desde la puerta de su coche y luego partió sin decir nada. Al día siguiente se había encargado de buscar a Santana y a Britt y de provocar a la latina para hacerle una inocentada a la pobre Berry. Tenía que despistar a Sam que no le quitaba los ojos de encima buscando respuestas para lo que había visto. La latina no estaba muy de acuerdo con aquello.
"Quinn, Berry no esta tan mal", dijo restándole la importancia que igual tenía, "no veo porque deberíamos volver a eso". Quinn la había mirado con sorna y con el disimulado conocimiento de saber como provocar a Santana.
"Que blanda te has puesto Santana", la latina la miró con disconformidad, "no vamos a darle una ducha de jugo de arándano, solo a ver lo mona que se ha puesto con el amarillo patito".
"Es tan inmaduro". Santana tenía razón pero Quinn necesitaba hacer notar que nada era lo que parecía, que fuera lo que fuera que Sam hubiera pensando al verla era mentira y que ella seguía siendo ella, después de todo. Era como un exorcismo de Berry a base de viejas costumbres.
"Y tú más que de Lima Heights pareces de los Hamptons…".
Eso había bastado. A Santana nadie le tocaba su Lima Heights Adjacent.
"Arranca de una vez al maldito Burger, vamos a ver a Rachel…". La dureza provocada era nada más que un suspiro, Quinn no perdería la oportunidad.
"¿Iremos a ver a Rachie?", la pobre Britt, tan inocente, preguntó más que feliz aquello. Y las otras dos asintieron. Las consecuencias de su encuentro con Rachel aquel día que pidieron 2 batidos de fresa, uno de chocolate y 3 hamburguesas, y que lo llevara Rachel Berry al estacionamiento, fueron sobre todo inesperadas. Al final del encuentro, Britt se había enfadado con Santana por ser así de malvada con Rachie, Santana se había enojado con Quinn, Sam ni se había enterado de lo que había sucedido porque al día siguiente la siguió "vigilando" de cerca, y Rachel… bueno, Rachel ahora la evadía lo más que podía. Temerosa probablemente de una nueva reprimenda. En fin, un desastre.
Aquella noche, después de dar vueltas y vueltas con su coche, luego de "dejar" a Rachel en su casa, terminó timbrando frente a la puerta de Sam. Él abrió por suerte y ella le dijo sin preámbulo.
-Lo que sea que creas no es así…
Se disponía a irse pero el chico la detuvo.
-No importa lo que yo crea, lo que importa es que no te creeré una palabra de lo que digas ahora, intentas confundirme… te conozco…
-No estaba allí por ella…
-¿Ah no?
-No, te seguía a ti.
Sam río fuerte y de buena gana.
-No seas ridícula Quinn, tu y yo sabemos que tú nunca sentiste nada por mi y también que jamás le harías algo como eso a Mercedes, ni yo – se puso delante de ella para que lo mirara – tú y yo sabemos que estabas allí por ella… ¿la quieres?
-No.
-La quieres…
Quinn bufó frustrada.
-Si no quieres escuchar la verdad ¿para qué me preguntas?
-Si no vas a decir la verdad ¿para qué has venido?
Quinn salió de allí como alma que lleva el diablo. No quería hablar más con Sam. Era la primera vez que su devoción por Rachel quedaba al descubierto y lo que quería era huir lejos. Lejos de Sam, lejos de todos.
-No vale la pena – Sam la detuvo – no estas haciendo nada malo, no te tortures, deberías más bien intentarlo…
Pero Quinn no quiso escuchar nada más y se subió sin mirar atrás. Sin ver (aunque imagino) a Sam meneando la cabeza con resignación. Condujo horas, perdió la cuenta cuantas, ni siquiera tenia claro por donde había andado. Solamente pensaba en que tenia ganas de tomar a Rachel por el cuello y besarla profundamente. Oía su voz cantándole suavemente. Veía el brillo de su pelo moreno girando en las esquinas. Podía notar las curvas de su cuerpo diluyéndose encendidas en su mente. Su imaginación estaba terriblemente taxativa. Rachel, Rachel, Rachel. Rachel cantando, Rachel riendo, Rachel con aquel mono amarillo que quería arrancarle con los dientes, Rachel desnuda entre sus brazos.
Se detuvo después de mucho andar frente a su casa para disipar aquellas alucinaciones. Salió al aire de la calle y respiró profundo, conmovida (por así decirlo) por tantas imágenes de Rachel. Subió a su cuarto y se dejo caer en la cama. Tenia que hacer algo. Tenía que terminar o empezar pero tenía que hacer algo o terminaría consumida de ganas, de incertidumbre. Cerró los ojos tratando de no recordarla para que su cuerpo no siguiera reaccionando como lo hacia desde hacia un rato. Involuntariamente. Y el cansancio fue su aliado. Se durmió.
Al día siguiente se había apostado en la mesa menos visible pero más cercana del Burger para ver a su morena. "Su" morena. Vaya concesiones se hacia Quinn Fabray y sin pedir permiso. Su. No sonaba mal, nada mal. Lastima que no fuera más que un sueño. Un ideal. Sam apareció frente a ella con un refresco que Quinn no había pedido.
-Toma… deberías hacer algo, deberías intentarlo, no sea que un día de estos quieras que salga de aquí de la mano con un tío con el mismo gorrito que yo…
Y se fue. Dejando a Quinn en medio de un diluvio de preguntas y afirmaciones impetuosas. ¿Alguno de aquellos energúmenos que trabajaban con ella la estaría asediando? "¡Lo mato!" Que no se atrevan a tocarla y menos alguien con gorrito de esos y olor a patata frita. ¿Rachel estaría interesada en alguien? ¡No, no, no! No puede ser. "¿Qué hago?" Tenia que hacer algo y pronto pero… ¿qué?
Se fue a casa desolada y así permaneció hasta que el reloj le dijo que otra vez Rachel Berry había vuelto a su trabajo y que ella había malgastado el día en maldecir y maldecirse, en enfadarse por ser tan cobarde. Pero ¿cómo decirle a Rachel lo que sentía por ella? Primero, que no significaba que ella se colgaría de su cuello ni mucho menos, más bien la evitaría. No, conociéndola le daría un abrazo y se compadecería, le prometería que lo arreglarían. Una cosa era segura. Quinn necesitaba hacer algo. No podía desterrar el sentimiento pero al menos podría sacarse el peso de amar a escondidas. Ser libre para no tener que volver a fingir inmadurez o seguir a Rachel desde lejos como una acosadora.
Todo lo que había ocurrido había ocurrido demasiado rápido. Quinn fue al restaurante luego de hablar con Santana y Brittany, la cual finalmente perdono a Santana por tratar mal a Rachie, quien a su vez a su vez perdono a Quinn. Todo con el compromiso de pedir ambas perdón a Rachel porque "o lo haces o no tendrás nada de lo que extrañas tanto", había dicho Britt apretándose los pechos con las dos manos y mirando a Santana con desconfianza. De más está decir que Santana casi se pone a llorar. Quinn ofreció ir a disculparse con Rachel por las dos y le pidió a Britt que no fuera tan dura con Santana. Resultado: Britt sonrió y Santana la sacó casi a empujones del cuarto de Brittany a la voz de no vuelvas antes de una hora o mejor dos o… pero no puedo decir más porque el brazo de su chica la arrastró hasta dentro.
Así fue como terminó en el restaurante y luego de meditarlo pidió y pidió a Rachel Berry.
Sentada en su choche, nerviosa, ensayaba qué y cómo decirlo. Perdón y me gustas, pero con un poco más de tacto y más vocabulario en lo posible. Podía ser que Rachel no quisiera salir a llevarle el pedido porque ella había pedido a conciencia lo mismo que la ultima vez, para que Rachel supiera de quien venia y no se sorprendiera tanto al verla. Esperaba que no pudiera librarse de salir. Y así fue. Solo que la morena se sorprendió de verla sola igualmente.
Para ser una persona que había pasado los últimos 3 meses prácticamente deseando estar a solas con Rachel se había cohibido con facilidad. Claro, una cosa es estar a solas sin presiones, otra es que querer decirle a la chica de tus sueños (a la cual has girado como una ruleta) que te gusta. Presiones era una palabra minúscula para lo que sentía en el momento en que Rachel se sentaba a su lado. Eso y la impresión de sentir su calor invadiendo su espacio. Y su perfume. Joder. ¿Era humanamente posible que Rachel oliera tan bien? Metida 3 horas en un cubículo con fritos e individuos y aun así olía tan bien. Quinn sentía normal que no le saliera nada de lo que tanto había ensayado. El problema principal es que Rachel Berry no suele tener paciencia. Su ansia de quererlo todo ya estaba haciendo a Quinn sentir que se asfixiaba. Tensión. Le pedía paciencia y Rachel no sabia como dársela, o no quería y no podía culparla por eso pero Rachel si que la culpó. Se desahogó con el silencio de Quinn y provocó algo que ni ella había previsto. Enfado, frustración al mismo nivel. Y deseo.
Estaba meciéndose en medio de un torbellino de emociones que la sacudían, con el deseo de no oírla reclamarle, de no escuchar esa versión casi imposible de Rachel escupiendo verdades, con el deseo de demostrarle que todo aquello que recordaba era una cortina para esconder lo que si quería decirle y como si un terremoto estaba gestándose en su cerebro, anulándole la comprensión y activando impulsos más espontáneos y primitivos. "Cállate". No supo como o porque. Si fue porque Rachel desoía su solicitud o si simplemente el cuerpo no soporto tenerla tan cerca, tan apetecible. Se abalanzó y la beso desenfrenadamente. Al momento de tocar sus labios ya estaba arrepentida pero cómo negarse ese manjar. Quizás seria la única oportunidad de besarla, de poseer esa boca deliciosa. Luego se lo reprocharía durante días pero quién podría negarse a ese placer. El momento en que Rachel respondió el terremoto interior de Quinn llegó a niveles insuperables. Era un terremoto en sus entrañas que se expandió con un tsunami incluido rompiéndole la voluntad en mil pedazos y rearmándola como un rompecabezas en busca de un solo destino. Hacer suya a esa mujer que gemía bajo ella.
¿Acaso se había engañado días y días, noches de completa vigilia, imaginándola suya y después torturándose porque aquello parecía un imposible? Cuando Rachel apretó su cuerpo contra el de ella usando sus propias manos todo lo utópico se volvió tangible. Muy corpóreo. Llegaron juntas. En realidad, Rachel llegó y Quinn llegó con ella pero no pudo evitar tener el orgasmo más salvaje que alguna vez hubiera creído. Un espasmo casi histérico al que Rachel acunó con dulzura demostrándole a Quinn que le tenía no solo deseo sino también amor. Amor. "¿Cómo pudo pasarme esto?". No cabía en si misma.
Timbró en casa de Britt y antes de que Santana y ella se enteraran de que había pasado por ahí ya estaba subiendo de nuevo al coche y saludando al padre de su amiga con la mano mientras este miraba desconcertado el paquete que le había dejado al mandato de "para su hija y la novia, yo tengo que irme". Se apresuraba a volver porque aún le tocaba llevar a Rachel a casa y quizás volver a besarla un poco más. Percibir la mirada sonriente de la morena al saber que volvería a verla la traía de cabeza. Otra vez todo pasaba muy rápido. Antes de que supiera cómo estaban de camino a casa de Rachel y ella estaba segura de que le haría el amor otra vez porque la morena se había arreglado para invitarla a quedarse sutilmente. Y ella no se había negado. Para nada.
La puerta de la casa de los Berry se abrió de par en par y Quinn reprimió el deseo de tirarse encima de Rachel hasta que ésta cerró la puerta. Luego si. La apoyó con una facilidad abrumadora contra la pared y le comenzó a besar el cuello con necesidad. Rachel emitió una larga y profunda espiración, seguida de un gemidito entrecortado.
-Quinn… debería ducharme… estoy sudada…
-Mejor…
Rachel dio un vibrante gemido a la única palabra de Quinn y se dejó llevar donde quisiera la rubia. El gorro amarillo termino en el suelo cercano a la puerta y la camiseta a tono unos centímetros más cerca de la escalera. Pero nunca llegaron arriba. A la rubia el sofá le pareció suficiente. Despojó autoritariamente del sujetador a la morena mientras besaba sus hombros, al mismo tiempo que Rachel luchaba con su camisa. Le falto poco para cargarse los botones. A Quinn le pareció tremendamente excitante.
-No es justo – musitó la diva con un mohín aniñado y Quinn con una risita encantada le ayudo a quitarle su propia camisa.
-¿Así esta mejor? – preguntó al mostrarle su torso casi desnudo a la morena.
Rachel tragó saliva y con un abrazo sutil se deshizo también del sujetador de Quinn. Se paró frente a ella, las dos igual de desnudas. Ambas jadearon. Quinn levantó una mano imposible de refrenar y la llevó hasta uno de los pechos ya erectos de la morena, acariciándolo, frotándolo con la palma de su mano. Rachel dio un respingo que no pudo acabar porque el aire la abandono cuando una ya inconsciente y cegada rubia la empujó al sofá y lamió el mismo pezón que había friccionado antes. Si el cuello sudado de Rachel era la gloria aquello era algo de otro mundo. Pocas veces en su vida Quinn había sentido tanto ímpetu voraz por algo. Deseaba tragarse a Rachel entera empezando por sus pechos. Los lamió y los devoró, uno a uno, juntos, mientras Rachel no paraba de moverse y gemir. Subió y la besó mirándola a los ojos y quitándole las ultimas dos piezas de ropa que le quedaban.
Los ojos de ambas se conectaron antes y después del beso. Rachel acariciaba su cabello con ternura y preguntó suavemente.
-¿Por qué?
No era una pregunta clara para alguien que no estuviera en esa habitación, par alguien que no fuera una de ellas dos. Quinn sonrió.
-Porque te quiero – dijo con la misma suavidad que la morena haciendo que esta sollozará con ese aire emocional que la caracterizaba. Sonrisa completa y enorme hasta que Quinn rozó su sexo con la mano.
-Yo también…
Más que una frase fue un grito placentero. Todo lo que sucedería luego Quinn lo viviría como en una nube. La manera en la que descendió e hizo que Rachel dijera su nombre con los dientes apretados. El sabor de Rachel en su lengua, la humedad colándose en su boca. Sabrosa, tentadora, provocadora. Giró la lengua alrededor del clítoris de la morena tantas veces, tantas veces lo frotó encantada mientras la volvía a tomar que no tardo en sentir el espasmo de la chica contra su paladar. Un espasmo violento y líquido que saboreó con deleite. Un espasmo al que unió su cuerpo después de haberse quitado ella misma la ropa que le quedaba ante la imposibilidad (que observó complacida) de Rachel para moverse. Apretó su propio centro contra el de la morena y ambas gimieron.
Rachel no apartaba su mirada de ella con una expresión de placer y tortura. Tragó saliva descendiendo con los ojos por el cuerpo desnudo de la rubia, que no pudo reprimir lo mucho que la afectaba. Su sexo despedía un brillo que la morena percibió de inmediato. Deslizó dos dedos por los pliegues de la otra y luego de acariciarla los sacó embebidos. Quinn se hubiera sonrojado hasta el hartazgo por la señal evidente de su debilidad por la morena, pero estar a un paso del clímax total contra el sexo de Rachel Berry, el cual estaba igual de húmedo, y ver como la morena saboreaba sus dedos con vehemencia la hicieron gritar y ahogarse en un quejido.
-Oh Dios Quinn… tu sabor… oh – Rachel movió sus caderas peligrosamente más deprisa dejando a ambas completamente a punto de correrse – lo necesito – gimió pero antes de que pudiera siquiera intentarlo se tensó y grito el nombre de Quinn en un tono muy agudo, mientras se aferraba con las manos a los pechos de la chica. Quinn tardo medio segundo en gritar el nombre de la Rachel y clavarle las uñas en la espalda.
Ambas se quedaron pegadas, el roce rápido se volvió lento inmediatamente llegaron al orgasmo lo que hizo que este se extendiera por varios minutos. Rachel no podía casi moverse ni respirar ni hablar, apenas susurraba un tenue "lo necesito".
Quinn cuya respiración estaba alborotada y sentía el agotamiento en todo el cuerpo balbuceó un "luego" para caer sobre el hombro de la morena mordisqueándolo y chupándolo.
-Pero Quinn…
-Luego amor… luego…
Se giró y la beso, para que sintiera su sabor en sus labios. Lo que no esperaba era que se mezclará con el suyo mismo en la boca de Rachel. Intensos los dos. Se lamieron los labios con una mezcla explosiva de dulzura y lujuria. Ansiedad. Una ansiedad que se apagó solo porque estaban completamente exhaustas. Se abrazaron. La respiración de Rachel no tardó en hacerse profunda y al cabo de unos segundos más Quinn se dejo vencer por su cansancio y descanso abrazada a la morena, no sin antes balbucear un último "luego".
Luego. Luego habría tiempo para despertar y hablar. Para mirarse a los ojos y sonreírse, luego habría tiempo para que Rachel se quitara cualquiera de sus ganas con Quinn. Luego también tendría que ver a Rachel usar la elíptica completamente desnuda. Luego, eso luego.
