II: Abril
Sábado 1 de Abril
Me levanté a eso de las diez y media de la mañana. Un nuevo récord que no me enorgullece. Lo bueno es que ya no tengo ojeras. Bajé a desayunar donde mis padres me esperaban mientras daban pequeños sorbos de té. Los saludé como de costumbre, ninguno me contestó. Cuando me senté con ellos para comer, vi a mi madre con los ojos llorosos. Mi padre, con la cabeza gacha mirando la taza de té como si fuera lo más interesante del mundo.
Tenemos algo que decirte. Me espanté. Si es por buscar un departamento, juro que estoy en eso pero la Universidad me consume mucho tiempo, expliqué entrecortadamente y con la voz nerviosa. No es eso, me dijo papá. Los miré expectante. Mi madre dejó caer un par de gotitas que resbalaron por ambos costados de su nariz. El pecho se me oprimió.
Tu padre está enfermo, me dijo. A pesar de estar llorando, sonó inquietantemente tranquila. Volvió a mirar la mesa y jugueteó con los palillos. Como en cámara lenta, miré a mi padre. Él hizo lo propio conmigo. Leucemia, me dijo, cáncer en la sangre.
No dije nada, sólo me acerqué a mi mamá para abrazarla. Miré a papá como si él fuera el culpable. No entiendo por qué reaccioné así.
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Domingo 2 de Abril
Fue un día terrible. El aire me pesaba demasiado y me costaba respirar. Mamá sollozó todo el día y ahora que es momento de dormir, sé que no dormirá. Papá tampoco. Menos él.
Y yo no avancé en absolutamente nada. Más que terrible, fue un día vacío.
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Sábado 8 de Abril
Akihiko vino a buscarme. Le dije que no pude salir. Me preguntó por qué inmediatamente y le dije que no podía decírselo. No. En realidad sí podía pero no debía. Tampoco era el lugar más adecuado para hacerlo, así que acabé pidiéndole que se fuera. Me miró con desconfianza, agregando que si necesitaba algo, ya sabía dónde encontrarlo. Confirmé levemente con la cabeza y volvió a su casa. Volví a entrar a la mía donde mis padres discutían. Preferí no meterme pero me llamaron igual. Qué fastidio.
Consultamos por un tratamiento, dijo mamá. Eso es una buena noticia, dije, pero de forma tan… penosa que no supe si me alegraba o no. En realidad no, dijo papá. ¿Por qué? Pregunté con el mismo tono. Mis padres se miraron, y mamá volvió a llorar. Me sentí impotente por no ir a su lado, ya no podía actuar de forma tan desgraciada teniendo la cabeza un poco más fría. Los exámenes dicen que la enfermedad está muy avanzada como para iniciar un tratamiento. ¡Tiene que haber alguna solución! Grité tartamudeando, con un nudo en la garganta.
No, hijo. No la hay. Y eso pareció ser la sentencia del asunto.
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Miércoles 12 de Abril
Papá vino a dejarme a la Universidad bajo la excusa de que llovía demasiado. Yo protesté diciendo que el agua no iba a consumirme, pero él me volvió a dar una palmazo en la cabeza. Mi madre sonrió, qué lindo era volver a verla sonreír, echaba de menos su rostro cálido y confiado.
Mientras íbamos, no dije nada. No sabía qué decir, la verdad. Y detesto los silencios incómodos. No me gusta mostrarme débil y mucho menos frente a mi padre, aunque ya no tenga la fuerza que yo creí que tenía. La sigue aparentando, pero eso no parece ser suficiente.
Respiré profundamente. El aroma del adorno colgando del espejo retrovisor me mareó un poco. La inspiración pareció un suspiro y el suspiro pareció un sollozo. Mi padre detuvo el auto cuando llegamos a la Universidad. Quise bajarme sin despedirme, él me lo impidió. No quería mirarlo, prefería quedarme con la imagen del hombre fuerte que siempre tuve y que se me implantó en la memoria desde que tengo uso de razón. Me llamó por mi nombre, tuve que mirarlo de todos modos. Sus ojos estaban humedecidos, pero no rojos. Sabía que yo me le estaba nublando, y él también a mí. ¿Recuerdas cuando fuimos al mirador?, me preguntó, yo asentí y miré hacia el frente. Ya sabías que estabas enfermo ¿cierto? Sí, ya lo sabía, por eso quise salir contigo y decírtelo, pero no me atreví. Me permití reírme descaradamente mientras las lágrimas se me caían sin permiso. ¿Y preferiste que la enfermedad siguiera avanzando en silencio a la ayuda de tu familia? Lo que no quería era preocuparlos. ¡Qué estúpido, papá! ¿Qué esperabas? ¡Claro que nos íbamos a preocupar! ¡Eres importante para mamá y para mí! No empeores las cosas, Hiroki; me dijo, cerrando los ojos. Yo noté la tensión en su voz, como si se aguantara de darme la paliza de mi vida. Fruncí los labios, me limpié las lágrimas bruscamente. Respiré para calmarme un poco. No fue una actitud demasiado sabia esperar hasta esta instancia para decírselo a mamá, ella tenía derecho de saberlo incluso antes que yo. Lo sé, me contestó, y no dijo nada más. Me sentí impotente otra vez. Odiaba esa humillación plantada en su rostro, el arrepentimiento explícito en sus ojos. Lo detestaba.
Me acomodé la mochila, ya listo para bajar del auto. Mi padre no permitió que me fuera. Cuando ya no esté, cuida a tu madre. No te estés despidiendo antes de tiempo, no es de buen gusto. Y bajé del auto.
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Viernes 14 de Abril
Akihiko me preguntó recién hoy lo que había sucedido el sábado. Quiero pensar que porque es una persona sensata prefirió comportarse con discreción durante toda la semana. Le conté lo de mi papá cuando fuimos a almorzar por el centro porque no quería permanecer dos horas haciendo tiempo en la Universidad. Él me quedó mirando como si le hubiera contado un dato anecdótico. No te ves triste, me dijo. ¡Claro que lo estoy, imbécil! Entonces demuéstralo. No tengo que andar llorando como Magdalena por la calle para convencer a la gente de que estoy triste. Akihiko guardó silencio y se puso serio. Hiroki, más pareces enojado que triste. ¿Qué es realmente lo que no te gusta de la enfermedad de tu padre?
Pensé en contestar que era eso, el hecho de que esté enfermo. Pero no abrí la boca al analizarme y descubrir que no era eso sino otra cosa un poco más… inmadura.
Me molesta que no haya confiado en su familia, le dije, y la voz se me quebró. Qué diablos. Aun se podía hacer algo cuando recién se lo dijeron, estoy seguro. ¿Y si no es así? ¿Y si tu padre también se enteró cuando ya no había nada que hacer?
Me sentí como un imbécil. No había pensado en eso, así que me quedé callado. Akihiko le dio un último sorbo a su jugo y me dijo que nos fuéramos. Yo ni siquiera había tocado el plato. Adelántate, le dije. Yo iré después.
Akihiko movió la cabeza de un lado a otro y se encogió de hombros. Me tocó la espalda cuando salió del recinto. Lo vi alejarse y entró alguien. Era ese mocoso de los ojos azules. Por alguna razón desvié la mirada automáticamente a la mesa, rogando porque no se percatara de mi presencia. Una tontería, ahora que lo pienso. No tenía por qué reparar en alguien como yo.
Sin embargo, lo hizo. Qué diablos. Hizo la fila para hacer el pedido mientras me miraba. Yo lo miré también, me sonrió. Se está riendo de mí, pensé. Lo que menos quería hacer era devolver sonrisas frívolas. Hizo que me enfadara, así que tomé mi chaqueta, mi mochila, acomodé la silla con un ruido fuerte y sordo, y me fui.
No lo soporto.
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Domingo 16 de Abril
Como los domingos son aburridos, resolví con Akihiko terminar el trabajo de Lengua Clásica hoy. Nos quedaba un poco más de la mitad, así que fui a eso de las una de la tarde y llegué a mi casa como a las once de la noche. No era lo suficientemente tarde como para que mi madre me esperara todavía despierta, sentada en uno de los sillones de la sala. Hiroki; me llamó con voz dura. Me detuve casi inmediatamente, giré hacia ella y la miré. No sé qué cara le habré puesto que ella frunció la boca y sus ojos se entristecieron. ¿Qué pasa? Pregunté de mala gana. Ella se puso de pie y se me acercó. Me tocó la cara, acariciándome la mejilla. Tenía las manos frías.
Me preguntó por lo del miércoles. Rodé los ojos con fastidio. Pregúntale a papá, le dije con soberbia. Controla tu voz, soy tu madre, me respondió alejando su mano de mí. Tragué saliva. No quiero hablar de eso, le dije y me fui a mi habitación. Un remordimiento extraño me invadió cuando la dejé sola en la sala. Sacudí la cabeza y me fui a acostar de una buena vez.
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Lunes 17 de Abril
Hoy entregamos el trabajo de Lengua Clásica. Me impresiona que el profesor nos haya dado tanto tiempo para hacerlo, cuando no era tan pesado.
Akihiko se sentó a mi lado luego de ir a dejarle la pila de hojas a su escritorio. Al final de la clase, el profesor dijo que era sólo una parte del examen que se vendría la próxima semana.
Lo comprendí inmediatamente.
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Martes 18 de Abril
Estoy reseco. Creo que el mecanismo para sentir se me está oxidando a pasos agigantados. Maldita sea, recién tengo veintidós años.
Mi madre me llamó a la sala. Fui sin entusiasmo y me senté a su lado. Mi padre no estaba y creo que es mejor así.
No quiero verlo, se me hace un desconocido. Siento como si perdiera la memoria una y otra vez cuando lo veo o… no sé, no me alegra explicarlo. Es una metamorfosis demasiado rara. Hasta hace poco lo admiraba y ahora me es como un ser humano más.
Mamá me queda mirando mientras pienso. Me conoce tanto que sé que me está leyendo la mente en este preciso momento. Desvío la vista al suelo, ella me acaricia el cabello.
Parece resignada, igual que mi papá. No la juzgo, pasaron a ser uno solo cuando se casaron, es capaz de entender a mi padre mucho mejor que yo. Él es como un libro abierto para ella y ella para él. Por esa complacencia, no sé qué lugar ocupo yo.
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Miércoles 19 de Abril
Ese tipo de los ojos azules volvió a interceptarme, ahora, en la entrada. En realidad no sé cómo llamarlo. Una intercepción, un encuentro, un roce, una coincidencia. Yo qué sé. Lo que sí sé es que no estaba sonriendo, sino buscando a alguien, y ese alguien no era yo.
Disculpa, volvió a decirme. Pierde cuidado, le contesté.
Me comporté más humano con él esta vez, y tampoco sé por qué.
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Jueves 20 de Abril
Akihiko amaneció particularmente entusiasmado por los griegos. Helenos, me corrigió. Bah, es lo mismo, le dije sin recordar que efectivamente es lo mismo. Me gusta eso de que sus dioses sean incluso más humanos que los humanos, los hace débiles, me dijo con un dedo en la boca. Se veía gracioso.
Nunca había pensado en eso. Hasta hoy, no tenía una idea formada acerca del tema: por más fuerte que sea alguien, sigue siendo débil… o algo así. Akihiko rió de forma descarada por mi paupérrima redacción. Al final acabé sonriendo también. Tenía razón, no pude decirlo de peor forma.
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Viernes 21 de Abril
La Facultad de Medicina hizo un anuncio de vital importancia (no sé si todo el mundo exagera o yo soy un tipo demasiado práctico). Habría un evento en la Universidad, donde se invitaba a todos los alumnos, incluidos los de la Facultad de Ingeniería, quienes tienen fama de ser aburridos y cuadrados, unos más que otros. De lo que yo sí estoy seguro es que son unos borrachos incontrolables.
Bueno, tampoco es que nosotros seamos unos santos, pero al menos tenemos la decencia de no emborracharnos cuando hacemos tiempo (nos emborrachamos en otras situaciones, pero eso no viene al caso).
No sabía si ir, Akihiko tampoco. Lo decidimos a la suerte y resultó que iríamos.
Tampoco puede ser tan malo.
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Sábado 22 de Abril
Papá no durmió absolutamente nada la noche anterior, mi madre y yo tampoco. Sudaba muchísimo y más de dos veces debimos cambiar las tapas de la cama. Tenía escalofríos incontrolables y repetía continuamente que tenía frío, a pesar de tener fiebre.
Mamá le revisó los brazos y las piernas, están llenas de moretones que papá no recuerda haberse hecho. Me extraña muchísimo ya que son grandes, y parecen como si en algún momento lo hubieran agarrado a puñetazos. Lo miré desconcertado e incrédulo, él negó con la cabeza y se encogió de hombros, diciéndome que de verdad no lo recordaba.
No parecía alterado, de todos modos. Estiró su mano hasta mí, y sería mentiroso si dijera que no sentí cierto recelo cuando me tocó. Me arrastró hasta su lado, e intentó mirarme con ese brillo corregidor de hace años. No le salía, no podía salirle. A mí tampoco me salía mirarlo con los ojos contritos, llorosos, convencidísimo de que me vendría el sermón luego de hacer algo malo.
Parecíamos dos iguales. Los tiempos cambian sin que uno se dé cuenta.
Esto es uno de los síntomas de la enfermedad, Hiroki; me dijo, su cuerpo convulsionaba sin ningún control. Por primera vez me desesperé y me entristecí por la situación. Supongo que necesitaba un sacudón.
Fue demasiado violento, debo reconocerlo. Todavía tengo espasmos del contacto con su mano amoreteada.
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Domingo 23 de Abril
Akihiko me llamó, me dijo que quedáramos para el próximo sábado. Acepté. Me dijo que era algo que no se podía decir por teléfono. Tengo el presentimiento de que tiene que ver con Takahiro.
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Lunes 24 de Abril
No fui a la Universidad hoy. Mamá me dijo que papá debía ir al hospital para hacerse unos exámenes de sangre, así que antes de que me lo dijera, me ofrecí a ir con ellos. No tenía nada importante hoy.
No reparé en pensar que se suponía que mi padre ya no tenía vuelta y que cualquier tratamiento era inútil a tales alturas. Tomé las llaves del auto ante la fría mirada de mi papá y nos fuimos. Me pasé uno o dos semáforos. Qué diablos.
Quédate aquí, me dijo mamá, iré con él. Yo asentí sin tener mucho que decir. Me quedé sentado mirando los afiches sobre higiene personal y recomendaciones de visitas al dentista al menos cinco veces al año. Había varios avisos de gente ofreciendo servicios y de gente ofreciendo empleo. Aburrido como una ostra todo el asunto. Volví a sentarme a esperar como un idiota cuando frente a mí pasó un grupo de doctores que a simple vista parecían experimentados, seguidos de varios estudiantes. Uno era ese tipo de los ojos azules. No sé qué clase de conspiración sea que siempre tengo que encontrarme con él, me sale hasta en la sopa.
Me reconoció. Qué memoria ha de tener. Me miró, me sonrió, y me sentí como un verdadero baboso al quedarme mirándolo sin atinar a nada hasta que desapareció por una puerta que conducía al área de pediatría. A los ojos de cualquiera, un encanto el tipo.
Me sentí penoso. De seguro me había sonreído por no ser descortés ya que yo parecía querer escrutarlo con los ojos. Una señora me quedó mirando con desconfianza. Juré por mi madre que en cualquier momento me iba a golpear con su bolso, así que me alejé de ahí y me puse de pie al lado de la puerta por la que mis padres entraron.
Al cabo de un rato salieron. Papá se veía cansado, mamá me sonrió, adolorida.
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Miércoles 26 de Abril
Akihiko parece especialmente entusiasmado por una canción. Me desespera que mientras le hablo me ignore. Es decir, la mayoría de sus actitudes las detesto, pero esa me produce una sensación de inferioridad que radica en una ira incontrolable. Acabé lanzándole un cuaderno, él se quejó.
¡Escúchame cuando te hablo, maldita sea! Le gritoneé. Varios me quedaron mirando, incluido el señor que limpiaba en ese momento las áreas verdes. Te escucho, te escucho, me respondió el idiota, sobándose la cabeza. Me dieron ganas de darle un palmazo, como mi papá lo hace conmigo cuando no capto lo que quiere decir.
Akihiko pareció no captar ni la décima parte de lo que le decía.
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Viernes 28 de Abril
Ayer fuimos al hospital para ir a buscar los exámenes de mi papá. Volví a conducir y me volvieron a mirar con desconfianza, sólo faltó el palmazo. Igual lo esperé pero nunca llegó. Poco a poco las costumbres se van perdiendo, esas que unen a la gente. Lo de mi padre, me ha hecho mirarlo como si estuviera demasiado lejos de mí.
La vida decepciona. Me estoy haciendo demasiado rápido la idea de que en algún momento, mi papá se irá para no volver.
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Sábado 29 de Abril
Son las diez de la noche, quedé en juntarme con Akihiko en el café que está cerca de un centro comercial. No sé por qué se le ocurrió ir a conversar allí. Claro, como él puede llegar en auto y yo llego a pie y con la lengua afuera, no importa. Que se vaya al diablo.
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Domingo 30 de Abril
Al final, ayer fui igual a juntarme con el idiota que tengo por amigo. Como lo suponía, se trataba de Takahiro. Tengo miedo de quererlo más de lo que debería, me dijo. Eso es nuevo, contesté, no sueles tenerle miedo a nada. Es diferente este caso, es imposible darle órdenes al corazón, siguió mientras le daba un sorbo al café. ¿Qué es lo que te atormenta? Le pregunté directamente, mirándolo a la cara. Volvió su rostro de ojos morados hacia la calle. Yo la miré también pensando en encontrar algo interesante. No lo sé, me respondió, el asunto es demasiado prematuro todavía como para identificarlo. Si te tiene tan agobiado, apuesto mi cabeza a que estás seguro de qué se trata exactamente, así que tú, a mí, no me vienes con cuentos; le dije, con voz más dura de la que debí. No quiero confundirme, esa es lo único que tengo claro, me respondió. Lo miré de nuevo, ligeramente conmovido, aunque sin entender a la perfección lo que le sucedía (y sucede, por supuesto). Qué cosa tan común, no eres el primero ni el último en enamorarte de un amigo. ¡No lo llames así todavía!, ¿Te asusta? Un poco. Qué lío, y reí ligeramente, casi con nerviosismo. Todavía, susurré, ¿Cómo llamas a ese todavía? ¿Atracción? Así suena más suave, me respondió, el asunto es que no quiero salir lastimado, reconoció con total franqueza. Me quedé admirado. Siempre tan egocéntrico, respondí. Él sonrió con amargura. Le tomé la mano como si se la reclamara. Estaba fría.
Segundo cap listo! Un poquitito más largo que el anterior, pero ya puede verse un poco más de interacción entre ese Misterioso de Ojos Azules~ y nuestro estimado protagonista Hiroki :3
Sobre la enfermedad del papá de Hiroki: No es mi deseo meterme demasiado en el asunto, pero sí se mencionarán temas respecto a la enfermedad. Por favor, no quiero ofender a nadie, lo último que deseo es que alguien resulte chocado frente a la mención, intento hacer esto con el mayor respeto posible.
¡Muchas gracias por leer!
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