APOTEOSIS I

(Lámpara para otro Sol)

Alturas del Willkamayu


1

Caminos del Inca

Era una llama
¡Una llama! ¡Una llama!
Era grande y amarilla
¡toda cubierta de lana!
"Vamos", decían las alpacas,
"Vamos a Sacsayhuamán"
¡Vamos a Sacsayhuamán!
Cantaban alegres las llamas.
Para la Fiesta del Sol
marchaban desde Atacama,
haciendo sonar el tambor.
Desde los tambos marchaban
guanacos, alpacas y llamas
para la Fiesta del Sol
se formaban caravanas.
Iban por el Camino del Inca
dos alpacas, un curaca
y una llama kallawaya:
tan grande y amarilla
toda cubierta de lana.

Esa era una canción que solía cantarle su padre adoptivo, Sacred Lion, cuando era niña. Cantaba acompañándose de un sonajero que tenía un agradable aroma a hierbas. Podía estar muy preocupada, muy triste o apesadumbrada, pero su tío, su padre adoptivo, siempre sabía cómo subirle el ánimo.

Su tío..., su padre. Tasunka Witko, Sacred Lion. Él, que con su sonrisa hacía amanecer.

Iban por el Camino del Inca
para la Fiesta del Sol,
las alpacas y las llamas
sentían mucho calor
¡sentían mucho calor!
Pues estaban cubiertas de lana
¡Estaban cubiertas de lana
caminando bajo el sol!
Por el desierto de Atacama,
sus pezuñas resonaban
parecía un tambor
¡parecía un tambor!
Marchando por Atacama
para la Fiesta del Sol.
Pero tenían calor
y aún así caminaban,
dos alpacas, un curaca
y una llama kallawaya:
tan grande y amarilla,
toda cubierta de lana.

Su tío... era inmenso. Un caballo, no un poni, un caballo pinto de las Tierras Medias. Tenía los ojos del color de la miel; crin y cola beige; pelaje blanco puro, con manchas del marrón más alegre que podía existir. Su crin beige tenía dos trenzas que caían detrás de sus orejas; encima de su oreja derecha llevaba encajadas tres plumas de halcón, y en su cuello pendían un montón de collares de madera clara, negra y verde. Su Cutie Mark eran tres zarpas de oso marrones.

Y las criaturas no lo temían. Se sentaba en medio del bosque, y las mariposas y abejas lo cubrían como una manta de quitina; se acercaban las ardillas, los conejos, las marmotas, los armiños. Se acercaba el halcón y el águila; zorros, lobos, lobos de madera, fortshem, limeks. Luego venados, ciervos de espinaca, y osos. Y él, con un panal hecho ropa, sonreía y les ofrecía sus cascos sabrosos de miel, que las criaturas lamían con gusto.

Escalaron la montaña
y llegaron al Titicaca
¡escalando la montaña!
Se toparon con una vicuña,
una de las Vírgenes del Sol
¡una de las Vírgenes del Sol!
Hermosa de corazón,
esperaba cruzar el Titicaca.
Atento se acercó el curaca,
"Tú eres una Virgen del Sol,
y yo soy un curaca,
crucemos en balsa de paja
el lago Titicaca".
Ella sonrió y dijo:
"Usted es un curaca,
y veo que lo acompañan
dos jóvenes alpacas,
y una llama kallawaya
muy grande y amarilla,
toda cubierta de lana".

La canción del kallawaya era su favorita. El sonajero... ¡Sonaba tan alegre! ¡Con qué delicioso aroma llenaba la habitación! Y su tío... ¡Cantaba tan hermoso! Era una canción larga, pero ella habría querido que fuera más larga aún. Porque al oírla se olvidaba de que no volaba bien, de que los demás potros se burlaban de ella, de que se burlaban de ella y de su tío. La única casa de madera entre tantas casas de nubes, la misma casa que después hizo descender a tierra y donde cavó un sótano y plantó un jardín. La misma casa que ella heredó a su muerte y que ocupa ahora.

En la balsa de paja iban
la vicuña, el curaca,
dos alpacas, y una llama,
una llama kallawaya
¡tan grande y amarilla!
Remó por el Titicaca,
hacía mucho calor
¡hacía mucho calor!
Pues iba una Virgen del Sol,
sentada junto a la llama
¡tan suave era su lana!
Podían tocar el lago
y pronto se dieron cuenta
de que se hundía la balsa.
¡Se asustó tanto el curaca!
¡Se asustaron las alpacas!
Pero se rió la vicuña
y se rió el kallawaya,
cuando la balsa de paja
se sumergió en el Titicaca.

Es una llama muy grande y amarilla, toda cubierta de lana, la que cruza el camino. Un chuyo sobre su cabeza, un bastón azul y un poncho pardo; silba y camina, y a su paso el aire forma remolinos de hojas secas. Los animales no se asustan, lo miran con curiosidad o lo contemplan en las entradas de sus madrigueras, pero no le tienen miedo. Ella misma no le tiene miedo: transmite tanta paz aquella llama de bastón azul.

Hasta la orilla llegaron:
las alpacas, el curaca
y la llama kallawaya
¡toda cubierta de lana!
Junto a él venía la vicuña
¡todos cubiertos de agua!
¡Se reían con alegría!
¡Se rieron las alpacas!
¡Se reía el curaca!
Y por el resto del día
se rieron mientras caminaban,
por el Camino del Inca,
para la Fiesta del Sol
ya no tenían calor,
y llegaron a Sacsayhuamán
¡llegaron a Sacsayhuamán!
Dos alpacas, un curaca,
la vicuña, y una llama,
tan grande y amarilla
toda cubierta de lana.

No se asusta. ¿Debería? Él sonríe desde la puerta. Al verlo, le recuerda infinitamente a su tío. En sus ojos, su sonrisa, y su manera de caminar. Pero tiene otros matices, parece traer luz de tierras lejanas. Pareciera que deja huellas de su nación cada vez que camina, pero Fluttershy se sorprende al ver que sus cascos no doblaron la hierba ni perturbaron el polvo del camino.

—¿Puedo entrar? —pregunta él, deteniéndose en el puente, con una sonrisa alegre.

Ella lo mira a los ojos por espacio de un minuto.

"Confiaré en ti. Sé que Sacred Lion lo haría".

—Claro, señor. Entre —dice ella en voz baja, acercándose a él.

Amanecer, ocaso. Nunca imaginó que desde ese día, la llama la iluminaría con una luz de tierras lejanas. Como lo había hecho su tío.


Amanecer, ocaso. Madriguera de piedra y hueso. Como una escalera mineral o de calcio, los peldaños de barro descienden por el túnel con forma de esófago. Tiene un barandal de hierro, más por adorno que para ser utilizado, y cada cinco metros hay una pequeña antorcha de sebo, que no se consume por mucho que arda su fuego. Desciende el túnel hacia una sala de baldosas grises, cuyas paredes rugosas brillan con colores rojizos, como corteza salpicada en sangre. Está iluminada por ostentosas lámparas de aceite, y en medio, tiene una mesa hecha de huesos.

Amanecer, ocaso. Detrás, hay seis puertas. Cada una lleva a un pasillo, y cada una acaba en una escalinata diferente, que se hunde aún más profundo en la tierra. La escalera de la primera puerta a la derecha tiene escalones de mármol. A su lado, la escalera es de piedra dran. Al lado, tiene escalones de hierro. La siguiente está hecha de cobre. La que continúa está construida con plata. Y la que queda, que es la primera del lado izquierdo, tiene escalones hechos de oro puro.

Amanecer, ocaso. Una figura desciende por el pasillo oscuro. El color rosa oscuro de las pareces del túnel acentúa su parecido con el esófago de un animal. La figura está cubierta por una vieja capucha azul marino, pero no como si fuera una capa, sino más bien está envuelta como una momia. Lleva una Máscara de Oro, accesorio un tanto vano; pues debajo de la Máscara su rostro está envuelto, y además, apenas se vislumbra debajo de los múltiples giros de la tela.

La figura pasa cerca de la mesa, y estira una pata. Una pata envuelta en tela azul marino sale desde debajo, y deposita sobre la mesa una moneda hexagonal de níquel.

Continúa bajando. Toma la última puerta a la izquierda. Camina por el pasillo, sus cascos apenas perturbando la alfombra. Desciende los escalones dorados con inmensa parsimonia.

Lleva a una sala elegantemente decorada. Hay una mesa exquisita, hecha con plateada madera de árbol místico seco, con sillas de alto respaldo y acolchado de terciopelo. A pesar de haber doce sillas, sólo dos están ocupadas: un muy guapo unicornio azul aciano, de crin cian oscuro, ojos púrpuras y una Cutie Mark en forma de sombrero de mago púrpura con estrellas doradas. Y un unicornio cadavérico completamente negro, cuya marca es una calavera; y su mismo rostro parece ser un cráneo recubierto de piel. En vez de ojos, tienen las cuencas vacías, que rezuman lentas lágrimas de sangre.

El unicornio guapo y afeminado está bebiendo una copa de sangre. Dicha copa está hecha con un cráneo de poni y una pata de grifo.

—Hasta que te dignas a aparecer, Dark Gold —dice el afeminado, riendo un poco. Al hablar, su profusamente peinada crin se tambalea como un castillo de naipes.

El embozado se quita la capucha. Su Máscara centella ante la luz de los candelabros antes de que se la quite con ceremonia. Sin atender a las palabras del unicornio afeminado, se comienza a quitarse las vendas negras que lo recubren.

—Dark Gold, hace años que no entablamos contacto. ¿Qué ha sido de tu no-vida? Oí cosas interesantes sobre sus familiares.

La cosa llamada Dark Gold deja caer la última venda con un ruido sordo. Una desordenada crin púrpura, llena de telarañas y coágulos, cubre su cabeza agachada. Su piel dorada, de pelaje sucio y polvoroso, parece estar seca, agrietada aquí y allá; en algunas partes tiene costuras que recuerdan puntos médicos. Pero no se cosen puntos usando tendones y tripa.

El unicornio cadavérico se acomoda en su asiento. La escasa luz brilla sobre su rostro: ilumina los bordes de sus cuencas y la sombra de sus ojos se repliega a su interior.

—Dark Gold, Señor de las Bestias —dice el horrible unicornio negro—, concédenos el honor de ser el cuarto en llegar para la reunión de los Señores del Terror.

Deadhoof, Azrael, Nightmare Tricks, es un honor volver a verlos —su voz es como el ruido de las hojas secas resquebrajándose; la cosa llamada Dark Gold alza la cabeza. En vez de ojo, tiene dos masas oscuras, negras como el más profundo abismo. No es como Deadhoof, que carece de globos oculares: la cosa llamada Dark Gold parece tener una oscuridad húmeda, dos pozos que se tragan la luz, mares de tinta llenando sus cuencas y derramándose sobre sus secas mejillas como un goteo incesante de negras lágrimas de tinta.

Amanecer, ocaso. Azrael, el guapo y afeminado unicornio azul, sonríe. Nightmare Tricks, la yegua a su lado, asiente un poco incómoda. Deadhoof alza con magia una campana de hueso y la toca suavemente. La cosa llamada Dark Gold sonríe.

—Azrael ¿Qué es lo que sabes sobre mi familia?