Hello, hello!! Ya estoy aquí otra vez con este intento de fic, pero bueno, se me perdona¿verdad que sí? xD Me han dicho que no son horas para colgarlo, pero bueno, a mí eso me da igual, Así me distraigo un poquito y no me aburro tanto pensando xD. Este capítulo es un poco extraño porque es más de presentación, quizá debió ser el primero, pero me apetecía empezar de una forma un poco "de sopetón", así que mejor las descripciones y todo eso para ahora. Los siguientes (desde mi punto de vista, ya me dirá la "opinante" profesional xD) se desvían un poco del sentido que tienen estos dos, creo, pero bueno, espero que os gusten de todos modos. Y éste creo que me lo voy a dedicar a mí, porque sí, para tener algo en Internet mío que, a fin de cuentas, me hace un poco de ilusión. Ea, para quitar un poco de los problemas que me rodean T.T Así que, aquí está!!


2. Momentos De Soledad Compartida

-Muchas gracias por tu ayuda, Gaara –le dije, realzando la palabra ayuda con cierto tono recriminatorio por la forma que tuvo de hacerlo. Aunque debía reconocer que fue, cuanto menos, efectiva.

Él sonrió ampliamente con un aspecto infantil, orgulloso de haberme sido útil en un momento así. Mas no prestó atención al matiz que le di a esa palabra. Sólo sonreía con felicidad y miraba a Naruto, que dormía en mis brazos, con ojos de satisfacción.

-¿Has visto, Naru-chan? El tito Gaara ha librado a papi de otra pelandusca que iba buscando lo que hay entre sus piernas.

-¡Gaara! –exclamé horrorizado. Sin embargo, en el fondo, me hacía gracia la forma en la que lo había expresado. En cierta medida, tenía toda la razón.

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Sabaku no Gaara. Era tan peculiar. Lo conocí cuando él contaba tan sólo con unos catorce años. Por aquel entonces era un muchacho solitario y callado. No se relacionaba con nadie y hasta parecía agradecerlo. Su rostro mostraba un ligero y bello contraste entre la inocencia de sus rasgos de niño bueno y su fruncido ceño que enmarcaba unos ojos tristes y furiosos, típicos de un adulto resentido. De hecho, lo estaba. Estaba resentido con el mundo, con la gente que le rodeaba, con su familia, a veces hasta con él mismo. Pisaba poco su casa, lo que me ayudó a encontrarlo cada vez más por la calle y poco a poco ir conociéndole, casi más por deducción que por lo que me contaba –hablaba apenas nada y explicaba menos aún de su vida. Su familia no le hacía mucho caso y él, acostumbrado ya a esa situación, lo aprovechaba para salir y perderse en quién sabe qué sitios.

Me llamaba la atención. Cada vez que lo miraba veía un mundo por descubrir, lleno de puertas cerradas a cal y canto y ventanales que sin embargo te permitían asomarte a echar un vistazo. Era como si Gaara se negase a aceptar el trato con la gente, pero en el fondo fuese lo que más deseara. Su ropa negra –que aún usa- daba a veces escalofríos, y dejaba intuir una personalidad sádica y violenta. Una violencia latente en sus ojos cristalinos e inexpresivos. Le gustaba la sangre, y no le importaba perderla. Su soledad se hizo tan grande que llegó incluso a pensar que no merecía su propia compañía. Intentó suicidarse no mucho tiempo antes de que lo conociera. Lo que más me llamó la atención fue que para ello quiso buscar su último momento de placer: se rajó las dos muñecas con un cuchillo de la cocina y, a pesar del dolor, raspó luego las heridas con un tenedor. Cuando lo supe, de sólo imaginármelo, casi vomité; se me revolvió el estómago. No podía creer que su oscura personalidad hubiera llegado a tanto. Al menos, su hermano lo encontró tirado en el suelo del cuarto de baño, y la poca humanidad que le quedaba a su familia para con él, hizo que ahora yo pudiera conocer los detalles de su vida.

Poco a poco Gaara fue confiando en mí; no sin esfuerzo. Al principio me miraba con odio, me gritaba desde el fondo de sus orbes sin articular palabra y me evitaba en la medida de lo posible. Yo sé que le molestaba que me acercara a él y pretendiese hablarle, pero a pesar de ello, no me rendí. Sólo quería darle compañía y una razón para dejar de lado su rostro fruncido. El día que explotó, empezó el cambio. Me gritaba haciendo aspavientos con los brazos y golpeándome de vez en cuando el pecho con los puños, como si hubiera estado acumulando durante años una necesidad de despotricar y dar alaridos que se vio al fin expirada cuando aparecí yo en su vida para ser el blanco de su ira desatada. Cuando se calmó por fin, siguiendo un impulso, abracé su cuerpo inmóvil y lo apreté contra mi pecho. Paulatinamente, sus brazos fueron rodeándome hasta sujetarme con fuerza, casi temblando, y apoyó la cabeza en mi pecho con levísimos sollozos. Había llegado el momento de que alguien le diera el cariño que se le había negado tanto tiempo y, a pesar de mi frialdad con la gente, no pude resistirme a ofrecerme silenciosamente a ser ese alguien. Me cautivó ese niño tan pequeño que lloraba por dentro mientras chillaba y odiaba a la gente por fuera. Así fui yo en su día, hasta que decidí cambiar. Y me dolía pensar que Gaara pudiera tardar mucho tiempo en darse cuenta para actuar del mismo modo. Por eso planté cara al destino y forcé los hilos que movían la vida del pelirrojo para que intentara enterrar bajo tierra la furia que anidaba en su corazón, oprimiéndolo con tanta fuerza que había dejado unos surcos demasiado profundos.

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-¿No vas a despedirme con un beso como el de antes? –me susurró con voz melosa ya en la puerta de mi casa, a punto de marcharse. Era muy tarde y me apetecía dormir para poder descansar en paz.

-No, sabes que no –contesté extrañado.

-Pero si te ha gustado. Hasta me tocaste el culo –dijo acercando su cara a la mía y apoyando una mano en mi pecho. La deslizó lentamente hasta que a la altura de mi ombligo lo paré. Ahora lo entendía todo, tanto su actitud provocativa y habladora –a pesar del paso de los años seguía siendo un poco callado-, como el detalle del papelito tan atrevido que me brindó en el pub.

-Gaara, vete a descansar. Has bebido –le dije paternalmente. A veces me pasaba con él, la diferencia de edad me impedía tratarlo como el adulto que ya era. Aunque su comportamiento no parecía demostrarlo en algunas ocasiones, como ésa por ejemplo. Suerte que no estaba realmente borracho y podía mantenerse en pie y ligeramente cuerdo. Pero, como suele decirse, tenía la chispilla que hacía variar su personalidad hasta límites insospechados, tales como el de insinuársele a su único y heterosexual amigo.

-Esaborío –me soltó con disgusto, entornando los ojos en un gesto de displicencia exacerbado.

Sonreí para mis adentros, sabedor de que no era así como pensaba en realidad. Me incliné y le besé la mejilla tiernamente, apretándole con suavidad el brazo. Gaara ronroneó y cerró los párpados como si ese dulce beso en la cara le produjera un gran placer. Frotó su rostro con mis labios, al tiempo que yo le besaba, imitando el gustillo de un gato al que se le acaricia con suavidad. Me besó él después, igual que hice yo, aunque Gaara se acercó a la comisura de mis labios distraídamente. Pero no dije nada, fingiendo no darme cuenta y quitándole importancia. Lo vi bajar la escalera absorto en sus pensamientos. Esperaba no haberme equivocado al mandarle a su casa en lugar de hacer que se quedara en la mía a dormir. Pero no lo consideraba tan borracho como para eso, de modo que lo dejé ir y entré en casa, cerrando la puerta con lentitud. Me desnudé y, sin ganas de ponerme el pijama, besé con cuidado la frente de Naruto y me metí en mi cama, hasta dormirme pesadamente.

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Sus ojos azules y traslúcidos me acompañaron todo el sueño. Sus cabellos rubios y rizados me acariciaron toda la noche. Su piel suave y brillante me embriagó con sus roces. Era una silueta delgada y estilizada, con pechos turgentes y caderas firmes. Hacía días que no soñaba con ella. Con aquella mujer que me robó las ganas de vivir cuando partió de mi lado para no volver a despertarse nunca más. Con aquella mujer con la que deseé más de una vez estar, en un lugar desconocido y lejos de la vida. Pero no podía acompañarla. Naru-chan. Cuando ella murió al darle a luz, yo prometí, a pesar de las lágrimas que se me clavaban en las mejillas conforme caían, que nunca abandonaría a nuestro hijo, que lo cuidaría como si ella estuviera conmigo, que le daría el cariño que ella ya no podría. Y aun habiendo transcurrido tres años desde que perdí a la persona más importante en mi vida, el dolor seguía creciendo en mi interior y el recuerdo se hacía un hueco más hondo en mi mente, impidiéndome dormir con sueños que me ayudasen a empezar desde cero al lado de mi niño.

Ya sólo me quedaba él. Naruto era el único por el que decidía despertar y seguir adelante, trabajar en algo que ya no me llamaba la atención, luchar con ganas para vivir en paz. Naruto y Gaara. Los dos únicos hombres –y las únicas personas también- de mi vida. Uno por ser parte de mí, por llevar mi sangre y mirarme con sus ojitos azules reclamándome atención y mimos. Otro por haberse mantenido a mi lado y haberme sacado del abismo en el que me sumergí cuando ella murió. Su carácter fuerte me sirvió para seguir adelante y no olvidar la promesa que hiciera en su día. Una promesa tan pesada que mis hombros a veces no podían soportar. Pero entonces llegaba él y ayudaba con los suyos permitiéndome descansar de esa carga que me había impuesto el destino y que a veces, para mi propio reproche, odiaba.

Yo quería a Naruto, pero también la quise a ella. Y el perderla era muy doloroso para mí. En esos instantes ni siquiera Naru-chan conseguía hacerme sonreír. Sino todo lo contrario. Me recordaba enormemente a ella con sus ojos tan bien copiados y sus cabellitos dorados. Gaara también adoraba a Naruto. Era él quien me ayudaba a cuidarlo por el día cuando yo estaba trabajando en el hospital –por las noches, en cambio, si yo tenía guardia se encargaba la vecina para que así Gaara pudiera descansar. Me sorprendía que un chico de diecinueve años se ofreciese, tan voluntariamente y sin pedir nada a cambio, a cuidar de un bebé que no era nada para él. Aunque tal vez no lo fuera en un principio, porque acabó por quererlo tanto como a mí. Incluso puede que ya lo quisiera incluso antes de nacer –como me pasó a mí-, sólo por el hecho de que fuera hijo de la persona que había intentado ayudarle de joven.

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-Naru-chan... cariño, despierta –le susurraba tiernamente en el oído. No me gustaba tener que despertarlo, pero mientras yo trabajaba y Gaara iba a la universidad, alguien debía cuidarlo por las mañanas. Y no quería abusar de la generosidad de mi vecina. De modo que antes de ir al hospital, al que llegaba siempre con la hora pegada al culo –suerte que me lo permitían, supongo que por conocer mi situación-, pasaba por la guardería para dejar a Naruto y que alguien se hiciera cargo de él. Después se pasaría Gaara a recogerlo y llevarlo a casa, donde se quedaría cuidándolo o avisaría a la vecina si él estaba muy ocupado o debía estudiar. Me sentía mal por aprovecharme de ellos dos de esa manera, pero no me quedaba otra opción.

El niño abrió lentamente sus ojitos azules y me miró con sueño. Llevaba dos noches durmiendo con la vecina –malditas guardias-, y supongo que despertarse y encontrarse con mi rostro lo alegró tanto que se desperezó de golpe. Me rodeó el cuello y empezó a darme besos de alegría mientras yo reía sin poderlo evitar.

-¿Quieres bañarte con papi antes de irnos? –le pregunté cogiéndolo en brazos y mirándolo a los ojos. Aún tenía en la nariz el desagradable olor a humo, y quería quitármelo de encima cuanto antes.

-¡Sí! –exclamó contento.

Había tiempo para tomarnos un baño. No me gustaba mucho eso de llenar la bañera, pero no todos los días podía darme el lujo de disfrutar un momento con mi hijo lleno de tranquilidad y sin preocuparme de salir corriendo de casa. Lavé bien al pequeño y lo dejé jugueteando con el agua mientras me lavaba yo, un poco incómodo, para después añadirme a sus juegos. Me encantaba ver feliz a Naruto. Eso era algo que me hacía feliz a mí. Me ayudaba a olvidarme de todo y concentrarme tan sólo en mi hijo, en su bienestar.

Salimos de casa y lo llevé directamente a la guardería. Me separé de él a duras penas, sobre todo cuando empezó a hacer pucheros y a sujetarme de la camisa con sus manitas, susurrándome que no lo dejara allí. Yo sabía que no era porque no le gustase el lugar, sino porque en esta ocasión lo llevé yo. Cuando dormía con la vecina porque yo tenía guardias, era ella quien lo llevaba a la guardería. Y él se ponía contento de ver a sus amiguitos. Pero esta vez, fui yo quien lo llevó, y creo que prefería mi compañía a la de ellos, porque comprobó que agarrando la camisa podía librarme fácilmente de él, así que me rodeó el cuello con fuerza.

-Naru-chan, tengo que irme –le dije despacio y sonriendo para intentar tranquilizarlo.

-No quiero, quiero ir contigo.

-Pero no puedes venir conmigo. Tienes que quedarte aquí y jugar con los demás niños¿vale? Luego por la tarde vendrá Gaara y te llevará a casa. ¿No quieres que venga Gaara?

Utilicé un punto a mi favor. Naruto adoraba a Gaara, al igual que ocurría en sentido opuesto. Era como su segundo padre, más joven, y éste lo mimaba como nadie. Se separó lentamente de mí y me dejó que lo depositara en el suelo, donde una chica de aspecto dulce lo agarró de la mano. Naruto parecía triste, y se me encogió el corazón de verlo así. ¿Por qué no podía él tener una familia normal como todos los demás niños y no tener que estar cambiando constantemente de cuidadores?

-¿Te veré hoy? –me preguntó temblándole los labios.

-Sí, por supuesto que me verás –esperaba poder cumplirlo-. Te quiero mucho, Naru-chan –lo besé en la frente y le di un tierno y dulce golpecito en la nariz con mi dedo. Lo hice sonreír al fin. Me marché y me dirigí entonces al hospital, donde esperaba poder estar lo más tranquilo posible sin incidentes, para luego regresar a casa cuanto antes y cumplir la promesa que le hice a mi hijo.


Ya, todo lo bueno se acaba xD. Na, es broma, de bueno nada. Pero de todos modos, espero no haberos decepcionado demasiado. A ver si esta vez recibo más reviews ò.ó xD Aunque eso sí, los tres que tuve me hicieron ilusión, muchas gracias a Nekoi, Denisuki y mi enana Kotoko (que conste que os nombré en orden, por como los recibí . ). Lo dicho, hasta el próximo capítulo xD. Bai!!