Rin deslizó sus dedos por su cabello pelirrojo y los revolvió con suavidad. No se fijó en como su propio gesto había desordenado su peinado, su mente estaba en otro lugar, muy ocupada buscando en aquel enorme hall del hotel los ojos color agua de su compañero de habitación.

-Maldito Haru.- musitó apenas con un chasquido entre sus afilados dientes. Su paciencia era escasa y no se encontraba del suficiente humor como para seguir buscando. Por lo que detuvo a uno de sus compañeros de la delegación japonesa. -¿Hagino-san*?-

El nadador se paró y miró de inmediato a su compatriota, sonriendo con amabilidad y apoyando su mano sobre el hombro de Rin.

-¡Matsuoka! ¿Estás esperando a alguien? El desayuno ya está servido.-

El pelirrojo dejó salir un corto suspiro y asintió con pesar, para luego negando con sutileza.

-En realidad… estoy buscando a alguien, ¿Has visto a Nanase?-

-¿Nanase? Si, hace una media hora lo vimos pasar hacía la zona de las piscinas exterior.- comentó y se cruzó los brazos sobre su pecho en gesto pensativo. -¿Será que fue a entrenar? Hoy es la competencia, tal vez esté nervioso…-

Rin no pudo evitar sonreír por la preocupación que reflejaba el rostro de su superior, sin embargo solo hizo un gesto de medio lado con desesperación. Estaba seguro que no eran nervios lo que abrazaba a su amigo de la infancia, sino inconsciencia de qué no debía esforzarse antes del momento indicado. Sin embargo procuró no decirlo y simplemente hacer una reverencia ante su compañero.

-Seguramente. Iré a buscarlo y vamos a desayunar. ¡Gracias por la ayuda, senpai!-

Se despidió con su mano elevada en el aire mientras que corría fuera del hotel. Maldijo un par de veces más a Nanase mientras que llegaba a la zona exterior. Dejando salir un profundo suspiro porque en efecto, en medio del agua y con la tranquilidad de un pez, Haruka se hundía y nadaba en la solitaria piscina. Totalmente ajeno a los nervios de su espectador.

-No sé porque no vine directamente aquí…- Rin empezó a hablar, sabiendo que era muy factible que su amigo no lo estuviera escuchando. Sin embargo el nado de Haru se detuvo para sacar la cabeza a la superficie, justo en el momento en que Matsuoka doblaba sus piernas y se acuclillaba al borde. –Sé que eres un otaku*del agua, pero deberías tener descansados tus músculos para hoy, idiota.-

Los ojos azulados de Haru se entrecerraron un poco en desacuerdo con sus palabras pero no lo expresó con su voz. Se hundió una vez más para poder sentir el agua antes de dirigirse a la escalera. Saliendo con lentitud y sacudiendo su cabello oscuro.

-No tienes remedio.- suspiró al fin Rin al tenerlo en frente, entregándole la toalla que había alcanzado. –Vamos, los demás ya están desayunando y no querrás que Serizawa nos mire con esos ojos de "me decepcionaron…"-

En silencio Nanase empezó a secar su cuerpo y colocarse la chaqueta del equipo nacional. Con un suave gruñido empezó a seguir a su compañero dentro del hotel, sabiendo que tenía razón y que una mirada de Nao Serizawa era más dolorosa que cualquier grito de reproche.

A los demás atletas japoneses no les sorprendió la llegada tardía del par, al contrario el entrenador de Haruka tan sólo se rió mientras bebía de su café. Todos se habían acostumbrado rápidamente a aquellos dos y hasta uno de los gimnastas se atrevió a bromear. Rin no tuvo reparo en seguir aquellas burlas mientras les servían a ambos su desayuno. El pelirrojo era tan natural y espontaneo que de inmediato se formó una charla sobre las competencias del día anterior y lo que se esperaba para aquella jornada.

Haru en su sitio miró el tenedor y luego los alimentos, una gran variedad de frutas de distintos colores en conjunto con una infusión y pescados parecían tentadores para todos, pero él lo miraba con descontento. A pesar de haber muchos peces ninguno se trataba de su caballa.

Sin darse cuenta había fruncido el ceño y no prestó atención hasta que Matsuoka hubiera golpeado su costado con el codo.

-¿Qué sucede?- preguntó desconcertado, a lo que su compañero meneó su cabeza a un lado, dándole a entender que le hablaban. Allí recién notó que el capitán de los gimnastas japoneses se reía al verlo. –Di-Disculpe, ¿Qué me decía?-

Kohei Uchimura era un gran atleta, admirado por todo el país, y ahora se encontraba allí, riéndose con suavidad del despiste tan obvio de Haruka. El resto de los deportistas lo siguieron de inmediato, divertidos con la situación. ¡Hasta Rin lo miraba con una mueca llena de sorna! Nanase quiso quejarse, devolverle el golpe con su codo pero de una forma más fuerte. Su amigo de la infancia sabía que le costaba hacer sociales y allí estaba, riéndose con el resto. Sin poder evitarlo su nariz se arrugó con molestia.

-No puedo saber si estás muy tranquilo o muy nervioso, Nanase.- le comentó el gimnasta entrecerrando sus pequeños ojos.

-Yo… Estoy bien.- logró decir en una voz lo suficientemente alta para que los demás lo escucharán.

Para su suerte uno de los coordinadores del equipo japonés había llegado anunciando que en unos minutos más los llevarían al Estadio Olímpico. Un lapso de tiempo lo suficientemente amplio como para que todos terminarán de desayunar y Haru pudiera ir a buscar su bolso de su habitación.

No eran un equipo de natación muy grande, pero si tenían varias competencias durante el día. Era una tradición que desde el primer encuentro toda la delegación estuviera junta y aunque podía ser cansador, a Haru le agradaba la idea. Podía ver a sus compañeros competir e irse familiarizándose por completo en dónde le tocaría competir era de gran ayuda. Aunque había estado en aquel sitio la noche anterior junto a Rin, ahora que lo veía con gente y las constantes competencias moviendo el agua es que notaba la verdadera dimensión de lo que estaba por suceder.

Era una competencia dura y cada tanto Rin gritaba a su lado, alentando a sus compatriotas o festejando cuando veían a un increíble nadador. Tan sumidos en aquel ambiente deportivo que no notaron que las horas corrían con rapidez hasta que Serizawa hubiera aparecido.

-Nanase, Matsuoka, sé que están entretenidos, pero es hora que se vayan a preparar. Su competencia empezará después de la siguiente.-

La eterna sonrisa del entrenador no concordaba con su anunció, según los pensamientos de Rin, pero sin cuestionárselo fue él el primero en incorporarse y jalar a Haru a los vestidores. Tenían aquella sección destinada para ellos y como sus demás compañeros estaban en la piscina pudieron vestirse con total tranquilidad.

- Michael Phelps* es increíble, ¿No lo crees? Su velocidad… Algunos comentaristas parecían pasmados.-

Haruka lo escuchó con atención mientras que guardaba su bolso dentro de su casillero, sonriendo ligeramente por la admiración que mostraba Rin al nadador estadounidense. Como si fuera tan sólo un niño impresionado por alguien que acababa de ver en la televisión. De alguna forma eso le provocó una punzada de incomodidad en el pecho.

-¿Le tienes miedo?- preguntó con la sola intención de molestarlo, cosa que logró porque el pelirrojo ya estaba gritando.

-¡Claro que no tengo miedo! Ya verás que saldremos y nadie recordará el nombre de Phelps sino a la nueva promesa, Rin Matsuoka.-

Haru evitó verlo pero la sonrisa que portaba en sus labios se incrementó un poco más en forma divertida por la supuesta seguridad de su compañero. Gesto que no pasó desapercibido para el taheño que de inmediato se alborotó de nuevo, esta vez diciendo un montón de frases incoherentes y acusándolo de mofarse de sus habilidades.

Sin embargo Nanase se mantenía en silencio, escuchando las rabietas del mayor, dejando que cualquier rastro de nerviosismo se desapareciera entre esa boba discusión.

-Te gusta dramatizar todo.- musitó cerrando su casillero sin desaparecer aquella mueca divertida en sus labios.

-¡Y a ti nada te moviliza!- contraatacó el otro ofendido.

Estaban tan sumidos en su pequeño debate sin fundamento que no habían notado que Nao había entrado hace algunos segundos. Su mirada semi plateada era divertida, encontrando a aquellos dos jóvenes como niños pequeños y no como los competidores nacionales que eran. Decidiendo interrumpirlos con unas pequeñas palmadas en el aire. Consiguiendo que los nadadores lo notaran y recobraran la compostura.

-Me gusta que estén llenos de energías pero ya casi es hora. Deben salir por aquella puerta…- indicó señalando un conducto diferente por el cual había ingresado.- Y chicos… mucha suerte. Sé que lo harán bien.- Serizawa hablaba con una voz dulce y suave, manteniendo una sonrisa cálida que llevaba sus buenos sentimientos a esos dos.

Ambos se miraron y asintieron con cuidado, Nao se marchó cerrando la puerta a su espalda y el silencio reinó por unos breves segundos.

Haru pensó en su familia, en lo que significaba aquella primera competencia en una Olimpiada y cómo seguramente sus amigos lo estarían viendo por televisión, gritando como si realmente él pudiera escucharlos. Su vida había cambiado mucho desde que había tomado la decisión de seguir ese camino, y ahora su corazón latía con fuerza, entre nervios y entusiasmo.

Estaba por marcharse, pero la mano de Rin sosteniendo la suya lo detuvo.

Sus ojos se encontraron con los vacilantes rojizos, que aunque este fuera quien lo hubiera detenido, ahora estaba escondiendo su mirada. Haru podía sentir como el otro temblaba y como sus delgados labios procuraban sonreír, aunque se mostraba una mueca nerviosa.

-Rin…-

-Allí afuera todos nos estarán mirando… Y sé que yo fui el que te insistió en que siguieras este camino.- empezó y su voz se apagó en el final, dejando unos segundos para que tomara aire y al fin se atreviera ver directamente a los ojos de Nanase. –Solamente quería que el mundo viera de lo que eres capaz, Haru… Me siento orgulloso de poder estar aquí, a tu lado…- su voz titubeó y se mordió el labio inferior conteniendo sus emociones que se reflejaban en sus orbes. –Pero no tienes que demostrarle nada a nadie allí afuera, ¿Si? Ni a los periodistas, ni a los entrenadores, ni al mundo… ni siquiera a mí. Sé quien siempre has sido… ¿Está bien? Ya eres increíble siendo simplemente Nanase Haruka-

No se esperaba tal discurso, ni que las palabras dichas por aquel problemático pelirrojo hubieran golpeado directamente en su pecho, sacándole el aire. Era cierto que los nervios estaban consumiéndolo y que sabía que todos esperaban algo extraordinario en aquella primera competencia, lo sabía desde que había salido de Japón y era consciente que estaba representando un país. Sin embargo allí estaban, en medio de las penumbras del vestuario, a punto de salir, escuchando esas palabras que habían acelerado su corazón.

-Rin…- suspiró sin saber cómo responderle, ahogado en sus propias emociones. Presionando fuertemente sus dedos que aún eran sostenidos por la de él. –Tú tampoco tienes que demostrar nada…- logró musitar, sabiendo que no estaba diciendo nada de lo que pasaba por su cabeza. Sin embargo se animó a levantar su mano libre a apoyarla con suavidad sobre la mejilla sonrojada del pelirrojo, sorprendiéndolo. –No llores, ¿Está bien?-

Matsuoka sentía los ojos arder, aún así se rió por tal descaro de su amigo y negó con su cabeza. Buscando centrar aquellos sentimientos vacilantes en su determinación para la competencia.

-No lo haré…-

Haru sonrió con suavidad, de una forma genuina en dónde sus mejillas se tornaban ligeramente enrojecidas. Estando allí los dos solos, sintiendo la respiración agitada del mayor y el suave calor de su piel bajo su mano los deseos de acercarse a él lo abrumaron. Quería terminar esa distancia que los separaba, pero sus propios pensamientos lo tomaron por sorpresa, obligándolo a bajar su mano.

¿Estaba deseando besar a Rin?

-¿Vamos, Haru?-

Había olvidado cómo respirar, sin embargo se limitó a asentir, intentando que su confusión no se hubiera notado en su rostro.

La distancia entre sus cuerpos se hizo más grande y con lentitud abandonaron el vestuario. El sonido del público, las voces por los parlantes hablando en portugués y el ajetreo de todos los competidores lograron tapar el palpitar desquiciado del corazón del nadador prodigio.

Se posicionaron en su carril correspondiente, Haruka al lado de Rin mientras las últimas indicaciones eran anunciadas. El pelirrojo estiró el elástico de sus goggles y luego miró todo el estadio, aspirando aquel suave aroma que desprendía el agua. A pesar de todo se sentía feliz y lo transmitía a través de su enorme sonrisa.

El primer pitido sonó y todos se colocaron en su posición, apoyando sus manos al borde y su cuerpo inclinado. Nanase sintió la adrenalina correr por sus venas y por un breve segundo dirigió su mirada a Rin que también lo estaba observando.

Estaban juntos en esto.

El siguiente pitido se mezcló con el grito frenético de la audiencia. La carrera había comenzado.

Continuará…

Referencias:

*Kōsuke Hagino: Nadador japonés que consiguió una medalla de oro en las Olimpiadas de Río de Janeiro 2016.

*Otaku: En un principio quise poner "fanático", pero sentía que no hacía referencia a lo que quería explicar. Como muchos sabrán, en Japón decirle "otaku" a alguien es decirle fanático obsesivo, creo que es la mejor forma de conceptuar de cómo ve Rin a Haru con el agua. Por eso decidí dejarlo así.

*Kōhei Uchimura: Otro atleta que existe realmente y quería meterlo en la historia. Es un gimnasta muy famoso a nivel mundial. Siete veces medallita olímpico y capitán del equipo japonés se me hace una persona muy simpática y adorable.

Cuando empecé a escribir esta historia me dije que debía si o si actualizarlo al menos una vez al mes… ¡Son pocos capítulos! (3 para ser exactos y un epilogo) Así que cumpliendo mi propia palabra aquí está la segunda parte de la competencia de nuestro hermoso par en Río.

Nota de autor:

Espero de corazón de que les guste y que sigan disfrutando. Soy nueva escribiendo en este fandom así que cualquier error espero que me perdonen ;; Muchas gracias a todos los que me dieron favoritos y sus comentarios. 3

¡Nos vemos pronto!