Para contar esta historia de forma adecuada debo volver a la parte de mi nacimiento. Mi madre sufrió a través de un largo trabajo de parto, lo que siempre me recuerda cuando quiere salirse con la suya, que es casi siempre. Nací enferma, la partera pensó que yo moriría y mi madre abatida en su dolor se desesperó. No se interesó en mi, incluso, ninguno de mis hermanos logró convencerla de dejar la cama durante más de un mes. Obstinadamente ella esperaba por mi muerte, mientras yo de terca me aferraba a la vida. Fue esa tenacidad la que intrigó a mi padre y lo llevó al sanatorio donde me cuidaban dos meses después de que habían predicho mi muerte. Desde entonces nos volvimos inseparables.
Lo seguía a todas partes, era tan pequeña y enfermiza que él no paraba de mimarme, mi madre seguía siendo indiferente hacia mí, y mis hermanos no paraban de atormentarme conforme fui creciendo. Mi salud era frágil, un catarro no frenaría a ninguno de mis hermanos ni siquiera un día, pero a mí me pondría en cama por lo menos una semana. Mi padre era una enfermera muy paciente, me cuidaba, me amaba, me contaba muchas historias para pasar el tiempo, historias de nuestros antepasados, poemas, cuentos de nuestro pueblo. Sus palabras quedaron grabadas en mi mente, al igual que el sonido de su risa que parecen tan reales cada que recuerdo sus tontas historias.
Ante la falta de atención materna, mi padre se hizo cargo de mi cuidado. El regimentaba mi rutina diaria como soldado que era, me mantenía a su lado todo el día mientras trabajaba y por la noche, la familia se reunía alrededor del fuego. Él me enseñó todo igual que a mis hermanos y es testimonio de lo disgustada que estuvo mi madre por eso, y aunque mi padre estaba orgulloso de mis logros, mi madre permaneció indiferente, aunque mi madre había renunciado a mi cuando mi vida apenas había comenzado, mi padre no lo hizo y le doy gracias a Dios por eso.
Recuerdo que en esa época yo tenia dos grandes sueños, el primero era tener mi propia biblioteca, le decía a mi padre que en una de las torres de la casa la llenaría de libros y ahí pasaría todo el tiempo que me quedara después de curar a los enfermos, mi madre me contó de una princesa llamada Rapunzel que vivía en una torre y fue rescatada por un príncipe, dijo eso tratando de cambiar mi forma de pensar... casi se desmaya cuando le dije que de aparecerse un príncipe en mi torre lo acribillaría con piedras y palos hasta que se marchara
Para mi madre, yo estaba muerta hasta que cumplí once, el día en que me convertí en mujer, un torcido regalo del destino si es que a eso podría llamársele regalo. Fue el día en que ella comenzó a planear mi perdición, el momento en que reconoce mi potencial y no mi habilidad para llevar una casa o mantener una cuenta de fondos de una finca. No porque yo leía mejor que mi hermano mayor o porque fuera más fuerte que el más joven, o porque había descubierto el poder de ciertas plantas para curar enfermedades, no, el potencial que vio en mí fue el de una novia "eres muy hermosa Sanae" esas palabras llenaron de miedo mi corazón en lugar de alegría.
Nunca he entendido lo que mi padre vio en mi madre ambos son tan diferentes que no comprendo cómo han permanecido juntos tanto tiempo o como se juntaron en un principio. Ella dice que tengo un talento y lo debo descubrir y que cuando eso suceda tendré a mi marido comiendo de mis manos mientras mi padre dice que no tengo que demostrarle nada a nadie.
Cuando mi padre quería decirme algo serio o de importancia siempre comenzaba con alguna anécdota de mi infancia y cuando las cosas eran graves las historias siempre tenían que ver con algún hecho en que mi vida había estado en riesgo, recuerdo que comenzó diciendo "Tú no eras más grande que un mosquito, pero aun así eras un diablillo. ¿Te acuerdas de aquella vez en que tuve que trepar a la torre exterior para buscarte? ¡Gritabas mi nombre una y otra vez! ¡Y yo, que le temo a las alturas, vomité mi cena tan pronto como te bajé! Habías atado una cuerda fina entre las dos torres creyendo que podías caminar por ella con toda agilidad" mi risa estalló al recordar lo que había hecho pasar a mi padre , sin embargo mi expresión se transformó al ver su rostro...
Las cosas cambiaron drásticamente "así son las cosas" dijo misteriosamente la noche que vino a mi habitación para hablar conmigo. Dijo una cosa, luego otra, todo era completamente inútil e incomprensible para mí. El resultado final, que hoy me casaría con un hombre que nunca he visto, encomendando mi fidelidad a él hasta mi último aliento. Se espera que yo lo siga ciegamente hasta su finca al sur y probablemente nunca veré de nuevo a mi familia. Voy a extrañar algunas cosas sobre todo a mi padre, pero incluso él se ha mantenido impasible ante mis suplicas de clemencia.
"Así debe ser" me dijo "eres de buen corazón y debes confiar en lo que tus padres han juzgado de manera justa como lo mejor para tu futuro" estaba rígido y formal, cuando pronunció su discurso, como si mi madre se lo hubiera dado para memorizarlo. No hubo brillo en sus ojos, ni bromas salieron de sus labios. "Así son las cosas" hizo eco la frases favorita de mi madre pero no sirvió para que me sintiera mejor, vi que sus ojos estaban de pronto demasiado brillantes, eran lagrimas no derramadas, reconocí su derrota.
Mi padre es la persona que más amo en el mundo, yo haría cualquier cosa por él… incluso casarme con un extraño, si eso es lo que él desea.
Mi nana está molesta conmigo, sus palabras causan un escalofrío por mi espalda "es hora". Se queja de mí, que no vaya a manchar el vestido con la tinta con la que escribo, me desafía rompiendo una de mis plumas, no puedo creer que este es el último día que formaré parte de esta familia, en una hora mi lealtad será con otro.
"El señor Wakabayashi ha llegado, está en el patio esperando, no lo hagas impacientarse"
No tengo que escucharlo para saber que me desaprueba, su rostro me lo dice todo, pero aún así me tengo que ir, las buenas hijas obedecen a sus padres, para que así puedan engendrar más buenas hijas que hagan lo mismo. La vida parece aburrida y de repente llena de desesperación.
Ahí, por descuido mancho la manga de mi vestido con tinta negra, bastante oportuno pienso yo, llevaré el color de la muerte como presagio de mi futuro como esposa.
No hay mucho que puedo decir sobre el hombre que me recibió en el patio. Aristócrata, desdeñoso, impaciente, al parecer lo tuve esperando por más de una hora. Atractivo, cabello oscuro y piel pálida aunque bronceada por el sol, como si pasara mucho tiempo al aire libre, aunque su ropa venia manchada por el viaje bien podría usarla en una boda real.
No estoy segura de cuáles fueron sus primeros pensamientos hacia mí. No había ninguna mueca en su cara, ante todo parecía indiferente. Apenas me miró, antes de dirigir su mirada a mi padre, no me di cuenta de todo lo que dijo pues su voz era apenas imperceptible.
De pronto era una mujer, una mujer que se casaba y salía hacia la casa de su desconocido marido. Sentí las lagrimas escocer mis ojos, eché hacia atrás mi cabeza solo para encontrarme con la mirada de un extraño, parecía molesto, me quedé helada, a la espera de alguna indicación sobre que debía hacer.
"Dije" repitió con irritación "estas lista"
"¿Lista para que mi señor?" pregunté con cierta confusión
Alzo los ojos al cuelo y parecía reunir los últimos hilos de su paciencia.
"Vamos tarde señorita Nakazawa y eso es un lujo que no podemos darnos, le pido que deje de lado sus juegos de niña y actúe como la mujer que es"
Eso me molestó y yo estaba a punto de responder tan agudamente como nunca me atreví con cualquiera de mis hermanos, pero mi madre intervino para conservar la paz a cualquier precio, él lo que quería era llegar a la capilla y terminar con el trámite lo antes posible. Subí al carro sentada frente a mi madre y al lado de mi padre, él se adelantó en su caballo.
Mi padre acarició mi mano para tranquilizarme "sabíamos que el tiempo tenía que llegar mi amor" me dijo "pero ahora que lo ha hecho me resisto a que te vayas" agregó con un nudo en la garganta
"¡Entonces no me hagas hacerlo padre!" dije aterrorizada, mendigando incluso frente a mi madre "no me quiero casar… nunca, déjame quedarme a tu lado" supliqué
"No sería correcto" me dijo, y su mirada dulce me partía el corazón y me puse a llorar. Era difícil entender lo que me decía pues las lágrimas nublaban mi vista y el dolor cerraba mis oídos y mi mente era un caos total que me impedía percibir lo que sucedía a mi alrededor; así que me quede tratando de descifrar el último consejo que tenía para mí. Él sabía del hombre que había elegido para mi marido, fue justo, equitativo y amable. Un caballero que me trate bien y me de felicidad y seguridad en mi futuro. Tenía toda la confianza de todo eso mientras yo me preguntaba porque había conocido a ese hombre en el patio y no en la iglesia.
Esta fue una alianza entre dos familias poderosas… mi dote era importante, y se comprometió a aportar más dinero a las arcas de mi marido, que si bien estaban llenas, sus recursos eran utilizados para la lucha contra los rebeldes que aliados con fuerzas extranjeras amenazaban las fronteras del país. Mi padre dice que es una causa justa y noble y mi marido es un héroe que ha dedicado su vida para salvarnos a todos del mal que está más allá de nuestras fronteras. Me resulta difícil imaginar al hombre impaciente en el patio como un héroe.
Mi madre dice que él pasara más tiempo en batalla que en casa y que quizás yo sea viuda antes de tiempo y yo podré volver a casa habiendo cumplido mi deber. Es un pensamiento escandaloso y rápidamente me deshago de él pero aún así ese inapropiado pero esperanzador pensamiento queda en las profundidades de mi mente.
La ceremonia fue breve y confusa pues de nuevo las lágrimas hicieron su aparición y mi cerebro se negaba a funcionar, el extraño que estaba a mi lado frente al sacerdote tenía todavía menos sentido entonces de lo que había hecho antes.
Afortunadamente entendí al sacerdote, lo conocía de toda la vida y había asistido a muchas bodas desde que era pequeña por lo que esta ceremonia la hice casi de forma automática, dije mis votos de memoria y aunque mis manos temblaban mi voz no lo hizo, me sentí orgullosa de ello, aunque no recuerde nada de lo que ocurrió después. Solo sé que rompió con el protocolo de los votos y se soltó profiriendo divagaciones sin sentido que no podía entender. Con esa mala costumbre de hablar casi en susurro y de ocultarme su rostro solo volteaba de vez en cuando para captar una que otra palabra que no tenía ningún sentido.
No me besó, ni siquiera hubo bromas subidas de tono por parte de los asistentes a la ceremonia. Mi boda fue tan solemne como el funeral de mi abuela y yo no sentía ninguna emoción al pasar de niña a mujer, salvo una carga pesada en mi corazón.
La tinta apenas se había secado en el documento de la iglesia antes de que me catapultara en un caos. Mi padre y mi esposo… completando la transacción mediante un apretón de manos, yo era suya, para bien o para mal, pero también lo era mi fortuna y una parte de la de mis hermanos.
Mi marido ofendió a mi madre al declinar el banquete de bodas, fueron semanas en la preparación de todos los detalles pero al parecer mi esposo tenía mucha prisa por llegar a casa… donde quiera que eso fuera.
Después de varias horas de camino y antes de que la noche nos caiga encima nos detenemos en una posada, es ahí donde pasaremos la noche, la primera que voy a pasar con mi esposo. Estoy nerviosa, mi estomago se retuerce de miedo por las horas que vienen, las horas, los días, las semanas… los meses. Ni siquiera puedo pensar en el año.
Estoy pensando en no salir, o tal vez debería escapar mientras él está ocupado, ¿me seguiría? Después de todo yo le dejaría toda la riqueza que tanto ansía, ¿no es eso lo importante?
Me siento amargada y grosera y así no soy yo. Soy conocida por mi genio y mi ingenio y mi rostro siempre sonriendo, según mi madre soy terca, mi padre dice que soy decidida. Es esa determinación obstinada la que me mantiene aquí, incluso cuando mi corazón quiere huir.
Mi marido inspecciona la posada antes de que descienda, se niega a permitir que entremos antes de comprobar la seguridad y la limpieza del establecimiento. Supongo que por su trabajo siempre debe estar preocupado en cosas como esa, pero lo que me alarma es su meticulosidad. Lo miré por primera vez cuando me explicaba eso, realmente lo miro, buscando algún indicio, el sentir alguna agitación de algo, no creo que esté destinada a sentir mi corazón partido en dos, la única cosa peor que no tener amor es perder todas las posibilidades, incluso la esperanza de una.
Estoy acurrucada en medio de una cama lo suficientemente grande como para albergar a un pueblo pequeño, perdida entre las sabanas blancas esperando que en esta inmensidad mi esposo no me encuentre.
Ayer por la noche mí madre me dijo lo que mi esposo esperaba de mí, me habrían parecido graciosos sus torpes intentos de explicar un momento tan íntimo de no ser porque mis padres habían pagado para que un hombre se casara conmigo. Lo que dijo no era algo inesperado para mí, después de todo al vivir en el campo el acto de la procreación no había pasado desapercibido para mí y si había alguna duda fue desvanecida en el verano de mi decimosexto cumpleaños.
Ese año encontré a Kanda y a mi prima desnudos en el río ella estaba avergonzada pero el no, fue descarado y grosero, hasta se atrevió a invitarme a unirme a ellos burlándose de la forma en que yo salí corriendo. Unos días después lo intentó conmigo pero al tener una pala en la mano y una buena puntería lo alejé sin problemas y espero no volver a verlo jamás... como desearía tener una pala lista para esta noche.
No supe en que momento el cansancio me venció, la agitación, el estrés el viaje, todo hizo mella sobre mí y al final me quedé dormida en mi noche de bodas.
Mi marido me sacudió para despertarme al día siguiente, rápidamente se disculpó por haberme asustado.
"Lo lamento pero me cansé de tocar la puerta y no contestaste, pensé que te había sucedido algo"
Teniendo en cuenta las terribles advertencias de mí madre con respecto a revelar demasiado pronto mantuve la boca cerrada y me deslicé de la cama. Me pregunté si esperaba que me vistiera con él en la habitación. Estuve indecisa por un momento antes de llegar a la ropa que estaba sobre la silla, al oír el ruido del mueble moverse se alarmó, vio lo revelador de mi atuendo y salió por piernas de la habitación.
