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Capitulo II
Si el amor y la luz desaparecen.
No veía nada, su mano pasó delante de sus ojos; aunque había hecho el movimiento, no sabía si realmente esta viajó delante del rostro. Desconcertada ante tanta oscuridad, era la primera vez que experimentaba ese temible vacío en su interior. Confundida, temerosa, no reconocía donde estaba o sobre qué estaba. El agua la mecía de un lugar a otro, el olor a azufre la mareaba y hacía llorar los ojos. Lejos, el cristalino tintineo de una gota de agua caía desde la estalactita de una caverna, su peculiar sonido formaba ondas de ecos continuos al golpear con su sutil pureza el charco de agua al fondo; era el único sonido que acompañaba a la oscuridad que descontrolaba a Sora. Pensaba que se volvía loca. El líquido que alcanzaban sus rodillas era espeso, podía sentir que sería succionada por él y nadie se enteraría de ello, como fangosas arenas movedizas que se alimentaban de sus miedos.
Gritaba jalándose los cabellos, el desespero le hacía brincar el pecho, su voz no alcanzaba a ser atendida ni por sus propios tímpanos que zumbaban por la extrema quietud y silencio ensordecedor.
«¡Piyomon, Piyomon! —No pensaba en otra cosa—. ¿En dónde estás, Piyomon?».
Creyó escuchar una voz no familiar, calló su silencio. No era fácil concentrarse, después de tanto tiempo allí, ya no reconocía lo real de la fantasía. Su cerebro comenzaba a jugarle malas pasadas y estaba segura de que deliró, de no ser porque la voz volvió a retumbar en sus oídos.
—Sora Takenouchi, la elegida por el Amor. La que nunca amó ni fue amada. —La voz espectral llena de burla se divertía a costa de su sufrimiento—. ¿Quién vendrá a por ti, si no tienes a nadie? Hasta tu propio líder dudó en salvarte. ¿Acaso no te das cuenta de que no significas nada para nadie?
Se mofaba, su propia mente se mofaba de ella. No podía ser real, no podía revivir traumas del pasado. No, otra vez no.
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La larga carretera parecía fundirse con los rayos del sol, daba la impresión de ser un espejismo, las casas y anuncios en la vía que se movían como si estuviesen hechas de agua se miraban borrosas. El sol era poderoso, tan brutal que les quemaba la retina de los ojos; incluso el superior Jou, quien escondía su oscuro iris detrás de anteojos, se veía forzado a taparlos con su mano, le excandecían a desproporción.
—Se supone que debemos llegar pronto —dijo Koushirou con voz doliente—, no estamos muy lejos de la casa.
A nadie le interesaba, la verdad. Estaban demasiado apesadumbrados como para atender a palabras que les sabían tan poco. Abandonaron a Sora a su suerte. Nadie pudo saber cómo ni cuándo el agujero que se la tragó desapareció. ¿Había sido un espejismo? Pero de ser así, ella estaría caminando a su lado. Nada tenía sentido.
Una vez entraron en la casa, que se suponía Machinedramon destruyó cuando buscaban a Taichi y los demás, cada quien se dirigió a un lugar apartado, la soledad era necesaria cuando las lágrimas demandaban con salir a pasear.
—Te traje un poco de compresa para el tobillo, Mimi —El superior Jou lo colocó sobre la zona afectada.
Mimi Tenía el pie apoyado sobre un cojín en un mueble de la sala principal. Estaba en silencio, con la nariz hinchada y enrojecida, los labios le temblaban, aunque luchaba por mantenerlos rectos, Tanemon sobre su regazo descansaba en silencio.
—Koushirou está haciendo todo lo posible por encontrarle —dijo él—. Ya verás que todo se solucionará.
A pesar de todo, sus palabras no le reconfortaban. Mimi odiaba las perdidas, odiaba luchar y que alguien saliese lastimado, no quería sentir esa opresión en su pecho, esas ganas de llorar que de niña le sirvió de filtro para sus emociones. Sora no estaba, y no sabían a ciencia cierta si ella estaba con bien o si regresaría. Y a Jou también le costaba, pero tenía fe. Sora debía encontrarse bien, ella era fuerte, un hueso difícil de roer, si no tenía fe, ¿qué le quedaba sentir?
Por otro lado, Yamato y Taichi observaban cómo Koushirou entraba en contacto con su fiel computador. Sus dedos se movían a una velocidad impresionante, códigos, números y letras aparecían en la pantalla del ordenador.
Dos meses en la búsqueda de aquél ente demoniaco le hizo tener que crear un programa de almacenamiento de datos. Este consistía en que su computador estaba inmersamente ligado a todo lo que sus digimons observaban a través de sus propios ojos. La información se almacenaba automáticamente en una base de datos situada en la memoria de la laptop, solo debían de decodificar algunos códigos binarios y tendría en forma de un vídeo lo sucedido dentro de los túneles.
—No lo entiendo —dijo sorprendido. Tecleó nuevamente.
Taichi y Yamato se miraron a los ojos, luego a Koushirou.
—¿Sucedió algo? —preguntó Yamato. Sus manos se apoyaban sobre las rodillas para poder tener una mejor visión del trabajo del amigo.
—Se supone que ya debería de haberse cargado el vídeo, pero todo lo que se ve es la pantalla oscura.
Se escuchó la fuerza de un puño golpear una pared a sus espaldas. Yamato giró para encontrarse con Taichi enfadado.
—No ha sido tu culpa —dijo, mirando el puño enrojecido de Taichi.
—Ha sido lo mismo que con Datamon —repuso este, molesto consigo mismo—. Una vez más Sora está sola, tirada a su suerte y ha sido por mí. ¿Es que acaso no sé hacer nada más que lastimarla?
—Cálmate, Taichi, no solucionarás las cosas con echarte la culpa —tranquilizó Koushirou.
—TK estaba cuidando de mi hermana, aun así…
—Taichi —Agumon bajó la cara con la pena golpeando sus ojos verdes—. Taichi lo siento mucho, ha sido por mi culpa, Taichi. Si fuera más fuerte, si fuera fuerte yo… Has perdido a alguien importante por mi culpa, Tai. De nuevo soy inservible.
El aludido miró a su compañero, todo su cuerpo tenia clara intensiones de largarse a llorar; sin embargo, no lo hizo. Sus acciones desmotivaban al mejor amigo y llorar lo haría sentir peor. Era todo un tonto por ponerlo en aquella situación. Pasó la manga azul del uniforme del colegio por sus ojos y secó las pocas lágrimas que se le hubieron escapado. Debía de aprender a controlarse, sino los demás se verían afectados. Eso era lo menos que quería.
—Eres muy fuerte, Agumon. Lo siento. —repentino animo que lo hizo sentir bien por un momento—. ¡Ya verás que pronto podremos ir a buscarle!
El Digimon asintió, tirándose a sus piernas para abrazarlo. El abrazo fue correspondido.
Koushirou pensó en un nuevo plan y sin dudarlo lo hizo saber. La esperanza no moraría así de fácil.
[*]
Takeru subía las escaleras de la mansión. Observar esa casa le traía recuerdos de la vez que se tuvieron que esconder en ella porque Hikari ardía en fiebre. La única diferencia era que, en esa ocasión, Sora los había acompañado y cuidado; sintió una leve punzada en el estómago. Debía de mantener la esperanza latiendo en su pecho, desanimarse no ayudaría nadie.
Abrió una puerta, Patamon volaba a su lado. Dentro de una de las habitaciones, Hikari miraba a través de la ventana. Tailmon no estaba cerca y Patamon tenía una mala corazonada.
—Iré a buscar a Tailmon —dijo el de las orejas aladas.
Takeru asintió.
Se las arregló por sonreír para poder anunciarse a la amiga:
—Estás aquí —Takeru caminó hasta estar cerca. Puso la mano en el hombro de ella. La sonrisa más grande que podía dar en un momento como ese—. ¿Te encuentras bien?
—Sé dónde está Sora —La voz sonaba lejana, Hikari estaba, pero parecía perdida en un mundo que la hacía parecer ausente.
—¿Qué dices? —inquirió, quedando a un paso más cerca de ella.
Hikari se giró de manera repentina. Takeru se asustó, el cuerpo le tembló cuando sintió las manos de la amiga apretarle las costillas. La mano acarició sus cortos cabellos. la tomó con ambas manos la cabeza y la obligó a alejarse de su pecho.
—Todo estará bien —Le partía el corazón verla con los ojos a punto de las lágrimas.
Dicen que el amor nace en los momentos caóticos. Debía ser cierto, porque ante la mirada fija de su amigo, Hikari rompió distancia y lo besó en los labios. Él respondió al gesto, sus manos bajaban por los hombros de la otra, los dedos se entrelazaron.
Hikari se apartó, en ningún momento le miró el rostro, el aire frío de su boca chocó contra la oreja de Takeru y en un leve susurro dijo:
—No me dejes caer en los brazos de la oscuridad. Y si sucede, tráeme de vuelta, te lo suplico.
El corazón de Takeru se detuvo de pronto. Jamás sintió tanta intensidad en un abrazo, Hikari se aferraba a él, el miedo en ella comenzaba a afectarle también a él. Temblaba y desconocía la razón. Quizá se debía a la percepción de la joven. Todos sabían que Hikari preveía las cosas, era un imán para lo sobrenatural.
—¿Qué pasaría si el amor y la luz desaparecen? —le preguntó. Ya no sonaba dulce, ni como ella.
Takeru la tomó por los hombros, alejándola por completo.
Hikari sonreía, una risa llena de morbo y sátira. Los ojos oscuros, sin brillo le veían fijamente.
—¿Quién eres? —preguntó, confundido.
—¿Qué es lo que mueve al mundo? —La lengua de Hikari lamió su labio—. ¿Qué es lo que evita las guerras?
—¡¿Quién eres?! —dijo más fuerte.
—El amor. La luz de un corazón.
—¡¿Quién eres?! ¡Responde!
—¿Qué importa? Lo que soy no es el problema, el problema es lo que haré. ¿Sabes por qué la oscuridad existe? —El ser que poseía a Hikari se respondió a sí mismo—. La falta de luz. ¿Quién es la portadora de la Luz? —canturreó.
»Pero se supone que aún, sin la luz y sin el amor, la esperanza me resulta un problema. Tú no me sirves. Debes morir.
Los labios de Hikari soplaron y el cuerpo de Takeru salió disparado, chocó con un estante de libros al fondo. Su cuerpo cayó contra el suelo luego, ya no volvió a moverse.
Hikari salió de la habitación. A su paso, miró a Tailmon, que había sido espectador de todo lo ocurrido. Estaba sorprendido, no sabía qué había ocurrido, pero de algo estaba seguro, aquella no era su camarada.
—No dejaré que te salgas con la tuya —le dijo el gato.
Hikari levantó una mano, Tailmon se arrodilló reticente ante el ente maligno.
—Ya lo he hecho —le susurró con su sonrisa mórbida y sin vida—. Tú me serás de gran ayuda.
Los ojos del compañero de la portadora de la Luz brillaron, ganando un color rojizo.
Cuando Patamon y los demás dieron con Takeru, este seguía inconsciente, pálido, su rostro era un poema de horror. Hikari no estaba por ningún lado y Taichi comenzaba a enloquecer.
[*]
—Pensar en procrear con un ser lleno de luz fue su primer error —la voz oculta en las tinieblas. Alguien a su lado prestaba atención—. Desde un principio debió de apagarla y erradicar de una vez por todas todos los sentimientos que traen paz y sosiego a la humanidad, y a este mundo.
—¿Cuál es su siguiente plan, señor?
—¿Qué, no es obvio? —soltó una risilla. Un colmillo vislumbró en la cara plagada de oscuridad—. Mátalas —ordenó, su voz no demandaba ni un tercio de arrepentimiento ni culpa.
El otro asintió, le dio la espalda y se marchó.
La risa mórbida del primer sujeto hacía eco en todo el lugar, se sabía vencedor. La incertidumbre en los elegidos era su as bajo la manga. Pronto el caos reinaría.
Editado: 31/5/2017
Bueno, bueno. Explico, (1) no es que Sora sea mi personaje favorito (que de hecho, es de las chicas quien mejor me cae en Adventure) pero pienso que el amor mueve el mundo y que la Luz y la Esperanza le opacaron en Adventure , daba para más.
(2)Que no es por Taiora, que si se dan cuenta, solo he usado momentos y frases que ya se han visto de cierto modo. Cuando Agumon dice "Se que es alguien apreciado para ti" lo dice por el episodio 20 de Datamo, que Tai le comenta eso a Agumon antes de pasar la red con corriente.
(3)Dije desde el principio que esto es algo así como anticanon.
Iba a mencionar algo más, pero el internet me va mal y me pone la pagina en lag (que las notas siempre las hago por aquí).
Sé que debo arreglar cosas del capitulo pasado y este, siempre me pasa, los errores más típicos se notan luego de subir el capítulo.
Espero te guste, HC.
Ciao!
